Nápoles
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Reino de Nápoles
Antiguo reino de Italia, que comprendía toda la Italia del sur y Sicilia.
Conquistada Nápoles por Roger II de Sicilia (1139), se convirtió en parte del reino, que pasó al Imperio por medio de su nieto, Federico II -Frederic I de Sicilia (1198 a 1250) -.
Los conflictos entre el papado y el Imperio afectaron el reino, y al morir Conrado V -Conrado I de Sicilia (1251-54) -, los intereses de su hijo, Conrado V -Conrado II de Sicilia (1254-58) -, menor de edad, fueron defendidos por Manfredo (hijo natural de Federico II), mientras que el papa sostenía Carlos de Anjou. Manfredo usurpó el trono siciliano (1258), pero fue derrotado y muerto (1266) por Carlos de Anjou -Carlos I de Nápoles (1266-85) -, el cual perdió Sicilia (1282), conquistada por la corona catalano-aragonesa (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Así, los angevins quedaron reducidos al reino de Nápoles.
Adquirido por Alfonso el Magnánimo tras una larga guerra (1435-42) (conquista de Nápoles, que se explica más abajo), quedó unido bajo su gobierno, mientras él vivió, con los reinos de la corona catalano-aragonesa que había heredado; en 1443, consiguió la investidura papal. Nápoles se convirtió desde entonces en el centro de su imperio, y residió hasta la muerte, absorbido por la política italiana y las guerras constantes. Del 1442 al 1444, y nuevamente en 1445, combatió en la Marca de Ancona contra el duque Francisco I de Milán, mientras que, contemporáneamente, llevaba una guerra marítima contra Génova, del 1436 al 1444. El 1447, al morir Felipe Maria I de Milán, se abrió el problema de la sucesión milanesa, a la que Alfonso aspiró, sin fortuna.
En la guerra por Milán (1450-54), Alfonso y Venecia combatieron contra Francisco I de Milán, yerno de Felipe María I, que se había apoderado del ducado, aliado con Florencia y sostenido por Francia. La guerra acabó con la paz de Lodi y la subsiguiente Liga Itálica (1.454), que impuso un equilibrio peninsular (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Alfonso tardó en adherirse (1455), en parte por el problema de los mercaderes florentinos, que no quería readmitir a sus reinos, en parte por las cuestiones pendientes con algunos estados italianos, especialmente con Génova, contra la que continuó luchando sin tregua hasta la muerte, en 1458, guerra que dejó en herencia a su hijo.
En el interior del reino, las guerras incesantes no le permitieron emprender la reforma del estado. Reorganizó, sin embargo, la administración de la justicia (unificó los tribunales y se creó uno de apelación, el Sacro Regio consiliaria). Reorganizó también el fisco, para obtener más dinero para sus guerras, que aquí, como en los otros reinos de su corona, pesaron duramente sobre la economía; introdujo el fogaje y creó la Dogana della Mena delle Pecore para controlar los pastizales de invierno de Apulia, que producían ingresos muy importantes. Convocó también varios parlamentos. Confió muchos de los cargos administrativos y políticos del reino a catalanes, y reservó solo los de carácter honorífico a los nobles napolitanos, de los que desconfiaba.
Acostumbrados por la historia caótica del reino a no observar ninguna lealtad a la corona y a vender su adhesión a las que les ofreciera más ventajas particulares, estaban, en efecto, dispuestos siempre a sublevarse, y Alfonso, más que dominarlos, procuró solo contentarlos, y legó el problema a su hijo natural, Fernando I de Nápoles, a quien estuvieron a punto de hacer perder la corona (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Aprovechando que el papa Calixto III le denegó la investidura al morir su padre en 1458 (aunque le fue concedida finalmente por Pío II, ese mismo año), un grupo de varones, entre los que estaba Antoni de Centelles, se sublevaron contra Fernando I y se pusieron en contacto con los angevines.
Juan de Anjou se apoderó de la Campania en 1459, mientras que una parte de la Apulia se sublevaba a favor de él; Venecia, Ferrara y Florencia se pusieron al lado suyo. Sólo Milán ayudó al rey Fernando.Entre las Líneas En 1462 ambos aliados consiguieron derrotar a Juan de Anjou en Troya y le obligaron a retirarse, en 1464, a Provenza.
Aunque carecía de los recursos de la corona catalano-aragonesa, de los que había dispuesto su padre, Fernando continuó su política agresiva en Italia: participó, junto al papa, en la guerra contra Florencia, aliada con Milán y Venecia (1478-80), y más adelante en la guerra de Ferrara (1482-84). Mientras tanto, se había producido la toma de Òtranto por parte de los turcos en 1480. Sólo el papado, la corona catalano-aragonesa y, en menor grado, Portugal ayudaron a expulsarlos -en el año 1481.
Una nueva revuelta nobiliaria, la Conjuración de los Barones (1485-86), puso en peligro su trono. Cuando murió, en 1494, Carlos VIII de Francia, heredero de los derechos de los Anjou, ya preparaba la expedición en Italia, que arruinó la dinastía catalana de Nápoles y con la que empezaron las guerras de Italia.
La Conjuración de los Barones fue una conspiración, en 1485, de los principales barones y funcionarios del Reino de Nápoles contra el rey Fernando, que intentaba mermar su preponderancia (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Ayudados por Inocencio VIII, se le entregó Aqula (1485) y hubo lucha abierta en Montorio (1486). Fernando, sin embargo, readquirió el Aquila, y llevó a cabo una fuerte represión contra los sublevados.
Le sucedió su hijo, Alfonso II de Nápoles, que se alió con el Papa y con Florencia para afrontar el peligro; pero abdicó en 1495, a favor de su hijo Fernando II (1495-96). Este tuvo que huir en 1495 frente a los franceses, aunque ese mismo año fue repuesto por el Gran Capitán. La intervención de Fernando II el Católico no fue, sin embargo, a la larga, en beneficio de la dinastía napolitana. Federico II, sucesor de Fernando, fue depuesto en 1501 por Francia y Cataluña-Aragón, y el rey Católico se proclamó rey de Nápoles en 1503, después de expulsar a los franceses.
El reino de Nápoles bajo la corona catalano-aragonesa
Vinculado el reino de Nápoles desde el 1504 a la corona catalanoaragonesa, sus asuntos pasaron bajo la jurisdicción del Consejo de Aragón. El rey dejó como virrey el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al retornar, sin embargo, en Nápoles en 1506, con la reina Germana de Foix, le destituyó y siguió una política de reservar los altos cargos napolitanos a personas de la corona catalano-aragonesa (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al regresar, efectivamente, dejó como virrey el conde de Ribagorza Juan de Aragón (1507-09), y esta norma fue seguida por Carlos V, con pocas excepciones, hasta el año 1532, que de nuevo fueron ocupados sistemáticamente por castellanos.
En 1555, al ser creado el Consejo de Italia, los asuntos hay quedaron vinculados definitivamente y quedó rota toda relación de dependencia respecto del Consejo de Aragón. El organismo representativo y asesor del virrey, el Consejo Colateral, fue introducida en 1516 por Fernando II de Aragón (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Algunos de los virreyes fueron personalidades importantes dentro de la política imperial, como el almirante Ramón de Cardona-Anglesola y Hugo de Moncada y de Cardona, y su corte continuó, en cierto modo, el esplendor, y el rol como centro cultural, de la antigua corte real junto a las pequeñas cortes de las reinas viudas de Nápoles o de algún magnate napolitano, como el duque de Sanseverino.
Políticamente, el año 1509, aprovechando la liga de Cambrai, los venecianos fueron expulsados del territorio.
El 1511 fue el virrey Ramón de Cardona quien comandó, sin éxito, el ejército de la Liga Santa contra Francia, liga formada por Fernando II, el papa y los venecianos. La última tentativa por parte de Francia de recuperar el reino fue en 1528: la capital, sitiada, fue defendida por el virrey Hugo de Moncada, y la situación fue salvada gracias a la defección de Andrea Doria de las filas francesas y a la muerte del mariscal Lautrec. La represión que siguió contra los nobles napolitanos francófonos mitigó el siempre vindicativo espíritu de la nobleza local, marginada de los altos cargos de mando. De hecho,
Del dominio de los Austrias hasta la integración en Italia
Inicialmente en poder de Felipe V de Castilla, el reino de Nápoles fue conquistado por tropas del rey archiduque Carlos III (1707), que ést conservó a raíz de los tratados de Utrecht-Rastadt (1713).Entre las Líneas En 1734 el reino de Nápoles fue conquistado a los Habsburgo, junto con Sicilia, por Carlos de Borbón, que se convirtió en Carlos VII de Nápoles. Su hijo, Fernando IV (1759-1825), participó en las dos primeras coaliciones contra Francia, que le ocupó el reino, por que la nobleza aprovechó para proclamar la efímera República Partenopea (1799). Recuperado el trono, Fernando se unió a la tercera coalición, y Napoleón le invadió y dio la corona a su hermano, José Bonaparte -Josep I (1806-08) -, que fue sucedido por el mariscal Murat -Joaquim I (1808- 15) -.Entre las Líneas En 1816, Nápoles y Sicilia fueron restituidos a Fernando, como reino de las Dos Sicilias.
Virreyes de Nápoles
De Fernando II de Aragón
Gonzalo Fernández de Córdoba y de Herrera, duque de Sessa 1505-07
Juan de Aragón, conde de Ribagorza 1507-09
Ramón de Cardona-Anglesola y de Requesens, conde de Oliveto 1509-16
De Carlos I (Carlos V, emperador)
Ramón de Cardona-Anglesola y de Requesens, conde de Oliveto 1516-22
Charles de Lannoy 1522-27
Hugo de Moncada y de Cardona 1527-28
Filiberto I, príncipe de Orange 1528-30
Pompeo Colonna, cardenal 1530-32
Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga, marqués consorte de Vilafranca de Bierzo 1532-53
Pedro Pacheco y de Guevara, cardenal 1553-55
Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, duque de Alba de Tormes 1555-56
De Felipe I (II de Castilla)
Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, duque de Alba de Tormes 1556-57
Pedro Afán Enríquez de Ribera y Portocarrero, duque de Alcalá de los Gazules 1558-71
Antonio Perrenot de Granvela, cardenal 1571-75
Íñigo López de Mendoza y Mendoza, marqués de Mondéjar 1575-79
Juan de Zúñiga y Requesens, príncipe consorte de Pietraperzia 1579-82
Pedro Téllez-Girón y de la Cueva, duque de Osuna 1582-86
Juan de Zúñiga-Avellaneda y Bazán, conde consorte de Miranda del Castañar 1586-95
Enrique de Guzmán y Conchillos, conde de Olivares 1595-98
De Felipe II (III de Castilla)
Enrique de Guzmán y Conchillos, conde de Olivares 1598-99
Fernando Ruiz de Castro-Andrade de Portugal y de la Cueva, conde de Lemos 1599-1601
Francisco Ruiz de Castro-Andrade de Portugal y Zúñiga-Sandoval, conde de Lemos 1601-03
Juan Alfonso Pimentel de Herrera y Enríquez, conde-duque de Benavente 1603-10
Pedro Fernández de Castro-Andrade de Portugal y de Zúñiga-Sandoval, conde de Lemos 1610-16
Pedro Téllez-Girón de Guzmán y de Velasco, duque de Osuna 1616-20
Gaspar de Borja y de Velasco, cardenal 1620
Antonio Zapata, cardenal 1620-21
De Felipe III (IV de Castilla)
Antonio Zapata, cardenal 1621-22
Antonio Álvarez de Toledo y Beaumont de Navarra, duque de Alba de Tormes 1622-29
Fernando Enríquez de Ribera y Gijón, duque de Alcalá de los Gazules 1629-31
Manuel de Acevedo-Zúñiga-Ulloa y Velasco de Aragón, conde de Fuentes de Valdepero y Monterrey 1631-36
Ramiro Felipe Núñez de Guzmán y de Guzmán, duque de Medina de las Torres 1636-47?
Juan Alfonso Enríquez de Cabrera y Colonna, duque de Medina de Rioseco 1644-46
Rodrigo Ponce de León-Cabrera y Colonna de Toledo, Duque de Arcos 1646-48
Íñigo Vélez-Ladrón de Guevara y Tassis, conde de Oñati y de Villamediana 1648-53
García de Haro y Sotomayor, conde consorte de Castrillo 1653-58
Gaspar de Bracamonte-Guzmán y Pacheco, conde consorte de Peñaranda de Bracamonte 1658-64
Pascual de Aragón Folc de Cardona y Córdoba, cardenal 1664-65
De Carlos II
Pascual de Aragón Folc de Cardona y Córdoba, cardenal 1665-66
Pedro Antonio de Aragón Folc de Cardona y Córdoba, duque de Cardona 1666-72
Antonio Pedro Sánchez-Dávila y Álvarez de Osorio, marqués de Astorga 1672-75
Fernando Joaquín Fajardo de Zúñiga-Requesens y de Toledo, marqués de los Vélez 1675-83
Gaspar Méndez de Haro-Gúzman y de Aragón-Cardona-Córdoba, marqués del Carpio y de Eliche 1683-87
Francisco de Benavides-Dávila-Corella y de la Cueva, conde de Santisteban del Puerto 1687-95
Luis Francisco de la Cerda y Fernández de Córdoba-Cardona-Aragón, duque de Medinaceli 1695-1702
De Felipe IV (V de Castilla)
Juan Manuel Fernández-Pacheco-Cabrera y de Bobadilla, duque de Escalona 1702-07
De Carlos III (Carlos VI, emperador)
Georg Adam von Martinitz 1707
Wirich von Daun, conde de Daun 1707-08
Vincenzo Grimani 1708-10
Carlo Borromeo de Arona 1710-13
Wirich von Daun, conde de Daun 1713-19
Johann Wenceslas Gallas 1719
Wolfgang Hannibal von Schrattenbach 1719-21
Marco Antonio Borghese, príncipe Borghese 1721-22
Michael Friedrich von Althann 1722-28
Joaquín Portocarrero 1728
Ludwig Thomas con Harrach, conde de Harrach 1728-33
Giulio di Visconti 1733-34
Campañas de Nápoles (Historia)
Campañas de Nápoles, nombre por el que son conocidas las guerras que desde 1494 hasta 1504 enfrentaron a España y Francia por el dominio del reino de Nápoles.
Otra Información en relación a Campañas de Nápoles
Campañas de Nápoles: Conquista definitiva de Napoles (1500-1504) (Historia)
El rey francés Luis XII no abandonó las aspiraciones italianas de su antecesor y reclamó el Milanesado (ducado de Milán) como nieto de Valentina Visconti, hermana del último de los duques pertenecientes a la familia Visconti. Con la neutralidad de las demás potencias, el monarca francés ocupó el ducado en 1499 y expulsó a Ludovico Sforza, que ocupaba el título milanés en ese momento. Desde esta posición, Luis XII, a través del papa Alejandro VI, entabló negociaciones con Fernando II el Católico que cristalizaron en el Tratado de Chambord-Granada (1500), por el cual el monarca francés recibiría el título de rey de Nápoles, el control de la ciudad, otros territorios del reino y una porción de sus rentas; en tanto que Fernando II el Católico se convertiría en duque de Calabria y señor de Apulia, además de recibir la otra parte de las rentas napolitanas.
Un ejército español por el sur y otro francés desde el norte ocuparon Nápoles sin dificultades. Fadrique se rindió y fue enviado a Francia en 1501. Como era previsible, desde el primer momento la convivencia entre franceses y españoles fue complicada y hubo abundantes incidentes armados por la incapacidad para ponerse de acuerdo en la aplicación del Tratado de Chambord-Granada.
Otros Elementos
Además, la nobleza napolitana estaba dividida entre partidarios de Francia y de España. Comenzó una guerra abierta en la que la superioridad numérica de los franceses obligó a Fernández de Córdoba, que había regresado en 1500 a Italia, a evitar choques en campo abierto y a concentrarse en la defensa de plazas fortificadas.
En el otoño de 1502 comenzaron a llegar refuerzos desde la península Ibérica y, gracias a su genio militar y su revolucionaria técnica militar -uso de la artillería y nuevas unidades de infantería-, el Gran Capitán obtuvo en abril de 1503 las victorias de Seminara y Ceriñola. La guerra concluyó con las victorias españolas de Garellano, obtenida a finales de 1503, y Gaeta, lograda en los primeros días del año siguiente. Inmediatamente, se acordó una tregua de tres años mientras el reino de Nápoles quedaba en poder de los Reyes Católicos como gran baza de negociación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Se abrieron conversaciones, que fueron encomendadas por Fernando II el Católico a su yerno, el archiduque Felipe de Borgoña. éste logró firmar con Luis XII en septiembre de 1504 el Tratado de Blois, tan favorable a los intereses franceses que el Rey Católico se negó a aceptarlo. El dominio efectivo sobre Nápoles quedó reconocido por Francia gracias a lo acordado por Fernando II y Luis XII en el segundo Tratado de Blois (octubre de 1505), con lo que comenzaba un periodo de dos siglos de presencia española ininterrumpida en aquellos territorios italianos.[1]
Campañas de Nápoles: Italia en la segunda mitad del siglo XV (Historia)
En el siglo XV, Italia era uno de los territorios europeos con mayor desarrollo económico y cultural pero, al mismo tiempo, su situación política era compleja e inestable por la existencia de múltiples poderes incapaces de imponer hegemonías duraderas (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Ambas condiciones favorecían las ambiciones de potencias exteriores y colocaron en la segunda parte de la centuria a la península Itálica en el centro de las expectativas de la dinastía Valois, de la Casa de Habsburgo y de la Casa de Aragón (la rama de la Casa de Trastámara que reinaba sobre los territorios de la Corona de Aragón). El reino de Nápoles había sido conquistado definitivamente en 1443 por el rey de Aragón, Alfonso V, que había expulsado un año antes a la dinastía Anjou, cuyos derechos al trono fueron transferidos al rey de Francia Luis XI (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Alfonso V, que no añadió Nápoles a la Corona de Aragón, fue sucedido en el reino italiano por su hijo ilegítimo Fernando I, quien reinó desde 1458 hasta su fallecimiento en 1494.[2]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Campañas de Nápoles: Italia en la segunda mitad del siglo XV Primeras campañas (1494-1498) (Historia)
El monarca de Francia Carlos VIII (1483-1498), impulsado por los exiliados angevinos (miembros y partidarios de la dinastía Anjou) y deseoso de intervenir en Italia, inició en los primeros años de su mayoría de edad una campaña diplomática que respaldara el proyecto de conquista de Nápoles (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Así pues, firmó tratados con el rey de Inglaterra Enrique VII (étaples, 6 de octubre de 1492), con el soberano de Aragón Fernando II (Tours-Barcelona, 14 de enero de 1493) y con el emperador Maximiliano I, perteneciente a la Casa de Habsburgo (Senlis, 23 de mayo de 1493).
En 1494, la muerte de Fernando I ofreció la ocasión a Carlos VIII de plantear formalmente sus pretensiones sobre Nápoles. Un ejército francés marchó sobre Italia mientras que el sucesor de Fernando I, Alfonso II, abdicaba en su hijo Fernando II y provocaba el levantamiento de buena parte de la nobleza napolitana. El soberano francés entró en Nápoles casi sin resistencia y Fernando II huyó a Sicilia.Si, Pero: Pero la ruptura del equilibrio regional sembró la preocupación entre los príncipes italianos y logró unir una coalición antifrancesa (Liga Santa de 1495) compuesta por el Papado, el ducado de Milán, Venecia, el emperador Maximiliano I y los reyes de Castilla y Aragón. Dejando una guarnición en Nápoles, Carlos VIII regresó a Francia.Entre las Líneas En junio desembarcó en Calabria un cuerpo expedicionario español al mando de Gonzalo Fernández de Córdoba. La acción combinada de los coaligados, y en especial la tropa española, tardó menos de un año en desalojar a los franceses, reponer en el trono napolitano a Fernando II y convertir en fracaso la aventura italiana de Carlos VIII.
Las bazas de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla (casados desde 1469) aumentaron con la muerte del rey de Nápoles Fernando II, que tuvo lugar en octubre de 1496, pues se negaron a reconocer los derechos sucesorios de Fadrique, hijo ilegítimo de Fernando I. La posición de los monarcas ibéricos en Italia se reforzó aún más cuando el papa Alejandro VI les concedió el título de Reyes Católicos. El conflicto entró entonces en una fase de movimientos diplomáticos protagonizados por Isabel y Fernando con el objetivo de construir una red de alianzas occidentales que aislara a Francia (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Al servicio de esta política se celebraron los matrimonios de los hijos de los Reyes Católicos: la princesa Juana (futura Juana I) casó en 1496 con el archiduque Felipe de Borgoña (hijo del emperador Maximiliano I y futuro Felipe I), el príncipe Juan hizo lo propio un año más tarde con Margarita de Austria (hermana de Felipe), en tanto que la princesa Isabel y el rey de Portugal Manuel I habían contraído matrimonio en 1495 y pocos años más tarde se produjo la concertación del enlace de Catalina de Aragón con Arturo, heredero del rey inglés Enrique VII.
En Italia, Fernández de Córdoba hubo de acudir a Roma en auxilio del papa Alejandro VI, acosado por los franceses, y logró pactar una tregua que, por parte gala, fue ratificada por el nuevo rey de Francia, Luis XII, por medio del Tratado de Marcoussins, acordado en 1498, poco después de acceder al trono. El acuerdo preveía un arbitraje sobre los derechos de ambas partes al trono napolitano, ocupado sin reconocimiento internacional por Fadrique. El triunfador Fernández de Córdoba, que se ganó el sobrenombre de Gran Capitán, regresó a continuación a la península Ibérica.[3]
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Batalla de Garellano, enfrentamiento bélico entre las tropas francesas y las españolas que tuvo lugar en 1503, durante las guerras de Italia de comienzos del siglo XVI por el dominio de Nápoles y Sicilia (a las cuales la historiografía española denomina campañas de Nápoles). Después de la batalla de Ceriñola, en la que los franceses habían sido vencidos, el rey Luis XII envió un potente ejército a cuyo mando figuraba el marqués de Mantua. La batalla se produjo en dos fases: en la primera, del 15 al 31 de octubre, los dos ejércitos se enfrentaron junto al río Garellano (Garigliano) sin que ninguno alcanzara la victoria. La segunda fase se produjo los días 27 y 28 de diciembre: el ejército español, mandado por Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán), cruzó el río por un puente, situado más al norte, sorprendiendo al ejército francés entre dos fuegos y derrotándolo (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). A causa de esta victoria, se firmó el Tratado de Lyon, quedando el reino de Nápoles en manos españolas.[4]
Consideraciones Jurídicas y/o Políticas
[rtbs name=”politicas”]Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Información sobre campañas de nápoles italia en la segunda mitad del siglo xv primeras campañas (1494-1498) de la Enciclopedia Encarta
- Información sobre campañas de nápoles italia en la segunda mitad del siglo xv de la Enciclopedia Encarta
- Información sobre campañas de nápoles conquista definitiva de napoles (1500-1504) de la Enciclopedia Encarta
- Información sobre batalla de garellano de la Enciclopedia Encarta
Véase También
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