Alfredo Ávila, de la Universidad Nacional Autónoma de México, hizo una destacadísima reseña sobre “El establecimiento del federalismo en México”, de la que se ha extraido algunas de las partes que se han considerado más relevantes:
Los historiadores contemporáneos se empeñan en mostrar, por ejemplo, que tal vez la mayoría de los insurgentes (incluidos algunos de sus líderes) favorecía la monarquía de Fernando VII, que los conservadores no eran sino un tipo diferente de liberales, que las instituciones del país independiente tenían una fuerte herencia del orden virreinal o que los habitantes de los pueblos también coadyuvaron a la construcción del Estado nacional. El problema abordado (cómo se transitó de una monarquía unitaria a una federación de estados soberanos). […]
Servando Teresa de Mier y Carlos María de Bustamante se cuentan entre los primeros en considerar que la federación resultaba opuesta a la tradición de política centralista del país y, por lo mismo, atri- buyeron su adopción al deseo de imitar la forma de gobierno de Estados Unidos de América, como si las instituciones que ha- bían mostrado buenos resultados en otros lados garantizaran consecuencias idénticas en donde se copiaran. Henry Clay no pensaba diferente cuando instruyó a Joel R. Poinsett para que enseñara el correcto funcionamiento del federalismo a los políti- cos mexicanos; mientras los conservadores de mediados del siglo XIX atribuían los males de la nación a la irreflexiva calca de un sistema ajeno a la tradición hispánica. Esta interpretación domi- nó por mucho tiempo, incluso en obras de historiadores acadé- micos del siglo x x, como John Lloyd Mecham [“The Origins of Federalism in Mexico”, en The Hispanic American Historical Review, XVIH:2 (mayo 1938), p. 164-182].Entre las Líneas En la década de 1950, los trabajos de Nettie Lee Benson sobre Miguel Ramos Arizpe, las Cortes de Cádiz y las diputaciones provinciales mo- dificaron esa interpretación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El federalismo no era tan exógeno a la tradición política heredada por el México independiente. Tenía un importante antecedente en las diputaciones, órganos administrativos cuyos miembros eran electos en el mismo procedimiento para designar representantes a las Cortes, y que tras la promulgación del Acta de Casa Mata, en febrero de 1823, asu- mieron el gobierno de cada provincia. Tiempo después, Charles Hale señaló también la herencia hispánica del liberalismo mexi- cano y descartó, por lo tanto, que las instituciones del nuevo país fueran copia de las estadounidenses.Entre las Líneas En 1972, Horst Pietschmann consideraba que no se podía seguir pensando que la administración pública del absolutismo (siglos XVII y XVIII en Europa; véase también la información respecto a la historia del derecho natural) fuera centralizada, to- da vez que para el caso de la Nueva España había dos centros ad- ministrativos, Madrid y México. Mayor dependencia de las intendencias hacia el primero, implicaría por lo tanto, más inde- pendencia hacia el segundo [Horst PlETSCHMANN, Die Einfübrung des Intendantensystems in Neu-Spanien, Colonia, Bóhlau Verlag, 1972, p. 241-250, en especial la p. 243; Nettie Lee Benson, La diputación provincial y el federalismo mexicano., México, El Colegio de México, Universidad Nacional Autó – noma de México, 1994, y Charles A. HALE, El liberalismo mexicano en la época de Mora 1821-1853, México, Siglo Veintiuno Editores, 1995].
Manuel Calvillo y José Barragán continuaron con los esfuerzos para comprender mejor cómo una entidad política se transformó en una federación de estados soberanos; mientras que los estudios particulares sobre las enti- dades federativas eran más bien pocos, como el de Charles Macune, acerca del Estado de México.[José BARRAGÁN BARRAGÁN, Introducción al federalismo (la formación de los poderes), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1978; Manuel CALVILLO, La consumación de la independencia y la ins- tauración de la república federal 1820-1824, tomo 1. Los proyectos de constitución para México, 1822-1824, voi. 1, de La República Federal Mexicana. Gestación y nacimiento, México [Departamento del Distrito Federal], 1974, y Charles William MACUNE, El Estado de México y la Federación mexicana, México, Fondo de Cultura Económica, 1978]. […]
Josefina Vázquez […encuentra] las razones del federalismo en las condiciones propias de cada provincia, en las instituciones y en la organización territorial de finales del siglo x v i n y comienzos del XIX. Concluye que esa forma de gobierno no fue la imposición de un sistema político extraño a las tradiciones del país ni causa de todos los males patrios, sino antes bien, tal vez fue la única manera para evitar la fragmenta- ción del territorio del viejo virreinato tras la emancipación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).
Puntualización
Sin embargo, creo que hay una gran novedad en El establecimiento del Federalismo en México, que hace de este libro algo más que la conclusión de una serie de obras revisionistas. Por lo general, en este país y en América Latina el término federación y sus de- rivados (federal, federalización, etcétera) ha implicado la transfe- rencia de poderes a las provincias y estados a costa del “gobierno general” (para emplear un término decimonónico), nacional o central [En Estados Unidos (la cuna del federalismo moderno) el término “fe- deralismo” significó justo lo contrario, la construcción de un poder su- perior al de los estados: véase la contribución de Josefina Zoraida VÁZQUEZ, “El establecimiento del federalismo en México”, p. 34. Tam- bién son interesantes los comentarios al respecto de José Carlos Chiara- monte, “El federalismo argentino en la primera mitad del siglo X I X “, en Federalismos latinoamericanos: México/Brasil/Argentina, coordinado por Marcello Carmagnani, México, El Colegio de México, Fondo de Cultura Económica, Fideicomiso Historia de las Américas, 1993, pp. 85-90. También la colaboración de Josefina Vázquez en esa misma obra, la cual es un antecedente de la que ahora reseño: “El federalismo mexi- cano, 1823-1847”, p. 15-50], pese a que la definición del verbo federar sea la de hacer la unión o pacto de varias entidades y su resultado sea la fede- ración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La misma obra de Benson [La diputación provincial y el federalismo mexicano, p. 9], la iniciadora del revisionismo sobre el tema, consideraba al federalismo como parte de un proceso de descentralización, es decir, admitía sin discusión el significado latinoamericano del término.
Indicaciones
En cambio, El establecimiento del federalismo explica un fenómeno diferente: cómo las provincias, que gozaban de autonomía (por la instauración de las intendencias, la aplicación de la Constitución de Cádiz, la guerra iniciada en 1810, la caída del imperio en 1823, por no hablar de la misma geografía de un enorme territorio), consi- guieron unirse, federarse, para constituir una república que diera facultades tanto al gobierno general como a los de los estados. […]
Al abordar la construcción de la república federal desde la perspectiva de las provincias en tránsi- to de convertirse en estados soberanos, queda claro que más que un momento secesionista, 1823 fue el año de los esfuerzos, desde varios lugares, para alcanzar una unión que al tiempo de preservar la soberanía recién alcanzada con la independencia, garanti- zara el autogobierno de las entidades territoriales integrantes del nuevo país. La perspectiva nacional presente en obras como las de Manuel Calvillo o José Barragán (no obstante ser tan precisas
y no aceptar la tesis un federalismo exógeno impuesto en una tradición centralista), planteó el establecimiento del federalismo más como un proceso de descentralización y no tanto como el de la unión de estados soberanos. Esta interpretación se reforza- ba por limitar el periodo de estudio a 1823 y 1824 (como señala Hira de Gortari en su colaboración para el libro) y cuando mu- cho a los años de la guerra de independencia y del constituciona- lismo gaditano.Entre las Líneas En uno de los mismos capítulos que integran esta obra puede apreciarse cómo reducir el periodo a los meses que van de la caída de Iturbide al inicio de la presidencia de Gua- dalupe Victoria y centrar la atención en la política nacional, y no en la regional, hace presente la interpretación tradicional de un país en vías de descentralización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). [Me refiero a Reynaldo SORDO CEDEÑO, “El Congreso Nacional: de la autonomía de las provincias al compromiso federal”. Claro que no es la intención del autor proponer la hipótesis mencionada, antes bien, se trata de lo contrario; sin embargo, el estudio de los dos Constituyentes (el reinstalado tras la caída de Iturbide y el que lo sucedió) impuso los límites cronológicos y la perspectiva.]
Hay algunas líneas que [son comunes a la mayoría de los Estados de la Unión]como la importancia de las éli- tes económicas en la definición de los nuevos estados o las difíci- les negociaciones entre el gobierno federal y los estatales (y entre éstos y los municipios) por obtener los recursos necesarios para el funcionamiento de las nuevas instituciones. [Se insiste también] en la relevan- cia de los ayuntamientos como instituciones mediante las cuales los pueblos y los ciudadanos consiguieron representación y par- ticipación en la toma de decisiones y la configuración de cada entidad soberana.
Puntualización
Sin embargo, también puede apreciarse cómo, en casi todos los casos, los Constituyentes locales temieron a la “dispersión de la soberanía” (como dice Cecilia Zuleta…en [las] razones del federalismo peninsular yucateco) y algunos de ellos, como el de Michoacán y el del Estado de México, esta- blecieron requisitos más cerrados para establecer ayuntamientos y, así, disminuir su número.
A l contrario de lo que sucedió en relación con la federación, en la mayoría de los estados los gobiernos locales prefirieron centralizar el poder, aunque no siempre consiguieron revertir la “revolución territorial en los pueblos” promovida por la Consti- tución de Cádiz, según la conocida tesis de Antonio Annino.Entre las Líneas En este sentido, el caso de Tlaxcala es muy interesante, pues no con- taba con un gobierno estatal que presionara a los municipios. [Aquí existieron] debates entre quienes deseaban la anexión a Puebla (el grupo de Huamantla) y aquellos que favorecían el autogobierno, como José Miguel Guridi y Alcocer. […]
Casi todos [resaltan] la impor- tancia de los problemas fiscales y el modo como cada estado intentó resolverlos.
Puntualización
Sin embargo, hay algunos autores […] que ponderan este punto como fundamental pa- ra comprender cómo Puebla, el Estado de México y Guanajuato, respectivamente, consiguieron afianzar su autonomía por medio del establecimiento de contribuciones, frente a una federación imposibilitada por la Constitución para obtener ese tipo de re- cursos. De la misma manera, aunque en todos los casos se ponga atención a las élites locales, [algunos] consideran que éstas son uno de los factores explicativos más completos de la opción federalista en los estados que ellos estu- dian; aunque no tanto como Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva, quien se declara “por abordar el establecimiento del siste- ma [federal] como el producto de la pugna de fuerzas sociales existentes, las cuales fueron representadas en la arena política por medio de sus diputados, cuerpos político-administrativos, escritores y fuerzas militares”. […]
Es cierto que en Chiapas, por haber pertenecido al reino de Guatemala hasta 1821, debió presentarse, por parte de la élite coleta y de Juan Pablo Anaya, una campaña de mexicanización, pero tengo la impresión de que lo mismo sucedió en el resto del país. A l hallarse en el extremo sudeste, en colindancia con la república de Centroamérica y dada su cercanía con el istmo de Tehuantepec, lugar de mayor importancia por la posibilidad de construir un paso interoceánico, la incorporación de Chiapas a México se convirtió en un asunto de seguridad nacional para el secretario de Relaciones Exteriores, Lucas Alamán, y para otros miembros del Poder Ejecutivo de aquellos años.Entre las Líneas En el otro ex- tremo de la República, Sonora y Sinaloa presentarían también características peculiares que hacen un caso único. Sociedad de frontera, en permanente estado de guerra y controlada por algu- nos grandes terratenientes y comerciantes, sin embargo, no con- taba con suficiente fuerza y población para constituir, de momento, dos estados, de ahí la erección de esa especie de sia- més político que duraría poco tiempo. N o obstante, se constitu- yó el estado de occidente, suerte que no le cupo a Tlaxcala, a pesar de (o tal vez, por) los grandes privilegios con los cuales contó durante el virreinato. A punto de incorporarse a Puebla, la defensa de la autonomía hecha por José Miguel Guridi y Alcocer le valió ser independiente, pero no soberana, al quedar como te- rritorio federal.
Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas […] comparten muchas características. Sociedades norte- ñas (más incorporadas, al parecer, que Sonora y Sinaloa), aparta- das del resto del país, estuvieron en los planes de José Miguel Ramos Arizpe para formar un único estado.
Puntualización
Sin embargo, como dice Jáuregui, si en términos nacionales, se impuso el tipo de fe- deralismo impulsado por Ramos Arizpe en el Constituyente de 1823-1824, en la región, Servando Teresa de Mier tuvo su des- quite al separar Nuevo León de Coahuila.
Otros Elementos
Además, pese a las semejanzas, había diferencias. Las Tamaulipas habían sido colo- nizadas en tiempos más recientes y contaban con el litoral del golfo de México, lo cual hacía de ésa una región en crecimiento y aumentaba su importancia. Coahuila, por su parte, tuvo que car- gar con los problemas generados por Texas, que se le incorporó para no quedar como territorio federal, pero que también pre- sentaba una situación única: la colonización de angloamericanos, la especulación de tierras y la presencia de la esclavitud. Por esos problemas y las diferencias entre Saltillo y Monclova, según nos cuenta Sheridan, la Constitución estatal no estuvo lista, sino has- ta 1827. Otro conflicto de ciudades se presentó entre Mérida y Campeche, pero no hay muchas más coincidencias entre el esta- do norteño y Yucatán. Casi una ínsula, los meridanos volteaban más a La Habana que a México. Es cierto que había alguna idea de pertenecer a la nación, por más difusa que ésta fuera, pero los intereses y la misma supervivencia económica de una élite imponían desobedecer a la federación en un asunto tan deli- cado como la guerra con España.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
En Yucatán, el gobierno estatal consiguió frenar el crecimiento de los municipios.Entre las Líneas En Oaxaca esto no se presentó. Los conflictos entre la diputación provincial y el ayuntamiento de la capital y la gran cantidad de repúblicas de indios dieron a ese estado el ma- yor número de ayuntamientos en todo el país.Entre las Líneas En otros lugares, los gobernantes de Michoacán y de San Luis Potosí tuvieron más suerte en su pugna con los pueblos.
Informaciones
Los dos son, por su- puesto, casos únicos. N o puede explicarse cómo la élite potosina cerró filas sin la presencia de Antonio López de Santa Anna y la posibilidad de la erección del estado de la Huasteca. Por su par- te, la riqueza y la importancia de la vieja Valladolid marcaron el peculiar desarrollo del federalismo michoacano, tan modera- do, si se quiere, como el de Guanajuato, pero igualmente celoso de la autonomía recién conseguida. Claro que en la integración guanajuatense a la federación debió contar que Lucas Alamán era de ahí, pero las negociaciones del secretario de Relaciones Exteriores (con las amenazas y la coacción) también fueron im- portantes en otros casos, como Jalisco, quizá el estado más radi- cal en los años de 1823-1824, pues sus dirigentes, como los de Zacatecas, hubieran preferido una confederación (semejante a Estados Unidos diseñados por los artículos de la Confederación de 1777) y no una federación (que tampoco fue como la de 1787, pues como bien insisten los autores, la Constitución de 1824 di- señó un gobierno sobre estados y no sobre individuos).
Ante tal panorama de diversidad, resulta inútil insistir en la excepcionalidad de casos como el de México, Puebla y Veracruz.Entre las Líneas En este último, la falta de una dirigencia indiscutible en todo su territorio, la presencia española en San Juan de Ulúa, y el con- flicto entre una diputación provincial reciente y la institución más vieja del virreinato, el ayuntamiento veracruzano, se compensó con la importancia del mismo puerto, la mayor aduana (ver su definición; pero esencialmente es una oficina pública encargada del registro de los bienes importados o exportados y del cobro de los tributos correspondientes; ver despacho de aduana y Organización Mundial de Aduanas) del país, necesaria para que cualquier gobierno nacional se mantu- viera. Ahí, también se combatió la proliferación del autogobierno de los pueblos y se intentó mantener el patronato eclesiástico, no obstante la dificultad de tener tres diócesis con catedrales en otros estados.
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Sin embargo, pese a las diferencias en todos los casos, hay elementos comunes. Incluso los, en apariencia, centra- listas México y Puebla, aprendieron las ventajas del autogobier- no. El triunfo poblano al establecer una diputación provincial tras su adhesión al Plan de Iguala, se complicó con la presencia de José María Morán, jefe político y, en 1823, jefe del Ejército Libertador. Por su parte, la riqueza del Estado de México, su po- sición central, el peso de su historia, no fueron suficientes para que sus dirigentes mantuvieran su centralismo, pues pronto debieron hacer frente al gobierno federal y defender su autono- mía. Como puede verse, es difícil hacer generalizaciones en la formación del federalismo en nuestro país. Cada región, cada es- tado, tiene una historia que contar. N o obstante, como señala Martínez Assad para Tabasco, todos tuvieron que aprender a darse instituciones diferentes de las novohispanas y a negociar para poder integrarse al resto del país.
Detalles
Por último, pese a lo difí- cil que sea definirlo, en todos los casos se presentaba un senti- miento de pertenencia a una nación, la mexicana, que se estaba construyendo con dificultades y vicisitudes. […]
En verdad, todavía es una incógnita có- mo se arregló el gobierno federal (si es que lo hizo) con las élites, los ayuntamientos y los pueblos de Colima, Nuevo México y las Californias.
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