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Significado de Creación

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Significado de Creación

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Significado de Creación en Relación a Teología

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] 1. Concepto y definición de creación. Las palabras creación, crear, tanto en el uso profano como en el religioso, tienen diversas significaciones. A veces se emplean para indicar cualquier producción de una cosa; también se usan para expresar la elevación de una persona a algún oficio o dignidad; asimismo se emplean en relación con los artistas, a quienes suele llamarse creadores de sus obras.Entre las Líneas En sentido estricto creación significa producciónde todo el ser; S. Tomás la define atendiendo a las cuatro causas o elementos constitutivos, intrínsecos y extrínsecos, del ser.
Así, por razón de la causa material, o punto de partida de la producción de ser, la creación se define: producción de la nada (Sum. Th. 1 q45 al), es decir, sin que haya materia alguna de la que se origine el nuevo ser. Si se atiende al término, o punto de llegada del nuevo ser, se define: producción del ser según la totalidad de su sustancia (Denz.Sch. 3025). Por orden a la causa eficiente la creación se define: producción de todo el ser por la causa universal, que es Dios (Sum. Th. 1 q45 al). Atendiendo a la relación entre el término a quo (punto de partida) y el término ad quem (punto de llegada) tenemos que la creación es: tránsito del no ser en absoluto al ser subsistente (Contra gentiles, 2,21; Sum. Th. 1 q45 a2 ad2). Refundiendo estas definiciones en una sola, tenemos que la creación es: «primera producción de todo el ser, hecha de la nada por la causa universal, que es Dios».Entre las Líneas En filosofía y teología escolástica ha prevalecido la definición: «producción de ser ex nihilo su¡ el subiecti».
En la noción real de la creación se excluye la causa material y todo presupuesto. Al decir: producción de la nada se quiere indicar que se produce la totalidad del ser, y no que la nada (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) sea algo preexistente de la cual se sirviera el creador para sacar al ser a la existencia; indica simplemente comienzo, esto es, antes nada había y ahora existe algo, un ser (De potentia, 3,1 ad7).Entre las Líneas En toda producción se obtiene un ser nuevo, y puesto que es tal determinado ser por la forma (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), de ahí que se diga que es hecho de la nada de sí mismo (ex nihilo su¡); si la producción acontece por generación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), es decir, por transformación de una materia preexistente, el nuevo ser se origina de algo de sí mismo en cuanto a la materia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) (ex nihilo su¡), mas no ex nihilo subiecti; en la creación el ser viene a la existencia del noser absoluto (ex nihilo su¡, forma, y ex nihilo subiecti, materia). Hablando con propiedad la creación no puede llamarse mutación o cambio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). pues toda mutación postula algo preexistente, un punto de partida, que pasa a otro ser; en la creación el punto de partida es la nada absoluta y el punto de arribo es un ser totalmente nuevo. Pasa a la inversa con la aniquilación; en ésta se da un término positivo del cual se parte como existente, un ser, que pasa a la nada absoluta (término ad quem). La creación excluye, pues, la causa material y la forma, pero no la causa eficiente, es decir, alguien que realice la obra creada. El excluir la causa eficiente iría contra el principio filosófico: «nada se hace sin causa eficiente preexistente». Además esa causa debe ser proporcionada al efecto (véase en esta plataforma: CAUSA).
2. Dios, creador del mundo. a. Testimonio bíblico.Entre las Líneas En el texto bíblico la verdad de la creación forma parte de las intervenciones divinas en la historia de la salvación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); es el punto de arranque, el primer acto salvífico realizado por Dios en favor de los hombres.Entre las Líneas En esa perspectiva salvífica contempla la Biblia la verdad de la creación, que va incluida en los demás eventos históricos (véase en esta plataforma: REVELACIÓN III, l).
Los escritores bíblicos manifiestan la convicción de que todo el mundo, en su ser y en su obrar, depende totalmente de Dios. Esta dependencia es enseñanza constante de la Escritura, de la cual extrae la conclusión de que el mundo tiene a Dios como autor. Dios se muestra como dueño y señor de cuanto existe, tiene en su poder el destino de los pueblos: «Mira: de Yahwéh, tu Dios, son los cielos, la tierra y todo cuanto en ella se contiene» (Dt 10,1415; cfr. 19,5). El dominio de Dios sol tire el mundo está en la base de la confianza de Israel en su Dios: «Señor, rey omnipotente, en cuyo poder se hallan todas las cosas, a quien nada podrá oponerse si quiere salvar a Israel: Tú, que has hecho el cielo y la tierra y todas las maravillas que hay bajo los cielos, tú eres dueño de todo» (Est 13,911; cfr. Idt 16,1617; Ps 89,913; 50,1011; 104).

Detalles

Los acontecimientos, tanto del orden físico como del moral, están sujetos a su poder y sabiduría. Los fenómenos de la naturaleza son signos de la trascendencia de Dios, quien dispone de ellos para servicio del hombre (cfr. Lev 26,35; Ioel 2,2127; lob 38,39; 31,35; Ps 97,15; 74,1317; 149,6). Todo el curso de la vida e historia del mundo se realiza conforme al designio de Dios (Is 45; 10,57; Ez 29,1920). Incluso en el plano individual dependemos de Dios: «No está en manos del hombre trazarse su camino, no es dueño el hombre de caminar ni de dirigir sus pasos» (ler 10,23). Estamos en sus manos y aun el pecado (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) está previsto por Dios (Sap 7,16; Est 15,11; Ps 37,23; 139; Ex 4,21; 1 Sam 2,25).
En el Nuevo Testamento la dependencia del mundo respecto a Dios se manifiesta sobre todo en su acción providencial: Dios alimenta a los pajarillos y viste a los lirios del campo (Mt 6,2629), todo lo dispone para cubrir las necesidades del hombre (Mt 10,30), envía las lluvias y regula las estaciones (Act 14,17), a todos da la vida, el alimento y todas las cosas. «y en Él vivimos, nos movemos y existimos» (Act 17,25.28). Todo acaece en el mundo para cumplimiento de la voluntad de Dios, para que sea todo en todos (1 Cor 15,2528). La voluntad humana está también bajo la dependencia de Dios, ya que Él «es el que obra. el querer y el obrar según su beneplácito» (Philp 2,13), incluso las acciones pecaminosas, pues la misma crucifixión de Jesús se debió a la mano de Dios y su consejo la había decretado (Act 4,28). Los milagros (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) son signos de la intervención divina en cuanto suspende por su acción omnipotente las leyes que Él estableció a la naturaleza. Todo esto manifiesta la absoluta dependencia del mundo, tanto en su ser ontológico como en su obrar físico y moral. Con ello, sin embargo, no se destruye la acción libre de la criatura racional, pues ésta es movida y actuada conforme a su naturaleza libre (véase en esta plataforma: DIOS IV, 14; PROVIDENCIA III; LIBERTAD I, III).
Así lleva el pensamiento bíblico a la convicción de que Dios es el autor del mundo, de modo que sin la intervención divina nada existiría o dejaría de existir (Dt 32,39; lob 34,1415; lo 5,17). La actitud religiosa frente a Dios se funda en estos presupuestos (Ps 33; 89; 95; 146). La creación lleva a comprender la transcendencia de Dios (lob 38), la nulidad de los ídolos (ler 10), es la razón de la confianza en la divinidad (Is 40,1217; 45,1819; 48,1215) y digna de alabanza la sabiduría desplegada por Dios al hacer el mundo (Prv 8,2232).
La creación «ex nihilo». ¿Cómo concibe el pensamiento bíblico esta dependencia del mundo y su origen? En Gen 1,1 la formación del mundo se atribuye a Dios y se expresa mediante la palabra crear (baya’): «en el principio Dios creó el cielo y la tierra». «En el principio», esto es, cuando nada existía, en un principio absoluto, antes del cual sólo existía Dios. La palabra tiara’ (crear) estrictamente hablando no tiene siempre el significado de producir algo de la nada; sin embargo, en la literatura bíblica la acción expresada por dicho vocablo se reserva a Dios. El contexto de todo el cap. 1 del libro del Génesis (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) induce a pensar que su autor supone la idea estricta de creación (véase en esta plataforma: I). A diferencia de las cosmogonías (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) orientales, la narración bíblica excluye todo coprincipio. El mundo no es el resultado de una lucha desencadenada por los poderes divinos ni un trabajo penoso, sino el fruto de una orden. Sólo la acción de Dios da origen a las cosas, que vienen a la existencia únicamente por su palabra: «Dios dijo». Es de notar la diferencia en la narración cuando se trata de la formación de las plantas («haga brotar la tierra hierba verde» Gen 1,11) y cuando se habla de la gran masa del universo: «hágase la luz» «haya firmamento» (Gen 1,3.6). Se echa de ver que nada existía de lo cual hiciera brotar las cosas, al mismo tiempo que expresa la iniciativa libre y espontánea de Dios, su transcendencia y su ser soberano (véase en esta plataforma: DIOS Iv, 3), así como la distinción radical entre Dios y el mundo, con exclusión de cualquier tipo de emanatismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o panteísmo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
La inmediatez de Dios a su obra expresada por la palabra creadora, «Dios dijo. y fue hecho», la recogen el Salmista: «habló y se hizo; lo mandó y fue realizado» (Ps 33,9) e Isaías: «Dios llama al cielo y la tierra y éstos se hacen presentes» (48,13). Todo lleva a concluir que la formación del mundo tal como la concibe el Génesis es una creación de la nada en sentido estricto, aunque no se pueda deducir esto de la sola consideración del término tiara’, sino de todo el contexto de la narración. Es cierto que no puede exigírsele al hagiógrafo bíblico la precisión que el término crear tiene en filosofía.

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Mas dentro de su mentalidad se afirma el mismo contenido, su descripción de los orígenes equivale a decirnos que Dios creó el mundo de la nada.
En los Profetas el hecho de la creación de la nada se admite como verdad tradicional, y sirve para evocar la omnipotencia divina, para justificar la ira de Dios, la superioridad de Yahwéh sobre los ídolos, para excitar a la esperanza y al temor, como signo de la trascendencia y distinción de la criatura y Dios, pues sólo Él es el creador y creador libre (Am 4,13; 5,89; Ier 10,1217; Is 37,6; 66,12; 40,1213; 44,24; 40,26).Entre las Líneas En los Salmos la creación es incitamento para la alabanza a Dios, signo de su grandeza y manifestación de su gloria, certeza de la esperanza y de la providencia divina (Ps 8,4; 19,2; 89,615; 102,26; 134,3.49; 146,6; 148).Entre las Líneas En los libros sapienciales se afirma la trascendencia y unicidad del creador, la bondad de lo creado y la libertad de la acción creadora (Eccli 42,21; 43,2733; 39,1718). La Sabiduría enseña que todo el mundo es obra de Dios; Él lo ha hecho voluntariamente, con sólo su poder ha organizado la materia caótica (Sap 1,14; 9,1; 11,26.18). Una enseñanza explícita sobre la creación de la nada se encuentra en 2 Mach 7,28, donde la madre de los macabeos exhorta a su hijo menor a la fidelidad y confianza en Dios: «ruégote, hijo, que mires al cielo y a la tierra, y veas cuanto hay en ellos, y entiendas que de la nada lo hizo todo Dios, y todo el humano linaje ha venido de igual modo»; testimonio de una mujer sencilla del pueblo que muestra cuán hondamente se encontraba enraizada esta verdad en Israel.
Se da por cierto que el judaísmo del tiempo de Cristo reconocía sin discusión esta verdad.

Pormenores

Los hagiógrafos del Nuevo Testamento para expresar la acción operada por Cristo en los cristianos, la «nueva creación», la comparan a la creación primigenia. El señorío sobre el mundo se coloca ahora en Cristo, y es Él el único que está al comienzo, el único principio de lo creado, contra los múltiples intermedia rios de la concepción griega (Act 14,1; 17,24.28; Rom 8,1923; 11,36; Eph 2,10; Col 1,1619; Heb 1,2.10). San Juan al describir la obra de Cristo como una «nueva creación» da la impresión de tener en su mente los primeros capítulos del Génesis, de lo que es un indicio el comienzo de su evangelio: «Al principio.», señalando igualmente que la creación es obra de la Palabra: «todo fue hecho por Él.». (lo 1,3). Esto supone, como hemos indicado, una creación ex nihilo (cfr. lo 17,5.24; 1 lo 1,1; 2,13.14).
Toda la enseñanza bíblica acerca de la creación hay que contemplarla a la luz de la historia salvífica y como una de las exigencias postuladas por la Alianza (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). De ahí la resonancia que esta verdad tiene en todas las manifestaciones de la relación de Dios con su pueblo. Se apela a ella, más que para dar una enseñanza científicofilosófica acerca del origen del mundo, simplemente para exigir la fidelidad de Israel a los compromisos adquiridos con Yahwéh.Entre las Líneas En esta misma trayectoria de la historia salvífica se sitúa la concepción neotestamentaria. Aquí el cumplimiento de la promesa en Cristo, la instauración en 11 de la nueva Alianza, se servirá de la creación para penetrar en la profundidad del cambio realizado por Jesús en cuantos se unen a Él por la fe y el amor. La reflexión teológica extraerá las consecuencias implicadas en este contexto históricosalvífico.
b. La creación en los Padres de la Iglesia. La creación de la nada se encuentra afirmada en los más antiguos documentos del cristianismo. La Didajé (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) se hace eco de la enseñanza del Génesis al decir que por su nombre (por su palabra) ha hecho las cosas el Dios omnipotente (3,5), y el Pastor de Hermas (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) afirma expresamente que hizo las cosas de la nada (hand. 1,10: RJ 85). Arístides Ateniense (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) encuentra la razón para rechazar la idolatría en que los cristianos «conocen a Dios y creen en Aquel que creó el cielo y la tierra» (PG 96,1168.1124). Teófilo de Antioquía refuta a Platón y su escuela que admitía la materia increada: «Ahora bien, si también la materia fuese increada, sería por el mismo caso inmutable y pareja a Dios. ¿Y qué maravilla fuera que Dios hiciera el mundo de materia preexistente? Pues también un artífice humano, tomando una materia cualquiera, hace de ella lo que quiere. Mas el poder de Dios se manifiesta precisamente en que de lo que no es hace lo que quiere» (Ad Autolycum, 11,4: PG 4,1052).
La mente de los Padres se clarifica aún más en sus controversias contra las herejías. Así contra el dualismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) S. Ireneo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) afirma que sólo Dios es creador de todo, de Él proceden las cosas visibles e invisibles, las sensibles y las espirituales; Dios lo ha hecho todo de la nada, ha hecho la materia primitiva; si la materia fuera increada sería inmutable y el mundo no habría podido ser hecho de ella (Adversus haereses, 1,42,1: PG 7, 669.736. 733). Para Tertuliano (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es de fe que Dios por su palabra ha creado el mundo de la nada; negarlo implicaría negar la divinidad de Dios; creer que la materia es eterna es una aberración de los estoicos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) (De praescriptione haereticorum, 13: PL 2,26; Adversus Hermogenum, 1: PL 2,198). La herejía dualista fue ya refutada por Moisés, según S. Juan Crisóstomo: «Si viene, pues, a ti un maniqueo y te dice que la materia preexistía, si viene Marción, si viene Valentín o incluso un pagano, respóndeles: Dios creó al principio el cielo y la tierra» (In Genesim Homil 2,3: PG 53,29), «decir que las cosas que existen han sido hechas de materia preexistente y no confesar que el artífice de todas las cosas las ha hecho de la nada es señal de necedad suma» (ib. 2: PG 53,28; RJ 1147). Contra el maniqueísmo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) escribe S. Agustín: «Rectísimamente se cree que Dios hizo todas las cosas de la nada, porque si todas las criaturas fueron sacadas con sus formas particulares de esta primera materia, esta misma materia fue creada de la nada absoluta. No debemos asemejarnos a estos que niegan que el Dios omnipotente pudiera hacer algo de la nada, porque ven que los operarios y artífices no pueden fabricar cosa alguna a no ser que tengan materia para labrar» (De Genesi contra manicheos, 1,6,10, Madrid 1957, 373).
Con motivo de la controversia arriana los Padres precisaron la diferencia entre la generación del Verbo y la creación del mundo (véase en esta plataforma: ARRIO). Así S. Atanasio asevera: «Ciertamente éstos (los arrianos), si no hubiesen perdido completamente la inteligencia, habrían podido comprender que el Hijo, según el testimonio de la Verdad, no es de la nada y no pertenece en ningún sentido a las cosas hechas. Siendo Él Dios, no puede ser hecho y no es lícito llamarle creado.Entre las Líneas En realidad se puede decir sólo de las cosas creadas y producidas que son de la nada y que no existieron antes de ser originadas» (Or. 2 contra Arianos, 1: PG 26,147) (véase en esta plataforma: TRINIDAD SANTÍSIMA; JESUCRISTO III).
c. La fe de la Iglesia. La fe de la Iglesia sobre la creación se manifiesta primeramente en los Símbolos (véase en esta plataforma: FE II).Entre las Líneas En éstos la fórmula más antigua parece ser: «Creo en Dios Padre omnipotente (pantocrator) ». Esta palabra griega pantocrator unida a Padre denota una idea de procedencia, de origen, y de dominio sobre todas las cosas. La creación, pues, está en la raíz de esta fórmula, que después se explicita con la expresión: «creador del cielo y de la tierra» (cfr. Denz.Sch. 143). El símbolo de Nicea propone la fe así: «Creo en un solo Dios, Padre omnipotente, hacedor de todas las cosas, de las visibles y de las invisibles» (Denz.Sch. 125). La forma más explícita la ofrece el conc. NicenoConstantinopolitano: «Creo en un solo Dios Padre omnipotente, creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles» (Denz.Sch. 150). Esta doctrina se repetirá posteriormente, precisándose más, en los conc. III y IV de Letrán (Denz.Sch. 800), Florentino (Denz.Sch. 1333) y Vaticano I (Denz.Sch. 3025), como tendremos ocasión de ver.
d. La razón ante la creación. La creación en sentido estricto (de la nada) entra dentro del género de verdades que pueden alcanzarse por solas las fuerzas naturales de la razón (véase en esta plataforma: II), pero que es necesario que sean reveladas para que sin dificultad, sin error y con certeza todos puedan conocerlas (Denz.Sch. 3005). La historia del pensamiento demuestra que sólo gracias a la Revelación la creación ha entrado en la categoría racional.Entre las Líneas En efecto, ni los más grandes filósofos alcanzaron esta verdad; el célebre demiurgo de Platón (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), introducido en el Timeo para explicar el origen del mundo, no es más que un agente muy secundario, que no crea de la nada ni produce seres reales; Aristóteles (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) tampoco llegó al conocimiento de la creación de la nada, pues aunque algunos autores (entre los que hay que contar a S. Tomás, De potentia q3 a5) le atribuyen este conocimiento, otros con mayor fundamento se lo niegan.

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Puntualización

Sin embargo, se admite por todos que en Aristóteles se encuentran los principios metafísicos de los cuales se desprende la doctrina creacionista, y de ellos se ha servido S. Tomás para desarrollar de modo acabado la doctrina de la creación.
No es extraño que a lo largo de la historia del pensamiento se encuentren frecuentes y crasos errores en su intento de explicar el origen del mundo. Nos encontramos así con el dualismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que defiende la existencia de dos principios opuestos de los que procedería el mundo; error que ha tenido diversas modalidades. El gnosticismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), al defender la malicia natural de la materia, hacía provenir a ésta de un principio absoluto malo, o de un principio bueno por medio de agentes secundarios cada vez más corrompidos. El maniqueísmo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) pone el principio del bien en Dios, idéntico a la luz, y el principio del mal en el diablo que es el autor de la materia. La herejía de los cátaros (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y albigenses (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) renovó el error maniqueo defendiendo la existencia de dos principios, uno bueno origen del espíritu, y otro malo origen del mal y de la materia, que en algunos se considera como eterna y primer principio malo.
David de Dinant identificó a Dios con la materia, y en su línea los materialistas antiguos (véase en esta plataforma: DEMÓCRITO; EPICURO; LUCRECIO) y los modernos (véase en esta plataforma: FEUERBACH; HAECKEL) no admiten más Dios que la materia y sus fuerzas naturales (véase en esta plataforma: MATERIALISMO I). Otro error se encuentra en las diversas formas de panteísmo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), es decir, el de aquellos que identifican a Dios con el mundo. El panteísmo emanatista, ya defendido por la escuela estoica, se resucitó en el pasado siglo, defendiendo que todas las cosas proceden por emanación de la sustancia divina, teniendo todas ellas la misma sustancia (véase en esta plataforma: ESTOICOS; EMANATISMO). El panteísmo esencial (véase en esta plataforma: SCHELLING, F. w.) defiende que Dios y las cosas tienen la misma esencia, siendo la evolución de las mismas la causa de la diversidad. Otra especie de panteísmo es la que propone la doctrina del ente universal, único, que al determinarse, particularizarse, se convierte en cada una de las cosas (véase en esta plataforma: HEGEL, G. w.). El conc. Vaticano 1 se ocupó de estos errores (cfr. Den.Sch. 30223024) por separado, y condenó conjuntamente al panteísmo y al materialismo: «si alguno no confiesa que el mundo y todas las cosas que en él se contienen, espirituales y materiales, han sido producidas por Dios de la nada según toda su sustancia, sea anatema» (Denz.Sch. 3025).
Las ciencias experimentales nada pueden aportar para explicar tanto la posibilidad como la realización de la creación de la nada, porque escapa del terreno de lo fenomenológico, de lo observable por los sentidos y por la técnica del científico. A lo más podrá éste, mediante el análisis de la materia ya existente y de la evolución de la misma, llegar a la conclusión de que el mundo no siempre ha existido, que ha habido un principio, y de esto podrá deducir ya en el campo filosófico que es el mundo un ser contingente y que depende de un agente necesario, de un creador. La creación en sentido estricto es una verdad metafísica, no científica o experimental.
e. Sólo Dios puede crear. La creación es la producción de un ser de la nada; esto quiere decir que en la creación se produce el ser en su totalidad, se da la existencia en cuanto tal y ésta es un efecto universalísimo. Como quiera que el efecto deba tener una causa proporcionada para poder existir, se sigue que sólo la causa universalísima puede producirla, y esta causa universalísima es Dios. Luego sólo Dios puede crear (Sum. Th. 1 q45 a5). Con esto se demuestra que es imposible que Dios pueda conceder a una criatura la potencia creadora, contra lo que opinaron Durando y G. Biel.
Una criatura, por noble que se la suponga, ni siquiera puede servir como causa instrumental, en las manos de Dios, para la obra creadora. Sabemos que en la antigüedad, no faltaron quienes pusieron causas creadas intermedias de las que Dios se sirvió para realizar la c.: según testimonio de S. Ireneo, los gnósticos multiplicaban los eones entre el principio supremo y el mundo creado; los arrianos veían en el Verbo el instrumento creado con el que Dios realizó la creación.Si, Pero: Pero es imposible que una criatura pueda servir de instrumento en la creación, porque lacausa instrumental actúa bajo la acción de la causa principal en cuanto, con su acción propia, dispone la materia para el efecto de la causa principal (véase en esta plataforma: CAUSA). Ahora bien, en la creación no hay materia preexistente, es producción de la nada; luego no existe nada sobre lo que pueda actuar o disponer una causa instrumental (Sum. Th. 1 q45 a5).

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Además, el producir un efecto de la nada exige una potencia infinita, pues entre la nada (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y el ser (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) existe una distancia infinita; no teniendo ninguna criatura tal poder infinito, es claro que ninguna criatura pueda ser creadora ni como causa principal ni como instrumental (ib., ad3).
Esta doctrina, que S. Tomás deduce de los principios metafísicos, se desprende de la misma enseñanza bíblica que nos presenta a Dios como el único merecedor del culto apoyándose en que sólo Él es el autor del mundo (Is 45,58; Ier 10,1016; Ps 96,5; Eccli 1,8). Como hemos visto anteriormente, la absoluta dependencia del mundo respecto a Dios se debe, en el pensamiento bíblico, al hecho de que ha sido creado por Él exclusivamente (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Frente a los errores gnósticos y arrianos los Padres de la Iglesia afirmaron no sólo que Dios es el único creador, como único primer principio del mundo, sino también que ninguna criatura ha podido concurrir con Él en la obra creadora. Así S. Cirilo de Alejandría decía: «Repugna a la gloria divina pensar que algún otro pueda crear y llamar a la existencia las cosas que no existían. No es, pues, lícito decir gire aquello que es propio de manera especial de la inefable naturaleza divina, pueda hallarse en la naturaleza de alguna criatura» (Contra Julianum, 2: PG 76,596). Y S. Juan Damasceno: «Quien dice que los ángeles son autores de alguna sustancia, es boca del diablo, que es su padre. Pues los ángeles, por ser criaturas, no son autores (demiourgoi). El artífice, gobernador y conservador de todas las cosas es Dios, el único increado» (De fide ortodoxa, 2,3: PG 94,873). [rbts name=”teologia”]

Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre significado de creación en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

CREACIÓN, SINTESIS TEOLÓGICA

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