Misión de la Iglesia
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La Misión de la Iglesia en Relación a Teología
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] La Misión de la Iglesia en la Sagrada Escritura. Se ha debatido si en el Antiguo Testamento existe propiamente el concepto de misión referido al Pueblo de Dios o si sólo aparece, de modo originario, en el Nuevo Testamento Cabe en cualquier caso afirmar que la idea de misión que aparece en el Nuevo Testamento no carece de precedentes en el Antiguo Testamento En lo que respecta a la misión del Pueblo de Dios, lo nuevo del Evangelio pertenece al mismo orden de innovación que se da en los restantes órdenes de la historia de la Salvación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Lo que en el Antiguo Testamento aparecía como signo todavía ineficaz, en el Nuevo Testamento está ya lleno de efectividad. Podría decirse que el Pueblo de Dios veterotestamentario era sólo misionero in signo, mientras que el nuevo Pueblo de Dios es misionero in signo et in re. Es decir, en el Antiguo Testamento sólo se muestra o significa (desde luego con creciente intensidad y también, en cierto modo, con eficacia) el designio por el que Dios se propone realizar la salvación de todas las naciones por medio de un Pueblo, que elige como suyo para este fin; en el Nuevo Testamento, en cambio, la salvación no sólo es mostrada o significada, sino que efectivamente se realiza plenamente, mediante la integración de los gentiles en el nuevo Pueblo de Dios y la constante vocación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) con que se llama a los que permanecen aún fuera, para que, recibiendo el don del Espíritu y obedeciendo al mandato de Cristo, participen de la comunión de la caridad eclesial.Si, Pero: Pero este cambio cualitativo de la misión al pasar del A. al Nuevo Testamento no significa que en el Antiguo Testamento no exista una maduración y crecimiento de la conciencia misional que, desde gérmenes apenas visibles, conduce hasta una preparación inmediata a la realidad misionera del Nuevo Testamento
a) Antiguo Testamento. Los enviados de Yahwéh. La tradición del antiguo Israel conoce la figura del mál’ákh Yahwéh, el ángel o enviado de Yahwéh, aunque en algunos textos no está claro que sea un ser distinto del mismo Dios, sino la forma de aparición o representación de Dios mismo (Gen 16,7; 22,11; Ex 3,2; 23,20; Idc 2,1; 22,17; 31,11; etc.).Entre las Líneas En otros lugares, en cambio, la figura del ángel o enviado se diferencia del enviante, y de modo muy claro en el judaísmo tardío. Históricamente, de la locución inmediata de Yahwéh a los Padres y a Moisés, se pasa, en tiempos de los reyes, a la locución por medio del profeta, el cual es esencialmente un enviado. También lo son en ocasiones los poderes terrenos que resultan ejecutores de la voluntad de Dios en la historia. Y por fin se llega a esperar un enviado escatológico.Si, Pero: Pero trataremos aquí especialmente no de esas misiones, sino de la misión de todo el Pueblo de Dios en cuanto tal, aunque hay que notar que la conciencia del pueblo sobre esta misión se despierta a partir de los individuos, enviados especiales de Yahwéh, que remueven, orientan y forman al pueblo.
-La misión del Pueblo. No es de extrañar que la conciencia de una misión universal esté nuclearmente presente ya en los mismos orígenes del Pueblo de, Israel, puesto que su nacimiento como pueblo se debe a una libre elección y a un misterioso designio divino de salvación. Yahwéh promete a Abraham: «por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra» (Gen 12,3). Esta expresión significa en sentido estricto (cfr. vers. 2 y 48,20; Ier 29,22) «las gentes se dirán: Bendito seas como Abraham».
Puntualización
Sin embargo, esa expresión de manera implícita y la literatura bíblica posterior de modo abierto ponen de relieve la resonancia universal de la elección de Israel. Ese texto es de hecho interpretado por el Eclesiástico (44,21) en el sentido de que por medio del linaje de Abraham el Señor bendecirá a las naciones; y así también aparece en la versión griega de los Setenta y en el Nuevo Testamento (Act 3,25; Gal 3,8). Este desarrollo interpretativo muestra el sentido en que fue madurando la conciencia misional del Pueblo de Dios, a partir de sus orígenes.
Es en el exilio donde Israel purifica y profundiza en la dimensión universal de la misión que tiene como Pueblo de Dios. El mismo Israel o alguno de sus miembros, en quien recaiga especialmente la elección para el servicio de Yahwéh, «dictará ley a las naciones» (Is 42,1). Los israelitas serán sus «testigos» (Is 43,10.12), que lo darán a conocer como Dios único (Is 44,8). Aquí Israel se abre a un universalismo (la creencia de que es posible descubrir ciertos valores y principios que son aplicables a todas las personas y a todas las sociedades, independientemente de las diferencias históricas, culturales y otras) religioso. Comienza el proselitismo judío y los extranjeros (referido a las personas, los migrantes, personas que se desplazan fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de forma temporal o permanente, y por diversas razones) se adhieren (más estrictamente en Judea que en la diáspora) al culto y a la observancia de la Ley (Is 53,3,6 ss.). Se nota la presencia de un nuevo espíritu en todo el pueblo judío.Entre las Líneas En el libro de Jonás encontramos una misión profética cuyo destinatario es un pueblo pagano. Y en los Proverbios, la Sabiduría divina invita a su festín a todos los hombres.
El cumplimiento real y total de la misión universal se deberá a la acción escatológica de Dios mismo. Todos los pueblos serán reunidos por Dios (Is 60,3-6; Zach 8,20-22). La figura del siervo de Yahwéh (véase en esta plataforma: ; Is 42,6 ss.; cfr. 49,5 ss.), la del profeta predicador de los pobres (Is 61,1 ss.), o la del mensajero que despeja el camino delante de Dios (Mal 3,1), y la del nuevo Elías (Mal 3,23), van precisando algunos de los rastros del Enviado escatológico de Dios (véase en esta plataforma: MESíns) y de los acontecimientos que marcarán su llegada.
b) Nuevo. Testamento. La misión de Jesús. Los Evangelios sinópticos nos muestran a Jesús como enviado del Padre. Su envío o misión ha sido preparada por Juan Bautista (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), mensajero divino, nuevo Elías, batidor de los caminos del Señor, en quien se cumple el oráculo del profeta Malaquías (3,1.23). Juan ha abierto el camino a Jesús, que se presenta como el enviado por excelencia, en quien se cumplen los vaticinios del profeta Isaías (Le 4,1721 e Is 61,1 ss.).Entre las Líneas En la parábola de los viñadores homicidas (a quienes el señor del viñedo envía como mensajeros primero a sus criados y, después, a su propio hijo, al que le dan muerte para alzarse ellos con la herencia) la misión de Jesús aparece, aunque también en una línea de continuidad con la misión de los profetas, como la de un enviado cualitativamente distinto de todos ellos: Él está representado por el hijo del padre de familia, mientras que los profetas son sólo los criados (Mt 21,33-46). La singularidad de la misión de Jesús permite atisbar que entre 1;1 y el Padre existe una relación única y singular. Quien lo recibe, recibe al Padre que le envió (Le 9,48). Quien lo rechazare, rechazará al que le ha enviado (Le 10,16), el Padre, con quien el Hijo mantiene una perfecta relación de mutuo y pleno conocimiento (Mt 11,27). Jesús se declara enviado o venido para anunciar el Evangelio (Me 1,38), dar cumplimiento a la Ley y los Profetas (Mt 5,17), traer fuego a la tierra (Le 12,49), buscar y salvar lo que se había perdido (Le 19,10), servir y dar su vida en redención (Me 10,45). Toda la obra redentora de Jesús, desde los comienzos de su predicación hasta el sacrificio de la Cruz, aparece así como un cumplimiento de la misión que ha recibido del Padre.
El tema de la misión está vivamente presente en los escritos de S. Pablo, del que baste citar una frase central: «al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo. para que recibiéramos la filiación adoptiva» (Gal 4,4-5; cfr. Rom 8,15).Entre las Líneas En la Epístola a los Hebreos aparece Jesús como el «Apóstol (enviado) y Sumo Sacerdote de nuestra fe» (3,1).
Pero es en la literatura joánica donde el tema de la misión ocupa un puesto más destacado, constituyendo uno de los puntos cardinales de toda su teología.Entre las Líneas En el cuarto Evangelio, del envío del Hijo por el Padre se habla hasta 40 veces como tema de fondo constante (cfr. lo 3,17; 10,36; 17,18; etc.). «Enviado» es uno de los títulos de Jesús, característicos del Evangelio de S. Juan; así, p. ej., en la curación del ciego de nacimiento, Jesús indica al ciego que se lave los ojos en la piscina de Siloé. El evangelista traduce el nombre de esta piscina por Enviado, y señala que es un símbolo del mismo Jesús y sus aguas un símbolo de las bendiciones mesiánicas (lo 9,7).
Jesús es enviado como Rey, para instaurar el Reino (lo 18,36-37), para cumplir la voluntad de su Padre (4,34; 6,38 ss.), para trabajar en sus obras (9,4), para decir lo que ha oído de quien le envió al mundo (8,26). Entre el Padre que le envía y el Enviado hay una perfecta comunidad de vida (6,57; 8,16.29), de tal modo que se debe honrar al Hijo enviado como al Padre mismo (5,23), y como al Padre se le ha de creer y amar guardando su Palabra (14,24); en consecuencia quien odia al Hijo, odia también a quien le envió (15,21-24). Jesús exige que se tenga fe en su misión (11,42; 17,8.21.23.25), fe en el Hijo como enviado (6,29) y en el Padre que le envía (5,24; 17,3), sabiendo que es precisamente la misión del Hijo la que nos ha abierto las puertas para entrar en la intimidad de Dios-Padre (17,1.3).
-La misión de los discípulos.Si, Pero: Pero la misión del Hijo no termina en El mismo, sino que, a semejanza de como el Padre le envió a Él, pl envía a sus discípulos para que le precedan (Le 10,1), y realicen su misma misión de predicar el Evangelio. Los Doce especialmente elegidos reciben concretamente el nombre de Apóstoles (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o enviados (Le 6,13). Los enviados del Hijo son como obreros enviados a la mies por su dueño (Mt 9,38; cfr. lo 4,38), como los siervos enviados para llamar a los invitados a las bodas y a los que se encomienda la misión de llenar la sala del banquete (Mt 22,3). Su destino será también paralelo al del Maestro y sufrirán persecuciones (lo 13,16; Mt 10,24 ss.), e incluso la muerte (Mt 23,34).
Pero ellos le representan a Él mismo y al Padre: «El que a vosotros oye, a mí me oye, y el que a vosotros desecha, a mí me desecha, y el que me desecha a mí, desecha al que me envió» (Le 10,16; cfr. lo 13,20). La misión de los Apóstoles queda unida íntimamente a la misión de Cristo: «Como mi Padre me envió, así yo también os envío» (lo 20,21). Los Apóstoles han sido elegidos y destinados para que vayan y den fruto (lo 15,16); sólo en el cumplimiento de su misión alcanzarán la santidad («¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!»: 1 Cor 9,16). Precisamente será a través de los Apóstoles cómo la misión de Cristo, que de un modo inmediato sólo se dirigió a las ovejas perdidas en la casa de Israel (Mt 15,24), se hará extensiva a todas las naciones y a todos los tiempos («Id»., «predicad el Evangelio», «haced discípulos a todas las naciones», «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo»: Me 16,15; Mt 28,19).
Entre los Apóstoles, San Pablo se sabe elegido por Cristo para una misión específica: la predicación a los gentiles, que enlaza perfectamente con la del siervo de Yahwéh (Act 22,17.18; cfr. Is 42,7,16), el cual había de predicar a las naciones. Por eso S. Pablo, «siervo de Cristo Jesús, apóstol por vocación» (Rom 1,1) «para predicar la obediencia a la fe. entre todos los gentiles» (Rom 1,5), cumple su misión «de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» (Rom 1,7), el siervo de Dios glorificado (Philp 2,6.7).
El envío de los Apóstoles y discípulos no se refiere exclusivamente a ellos en cuanto personas. El número de doce, que posee una especial significación (Mt 19,28; Act 1,26), hace a los Apóstoles trasunto de las doce tribus de Israel y representantes de todo el Pueblo de Dios, que es así misionero en todos sus miembros, según el ministerio propio de cada uno (1 Cor 12,28). Son todos los discípulos de Jesús los que están enviados al mundo (lo 17,18).Entre las Líneas En una palabra: la I. entera ha sido enviada por Cristo, de modo que todos y cada uno de sus miembros participan de la misión, aunque obviamente según el lugar que ocupen en la estructura eclesial y según los carismas personales que reciban.
-La misión del Espíritu Santo. Precisamente para hacer posible el cumplimiento de esta misión será enviado el Espíritu Santo en Pentecostés (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Vistas en su conjunto, las expresiones sobre la misión no presentan la posibilidad de separar por su contenido la misión de los discípulos y del Espíritu (lo 4,38; 13,20; 17,18; 20,21 ss.). Lo envía el Padre (lo 14,26) y también el Hijo (lo 15,26; cfr.: 16,7), y lo envían sobre los Apóstoles: «Yo enviaré sobre vosotros lo que os ha prometido mi Padre» (Le 24, 49). El Espíritu Santo da fuerza a los Doce para que sean sus testigos en Jerusalén y hasta los confines de la tierra (Act 1,8); es, pues, en el Espíritu como los Apóstoles anuncian el Evangelio (1 Pet 1,12), y como los cristianos reciben la santidad y la adopción filial (Gal 4,6). A partir de los cristianos, la efusión del Espíritu Santo se dirige a toda la humanidad y tiene incluso un alcance cósmico: el Espíritu se derrama sobre toda carne (Act 2, 17 ss.) de modo que se renueva la faz de la tierra (cfr. Ps 104,30; Apc 21,1).
La misión de Cristo, que continúa en la misión de la l., animada por el Espíritu, llegará a su cumplimiento perfecto en la segunda venida del Hijo del hombre, que ansiosamente ha de ser esperada: «El Espíritu y la Desposada dicen: ¡Ven!» (Apc 22,17).
CRISTINO SOLANCE.
2) Sistematización teológica. La misión de la I. es aquella que le ha determinado su fundador: Cristo. Si bien su ejercicio deberá acomodarse a las peculiaridades de cada época histórica, la misión en sí no deriva ni se deduce de las necesidades o gustos de cada tiempo. Para conocerla debemos, pues, acudir a la Revelación divina (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), conservada y trasmitida en la Sagrada Escritura y en la Tradición cristiana. Intentaremos aquí exponer de modo sistemático las líneas estructurales básicas que esas fuentes nos dan a conocer, basándonos especialmente en las enseñanzas del Conc. Vaticano II, ya que uno de los objetivos de este Concilio ha sido precisamente dar una visión lo más completa posible del misterio de la l., tratando, por tanto, ampliamente el tema de la misión.
a) Designio divino de salvación y misión de la Iglesia. Todo intento de exponer la misión de la I. partiendo de una perspectiva genérica, aunque fuera la del servicio a la dimensión religiosa del hombre, llevaría a dejar de lado lo esencial. La perspectiva adecuada para comprender el ser y la misión de la 1. es la de la llamada de Dios que eleva al hombre a participar de su vida íntima. Ya el Conc. Vaticano I siguió este camino: «el Pastor eterno y guardián de nuestras almas (1 Pet 2,25), para convertir en perenne la obra saludable de la redención, decretó -se lee al comienzo de la Const. Pastor aeternusedificar la Santa Iglesia en la que, como en casa del Dios vivo, todos los fieles estuvieran unidos por el vínculo de una sola fe y caridad» (Denz.Sch. 3050). El Conc. Vaticano II se sitúa en esa línea, desarrollándola y llevándola hasta sus más profundas implicaciones; fue precisamente ese deseo de profundidad y rigor teológico lo que movió a los padres conciliares a adoptar la decisión de comenzar el estudio del tema de la I. por la consideración de su misterio, es decir, de su vinculación con el designio salvífico de Dios.
En los dos documentos del Vaticano II en los que el tema de la misión de la 1. es abordado más profundamente (la Const. Lumen gentium, 1-5, y el Decr. Ad. gentes, 1-5) encontramos no sólo una misma doctrina sino incluso un mismo esquema expositivo: como realidad última y radical, el decreto amoroso de Dios Padre, por el que se decide crear el mundo, elevar al hombre a participar de la vida divina, y redimirlo una vez caído bajo el pecado; inmediatamente después, la consideración de la Encarnación de Dios Hijo, enviado por el Padre, para redimir a los hombres y restablecer la armonía de lo creado; finalmente, la referencia al envío del Espíritu Santo por el Padre y el Hijo, para dar vida a los hombres muertos por el pecado y conducirlos, en Cristo, hacia el Padre. ‘
La I. aparece así como efecto y fruto de la acción salvadora trinitaria: nacida del decreto de Dios Padre, fundada por Dios Hijo, animada por Dios Espíritu Santo, la I. es el signo e instrumento de la salvación que Dios Uno y Trino opera en la historia, o -lo que es equivalente, pero desde una perspectiva algo diversa- el anuncio y la incoación en la historia del Reino de los cielos hacia el que Dios encamina todo el acontecer (véase en esta plataforma: CIELO III).Entre las Líneas En otras palabras -y ya en términos de misión- «la Iglesia provista de los dones de su Fundador y cumpliendo fielmente sus mandamientos de caridad, humildad y abnegación, recibió la misión de anunciar el Reino de Cristo y de Dios y de establecerlo entre todos los pueblos, constituyendo el germen y el comienzo de ese Reino sobre la tierra» (Lum. gent. 5); de modo que el Pueblo de Dios, al que designamos con el nombre de l., «aunque no abarque actualmente a todos los hombres y con frecuencia parezca un rebaño pequeñito, es, sin embargo, el germen seguro de la unidad, de la esperanza y de la salvación para todo el género humano (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fundado’por Cristo para una comunión de vida, de amor y de verdad, es también un instrumento en sus manos para la redención de todos, y es enviado por El al mundo entero como luz del mundo y sal de la tierra» (Lum. gent. 9). [rbts name=”teologia”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre la misión de la iglesia en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
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