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Alternancia en el Poder

Alternancia en el Poder

Término francés (alternance politique) que se ha asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como «associate» en derecho anglo-sajón, en inglés) con el traspaso de poder de una parte a otra en varios lugares del mundo, pero sobre todo en partes del África occidental francófona, y en especial, en la historia política del Senegal. Hacia el final de los cuarenta y un años en que la Unión Progresista Senegalesa (que más tarde pasó a llamarse Partido Socialista) ocupó el cargo, los dirigentes de la oposición y algunos grupos de la sociedad civil sostuvieron que un país no puede llamarse democracia si se caracteriza por el dominio continuo de un partido político, incluso si funciona con un sistema multipartidista.Entre las Líneas En este entendimiento, la voluntad del gobierno de aceptar la derrota y permitir la alternancia es la verdadera medida de la democracia.

La democracia se define de forma más sencilla como "el gobierno del pueblo". La democracia, por lo tanto, se basa en dos principios fundamentales:

- Participación política: las decisiones políticas clave las toma el pueblo. Esto se refleja en la idea del gobierno del pueblo.
- Igualdad política: cada ciudadano tiene una oportunidad libre e igual de influir en las decisiones políticas. Esto se refleja en la idea de la igualdad de la ciudadanía

En la práctica, existen varios modelos de democracia que compiten entre sí. Aunque la democracia se presenta en una amplia variedad de formas diferentes, la distinción clave es entre la democracia directa y la democracia representativa:
- En la democracia directa (véase más detalles al respecto en este recurso), el pueblo toma las decisiones políticas por sí mismo. La eficacia de la democracia directa se basa en el grado de participación popular en el gobierno.
- En la democracia representativa (ver más detalles sobre este tipo en el presente recurso), el pueblo simplemente elige quién tomará las decisiones en su nombre. La eficacia de la democracia representativa se basa en el grado de control popular sobre el gobierno.

Democracia directa La democracia directa (véase más detalles al respecto) se asocia a los orígenes de la democracia propiamente dicha, que suelen remontarse a la antigua Grecia, y en particular a su ciudad-estado o polis preeminente, Atenas. Entre el 500 y el 322 a.C., en Atenas funcionó una forma de democracia que ha servido desde entonces como modelo de democracia "clásica". Sin embargo, la democracia ateniense (ver más detalles) era una forma muy particular de democracia, muy diferente de las formas que se encuentran en el mundo moderno. En particular, se basaba en un nivel muy alto de participación popular en el gobierno. Los ciudadanos atenienses se gobernaban a sí mismos mediante un sistema de reuniones populares de masas. Sin embargo, la antigua Atenas era, en otros aspectos, muy poco democrática para los estándares modernos. Los "ciudadanos" de Atenas constituían sólo una pequeña minoría de los que vivían en la ciudad estado. Entre los grupos excluidos de la influencia política se encontraban las mujeres, los hombres clasificados como "inmigrantes" (a pesar de que muchos de ellos procedían de familias que habían vivido en Atenas durante muchas generaciones) y los esclavos, que constituían al menos tres quintas partes de la población de Atenas. Esta forma de democracia se considera en general bastante inviable en las condiciones políticas modernas. Los ciudadanos atenienses dedicaban mucho tiempo y energía a la actividad política. Además, podían reunirse en un mismo lugar. ¿Cómo puede lograrse un nivel tan alto de interacción cara a cara en sociedades compuestas por decenas o cientos de millones de personas? Si se espera que los ciudadanos realicen todas las tareas de gobierno, ¿cómo pueden encontrar tiempo para dedicarse a otras actividades? La respuesta en la antigua Atenas era sencilla: los extranjeros y los esclavos hacían la mayor parte del trabajo, y las mujeres se ocupaban de la vida familiar. Sin embargo, el modelo clásico de participación directa en la vida política se ha mantenido vivo en los gobiernos locales de algunas partes del mundo. Ejemplos de ello son las reuniones de los municipios de Nueva Inglaterra en Estados Unidos y las asambleas comunales que funcionan en los pequeños cantones suizos. La democracia directa se utiliza en la política moderna para complementar, más que para sustituir, la democracia representativa (ver más detalles). Sin embargo, en los últimos años se ha observado una tendencia constante, evidente en el Reino Unido y en otros países, hacia un uso más amplio de la democracia directa. Esto se ha producido porque se ha visto que las democracias representativas sufren un aumento de la apatía política (la ausencia de interés o entusiasmo por el proceso político, que suele reflejarse en la falta de voto y la baja afiliación a los partidos) y una creciente desilusión popular con la política. La gran ventaja de la democracia directa es que refuerza la participación popular en el gobierno, haciendo que la participación parezca significativa porque pone el poder directamente en manos de los ciudadanos (véase más abajo). El creciente interés por la democracia directa se pone de manifiesto en el mayor uso de los referendos en los últimos años y en las propuestas para aumentar la participación popular mediante, por ejemplo, jurados ciudadanos o democracia electrónica o digital.

Ventajas de la democracia directa

  • La democracia genuina: La democracia directa es la única forma pura de democracia, ya que
    garantiza que los ciudadanos sólo obedezcan las leyes que ellos mismos elaboran. La participación popular en el gobierno es la esencia de la libertad: es la forma en que el pueblo determina su destino colectivo, su "voluntad general". La democracia representativa siempre significa que hay un abismo entre el gobierno y el pueblo.
  • Desarrollo personal: La democracia directa crea ciudadanos mejor informados y con más conocimientos. En este sentido, tiene beneficios educativos. La participación popular directa y regular en el gobierno anima a la gente a interesarse más por la política y a entender mejor su propia sociedad, tanto cómo funciona como cómo debería funcionar.
  • Fin de la política profesional: La democracia directa reduce, o elimina, la dependencia de los ciudadanos de los políticos profesionales que se sirven a sí mismos. La democracia representativa confía demasiado en los políticos, que siempre pueden distorsionar la opinión pública imponiendo sus propias opiniones y preferencias. Por tanto, equivale a un "gobierno de los políticos", que actúan sólo en nombre del pueblo.
  • Gobierno legítimo: La democracia directa garantiza que el gobierno sea legítimo, en el sentido de que es más probable que los ciudadanos acepten las decisiones que ellos mismos han tomado. Cuando los ciudadanos toman directamente las decisiones políticas, tienen que asumir la responsabilidad de las mismas: no hay nadie más a quien culpar. Esto ayuda a garantizar un gobierno estable.

La democracia representativa

La democracia representativa es la forma de democracia dominante en el mundo moderno. Es, de hecho, la característica principal de la democracia liberal (ver más detalles), el tipo de régimen más común en la política contemporánea.

La democracia representativa es una democracia electoral: es una forma de decidir quién debe decidir. En una democracia representativa, las personas adquieren el poder de tomar decisiones políticas mediante una lucha competitiva por el voto del pueblo. Los que ganan las elecciones pueden decir que "representan" al pueblo. Es, por tanto, una forma de gobierno por parte de políticos profesionales. Mientras que la democracia directa se basa en el principio de la participación popular, la democracia representativa funciona sobre la base del control popular: formas de garantizar que los políticos profesionales representen al pueblo y no a sí mismos. Esta es la función de las elecciones. El público elige, a través de las urnas, quién gobernará en su nombre. Y lo que es más importante, esto permite "echar a los sinvergüenzas". Los políticos saben, por tanto, que sólo pueden ganar o conservar el poder si sirven al pueblo. Si no lo hacen, serán destituidos. Pero no todas las elecciones son "democráticas".
La condición básica de la democracia representativa es la existencia de elecciones democráticas. Estas son elecciones que se basan en las siguientes reglas:

  • Elecciones libres, justas y regulares: los votantes pueden expresar sus propias opiniones
  • Sufragio universal: todos los adultos pueden votar
  • Competencia entre partidos y candidatos: los votantes pueden elegir.

El punto fuerte de la democracia representativa es que pone el poder último en manos de los ciudadanos -el poder de decidir quién gobierna-, mientras que deja la elaboración de las políticas cotidianas en manos de expertos (políticos profesionales). Por tanto, se basa en un compromiso entre la necesidad de un "gobierno por el pueblo" (participación popular) y la necesidad de un "gobierno para el pueblo" (gobierno en interés público) (véase Ventajas de la democracia representativa). Sin embargo, los críticos alegan que la democracia representativa no es más que una forma de democracia de fachada. El acto de votar cada pocos años es, en el mejor de los casos, un ritual democrático; y, en el peor, beneficia al gobierno más que al pueblo. Como decía el eslogan anarquista: "No votes, el gobierno siempre gana". Por tanto, los gobiernos gobiernan en nombre del pueblo, pero, en la práctica, el pueblo puede tener poco control significativo sobre el gobierno. Otras preocupaciones sobre la democracia representativa han surgido de la confusión sobre cómo hacen exactamente su trabajo los representantes. ¿Cómo "representan" al público? ¿Actuando en su interés? ¿Llevando a cabo las políticas con las que ganaron las elecciones? ¿O pareciéndose a ellos? La naturaleza de la representación se analiza con más detalle en otra parte de esta plataforma digital.

Beneficios de la democracia representativa

  • Democracia practicable: La democracia directa sólo es posible en comunidades relativamente pequeñas, especialmente en forma de gobierno por reunión de masas. La democracia representativa es la única forma de democracia que puede funcionar en sociedades grandes y modernas. Por tanto, es una solución práctica al problema del gobierno popular.
  • Gobierno por expertos: Representativa. La democracia representativa pone la toma de decisiones en manos de políticos que tienen mejor educación y mayor experiencia que la masa del pueblo. Por lo tanto, pueden
    gobernar para el pueblo utilizando su conocimiento superior para actuar en el interés público.
  • División del trabajo en la política: Uno de los inconvenientes de la democracia directa es que implica que la política es el trabajo de todos los ciudadanos, lo que restringe su capacidad para llevar a cabo otros deberes y actividades. La democracia representativa es más eficaz porque los ciudadanos de a pie se ven liberados de la carga de la toma de decisiones diaria: simplemente tienen que elegir a quien quieren que les gobierne.
  • Estabilidad política: La democracia representativa mantiene la estabilidad política al contribuir a distanciar a los ciudadanos de a pie de la política, lo que les anima a aceptar compromisos. Cuanto más involucrados estén los ciudadanos en la toma de decisiones, más apasionados y comprometidos pueden llegar a estar. Un cierto nivel de apatía es útil para mantener la estabilidad política.
El Senegal experimentó su primer traspaso de poder a través de las urnas en 2000, cuando la coalición SOPI (cambio) de Abdoulaye Wade asumió el poder con el 58% de los votos en una segunda vuelta contra Abdou Diouf del Partido Socialista.

El diccionario INEP lo describe de la siguiente forma:

Es el fenómeno político de que ninguna persona o grupo tiene el monopolio del poder en forma permanente, sino que es ostentado por diferentes personas y grupos con diferentes ideologías, programas o intereses, que se suceden en él por períodos. Se aplica especialmente al Poder Ejecutivo como el desempeño sucesivo del gobierno por personas distintas, pertenezcan o no al mismo partido. Es una característica de los regímenes republicanos, en los cuales los cargos públicos se ocupan temporalmente conforme a periodos previamente determinados por la ley, sin que pueda prolongarse dicho lapso; se trata de que mediante la renovación periódica de los puestos públicos por medio de elecciones, la ciudadanía tenga oportunidad de ejercer control sobre sus gobernantes y de que todos los ciudadanos puedan tener alguna oportunidad de ocuparlos.

La alternancia se limita cuando existe la posibilidad de reelección; pero aun en este caso, se restringe el número de veces en que una persona puede ser reelecta para el mismo puesto, por ejemplo, en Estados Unidos, el Presidente solo puede aspirar a una reelección.

La alternancia en el poder es un elemento fundamental de la democracia porque aun en el caso hipotético de que la permanencia en el gobierno sea producto de elecciones libres, ajenas a la coacción o al fraude, el continuismo indefinido tiende a generar personalismos y autocracias que más temprano que tarde amenazarán los comicios libres y usarán todos los medios a su alcance para perpetuarse en el poder. Por eso para algunos, la mera sustitución de personas en los cargos gubernamentales no es una verdadera y plena alternancia, si no existe un cambio del partido en el poder, ya que de otro modo se prolongan los mismos intereses en el gobierno, pese a que no exista la reelección.

En consecuencia, la alternancia requiere de la existencia de un régimen democrático que permita la competencia real y equitativa de los partidos políticos, así como la expresión periódica de la voluntad ciudadana mediante un sistema electoral eficaz, objetivo e imparcial.

Asimismo, exige el establecimiento de un servicio civil o de un sistema similar de profesionalización de la burocracia, para dar estabilidad a la administración del gobierno y para evitar que los puestos, recursos, servicios, concesiones, etc., se conviertan en botín (véase qué es, su concepto; y también su definición como «booty» en el derecho anglosajón, en inglés) de los partidos triunfantes, con grave perjuicio para la eficiencia, moralidad e imparcialidad del gobierno, que debe gobernar para todos, así como para la democracia, porque fomenta el clientelismo.

Sin embargo, la alternancia es solo el primer paso para la consolidación de la democracia, pero no es suficiente. Históricamente, construir una democracia ha sido un proceso continuo, con frecuencia sangriento, largo, lento y difícil, de cambios y equilibrios tan incesantes como la dinámica de las sociedades y de los problemas que enfrentan para su desarrollo y sobrevivencia.

Home Page ImageEstablecer una democracia es un proceso que requiere que un compromiso permanente de pluralismo político permee a toda la sociedad, a la cultura, a la economía, y no solo a las estructuras gubernamentales, de modo que el mayor número de actores con una mentalidad y fé democráticos participe en la vida política y cívica, dentro de una amplia dispersión del poder político, económico, cultural y social.

De ahí que autores como López Rosas, señalen la necesidad de una «consolidación democrática» que es un «sistema concreto de instituciones que, bajo condiciones políticas y económicas dadas, se convierte en el único concebible y nadie se plantea la posibilidad de actuar al margen de ellas; por lo tanto, los perdedores solo quieren volver a probar suerte en el marco de las mismas instituciones en cuyo contexto acaban de perder».

A pesar de que hoy la democracia parece ser universalmente reconocida como el sistema ideal de gobierno, es la más débil, confusa, amenazada y compleja de las instituciones humanas; está siempre en peligro, aun en los países desarrollados en donde la pugna por establecerla ha terminado, más en los países pobres, como México, en los cuales la lucha por la democracia todavía tiene que ganar muchas batallas.

El gobierno ejecutivo (y en su versión como ejecutivo político) está formado por las instituciones encargadas oficialmente de gobernar una comunidad política, es decir, de aplicar sus decisiones vinculantes, que pueden ser formuladas, en mayor o menor medida, por las propias instituciones ejecutivas. La estructura, la función y el carácter del ejecutivo han variado ampliamente a lo largo del tiempo, y ningún marco conceptual único puede revelar todas esas variaciones y sus consecuencias. Sin embargo, ciertos fundamentos son claros, y en ellos podemos concentrar nuestra atención. Las dos formas estructurales más frecuentes del ejecutivo son el sistema presidencial y el sistema de gabinete. La fuente del poder ejecutivo ha pasado del derecho hereditario, la cooptación y el uso de la fuerza a la elección, ya sea directa o indirecta. La legitimidad del poder ejecutivo se ha secularizado; la "tradición", el origen divino y otras formas de apelación a las fuerzas ocultas han dado paso a criterios racionales de logro y aprobación popular. Las principales funciones del ejecutivo político contemporáneo están siendo desempeñadas cada vez más por estructuras especializadas; estas funciones son la representación e integración, el liderazgo, la deliberación y la toma de decisiones, el control y la supervisión de los órganos de decisión y ejecución subordinados. Por último, la responsabilidad y la rendición de cuentas del ejecutivo se han institucionalizado mediante la aceptación y el uso de procedimientos regulares.

Las generalizaciones anteriores pueden ser válidas para los sistemas políticos maduros y desarrollados, pero difícilmente se aplican a las nuevas naciones, que se encuentran en un período de transición. La fuerza sigue desempeñando un papel importante en su vida política, y aún no se ha desarrollado la legitimación de los mecanismos de designación, selección y toma de decisiones. La falta de sentido de comunidad, el bajo nivel de desarrollo y modernización industrial y la confusa configuración de los partidos siguen caracterizando a las nuevas naciones: el carisma y las relaciones personales son más importantes que las instituciones y los procedimientos legitimados; los papeles y funciones gubernamentales y las estructuras correspondientes, incluido el ejecutivo, son indiferenciados; las facciones suelen jugar el juego de la política sin aceptar las reglas generales, y el liderazgo ejecutivo es inestable debido a la prevalencia de las luchas entre facciones. Existe una brecha entre la forma y el fondo en las nuevas naciones, de modo que, si bien la mayoría de ellas han copiado los arreglos constitucionales formales y escritos de las sociedades desarrolladas, en particular la organización del ejecutivo, no han logrado hasta ahora dotar a esos arreglos de los correspondientes papeles y funciones políticos. Con raras excepciones, el ejecutivo es el líder político que ha alcanzado el poder y las estructuras ejecutivas son sólo una maquinaria temporal y fluida que sirve a su gobierno. Sólo en unas pocas sociedades en desarrollo -en particular en la India, Ceilán y algunas de las democracias estables de América Latina- se están empezando a diferenciar claramente las estructuras ejecutivas y las funciones correspondientes.

Cuando la Convención Federal se reunió en Filadelfia, Pensilvania, en 1787 para redactar la Constitución, la monarquía era el principal tipo de poder ejecutivo del mundo. Y en buena parte, lo mismo sucedió en la época de la redacción de las primeras constituciones hispanoamericanas. El delegado de Virginia, James Madison (1751-1836) y la mayoría de los demás delegados temían tanto el poder ejecutivo como la debilidad del ejecutivo, considerando el primero como la semilla de la tiranía del gobierno extremo de una persona y el segundo como el manantial de la anarquía, de un gran caos.

Al escribir la Constitución, los delegados de la convención se esforzaron por crear una presidencia que fuera lo suficientemente poderosa para dirigir el país pero no lo suficientemente poderosa para dominarlo. La presidencia que desarrollaron tenía raíces en las historias de la República Romana, el Imperio Británico y las colonias y estados americanos, en los escritos de los filósofos políticos y en la experiencia de América bajo los Artículos de la Confederación.

La República Romana

La República Romana, que se centraba en torno a la ciudad de Roma en lo que hoy es el país de Italia, duró desde alrededor del 509 a.C. hasta el 27 a.C. Los gobiernos que gobernaron durante este período fueron republicanos hasta cierto punto. Un gobierno republicano es aquel en el que el poder reside en el pueblo, que lo ejerce a través de representantes elegidos. Durante la República Romana, a todos los hombres adultos libres se les permitía votar para elegir representantes. Las mujeres y los esclavos no podían votar, por lo que no era una verdadera república.

El gobierno de la República Romana que más influyó en los hombres que escribieron la Constitución de los EE.UU. fue el que funcionó hasta alrededor del 200 a.C. Contenía dos cónsules o diplomáticos, un Senado y dos asambleas de representantes. Los cónsules eran generales militares que servían como jefes ejecutivos de la república, muy parecidos al presidente de los Estados Unidos. Los cónsules eran elegidos por los hombres que servían en una de las dos asambleas de representantes, llamada la asamblea centurión. La otra asamblea representativa se llamaba la asamblea tribal. Hacía leyes con la aprobación no oficial del Senado.

Los cónsules romanos tenían poderes similares a los de sus predecesores, los reyes romanos, que sirvieron antes del 509 a.C. Según Forrest McDonald en La Presidencia Americana, estos incluían el poder de reunir y comandar ejércitos, gastar dinero público en proyectos de gobierno, servir como líderes religiosos, convocar al Senado y a las asambleas en sesión, presidir el Senado, proponer legislación y juzgar crímenes graves.

Los poderes de la presidencia de los Estados Unidos bajo la Constitución se asemejan a los poderes de los cónsules en muchos aspectos. El presidente es el comandante en jefe de las fuerzas armadas. El presidente tiene el deber constitucional de recomendar la legislación al Congreso. El vicepresidente, que sirve bajo el presidente, es el presidente del Senado, con poder para emitir el voto decisivo cuando todo el Senado está dividido por igual.

La relación de un cónsul con el Senado y las asambleas romanas se asemeja a la relación del presidente con el Congreso según la Constitución. Los cónsules tenían que obtener la aprobación del Senado antes de ir a la guerra. En la práctica, las leyes propuestas por los cónsules tenían que ser aprobadas tanto por la asamblea como por el Senado para convertirse en ley. Los cónsules eran responsables de administrar las finanzas de la República.

De manera similar, según la Constitución, el presidente debe conducir a las tropas a la guerra sólo después de que el Congreso la declare. (En la práctica, sin embargo, la mayoría de las acciones militares estadounidenses se llevan a cabo sin una declaración de guerra del Congreso. Los presidentes a menudo piensan que tienen que proteger los intereses de Estados Unidos en otras regiones del mundo sin el largo proceso público de acción del Congreso. Además, una declaración de guerra tiene consecuencias bajo las leyes internacionales que América puede evitar yendo a la guerra sin declarar la guerra). Los proyectos de ley propuestos por el presidente se convierten en ley sólo después de que son aprobados por ambas cámaras del Congreso, a saber, el Senado y la Cámara de Representantes. Finalmente, el presidente administra las finanzas de la nación a través del Departamento del Tesoro.

Imperio Británico

El gobierno del Imperio Británico fue un modelo primario para la Constitución de los Estados Unidos. Sin duda, Estados Unidos se había separado de Gran Bretaña en 1776 para escapar de la tiranía del Rey Jorge III (1738-1820; reinó de 1760 a 1820) y del Parlamento Británico, o legislatura. Sin embargo, muchos de los delegados de la Convención Federal consideraron que la monarquía constitucional de Gran Bretaña del siglo XVIII era el mejor ejemplo de la historia de un gobierno poderoso sobre el cual construir.

La monarquía constitucional de Gran Bretaña tenía tres órganos principales: el monarca, la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes. El monarca, como rey o reina, era la cabeza simbólica del imperio. Tenía el poder de hacer leyes con el Parlamento, un cuerpo legislativo compuesto por la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes. El monarca también tenía el poder de ejecutar las leyes del reino.

La Cámara de los Lores era la cámara del Parlamento que representaba a los nobles y a la clase rica de Gran Bretaña. La otra cámara, la Cámara de los Comunes, representaba a los comerciantes y trabajadores de Gran Bretaña, también conocida como la gente común.

Carta Magna

En 1215, el Rey Juan de Inglaterra impuso a sus súbditos y a la Iglesia de Inglaterra fuertes impuestos para cubrir los gastos del gobierno. Ese año, las autoridades eclesiásticas y los barones del rey (parte de la nobleza inglesa) amenazaron con una guerra civil si el rey no firmaba un documento para proclamar y proteger sus libertades. Ese documento se llamó la Carta Magna, o Gran Carta.

La Carta Magna sólo protegía los derechos de los hombres libres, e incluso los hombres libres no serían realmente capaces de hacer valer sus derechos durante muchos siglos. Los principios de la Carta Magna, sin embargo, se volvieron míticos e influyeron en el diseño de otros textos, como los del gobierno ejecutivo en la Constitución de los Estados Unidos.

La Declaración de Derechos Inglesa

La Carta Magna no acabó con el gobierno tiránico de Gran Bretaña. De 1685 a 1688, el Rey Jaime II violó las libertades religiosas y otras libertades de su pueblo. Después de que James II fuera depuesto, o removido como rey, en lo que se conoció como la Revolución Gloriosa de 1688-89, el Rey Guillermo III (1650-1702; reinó 1689-1702) y la Reina María II (1662-1694; reinó 1689-94) compartieron el trono, pero sus poderes fueron restringidos por una nueva Declaración de Derechos Inglesa. Adoptada por el Parlamento Británico en 1689, la Carta de Derechos Inglesa fortaleció el poder del Parlamento en la monarquía constitucional.

La Declaración de Derechos Inglesa hizo ilegal que el monarca británico gastara dinero en proyectos no aprobados por el Parlamento. La Constitución de los Estados Unidos le da al Congreso el poder de apropiarse, o asignar, dinero a proyectos del gobierno.

La Declaración de Derechos Inglesa hizo ilegal que los monarcas británicos mantuvieran ejércitos permanentes en tiempos de paz sin la aprobación del Parlamento. La Constitución otorga al Congreso el poder exclusivo de crear y establecer las reglas del ejército y la marina, dejando al presidente la tarea de comandar las fuerzas armadas bajo las reglas del Congreso.

El poder monárquico en el siglo XVIII

De 1765 a 1769, un autor inglés llamado Sir William Blackstone (1723-1780) publicó un tratado de cuatro volúmenes, o ensayo, llamado "Comentarios a las Leyes de Inglaterra". Contenía una descripción detallada de la ley inglesa de la época, incluyendo los poderes del monarca británico. La mayoría de los hombres que escribieron la Constitución de los Estados Unidos dos décadas más tarde estaban familiarizados con la obra de Blackstone.

A pesar de las restricciones enraizadas en la Carta Magna y en la Declaración de Derechos Inglesa, los monarcas británicos tenían un gran poder. Esto incluía un poder casi absoluto sobre las relaciones exteriores. Los monarcas británicos podían enviar y recibir embajadores, o representantes, de y hacia naciones extranjeras. También podían negociar tratados, o acuerdos formales, con esas naciones. Además, los monarcas comandaban las fuerzas militares de Inglaterra. El presidente de los Estados Unidos también tiene todos estos poderes, excepto que el Senado debe aprobar los tratados por un voto de dos tercios.

En los asuntos internos, los monarcas británicos tenían el poder de nombrar jueces para los tribunales y de hacer cumplir las leyes hechas por el Parlamento. También podían emitir indultos. Un indulto excusa oficialmente a alguien de ser castigado por violar la ley. En virtud de la Constitución de los Estados Unidos, el presidente también tiene estas facultades, con la excepción de que el Senado debe aprobar el nombramiento presidencial de los jueces por mayoría simple de votos.

Teóricos

En el diseño del gobierno ejecutivo en las primeras constituciones, sus redactores utilizaron ideas de filósofos políticos, incluyendo, entre otros, a John Locke (1632-1704), Charles Montesquieu (1689-1755), y Jean Louis Delolme (1740-1806).

John Locke

John Locke fue un científico y filósofo inglés que ayudó a lanzar el Siglo de las Luces. El Siglo de las Luces fue un período en los siglos XVII y XVIII durante el cual los hombres usaron la razón para cambiar el estudio de la filosofía y la política. Locke argumentó en el segundo tratado que la rama legislativa del gobierno debe estar separada de la rama ejecutiva. Véase más detalles sobre John Locke.

Montesquieu y la separación de poderes

Charles Montesquieu era un filósofo francés. Su libro "El espíritu de las leyes", publicado en 1748, influyó en los hombres que escribieron la Constitución cuatro décadas después. Al igual que Locke, Montesquieu escribió sobre la importancia de separar el poder ejecutivo del gobierno de los poderes legislativo y judicial. La fórmula de Montesquieu aparece en la mayoría de las constituciones, que otorga al Parlamento o Congreso el poder de hacer las leyes, al poder ejecutivo el poder de hacer cumplir las leyes, y al poder judicial la capacidad de juzgar los casos judiciales bajo las leyes.

Véase más sobre Montesquieu y su concepto de la separación de poderes.

Delolme y el poder de la presidencia

Jean Louis Delolme, de la ciudad de Ginebra, escribió un libro llamado "The Constitution of England; Or, An Account of the English Government". El libro fue publicado en muchas ediciones durante la década de 1780, cuando América adoptó la Constitución de los Estados Unidos. Según McDonald, Delolme fue popular entre muchos reformistas y favorecedores del parlamentarismo, incluido Alexander Hamilton (1757-1804).

El Presidente Americano como Jefe de Gobierno

El presidente, además de jefe de estado, también es el jefe del gobierno. Como tal, el presidente es el jefe ejecutivo, el jefe diplomático, el comandante en jefe y el jefe de la política.

Jefe Ejecutivo

Como jefe del ejecutivo, el presidente nombra a los jefes de los departamentos gubernamentales (que constituyen el gabinete) y a los jefes de los organismos, con sujeción a la aprobación del Senado, y supervisa la labor del poder ejecutivo. Sin embargo, la función administrativa del presidente también es muy limitada. El Senado puede denegar la aprobación de los candidatos presidenciales, como hizo con John Tower, la elección del presidente George Bush como secretario de defensa. A pesar del gran personal de la Casa Blanca, el presidente tiene dificultades para mantenerse al tanto de todas las actividades de la vasta rama ejecutiva. Las oficinas, alentadas por grupos de interés y comités del Congreso, a menudo se resisten y retrasan el cumplimiento de las órdenes del presidente. El poder presidencial de destituir al personal está circunscrito por las decisiones de la Corte Suprema, y las leyes de servicio civil protegen la permanencia de la mayoría de los empleados federales.

El presidente proporciona liderazgo en la legislación. Más que nadie, el presidente establece la agenda del Congreso. Si surgen problemas importantes que requieren soluciones, el Congreso y el público esperan que el presidente ofrezca recomendaciones.

El núcleo del programa legislativo del presidente se transmite en mensajes al Congreso cada mes de enero, comenzando con el discurso del Estado de la Unión, un tratamiento general y amplio de los problemas y políticas nacionales. A continuación se presenta el Informe Económico, acompañado por el documento presupuestario masivo y detallado en sí, que contiene los planes de trabajo financiero para alcanzar los objetivos generales del presidente previamente anunciados.

Posteriormente, el presidente envía mensajes especiales al Congreso, cada uno de ellos dedicado a un solo tema, como los asuntos presupuestarios y financieros, la energía y la educación. Junto con los mensajes especiales, o poco después de ellos, hay proyectos de ley que el presidente insta al Congreso a aprobar. El presidente y los diversos secretarios del gabinete trabajan para persuadir al Congreso de que promulgue la mayor cantidad posible de la legislación propuesta. Cada vez más, los presidentes, para tener éxito en el Congreso, deben construir coaliciones de grupos de interés para apoyar sus medidas.

El presidente también puede ser una fuerza restrictiva para el Congreso. Los presidentes recientes han tratado de frenar los gastos del Congreso. El Congreso y la presidencia, particularmente cuando son controlados por partidos opuestos, pueden estar en desacuerdo en cuanto a sus prioridades. Los presidentes republicanos Richard Nixon y Gerald Ford apoyaron más gastos para programas militares y espaciales y vetaron programas sociales, mientras que el Congreso, controlado por los demócratas, intentó revertir estas prioridades. El presidente republicano Ronald Reagan indujo al Congreso durante su primer mandato a aprobar recortes sustanciales en los programas sociales; aunque el Senado era entonces republicano, la Cámara de Representantes era demócrata y se dejó influir por la gran popularidad de Reagan. Sin embargo, en una rara muestra de unanimidad bipartidista en 1997, un presidente demócrata, Bill Clinton, y un Congreso controlado por los republicanos llegaron a un acuerdo sobre los niveles de gasto federal destinados a lograr un presupuesto equilibrado para el año 2002 (de hecho, los superávit presupuestarios comenzaron mucho antes de eso.) Sin embargo, ese mismo Congreso destituyó a Clinton en 1998 (aunque fue absuelto por el Senado). El demócrata Barack Obama se enfrentó a los republicanos por sus políticas de gasto. Las propuestas de Obama de un programa federal para estimular la economía a la luz de una recesión, así como de una reforma de la atención de la salud, fueron objeto de críticas particularmente republicanas.

Los presidentes recientes han usado frecuentemente el poder constitucional para vetar. En 1975, por ejemplo, el presidente Ford vetó 18 proyectos de ley; el Congreso intentó anularlo 9 veces y lo logró 3 veces. La mera amenaza de veto, como ha demostrado repetidamente el Presidente George H. W. Bush, puede permitir al presidente dar forma a la legislación a su gusto. La anulación es difícil porque requiere dos tercios de los votos en contra del presidente en cada cámara. Cuando sus vetos fracasaron, los presidentes Nixon y Ford en algunos casos confiscaron fondos, es decir, se negaron a gastar lo que el Congreso se había apropiado. Esta práctica fue restringida por la Ley de Control de Presupuesto y Embargos de 1974. La legislación que rige el veto de los "artículos de línea" entró en vigor en 1997, y el Presidente Clinton se convirtió en el primer jefe ejecutivo de los Estados Unidos en ejercer la facultad de vetar determinadas partes de la amplia legislación ya aprobada por el Congreso. Sin embargo, en 1998 el Tribunal Supremo declaró inconstitucional la ley de veto de los artículos de línea, dictaminando que violaba la separación de poderes.

Diplomático Jefe

El presidente es el principal diplomático de la nación. "Yo hago la política exterior estadounidense", dijo Harry Truman en una ocasión, y Thomas Jefferson observó que la conducción de los asuntos exteriores es "totalmente ejecutiva". El éxito en la realización de guerras importantes como las dos guerras mundiales ha ampliado el prestigio y el poder de la presidencia. Sin embargo, la impopularidad de la guerra de Viet Nam, una guerra no declarada, hizo que el Congreso aprobara la Ley de poderes de guerra (1973), que prohíbe las guerras de más de 60 ó 90 días sin la aprobación del Congreso. Los presidentes han impugnado sistemáticamente la constitucionalidad de la ley, aunque el Presidente Bush, antes de iniciar la guerra del Golfo Pérsico, obtuvo la aprobación del Congreso, principalmente para impresionar al Iraq con la unidad de los Estados Unidos.
Como jefe diplomático, el presidente trata directamente con los jefes de los gobiernos extranjeros. Las reuniones en la cumbre con los líderes del Grupo de los Ocho principales países industrializados, por ejemplo, se han convertido en un evento regular para los presidentes recientes. Los presidentes presiden la negociación de los principales tratados con otros países, como el Tratado del Canal de Panamá de 1977-78 o el Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares de 1963. Supervisan las negociaciones sobre el control de armas y trabajan para comprobar la propagación de la capacidad de las armas nucleares a otras naciones.

Comandante en Jefe

Como comandante en jefe de las fuerzas armadas, el presidente es responsable de la seguridad de la nación. El presidente despliega tropas en el extranjero y a veces les ordena entrar en combate para proteger los intereses, la propiedad y las vidas de los ciudadanos estadounidenses. Los presidentes también han utilizado las fuerzas armadas dentro de los Estados Unidos para mantener la paz, y están facultados para imponer la ley marcial, como lo hizo Abraham Lincoln en la Guerra Civil. El presidente es el custodio de las armas nucleares del país; según la ley, el presidente es la única persona que puede ordenar su uso, y la "Caja Negra" a través de la cual se puede enviar esa orden acompaña al presidente en todo momento.

En su calidad de comandante en jefe civil, el presidente encarna el principio de la supremacía civil sobre el ejército. Un ejercicio dramático de este poder se produjo en 1951, cuando el presidente Harry Truman destituyó al general del ejército Douglas MacArthur por insubordinación. El presidente nombra a los Jefes de Estado Mayor Conjunto y a otros comandantes militares, supervisa el presupuesto militar y transmite el desarrollo de nuevos sistemas de armas. El presidente también dirige la participación del país en las alianzas militares.

Los poderes del jefe del Estado Mayor pueden extenderse aún más en tiempo de guerra. El presidente puede encontrar necesario establecer amplios controles sobre la economía, como en la Segunda Guerra Mundial. Un presidente puede incluso interferir con las libertades civiles. Franklin D. Roosevelt lo hizo al aprobar el traslado forzoso de miles de nipoamericanos a la costa del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial (véase Korematsu c. Estados Unidos; Nisei). Durante la guerra del Iraq y la guerra del Afganistán, el gobierno del Presidente George W. Bush aplicó el espionaje interno, duras técnicas de interrogatorio (que muchos habían considerado anteriormente como tortura), la detención indefinida y otras políticas que infringían los derechos individuales.

Elaborador de políticas

El presidente es el más potente responsable de las políticas en materia económica y social. Los presidentes recientes se han preocupado por problemas como la salud, el bienestar, el crimen, la energía, la inflación, el desempleo, la balanza de pagos de los Estados Unidos, la fortaleza del dólar en el extranjero y los déficits del presupuesto federal. La amplia legislación de reforma del impuesto sobre la renta que el presidente Reagan firmó en 1986 representó uno de sus principales objetivos políticos. El presidente y sus asesores también establecen y administran políticas nacionales, dentro de los límites legales, en áreas como la seguridad social, la educación y otros asuntos sociales. Los presidentes John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson alentaron el movimiento de derechos civiles. La Gran Sociedad de Johnson incluía programas de atención de la salud para los pobres y los ancianos, ayuda a gran escala para la educación, una Guerra contra la Pobreza, el embellecimiento de las carreteras y la reducción de la contaminación del aire y el agua. La administración Reagan se movió para recortar el gasto en la mayoría de los programas sociales, en la creencia de que eran demasiado caros, inflacionarios y derrochadores. El presidente H. W. Bush esperaba, en vano, que una economía rezagada reviviera y ayudara a reducir el déficit y a suscribir políticas sociales. Favorecido por una economía mejorada, el presidente Clinton intentó una gran reforma de la prestación de servicios de salud. Sin embargo, tras el fracaso de este esfuerzo, su administración se volvió muy cautelosa en materia de política social. El presidente George W. Bush asumió el cargo en 2001 con una fuerte agenda conservadora que incluía la reducción de impuestos y la disminución del tamaño de la burocracia federal. Logró ambos objetivos al principio de su administración, pero la economía de la nación había caído en una recesión al final de su segundo mandato. Bush tomó una postura agresiva internacionalmente, lanzando guerras en Afganistán e Irak. Cuando Barack Obama asumió el cargo en 2009, no tuvo más remedio que centrarse en la lucha contra la peor recesión desde la depresión de la década de 1930. La administración también hizo de la reforma de la atención de la salud, la independencia energética y la educación sus prioridades.

Una tipología del ejecutivo político requiere una tipología previa de los sistemas políticos. Los dos tipos que discutimos - gabinete y presidencial - representan categorías descriptivas, más que analíticas. Lo mismo ocurre con la distinción ampliamente utilizada entre ejecutivos "débiles" y "fuertes". Un ejecutivo fuerte se ha definido en términos de estabilidad en el cargo y capacidad de tomar y hacer cumplir decisiones. Así ocurre cuando se obtiene el apoyo de los partidos o cuando disposiciones constitucionales específicas garantizan la estabilidad y la independencia del ejecutivo. Los ejecutivos débiles, por el contrario, obtienen cuando los partidos son muchos o carecen de disciplina interna, de modo que el ejecutivo no puede contar con una mayoría disciplinada en el poder legislativo, situación que suele prevalecer en los sistemas de gabinete multipartidista. Así pues, los ejecutivos débiles suelen acompañar a las configuraciones multipartidistas o de partidos débiles, mientras que los ejecutivos fuertes pueden acompañar a los sistemas bipartidistas o de partidos disciplinados. La variable clave es el partido, no las disposiciones constitucionales y de procedimiento. De hecho, se puede argumentar que el "liderazgo ejecutivo" y la "fuerza" en Alemania occidental desde la Segunda Guerra Mundial y en Francia en la Quinta República se derivan de la existencia de un partido mayoritario y no de disposiciones constitucionales.

Para establecer una tipología analítica, utilizaremos los conceptos de poder, legitimidad y toma de decisiones. En términos de poder, se pueden distinguir ejecutivos absolutos y cualificados: el primero está dotado de poderes ilimitados, y el segundo opera dentro de restricciones aceptadas y formuladas. A menos que nos refiramos a satrapías y tiranías extinguidas, será difícil identificar hoy en día a los ejecutivos absolutos. El poder absoluto está calificado de varias maneras: por limitaciones constitucionales (es decir, separación de poderes), por el poder ejecutivo compartido (colegialidad) y por procedimientos claros para asegurar la responsabilidad del ejecutivo político ante el partido o el pueblo. La combinación de limitaciones constitucionales, colegialidad y responsabilidad caracteriza la categoría genérica de los ejecutivos democráticos. La ausencia de tales características o la ausencia de su formulación explícita y su aplicación efectiva tipifica a los ejecutivos en políticas cerradas, siendo las más prevalentes los sistemas totalitarios modernos.

Siguiendo a Max Weber, la base de la legitimidad del ejecutivo puede clasificarse como racional, tradicional y carismática. La legitimidad racional -el desarrollo de instituciones y procedimientos que canalizan la toma de decisiones ejecutivas y, por lo tanto, la legitiman- prevalece tanto en los sistemas totalitarios como en los democráticos. La legitimidad tradicional se asocia generalmente a las sociedades estáticas y primitivas y, por lo tanto, es característica de muy pocos ejecutivos contemporáneos. La legitimidad carismática prevalece sobre todo en las etapas intermedias del desarrollo, en las que la tradición ha explotado, pero la autoridad no se ha institucionalizado ni legitimado. Este tipo incluye muchas de las nuevas naciones afroasiáticas.

Por último, en lo que respecta a la adopción de decisiones, los ejecutivos pueden clasificarse como monocráticos o pluralistas, personales o colegiados, arbitrarios o limitados. Los "síndromes" obvios aquí son el "monocrático-personal-arbitrario" y el "pluralista-collegial-limitado". Pero estos síndromes no encajan claramente en situaciones empíricas, a menos que limitemos nuestras comparaciones de manera arbitraria (por ejemplo, Gran Bretaña contra una dictadura latinoamericana). En términos generales, se puede equiparar el síndrome "monocrático-personal-arbitrario" con los sistemas totalitarios y el "pluralista-collegiado limitado" con los sistemas democráticos si se recuerda que los ingredientes de los seis pueden encontrarse en todos los sistemas políticos contemporáneos. Los tipos sugeridos son sólo tipos analíticos; deben relacionarse cuidadosamente con una teoría generalizada de los sistemas políticos a fin de estudiar las formas empíricas que adoptan y las condiciones en las que es probable que se desarrollen y cambien.

La Oficina del Gobierno Ejecutivo

La oficina ejecutiva está formada por un número de funcionarios elegidos y nombrados responsables del cumplimiento general de las funciones asociadas a ella. El número de funcionarios es generalmente pequeño, veinte o, como máximo, treinta. Si incluimos al personal de la administración pública, los jefes de los organismos de planificación y las industrias nacionalizadas, los científicos más destacados y los funcionarios de defensa que participan en la deliberación y la toma de decisiones, el número rara vez supera el centenar. Si bien el ejecutivo es una entidad colectiva, la responsabilidad última de la toma de decisiones se encuentra a veces en manos de un solo hombre. Este es el caso, en particular, en los sistemas presidenciales y en muchos de los sistemas de gabinete en los que un partido bien disciplinado controla una mayoría en el poder legislativo. En los sistemas totalitarios de un solo partido, el líder del partido está en la ley o en los hechos -y a menudo en ambos- a cargo del ejecutivo. Por otra parte, en varias democracias parlamentarias multipartidistas, en particular en los países escandinavos, los gabinetes de coalición representan una verdadera colegialidad de la toma de decisiones y de la responsabilidad. Así pues, visto desde el punto de vista de la adopción de decisiones y la responsabilidad y en función de las disposiciones constitucionales oficiales, las normas prevalecientes en la sociedad y factores tan adventicios como la personalidad y las circunstancias, existe una continuidad entre el auténtico gobierno unipersonal y la auténtica colegialidad. Por lo general, las estructuras son lo suficientemente flexibles como para permitir el paso de una forma a otra, dentro del mismo sistema político. Esto, por cierto, es cierto tanto para los sistemas de gabinete como para los sistemas presidenciales.

Bajo la influencia de los Estados Unidos y de Francia, el sistema presidencial se ha adoptado en diversas formas y con diversos grados de eficacia en América Latina y en el África francófona. El sistema de gabinete, que se originó en Inglaterra, se ha adoptado en la mayoría de los países del continente europeo, en todos los dominios de habla inglesa, en muchas de las antiguas colonias británicas y en muchos de los sistemas totalitarios, sobre todo en la Unión Soviética y Europa oriental. Las diferencias entre los dos sistemas son más formales que sustantivas. En el sistema presidencial, el presidente es elegido por el pueblo. Ocupa el más alto cargo ejecutivo durante un período de tiempo determinado, durante el cual no es políticamente responsable ante el poder legislativo. Todos los altos cargos del ejecutivo son nombrados por él y pueden ser destituidos por él. En el sistema de gabinete, en cambio, el primer ministro y su gabinete son responsables ante el poder legislativo. Son investidos formalmente con el poder ejecutivo por un voto del poder legislativo, y su mandato puede ser suspendido en cualquier momento por un voto adverso.

A pesar de estas diferencias formales, el sufragio universal, el crecimiento de los partidos nacionales y la adopción progresiva de un sistema electoral mayoritario explican las sorprendentes similitudes. En los sistemas presidenciales o de gabinete, la fuente inmediata del poder ejecutivo es la elección y el partido. En el sistema de gabinete, el líder del partido de la mayoría se convierte en primer ministro. Si el partido es disciplinado, es poco probable que derrote al primer ministro. Así pues, si bien el primer ministro es técnicamente responsable ante el poder legislativo, es tan inmune a él como el presidente. En los sistemas totalitarios de partido único que han adoptado el sistema de gabinete -y usamos la Unión Soviética como prototipo- es el partido el que sostiene el liderazgo ejecutivo. Mientras el líder controle el partido (como lo hizo Stalin) o sea aceptado por las altas esferas del partido (el Comité Central y el Politburó), también controla la legislatura y es técnicamente inmune al escrutinio legislativo. Si hay disensiones dentro del partido o si el líder pierde su apoyo en el Politburó y el Comité Central, no puede seguir manteniendo su posición.

Muchas tendencias desde la Segunda Guerra Mundial explican el refuerzo del ejecutivo político. Entre ellas, las más significativas son la adopción generalizada del sistema electoral mayoritario y las reformas constitucionales que establecen el ascenso del ejecutivo sobre el legislativo. Los dos casos más notables son los de Alemania Occidental y Francia. En Alemania occidental la representación proporcional se modificó en gran medida por el requisito de que la mitad de los miembros del poder legislativo fueran elegidos por mayoría. La estabilidad y la independencia del ejecutivo se reforzaron con la disposición de que el canciller no puede ser destituido por un voto del poder legislativo a menos que vaya acompañado de un voto a favor de un sucesor.

En Francia la representación proporcional en las elecciones legislativas fue abandonada en 1958. En las elecciones presidenciales, si ninguno de los candidatos obtiene la mayoría absoluta en la primera votación, la contienda se reduce a sólo dos candidatos en la segunda. En cuanto a las relaciones entre el ejecutivo y el legislativo, se "racionalizó" el Parlamento; se impusieron estrictas restricciones al voto de censura de la Asamblea Nacional, se dio al ejecutivo el control de los asuntos legislativos y de la legislación; se simplificó el sistema de comités y se redujeron drásticamente sus poderes; y se dio al presidente el derecho de disolver la Asamblea Nacional y convocar una elección. La tendencia ha sido la misma, de manera significativa, en Gran Bretaña, donde el control del ejecutivo sobre el Parlamento se hace efectivo a través del control del partido mayoritario, y en los Estados Unidos, donde la iniciativa legislativa ha pasado a manos del presidente y se ha endurecido la disciplina de los partidos en el Congreso.

Desde el punto de vista organizativo, todos los ejecutivos presentan similitudes sorprendentes. El primer ministro o presidente está rodeado de círculos concéntricos de asesores y agentes de personal y de línea: el primero es el círculo inmediato de asesores personales y agentes de enlace; el segundo consiste en organismos de coordinación especializados con funciones que trascienden las responsabilidades departamentales o ministeriales (planificación económica, seguridad nacional, energía atómica, programas espaciales, reorganización administrativa, etc.). ); el tercero es el gabinete, formado por altos funcionarios responsables de la elaboración de políticas y la administración de actividades gubernamentales definidas funcionalmente (asuntos exteriores, comercio, trabajo, bienestar, defensa, etc.); un cuarto círculo está formado por un número creciente de organismos independientes o semiindependientes con responsabilidades de regulación y supervisión, algunos de los cuales operan o controlan servicios económicos. Sin embargo, para tener una visión global del ejecutivo político, debemos ampliar aún más nuestros círculos para incluir otras fuerzas en el sistema político. Están los partidos políticos y los dirigentes de los partidos, a los que hay que persuadir o aplacar; el poder legislativo, cuyo cumplimiento de las medidas políticas es indispensable; los grupos de interés que hay que tener en cuenta; la prensa y el público en general, de los que se debe derivar en última instancia el apoyo; y, por último, otras naciones, diversas organizaciones internacionales y la comunidad internacional en general.

En las nuevas naciones la falta de estructuras estables contrasta fuertemente con las tareas de liderazgo y de toma de decisiones impuestas al ejecutivo. A las dificultades para crear una comunidad política viable, que proporcione unidad donde había faccionalismo y tribalismo, se suman las necesidades inmediatas y urgentes de un rápido desarrollo social y económico mediante la planificación. Esta puede ser también una de las razones de la rápida rotación de los ejecutivos y, en general, de la inestabilidad del ejecutivo. Las cargas que pesan sobre la toma de decisiones y la ejecución de la gestión ejecutiva han sido demasiado pesadas, y los apoyos correspondientes, en forma de sistemas de partidos u organizaciones de grupos de interés, demasiado débiles. También existe una contradicción entre las funciones asociadas a la unificación política y la construcción de la comunidad, por un lado, y las relacionadas con la formulación y aplicación de políticas, por otro. Las primeras tareas requieren un liderazgo personal, el atractivo de los símbolos nacionales y la ideología, mientras que las segundas exigen aptitudes racionales, talento organizativo y una evaluación pragmática de los objetivos y los medios disponibles.

El sistema político puede verse como un mecanismo a través del cual los intereses y demandas se traducen en decisiones. El mecanismo de toma de decisiones debe ser ampliamente aceptado por la comunidad, es decir, debe tener legitimidad. Dado que el ejecutivo político desempeña un papel importante en la transformación de los intereses y demandas en decisiones, tiene, ante todo, funciones de salida. Sin embargo, como también representa y da cabida a los principales grupos sociales y de interés, también desempeña un papel integrador. Además de ser el órgano central de formulación de políticas, también supervisa y controla todos los órganos subordinados de deliberación y ejecución.

Integración y representación

La función integradora y representativa del ejecutivo político es tanto ceremonial como eficiente. El ejecutivo encarna la comunidad política y la representa interna y externamente. Proporciona vínculos efectivos entre los miembros de la comunidad y el Estado. En algunos sistemas políticos el papel ceremonial y simbólico lo desempeña un jefe políticamente irresponsable, el monarca o el presidente de la república. En otros casos, sobre todo en los sistemas presidenciales, las funciones ceremoniales y eficientes se combinan en el mismo cargo y hombre. Son, por supuesto, las funciones eficientes de integración de las que depende la durabilidad de los lazos efectivos que unen a la comunidad con su jefe ceremonial. Por funciones de integración, nos referimos a la representación de demandas e intereses y a la toma de decisiones en consecuencia. Esta es la prueba definitiva del rendimiento. Vincula al ejecutivo con el partido, el legislativo y el público. Es el "guión que une, una hebilla que sujeta" la comunidad al ejecutivo. Para desempeñar este papel integrador, el ejecutivo debe proporcionar liderazgo, toma de decisiones y ejecución.

Liderazgo

El núcleo del poder ejecutivo es el liderazgo. Sin embargo, el liderazgo es un fenómeno que no se entiende bien. Varía de un sistema a otro y de un período a otro. Un líder debe tener la capacidad de organizar, deliberar, decidir y ejecutar y la capacidad de despertar la confianza y el afecto y de obtener apoyo. El carisma -una magia personal de liderazgo que despierta una especial lealtad o entusiasmo popular- es un ingrediente indispensable del liderazgo. Este aspecto del liderazgo está estrechamente relacionado con la capacidad de adoptar una postura determinada y expresar una creencia sin equivocarse. Como señaló John Stuart Mill, "una gran parte del poder político consiste en la voluntad. ... Una persona con una creencia es un poder social igual a noventa y nueve que tienen intereses." Si combinamos los rasgos racionales y carismáticos, el liderazgo debe: a) proporcionar representación e identificación dentro de la comunidad; b) prever los problemas comunes y sugerir soluciones de política; c) proporcionar, a nivel ejecutivo, un fuerte seguimiento de los funcionarios leales; y d) recibir el apoyo popular. Así pues, el ejecutivo político tiene importantes funciones de aportación que desempeñar. Al inyectar nuevas demandas y expectativas o al proponer soluciones, puede fabricar apoyos. Si bien actúa dentro de una estructura determinada de fuerzas políticas, puede reorganizar esas fuerzas y crear nuevos grupos de referencia para obtener apoyo.

Toma de decisiones y deliberación

La teoría política se ha distinguido durante mucho tiempo entre los actos legislativos y ejecutivos. Esta distinción formal ya no es adecuada. En primer lugar, el ejecutivo político puede desempeñar las funciones de dirección tradicionalmente asignadas al poder legislativo. En segundo lugar, posee poderes independientes, por ejemplo, en política exterior y defensa. En tercer lugar, la práctica de la legislación delegada ha otorgado al ejecutivo amplios poderes legislativos, aunque subordinados. Por último, la ley promulgada por el poder legislativo es iniciada, preparada y redactada por el ejecutivo político - la iniciación de la política se ha convertido en una prerrogativa del ejecutivo. El proceso legislativo tiende a ser cada vez más unilateral. En los sistemas totalitarios que han adoptado un gobierno de gabinete, el escrutinio legislativo no tiene importancia, y esto es prácticamente el caso en todos los sistemas de gabinete que tienen un sistema de partidos fuerte y disciplinado. Sólo en los Estados Unidos la legislatura sigue teniendo un poder de escrutinio legislativo y de iniciativa auténticamente independiente. Aun así, la iniciativa del Congreso tiende a limitarse al escrutinio y la enmienda de las propuestas ya presentadas por el ejecutivo.

Para iniciar, decidir y actuar, el ejecutivo debe deliberar. Como resultado, se han multiplicado los organismos de inteligencia, investigación, enlace y personal. Este ha sido el caso en particular de las nuevas actividades gubernamentales que no encajan en la organización tradicional del ejecutivo en departamentos y ministerios: planificación y supervisión económicas; coordinación de la preparación de la política presupuestaria; realización de reformas administrativas para crear nuevas estructuras que puedan hacer frente a las nuevas funciones; y consideración de los asuntos de seguridad nacional desde diversos puntos de vista gubernamentales. Así pues, se han desarrollado nuevos estratos de organismos y oficinas que comprenden lo que puede denominarse la oficina del presidente o la oficina del primer ministro.

La tendencia es universal, pero es especialmente clara en las sociedades desarrolladas, en las que la industrialización ha creado el imperativo de la reglamentación y el conflicto internacional ha hecho hincapié en la coordinación y la preparación para una acción rápida. También refleja una tendencia concomitante en favor de la elaboración de nuevos procedimientos para prever la deliberación previa a una decisión. Habida cuenta de la enorme cantidad de asuntos que requieren decisiones y de la necesidad de conocimientos e información específicos para adoptarlas, la adopción de decisiones se convierte en una cuestión de seguir procesos deliberativos y consultivos. Cada vez más, se convierte en una cuestión de proceso más que de fondo. A su vez, la base de la autoridad del ejecutivo pasa de lo personal a lo procesal. El atractivo del carisma se limita y la tradición ya no se invoca. La base de la autoridad del ejecutivo comienza a coincidir con su capacidad de actuar sobre la base de procedimientos racionalizados. Sólo en las nuevas naciones subdesarrolladas el líder carismático ha desempeñado, y puede seguir haciéndolo, un papel importante. Sin embargo, las situaciones de crisis suelen explicar el surgimiento del gobierno personal en las sociedades desarrolladas. El líder emergente o bien pasa por alto los procedimientos existentes o los deja de lado en un esfuerzo por establecer otros nuevos. En todos los casos, la invocación efectiva del gobierno personal y el éxito del llamamiento a nuevas instituciones políticas están estrechamente relacionados con la legitimidad del sistema político.

Supervisión y aplicación

Si bien ya no es posible mantener la distinción clásica entre deliberación (legislativo) y ejecución (ejecutivo), sigue siendo cierto que el ejecutivo político es el organismo de ejecución en sentido estricto. Supervisa y controla todos los órganos subordinados. Sin embargo, la ejecución, propiamente dicha, es competencia de la burocracia. Las decisiones ejecutivas tienen un alcance general y exhaustivo, y su ejecución detallada está en manos de la administración pública y de los diversos organismos subordinados. El ejecutivo político, sin embargo, sigue siendo responsable de la organización y reorganización de la maquinaria del gobierno. Puede crear y reorganizar departamentos y organismos, establecer las normas de ascenso y contratación dentro de la administración pública y establecer procedimientos para la adopción de decisiones subordinadas. La responsabilidad última por la falta de ejecución eficiente se centrará en el ejecutivo político. Sin embargo, cada vez se entiende más que el ejecutivo político establece los procedimientos que rodean a las decisiones burocráticas sin asumir la responsabilidad directa de su ejecución o de la falta de ella. Se ha desarrollado una división del trabajo entre el ejecutivo político y la burocracia en su conjunto, que se refleja en diferentes evaluaciones de los papeles y funciones y en diferentes normas de responsabilidad.

Véase También

Bipartismo
Centralismo Democrático
Multipartidismo
Pronunciamiento
Voto de sanción
Sistema Político

La invasión rusa de Ucrania

La invasión rusa de Ucrania ha transformado bruscamente el mundo. Millones de personas ya han huido. Un nuevo Telón de Acero se está imponiendo. Una guerra económica se profundiza, mientras el conflicto militar se intensifica, las víctimas civiles aumentan y las pruebas de horribles crímenes de guerra se acumulan. Nuestro trabajo en ayudar a descifrar un panorama que cambia rápidamente, sobre todo cuando se trata de una creciente crisis de refugiados y el riesgo de una escalada impensable.

En el contexto de la Guerra de Ucrania, puede interesar a los lectores la consulta de la Enciclopedia de Rusia y nuestro contenido sobre la historia de Ucrania, que proporciona un análisis exhaustivo del pueblo, la política, la economía, la religión, la seguridad nacional, las relaciones internacionales y los sistemas y cuestiones sociales de Rusia y Ucrania. Estos recursos están diseñados para complementar el estudio de la política comparada, la historia mundial, la geografía, la literatura, las artes y la cultura y las culturas del mundo. Los artículos abarcan desde los primeros inicios de la nación rusa hasta la Rusia actual, pasando por el ascenso y la caída de la Unión Soviética y la anexión de Crimea.

Respecto a la Revolución rusa, se examinan los antecedentes y el progreso de la Revolución. Empezando por los movimientos radicales de mediados del siglo XIX, la Enciclopedia abarca el desarrollo del movimiento revolucionario creado por la intelectualidad; la condición de los campesinos, la de la clase obrera y la del ejército; el papel de la policía secreta zarista; los "agentes provocadores"; la propia clandestinidad de los revolucionarios. Se dedica una sección importante a la aparición de movimientos de liberación entre las minorías nacionales de las zonas fronterizas. La Enciclopedia también considera la formación de las instituciones soviéticas y la aparición de la cultura revolucionaria mucho antes de 1917, así como la política y estrategia de seguridad rusa, y sus relaciones con la OTAN y occidente.

Las Identidades de la Extrema Derecha

Las distintas contribuciones de este recurso sobre la extrema derecha pretenden ir más allá de las cuestiones electorales y situar las manifestaciones contemporáneas de la extrema derecha en una larga historia. Véase también el recurso sobre el conservadurismo político.

En 2002, Jean-Marie Le Pen, candidato del Frente Nacional, llegó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, resultado que provocó una indignación masiva. Veinte años después, la extrema derecha ha ganado un gran número de votos y corazones en Francia, perdiendo por un pequeño porcentaje en la segunda vuelta frente a Macron en 2022. Esta progresión se explica a menudo por el borrado de las antiguas líneas divisorias ideológicas, en un contexto de relegación de los partidos gubernamentales y de «radicalización» general. En resumen, el paisaje político contemporáneo se ve desdibujado por la conjunción de «extremos». Este tipo de análisis sugiere que ahora es imposible definir y circunscribir la extrema derecha, que está atravesada por múltiples tendencias que amplían y completan las viejas adscripciones nacionalistas, populistas y fascistas.

Por el contrario, los textos y estudios presentados aquí muestran que la historia intelectual y la sociología de los distintos grupos locales permiten delimitar los «territorios de la extrema derecha». A pesar de su fragmentación, estos grupos se reconocen en una serie de valores, imágenes y fórmulas de los siglos XIX y XX. Aunque los medios de comunicación y las redes sociales actuales han contribuido a banalizar su discurso, no se puede decir que hayan dado a la extrema derecha un rostro diferente: los medios de comunicación y el público se han transformado ciertamente, pero los medios de acción combinan la novedad y la tradición, como lo demuestran, por ejemplo, en Francia, las pegatinas «Lean a Maurras» que se han colocado recientemente en algunos campus universitarios. Además, estos medios de acción no son muy diferentes de los que se movilizan en el otro extremo del espectro político.

Más allá de las apuestas electorales, las distintas contribuciones de este recurso sitúan las manifestaciones contemporáneas de la extrema derecha en una larga historia, para arrojar luz sobre su poder de atracción: ¿Por qué Orban, un amigo de Putín y lider de un partido de extrema derecha en Hungría, ha ganado las elecciones en 2022 a pesar de la invasión de Ucrania? ¿Por qué se sigue afirmando que sólo hay estilo literario en la extrema derecha? ¿Qué hace que un movimiento monárquico como Action Française, nacido a raíz del asunto Dreyfus, perdure en el tiempo y siga atrayendo a los jóvenes? ¿Cómo consiguen sus activistas, o los de «Génération identitaire» -disuelta en 2021 por incitación al odio y a la discriminación-, seguir movilizados? ¿Qué relaciones tienen estas organizaciones entre sí y con la Agrupación Nacional, en un momento en que ésta juega la carta republicana para mezclarse con las masas? El estudio de las culturas materiales y simbólicas, cruzado con el del funcionamiento interno de las estructuras, permite comprender mejor las razones de la adhesión de los militantes de base, pero también de los ejecutivos.

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