América Colombina
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Investigación Postcolombina
En muchas partes del mundo colonizadas por potencias europeas, los primeros años de lo que se ha dado en llamar “arqueología histórica” hicieron hincapié en las instalaciones coloniales y en las viviendas de figuras históricas notables.Entre las Líneas En América del Norte, los primeros grandes proyectos de arqueología histórica se centraron en colonias prominentes como Jamestown (Cotter, 1958), fuertes como Michilimackinac (Stone, 1974) y misiones, incluida La Purísima en California (Deetz, 1963). Si bien hubo un acuerdo generalizado en que los arqueólogos estudiaban los puestos avanzados y los agentes coloniales, el colonialismo no surgió como un importante foco de investigación hasta mucho después de que lo hiciera en la antropología cultural y las ciencias políticas (Asad, 1973; Fanon, 1966; Wolf, 1982).
Indicaciones
En cambio, los arqueólogos históricos se centraron más en los procesos de la cultura material, como la aculturación, el diseño de artefactos, la dinámica de las tierras fronterizas y otros aspectos similares. Estos estudios pusieron sorprendentemente poco énfasis en las relaciones de poder entre las culturas y dentro de ellas. A pesar de las primeras exhortaciones (por ejemplo, Schuyler, 1970), el examen detallado de las relaciones de poder no adquirió una importancia significativa en la arqueología histórica hasta el decenio de 1980 y posteriormente se ha centrado en la dinámica intrasocietal de la raza, la clase y el género.
Cuatro limitaciones en la literatura reciente sobre la arqueología del colonialismo poscolombino indican que la tradición persiste: 1) los persistentes estereotipos de las relaciones de poder; 2) el énfasis estructural en el núcleo metropolitano; 3) la homogeneización del colonizador y del colonizado; y 4) la valorización de la continuidad cultural indígena.
En primer lugar, el modelo de colonialismo que se asocia con mayor frecuencia a la expansión europea es un estereotipo derivado del siglo XIX que no se aplica en muchos entornos anteriores (Gasco, 2005:72; Kelly, 2002:102). El colonialismo europeo cambió significativamente en el siglo XIX con la difusión de la producción industrial y las innovaciones en la tecnología del transporte y las comunicaciones (Wolf, 1982). La incorporación a esta nueva economía mundial (o global) exigió una arriesgada especialización regional en cultivos únicos o en materias primas, que en muchos casos fue acompañada de una dependencia económica (Wolf, 1982:310). Aunque algunos productos de gran importancia en las primeras etapas de la expansión europea (por ejemplo, el algodón, el azúcar y el oro) mantuvieron su prominencia, el nuevo enfoque en la producción en masa y el transporte a granel de mercancías diferencia al colonialismo de los siglos XIX y XX de las épocas anteriores.
Los principales modelos teóricos utilizados para examinar el sistema mundial (o global) moderno, como la teoría de la dependencia (Frank, 1967) y la teoría de los sistemas mundiales (Wallerstein, 1974, 1980), suelen privilegiar el papel estructural de cada parte (por ejemplo, como “núcleo” o “periferia”) dentro del sistema colonial. Estos modelos y las aplicaciones que de ellos se derivan ponen de relieve el papel estructuralmente determinante de la metrópoli y proporcionan un escaso conjunto de instrumentos para comprender la resistencia y la autonomía indígenas. Esas perspectivas macroestructurales corren el riesgo de ocultar las historias contingentes del desarrollo de las colonias individuales y también cortejan el peligro de interpretar el pasado desde la perspectiva de su resultado histórico (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Debido tanto a las inclinaciones sincrónicas de los modelos estructurales como al hecho de que los resultados históricos son conocidos, muchos antropólogos y arqueólogos escriben de hecho sobre el colonialismo europeo como si fuera inevitable, incluso cuando supuestamente adoptan la perspectiva de los que están “en la periferia” o de los que “no tienen historia”. Esos tratamientos restan importancia o hacen perder importancia a las situaciones de enredo cultural, tratándolas como precursoras de la dominación y no como procesos abiertos. Como disciplina que se ocupa fundamentalmente de períodos prolongados, la arqueología debería estudiar no sólo la dominación realizada, sino también los procesos por los que se estableció y se resistió a ella.
Los intereses de los colonizadores y de los colonizados no son homogéneos, los colonizadores pueden llegar a tener intereses muy diferentes de los de los residentes de la metrópoli y entre los grupos indígenas algunas personas “optan por resistir, de manera proactiva o reactiva, al orden colonial emergente; otros optarán por coludirse con los colonizadores de tal manera que ayuden al desarrollo de la colonia, creando al mismo tiempo un nicho para ellos en la estructura de poder emergente” (Delle, 1999:13). Estudios detallados de contextos históricos particulares han revelado que las poblaciones “colonizadoras” a menudo incluían grandes cantidades de indígenas trasplantados, así como numerosos hogares multiétnicos. La mayoría de los grupos indígenas se vieron muy alterados por el compromiso con los colonizadores; la guerra, la migración y las enfermedades epidémicas (en particular en el hemisferio occidental) obligaron a muchos grupos a consolidarse para mantener una base política, económica y demográfica viable (Galloway, 1995; Lynch, 1985), creando nuevos grupos y formas culturales en el proceso.
La “romanización de la libertad cultural” de los subalternos se ve en la prioridad que se da a las formas “tradicionales” de cultura material, o lo que podría llamarse “indigenismos” (Jordania, 2008:9-13). Estos “indigenismos” se utilizaron inicialmente en la literatura (por ejemplo, Lindauer, 1997) para confundir los modelos de aculturación que predecían la adopción casi total de las formas y objetivos culturales de la cultura dominante por las poblaciones subordinadas. Si bien los “indigenismos” representan una forma de autonomía y control dondequiera que se encuentren, los arqueólogos deben examinar cuidadosamente las relaciones sociales más amplias en las que se insertan. El uso de una herramienta de raspado de huesos al estilo de los nativos en las cubas de curtido industrial de una misión de California (Deetz, 1963:172) pone en evidencia sólo el más mínimo control sobre las relaciones sociales. La arqueología de los modernos compromisos coloniales ya no puede contentarse con el hallazgo de “indigenismos”; después de todo, las recientes investigaciones etnográficas han demostrado que las actuales instituciones indígenas han conservado su carácter distintivo incluso en situaciones como las iglesias cristianas de los indios americanos (Dombrowski, 2001; Sturm, 2002).
Detalles
Los arqueólogos tampoco deberían dejar de criticar los “indigenismos” en el análisis: muchas formas culturales aparentemente “tradicionales” se derivan en realidad de la era de la expansión europea, y se están acumulando pruebas que indican que la aceleración de las diferencias interculturales en algunos casos ayuda a la dominación colonial.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Una forma de empezar a trabajar en torno a estas limitaciones es abordar sistemáticamente la estructura de las relaciones de poder, en particular los contextos espaciales y temporales. Cuando se hace así, se hace evidente que la expansión colonial europea encarna casi tanta variedad en las relaciones de poder como los 5.000 años de historia de la colonización a partir de la era Uruk en Mesopotamia.
Revisión de hechos: Chris
Luis Colón: El final de los pleitos colombinos (Historia)
En 1536, se dictó la decisiva sentencia arbitral de Valladolid, de notable importancia para la familia Colón, ya que suponía el final de los Pleitos Colombinos (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Dicho laudo (arbitral, en el contexto del arbitraje; véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “award” en el derecho anglosajón, en inglés), en sus capítulos principales, estableció que Luis Colón conservaría el título de almirante, con carácter hereditario (como lo disfrutaba el almirante de Castilla), pero se suprimió el virreinato y la gobernación de las Indias.Entre las Líneas En compensación, recibiría diez mil ducados de oro de renta anual en las Indias para él y sus herederos, el señorío colombino con los títulos de marqués de Jamaica y de duque de Veragua, y la perpetuidad de los oficios de alguacil mayor de Santo Domingo y de la audiencia insular.
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Consideraciones Jurídicas y/o Políticas
[rtbs name=”politicas”]Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Información sobre luis colón el final de los pleitos colombinos de la Enciclopedia Encarta
Véase También
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