Sucesores de Alejandro Magno
Tras la murte de Alejandro Magno y una maraña de crímenes subsiguientes surgieron tres figuras principales. Gran parte del antiguo Imperio Persa, hasta el Indo en el este y casi hasta Lidia en el oeste, quedó en manos de un general, Seleuco, que fundó una dinastía, la Dinastía Seléucida; Macedonia cayó en manos de otro general macedonio, Antígono; un tercer macedonio, Ptolomeo, se hizo con Egipto y, convirtiendo a Alejandría en su ciudad principal, estableció una ascendencia naval suficiente para mantener también Chipre y la mayor parte de la costa de Fenicia y Asia Menor. Los imperios ptolemaico y seléucida duraron un tiempo considerable; las formas de gobierno en Asia Menor y los Balcanes fueron más inestables. Debe destacarse el carácter caleidoscópico de las fronteras políticas del siglo III a.C. Antígono fue derrotado y muerto en la batalla de Ipsus (301), dejando a Lisímaco, gobernador de Tracia, y a Casandro, de Macedonia y Grecia, como sucesores igualmente transitorios. En poco tiempo, comenzó a sentirse la influencia de un nuevo poder en el Mediterráneo oriental, el poder de la República romana, amiga de Grecia y de la civilización griega; y en este poder las comunidades helénicas de Pérgamo y Rodas encontraron un aliado y un apoyo natural y útil contra los gálatas y contra el orientalizado Imperio seléucida.