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Causas de la Guerra de Crimea

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Causas de la Guerra de Crimea

Este elemento es una profundización de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]

Antecedentes y Causas de la Guerra de Crimea

Como tantos otros gobernantes europeos de la época, el sultán otomano Mahmud II (1785-1839) había contemplado con admiración la efectividad del gobierno de Napoleón en Francia. A comienzos del siglo xix, el imperio otomano seguía controlando una amplia franja de territorio en el sureste de Europa, que se extendía desde los principados de Moldavia y Valaquia hasta Bosnia, Serbia y Montenegro y que, pasando por Bulgaria y Albania, llegaba hasta Grecia y las islas del Egeo. Controlando como controlaba Anatolia, Irak, Siria, Palestina, la península Arábiga, Egipto y la costa del norte de África hasta Túnez por el oeste, el imperio otomano seguía siendo una fuerza con la que era preciso contar en la política europea. Todavía no hacía mucho más de un siglo que los ejércitos otomanos habían puesto sitio a Viena (1683).

Puntualización

Sin embargo, la reorientación del comercio europeo desde Oriente Medio (la parte del mundo que abarca el suroeste de Asia y el norte de África, extendiéndose desde Turquía hasta el norte de África y al este hasta Irán) hacia el Atlántico y la aceleración del desarrollo económico de la Europa occidental hacia finales del siglo XVIII, habían empezado a dejar rezagada a la economía otomana. Las mejoras tecnológicas y organizativas de los ejércitos y las armadas occidentales significaron que empezaran a superar el rendimiento (véase una definición en el diccionario y más detalles, en la plataforma general, sobre rendimientos) de las fuerzas otomanas. La corrupción característica del gobierno y de la administración del siglo XVIII había disminuido en la mayor parte de Europa, pero seguía muy viva entre los turcos.Entre las Líneas En la capital otomana, Constantinopla (Estambul), a los sultanes les costaba cada vez más trabajo imponer su autoridad. Algunos líderes locales y regionales iban ganando autonomía progresivamente en muchos lugares del imperio.

Alí Pashá de Tepelén

Uno de ellos fue Alí Pashá de Tepelén (1740-1822), un antiguo bandolero musulmán que controlaba una amplia franja de territorio que se extendía desde el Peloponeso y la Grecia continental hasta Macedonia y Albania (de donde era originario). Nombrado pachá o administrador otomano en 1788, cobró impuestos por cuenta propia y gobernó de forma violenta haciendo uso de la extorsión sin vacilar en ningún momento. Famoso por su codicia y su sibaritismo, en 1819 se había puesto tan gordo que ya no podía sentarse en el suelo a la manera tradicional de los turcos, con las piernas cruzadas.

Puntualización

Sin embargo, el pachá se había acostumbrado a disfrutar de más autonomía de la que Mahmud estaba dispuesto a tolerar.Entre las Líneas En 1820 unos 20.000soldados otomanos sitiaron su cuartel general en Ióanina, donde su resistencia fue tan obstinada que fue preciso enviar refuerzos procedentes de las guarniciones del Peloponeso (examine más sobre estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Buscando aliados, el pachá estableció contacto con una organización secreta, la Sociedad de Amigos, fundada por mercaderes griegos y cuya aspiración era «la liberación de la madre patria». Su presidente, Aléxandros Ipsilantis (1792-1828), oficial del ejército ruso, invadió los principados danubianos de Moldavia y Valaquia con una pequeña fuerza reunida por su Sociedad, con el objetivo en último término de provocar una guerra entre Rusia y Turquía que trajera consigo la liberación de los griegos en todas partes y de paso la destrucción del imperio otomano.

Tudor Vladimirescu

Pero el zar repudió la acción de Ipsilantis y se negó a apoyar aquel ataque tan peligroso para la autoridad del Estado, enviando por el contrario tropas a Moldavia con el pretexto de que la Santa Alianza condenaba una intervención de semejante estilo. Ipsilantis logró persuadir aun boyardo (terrateniente) menor rumano, llamado Tudor Vladimirescu (1780-1821) de que se pusiera al frente de una sublevación con la ayuda de una banda de mercenarios, y enseguida las promesas de reforma agraria hechas por Vladimirescu soliviantaron a los campesinos de Valaquia, lo que permitió a sus fuerzas ocupar Bucarest.

Puntualización

Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, los insurrectos se dedicaron a incendiar y saquear todo indiscriminadamente, atacando incluso los bienes de los terratenientes griegos que apoyaban la causa de la independencia. Aquello echó por tierra los planes que abrigaba Ipsilantis de utilizar a los terratenientes griegos de la región para crear una base desde la que destruir el imperio otomano en la zona. Cuando llegó por fin un ejército turco, Vladimirescu, desesperado, intentó cambiar de bando, pero ya era demasiado tarde. Sus propios oficiales lo traicionaron y se lo entregaron a los griegos, que torturaron y mataron al cabecilla rumano y luego arrojaron su cuerpo mutilado a una letrina, mientras que Ipsilantis huyó a Austria y murió en el exilio.

Aviso

No obstante, Ipsilantis había logrado obtener el apoyo de la jerarquía ortodoxa griega, circunstancia que alentó la aparición de sublevaciones armadas de campesinos en el Peloponeso. A ellos se unieron los oficiales griegos del ejército otomano, irritados por la ejecución de supuestos conspiradores nacionalistas griegos a manos de los turcos. No tardaron en andar sueltas por los campos partidas de bandoleros armados, deseosos de librarse de la autoridad de los otomanos, que atacaban a los funcionarios locales y llevaban a cabo matanzas de musulmanes, mientras que Enel Egeo, los habitantes de las islas se dedicaban a la piratería acosaban a los otomanos por mar.Entre las Líneas En abril de 1821habían sido asesinados unos 15.000 de los 40.000 habitantes turcos del Peloponeso.

Asamblea Nacional Griega

El 27 de enero de 1822, se reunió en Epidauro, en el Peloponeso, una autodenominada Asamblea Nacional Griega, que hizo pública una grandilocuente declaración de independencia del «cruel yugo del poder otomano». Los griegos, proclamaba la declaración, estaban combatiendo en una «guerra santa, una guerra cuyo objetivo es reconquistarlos derechos a la libertad individual, a la propiedad y al honor, los mismos derechos de los que los pueblos civilizados de Europa, nuestros vecinos, disfrutan hoy día».

Rebeldes

Pero pese a las proclamas ideológicas de la Asamblea, que constituía la autoridad formal del movimiento rebelde, la sublevación seguía adoleciendo de descoordinación y estaba dividida internamente de la manera más caótica, con un abismo gigantesco que separaba los elementos profesionales cultos de los toscos combatientes sobre el terreno, a menudos carentes de conciencia política. Nadie era capaz de establecer un control central ni de asegurar el orden en los lugares en los que los rebeldes habían logrado imponerse. Al contemplar cómo se habían apoderado de Trípoli, el observador británico George Finlay (1799-1875) clamaba de desesperación ante la matanza de la población musulmana local perpetrada por los cristianos griegos: … mujeres y niños eran torturados a menudo antes de ser asesinados. Una vez que los griegos estuvieron en posesión de la ciudad durante cuarenta y ocho horas, reunieron deliberadamente a unas dos mil personas de todas las edades y sexos, pero principalmente mujeres y niños, y las condujeron a un barranco del monte más cercano, donde no dejaron convida ni un alma.

La reacción otomana

La reacción otomana no fue menos brutal. El sultán mandó ahorcar al patriarca ortodoxo de Constantinopla en la puerta de su catedral, pese a que el hombre había intentado calmar los ánimos excomulgando a los rebeldes. Las turbas de musulmanes se lanzaron desenfrenadas contrala población cristiana de numerosas ciudades. Las tropas otomanas incendiaron aldeas y destruyeron cosechas.Entre las Líneas En Tesalónica el delegado del pachá instigó varias matanzas de miembros de la comunidad cristiana. El mulá de la ciudad recordaba con incredulidad y asombro cómo el aire se llenó de los «gritos, quejas y chillidos» de las víctimas: «Tesalónica, esa hermosa ciudad que brilla como una esmeralda en vuestra honorable corona —decía en una carta al sultán—, se convirtió en un matadero sin límites». Los notables cristianos de la comarca, incluido el metropolitano ortodoxo de la ciudad, fueron conducidos cargados de cadenas al mercado de la harina, donde fueron torturados y ejecutados; sus cabezas fueron llevadas ante el delegado del pachá, que las mandó colocar en las puertas de la ciudad.

Otros Elementos

Además, numerosos cristianos fueron vendidos como esclavos.

Desarrollo

Tropas otomanas invadieron el feudo de Alí Pashá, que se refugió en una isla de la laguna Pamvótida, desde donde se negó a acceder a su exigencia de rendición para ser decapitado («Mi cabeza no será entregada… como la de un esclavo»). Capitaneando la resistencia desde el piso superior de su refugio, murió de un tiro recibido desde el exterior y, como para desmentir su predicción, su cabeza fue separada de su cuerpo y enviada al palacio del sultán.

Puntualización

Sin embargo, lo que más escandalizó a la opinión pública internacional fueron los sucesos de la isla de Quíos, situada justo enfrente de la costa turca, donde los rebeldes griegos pusieron sitio a la guarnición otomana local.Entre las Líneas En la isla había numerosos mercaderes griegos ricos, que habían hecho fortuna cultivando el lentisco y comerciando con su resina, una primitiva forma de chicle llamada «mástique» o almáciga; cuando avistaron la flota otomana que venía en su auxilio, las tropas de la guarnición masacraron a los rehenes que habían tomado y obligaron a los criados de estos a revelar dónde guardaban sus amos sus tesoros (tras lo cual los estrangularon). Tan portentosas fueron las riquezas confiscadas y trasladadas al continente, que muchos turcos pasaron a la isla para continuar con el saqueo, con la esperanza de encontrar nuevos tesoros que repartirse. Un periódico en lengua francesa publicado en Esmirna describía cómo las calles de la principal ciudad de Quíos estaban atestadas de cadáveres, mientras que los edificios ardían a su alrededor hasta venirse abajo. Entre 25.000 y 30.000 quiotas de religión cristiana fueron masacrados, y muchos más huyeron o fueron vendidos como esclavos. La población de la isla se redujo de forma espectacular, cayendo de las 120.000 almas que había antes de 1822 apoco más de 30.000 un año más tarde.

Desarrollo

Cuando la noticia de la masacre llegó a la Europa occidental, la opinión pública reaccionó indignada.Entre las Líneas En Francia, Eugéne Delacroix (1798-1863) pintó “La matanza de Quíos” (1824), en la que aparece representado un soldado turco tocado con turbante pisoteando con su caballo a un grupo de griegos, muertos o moribundos, en su mayoría mujeres y niños; la escena contribuyó a popularizar la oleada de simpatía que se apoderó de las clases cultas de todos los países. [rtbs name=”mundo”] Más práctico fue el apoyo prestado por el antiguo revolucionario piamontés Santorre di Santarosa, que dejó su exilio en Nottingham para luchar al lado de los rebeldes griegos en noviembre de 1824 y murió a manos de las tropas egipcias del imperio otomano en la isla de Esfacteria el 8 de mayo de 1825. La causa de la independencia de Grecia fue interpretada por muchos desterrados y carbonarios italianos como un caso análogo al suyo, que suponía la recuperación de un pasado clásico glorioso por entonces ahogado por la dominación extranjera, y la expresión de solidaridad con un país mediterráneo hermano.

Desarrollo

En las capitales de muchas naciones de Europa se crearon comités encargados de organizar la ayuda para los insurgentes y de presionar a sus propios gobiernos. La opinión pública del Reino Unido en particular se puso mayoritariamente del lado de los griegos.Entre las Líneas En 1823 el gobierno fue presionado para acceder a no interferir en el bloqueo naval impuesto a Turquía por la «flota» griega de las islas (esencialmente barcos piratas), que dificultaba el suministro de víveres a los otomanos y de pertrechos a sus tropas. Algunos ingleses con espíritu de aventura demostraron su entusiasmo viajando a la región con el fin de prestar apoyo a los rebeldes. A menudo quedaron espantados al ver el espectáculo que se encontraron. «Todos llegaron con la esperanza de encontrar el Peloponeso lleno de hombres de Plutarco —comentaba uno de ellos—, y todos volvieron pensando que la moralidad de los habitantes de Newgate [la principal cárcel de Londres] era superior».

Desarrollo

El más famoso de los filos helenos que viajaron a Grecia para ayudar a los rebeldes fue el poeta romántico inglés Lord Byron, que por entonces vivía en Génova y desde allí viajó a Grecia en julio de 1823. Su celebridad hizo de Byron objeto de los intentos de conseguir su apoyo que hicieron las distintas facciones rivales de rebeldes; semejante situación permitió al afamado autor hacerse una idea desapasionada y realista de la situación sobre el terreno. Su muerte a consecuencia de unas fiebres, probablemente una septicemia, acontecida en Misolonghi en abril de 1824, lo convirtió en mártir de la causa e indujo a más hombres de numerosos países europeos a trasladarse voluntariamente a Grecia. Mientras tanto, los partidarios de los principios políticos de la Revolución Francesa más comprometidos con la causa de la libertad y los derechos humanos también respaldaron a los griegos, incluidos particularmente los antiguos esclavos que gobernaban la república caribeña de Haití y que ya en 1821 habían reconocido formalmente la independencia griega. Cien voluntarios abandonaron la isla para acudir en ayuda de los griegos, pero fueron capturados por el camino por unos piratas y trágicamente volvieron a la esclavitud de la que previamente se habían librado. Incapaz de recaudar dinero para ayudar a los griegos, la República de Haití envió en su lugar veinticinco toneladas de café engrano con instrucciones para los rebeldes de que las vendieran y consiguieran dinero en metálico para comprar armas y municiones.

Desarrollo

Mientras tanto los filos helenos de Nueva York reunieron dinero para los insurgentes, y numerosos voluntarios estadounidenses se unieron a la sublevación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Entre ellos cabría citar a George Jarvis (1798-1828), hijo de un diplomático norteamericano establecido en Alemania, que aprendió griego, se vistió el traje de los soldados griegos y prestó servicio con el nombre de Gapetan Zervos al lado de las fuerzas rebeldes por tierra y por mar hasta su muerte, víctima del tifus. La promulgación de la Doctrina Monroe impidió que los filos helenos del Congreso consiguieran la intervención oficial del gobierno, pero la causa de los griegos contó con el apoyo generalizado de la opinión pública norteamericana.

Desarrollo

Nada de eso, sin embargo, sirvió de mucho. Las distintas facciones de los sublevados, basadas en alianzas cambiantes de piratas, bandoleros, nacionalistas cultos nativos y expatriados que regresaban a su país de origen —había comunidades griegas diseminadas por todo el Mediterráneo la Europa suroriental— empezaron a pelearse entre ellas.

Más Información

Los otomanos enviaron una numerosa fuerza de tropas egipcias suministradas por Muhammad Alí (1769-1849), vasallo nominal del sultán, que se comprometió a sofocar la rebelión a cambio de la adición de Siria a sus feudos. Las tropas de Alí no tardaron en hacer progresos por el Peloponeso, dejando tras de sí un reguero de sangre. La presión de la opinión pública en la Europa occidental se intensificó, pero surgieron serias diferencias entre los rusos, que pretendían explotar la debilidad de los otomanos en su propio beneficio, y los británicos, que desconfiaban de las ambiciones de Rusia.Entre las Líneas En un primer momento Alejandro I había dado marcha atrás y no había querido llevar a cabo ninguna acción unilateral, pues sabía que hacerlo habría socavado la Santa Alianza, que al fin y al cabo era en buena parte creación suya.Si, Pero: Pero el continuo deterioro de la situación hizo que a su sucesor, Nicolás I, le resultara muy difícil continuar con esta política sin dañar gravemente la influencia y el prestigio de Rusia. El zar no tardó en verse obligado a actuar. La ocasión de intervenir se la proporcionaron los graves disturbios internos desencadenados en la capital otomana, Constantinopla, a raíz de las reformas militares introducidas por Mahmud II, preocupado, como era comprensible, por las múltiples amenazas a las que tenía que enfrentarse su imperio en el sureste de Europa.

Desarrollo

Los disturbios comenzaron con los jenízaros, un cuerpo de élite del ejército creado en el siglo xiv y formado por esclavos reclutados entre los jóvenes cristianos, pero que a comienzos de la época moderna se había convertido en una institución prácticamente hereditaria, corrupta indisciplinada.Entre las Líneas En 1826 el sultán, percatándose de que se habían convertido en una organización fundamentalmente inútil desde el punto de vista militar, ordenó la disolución del cuerpo.Entre las Líneas En otros tiempos los jenízaros habían conseguido en más de una ocasión derrocar a los sultanes que habían intentado llevar a cabo su reforma, y también en1826 la mayoría de los 135.000 miembros de la corporación se negó a obedecer la orden.Si, Pero: Pero aparte de los jenízaros, Mahmud II había venido reclutando un ejército moderno de corte europeo, formado por turcos de condición libre, de modo que cuando los jenízaros intentaron abrirse paso hacia el palacio del sultán, fueron obligados a dar marcha atrás y a refugiarse en sus cuarteles. Las nuevas tropas del sultán bombardearon sus instalaciones, matando al menos a4.000 de los amotinados; los demás huyeron o fueron encarcelados. Al menos 2.000 de ellos fueron llevados a Tesalónica y decapitados en la que pasó a llamarse la Torre de la Sangre. Aquellos disturbios proporcionaron en 1826 a los rusos la ocasión para imponer al sultán la convención de Akkerman, en virtud de la cual los turcos se veían obligados a evacuar los principados rumanos.

Desarrollo

En julio de 1827, británicos, franceses y rusos lograron arreglar provisionalmente sus discrepancias por medio del tratado de Londres, por el que debían colaborar para la consecución de un armisticio (véase qué es, su definición, o concepto jurídico) entre los griegos y los otomanos sin comprometerse con ningún bando, y enviar sus respectivas armadas a la zona. Al comandante en jefe de la flota conjunta, el vicealmirante inglés sir Edward Codrington (1770-1851), le causó una impresión nefasta la capital del gobierno provisional griego en el Peloponeso, Nauplia («la ciudad más sucia que he visto en mi vida, con las peores calles y las casas más miserables»), y peor aún los tiroteos que empezaron a resonar por las calles cuando las distintas facciones griegas intentaron liquidarse unas a otras empleando pequeñas armas de fuego.Si, Pero: Pero en octubre de1827, cuando el sultán se negó a aceptar el tratado de Londres, Codrington, alentado por el cónsul británico en Estambul, el filo heleno Stratford Ganning (1786-1880), ordenó a sus barcos abrir fuego contra la flota turca anclada en la bahía bien resguardada de Navarino, en el extremo suroccidental del Peloponeso. Los barcos turcos no tendrían forma de escapar del estrecho canal que los conducía hacia la flota inglesa que estaba aguardándolos.Entre las Líneas En tres horas y media de incesante bombardeo, la flota turca fue hundida y el poderío naval de los otomanos quedó destruido.

Desarrollo

Ganning y Codrington habían rebasado los límites del mandato recibido. El duque de Wellington, comandante en jefe del ejército británico por aquel entonces, se mostró furioso y desaprobó públicamente la acción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El debilitamiento del imperio otomano iba absolutamente en contra de los intereses nacionales de Gran Bretaña, pues no habría hecho más que abrir la puerta a la extensión del poderío de Rusia en la zona. Su percepción era acertada, pero no fue muy prudente expresarla públicamente. El sultán otomano vio en la declaración de Wellington un aliciente para rechazar la convención de Akkerman y continuar con sus esfuerzos por reprimir a los griegos; el zar respondió declarando la guerra al imperio otomano. Al principio la campaña no fue muy bien —Federico el Grande de Prusia (1712-1786) había calificado las guerras entre Rusia y Turquía como la lucha entre el ciego y el tuerto—, pero en agosto de 1829 un ejército ruso amenazaba Constantinopla y el imperio otomano parecía estar al borde del colapso.

Desarrollo

Paradójicamente aquello proporcionó el estímulo necesario para recomponer el concierto europeo que había sufrido un revés tan grave con motivo de la sublevación de los griegos.Entre las Líneas En aquellos momentos a nadie le convenía sustituir en Europa el imperio otomano por una caótica colección de estados débiles e inestables dirigidos por bandoleros y revolucionarios. La conferencia celebrada en Londres entre noviembre de 1829 y febrero de 1830 decidió, en virtud de un acuerdo europeo, establecer un pequeño estado griego independiente gobernado por una monarquía constitucional, asignar los principados rumanos de Moldavia y Valaquia a la esfera de influencia de Rusia, y los participantes en la reunión, incluida Rusia, se comprometieron a abandonar cualquier ulterior pretensión sobre los territorios otomanos de los Balcanes. La rebelión de los griegos había suscitado la amenaza más grave que había sufrido el concierto europeo hasta la fecha.Si, Pero: Pero al final el concierto había resistido.

Desarrollo

Un personaje clave en todos estos acontecimientos, que además tuvo una significación muy amplia en toda Europa, fue Ioannis Kapodistrias (1776-1831). Gomo Simón Bolívar o Toussaint Louverture o muchos otros líderes políticos surgidos hacia finales del siglo xviii, Kapodistrias pertenecía a una generación cuyos ideales se inspiraban en el constitucionalismo moderado de los comienzos de la Revolución Francesa y cuya creencia en la posibilidad de su realización práctica se basaba en el ejemplo de Napoleón. Nacido en la isla de Corfú en una época en la que todavía era gobernada por Venecia, Kapodistrias había estudiado medicina, filosofía y derecho en la Universidad de Padua antes de regresar a su país natal para trabajar como médico.Entre las Líneas En 1797 las islas Jónicas, incluida Corfú, habían caído en manos de los franceses a raíz de la conquista de Italia por Napoleón. Dos años después habían sido ocupadas conjuntamente por rusos y turcos, que las organizaron en la llamada República Septinsular o de las Siete Islas. Para entonces Kapodistrias ya había empezado a empaparse de algunas de las ideas fundamentales de la Revolución Francesa. Y no tardaría en ponerlas en práctica. Gomo médico destacado, había sido nombrado primer director del hospital militar y luego uno de los dos ministros de la República de las Siete Islas, en sustitución de su padre. Convenció al legado de las potencias ocupantes de que aceptara algunas enmiendas liberales a la Constitución oligárquica que habían impuesto. Logró persuadir a los grupos más influyentes de la isla para aprobar las reformas, y organizó elecciones a un Senado, que con el tiempo aprobó una nueva Constitución liberal y lo nombró principal ministro.

Desarrollo

Sin embargo, los franceses volvieron a ocupar las islas en 1807 y Kapodistrias se vio obligado a huir a Rusia, donde prestó servicio en el Ministerio de Asuntos Exteriores (paso que fue posible debido al uso del francés como lengua de la diplomacia internacional y de la corte rusa). Encargado de trazar las fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) de Suiza y de redactar su Constitución, lo hizo con tanto éxito, al acabar por asegurar la neutralidad del país mediante garantías internacionales, que Alejandro I lo nombró ministro adjunto de Asuntos Exteriores.Entre las Líneas En el congreso de Viena (1814-1815), Kapodistrias se convirtió en el defensor de un enfoque liberal diametralmente opuesto a la diplomacia de gabinete de Metternich y su partido. «Se han olvidado —se lamentaba— de que esta guerra ha sido ganada no por soberanos, sino por naciones». Metternich, por su parte, lo calificaba de «hombre completa y rematadamente loco, un verdadero milagro de desatino… Vive en un mundo al que nuestras mentes son transportadas a menudo por las más terribles pesadillas».

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Desarrollo

En 1818, Kapodistrias había empezado a abrigar esperanzas de conseguir la independencia de Grecia, aunque al principio los intentos de ganarse el apoyo del zar para su causa fueron infructuosos.Entre las Líneas En 1822 pidió permiso para ausentarse de su puesto de ministro de Asuntos Exteriores de Rusia y se fue a vivir a Ginebra. Presionó a los gobiernos europeos para que apoyaran la sublevación de los griegos y organizó el envío de ayuda material a los rebeldes. Para entonces era, con diferencia, el político griego más conocido en Europa, y esta circunstancia, junto con los estrechos contactos que mantenía con Rusia, le aseguraron el nombramiento como «gobernador» de Grecia por la Asamblea Nacional elegida en 1827. Guando regresó a la capital helena, Nauplia, en 1828, introdujo una nueva moneda y puso en vigor una serie de reformas pedagógicas, como había hecho en Corfú más de veinte años antes, creando escuelas, estableciendo una universidad y utilizando sus conocimientos de medicina para imponer un sistema de cuarentena contra enfermedades infecciosas tales como la peste. Entre otras cosas, en su afán por mejorar la dieta de la gente, introdujo también en Grecia la patata.

Desarrollo

Al principio, esta medida chocó con el escepticismo de los campesinos, que se negaron a aceptar su oferta de repartir gratuitamente patatas para su siembra entre todos los que estuvieran dispuestos a plantarlas.Entre las Líneas En vista del poco éxito obtenido, decidió utilizar una táctica más ladina. Kapodistrias ordenó colocar montones de patatas en el puerto de Nauplia y rodearlas de una guardia armada. Aquella medida convenció a los habitantes de la localidad y a los visitantes llegados de las zonas rurales de que aquellas verduras nunca vistas eran objetos valiosísimos que valía la pena robar. Poco después, en cuanto los guardias empezaron a hacer la vista gorda, prácticamente todas las patatas habían desaparecido… y de ese modo su futuro en Grecia quedó asegurado.Si, Pero: Pero Kapodistrias no adoptó un planteamiento tan sutil en sus tratos con las facciones enfrentadas, cuyas rivalidades intestinas estaban constituyendo un obstáculo tan grande para la creación de un estado heleno viable. Sus intentos de centralizar la administración y el reclutamiento del Ejército, el sistema tributario y las aduanas, chocaron con la oposición resuelta de las familias más importantes y ferozmente independientes de la península de Mani, donde fue preciso sofocar una sublevación con la ayuda de tropas rusas. Nuevas turbulencias ocasionaron los armadores y comerciantes piratas de las islas de Hidra, Spetses y Psara, que capturaron la ineficaz flota nacional griega, pero que fueron derrotados por la armada francesa y prefirieron hundir sus barcos antes que incorporarlos a una nueva armada helena sometida al control central del gobierno.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Desarrollo

La oposición más peligrosa a Kapodistrias vino de la familia Mavromichalis, uno de los turbulentos y poderosos clanes asentados en la península de Mani.Entre las Líneas En un intento de mantener a raya al clan, Kapodistrias encarceló a su figura más destacada, Petrobe y Mavromichalis (1765-1848), antiguo gobernador de la península en tiempos de los otomanos. Indignados por el insulto infligido a su honor, dos hermanos de Petrobe y decidieron seguir la tradición local y asesinar a Kapodistrias. Esperaron a que fuera a la iglesia el9 de octubre de 1831. Cuando el gobernador se disponía a entrar en el edificio, uno de los hermanos Mavromichalis le disparó en la cabeza, mientras que el otro le clavaba un puñal en los pulmones. Después de este episodio, la situación de Grecia degeneró en una anarquía violenta. Fue finalmente superada en mayo de 1832 cuando ingleses, franceses y rusos, después de varios años buscando a alguien dispuesto a aceptar una tarea tan ingrata, finalmente impusieron a un joven príncipe bávaro de diecisiete años, Otón de Wittelsbach (1815-1867), como rey de Grecia, según los términos pactados en el tratado de Londres. Fue reconocido como tal por los otomanos a cambio de un cuantioso subsidio (o soborno, si queremos decirlo en términos más claros). Gomo buen clasicista, Otón trasladó la capital de Nauplia a Atenas, pero empleó a tantos paisanos suyos en el gobierno y la administración que su reinado pasó a ser conocido popularmente en Grecia como labavarocracia o gobierno de los bávaros. Durante los años siguientes Otón se vio obligado a luchar, aunque en vano, por mantener el control sobre los acontecimientos, aunque logró cierto grado de apoyo al respaldar los intentos de los nacionalistas helenos de ensanchar las fronteras (véase qué es, su definición, o concepto jurídico, y su significado como “boundaries” en derecho anglosajón, en inglés) de Grecia para incluir a muchos de los griegos que seguían bajo el dominio de los otomanos, política que por lo demás difícilmente habría podido traer estabilidad a la región.

Desarrollo

Dio la impresión de que la estabilidad iba desmoronándose rápidamente cuando el ejemplo de los griegos se extendió a otro rincón del imperio otomano habitado principalmente por cristianos ortodoxos: Serbia. Tras la derrota de una gran sublevación de los serbios ortodoxos capitaneados por PetroviC (1768-1817), llamado Jorge el Negro, en 1815 se produjo una segunda revuelta encabezada por Milos Obrenovic (1780-1860), un campesino analfabeto que había trabajado en una granja de cerdos, pero lo suficientemente listo como para evitar una confrontación directa con las tropas otomanas. Su objetivo era conseguir una autonomía serbia tolerada por el sultán. Cuando Karadjordje regresó en secreto como agente de los rebeldes griegos, con la tarea de desestabilizar el dominio otomano de Serbia, Obrenovic, temeroso de su influencia, hizo que lo mataran a hachazos mientras dormía, inaugurando así más de un siglo de sangrientas rivalidades entre las dos familias.

Informaciones

Los dos hombres eran en realidad simples cabecillas de movimientos guerrilleros; sus fuerzas estaban formadas por bandas armadas de campesinos, no por tropas regulares. Obrenovic tuvo la habilidad de establecer estrechas relaciones con la Rusia ortodoxa y aprovechar las dificultades de los Otomanos, causadas por la guerra ruso-turca de 1828-1829para hacerse con el pleno control del país. Con el paso de los años, gracias a sus negocios de cría de ganado, amasó una enorme fortuna personal, que utilizó para sobornar a los funcionarios de Constantinopla y conseguir que se le concediera el derecho a recaudar impuestos. Esta posición incrementó todavía más su riqueza, hasta tal punto que en1830 compró de Jacto para su familia el derecho al dominio hereditario del país a perpetuidad, con el título de príncipes de Serbia. Tan severas eran por aquel entonces sus exacciones económicas que los campesinos serbios protagonizaron una y otra vez insurrecciones armadas de carácter local, invariablemente aplastadas por las tropas bien armadas y sometidas a la autoridad central de Obrenovic.

Desarrollo

En 1830, con toda probabilidad debido a la presión de Obrenovic, el sultán Mahmud II decidió ceder seis municipios bosnios al principado de Serbia. Indignadas por su pérdida de autonomía (véase qué es, su concepto; y también su definición como “autonomy” en el contexto anglosajón, en inglés), recelosas ante la ofensiva centralizadora emprendida por Mahmud en la administración del imperio y temerosas de perder terreno ante la población cristiana de Serbia, las élites musulmanas de Bosnia organizaron un congreso a primeros de 1831 y reclutaron un ejército rebelde que echó del país al visir otomano.Entre las Líneas En septiembre de ese mismo año la asamblea de toda Bosnia reunida en Sarajevo declaró efectivamente la autonomía de Bosnia dentro del imperio otomano. La rebelión fue aplastada por las autoridades turcas en 1832.

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Desarrollo

Aunque las potencias europeas (con la excepción de Rusia) continuaban preocupadas por la estabilidad y perdurabilidad del imperio otomano, este seguía teniendo a comienzos de la década de 1830 fuerza suficiente para afirmarse sobre los rebeldes y los revolucionarios que no contaban con el apoyo internacional que había dado a los griegos su independencia.

Aviso

No obstante, los disturbios continuaron y el poder de Obrenovic sobre sus dominios fue volviéndose cada vez más precario.Entre las Líneas En 1838 el sultán, percatándose de que el descontento alcanzaba nuevas cotas, lo obligó a aceptar una Constitución y una asamblea legislativa. Está a su vez indujo a Obrenovic a abdicar a favor de su hijo menor, Mihailo (1823-1868), que no tardó en verse obligado a marchar al exilio tras no hacer nada por moderar las odiadas políticas de su padre. Mihailo fue reemplazado por Alejandro KaraCÍorCÍeviC (1806-1885), hijo del líder rebelde asesinado en 1817. Los esfuerzos de los otomanos por imponer la estabilidad en la región no se vieron favorecidos por esta intervención, que no hizo masque atizar el fuego de la que no tardaría en convertirse en la más extrema de las rivalidades dinásticas del siglo xix.

Desarrollo

Al final, sin embargo, en aquella coyuntura las potencias europeas seguían necesitando al imperio otomano. La independencia de Grecia había sido indudablemente una excepción, y a Gran Bretaña le preocupaba especialmente la perspectiva de que Rusia pasara a ocupar el espacio dejado vacante por una posible desintegración del imperio otomano. El destino de Ioannis Kapodistrias ilustraba a un tiempo el poder y las limitaciones que había tenido la influencia de la Revolución Francesa y de Napoleón, de sus ideas y de su ejemplo, sobre la política europea durante los años que siguieron a Waterloo. Por un lado, una generación de figuras políticas pertenecientes a las élites cultas y a los estratos inferiores del escalafón del ejército, inspirados por los ideales de libertad y de soberanía nacional, se había puesto al frente de los movimientos de liberación nacional y de reforma liberal, negándose a aceptar los aspectos conservadores y restauracionistas del ordenamiento de 1815. Sus exponentes llegaron a tener apoyo suficiente para sacudir el edificio levantado en el congreso de Viena hasta sus cimientos en casi todos los rincones de Europa.

Desarrollo

Por otro lado, era evidente que aquellos hombres representaban solo una minoría de las clases cultas y que carecían de verdadero apoyo popular. Cuando la gente corriente de las ciudades y del campo se levantaba contra la autoridad establecida, habitualmente lo hacía por sus propios intereses, y raramente compartía los ideales de libertad nacional y de reforma liberal proclamados por los revolucionarios cultos. La inspiración napoleónica que se ocultaba tras las conspiraciones de los revolucionarios comportaba una poderosa fe en una administración racional, centralizada, que a veces no se ajustaba demasiado bien a su propia campaña en pro de un gobierno representativo.

Otros Elementos

Además, la inquietud que causaban sus actividades en las cancillerías de Europa fue un factor significativo para el mantenimiento del concierto europeo, pese a las rivalidades y diferencias existentes entre las principales potencias. A finales de la década de 1820, el ordenamiento acordado en Viena en 1815 había sufrido alguna que otra abolladura en diversos lugares, pero fundamentalmente seguía intacto.

Fuente: la lucha por el poder, disponible en archive.org

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