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Bullying Escolar

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Bullying Escolar

Este elemento es una profundización de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]

Problemática del Bullying Escolar

Acoso entre iguales

Entre las situaciones que más preocupan a padres y personal docente se encuentra el acoso escolar, también conocido como bullying. Se trata de un maltrato continuado, a nivel físico o psicológico (o ambos), que deja una profunda huella de humillación y dolor tanto en la persona acosada como en los espectadores de dicha agresión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Muchos psicólogos hacen hincapié en que incluso la persona agresora es en cierta medida una víctima. De ahí que tenga especial importancia saber en qué consiste el bullying (y una de sus formas, cada vez más extendida, el ciberbullying), para poder detectarlo a tiempo y tratarlo, y lo que aun es más importante, para prevenirlo.
La palabra bullying se utiliza para describir el maltrato físico o verbal que se da entre escolares y no tiene un carácter puntual, por tratarse de un acoso prolongado en el tiempo. Este tipo de maltrato entre iguales adopta formas diversas, desde las psicológicas (hacer el vacío, insultos, bromas desagradables…) a las físicas (golpes, empujones, palizas, robos de pertenencias…).

A veces se esgrime el argumento de que el acoso escolar ha existido siempre, en forma de bromas contra los niños que adolecían de algún problema físico (por ejemplo, el “gordito” al que se ridiculizaba por su torpeza o el compañero que por llevar lentes era bautizado como “cuatro ojos”).

Puntualización

Sin embargo, la frecuencia de estas actitudes no las despoja de gravedad: el bullying es una práctica muy grave y moralmente inaceptable, pues va en contra de la dignidad de las personas, además de ser constitutiva de delito y, por tanto, perseguible por la ley.

Una cuestión de percepción

La víctima del bullying es intimidada por su agresor, que se recrea en su abuso de poder.

Puntualización

Sin embargo, no siempre el agresor es más fuerte ni tiene en realidad más poder. La fortaleza del agresor depende de cómo lo percibe la víctima. El alumno que sufre de acoso otorga a su verdugo un poder que quizá no tiene. Romper ese círculo distorsionado de percepción es esencial para combatir el bullying.

Un acoso de mil caras

El acoso escolar puede disfrazarse y adoptar diversas formas, algunas extremadamente sutiles. Hay situaciones, incluso, en que la víctima parece ser el verdugo. Otras veces se confunde con casos de rebeldía y desobediencia.

Recientes estudios distinguen entre cuatro tipologías de bullying, que con frecuencia aparecen combinadas:

Acoso físico. Se traduce en patadas, empujones, golpes (a veces con objetos) u otras agresiones físicas (por ejemplo, esputos). Es una forma de acoso habitual en educación primaria y se da menos en secundaria.
Acoso verbal. Estadísticamente es el más frecuente y engloba la invención de motes, insultos, ridiculización, menosprecios, etc.
Acoso psicológico. Incluye una serie de conductas discretas por parte del agresor, que tienen por objetivo minar la autoestima del agredido, así como incrementar sus miedos y temores (amenazarle con contar algo que le avergüenza, decirle que es incapaz de hacer nada bien, recordarle insistentemente sus errores, compararlo siempre despectivamente con los demás).
Acoso social. Este tipo de agresión está enfocado a aislar al agredido del grupo.Entre las Líneas En este sentido, la soledad y la falta de referentes sociales convierten al joven en una persona muy vulnerable, atemorizada y apática.

Son conductas de hostigamiento o acoso…
· Comportamientos de ridiculización, humillación y desprecio.
· Ninguneo y aislamiento social.
· Coacciones.
· Maltrato y agresiones verbales.
· Robos y deterioros de pertenencias.
· Chantajes y extorsiones.
· Comportamientos de intimidación y amenazas.
· Agresiones físicas.
· Agresiones sexuales.

El perfil psicológico del acosador

Aunque no existe un perfil psicológico único de acosador, pueden establecerse algunos rasgos comunes a las personas que perpetran el bullying.Entre las Líneas En general suelen mostrar falta de empatía: son incapaces de ponerse afectivamente en lugar de la víctima y, por tanto, no pueden entender el sufrimiento que provocan.

Otros Elementos

Además, habitualmente muestran dificultades a la hora de afrontar responsabilidades, y tienden a relegar en otras personas sus deberes morales.

En algunos casos, pueden identificarse en estas personas rasgos psicopáticos, pues experimentan placer al infligir daño.

Hay que desterrar la idea de que los maltratadores pertenecen a familias desestructuradas, que sufren pobreza o violencia doméstica. Se dan casos de maltratadores criados en familias de posición acomodada, donde los hijos tienen todas sus necesidades físicas y emocionales cubiertas.

El perfil de la víctima

Si en el caso del acosador se hacía difícil establecer un perfil único, en el caso de la víctima es más fácil identificar algunos elementos comunes. Por lo general, la persona acosada muestra un elevado nivel de timidez; suele tratarse de chicos o chicas introvertidos, a quienes cuesta establecer relaciones sociales.

Con respecto a los aspectos físicos, las estadísticas indican que la mayoría de las personas afectadas por el bullying suelen ser un varones (aunque cada vez haya más casos de chicas afectadas), con poca fuerza física y, en ocasiones, con algún rasgo que los individualiza (obesidad, lentes, enfermedades…). La persona maltratada acostumbra a presentar una personalidad insegura, inmadura para su edad, así como una baja autoestima; es introvertida y sumisa, y tiene pocos amigos, lo que le genera una elevada ansiedad. Si se analiza su entorno familiar, es habitual identificar un exceso de protección y una gran dependencia de sus parientes.

¿Cómo identificar que un chico está sufriendo acoso?

Padres y educadores suelen ser los últimos en enterarse de un caso de bullying; por tal razón, es muy importante observar a los niños y adolescentes, para detectar estas situaciones. Cuanto antes se individualice un caso de acoso escolar, antes podrá tratarse y menos dramáticas serán sus consecuencias.

Los indicios que pueden servir de alarma son los siguientes:
Cambios en el estado de ánimo. El joven se muestra más triste y abatido de lo habitual sin que existan, en principio, causas objetivas.
Cambios en el comportamiento. El joven se muestra nervioso, distraído, ansioso, olvidadizo y no ofrece ninguna explicación a este repentino cambio conductual.
Evitación de la escuela. De un día para otro, el chico se niega a asistir al centro escolar. Puede hacerlo mediante la negación directa o bien inventado excusas (enfermedades imaginarias).
Desaparición de dinero y de objetos personales o de la casa, sin ninguna justificación.
Constatación de moratones y heridas.

¿Qué hacer ante un caso de bullying?

Identificar una situación de bullying implica la capacidad de identificarse con la víctima, puesto que a ésta le costará explicar cuanto le sucede, sobre todo porque suele sentir una profunda sensación de vergüenza y de humillación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Desde esta perspectiva de cariño y comprensión, lo primero que hay que hacer es detener la situación de acoso, ponerle fin. Para ello, resulta imprescindible advertir al centro escolar sobre lo que está sucediendo, para que entre todos (dirección, profesorado, alumnado y padres) se establezca un plan de acción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La comunicación entre los padres y el centro docente es fundamental para evaluar el seguimiento de este plan de acción.

También hay que fomentar la comunicación con el joven acosado en el ámbito familiar, de tal modo que la víctima de bullying sepa que cuenta con el apoyo incondicional de sus padres, hermanos y demás familiares. La víctima debe reconocerse como tal, y a la vez desestimar la tendencia a pensar que puede haber provocado esta situación con alguno de sus comportamientos: nadie merece ser humillado.
Eb los casos de bullying hay que reforzar la autoestima de la víctima, puesto que el valor que la persona se otorga a sí misma queda profundamente afectado en un caso de acoso (incluso más que las marcas y las heridas que produce el maltrato físico). El niño o adolescente acosado debe volver a quererse; en este sentido, puede ser recomendable animar al chico a integrarse en un nuevo círculo de amigos, que le depare mejor trato. Y si los padres no consiguen que su hijo o hija supere estos problemas, es recomendable que acudan a un especialista en busca de asesoramiento.

Asociaciones de víctimas

Acudir a asociaciones de víctimas de bullying puede ser muy beneficioso, tanto para los escolares acosados como para sus familiares.Entre las Líneas En muchas de ellas se organizan terapias de grupo y reuniones, para que las personas afectadas pueden exponer su situación y sentirse reconfortadas al constatar que su caso no es único.

¿Y si el acosador se encuentra en casa?

En toda situación de bullying se identifica el tándem acosador (o acosadores) y acosado. Si para los adultos supone un gran impacto emocional ser conscientes de que en su entorno hay una víctima de acoso escolar, esta reacción es todavía más dramática cuando se constata que el agresor pertenece al propio ámbito familiar.

Es muy difícil para unos padres aceptar que su hijo es un acosador escolar. No pocas veces, la primera reacción consiste en negar la evidencia.Si, Pero: Pero una vez superada esta fase, hay que colaborar de forma directa con el centro escolar, para planificar y evaluar la evolución de la situación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Por otra parte, los padres deben evitar reacciones de ira y violencia hacia su hijo acosador, puesto que el problema no se arreglaría así, sino que empeoraría.
El tema del acoso escolar debe ser tratado en casa de un modo natural. Es posible que el niño o adolescente acosador no sea del todo consciente del daño que está provocando; quizás crea que son bromas con las que los otros se divierten. Debe explicársele bien claro que la humillación nunca es divertida, y para ello hay que fomentar la capacidad empática (hacer que el joven se ponga en el lugar del otro e imagine qué sentiría si recibiera el trato que él mismo inflige). También es importante advertirle de que este tipo de comportamientos tiene consecuencias jurídicas (el acosador puede acabar en un centro de menores o bajo vigilancia judicial).

Al mismo tiempo, conviene que los padres hagan un ejercicio de introspección y observen de qué modo resuelven sus tensiones como pareja, así como los problemas diarios surgidos en el propio hogar. Si los gritos o la violencia abierta forma parte de la rutina familiar, es muy probable que los hijos apliquen el mismo patrón a sus relaciones escolares y sociales.

Fomentar la autoestima también contribuye a evitar las acciones de bullying: muchos niños y adolescentes que sienten poco aprecio hacia sí mismos, ven en el acoso una manera de reafirmarse y alcanzar cierta popularidad y aceptación social. Los padres deben convencer a sus hijos de que la crueldad genera injusticia y miedo, y jamás amor y estimación.

En caso de padres de los acosadores escolares, se han dado las siguientes recomendaciones:
1. Investigar por qué el hijo es un acosador.
2. No ignorar jamás la situación de acoso.
3. Hablar con los profesores y trabajar conjuntamente.
4. Observar las amistades de los hijos y sus actividades conjuntas.
5. Transmitir confianza al hijo y dejarle claro su amor.
6. Ayudar al hijo a gestionar sus frustraciones.
7. No culpar a los demás de la conducta del hijo.
8. Reforzar las conductas positivas del hijo.
9. Canalizar las conductas agresivas hacia la práctica del algún deporte.
10. Rechazar siempre toda forma de violencia.
11. Animar al hijo a reconocer el error y pedir perdón a la víctima.
12. Indicar lo que sucederá si continúa la agresión (por ejemplo, sus implicaciones jurídicas).

Los espectadores del bullying

El bullying no tiene lugar en un lugar aislado, sino que cuenta con espectadores, a quienes también deja profundamente afectados. Estos espectadores sufren porque asisten a una situación injusta con el silencio por respuesta, lo que resulta sumamente doloroso. Su mutismo favorece al acosador, pero con una elección que no es libre, sino fruto de la coacción: callan por miedo a ser nuevas víctimas de la agresión (véase qué es, su definición, o concepto jurídico), para no perder la popularidad de que gozan o en el intento de no diferenciarse del grupo.

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Esta complicidad forzada no puede borrar la certeza interior del espectador: que debería hablar y denunciar la situación, pero no se atreve, y su falta de coraje le provoca sufrimiento.Si, Pero: Pero quien calla también es agente activo, porque contribuye a la dominación del acosador.

Tan solo un cambio de actitud del espectador puede rompe este círculo, y dicho cambio implica:

Reconocer que el problema de la agresión transciende al propio sujeto acosado.
Romper cualquier complicidad con el agresor.
Fomentar la solidaridad y la empatía con el resto de los compañeros.

La importancia de los espectadores en casos de bullying es tal, que con este cambio de actitud son capaces de poner freno a la situación, transmitir valores de justicia e incrementar la propia autoestima.

Una nueva forma de acoso: el ciberbullying

Las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC), caso de los mensajes telefónicos SMS, el correo electrónico, las páginas web y las redes sociales, tienen numerosas virtudes educativas, pero también pueden convertirse en herramientas de una variedad reciente del acoso, el ciberbullying, o uso de las TIC con fines vejatorios, intimidatorios, hostiles u amenazadores, siempre con la intención de dañar a la persona agredida o beneficiarse de algún modo de ella (por ejemplo, en los casos de acoso sexual).

Las consecuencias del ciberbullying no son distintas de las del acoso tradicional: los niños o adolescentes agredidos presentan un malestar profundo, no quieren acudir al centro escolar ni relacionarse con los demás compañeros, muestran dificultad para conciliar el sueño junto con una profunda depresión, y pueden presentar tics nerviosos (como mecanismo de liberación de tensiones) o retomar episodios de enuresis (orinarse en la cama, durante el sueño).

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Las familias y los docentes tienen que estar muy atentos a tales indicadores, porque las manifestaciones del ciberbullying, en ocasiones son muy sutiles y difíciles de detectar. Los padres deben enseñar a sus hijos el uso responsable de las nuevas tecnologías, y en este sentido deben limitar el uso de móviles y de Internet por parte de los jóvenes, sobre todo en el caso de los menores de 14 años. Asimismo, es importante asimismo que el ordenador se encuentre en un lugar público de la casa (por ejemplo, la sala) y no en la habitación del hijo. Hay que explicar a los chicos que Internet es una ventada abierta al exterior y que allí las cosas no siempre son lo que parecen, por lo que deben mantener su privacidad, sin facilitar datos personales a terceras personas.

Los diez mandamientos de la red

Hay que enseñar a los hijos que la seguridad en la red depende en gran medida del comportamiento que se tenga en este medio. Para ello resulta conveniente seguir el siguiente decálogo:
No hacer en la Red lo que uno no haría en persona. Internet parece garantizar el anonimato, pero esto es una ilusión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Los comentarios, fotos, etc. que se cuelgan en la Red pueden volverse contra uno y pueden ser rastreados.
No facilitar datos personales; es la manera de mantener la privacidad y de estar protegido.
Comportarse con educación manteniendo lo que se conoce como netiqueta.
No creer que se está del todo seguro al otro lado de la pantalla.
No responder a las provocaciones, es preferible ignorarlas y abandonar la conexión.
Si las molestias y agresiones se hacen habituales, no sentir vergüenza y pedir ayuda a padres y educadores.
Si el lugar donde se produce el acoso es un servicio on-line, comunicarlo al gestor.
En caso de acoso, guardar las pruebas.
Indicar a la persona que está siendo grosera o amenazante que está cometiendo un delito.
Si las amenazas parecen serias no demorar la petición de ayuda y acudir a la policía.

El comportamiento según la netiqueta

Por netiqueta se entiende el conjunto de reglas que regulan el comportamiento de un usuario en la Red (correo electrónico, foro, chat…). Es la adaptación de las reglas de etiqueta y buena conducta al mundo de Internet, las nuevas tecnologías y el ambiente virtual. Un ejemplo: en los correos y los chats no está bien visto escribir con mayúsculas, puesto que parece que el interlocultor está chillando.

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Actos de ciberbullying

El ciberbullying se diferencia del acoso tradicional en varios aspectos. Por una parte, requiere que el acosador tenga cierto dominio de las nuevas tecnologías; de otro lado, es un acto de violencia camuflada, puesto que tiene lugar de forma indirecta.

Otros Elementos

Además, se trata de un acoso que no se produce en la calle o el centro escolar, sino que invade los ámbitos más privados del acosado. Finalmente, tiene un número mucho mayor de espectadores potenciales (por ejemplo, un vídeo o un fotomontaje puede enviarse masivamente mediante un solo correo electrónico).

Es ciberbullying …
1. Enviar mensajes de acoso desde mensajería instantánea (chat, Skype…).
2. Robar cuentas de correo y de webs.
3. Crear un perfil falso del acosado en redes sociales.
4. Dejar comentarios vejatorios y ofensivos en bitácoras ajenas.
5. Enviar o colgar vídeos o imágenes en los que una persona es agredida o humillada.
6. Enviar virus y spam a la víctima.
7. Utilizar los datos de la persona acosada para llevar a cabo actos delictivos en Internet.

La educación, la mejor prevención

Los valores morales se transmiten fácilmente a través del ejemplo. Por eso, los padres pueden contribuir de modo decisivo a que sus hijos no desarrollen conductas de acosador, si la familia es un espacio en el que se apuesta por el diálogo y se evita zanjar las situaciones de tensión con el dominio del más fuerte.
Es importante, asimismo que se evite la exposición indiscriminada de los niños a conductas violentas, no solo como elementos activos y pasivos, sino como espectadores. No es conveniente, pues, que los jóvenes aprendan a tolerar la violencia de películas, videojuegos, etc., integrándola en su repertorio diario como una cosa normal.
En último término, el joven decidirá cuál es el modelo que quiere imitar y cómo desea ser, pero es tarea de los padres, educadores y sociedad en general orientarlos para que sepan qué modelo es el mejor, el más justo y el más solidario.

Fuente: Revista de Salud 11 / 2016 (España)

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