Eclecticismo
Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]
Eclecticismo en Filosofía
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Índice: 1. Concepto y generalidades. 2. Eclécticos griegos y romanos. 3. Eclécticos hispánicos del siglo XVII al XIX. 4. Eclécticos espiritualistas del siglo XIX
1.
Concepto y generalidades
En Historia de la Filosofía se denomina eclecticismo a todo pensamiento cuyo carácter esencial consista en unir elementos conceptuales, pertenecientes a posturas diferentes o heterogéneas, que son elegidos en virtud de una actitud conciliadora de opiniones diversas. La palabra viene del griego eklégein=escoger.Entre las Líneas En la S. eclecticismo es utilizado el término eklectós=elegido, en el sentido de elegido de Dios (Ps 106,5; Lc 18,7; v. ELECCIÓN DIVINA). El historiador Dionisio de Halicarnaso (c. a. 30 a. C.; v.) usa eklectikoi en el sentido de «los que escogen»; y Diógenes Laercio, refiriéndose a Potamón de Alejandría (c. a. 40 a. C.) de quien dice que escogía lo mejor de cada escuela, habla de «secta ecléctica».
El calificativo «ecléctico» se utiliza en Historia de la Filosofía de un modo equívoco y con frecuencia oscilante y poco riguroso. Hoy es usual denominar eclécticos a ciertos pensadores griegos y romanos (algunos filósofos de la Academia, algunos estoicos y Cicerón) (véase en esta plataforma: 2), y también a otra serie de pensadores franceses y españoles del siglo Xlx que representan un momento de falta de originalidad en la especulación y que recurren a constituir una selección de doctrinas diversas (Cousin, GARCÍA Luna) (véase en esta plataforma: 4). También debe estudiarse entre los eclécticos a los filósofos españoles y americanos de los siglo XVII y XVIII que tratan de conciliar las doctrinas cartesianas, primero, y lockianas después, con elementos de la tradición escolástica; Gaos ha hablado incluso de un peculiar «eclecticismo hispanoamericano» (véase en esta plataforma: 3).
En ciertas épocas se ha utilizado de un modo más amplio la palabra eclecticismo. Por ej., Clemente de Alejandría (1,7,37,6) afirma que la verdadera filosofía no sería la de Platón, Epicuro o Aristóteles, sino la selección (ekelectikón) «de cuanto se ha dicho de bueno en cada una de las escuelas y que nos enseña la justicia y la ciencia de la piedad».
Pormenores
Los historiadores del siglo XVIII llaman secta ecléctica a toda una tradición de pensamiento cuyo método consiste en unir selectivamente opiniones de escuelas diversas; empieza en los pitagóricos y continúa en Platón (cuya filosofía resultaría de unir elementos de las filosofías itálica, socrática y heraclítea), pero es a los neoplatónicos a quienes se considera eclécticos en sentido estricto. Éste es el caso, p. ej., de Juan Jacobo Brucker (Historia critica Philosophiae, ‘5 vol. Leipzig 1742,44) para quien son también eclécticos los cartesianos, gassendistas, newtonianos, leibnizanos y wolfianos. Lo mismo se refleja en-el artículo «Eclecticismo» de la Encyclopédie.
Hoy acostumbramos a restringir mucho más la voz eclecticismo en cuanto a servirse de ella para denominar esencialmente un determinado sistema o tipo de sistemas. Solemos reservarla para designar la actitud concordataria o armonizante de ciertos pensadores; ha de haber en ellos una mínima voluntad de síntesis. Cuando hay simple fusión de elementos heterogéneos es preferible hablar de sincretismo: así suele hacerse en las referencias a autores que unen elementos religiosos y filosóficos, como Filón (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) (judaísmo y neoplatonismo); lo mismo ocurre con el gnosticismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) (cristianismo y neoplatonismo) y con la tradición del hermetismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Tampoco debe, naturalmente, calificarse de eclecticismo el sistema propuesto por J (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Ferrater Mora, y que él mismo denomina integracionismo, en el cual se pretende alcanzar «dialécticamente» una superación de la oposición entre realidad natural y realidad humana.
BIBLIOGRAFÍA.: V. la de los artículos siguientes.
2. Eclécticos griegos y romanos. Bajo esta denominación incluimos a un conjunto de pensadores griegos y romanos de los siglo II y I antes de la era común que, aun perteneciendo a distintas escuelas, tienen de común la atención por los saberes prácticos del hombre y, correlativamente, la disminución del interés por los problemas teóricos, para cuya resolución se limitan a acudir a un sincretismo de doctrinas tomadas de distintas escuelas (véase en esta plataforma: 1).
A mediados del siglo II antes de la era común ocurre efectivamente en el pensamiento griego un hecho muy característico, común a las distintas tendencias existentes: el abandono de aquel dogmatismo filosófico, dominante desde la muerte de Aristóteles y que tiene su más claro centro en el estoicismo antiguo, con el que polemizaba, en el campo ético, el pensamiento de Epicuro (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). La Academia platónica, en la etapa llamada de la Academia media (véase en esta plataforma: PLATÓNICOS), con Arcesilao y Carnéades, ya empieza a combatir el dogmatismo estoico, acercándose a la actitud escéptica (véase en esta plataforma: ESCEPTICISMO). Y la misma escuela estoica entra, con Panecio y Posidonio, en una etapa conocida con el nombre de «estoicismo medio» (véase en esta plataforma: ESTOICOS), de nuevo vigor filosófico, precisamente porque abandona la cerrazón dogmática de la tradición estoica, y logra una filosofía más auténtica y en diálogo con otras problemáticas. No sería apropiado calificar a este verdadero renacimiento filosófico de simple e.; por ello no incluimos entre los eclécticos a Panecio y Posidonio.Si, Pero: Pero lo que sí es cierto es que con esta mayor apertura de la perfección filosófica, la polémica de las escuelas desaparece para dejar lugar a un cierto sincretismo ecléctico que se convierte en el carácter dominante de la filosofía griega de esta época, y, por tanto, de la romana que deriva directamente de aquélla.
Todo el s. I antes de la era común se halla invadido de este espíritu sincretista, motivado por el deseo de encontrar un criterio, más de probabilidad que de verdad, común a todas las tendencias y capaz de fundar los saberes prácticos. Al mismo tiempo, esta actitud implica el reconocimiento de que la filosofía no puede pasar de la verosimilitud, lo cual significa un indirecto acercamiento a un saber basado menos en la razón que en la creencia. Ese sincretismo es la nota distintiva de la IV Academia o Nueva Academia, del eclecticismo romano de Varrón y Cicerón, e incluso del aristotélico Andrónico de Rodas (véase en esta plataforma: ARISTOTÉLICOS).
a. La Nueva Academia. La crisis general a que nos referimos afecta a la Academia; en sus escolarcas se advierte una notable inseguridad doctrinal y muy acusadas vacilaciones y diferencias en el modo de interpretar la tradición del platonismo.
Detalles
Los autores más importantes son Filón de Larisa y Antíoco de Ascalón.
Filón de Larisa (ca. 159-86 a. C.) enseñó en Atenas y luego en Roma. Por la primera y segunda Académicas de Cicerón sabemos que se sentía heredero de una tradición escéptica que, según él, comenzaba en Anaxágoras y pasaba por Sócrates hasta Platón y los cirenaicos. Parece que luego se inclinó hacia el estoicismo, interesándose fundamentalmente por el saber práctico y admitiendo un tipo de evidencia que procede de la espontaneidad natural del alma y que no llega a ser una verdadera representación comprensiva.Entre las Líneas En cuanto al contenido de su enseñanza moral, que conocemos por Estobeo (Églogas, 11,40), tiene los rasgos característicos del estoicismo. Debió influir de modo notable en Cicerón.
Discípulo de Filón y contradictor suyo es Antíoco de Ascalón (ca. 150-68 a. C.), que enseñó en Roma y más tarde en Alejandría. Según las noticias de Cicerón, mantenía que la verdadera tradición platónica no está en la doctrina del escéptico Carnéades, sino en el estoicismo; Antíoco intenta un sincretismo, no siempre históricamente fundado, entre platonismo y estoicismo. Parece que su intención central era combatir el escepticismo y lo hizo apoyándose casi exclusivamente en las doctrinas estoicas. Cicerón dijo de él que, a pesar de ser llamado académico, en realidad era un verdadero estoico. Antíoco aprovechó, sobre todo, la teoría estoica del conocimiento para fundar un criterio seguro de verdad, sin el cual la acción sería imposible (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, en su concepción de la virtud y la felicidad se advierte una mezcla de elementos estoicos y aristotélicos.
La Academia continúa esta orientación ecléctica en varios autores, entre los que está Soción de Alejandría (s. I), maestro de Séneca. Más tarde (s. II) aparece el llamado «platonismo medio» de tendencia pitagorizante (véase en esta plataforma: PLATÓNICOS). Y la Academia se convierte, desde el s. iv, al neoplatonismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), para cerrarse definitivamente en el 529.
b. Eclécticos romanos. Hasta mediados del siglo II antes de la era común, la filosofía no se cultiva en Roma; incluso es prohibida su enseñanza, por considerarla un peligro para la juventud.Si, Pero: Pero desde esta época la situación empieza a cambiar y se perciben los primeros contactos con filósofos griegos. Consta que existió ya entonces una escuela epicúrea romana, y Panecio fue recibido en Roma.Entre las Líneas En el s. I antes de la era común enseñan en la capital romana los platónicos Filón y Antíoco, aparece el epicúreo T. Lucrecio Caro (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), comienza el desarrollo de la tendencia estoica y se interesan por la filosofía los retóricos Varrón y Cicerón. La importancia de estos últimos, en su esfuerzo por hallar un acuerdo básico entre todas las soluciones especulativas, intento que puede ser calificado con toda propiedad de e., reside en que dichos autores son los transmisores de una serie de doctrinas diversas.
Marco Terencio Varrón (116-27 a. C.;v.) escribió numerosísimas obras (Disciplinarum libri IX, Logistorici, Satirae Menippeae, y las extensas Rerum humanarum et divinarum Antiquitates) de las que sólo se conservan fragmentos (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fue discípulo de Antíoco de Ascalón y recogió, valorándolas, muchas teorías pitagóricas y cínicas, pero sobre todo estoicas. S. Agustín lo utiliza y cita ampliamente. Se proyecta en buena parte de la cultura medieval y es el único cauce por el que hemos llegado a conocer algunas ideas filosóficas antiguas.
Marco Tulio Cicerón (106-43 a. C.; v.), discípulo de Filón y Antíoco en Roma, asistió en Atenas a las lecciones del epicúreo Zenón (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), y en Rodas a las del estoico-platónico Posidonio. Las obras filosóficas (De Republica, Tusculanae disputationes, De natura deorum, De senectute, De divinatione, Academica priora et posteriora, De f inibus bonorum et balortlm, De officüs, De amicitia y otras) las escribió todas en los últimos años de su vida. Se propuso dar una versión latina de la especulación filosófica griega y, en efecto, su trabajo fue una aportación fundamental para la fijación del vocabulario filosófico en lengua latina. Él mismo confiesa su propósito: «Magnífica y gloriosa tarea para los romanos la de no necesitar del idioma de los griegos para la filosofía, y yo lo cumpliré ciertamente, si logro llevar a término la obra iniciada» (De divinatione, II,1).
Cicerón no es un filósofo técnicamente original; confiesa ser afín a la Academia, regida entonces por Filón y Antíoco, a la que considera la menos arrogante y más coherente; huye de los dogmatismos de escuela porque no cree en un criterio único de verdad doctrinal; sólo confía en alcanzar un cierto grado de probabilidad y verosimilitud: «No nos contamos -escribe- entre aquellos para quienes no existe nada verdadero, sino entre aquellos que dicen que en todas las verdades se encuentra añadido algo de falso, con tal apariencia de semejanza que no se encuentra en ellas un criterio de juicio y asentimiento cierto. Por lo cual resulta que existen muchas cosas probables, las cuales, aunque no aprehendidas en sí, dándonos, sin embargo, una representación clara y distinta, sirven para regular la vida del sabio» (De natura deorum, I,12).
Es más bien escéptico en cuanto a las posibilidades objetivas del saber de la naturaleza, aunque reconoce que la investigación física sirve para elevarnos por encima de nuestras pequeñeces. Para Cicerón el problema esencial de la filosofía es la cuestión del sumo bien, fundamento a su vez de todas nuestras normas de vida; porque lo más importante en el hombre no son las virtudes cognoscitivas que culminan en la contemplación, sino los deberes que derivan de la comunidad de los humanos. «Si el conocimiento y la contemplación de la naturaleza -escribe- no llegan a ninguna acción sobre las cosas, en cierto modo son imperfectos y truncos. Ahora bien, semejante acción aparece especialmente en la tutela de las ventajas de los hombres; entonces pertenece a la sociedad del género humano; por tanto, hay que anteponer ésta al conocimiento… Por ello, parecen más convenientes a la naturaleza los deberes que se derivan de la comunidad que los del conocimiento» (De officiis, I,153).
Cicerón se aleja de aquella imagen estoica del sabio consciente de su suficiencia y siempre por encima de los demás mortales; busca una filosofía popular que diga cosas que están en la conciencia de todos y en la vida común: «Los estoicos niegan que exista algún hombre que sea bueno, excepto el sabio…Si, Pero: Pero entienden por esto una sabiduría que aún no ha logrado alcanzar ningún mortal.
Indicaciones
En cambio, nosotros debemos atenernos a aquello que está en la costumbre y en la vida común, no a aquello que sólo se halla en la fantasía y los deseos» (De amicitia, 18). Este consenso universal es lo que nos lleva a las afirmaciones capitales: existencia de Dios, nunca negada por pueblo u hombre alguno; espiritualidad e inmortalidad del alma, deducidas de nuestra misma espontaneidad y preocupaciones; norma moral que nos obliga a vivir según la propia naturaleza y en armonía con la naturaleza universal; lugar preferente de la idea de justicia, basada en la identidad de naturaleza de los hombres; insistencia en la noción de lo honesto como lo bueno por sí mismo, independientemente de su utilidad.
Selección y moderación.Entre las Líneas En los pensadores griegos y romanos, reunidos aquí, se advierte en conjunto un carácter de moderación en su actitud filosófica (señalábamos antes que buscan la verosimilitud, no la certeza) que les lleva a escoger, entre las distintas escuelas, las soluciones parciales que estiman mejor. Hay, pues, en ellos un criterio de selección y no un mero agregado de doctrinas diferentes.
Puntualización
Sin embargo, y a pesar de no caer en la simple yuxtaposición de teorías, hay que señalar un descenso de la capacidad especulativa (véase en esta plataforma: 1).
V. t.: ANTIGUA, EDAD IV y V.
3. Eclécticos hispánicos del siglo XVII al XIX. Cuando se estudia el fenómeno del eclecticismo a lo largo de la historia de la filosofía se está continuamente en la tentación de considerar incluidos en él a casi todos los autores, porque en la mayoría de ellos puede advertirse una mediación entre planteamientos o soluciones de filosofías anteriores. Desde luego hay algunas razones para hacerlo así, y a veces (como en el caso de Brucker, en el siglo XVIII) se ha extendido a muchos la calificación de eclécticos.Si, Pero: Pero aquí hemos decidido usar el término eclecticismo sólo para designar tendencias de pensamiento que impliquen esencialmente una voluntad concordataria (véase en esta plataforma: 1).
Entre estas tendencias hay que incluir al grupo de pensadores españoles y americanos objeto de este artículo. A ellos nos referimos también al hablar de «Cartesianos» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y de la «Ilustración en España» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), porque sin duda muchos de ellos son o cartesianos o ilustrados, pero hay que estudiarlos también en este lugar para aludir a su intento de síntesis, que tiene mucho de peculiar, y que, aun cuando todavía no ha sido categorizado por la historiografía universal, ya ha empezado a serlo por la española (trabajos de Gaos, Bernabé Navarro, Pérez Marchand, Quiroz Martínez, Ceñal y Peñalver).
Se trata de un fenómeno que no es exclusivo de España. Se produce como consecuencia del gran impacto que en toda Europa ocasionan: primero, el pensamiento inaugurado por Descartes (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); después, las ideas de la Enciclopedia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) francesa (véase en esta plataforma: ILUSTRACIÓN). A lo largo de los dos siglos indicados, cartesianismo y enciclopedismo sustituyen en la mayor parte de la cultura europea a la antigua filosofía natural y a la teoría social clásica, respectivamente.Si, Pero: Pero en los países de más fuerte tradición de las antiguas ideas, las nuevas provocan un choque con posturas sólidamente misoneístas y, lo que es más importante, dan lugar a otras posturas que intentan un esfuerzo por compatibilizar lo viejo y lo nuevo.
En Francia y en Bélgica, en la segunda mitad del siglo XVII aparecen, dentro de las polémicas en pro y en contra del cartesianismo, actitudes que quieren ser un intento ecléctico de síntesis entre antigua y nueva filosofía natural.Entre las Líneas En cuanto al siglo XVIIi, la bibliografía viene esclareciendo cada vez con más datos que lo que se conoce con el nombre de Ilustración no se reduce a las corrientes de origen enciclopedista, sino que incluye también otra actitud, afín a la nueva concepción de la vida dieciochesca e ilustrada, pero que sigue, en muchos puntos esenciales en la línea de la tradición cristiana. El pensamiento ilustrado de Polonia, Inglaterra, Italia y buena parte del de Alemania (recuérdese a Konarski, Butler, Genovesi y Lessing, p. ej.), participan de esta modernidad tradicional que se estudia en la voz Ilustración (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); el hecho no deja de darse ni siquiera en la Ilustración francesa (Juan Bautista Duhamel, Casimiro de Tolosa).
Ahora bien, el caso de España es, por las circunstancias histórico-culturales de nuestro país, el ejemplo más acentuado de esta actitud ecléctica. Efectivamente, a partir de 1670 aproximadamente se da en nuestra historia filosófica una etapa de 140 años, en la que, junto a la línea, muy densa, de pensadores escolásticos, y junto a los decididos partidarios del cartesianismo y la Enciclopedia, aparece un amplio abanico de autores que acogen muchas nociones nuevas, pero sin prescindir del todo de lo clásico. De casi todos debe decirse que su eclecticismo no es intencionado, sino más bien un resultado de querer aceptar nuevas teorías estimándolas como no contradictorias con la esencia del pensamiento tradicional.
La fecha inicial, 1670, la elegimos porque es entonces cuando está terminando su vigencia cultural la mentalidad barroca, y cuando aparece en nuestro país, con Cardoso, la nueva filosofía natural. A partir de entonces, la etapa puede estudiarse en dos periodos sucesivos, bastante bien diferenciables: el primero, de 1670 a 1770; y el segundo, de 1770 a 1810. Establecemos esta fecha terminal aproximada, pensando en la muerte de Jovellanos (1811; v.) y los hechos políticos de la emancipación americana y las Cortes de Cádiz.
a. Periodo 1670-1770. La línea ecléctica se abre paso entre los pensadores abiertamente inclinados a las nuevas ideas, médicos muchos de ellos (Juan Caramuel, Isaac Cardoso, Diego Mateo Zapata, Juan de Nájera conocido por Avendaño) y la oposición muchas veces violenta de los escolásticos (Francisco Palanco, Juan Martín de Lessaca, Clemente Langa). Los más característicos eclécticos son:Juan Bautista Corachán (m. 1741), autor de unos Avisos de Parnaso y de unos Rudimentos filosóficos, en los que ya habla del atomismo de Maignan.
Mucho más importante es Tomás Vicente Tosca (m. 1723), cuya obra principal, Compendium Philosophicum, publicada hacia el final de su vida, recoge una postura típicamente ecléctica, al seguir su autor la física atomista, sin romper por ello con las soluciones escolásticas fundamentales. Piensa que en el campo físico hay que rechazar el hilemorfismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), y atenerse al atomismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), que resulta de la experiencia.Entre las Líneas En las teorías basadas en la observación y el método experimental no ha de interferir la filosofía metafísica; ésta es respetada por Tosca, pero según él, debe la «filosofía», fundada en la libertad de especulación, huir de todo dogmatismo, aceptando lo que haya de verdadero en todos los sistemas, con tal que no contradiga la doctrina de la fe católica. Discípulo de Tosca es Juan B. Berni (m. 1738).
Del mismo grupo de Valencia, al que pertenecen Tosca y Berni, Jaime Servera (m. 1722), en su Metaphysicologia, seu Disputationes in Logicam et Metaphysicam se acerca a Descartes en su concepción de la sustancia como aquello que puede existir por sí, porque es independiente del sujeto; y en la identidad real de la sustancia material con el accidente cantidad; mientras que toma de Maignan el intento de explicación de la realidad teológica de la Eucaristía, por las especies intencionales, y sin recurrir a la distinción de sustancia y accidentes.
En el grupo de Sevilla, Martín Martínez (m. 1734) no es un escéptico a pesar de los títulos de sus obras: Philosophia sceptica y Medicina sceptica, sino un pensador que desconfía de lo que especulativamente pueda hacer la filosofía en materias propias de la física experimental; lo cual es muy afín a lo que piensan los autores que venimos estudiando aquí.
También hay que citar a Luis de Lossada (m. 1748), en cuya Preliminaris ad Physicam Disertatio se admite un atomismo de carácter físico que él señala como compatible con las doctrinas hilemórficas de la metafísica clásica; lo mismo se dice de otras propiedades y leyes descubiertas por la física experimental (elementos químicos, peso del aire, etc.), que son aceptadas como teorías físicas no contradictorias con las soluciones fundamentales de la escolástica.
Ya a mediados de siglo, esta voluntad de separar lo experimental de lo metafísico, respetando ambas perspectivas, aparece en un médico aragonés, Andrés Piquer (m. 1772), para quien la filosofía tiene un esencial sentido ético y psicológico (admite la teoría del conocimiento aristotélico-escolástico), mientras que en las cuestiones físicas propugna un atomismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que se aproxima a Gassendi. Hacia la misma época comienza el mejor momento de la Universidad de Cervera, en cuyo grupo de profesores se mantiene un pensamiento abierto y ecléctico que se prolonga hasta el periodo siguiente: Mateo Aymerich (m. 1799), Bartolomé Pou (m. 1802), Antonio Codorniu (m. 1770) y Jaime Pons (m. 1816), entre otros.
Por supuesto, como una culminación de este espíritu ecléctico e ilustrado, hay que mencionar a Feijoo, pero de él nos ocupamos extensamente en otro lugar (véase en esta plataforma: FEIJOO).
En América española, el caso es análogo al de España. Puede decirse que allí el fenómeno es más complejo por la entrada directa en ambientes intelectuales latinoamericanos del pensamiento de Leibniz (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y Newton (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). [rbts name=”filosofía”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre eclecticismo filosofía en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
BIRL.: Antíoco y Filón: H. STRACHE, Der Ekletizismus des Antiochus von Askalon, Berlín, 1921; eclecticismo BRÉHIER, Historia de la Filosofía, I, Buenos Aires 1944, 398; R. MONDOLFO, El pensamiento antiguo, I, Buenos Aires 1965, 402.-Cicerón: Para bibl. general, v. CICERÓN; para el aspecto filosófico de su obra, G. C. ROLFE, Cicerón y su influencia, Buenos Aires 1947; 1. GUILLÉN, Cicerón. Su época, su vida, su obra, Madrid 1950; A. MARGARIÑos, Cicerón, Barcelona 1951. Más bibl. filcsófica en G (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FRAILE, Historia de la Filosofía, I, Madrid 1965, 672-673, y R. MONDOLFO, o. c., 1,343 y 403-404.
BIBLIOGRAFÍA.: R. CEÑAL, Cartesianismo en España, «Rev. de la Universidad de Oviedo», 1945; ÍD, La filosofía de Emmanuel Maignan, «Rey. de Filosofía», Madrid 1954 (no 13); 0. V. QUIROZ MARTÍNEZ, La introducción de la filosofía moderna en España, México 1949; A. SANVISENS MARFULL, Un médico-filósofo español del siglo XVIII: el doctor Andrés Piquer, Barcelona 1953; 1. M. SÁNCHEz DIANA, Ensayo sobre el siglo XVIII español, «Theoria», Madrid 1953 (no 5-6); L. SÁNCHEz AGESTA, Feijoo y el pensamiento político español del siglo XVIII, «Rev. de Estudios Políticos», Madrid 1945 (no 22-23); L. RODRfGUEz ARANDA, La recepción y el influjo de las ideas políticas de Iohn Locke en España, «Rev. de Estudios Políticos», Madrid 1954 (no 321-27); P. PEÑALVER SImó, Modernidad tradicional en el pensamiento de Iouellanos, Sevilla 1953; 1. GAOS, El pensamiento hispanoamericano, México 1946; B. NAVARRO, La introducción de la filosofía moderna en México, México 1948; G (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FURLONG, Nacimiento y desarrollo de la filosofía en el Río de la Plata, Buenos Aires 1952.
V. COUSIN, Cours d’histoire de la philosophie moderne, París 1829-41; ÍD, Fragments philosophiques, París 1926; P. JANET, Victor Cousin et son oeuvre, París 1885; CH. ADAM, La philosophie en France, París 1894; L. ZEA, Dos etapas del pensamiento en Hispanoamérica. Del romanticismo al positivismo, México 1949; P. PEÑALVER, La filosofía en Hispanoamérica, Antecedentes y situación actual, <> 17, Madrid 1950.
▷ Esperamos que haya sido de utilidad. Si conoces a alguien que pueda estar interesado en este tema, por favor comparte con él/ella este contenido. Es la mejor forma de ayudar al Proyecto Lawi.