Evolución de la Ética de la Empresa
Ética de la empresa: Su evolución histórica
El componente descriptivo de la ética empresarial fue desarrollado por aquellos que recibieron formación en ciencias sociales y trabajaron en escuelas de negocio. Esta rama surgida de los aspectos sociales del mundo empresarial se desarrolló primero en los años sesenta y en un principio no se incluyó en el marco de la ética empresarial. La relación de los aspectos sociales en asuntos de negocios o los aspectos sociales en la gestión y la ética empresarial es algo polémica: de un lado están aquellos que pretenden la incorporación de los aspectos sociales a la ética empresarial como parte de la disciplina y de otro, los procedentes de la ética empresarial filosófica que defienden su incorporación como parte empírica de su disciplina.
El debate tiene orígenes históricos. Los filósofos surgidos en los años setenta y ochenta se inmiscuyeron en un territorio que de algún modo los estudiosos de los aspectos sociales de los negocios habían cercado como suyo. La tensión continúa hoy día. Si la ética empresarial incluía la responsabilidad social de la empresa o si la responsabilidad social de la empresa incluía la ética empresarial fue un debate interno. Sin embargo, algo se extrae de este debate, la rama filosófica de la ética empresarial académica pone de relieve los aspectos normativos de la ética empresarial y la rama de las ciencias sociales pone de relieve los aspectos descriptivos de la ética empresarial, a través del estudio y la descripción de las prácticas realmente encontradas en el mundo de los negocios. La última estudiaba los diferentes efectos de las distintas prácticas, así como las diversas actitudes de cara a determinadas prácticas empresariales de las distintas sociedades 8. Los aspectos sociales de la gestión incluyen la ética entre sus componentes, pero la ética empresarial contiene mucho más que aspectos sociales y no todos los aspectos sociales son aspectos éticos, incluso cuando muchos aspectos sociales puedan ser considerados desde una perspectiva moral y podamos hacer una valoración moral de los aspectos económicos y legales de los negocios.
El enfoque descriptivo ha demostrado ser más cordial con los negocios puesto que es menos crítico y por su cualidad práctica se ajusta mejor al enfoque empírico de los negocios. El enfoque filosófico era considerado con recelo y, en cierto modo, continúa siéndolo por muchos de los agentes empresariales y, al principio, los que defendían el enfoque filosófico de la ética empresarial no eran bien recibidos en el mundo de los negocios por los que defendían los aspectos sociales, ni por las escuelas de negocio en general. Todos ellos cuestionaban las credenciales de los que empleaban la filosofía para evaluar aspectos complejos del mundo empresarial, y a menudo el enfoque filosófico se consideraba antitético para los negocios. Al mismo tiempo, muchos departamentos de filosofía sentían que aquellos que participaban en el estudio de la ética empresarial no hacían realmente filosofía según ellos la definían. Pese a estas reacciones iniciales, antes de los años noventa la ética empresarial se consolidó como una disciplina académica generalmente aceptada.
El énfasis se puso inicialmente en las grandes empresas y es a estas a las que continúa afectando principalmente. No obstante, la investigación de los aspectos éticos en relación con las pequeñas y medianas empresas está en auge.
En 1980, se fundaba la Society for Business Ethics (SBE), principalmente por los vinculados a la corriente filosófica. La división de los aspectos sociales de la gestión de la Academy of Management, convertida en la organización más importante para los estudiosos del aspecto descriptivo de la ética empresarial, había existido desde 1976. La Society for Business Ethics se reunió en principio con la American Philosophical Association. En 1989 cambió su reunión anual para preceder a la reunión anual de la Academy of Management, aunque continuó celebrando sesiones junto con la American Philosophical Association. La Society for Business Ethics continúa siendo la sede académica principal de la ética empresarial. En 1991 comenzó a publicar la edición trimestral de Business Ethics Quarterly con Patricia Werhane como editora.
La rama filosófica de la ética empresarial académica pone de relieve los aspectos normativos de la ética empresarial y la rama de las ciencias sociales pone de relieve sus aspectos descriptivos.
Comenzaron a celebrarse congresos cada vez con mayor asiduidad sobre los temas y aspectos de la ética empresarial. En 1976, se fundó el Bentley Center for Business Ethics que hoy día continúa creciendo. Se crearon otros centros de ética empresarial en distintas universidades y comenzaron a surgir diarios dedicados a la reciente disciplina. En tan solo diez años, ha aparecido al menos una docena de centros nuevos. En 1982, surgió el Journal of Business Ethics. A este siguieron otros diarios sobre ética empresarial. En 1987 Henk van Luijk y Georges Enderle sirvieron de instrumento para la fundación de la European Business Ethics Network (EBEN), cuyo objetivo era estimular el crecimiento de las sociedades nacionales en Europa y el desarrollo de la ética empresarial en muchos países europeos. Antes de 2011, la EBEN enlazaba diecisiete redes nacionales.
En 1988, se creó la International Society for Business, Ethics and Society que ayudó a promover el crecimiento de la ética empresarial en países de todo el mundo. Su primera reunión se celebró en 1992 y el Primer Congreso Mundial de Negocios, Economía y Ética se celebró en Japón en 1996. Le siguieron otros congresos mundiales celebrados en São Paulo (2000), Melbourne (2004), Ciudad del Cabo (2008) y Varsovia (2012). En 1993, se creó la Japan Society for Business Ethics (JABES), y el congreso mundial de 1996 condujo a la creación de sociedades para la ética empresarial en América Latina y la Asociación Latinoamericana de Ética, Negocios y Economía (ALENE) en 1997; a la Business Ethics Network of Africa en 2000, que incluía miembros de veintidós países; a la Australian Business Ethics Network y a sociedades para la ética empresarial en India, China y otras partes del mundo. La primera edición de Business Ethics: A European Review se publicó en 1992. Antes del nuevo siglo, la ética empresarial como disciplina académica se había afianzado con solidez en el ámbito internacional. Había demostrado que su existencia no era una moda pasajera, como auguraban algunos.
La ética empresarial se ha desarrollado y se ha expandido como lo han hecho los negocios. En 1989, Thomas Donaldson publicaba el primer libro sobre la ética empresarial internacional, al cual siguió el de Richard De George (1993). Ambos reflejaban la realidad del paso de los negocios al ámbito internacional, por lo que surgieron nuevos aspectos que debían ser tratados y para los que no existían soluciones no intuitivas o sencillas. La globalización de los negocios fue el paso siguiente, y la informática, la revolución digital y el progreso de la tecnología de la información cambiaron aún más los negocios y dieron lugar a nuevos aspectos éticos relacionados con la privacidad y la propiedad intelectual, entre otros.
En 1984, R. Edward Freeman publicaba un libro en el que abogaba por una reconceptualización de la empresa, que llegó a tener una gran influencia tanto en la ética empresarial como en el vocabulario empleado por los negocios en la descripción de sus actividades. En Estados Unidos, las empresas tienen la obligación legal de gestionar el beneficio de sus accionistas. En ocasiones, algunas empresas y comentaristas han dado a esta premisa un significado que les ha permitido establecer en todo momento la prioridad de los accionistas sobre el resto, cuyos intereses pueden considerarse legalmente secundarios. Esta es la visión de la empresa del accionista. Freeman expone que las empresas tienen obligaciones de cara a sus stakeholders –sus accionistas, empleados, proveedores, clientes y cualquier otra persona con un interés en la empresa–. La reinterpretación no cambia las obligaciones éticas de las empresas, pero sí las hace más fáciles para argumentar que algunas veces otras partes interesadas tienen prioridad sobre los intereses del accionista.
A principios de siglo, la ética empresarial como disciplina académica había comenzado a adentrarse en su etapa de madurez. No obstante, puesto que su creación se produjo en Estados Unidos, la rama empírica creció lentamente en comparación con la rama filosófica. Muchos de los filósofos especialmente activos en los comienzos de la disciplina pasaron a ocupar cátedras distinguidas en las escuelas de negocio, por lo general en departamentos de gestión. La Society for Business Ethics, originalmente dominada por filósofos, fue lentamente cediendo el paso a los de la rama de las ciencias sociales. El número de artículos dedicados a la normativa consecuentemente cedió el paso a los de carácter empírico, y la gama de artículos sobre ética empresarial se estrechó, de forma que la mayor parte trataba la ética de la gestión en lugar de la comercialización, las finanzas, las relaciones humanas u otras áreas de negocio. Escándalos como el de Exxon, WorldCom y otros descubiertos a principios de siglo dieron lugar a una avalancha de libros y artículos sobre la dirección de empresas y la crisis financiera de 2007-2008 llevó a algunos a estudiar la ética de la industria financiera. Más allá de las fronteras de Estados Unidos hubo quienes consideraron la crisis financiera una crisis de la legitimidad del capitalismo, y algunos recurrieron a un análisis de la justificación ética del capitalismo financiero. Estados Unidos mantuvo el dominio en la disciplina de la ética empresarial, pero aparecieron centros en muchos países de Europa, Asia, Sudamérica, Australia y África.
En Estados Unidos, la disciplina de rápido crecimiento tuvo algún impacto en los negocios. Pero la tercera corriente de la ética empresarial –la incorporación de la ética, o al menos lo que esta implica, a los negocios de gran escala en Estados Unidos– recibió el mayor impulso por parte de la legislación gubernamental. Las dos ramas que imperaron fueron la de la ética de la empresa y la de la responsabilidad social de la empresa. A menudo las dos se dividen dentro de la misma compañía. Antes de la promulgación de leyes por parte del ejecutivo, algunas compañías, como fue el caso de Johnson & Johnson, adoptaron por su cuenta códigos e incorporaron a sus estructuras la deontología. De forma parecida, empresas e industrias individuales reaccionaron a la presión pública de formas diversas. Por ejemplo, en 1978, General Motors y otras empresas estadounidenses con negocios en Sudáfrica adoptaron los conocidos como principios de Sullivan. Su acuerdo consistía en no obedecer las leyes discriminatorias y opresivas del apartheid en Sudáfrica e intentar con otras tácticas, incluida la presión al Gobierno, contribuir a su deslegitimación o incluso a su desaparición. En 1984, tras el desastre de Union Carbide en su planta de Bhopal (India), que acabó con la vida de miles de personas y dejó cientos de miles de heridos, la industria química adoptó un código voluntario que se dio a conocer como la iniciativa Responsible Care.
El primer impulso gubernamental se produjo en 1977 con la aprobación de la ley sobre prácticas corruptas extranjeras en Estados Unidos. Esta ley prohibía a las empresas estadounidenses efectuar pagos a altos cargos de Gobiernos de países extranjeros para la obtención de contratos o favores especiales. Transcurrieron veinte años hasta que los países de la OCDE adoptaran una legislación similar. El segundo impulso fue la Defense Industry Initiative (DII) en materia de ética y conducta empresarial (1986). Se trataba de una iniciativa promovida por contratistas de defensa en respuesta a una serie de irregularidades en contratos celebrados con el Gobierno de Estados Unidos. Los signatarios (treinta inicialmente y finalmente cincuenta) acordaron someterse a un código de conducta, establecer programas de formación deontológica para empleados y desarrollar mecanismos de control para detectar conductas inapropiadas. Este se convirtió en el modelo para la guía United States Federal Sentencing Guidelines for Corporations (1991), que sirvió de zanahoria para el garrote de la legislación federal. Facilitó a las empresas un gran incentivo económico para nombrar a responsables de ética, instaurar el programa de formación deontológica para todos los empleados y desarrollar, adoptar y hacer cumplir un código de conducta. Si así lo hicieron y la empresa, o uno de sus empleados, eran declarados culpables por haber defraudado al Gobierno de algún modo, la sanción impuesta podía reducirse hasta un 96% de la sanción máxima de 290 millones de dólares. La incorporación de la ética a la empresa se convirtió en algo rentable, y dejó de ser un complemento caro de quizá dudosa rentabilidad. El cuarto impulso gubernativo se produjo con la Ley Sarbanes-Oxley de Estados Unidos (2002), promulgada en la estela del escándalo de Enron y otros afines que involucraban a la dirección de las empresas.
Como resultado de la legislación, las empresas se enfrentaron a la nueva tarea de establecer un cargo de responsabilidad deontológica e introducir códigos y mecanismos de control y aplicación de los mismos. Para muchas empresas –aunque no para todas– este era un terreno nuevo y desconocido.
Un resultado fue la creación de la Ethics Officer Association en 1992 (que pasó a ser la Ethics and Compliance Officer Association –ECOA– en 2005). La asociación representaba una red y un foro para que sus miembros intercambiaran ideas y estrategias sobre la ética y el cumplimiento del marco jurídico. Aunque se creó con diecinueve empresas estadounidenses y su sede se estableció en Estados Unidos, antes de 2011 contaba 1.200 miembros situados en más de treinta países. El resultado global fue la incorporación de la ética como parte de la estructura de muchas compañías.
Al mismo tiempo, de diversas formas y en distintos lugares las empresas se vieron sometidas a una presión creciente por parte de las ONG y el público general para convertirse en buenos “ciudadanos corporativos” o comprometerse con el triple resultado contable (económico, medioambiental y social) y de otro modo girar su atención hacia la responsabilidad social corporativa con respecto a las comunidades en las que operaban. Esta se convirtió en la segunda rama de la ética empresarial de la corriente empresarial de la ética empresarial.
La responsabilidad social corporativa ha pasado a ser algo que las empresas no pueden seguir ignorando sin arriesgarse a dañar su imagen pública. No obstante, el énfasis en la responsabilidad social corporativa se ha considerado en algunos casos equivalente a la ética empresarial, incluso cuando solo algunas de las obligaciones sociales de las empresas son obligaciones éticas –otras son legales o simplemente una respuesta a los deseos de la presión de una minoría ruidosa u otros grupos– e incluso cuando las empresas tienen muchas obligaciones éticas no incluidas en la responsabilidad social corporativa. Muchas empresas tienen dos responsables y dos departamentos: uno de responsabilidad social corporativa que se encarga de las obligaciones externas y uno interno –un departamento de ética corporativa– que se encarga de la formación deontológica interna y otros aspectos. Las empresas pueden contar con programas ejemplares de responsabilidad social corporativa y ser éticamente deficientes en otras áreas de sus operaciones, como quedó demostrado en el caso de Enron.
La responsabilidad social corporativa ha pasado a ser algo que las empresas no pueden seguir ignorando sin arriesgarse a dañar su imagen pública.
Muchas empresas multinacionales han adoptado códigos que incluyen sus prácticas en todo el mundo o se han adscrito a conjuntos de principios tales como los principios de Caux o los principios incluidos en el Pacto Mundial de las Naciones Unidas. El Pacto Mundial contiene diez principios que tratan los derechos humanos, los estándares laborales, el medioambiente y la corrupción. Mediante su adhesión, las empresas se comprometen a cumplir los principios y establecer la mejor forma de implantarlos. La iniciativa ha crecido hasta superar los 8.000 participantes, en los que se incluyen más de 5.300 negocios de 130 países de todo el mundo y acoge a seis agencias de la ONU. En 2011, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ratificó una serie de principios rectores sobre empresas y derechos humanos que establecen una normativa global en lo que respecta a los derechos humanos y la actividad empresarial. El Pacto Mundial promueve la creación de redes locales de ámbito nacional y regional para compartir información, desarrollar los medios adecuados para la implantación de tales principios y animar a otras compañías para que se adhieran a ellos. El pacto es compatible con otros códigos y se basa en última instancia en la autorregulación.
Además, la autorregulación no es necesariamente la antítesis del reglamento gubernamental, y ambos alcanzan la eficacia óptima cuando se aplican juntos, por ejemplo, para abolir el trabajo infantil opresivo.
Aunque el Pacto Mundial de las Naciones Unidas se identifica a sí mismo con la ciudadanía corporativa, engloba aspectos tanto de la responsabilidad social corporativa como de la ética empresarial, en la medida en que hacen hincapié en el respeto de los derechos humanos.
El modo en que se desarrolla el papel de la responsabilidad social corporativa en la mayoría de los países europeos, en los que el Gobierno tiene mayor participación que en Estados Unidos, varía al igual que lo hacen los aspectos que dirige la ética empresarial. Los sindicatos tienen más voz y voto en las empresas europeas que en las de Estados Unidos, y muchos de los derechos laborales que se negocian en Estados Unidos se legislan en Europa. Las redes de seguridad implantadas son también diferentes. En otras partes del mundo ocurre lo mismo y los aspectos en países en vías de desarrollo difieren de los existentes en los países desarrollados.
Aunque ampliamente aceptada, la responsabilidad social corporativa es de algún modo un concepto impreciso y adoptado a menudo por las compañías en respuesta a la crítica externa sin ningún marco general o conjunto de valores. En el caso de empresas multinacionales o transnacionales, existe igualmente ambigüedad sobre si las responsabilidades sociales de una empresa reflejan las exigencias de la sociedad en la que tiene su sede o las de las sociedades en las que opera. El componente ético de la responsabilidad social corporativa se establece en todo caso por las reglas éticas y no simplemente por las exigencias de grupos con intereses creados.
La globalización de los negocios ha traído consigo la globalización de la ética empresarial en sus tres corrientes. Aunque el énfasis continúa estando principalmente en la ética empresarial de cada nación o región, con parte de la literatura dedicada a comparaciones nacionales o culturales cruzadas, la verdadera globalización de la ética empresarial sigue encontrándose en sus inicios. Se presta algo de atención a aspectos mundiales como el calentamiento global, pero la batalla se libra en las sedes políticas nacionales y regionales.
El componente ético de la responsabilidad social corporativa se establece por las reglas éticas y no simplemente por las exigencias de grupos con intereses creados.
Lo que ha quedado claro en los últimos cuarenta años es que las tres corrientes de la ética empresarial se encuentran relacionadas entre sí. En ocasiones, la evolución se produce en la literatura de la ética empresarial académica para motivar un aumento de la conciencia pública, pues publicistas y activistas aprovechan la idea para generar presión pública que estimule la actividad corporativa. En el resto de las ocasiones, la ética empresarial académica sigue el sentimiento público o reacciona ante prácticas empresariales. Lo que también ha quedado claro, no obstante, es que la ética empresarial por sí misma es insuficiente para llevar la disciplina sobre la actuación empresarial a un nivel que beneficie a todos. La crítica académica, las protestas públicas, la autorregulación y los códigos corporativos o industriales solo pueden llegar hasta ahí. En algún momento, se requiere la legislación gubernamental. La legislación, sin embargo, es nacional o local. No existe una legislación internacional efectiva que se adapte a la globalización de los negocios, y la corrupción en el ámbito gubernamental impide el crecimiento de la ética empresarial en el ámbito local de muchos países. Incluso algunos de los países de la OCDE han sido laxos en este sentido, por ejemplo, en la implantación y aplicación de legislación nacional que prohíba el soborno de Gobiernos extranjeros.
No obstante, en 2011 la ética empresarial ha dejado de ser considerada una contradicción. El público de muchos países es más consciente ahora de los aspectos éticos de los negocios de lo que lo era hace cuarenta años; aunque la disciplina académica de la ética empresarial continúa desarrollándose, ha madurado y ha dejado de luchar para instituirse como tal; y la comunidad empresarial al menos ha comenzado a considerar la deontología y las exigen exigencias éticas como parte de lo que debe gestionar e interiorizar.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Fuente: Richard T. De George
Recursos
Notas
Para más información sobre el Pacto, véase el sitio web oficial de la ONU http://www.unglobalcompact.org.
Para conocer una respuesta a esta postura, véase Hoffman y Moore (1962).
Para ver un breve resumen de las principales religiones y sus aportaciones a la ética de los negocios, véase Melé (2006). Una buena colección de textos y ensayos religiosos y seculares es la de Stackhouse et al. (1995).
Para conocer el pensamiento de santo Tomás de Aquino (quien en este punto estaba de acuerdo con Aristóteles) sobre la usura, véase su Suma Teológica, II-II, 78, 1-4.
Este argumento se atribuye por lo general a Weber (1976).
Para ver una lista de películas relacionadas con la ética de los negocios, consúltese la página west.aus.edu/johnso/business/ethics.cfm.
La ética en medicina, por supuesto, se remonta que sepamos a la antigua Grecia y al juramento hipocrático. Pero la ética médica en su forma actual se inició en los años sesenta con el desarrollo de las tecnologías médicas (en particular con el transplante de corazón) y el aumento del interés por los derechos del paciente.
Para obtener una visión general, véase Treviño et al. (2006). Dos libros de texto que incorporan la ética a la consulta práctica basándose en la investigación empírica de las personas en los negocios son Treviño y Nelson (2011) y Gentile (2010).
La primera reunión se celebró el 25 de abril de 1980 en Detroit, junto con la reunión de la American Philosophical Association, División Occidental. En los dos años anteriores se celebraron reuniones organizativas. Thomas Donaldson era el director del comité de organización. El primer comité ejecutivo estuvo formado por Richard De George, Thomas Donaldson y Patricia Werhane.
Para más información sobre la historia, reuniones y membresía de EBEN, consúltese la página http://www.eben-net.org.
Para más información sobre ISBEE, consúltese la página http://www.globethics.net/web/guest/about-isbee.
Véase, por ejemplo, De George (2003).
Para un análisis más profundo de los participantes, Freeman (1984) y Goodpaster (1991). Pese a su amplia aceptación, la teoría tiene una serie de críticas. Para una defensa más reciente, véase Freeman y Phillips (2002).
El Credo de Johnson & Johnson se remonta a 1943. Consúltese la página http://www.jnj.com/connect/about-jnj/jnj-credo/.
Para más información sobre la ECOA, véase la página http://www.theecoa.org/iMIS15/ECOAPublic/.
Los principios de Caux fueron formulados en 1995 por un grupo de empresas japonesas, europeas y norteamericanas que se reunieron en Caux, Suiza. Para conocer más detalles sobre los principios y su implantación, véase la página http://www.cauxroundtable.org.
Para ver los principios, consúltese la página http://ohchr.org/documents/issues/business/A.HRC.17.31.pdf.
Véase, por ejemplo, el índice de percepción de transparencia contra la corrupción en la página transparency.org/policy_research/surveys_indices/cpi/2010/results.
Véase También
Bibliografía
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