Origen de la Ética de la Empresa
Ética de la empresa: Creación histórica
La expresión “ética empresarial” tal y como se usa actualmente se remonta solo a la década de los setenta, aunque hunda sus raíces en la Antigüedad. Su historia se forja en tres vertientes interrelacionadas, cada cual con dos ramificaciones. La primera, la más extensa y más amorfa, es la ética en la faceta de los negocios, o ética empresarial. Sus dos ramas son la religiosa y la secular.
La segunda vertiente es la de la ética empresarial académica, con sus ramificaciones filosófica y empírica. La tercera es la ética empresarial como una ética integrada en los negocios. Sus dos ramas son la del responsable de ética y la de la responsabilidad social corporativa. Cada aspecto ejerce influencia en los otros y se ve influido por el resto. La historia arranca en Estados Unidos pero el recorrido de la ética empresarial en cada país varía y refleja las diversas situaciones sociales, económicas y políticas de cada nación. A pesar de que la ética empresarial en muchas naciones haya alcanzado un nivel de madurez, aún se encuentra en ciernes una ética empresarial global.
La historia de la ética empresarial depende de lo que entendamos por “ética empresarial”, siendo el término empleado con distintos sentidos y variando en parte según el país. El término que actualmente se utiliza tiene su origen en Estados Unidos y su uso se extendió en los años setenta. La historia de la ética empresarial en Estados Unidos puede considerarse como la intersección entre tres corrientes entrelazadas. Cada una de estas puede dividirse a su vez en al menos dos ramas correspondientes.
La primera corriente, a la que llamaré corriente de la ética en los negocios, se refiere a la larga tradición de aplicar a los negocios las normas de la ética, del mismo modo que se han aplicado a otros aspectos de la vida social y personal. Esta corriente puede dividirse además en la rama secular y la religiosa. La segunda corriente se corresponde con el desarrollo de una disciplina académica que ha recibido el nombre de ética empresarial. Esta se divide asimismo en dos ramas principales, siendo una la rama de la ética empresarial filosófica, normativa y crítica, y la otra la rama científica y social, principalmente descriptiva y empírica. La tercera corriente se corresponde con la adopción en los negocios de la ética o, al menos, de lo que esta implica. De nuevo, se subdivide en la integración de la ética en los negocios y la práctica empresarial por un lado, y el compromiso de responsabilidad social de la empresa por otro. En los años ochenta, la ética empresarial se introdujo en Europa y Japón, aunque el término no encontró una traducción sencilla y su desarrollo en cada país difería del seguido en Estados Unidos por las diferencias sociopolíticas y económicas. Más adelante se propagó de formas distintas a otras partes del mundo, en cada ocasión con un énfasis e historia locales diferentes. A escala internacional, pasó a asociarse con el Pacto Mundial de las Naciones Unidas, iniciado por el entonces secretario general de la ONU Kofi Annan de cara al Foro Económico Mundial celebrado el 31 de enero de 1999, que despegó oficialmente en julio de 2000.
De las tres corrientes, la primera, o corriente de la ética en los negocios, es la más amorfa y más ampliamente seguida. Este es el sentido que el público general, los nuevos reporteros y comentaristas, políticos y gente del mundo de los negocios tienden a dar al término. En este sentido, la ética empresarial no es nada nuevo, aunque el término como tal no se empleara para describirla antes de los años setenta. La corriente representa la creencia ampliamente extendida de que la ética se aplica a los negocios del mismo modo que se aplica al resto de los aspectos de la vida. Los escándalos de soborno, abuso de información privilegiada, publicidad engañosa y situaciones similares, las historias sobre Enron y Arthur Andersen, y el sistema Ponzi de Bernard Madoff representan lo que generalmente se considera una mala conducta en los negocios y el público general lo asocia con la ética empresarial, o más concretamente, con el fracaso de la ética en los negocios. Las reglas de la moralidad que se incumplen son aquellas que se aplican a todos los componentes de la sociedad. La sola mención de la ética empresarial suele suscitar anécdotas sobre los delitos de alguna compañía o de algún hombre de negocios. Peter Drucker, conocido teórico de la gestión empresarial, fue uno de los que proclamaron la inexistencia de algo como la ética empresarial, solo existía la ética en los negocios. Veía lo que consideraba la ética empresarial como varios intentos de justificar prácticas empresariales claramente inmorales según la norma habitual. Tenía razón al lanzar ataques contra dichos intentos, pero lo escribió antes de que se desarrollara la disciplina académica y sus comentarios no incluían la disciplina como realmente se creó. En su desarrollo real, la mayoría admitía que las reglas de la moralidad habituales se aplican a los negocios al igual que al resto de los aspectos de la vida.
Los escándalos de soborno, información privilegiada y situaciones similares se consideran una mala conducta en los negocios y el público general lo asocia con la ética empresarial y el fracaso de la ética en los negocios.
La historia de la ética en los negocios se remonta en el tiempo tanto como la ética y los negocios. Podemos imaginarnos los primeros trueques basados en un sentido de intercambio igualitario. He mencionado dos ramas, la secular y la religiosa, y en ambas encontramos una historia paralela en relación con el desarrollo de la ética según se aplica a los negocios. En su Ética a Nicómaco (V, 5), Aristóteles mencionaba la justicia como el intercambio de iguales por iguales y en Política (I, 8-10) trataba “el arte de la adquisición”, el comercio y la usura como parte de la ética en el hogar. Si damos un salto a la era moderna, John Locke (1690) desarrolló una defensa de la propiedad privada como un derecho natural basado en el esfuerzo de alguien por conservar el bien en cuestión. Adam Smith, quien escribió la Teoría de los sentimientos morales antes de La riqueza de las naciones, escribió sobre la ética de los negocios, así como sobre la falta de la misma entre los hombres de negocios que operaban entonces.
David Hume, John Stuart Mill y muchos otros escribieron sobre la moralidad o la ética existente en desarrollar un sistema económico empresarial libre. Karl Marx elaboró el más mordaz ataque sobre lo que denominó capitalismo, un periodo de la historia que consideró necesario y para el que admite que la productividad humana se ha desarrollado más que en cualquier otra época. Para él, el problema del capitalismo es que la mayor parte de los beneficios se los llevan unos pocos, cuando hay suficientes para repartir entre todos. Su crítica tiene todavía seguidores. Todos estos escritores han aportado algo a la historia de la ética de los negocios y sus pensamientos se han filtrado de distinta forma hasta llegar al pueblo.
No se trata de que el hombre de la calle o los trabajadores de los medios de comunicación hayan leído todos estos trabajos. Más bien, lo que estos autores escribieron de forma diversa se ha convertido en parte de la visión aceptada de los negocios y la ética. Por ejemplo, encontramos en la prensa o medios de comunicación pocos pensamientos o argumentos sobre la justificación moral de la propiedad privada. Se considera obligado en la mayoría de los países desarrollados que cada persona tenga derecho a su propia propiedad y que esta se encuentre protegida por ley. Si bien se debate la adecuación de la función desempeñada por el Gobierno, los fundamentos de la propiedad, la legitimidad de la empresa privada y el sistema de salarios se consideran sin duda alguna la estructura económica aceptada y aceptable de la sociedad. La crítica que Karl Marx hace al capitalismo nunca tuvo un respaldo importante en Estados Unidos y, a diferencia de muchos países europeos, nunca existió un partido político socialdemócrata. No obstante, la crítica de Marx a la explotación y su condena a la primacía de la mercancía sobre las personas y la consideración de la persona por lo que tiene y no por lo que es tuvieron también resonancia en la cultura norteamericana.
El surgimiento de la llamada ética empresarial desde los años setenta siguió al periodo tumultuoso de los sesenta. Era la época en la que se creaba en Estados Unidos el movimiento de los derechos civiles y los movimientos ecologistas y consumistas. La Guerra de Vietnam motivaba protestas contra la participación del Gobierno y se producía una reacción por parte de muchos activistas contra lo que se daba a conocer como el complejo militar-industrial.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos era la única gran potencia que no había sufrido una devastación importante. Como resultado, los negocios norteamericanos prosperaron y se propagaron por todo el mundo. Con una gran industria en particular, el enorme crecimiento de las industrias químicas de petróleo, pasó a ser un problema la contaminación a gran escala. Surgieron grupos ecologistas para atacar a la industria. Aquellos que conocieron el surgimiento global de los negocios norteamericanos como explotadores, unieron sus voces a la crítica contra las grandes empresas. Muchas de las críticas se formulaban en términos morales, y cuando a finales de los setenta surgía la disciplina académica de la ética empresarial, lo hacía ofreciendo un vocabulario y un marco envolvente que la crítica aprovechaba y que pronto se ampliaría a los medios y la cultura general.
La segunda rama de la corriente de la ética en los negocios, la religiosa, también cuenta con una larga historia y un modo similar de filtración e influencia en el pensamiento general de la ética de los negocios. Muchos empresarios viven sus vidas empresariales guiados por sus creencias morales religiosas, y muchos de los afectados por las prácticas empresariales las evalúan con el mismo prisma. La influencia religiosa más importante en la cultura económica norteamericana es la judeocristiana. Otras como el islam y el budismo, hinduismo o confucionismo, son, cómo no, la principal influencia religiosa en la ética empresarial en los países en los que son dominantes.
Los orígenes de la ética de los negocios en la tradición judeocristiana se remonta al menos a los Diez Mandamientos (Éxodo, 20: 1-17; Deuteronomio 5: 7-21), en particular a los de no robar y no levantar falso testimonio ni mentir. En la Edad Media la Iglesia prohibió durante largo tiempo la usura y la práctica de hacer dinero con dinero, sin embargo, final- mente cambió para prohibir solo el interés excesivo, en lugar de todos los intereses en los pagos.
El cristianismo se ha mostrado siempre ambivalente ante los negocios y los ricos. La respuesta de Cristo al rico cuando decía “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de los Cielos” (Mateo, 19: 23-24, Marcos 10: 24-25 y Lucas 18: 24-25) capta esa ambivalencia. La Iglesia tiene una larga historia de preocupación por los pobres y de caridad a todo aquel que la necesita. Pero nunca levantó su voz contra la esclavitud, por ejemplo, y san Pablo incluso advertía a los esclavos para que obedecieran a sus amos.
Hasta finales del siglo XIX la iglesia católica no creó un programa de justicia social cuando el papa León XIII (1891) publicó una encíclica, Rerum Novarum, que establecía los preceptos para un salario justo. Otros papas posteriores han desarrollado el pensamiento social, adoptando una defensa del trabajador. Juan Pablo II, en las encíclicas Laborem exercens (1981) y Centesimus annus (1991), evalúa y critica moralmente tanto el socialismo como el capitalismo y establece las necesidades de las naciones en vías de desarrollo. Perfila lo que se conoce como una “opción preferencial para el pobre”. Aunque los obispos católicos de Estados Unidos presentaron también un escrito sobre economía (Justicia económica para todos), el impacto en la comunidad empresarial y el público en general no ha sido significativo. En la tradición protestante, el calvinismo desarrolló lo que se dio a conocer como la ética del trabajo protestante (o puritana), a saber, la doctrina que establecía que el trabajo duro era una vocación y un medio de alcanzar el éxito, y que el éxito económico era signo de salvación predestinada de una persona 5. Esa tradición se compaginaba con la creencia norteamericana del trabajo duro como el camino hacia el éxito.
La noción de ética empresarial como ética en los negocios continúa en la actualidad. Forma parte de la cultura popular y encuentra su expresión en la cobertura de los medios de los abusos éticos y legales en los negocios, los escándalos de las empresas y sus repercusiones. Invariablemente, tras un escándalo habrá algún columnista o político que apunte a las escuelas de negocios y a su fracaso en la formación deontológica de los alumnos, o en el fracaso de la ética empresarial como disciplina. El predominio de la ética de los negocios en la cultura popular se ejemplifica con la popularidad de películas como Todos eran mis hijos, Wall Street, Network y Silkwood, entre otras muchas 6. Aunque lo que encierra el concepto de ética de los negocios varía según el país, dependiendo de las condiciones socioeconómicas e históricas, existe en todos un significado básico para situar la ética en los negocios como en otros aspectos de la vida. Esto parece claro cuando vemos las protestas populares al hacerse pública la endémica corrupción de un gobierno, cuando los gobernantes se prestan a recibir sobornos de grandes empresas y a enriquecerse a costa de los ciudadanos de un país.
Este significado tan general y de algún modo amorfo de la ética empresarial no se articuló claramente y ni siquiera fue identificado como fenómeno hasta que se desarrolló la ética empresarial como disciplina académica. Es a esta historia a la que nos remitimos ahora.
Esos numerosos movimientos que surgieron en Estados Unidos en los años sesenta y setenta motivaron ataques a la industria y respuestas de esta. Las escuelas de negocio en los sesenta vieron la aparición de cursos sobre los aspectos sociales de la gestión y la responsabilidad social de la empresa. Pero eran bastante improvisados e incluso los que se encontraban al frente del movimiento académico en esta dirección admitían que los cursos carecían de cohesión en sus fundamentos y enfoques. Esto condujo a su vez a lo que se conoce como ética empresarial en el segundo sentido. El término, tal y como se emplea actualmente, surgió con la incorporación a este campo de un grupo de filósofos y se forjó a partir del término “ética médica” desarrollado en los años sesenta 7. La ética empresarial pronto emergió como una disciplina académica.
La ética empresarial emergió como disciplina académica a finales de los años setenta con la incorporación a este campo de un grupo de filósofos.
Como disciplina académica, la ética puede considerarse el estudio de la moralidad. Cada sociedad tiene una moralidad o conjunto de prácticas que considera correctas o equivocadas, valores que defiende y reglas que hace respetar. La ética es el estudio sistemático de la moralidad generalmente imperante (o convencional) de una sociedad con el objeto de establecer las reglas que deberían gobernar el comportamiento humano, las reglas que una sociedad debería hacer respetar, y las virtudes que merece la pena desarrollar en la vida humana. Como disciplina académica, pretende establecer la(s) justificación(es) de las partes de la moralidad existentes que pueden defenderse y que deberían ser preservadas, y es crítica con aquellas partes de la moralidad convencional que son incoherentes o que por otras razones deberían ser cambiadas. Es, por tanto, parcialmente conservadora y parcialmente radical, y en distintos periodos o en distintas sociedades uno u otro de estos aspectos es dominante. En Estados Unidos, hacia 1860 la Guerra Civil norteamericana fue en parte una respuesta a la condena moral de la institución de la esclavitud que existía en los estados del Sur de la Unión. Por analogía, la ética empresarial como disciplina académica es el estudio sistemático de la moralidad en los negocios, las prácticas empresariales, los valores, las presuposiciones y todo lo que encontramos en la realidad. Es parcialmente conservadora y parcialmente radical o crítica. En general, por ejemplo, la disciplina ha venido defendiendo la propiedad privada, aunque ha sido crítica con la explotación por parte de las empresas de los trabajadores en países menos desarrollados, así como con el soborno y la corrupción como prácticas empresariales.
La ética empresarial como disciplina académica es el estudio sistemático de la moralidad en los negocios, las prácticas empresariales, los valores y todo lo que encontramos en la realidad.
Antes de la creación de la ética empresarial como disciplina, existían cursos individuales aquí y allá sobre los aspectos morales de los negocios y conferencias y artículos sobre la ética en los negocios. El término “ética empresarial” empleado en la literatura inicial se refería al significado del término ética en los negocios. Lo que diferenciaba a la ética empresarial como disciplina académica a partir de los años setenta de la ética en los negocios era que la disciplina intentaba estudiar sistemáticamente toda la gama de aspectos éticos de los negocios como un conjunto completo. Los filósofos implicados al principio comenzaban en general por un marco ético exhaustivo ofrecido por la teoría ética, una especie de versión del utilitarismo (que estudiaba las consecuencias de las acciones) o un enfoque kantiano a los aspectos éticos (que toma los derechos y obligaciones como básicos) o un enfoque aristotélico (que sitúa la virtud en el centro y estudia la personalidad de los agentes morales, en este caso, los agentes del mundo empresarial) o una combinación de dos o más de ellos. Al igual que ocurre con la ética en la corriente empresarial, el movimiento de la ética empresarial podría dividirse en dos ramas, la filosófica, normativa y preceptiva, y la empírica, descriptiva y seguida por aquellos que recibieron formación en ciencias sociales. En cierto sentido, ambas ramas se han fusionado. La corriente empírica, tradicionalmente basada en los aspectos sociales ya existentes de la gestión y en los cursos y estructuras sobre responsabilidad social corporativa en las escuelas de negocio y la administración de empresas. La corriente filosófica, procedente de los departamentos de filosofía y el campo de la ética aplicada, cuya antecesora fue la ética médica.
En su desarrollo, la ética empresarial llegó a incluir el análisis de seis niveles diferentes de interés ético. El primero es el nivel del individuo. Este trata no solo aquello que los individuos deberían hacer para afrontar los dilemas éticos o problemas morales en los negocios, sino también aspectos de la personalidad, el crecimiento del individuo en el trabajo, las virtudes propias de la vida empresarial y la integración de la ética en el trabajo con la ética de cada uno y las obligaciones éticas como miembro de una familia, una comunidad y una sociedad más grande y extensa. El énfasis en el desarrollo de la personalidad es particularmente importante para quienes aplican el enfoque aristotélico a la ética empresarial.
El segundo nivel es el de la empresa. Afecta a aspectos de las estructuras internas de los negocios que tienden a reforzar y promover la actividad ética de los empleados o las estructuras que tienden a promover la actividad poco ética (caracterizada por la premisa: “Quiero esto hecho para tal fecha y no me importa cómo lo consigas”). Este es el nivel de la política empresarial, de la cultura empresarial, de las responsabilidades de los distintos accionistas de una compañía, y de la responsabilidad social corporativa en la medida en que dicha responsabilidad sea una responsabilidad ética.
El tercer nivel es el de una industria concreta. Las industrias extractivas plantean problemas de ética particulares, como por ejemplo, las industrias químicas, y muchas otras. En muchos casos, los aspectos éticos no pueden resolverse en el ámbito de una empresa concreta, sino que ha de hacerse en el ámbito de la industria.
El nivel siguiente es el nivel nacional, y aquí existen aspectos relacionados con la legislación, los controles aplicados a la actividad empresarial, la protección de los trabajadores y los consumidores, las limitaciones en materia de contaminación, la prevención de la explotación infantil, etcétera.
El quinto nivel es el internacional, y trata los múltiples aspectos éticos procedentes de las empresas multinacionales, en particular, las acciones de las multinacionales procedentes de países desarrollados que operan en países menos desarrollados en los que las leyes locales no protegen adecuadamente al país o sus ciudadanos. El sexto nivel es el nivel mundial y trata la responsabilidad ética de las empresas para ayudar con las soluciones dadas a aspectos mundiales tales como la reducción del nivel de ozono, el calentamiento global y temas similares que solo pueden resolverse globalmente pero de los que son responsables tanto empresas como naciones.
Según explicaba Norman Bowie, el primer congreso sobre ética empresarial se celebró en 1974 (Bowie 1986) y las conferencias se publicaron como Ethics, Free Enterprise and Public Policy (De George y Pichler 1978). A finales de los años setenta, Norman Bowie, gracias a una beca del National Endowment for the Humanities, presidió un comité constituido para el desarrollo de un modelo curricular de los cursos de ética empresarial. En la misma época, Richard De George desarrolló un curso de ética empresarial y distribuyó el programa de un curso de noventa páginas entre novecientos profesores interesados de escuelas de negocio y departamentos de filosofía.
En l979, aparecieron los primeros textos sobre ética empresarial: tres antologías, una de Tom Beauchamp y Norman Bowie, otra de Thomas Donaldson y Patricia Werhane, y una tercera de Vincent Barry, seguidas de dos textos de un único autor en 1982, uno de Richard De George y el otro de Manuel Velásquez. Los libros encontraron un mercado dispuesto y los cursos se incorporaron a los departamentos de filosofía y las escuelas de negocio. Rápidamente comenzaron a surgir cursos y textos competidores.
Los textos pretendían abarcar la gama de aspectos éticos de los negocios, empezando por cuestiones metaéticas tales como si el lenguaje moral típicamente empleado para referirse a agentes morales humanos podía emplearse de forma apropiada para referirse a las empresas, si las empresas eran agentes morales, si se podía hablar de un modo significativo de la consciencia de una empresa, y si los criterios de la responsabilidad moral (con conocimiento y voluntad) tenían sentido cuando se aplicaban a las empresas. Las preguntas recibían respuestas de modos distintos, unas rebajaban las acciones de las empresas a las acciones de los individuos que las constituían, otras hacían las adaptaciones necesarias en el uso de los términos morales para aplicarlos correctamente a las acciones empresariales. Los aspectos normativos cubrían el espectro de las actividades empresariales, empezando por la justificación (o el rechazo) moral de los sistemas económicos –en particular, capitalismo y socialismo– y pasando por las distintas áreas de negocio: fabricación, gestión, comercialización, finanzas, dirección de empresas, derechos de los trabajadores, empresa y medioambiente, y, por último, las dimensiones internacionales de los negocios y el impacto de los ordenadores e Internet en la conducta empresarial. La dimensión internacional incluía las acciones de empresas multinacionales o transnacionales, el trabajo infantil y la explotación de los países menos desarrollados, tanto en relación con el empleo como en relación con el medioambiente, el soborno y las operaciones en entornos corruptos. Con la desaparición de la Unión Soviética en 1991, el capitalismo parecía emerger como sistema económico dominante y el papel de la ética en los países en transición al incipiente capitalismo crecía en importancia.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
El enfoque filosófico era normativo y estudiaba de forma crítica la justificación moral de la propiedad privada, el papel correcto del Gobierno y la regulación gubernamental de los negocios, así como la moralidad de la práctica empresarial. Mientras que la ética en los negocios se centraba principalmente en los escándalos y abusos que atraían la atención del público en general, los estudiosos de la ética empresarial examinaban la estructura del capitalismo y las estructuras empresariales, expresando unas veces la justificación moral subyacente de las estructuras y prácticas existentes, y otras criticándolas desde una perspectiva moral y argumentando el cambio.
Fuente: Richard T. De George (parcial)
Recursos
Notas
Para más información sobre el Pacto, véase el sitio web oficial de la ONU http://www.unglobalcompact.org.
Para conocer una respuesta a esta postura, véase Hoffman y Moore (1962).
Para ver un breve resumen de las principales religiones y sus aportaciones a la ética de los negocios, véase Melé (2006). Una buena colección de textos y ensayos religiosos y seculares es la de Stackhouse et al. (1995).
Para conocer el pensamiento de santo Tomás de Aquino (quien en este punto estaba de acuerdo con Aristóteles) sobre la usura, véase su Suma Teológica, II-II, 78, 1-4.
Este argumento se atribuye por lo general a Weber (1976).
Para ver una lista de películas relacionadas con la ética de los negocios, consúltese la página west.aus.edu/johnso/business/ethics.cfm.
La ética en medicina, por supuesto, se remonta que sepamos a la antigua Grecia y al juramento hipocrático. Pero la ética médica en su forma actual se inició en los años sesenta con el desarrollo de las tecnologías médicas (en particular con el transplante de corazón) y el aumento del interés por los derechos del paciente.
Para obtener una visión general, véase Treviño et al. (2006). Dos libros de texto que incorporan la ética a la consulta práctica basándose en la investigación empírica de las personas en los negocios son Treviño y Nelson (2011) y Gentile (2010).
La primera reunión se celebró el 25 de abril de 1980 en Detroit, junto con la reunión de la American Philosophical Association, División Occidental. En los dos años anteriores se celebraron reuniones organizativas. Thomas Donaldson era el director del comité de organización. El primer comité ejecutivo estuvo formado por Richard De George, Thomas Donaldson y Patricia Werhane.
Para más información sobre la historia, reuniones y membresía de EBEN, consúltese la página http://www.eben-net.org.
Para más información sobre ISBEE, consúltese la página http://www.globethics.net/web/guest/about-isbee.
Véase, por ejemplo, De George (2003).
Para un análisis más profundo de los participantes, Freeman (1984) y Goodpaster (1991). Pese a su amplia aceptación, la teoría tiene una serie de críticas. Para una defensa más reciente, véase Freeman y Phillips (2002).
El Credo de Johnson & Johnson se remonta a 1943. Consúltese la página http://www.jnj.com/connect/about-jnj/jnj-credo/.
Para más información sobre la ECOA, véase la página http://www.theecoa.org/iMIS15/ECOAPublic/.
Los principios de Caux fueron formulados en 1995 por un grupo de empresas japonesas, europeas y norteamericanas que se reunieron en Caux, Suiza. Para conocer más detalles sobre los principios y su implantación, véase la página http://www.cauxroundtable.org.
Para ver los principios, consúltese la página http://ohchr.org/documents/issues/business/A.HRC.17.31.pdf.
Véase, por ejemplo, el índice de percepción de transparencia contra la corrupción en la página transparency.org/policy_research/surveys_indices/cpi/2010/results.
Véase También
Bibliografía
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Aristóteles, Política.
Barnet, Richard J. 1974. Global Reach: The Power of Multinational Corporations. Nueva York: Simon and Schuster
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📬Si este tipo de historias es justo lo que buscas, y quieres recibir actualizaciones y mucho contenido que no creemos encuentres en otro lugar, suscríbete a este substack. Es gratis, y puedes cancelar tu suscripción cuando quieras: Qué piensas de este contenido? Estamos muy interesados en conocer tu opinión sobre este texto, para mejorar nuestras publicaciones. Por favor, comparte tus sugerencias en los comentarios. Revisaremos cada uno, y los tendremos en cuenta para ofrecer una mejor experiencia.Beauchamp, Tom y Norman Bowie (eds.). 1979. Ethical Theory and Business. Englewood Cliffs, NJ: Prentice Hall.
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