Beneficencia en Sociología
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Beneficencia en Sociología en Relación a Sociología
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] 1. Introducción. La beneficiencia comprende toda la serie de esfuerzos y actividades destinados a promover el bienestar de los hombres, y especialmente la ayuda a los necesitados, los enfermos y los pobres. Durante bastante tiempo se ha equiparado en el lenguaje popular con caridad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), a pesar de que el sentido de ésta es mucho más amplio y connota un aspecto cristiano y teologal. A veces se da a la idea general de beneficiencia un cierto sentido peyorativo, por lo que en los tiempos modernos se ha tendido a sustituirla por asistencia social (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Con ese cambio de nombre se quería además subrayar que la beneficiencia no es sólo algo que depende de la buena voluntad de los individuos, sino un deber social que, en varios de sus aspectos, está ligado a la misma justicia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
Aunque tanto los principios morales como los religiosos han estado siempre de acuerdo en la conveniencia de que las personas y las comunidades ayuden a los necesitados, ha habido una escuela socioeconómica que ha atacado la beneficiencia por considerarla ineficaz y nociva. Por una parte se aducía que la práctica de la previsión y el ahorro (véase en esta plataforma: AHORRO III) evita los perjuicios que exigen la beneficiencia, siendo así que el ahorro es insuficiente muchas veces para atender urgencias graves e imprevistas en el terreno privado, lo mismo que existen catástrofes y perjuicios colectivos e inevitables que no pueden paliarse sin acudir a la beneficiencia pública o privada. Otros autores han hablado de una inutilidad o incluso de un carácter perjudicial de la beneficiencia, porque no ha podido suprimir ni desarraigar la miseria y la mendicidad en muchas naciones (véase en esta plataforma: PAUPERISMO). Esta objeción es de una evidente parcialidad, pues no sólo olvida su eficacia manifiesta tanto en los auxilios temporales (enfermedad, desempleo) como en los establecimientos de ayuda a los necesitados (hospitales, residencias de ancianos, asistencia a los niños), sino que nace de una mentalidad que prentende reducirlo todo a relaciones de justicia interpretadas además de un modo estatalista. Ciertamente es un error reducir la justicia a las estrictas relaciones contractuales y pensar que todo lo demás afecta sólo a una eventual benevolencia o caridad, ya que hay una justicia social (véase en esta plataforma: JUSTICIA IV).Si, Pero: Pero es otro error reducirlo todo a justicia, lo que, en el fondo, presupone un individualismo que se intenta corregir con un colectivismo despersonalizado. Es necesario formar a los hombres de manera que reconozcan sus deberes y obligaciones, pero que a la vez amen, de manera que no se limiten al deber sino que ofrezcan a los demás su afecto y por tanto dar al actuar social un carácter de comunicación interpersonal y de comprensión e ir eventualmente más allá de lo que estrictamente se debe. Este es el campo de la beneficiencia en sentido estricto, que presupone, por tanto, la justicia y cuyas formas y ámbito podrán variar y varían con la historia, pero que constituye una dimensión capital e insustituible del convivir humano.
Clases de beneficencia. Según quien la ejerce, se diferencia la beneficiencia oficial, a cargo del Estado, de la privada, que ejercitan los particulares. La beneficiencia privada puede ser individual o colectiva según se ejerza aisladamente o mediante la constitución de asociaciones.
2. Antigüedad no cristiana. El budismo (véase en esta plataforma: BUDA x BUDISMO), que en su origen fue una filosofía moral más que una religión, subrayó la compasión y las buenas obras como un deber del hombre y fuente de méritos. Los textos budistas recomiendan la beneficiencia como un tesoro imperecedero, y la personifican en el salvador perfecto, el Bodhisattva, que «da el mejor alimento a quienes tienen hambre. Protege a los que temen. Se esfuerza por curar a los enfermos. Alegra con sus riquezas al pobre y comparte sus bienes con los afligidos por la pobreza». El emperador Asoka proporcionó servicio médico en todo su reino, las enfermerías de los monasterios acogían a todos los pacientes, y los gremios ejercían muchas actividades de beneficiencia a la vez que cuidaban de la salud espiritual de los atendidos.
En las sociedades griega y romana, se proporcionaba alimento y cobijo a los forasteros según normas precisas, y un código de conducta semejante en todos los pueblos primitivos regía las relaciones del huésped con respecto a la tribu. Los viajeros y los mendigos estaban bajo la protección de los dioses, aunque más tarde se evolucionó en contra de la mendicidad profesional.
Las primitivas comunidades griegas de Beocia tenían una especie de Derecho común de hospitalidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) para con los huéspedes y los parientes necesitados, así como un deber recíproco para con los vecinos. Una de las funciones de las fiestas públicas era aliviar la penuria de los indigentes, a los que se suministraba alimentos. Cerca de los templos griegos, se establecían posadas para los forasteros, a quienes se proporcionaba también asistencia médica, y que eran mantenidas por cofradías dedicadas específicamente a la hospitalidad.Entre las Líneas En Roma, se distribuían las tierras públicas (ager publicus) entre los indigentes, y las opulentas familias patricias establecían donativos de grano que terminaron por ser otorgados oficialmente a cuantos disfrutaban de la ciudadanía romana, pero posteriormente se restringió su concesión. Durante la época imperial, los ciudadanos ricos mostraban su generosidad mediante la manutención y dádivas a los clientes del clan familiar, a la vez que entregaban donativos para la educación pública, los juegos municipales, etc. Los gremios profesionales (collegia) contribuían regularmente al mantenimiento de viudas y huérfanos, otorgando préstamos a los necesitados, y a finales del s. t se fundó la institución benéfica pública de las alimentationes, por influencia imperial, para la atención a los niños pobres.
Pormenores
Los hospitales empezaron siendo refugios para esclavos enfermos en la época republicana, pasando a los valetudinaria y los hospitales públicos de la era imperial.
Las obras filantrópicas están radicalmente integradas en el Islam, una de cuyas cinco «columnas» es el pago de un impuesto (zakat) que se distribuye entre diversas categorías de necesitados. Se fomenta igualmente la beneficiencia voluntaria como muy meritoria.Entre las Líneas En el siglo Viii, se fundaron grandes hospitales en Bagdad y Damasco; en el siglo XIII, en El Cairo. Los médicos árabes difundieron sus conocimientos por Europa a través de España, y entre las principales fundaciones musulmanas de beneficiencia destacan numerosas leproserías. La moral judía reconoció desde el principio las obligaciones de los ricos con respecto a los pobres, y los derechos de éstos. Así se determinó la remisión de las deudas cada siete años (año sabático) y cada 50 (año jubilar). Los menesterosos tenían derecho a espigar en los campos. Bodas y entierros eran ocasión de abundantes limosnas. Estas prácticas de beneficiencia se continuaron después de la Diáspora, acentuadas por la necesidad de unión.Entre las Líneas En todas las comunidades se instituyó el cargo de «supervisor de limosnas», y cada ghetto tenía una posada para forasteros pobres. Se recogían limosnas «para los pobres de todo el mundo», y se fomentaba que los judíos pudientes entregaran el diezmo de sus ingresos para b.
3. La primitiva Iglesia cristiana. Desde un principio, la doctrina cristiana incluyó la beneficiencia activa como una muestra del amor de caridad, siguiendo la enseñanza de Jesucristo: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeño, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 40). El precepto de amar a Dios estaba inseparablemente unido al amor al prójimo, superando la distinción mosaica de que el prójimo eran los otros judíos. Hacia los gentiles se había vivido una caridad negativa, concretada en la sentencia del moralista Hillel: «No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti». El mensaje cristiano supera toda diferencia para extender el amor incluso a los enemigos, apareciendo el «mandamiento nuevo» en imitación de Cristo. Este mandamiento privilegiado se debe demostrar con obras beneficiosas para el prójimo y, al basarse en la paternidad universal de Dios, trasciende toda discriminación, pues «ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gal 3, 28).
El mensaje de amor fraterno informó la predicación y enseñanza de los Apóstoles, de modo que S. Juan insistía en la fusión de ambos preceptos de amor a Dios y al prójimo, y San Pablo indicaba la conveniencia de remediar la necesidad con la abundancia, subrayando el carácter libre de la caridad a ejemplo de Cristo (2 Cor 8, 815). El apóstol Santiago especifica en su epístola: «La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo» (Iac 1, 27). Hasta tal punto se vivió la conciencia de esta fraternidad de los fieles en la Iglesia de Jerusalén, que «la multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo lo tenían en común… No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de la venta y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según sus necesidades» (Act 4, 32.34.35).
La preocupación por los necesitados que manifestaban los cristianos de Jerusalén se evidencia también en el hecho de que los Apóstoles, para no desatender sus funciones específicas de predicación y administración de sacramentos, hubieron de delegar en siete diáconos especialmente encargados de las obras de beneficiencia, asistidos a su vez por viudas seleccionadas según las instrucciones de San Pablo (1 Tim 5, 910). Y el ejemplo de Tabita, discípula «rica en buenas obras y en limosnas», fue honrado por S. Pedro, que la resucitó milagrosamente (Act 9, 36 ss.). Numerosos testimonios confirman la generosidad caritativa de las posteriores generaciones. Lo mismo el pagano Luciano que Tertuliano, S. Justino y el papa S. Clemente atestiguan la fraternidad práctica de los cristianos. Orígenes escribió unas disposiciones orientando la distribución de la beneficiencia, encomendando también a la comunidad el mantenimiento de los sacerdotes. Las viudas y huérfanos, los cautivos por la fe, los esclavos, los enfermos, las honras fúnebres, los viajeros, eran atendidos con abnegación dentro de las limitadas posibilidades. El cuidado de los fieles que viajaban de unas comunidades a otras fue creando una relación afectiva en la dispersa Cristiandad, junto con un creciente sentido de responsabilidad hacia todos los hermanos en la fe, y más allá de ellos hacia toda la humanidad. La época de las persecuciones abundó en ejemplos de generosidad, en la atención de lejanas diócesis asoladas compartida voluntariamente por las comunidades más afortunadas.
4. Desde el Edicto de Constantino a la Edad Moderna. La conversión al cristianismo de algunos núcleos de la sociedad romana fue introduciendo en la civilización secular la caritas en su dimensión social, influyendo posteriormente sobre los textos jurídicos de la época posclásica. La devolución de las propiedades confiscadas per: mitió renovar la beneficiencia de forma organizada. Los bienes eclesiásticos se vieron acrecentados por las donaciones de los conversos y el favor imperial.
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Los obispos cuidaban de la atención a los pobres, alentados por los concilios. S. Basilio fue el primero que levantó en su diócesis una serie de edificaciones para servir e instruir a los indigentes.
Pormenores
Los hogares para los pobres y la acción episcopal proliferaban en Oriente y Occidente. Se fundaban hospicios y hospitales en los días del Bajo Imperio administrados por los benefactores bajo la tutela del obispo.
Pormenores
Las actividades asistenciales se consideraban parte integrante de la vida monástica, y se centralizaban en las diaconías, que con el tiempo y las donaciones de terrenos obtuvieron autonomía jurídica.
En Roma, los Papas hacían honor .al sobrenombre de «Padre de los pobres», y destacó especialmente S. Gregorio Magno por la inteligente administración de los bienes eclesiásticos en favor de los menesterosos, consignando en meticulosos registros su nombre, la fecha y la cuantía de las limosnas. La activa b, de los obispos continuó durante la Edad Media, floreciendo en Francia y en las Islas Británicas. Después de la conversión de los visigodos y la desaparición del arrianismo (véase en esta plataforma: ARRIO Y ARRIANISMO), se extendieron por España las instituciones que ya existían en el resto de Europa. La influencia de S. Leandro y del conc. de Calcedonia promovieron el nombramiento de ecónomos diocesanos. Los concilios regionales contribuyeron a uniformar las prácticas de los distintos reinos.
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Las actas de los sínodos nacionales insistenen la dignidad de los pobres, a los que pertenecía la cuarta parte de los diezmos, y en la atención a los impedidos y enfermos, niños abandonados y, especialmente, leprosos. Mientras que en Oliente las instituciones de beneficiencia se adaptaban a las diferentes necesidades de los desvalidos, en Occidente un mismo hospital atendía tanto a los peregrinos e indigentes como a los enfermos y ancianos. La Iglesia fue resolviendo paulatinamente el problema de la esclavitud en Europa, unas veces libertando a los esclavos que recibía o solicitaba en donación, y otras fomentando la figura germánica de la «servidumbre», a medias entre la esclavitud y la libertad, con derecho a un trato justo y a un salario por el trabajo. Se concedía una especial protección episcopal a las viudas y a los huérfanos, mientras que los presos eran atendidos por los arcedianos. La Iglesia pagó muchos rescates de prisioneros de guerra.
Tras las conquistas musulmanas en África y España, el centro de mayor actividad del cristianismo se trasladó a los pueblos germánicos, más rurales que urbanos. La beneficiencia se descentralizó con la creación de iglesias rurales o parroquias, cuyos clérigos continuaban la labor anterior de los obispos. La dificultad de administrar debidamente los crecientes patrimonios episcopales repercutía en la disminución de la asistencia a los pobres.
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Las iglesias rurales fueron adquiriendo autonomía económicojurídica, y con ella la obligación de atender a sus necesitados. Los peligros de que cortesanos ambiciosos quisieran dominar esos bienes fueran tenidos en cuenta por la política de Carlomagno, que reguló la beneficiencia en sus capitularia. La legislación carolingla fue continuada por Ludovico Pío e influyó en Inglaterra, que basaba la beneficiencia en los diezmos.Si, Pero: Pero las continuas guerras y el auge del feudalismo provocaron la decadencia de la beneficiencia, dispersa entre la Iglesia, los señores feudales y los gremios profesionales (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
Las actividades benéficas de los monasterios benedictinos y cistercienses precedieron a la fundación de los Canónigos regulares que, adscritos a los cabildos catedralicios, eran responsables de la hospitalitas en su más amplia acepción social: peregrinos y viajeros, enfermos, madres grávidas, ancianos y niños abandonados. Los seglares contribuían con la fundación de hospicios en lugares estratégicos: puentes, bosques, puertos de montaña, y con sus dádivas. Los Hospitalarios de S. Juan de Jerusalén y los caballeros teutónicos añadieron a la defensa de la fe el servicio de los pobres. Cuando los canónigos cesaron la vida en común, sus hospitales fueron administrados por asociaciones seculares, que extendieron notablemente las nuevas fundaciones. La influencia de las órdenes mendicantes contribuyó a impregnar de espíritu fraterno el ejercicio de las obras de caridad, y cada vez era mayor el número de seglares ocupados en las instituciones. Las órdenes Terceras de mujeres prepararon el camino a las modernas congregaciones de b.
5. apoca moderna. Los problemas de la época ante el cisma de Occidente y la Reforma, junto con la actitud de la burguesía, generosa en sus donativos, pero alejada del contacto directo con los pobres, dieron paso a una progresiva secularización de la beneficiencia La incautación de los bienes eclesiásticos por los poderes civiles suprimió muchas fuentes de asistencia, pero en cambio aparecieron numerosas congregaciones de beneficiencia bajo el impulso del conc, de Trento y el ejemplo de siglo Vicente de Paúl (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), seguidas en el siglo Xix por la participación organizada de los seglares mediante la eficaz labor de las Conferencias (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de siglo Vicente. El desarrollo de la sociedad posmedieval, tanto por lo que respecta a la difusión de la cultura, centrada en un principio en los monasterios y catedrales, como al crecimiento de la riqueza comunal y comercial, trae consigo que la beneficiencia deje de ser predominantemente eclesiástica o real, como había sido antes, para revestirse de otras formas.
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Las ideas de la Ilustración (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) influyen, de otra parte, en la aparición de formas de asistencia estatal de carácter e inspiración nueva, ya que presuponen un cambio en el modo mismo de entender la tarea de gobierno.
La revolución industrial implicó, en sus inicios, una gran desigualdad en la distribución de los beneficios del trabajo, y se hizo evidente que la beneficiencia no podía solucionar ‘los nuevos problemas si no estaba imbuida de justicia social. La visión liberal del Estadopolicía es pronto superada; los sindicatos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) promueven amplias iniciativas asistenciales, y los gobiernos desarrollan una legislación laboral en la que se integran tanto exigencias de reforma social y de justicia como aspectos de beneficiencia propiamente dicha. De parte de personalidades e instituciones católicas hay numerosas actuaciones como el de Ozanam (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), la Unión de Friburgo (1886), etc., a las que da definitivo impulso León XIII con su enc. Rerum novarum (1891) (véase en esta plataforma: III, donde se hace un resumen de la doctrina de la que son frutos las iniciativas históricas cristianas mencionadas).
6. Organizaciones de beneficencia. Como resultado del proceso descrito, la beneficiencia en el siglo Xx presenta una estructura que puede resumirse corno sigue: a) El Estado considera como tarea propia suya la promoción de la justicia social, lo que trae consigo el que tareas que antes asumía sólo la benevolencia privada sean ahora tomadas por el Estado en estructuras en las que los aspectos de justicia y beneficiencia aparecen entremezclados. b) La iniciativa privada y dentro de ella incluimos tanto las numerosas órdenes y congregaciones religiosas como actividades secularesdesarrolla también una amplia gama de actividades, en ocasiones paralelas a las del Estado, otras atendiendo funciones que quedan fuera de la política social pública. c) El desarrollo económico y la mejor distribución de la riqueza han hecho desaparecer (al menos en los países más desarrollados) algunas de las necesidades a las que antes atendía la beneficiencia, pero ha hecho a su vez surgir otras: problemas de marginación social de algunos grupos; dificultad de adaptación de los ancianos y en ocasiones desarraigo familiar de los mismos (véase en esta plataforma: vn1Ez), etc.
Remitiendo para una descripción de otros aspectos a las voces ASISTENCIA SOCIAL; SEGURIDAD SOCIAL; POLÍTICA SOCIAL, vamos a mencionar aquí algunas de las organizaciones internacionales de beneficiencia promovidas por la Iglesia católica. Al irse ampliando el campo de la asistencia a los necesitados con la evolución social: vivienda, juventud, trabajadores emigrados, rehabilitación de menores, prevención de enfermedades, se impuso una necesaria colaboración a escala nacional. La Deutsche Caritasverband, p. ej., se fundó en 1897 para coordinar y orientar las actividades de los católicos en Alemania.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Observación
Además de contar con 600.000 miembros activos en 1931, mantenía en Friburgo de Brisgovia una biblioteca especializada de 40.000 volúmenes y numerosas publicaciones. Disuelta por el régimen nazi, ha vuelto a reorganizarse en la actualidad, continuando el estudio de las nuevas orientaciones de asistencia social, publicando trabajos y organizando programas de ayuda.Entre las Líneas En Austria y en Suiza surgieron también federaciones nacionales de las organizaciones de beneficiencia, y en Francia existen la Commission des Oeuvres Sociales et Charitables y la Union Nationale des Congregations Hospitaliéres et d’Aide Sociale.
El desarrollo de las comunicaciones ha proyectado la beneficiencia por encima de las fronteras políticas y las diferencias raciales. La Iglesia ha dado ejemplo en la actividad de los Papas, especialmente Benedicto XV y Pío XII, que se han esforzado en mitigar los horrores de las dos guerras mundiales. La Pontificia Opera di Assistenza dedicó 10.000 millones de liras, entre 1944 y 1947, a aliviar la miseria de los damnificados por la guerra, y su campo de acción se extendió por Europa.Entre las Líneas En 1950, por iniciativa de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, se creó la Caritas Internationalis, coronando una serie de esfuerzos de colaboración católica internacional de beneficiencia iniciados en las asambleas de Amsterdam (1924), Lucerna (1926) y Basilea (1928 y 1930). Caritas (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) existe en 80 países aproximadamente, y se dirige a difundir las obras de caridad cristiana por todo el mundo, promoviendo la colaboración y coordinación de las actividades nacionales hacia la resolución de problemas internacionales, y considerando la asistencia en el aspecto religioso, moral, social, jurídico y económico. Existen en Nueva York y Ginebra delegaciones permanentes de Caritas para colaborar con las Naciones Unidas y sus organismos especializados.
Otra importante institución benéfica es la «Obra episcopal Misereor contra el hambre y la enfermedad en el mundo». Tiene su sede en Aquisgrán, y nació en 1959 con la petición de los obispos alemanes a los fieles católicos del país invitándoles a entregar una ofrenda cuaresmal para aliviar el hambre y la enfermedad en naciones necesitadas. Desde entonces ha venido repitiéndose este donativo anual en todas las iglesias católicas de la República Federal Alemana y de Berlín occidental. Tres motivos inspiraron la constitución de Misereor: la obligación del amor fraterno a ejemplo de Cristo (misereor super turbam), el fomento de la limosna cuaresmal y la conciencia de la desigualdad económica del mundo. Ideada en principio para África y Asia, la ayuda de Misereor se ha extendido generosamente a Hispanoamérica. También se celebra anualmente, desde la Navidad de 1961, la colecta Adveniat, organizada por el episcopado alemán en favor del apostolado en los países del Tercer Mundo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
Mencionemos finalmente, y con ello nos salimos del marco estricto de la Iglesia católica, a la Cruz Roja (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), fundada en 1864 para prestar auxilio a los heridos de guerra y que luego ha ampliado su actividad. [rbts name=”sociologia”]
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre beneficencia en sociología en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
G. NEYRON, Histoire de la charité, París 1927; F. ZOEPFL,
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