Lunfardo
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Lunfardo en las Ciencias Sociales Latinoamericanas
Etimología. Según la investigación de Amaro Villanueva (El Lunfárdo, Ed. “Revista Universidad”, Publicación de la Universidad Nacional del Litoral, No. 52, 1962, pp. 13 y ss.) la palabra lunfardo tiene su origen en el gentilicio ‘lombardo’. Villanueva encontró en el Vocabulario romanesco de Filippo, Chiappini la raíz “lombardo” con el sentido de “ladrón”: “Lombarda, lombardare, verbo activo: Rubare / Lombardo: Ladro. ” Arturo López Peña (El habla popular de Buenos Aires, Editorial Freeland, Buenos Aires, 1972) cita un episodio de un sainete en que un vendedor napolitano grita cuando le roban las masas de la canasta: “iVigilante! iSan Jenaro! iQue me roban la masita, cuesta manga de lunfardos!”
Según Villanueva en el dialecto napolitano la b bilabial oclusiva se realiza como ‘v’ labiodental fricativa, el paso de la v (sonora) a la f (sorda) no sería demasiado difícil de explicar: lombardo > lumvardo > lunfardo.
Algunas definiciones propuestas. Entre los más antiguos intentos de definir el término se encuentra el de Luis María Drago (Hombres de Presa, Ed. La Cultura Argentina, 1888, p. 73): “En el lunfardo (palabra que designa al mismo tiempo la jerga y los que se valen de ella) de los ladrones bonaerenses… ” En el capítulo XIV, “Mundo lunfardo” del libro de José S. Álvarez (Memorias de un Vigilante, José S. Álvarez, Ed. La Cultura Argentina, 1897, p. 47) dice Fray Mocho: “Penetrar aquí en la vida de un pícaro, aquí, en Buenos Aires, o mejor dicho, en lo que en el lenguaje de ladrones y gente maleante se llama mundo lunfardo, es tan difícil como escribir en el aire. ”
Nuestros escritores se han detenido a menudo a definirlo y juzgarlo. Ana María Barrenechea (La expresión de la irrealidad en las obras de Borges, Paidós, Buenos Aires, 1967, pp. 208-209) sintetiza la posición de Jorge Luis Borges al respecto: “También Borges ha dicho cuál debe ser la posición de los escritores argentinos ante la lengua. Dos artículos resultan reveladores en ese sentido, Invectiva contra el arrabalero y El idioma de los argentinos, especialmente el último. Borges distingue el arrabalero del lunfardo. El lunfardo la lengua del delito es pobre en representaciones y rico en palabras, cuya renovación explica Borges atendiendo más al propósito de ocultación que al impulso de la fantasía o a la rebelión contra un orden establecido. La jerga arrabalera deriva de él y lo divulga. Los sainetes, los tarigos y cierto periodismo han contribuido a su difusión, y el porteño lo ha adoptado a veces, según variables incitaciones de ambiente y de época.Entre las Líneas En su Invectiva contra el arrabalero, Borges lo denuncia como contaminador del habla corriente, aunque sin concederle gravedad para el porvenir de la lengua.Entre las Líneas En El idioma de los argentinos restringe la importancia de su uso: “No hay un dialecto general de nuestras clases pobres: el arrabalero no lo es. El criollo no lo usa, la mujer lo habla sin ninguna frecuencia, el propio compadrito lo exhibe con evidente y descarada farolería, para pillear. ” (El idioma de los argentinos, págs. 166-167).
Otras definiciones incluyen en el sentido de la palabra el de su divulgación en ámbitos no delincuentes. ej. Luis Soler Cañas (Orígenes de la Literatura Lunfarda, Ed. Siglo Veinte, Buenos Aires); Enrique del Valle, Lunfardologia, Editorial Freeland, Buenos Aires, pp. 37 y ss.; y especialmente José Gobello, en el prólogo de Luis Soler Cañas (Orígenes de la Literatura Lunfarda, Ed. Siglo Veinte, Buenos Aires, Nota preliminar, p. 14): “El lunfardo”[…] empezó siendo una jerga técnica de los individuos de avería, ladrones o lunfardos; luego se mezcló con el lenguaje popular, cotidiano, familiar y de la calle, se combinó con porteñismos no lunfardos, con argentinismos. Como todo argot es una segunda lengua, que se apoya en las estructuras de otra y vive superpuesta a ella… ” La primera definición de la Real Academia Española (Diccionario de la Lengua Española, 1950), lo restringía a lengua de ladrones: “Lunfardo: Argent. Ratero, ladrón. // Arg. Chulo, Rufián. // Caló o jerga de la Argentina:’ Pero en la edición de 1956 reemplaza la última acepción por “3. Lenguaje de la gente de mal vivir, propio de Buenos Aires y sus alrededores y que posteriormente se ha extendido entre algunas gentes. del pueblo. ”
Ubicación del “lunfardo’ en una tipología lingüística. [rtbs name=”home-linguistica”]No se ha hecho todavía una investigación sistemática de las “lenguas especiales” (Cf J. Vendryes, El Lenguaje, Ed. Cervantes, Barcelona, p. 286) y de las relaciones que existen entre lengua criolla, sabir (…), lengua franca, lengua de ocultamiento, etc. El estudio del “lunfardo” debería hacerse dentro de este contexto y señalando sus semejanzas y diferencias con los argots, el slang, el caló, linguas francas, koinés, etc. Por lo pronto es necesario distinguir entre la “lengua especial” lunfardo y la variedad lingüística del español de Buenos Aires, coloquial, en la que se introducen voces lunfardas”.
El lunfardo es un ejemplo en la zona del Río de la Plata de un fenómeno lingüístico más amplio, la “lengua de ladrones”, que se repite en distintas épocas y en distintos lugares Existe documentación sobre la existencia y características de varias lenguas de este tipo. Otto Jespersen (Humanidad, Nación: Individuo, desde el punto de vista lingüístico, “Revista de Occidente”, Argentina, Buenos Aires, 1947, pp. 244251) nombra varias de estas lenguas: flash (inglesa), cant (también inglesa pero derivado del italiano), geunania (española, la de los delincuentes de Holanda, en Dinamarca, donde se denominan Koeltringelatin1 en alemán Gaunersprache; en italiano furbesche, etc. Según él la palabra argot se empleó primeramente en relación con el lenguaje secreto de ladrones y mendigos y propone restringir el término argot a este uso, dejando jerga para otros casos de lenguas de ocultamiento. Rafael Salillas (El Delincuente Español. El Lenguaje”, Librería de Victoriano Suárez, Madrid, 1896) define “la jerga” en la primera página de su libro: “Definición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Es un fenómeno general la formación en casi todas las sociedades y en casi todas las lenguas de una sociedad que difiere de la sociedad común [la delincuente] y de un lenguaje bastardo que difiere en sus significaciones de la lengua del país, o que la sustituye en una parte mayor o menor con los términos de otra lengua. ” (p. 9).
Las “lenguas de ladrones” (incluida el lunfardo) consisten en una reclasificación deliberada de la lengua hablada en la comunidad con voces que los que no son miembros del grupo lingüístico desconocen, tomadas de otras lenguas, inventadas, o resultado de algunos recursos que las hacen irreconocibles: por ejemplo, la transposición de silabas (llamadas en lunfardo “hablar al vesre” por “revés”) es un ejemplo de uno de los recursos del lunfardo que se encuentra también en las otras lenguas de ladrones.Entre las Líneas En la geunanía se da chepo por pecho, tisvar por vistar, etc.Entre las Líneas En lunfardo encontramos jotraba por trabajo, feca por café> dorima por marido, etc. También son comunes las metáforas y los tropos.
En cuanto a préstamos de otras lenguas el lunfardo incluye voces que se encuentran en el Diccionario de la Real Academia Española (pero que no son familiares a la lengua de Buenos Aires, antes de que se introduzcan como préstamos del lunfardo: gayo La afanar, guita, etc.) y muchas voces de origen italiano, francés, portugués, etc. y de otras “lenguas especiales”.
Las voces extranjeras incorporadas están a menudo adaptadas a los hábitos fonéticos del español de la zona. Ejemplos: chitrulo (citrullo), c:hicato (accecato), escorchar (scocciare), etc.
Otra característica de estas lenguas es la “reducción de gramática y de uso” (Cf. Dell Hymes, ed., Pidginization and Creolization of Languages, Cambridge University Press, 1971. Especialmente la descripción que hace Hymes del caló del Paso, Texas, español inglesado). El lunfardo, en nuestro caso, se habla por un grupo de sexo masculino, restringido también a los que realizan actividades al margen de la ley, y solo comprendido pasivamente por las mujeres del grupo. No posee una variedad de registros que distingan grados de formalidad, ninguna posibilidad de optar entre distintos estilos, etc.Entre las Líneas En cuanto a la reducción gramatical se observa la ausencia de formas sintácticas complejas. Semánticamente es también restringido porque, aunque son muchos los términos léxicos que son continuamente introducidos para mantener la ininteligibilidad, no introducen nuevos significados, sino que constituyen nuevas formas para significados ya existentes.
Se observan también variaciones alofónicas con respecto al español de la zona y particularidades de entonación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
Interesante para una teoría lingüística diacrónica es el alto ritmo de cambio de estas lenguas, afectadas por un continuo proceso de reclasificación dirigido hacia la divergencia, imprescindible para su función de ocultamiento.
En cuanto al otro uso del término lunfardo referido a la intercalación de voces lunfardas en el habla coloquial también designa un hecho que en sí no tiene nada de sorprendente y que se repite en los otros casos de “lenguas de ladrones” (Cf Jespersen, op. cit., p. 251). Las formas ya desgastadas y que no estorban la inteligibilidad van siendo adoptadas por gente de la clase humilde y trabajadora en la forma del tipo de préstamos de vocablos que casi siempre tiene lugar entre lenguas cuyos hablantes conviven en la misma comunidad geográfica e interactúan en algunos de los aspectos de la vida social y económica.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
También la adopción de esos modos de hablar de las clases socio económicamente más bajas por estratos más altos de la sociedad es un fenómeno recurrente al que por ejemplo se refiere Trost (“O prazskím argotisování” [Les tendances d’argotisation a Prague] en Slovo a Slovenost, Pragúe, I, 106-108, 1935) cuando sostiene que la “argotización” (en este caso “lunfardización”) no se da por una penetración espontánea, o intencional de la lengua de los estratos inferiores en las capas superiores de la sociedad sino que, por el contrario, el proceso empieza desde arriba, donde la burguesía adopta el lenguaje del hijo fondo como señal de pertenencia a la élite.
Documentación
Existen varios diccionarios que reúnen voces lunfardas y populares (a veces Sin intentar distinguirlas): José Gobeilo y Luciano Payet, Breve diccionario lunfardo, A. Peña Lillo, 1959; Federico Cammarota, Vocabulario familiar y del lunfardo, Establecimiento Gráfico Standard, 1963; Fernando Casulla, Diccionario de Voces lunfardas y vulgares, Editorial Freeland, 1964; Juan Carlos Andrade y Horado San Martín, Del debute chamuyar canero, A. Peña Lillo, 1967.Entre las Líneas En 1962 se fundó la Academia Porteña del Lunfardo que según establece en el capítulo de su Estatuto se propone: “a) propender al registro y estudio de las peculiaridades del habla de la ciudad de Buenos Aíres y de otras ciudades argentinas y rioplatenses, en particular en cuanto a sus porteñismos y lunfardismos, prestando el apoyo posible a quienes realicen estudios e investigaciones en la materia, a fin de que ellos sean convenientemente publicados y difundidos; b) fomentar y auspiciar los estudios e investigaciones relativas a los porteñismos y lunfardismos y a las voces y giros del habla popular porteña o de otras ciudades argentinas o rioplatenses, que puedan rastrearse en la literatura respectiva, en todos los géneros, etc.” [1]
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- Beatriz R. Lavandera (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.
Véase También
Bibliografía
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