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Kantismo

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Kantismo en Relación a Filosofía

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Se utiliza el término «kantismo» -en su acepción más usual- para designar el conjunto de movimientos filosóficos en los que es más decisiva la influencia del pensamiento kantiano. Este influjo es amplio y profundo, ya que la «filosofía crítica» de Kant (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) supone una manera «nueva» de enfrentarse con la realidad natural y con los diversos fenómenos culturales. No son solamente soluciones distintas a los problemas tradicionales lo que propone, sino -ante todo- un giro en la concepción de la Filosofía misma. Al profundizar en los presupuestos de las principales corrientes filosóficas del siglo Xix y xx, se llega a la conclusión de que son radicalmente deudoras de un planteamiento kantiano, tanto cuando lo adoptan como cuando se enfrentan críticamente con él. Por este motivo no es posible delimitar con exactitud qué pensadores se deben encuadrar bajo el epígrafe «kantismo». Nos referiremos solamente a los periodos más significativos en el proceso de incorporación, interpretación y crítica de la «filosofía trascendental» kantiana por parte del pensamiento filosófico posterior.
1. Discípulos y adversarios: la polémica sobre el kantismo. Los primeros seguidores y críticos de Kant demuestran ya claramente que la doctrina del filósofo regiomontano ofrece un método o un programa de reflexión, antes que un sistema concluido. No se conforman, en efecto, con exponer e interpretar su pensamiento, sino que se empeñan en profundizar y continuar la «tarea crítica», aun a riesgo de apartarse de ella en puntos fundamentales.
En la polémica que se desencadenó sobre la filosofía trascendental, causaron a Kant más dificultades los adeptos que los objetantes. Kant los denominaba, con ironía, «mis amigos hipercríticos» (Carta de Kant a Tíefrunk, 13 oct. 1797, en Kani’s gesainmelie Schri/ten, X11,207); eran, en efecto celosos discípulos que pretendían ofrecer una interpretación auténtica y unitaria del Kantismo y trataban de solucionar sus problemas-límite.
C. L. Reinhold (1758-1823) fue, en principio, un brillante y popular expositor del criticismo, especialmente a través de sus Cartas sobre la filosofía kantiana (17861787).Si, Pero: Pero posteriormente acomete la tarea de desarrollar por cuenta propia las ideas kantianas, con una fidelidad discutible -aunque buscada por él- a la doctrina de su maestro.Entre las Líneas En 1789 publica su Versuch einer neuen Theorie des mensclilichen Vorstellungsverniógen; pretende allí ofrecer «las verdaderas premisas de la teoría de las facultades cognoscitivas y la clave de la Crítica de la Razón» (Carta de Reinhold a Kant, 14 jun. 1789, en Kant’s gesam. Schr. X1,60). Trata, entonces, de reducir toda la filosofía crítica a un verdadero sistema. que supere el doble dualismo entre razón práctica y teórica, y -dentro de esta última- entre entendimiento (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y razón (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Para ello es necesario buscar un punto de partida sólido, un hecho primitivo y evidente, que proporcione un fundamento unitario a la totalidad de la Crítica. Este factutrt elemental para Reinhold es la «representación» (Vorsiellung), como función primaria de la conciencia. Y el primer principio de la filosofía trascendental establece la posición de la representación en la conciencia: «la representación es distinta del objeto y del sujeto representativo, pero relativa a uno y a otro». Toda representación supone la conjunción del elemento formal y elemento material del conocimiento. Lo formal pertenece al sujeto (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y lo material es aportado por el objeto (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). El sujeto produce espontáneamente la forma en la materia dada. Por tanto, aunque la representación se ha producido en la conciencia, no ha sido creada íntegramente por la conciencia misma, ya que entonces carecería de objetividad. El origen último del elemento material de la representación no es otro que la cosa en sí, verdadera causa de la afección sensible. Es, pues, ¡niprescindible afirmar la existencia de una cosa en sí, aunque ésta no pueda quedar reflejada en su forma objetiva en una representación, ya que la forma de toda representación está puesta por el sujeto.
Se puede decir que buena parte de los contemporáneos de Kant conocieron su filosofía a través de la exposición e interpretación de Reinhold. Es éste un punto de referencia obligado en la polémica sobre el k., especialmente en lo concerniente al «problema de la cosa en sí», que estaba planteado y resuelto de manera completamente insatisfactoria.
De esta cuestión se ocupará preferentemente el hebreo Salomon Maimon (1753-1800), cuya perspicacia alabó el propio Kant inicialmente (Carta a Markus Herz, 26 mayo 1789, en Kant’s gesam. Schr., X1,49), aunque después demostró no tenerle simpatía. Maimon entiende que una cosa en sí real, en el sentido de la interpretación de Reinhold, no solamente es incognoscible, sino también impensable. La cosa en sí no puede ser entendida sino como límite; es una mera idea de una cierta irrationale Wurzel, a la cual nos acercamos cada vez más, pero que nunca podemos alcanzar. El conocimiento de cosas en sí no sería más que un pleno e inalcanzable conocimiento de los fenómenos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). La idea de un entendimiento infinito recibe realidad objetiva a través de los objetos de la intuición (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y, a la inversa, las intuiciones reciben realidad objetiva a través de esa idea, en la cual se resuelven en último término (Versuch über die Transzendentalphilosophie, Berlín 1790, 419-420).Entre las Líneas En tanto que conocemos los fenómenos, conocemos la cosa en sí; porque, en caso contrario, nuestro entendimiento no tendría ninguna objetividad; pero no los conocemos plenamente como los conoce el entendimiento infinito, sino de una forma limitada. Lo suprasensible es, por ello, lo mismo que lo sensible; a través del conocimiento trasformamos lo meramente dado en algo pensado, trasformamos los fenómenos en cosas en sí (ib. 195-196). Lo que Salomon Maimon llama su «escepticismo» consiste en la constatación de que la experiencia trata siempre de ser objetiva, pero nunca llega a serlo plenamente. Esta supuesta objetividad fáctica es más bien una idea, una tarea irrealizable (ib. 226 ss.). La exégesis de Maimon adopta, pues, por primera vez un punto de vista decididamente idealista (véase en esta plataforma: IDEALIsmo), que anuncia desarrollos posteriores.
A. E. Schulze (1761-1833), en su célebre Enesidemo (1792), considera que Reinhold no ha solucionado las aporías de la filosofía crítica. Y es que, en rigor, Kant incurre en una patente inconsecuencia; porque, por una parte, rechaza de plano el procedimiento ontológico clásico y, por otra, lo adopta en los puntos fundamentales de su doctrina. Esta contradicción interna es flagrante en el problema de la cosa en sí. El dilema del Enesidemo es semejante al de F. H. Jacobi: dar cabida a la cosa en sí supone aceptar el dogmatismo ontológico; suprimirla abiertamente implica volver al fenomenismo de Hume (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), por el que Schulze no oculta sus preferencias; y, en ambos casos, abandonar el criticismo.
J. S. Beck fue quizá el más inteligente discípulo de Kant, y el que penetró más a fondo en el núcleo de la filosofía trascendental. Busca apreciar el Kantismo desde un punto de vista unitario, que dé razón de su sentido total. Polemiza también con Reinhold, porque entiende, como Maimon, que el «principio de representación» no es lo más originario del k., y que la afirmación dogmática de la cosa en sí como causa supone la destrucción de la filosofía crítica. Beck parte de la actividad originaria de la conciencia: el «producir» (machen) como acto espontáneo. El camino que sigue supone un predominio de la síntesis (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) sobre el análisis (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), la absorción (véase su concepto jurídico) de la sensibilidad pura por parte del entendimiento, y de lo dado empíricamente por parte de la activa espontaneidad de las funciones intelectuales. Se trata, en definitiva, de una interpretación idealista e «hipercrítica» que, con su punto de vista totalizador, preludia el sistematismo de los románticos.Entre las Líneas En la correspondencia de Kant con Beck se aprecia que el pensador de Kónigsberg mantiene, frente a su discípulo, el carácter real de la cosa en sí como origen último de la afección sensible (cfr. Carta de Kant a Beck, 20 en. 1792, en Kant’s gesam. Schr. X1,300-303). Kant desconfía de la radicalidad de Beck, que quiere reconstruir la Crítica por medio de una deducción «descendente» y a partir del «acto originario de atribución» (die ursprüngliche Beylegung): la producción de la unidad sistemática (Carta de Beck a Kant, 16 jun. 1794, en Kant’s gesam. Schr. X,490).Si, Pero: Pero también puede apreciarse en este intercambio epistolar que Kant -sin abandonar su postura fundamental- hace importantes concesiones a Beck, en la línea de un reforzamiento de la actividad constructora del sujeto. Aunque las sugerencias de sus discípulos impresionen vivamente el ánimo de Kant, el viejo pensador nunca traspasará el límite que separa el idealismo trascendental de un puro y simple idealismo.
En la dialéctica de kantianos y antikantianos ocupan un destacado lugar los pensadores que se adscriben a la llamada «filosofía de la fe» (Glaubensphilosophie). No se les puede considerar como simples. epígonos de Kant, ya que son auténticos filósofos originales (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Frente al ilustrado racionalismo del regiomontano, Herder y Jacobi tienen ya un talante prerromántico -en la línea del Sturm und Drang- que no puede contenerse en los estrechos límites que la Crítica había establecido. Es cierto que Kant pretendía poner coto a las pretensiones de la razón para garantizar los derechos de la fe; pero se trataba de una fe puramente racional y sólo con validez práctica, que excluye el valor «revelador» de la creencia, su rico contenido de sentimiento y tradición.
J. G. Herder (1744-1803; v.) fue durante varios años alumno de Kant en Kónigsberg. Siguiendo una línea crítica frecuente en este periodo, reprocha a Kant la excesiva separación entre la razón y las demás facultades del hombre.Entre las Líneas En su famosa obra Metakritik zur Kritik der reinen Vernunft (1799) achaca también al que fue su maestro el no tener en cuenta el decisivo papel que el lenguaje real e histórico desempeña en la elaboración del pensamiento. Herder contrapone al trascendentalismo kantiano una antropología de la totalidad concreta (se le considera como un precursor de ideas antropológicas contemporáneas). Sostiene entonces que es radicalmente imposible un conocimiento sintético a priori, e incluso que espacio y tiempo son conceptos experimentales.Si, Pero: Pero el trabajo más notable de Herder se halla en el ámbito de la filosofía de la historia.Entre las Líneas En sus Ideas para la filosofía de la historia de la humanidad (1784-91) desarrolla su concepción del cristianismo como religión de la humanidad y de la historia de los hombres como un continuo despliegue hacia la plena realización de la humanidad misma. [rbts name=”filosofia”]

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Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre kantismo en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

E. ADICKEs, Kant und das Ding an Sich, Berlín 1924; H. COHEN, Kants Theorie der Erlahrung, 2 ed. Berlín 1885; J. C (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FICHTE, Werke (ed. de F. Medicus (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Félix Meiner), Leipzig 1911; M. HEIDEGGER, Kant und das Problem der Metaphysik, Francfort 1951; F. H. JACOBI, Werke, Leipzig 1812-25; R. KRONER, Von Kant bis Hegel, 2 ed. Tubinga 1961; G. LEHMANN, Beitrage zur Gesischte una Interpretation der Philosophie Kants, Berlín 1969; S. MAIMON, Versuch über die Transzendentalphilosophie, Berlín 1790 (reproducción fotomecánica por la Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darmstadt 1963); G. MARTIN, Immanuel Kant (Ontologie ind Wisenscha)`tstheorie), Berlín 1969; J. VUILLEMIN, L’héritage kantien el la réuolution copernicienne, París 1954.

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