Ocio en Sociología
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Ocio en Sociología en Relación a Sociología
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] 1. Concepto y aspectos. El término ocio, palabra derivada etimológicamente del latín otium, tuvo originariamente, tanto en Grecia como en Roma, un significado muy positivo. Es sabido que Cicerón caracteriza precisamente al hombre auténtico por el «otium cum dignitate». A su juicio, el hombre auténtico es aquel que dispone de ocio, es decir, que se puede dedicar a ocupaciones libres, agradables para él y creadoras, y goza de un nivel económico y social adecuado. Por su parte, en Grecia, para designar la idea de ocio se utilizaba el vocablo skolé, o sea, la misma palabra de la que se deriva escuela, y en opinión de Aristóteles trabajamos para tener skolé, ocio, es decir, para poder dedicarnos libremente a aquellas ocupaciones que nos gustan y suponen el despliegue y desarrollo de nuestro espíritu.
Al comienzo de la Edad Moderna, el predominio de los valores utilitarios y económicos y la visión del trabajo entendida casi exclusivamente como capacidad del hombre de dominio dio lugar a que pasara a primer plano el aspecto negativo del ocio como pereza, inactividad, esterilidad, hasta llegar a una concepción del trabajo (cfr. J. Pieper, ocio c. en bibl. 52) que sólo reconoce sentido al ocio en cuanto descanso y reparación de fuerzas únicamente para poder realizar un trabajo más intenso.
Sin embargo, recientemente, a partir sobre todo de la II Guerra mundial, se ha producido un hecho enormemente significativo a este respecto: una disminución apreciable del tiempo de trabajo necesario para cubrir las necesidades materiales, con el consiguiente aumento del tiempo libre, junto a la previsión fundada de que en el futuro continuará este proceso de manera acentuada. La advertencia por los sociólogos de este fenómeno, que se considera como uno de los más significativos de nuestro tiempo, ha llevado a reparar nuevamente en la significación positiva del concepto ocio, en sus potenciales valores personales y en la necesidad de promover su utilización creadora y formativa. Está teniendo lugar, pues, actualmente, una vuelta a la concepción clásica del ocio, aunque siga aún predominando, sin duda, en el lenguaje corriente, su noción peyorativa de pereza e inactividad. Este retorno se refleja en la siguiente definición del ocio debida a uno de los pioneros de la sociología del ocio, Jofre Duzamedier (o. c. en bibl. 31), que es la que goza hoy de mayor aceptación y difusión: ocio es «el conjunto de operaciones a las que el individuo puede dedicarse voluntariamente, sea para descansar o para divertirse, o para desarrollar su información o su formación desinteresada, su voluntaria participación social o su libre capacidad creadora, cuando se ha liberado de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales».
Según esta definición, se pueden destacar en el ocio los siguientes aspectos principales: 1) Supone, en todo caso, actividad, y de hecho puede estar constituido por casi todas las múltiples ocupaciones humanas. Este aspecto es el que distingue y separa netamente el ocio de ociosidad y la inacción, pero no así del trabajo, pues una misma ocupación puede ser ocio o trabajo según las circunstancias. 2) Se trata de un ejercicio de actividades libre en dos sentidos. Primero, porque su ejercicio ha de tener lugar en el llamado tiempo libre, que queda al individuo después del cumplimiento de sus obligaciones laborales, familiares, sociales o de otra índole. Segundo, porque es esencial que se trate de actividades libremente elegidas y realizadas. Es esta nota del ocio la que sirve para distinguirlo no sólo del trabajo, sino también de las actividades realizadas por el individuo en cumplimiento de las obligaciones indicadas.
Pero lo anterior no quiere decir que toda ocupación no obligatoria y realizada en tiempo libre sea ocio. Para que formen parte de él, las actividades libres deben reunir otro carácter de tipo cualitativo. Han de ser- aptas para promover bien la distensión, la satisfacción y el gozo del individuo (descanso, diversión), bien su desarrollo e ilustración (formación e. información), bien su capacidad creadora, bien, en fin, su convivencia social (fiestas públicas, reuniones dq sociedad, asistencia a clubs, etc.).
Pormenores
Las actividades realizadas durante el tiempo libre que no se orienten a alguna de estas finalidades u otras similares no se pueden considerar como ocio.
El ocio debe cumplir, por tanto, la importante función humana de facilitar la distensión y expansión gozosa del individuo, su progreso físico, intelectual y moral, y hacer posible la expresión de los dones y dotes individuales en realizaciones originales y creaciones personales. Da satisfacción a la necesidad de regocijo, expansión, despliegue y comunicación del ser humano y a través de su ejercicio es como contribuye a que se realice el hombre, según el ideal ciceroniano. El ocio presenta también un aspecto social esencial, y esto no sólo en cuanto a necesidad fundamental común a todas las personas que conviven socialmente sino porque, como tal, constituye una función básica de la sociedad.
2. Aspectos sociales. Al constituir el ocio una función principal de la sociedad, en orden a satisfacer una necesidad social, en ella deben existir soluciones para atenderla.
Por otra parte, sin perder su carácter personal, forman el ocio por lo general actividades realizadas en unión con los demás, aprendidas culturalmente y que se ejercitan utilizando las organizaciones sociales correspondientes. De hecho, la Antropología y la Historia confirman la existencia de una institucionalización y organización social del ocio en todas las sociedades conocidas. Según señala Fichter (Sociología, 5, ed, Barcelona 1969, 149) en todas las sociedades existen «diversos grupos sociales y disposiciones sistemáticas que están destinadas al descanso y las diversiones de sus miembros». El ocio es, en consecuencia, además de una actividad personal, un fenómeno social.
1) Las actividades del ocio constituyen manifestaciones culturales. Son creaciones humanas, inventadas por la misma sociedad o adoptadas de otras comunidades, responden a unos valores ideales determinados sobre la felicidad y el sentido del mundo, se transmiten culturalmente de unas generaciones a otras y su ejecución se ajusta a normas o pautas aceptadas socialmente más o menos rígidas.
2) El ejercicio de las ocupaciones del ocio constituye un aspecto de la vida social. Da lugar frecuentemente a la formación de grupos sociales específicos para su práctica y, en todo caso, las actividades que no son puramente individuales suponen una interacción social y relaciones sociales entre los individuos que las practican y a menudo contactos e intercambios con los miembros de otras sociedades. Por otra parte, su efectividad exige una organización social más o menos desarrollada según los tipos de comunidad.
3) Como fenómeno cultural y social parcial depende del sistema cultural y social general y se halla en estrecha relación con las demás instituciones sociales fundamentales. Las modalidades concretas del ocio en una sociedad vienen determinadas: a) por el tipo de sociedad (p. ej., rural o urbana), la composición de su población, la ecología o características físicas del territorio que ocupa: clima, geografía, etc.; b) por los rasgos de su cultura, o sea, las creencias y valores dominantes en ella (hedonistas, utilitarios, etc.); c) por el nivel técnico alcanzado, en cuanto generalmente requieren la utilización de instrumentos y procedimientos diversos que están en función de dicho nivel técnico; d) por la forma de su sistema económico y su grado de desarrollo: existencia o no de excedentes, escasa o elevada productividad, distribución más o menos equitativa de las riquezas y la renta entre la población; e) en fin, por el carácter, orientación y vigor de la familia, las instituciones educativas, religiosas, políticas y económicas, circunstancias de las que se deriva el peso específico de cada una de ellas respecto del ocio.
4) En el ocio se refleja el tipo de estratificación de una sociedad, sistema de clases cerrado o abierto, rígido o flexible. Asimismo, repercuten en el ocio los diversos factores que influyen en el cambio y movilidad sociales: transformaciones demográficas, biológicas, culturales, tecnológicas, económicas, políticas y religiosas.
Pero no sólo la sociedad determina el ocio, sino que éste, a su vez, tiene una influencia marcada en la sociedad. Esta influencia se manifiesta: a) en su contribución a la satisfacción, desarrollo y perfeccionamiento de los miembros de la sociedad y, por tanto, de ésta a través de aquéllos; b) en cuanto estimula y multiplica la comunicación y los intercambios sociales, o sea, amplía y activa la vida social; c) porque una orientación adecuada de las actividades del ocio se halla en relación directa con la adaptación e integración social; d) porque constituye a menudo un factor de escape de tensiones y de reducción y superación de conflictos sociales.
3. Ocio y sociedad actual. Si bien, conforme se acaba de exponer, el ocio es un fenómeno social esencial y, por tanto, no exclusivo de nuestra sociedad, presenta en las comunidades actuales desarrolladas rasgos específicos no sólo cuantitativos, sino también cualitativos.
La singularidad del ocio en la sociedad presente respecto a las pasadas se refleja .en todos sus aspectos sociales enumerados. Se puede, pues, intentar analizar siguiendo dichos aspectos y en comparación con las modalidades anteriores del ocio.
En las sociedades primitivas y agrarias, las formas de ocio eran normalmente creación viva del pueblo y, por lo general, cada comunidad tenía -sin negar la existencia de una difusión cultural también a este respecto- sus formas peculiares de diversión y de expansión. Ahora las realizaciones del ocio son obra de profesionales o personas especializadas, y a veces exigen una preparación de alto nivel técnico, como, p. ej., la televisión y el cine. Por otra parte, estas creaciones modernas del ocio no sólo se difunden rápidamente en toda nación que las produce, sino que traspasan también rápidamente las fronteras e incluso los continentes.
Antes, las formas culturales del ocio reflejaban la unidad de los valores dominantes en la sociedad y, por lo general, eran expresión homogénea de ellos. Hoy, se manifiesta de manera especial en este campo el pluralismo propia de nuestra cultura.Entre las Líneas En el orden práctico, este aspecto coexiste con otro de signo contrario (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Frente a la diversidad de los modos de vida y de actuación práctica que representaban las formas de ocio anteriores, en nuestros días se condensan en formas generales de estilos de vida y acción, que se extienden por todo el mundo y están uniformando al respecto la Humanidad entera.
Considerado desde un punto de vista no ya cultural, sino como aspecto de la vida social, en los tiempos pasados el ocio exigía, comúnmente, una participación activa de las personas que lo practicaban y se ejercitaba comunitariamente, mientras que en la actualidad muchas formas de ocio, especialmente las más difundidas, sólo exigen una recepción o atención meramente pasiva y de tipo individual. Del mismo modo, las formas de ocio comunitarias antes suponían normalmente relaciones directas y personales y daban lugar a la formación de grupos primarios. Ahora frecuentemente estas relaciones son despersonalizadas y anónimas y es corriente el caso de que los grupos que se forman con motivo del ocio tengan carácter secundario, como, p. ej., los grandes clubs de fútbol.
En armonía con la dependencia del ocio del tipo de sociedad, de su nivel técnico y su forma de economía, al ocio colectivo anterior, de origen principalmente popular y campesino, ha seguido una clase de ocio acomodado al carácter urbano de la sociedad moderna, que tiene su nacimiento, se puede decir exclusivo, en las ciudades, de donde se difunde al campo.Entre las Líneas En el orden técnico, la revolución característica en nuestra sociedad respecto a las pasadas ha multiplicado los instrumentos de ocio mediante su producción en serie; ha posibilitado su difusión masiva, a través de los medios de comunicación de masas; ha facilitado la generalización del turismo, debido al desarrollo de la capacidad, rapidez y comodidad de los medios de transporte tanto privados como colectivos.
En el aspecto económico, en el pasado el gastó en ocio era prácticamente insignificante, mientras que ahora supone un porcentaje apreciable cada vez mayor de los gastos personales y familiares. Pero, sobre todo, la economía moderna en rápido desarrollo, que ha sucedido a la estancada de otros tiempos, está haciendo posible no sólo una a reducción progresiva espectacular del tiempo de trabajo y en consecuencia la extensión continua del tiempo libre, que se puede dedicar al ocio, sino también un aumento considerable de la productividad y los salarios percibidos que permite disponer de mayores excedentes para estas atenciones.
Respecto a la estratificación social, en las sociedades pasadas por lo menos las formas más refinadas de ocio y las intelectuales y creadoras eran el privilegio de las clases más elevadas.Entre las Líneas En nuestros días, la revolución técnica y económica tiende a hacer cada vez más posible la participación en todas las formas de ocio de los hombres, cualquiera que sea la clase o categoría social a que pertenezcan.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Detalles
Por último, respecto al cambio social, antes las formas de ocio, como la sociedad, eran estables y de carácter tradicional, mientras que ahora están sometidas al rápido cambio y evolución peculiar de la sociedad en general.
4. Significación sociológica y valoración ética del ocio. La extensión actual del ocio y las formas modernas que adopta hacen que constituya un fenómeno sociológico de primera magnitud en las sociedades modernas, especialmente en las más desarrolladas económicamente, y es de esperar que su importancia siga aumentando en el futuro.Entre las Líneas En este sentido es previsible que la difusión y ampliación del ocio dará lugar a una nueva civilización, la civilización del ocio, que sustituirá a la civilización industrial presente, basada principalmente en el trabajo fabril, dando lugar a una revolución social en los modos de vida y de cultura y en el tipo de economía -con un predominio cada vez más claro de las actividades del sector terciario sobrelas del primario y secundario- de incalculables consecuencias.
No es desatinado suponer, como lo hace J. Leloup (o. c. en bibl. 223) que «en la medida en la que el tiempo y los medios del ocio se extiendan a poblaciones más amplias, uno está autorizado verdaderamente a entrever una liberación de nuevas energías: si las civilizaciones han podido desarrollarse y progresar, aun cuando la casi totalidad de las poblaciones, inculta, permanecía marginada en tareas insignificantes, ¿quién podrá decir la exuberancia inventiva que se derivará de una humanidad extensamente liberada?».
Sin embargo, como todas las grandes transformaciones de la sociedad, no dejará de producir disfunciones (v (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FUNCIÓN Y DISFUNCIÓN SOCIAL) más O menos graves. Ejemplos de desajuste ya existentes son: a) el desfase entre la extensión de las posibilidades de ocio y la escasa capacidad cultural aún en las masas, por lo general, para emplearlo creativamente; b) las diferencias marcadas en las oportunidades de ocio que existen entre las clases, regiones de un país y naciones más favorecidas económicamente en comparación con las demás clases, regiones y pueblos; c) los posibles efectos negativos en algunos aspectos de ciertas formas del ocio, especialmente de los llamados medios de comunicación de masas; d) el peligro de que el desequilibrio en la utilización de los distintos medios del ocio, con inclinación excesiva a los que facilitan la evasión, el entretenimiento y la diversión, impulse aún más hacia un tipo de cultura hedonista y materialista.
El ocio en su sentido peyorativo (ociosidad), como equivalente a pereza (v.), en oposición al deber de trabajar, constituye un vicio, aún más, uno de los vicios capitales.Entre las Líneas En su auténtico sentido su valoración ética ha de ser positiva. Ayuda no solamente a reparar las fuerzas para el trabajo, que permite realizar también cuantitativamente mejor, sino que contribuye a forjar una personalidad completa y como tal, debe ser dirigido y educado (v. II), para evitar los riesgos indicados. [rbts name=”sociologia”]
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre ocio en sociología en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
J. DUMAZEDIER, Trabajo y ocio, México 1966; íD, Hacia una civilización del ocio, Barcelona 1966; J. PIEPER, El ocio y la vida intelectual, Madrid 1962; J (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FOURASTIÉ, Inventario del porvenir: las 40.000 horas, Madrid 1966; E. RIDEAu, Teología del ocio, Barcelona 1964; PITA CARPENTER, El ateísmo de las masas. Un nuevo mito: Ocio y trabajo, Madrid 1966; T. VEBLEN, Teoría de la clase ociosa, México 1944; J. LELOuP, Les temps du loisir, París 1962; v. t. la Bibl. de II.
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