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Tradición Sinóptica

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Tradición Sinóptica

Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs]

Tradición Sinóptica en Relación a Historia de la Iglesia

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Evangelios. La Tradición Sinóptica. 1. Introducción. La primera exigencia que la crítica impone para el conocimiento de un texto es un análisis literario del mismo.Entre las Líneas En el caso de los Evangelios de Mateo (Mt), Marcos (Me) y Lucas (Le), llamados Sinópticos, se trata de una realidad bastante compleja. Cualquier lector que examine una Sinopsis de los E., o directamente lea con atención los lugares paralelos de los tres Sinópticos, advertirá inmediatamente las múltiples convergencias y divergencias que existen entre las tres narraciones evangélicas. Surge entonces el problema de las mutuas relaciones entre ellas y el de la razón de sus diferencias. La exposición de estos hechos y su explicación objetiva, constituyen la llamada «cuestión sinóptica» o «problema sinóptico», que nosotros preferimos denominar simplemente «la tradición sinóptica».
Conocer las mutuas relaciones entre los Sinópticos, y las fuentes de sus tradiciones, nunca es una mera curiosidad científica. Según los resultados de esa investigación, se podrá hablar o de «omisiones» o de «añadiduras»; de referencia histórica o de teología de la historia; de tradición o de interpretación; etc. Descubriendo la fuente, se pueden descubrir las leyes que han presidido la composición de cada E., y entonces aparece mejor la intención del autor inspirado y el sentido de la Revelación. Conociendo la fuente, un mismo texto se valora mejor que si no se conociese; entonces se puede hablar de lo que históricamente fue dicho y de la aplicación actual que se hace de ese texto. Así se conocen más claramente los presupuestos y las exigencias de la inspiración y de la inerrancia (véase en esta plataforma: BIBLIA III y v). Queda también abierto el camino para documentar las garantías de historicidad de estos documentos excepcionales.
2.

Pormenores

Los hechos.Entre las Líneas En primer lugar, se encuentran una serie de hechos que exigen una explicación: Concordancias. Las múltiples convergencias que existen entre los tres Sinópticos, pueden ser agrupadas bajo . tres títulos: 1° La materia. Aunque los resúmenes de los evangelistas (Mt 9,35; Me 6,6; Le 10,1; cfr. lo 21,25) indican que Jesús hizo y dijo cosas que no están recogidas en los E., sin embargo, hablando en general, los tres nos han conservado más o menos los mismos hechos y los mismos dichos de Jesús; los mismos milagros, las mismas parábolas, las mismas discusiones, y los mismos acontecimientos principales de su vida. De 1070 versículos que tiene Mt, 740 se encuentran en Me y Le o en uno de ambos. De 1149 versículos que tiene Le, 539 se encuentran en Me y Mt o al menos en uno de los dos. Los tres tienen en común 330 versículos, es decir, la mitad del Evangelios de Me, la tercera parte del de Mt, y un poco más de la cuarta del de Le, es de triple tradición. La quinta parte (235 vers.) de los Evangelios de Mt y de Le es de doble tradición. 2° El orden. El cuadro general en el cual está integrado el material evangélico es idéntico en los tres Sinópticos: preparación del ministerio; ministerio en Galilea; viaje a Jerusalén; Pasión y Resurrección. El acuerdo mutuo alcanza también a muchas secciones del Evangelios Todo procede como si hubiese un esquema general para ordenar la materia. Esta uniformidad, sin embargo, no ha impedido que a veces la convergencia se dé dentro de un contexto diferente, como cuando encontramos una concordancia sinóptica alterna (p. ej., Mt 8,23-9,26 y lug. paralelos). Hablando en general, quienes más concuerdan en el orden son Me y Le, hasta tal punto que solamente Le introduce su material propio sin perjudicar el cuadro de Me. 3° La expresión. Los tres Sinópticos tienen un estilo popular, sencillo y anecdótico; la simple lectura de un trozo de Mt, Mc o Le, evoca en seguida un estilo distinto de los escritos de S. Juan y S. Pablo. El acuerdo entre los Sinópticos llega a veces a ser literal, anotando no solamente los mismos detalles, sino, lo que es más sorprendente, hasta con las mismas palabras, en el mismo orden, y los verbos en el mismo tiempo (p. ej., Mt 3,7b-10 y Le 3,7b-9). Hay también detalles o glosas que no brotan espontáneamente del curso de la narración y, sin embargo, se encuentran simultáneamente y en el mismo lugar en dos de los Sinópticos (p. ej., «pues eran pescadores»: Mt 4,18 y Me 1,16). El acuerdo entre los Sinópticos es mucho más sorprendente cuando simultáneamente y en el mismo lugar utilizan un hapaxlegómenon, es decir, un término que tan sólo aparece una sola vez en el Nuevo Testamento, y a veces en toda la Biblia (p. ej., Mt 9,2.5.15.16 y par¡.). A veces, citando un texto del Antiguo Testamento no siguen ni el texto hebreo masorético ni el griego de los Setenta, y, sin embargo, los tres evangelistas coinciden entre sí en la reproducción de la misma cita (p. ej., Mt 3,3 y paral.; cfr. Is 40,3).
Diferencias. Simultáneamente a las concordancias, existen también diferencias, sobre todo de detalle, de tal manera que el número de versículos literalmente idéntico es pequeñísimo. Se puede afirmar que no hay ningún versículo de los Evangelios que sea igual en los tres Sinópticos; idénticos en Mt y Me sólo hay ocho; en Mt y Lc sólo hay seis; en Mc y Lc tres nada más. Por eso, todos los exegetas dan a estos hechos la importancia que se merecen, pues precisamente en las diferencias de cada tradición se descubre la índole literaria peculiar de cada evangelista y los rasgos que han presidido la composición de la obra (véase en esta plataforma: III). 1° La materia. A pesar del enorme material común de los tres Sinópticos, cada uno de ellos tiene secciones o versículos que les son exclusivos. De una manera general podemos decir que Mt tiene 333 versículos que son peculiares suyos; Me 50; y Le 499. Aun dentro del mismo acontecimiento evangélico, puede existir diverso material: el Padre Nuestro (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) en Mt 6,9-13 tiene siete peticiones, mientras que en Le 11,1-4 tiene cinco.Entre las Líneas En las Bienaventuranzas (Mt 5,3-12; Le 6,20-23; v.) Mt tiene cuatro más que Le. 2° El orden. A pesar de ser común a los tres el esquema general del E., cada uno de ellos a veces sigue un orden propio. Normalmente es Mt quien sigue un orden más personal. Este hecho tiene como consecuencia una distinta sucesión de los acontecimientos en uno y otro evangelista. Así, p. ej., después de la controversia sobre Beelzebul en Mt 12,43-45, viene la cuestión sobre la verdadera familia de Jesús, mientras que en Le 11,14-26 la misma controversia es seguida por la bienaventuranza a la madre de Jesús (Le 11,27-28); y el episodio sobre la verdadera familia de Jesús, lo sitúa Le 8,19-21 después de terminar la explicación de la parábola del sembrador y amonestar cómo se han de escuchar las parábolas (Le 8,16-18). Hasta en una misma frase, puede estar el orden cambiado; en la parábola del sembrador el fruto es descendente en Mt 13,8: ciento, sesenta, treinta; pero en Me 4,8 es ascendente: treinta, sesenta y cien. 3° La expresión. Las diferencias entre los Sinópticos alcanzan su máximo en la expresión y formulación concreta de cada versículo. A pesar de ser las más uniformes las palabras del Señor, también hay en ellas sus diferencias (p. ej., Mt 26,26-28 y paral.). Los casos más llamativos, que aparentemente pueden tener el aspecto de una contradicción, son los siguientes: Mt 1,7-16 y Le 3,23-31; Mt 10,10; Le 9,3 y Me 6,8-9; Mt 8,28 y Me 5,2; Le 8,27. Es muy frecuente que palabras iguales o semejantes sean usadas diferentemente en pasajes paralelos: (a) en dichos de Jesús: p. ej., Mt 23,26 y paral.; (b) atribución de las mismas o semejantes palabras a diferentes locutores: p. ej., Mt 8,8 y paral.; (c) uso de las mismas o semejantes palabras como parte de un discurso y como parte de la narración de un evangelista; p. ej., Le 8,46 y paral.; (d) otras variaciones en el resto de las narraciones sinópticas; p. ej., Mt 14,24 paral. Es curioso el caso de la frase «nada respondía» que en Me 14,61 está usada ante el Sumo Sacerdote, en Mt 27,12 ante Pilatos, y en Le 23,9 ante Herodes. Hay a veces algunas diferencias, también, en el uso de partículas, con diverso sentido en el mismo lugar, como el «que» de Me 6,35 que tiene sentido recitativo, cuando en Le 9,12 lo tiene causal.
3. Explicación de los hechos.

Pormenores

Los hechos constatados son innegables.Si, Pero: Pero no basta hacer una estadística, hay que interpretarla. Nuestro propósito es interpretar los hechos objetivamente comprobados, partiendo siempre de un estudio interno de la documentación existente.
Soluciones antiguas. Las concordancias y diferencias existentes entre los tres Sinópticos no son un descubrimiento de la exégesis moderna, sino que han sido siempre percibidas en la Iglesia desde sus orígenes. A mediados del s. ii, Taciano (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) publicó un libro llamado Diatessaron o Armonía de los Cuatro Evangelios; su intención era conciliar los datos comunes y divergentes, mezclando entre sí y entrelazando los cuatro E., obteniendo de esta manera una «narración continua» y «un solo E.». Este método se ha seguido de diversas maneras hasta nuestros días, especialmente en las «Armonías» o «Concordancias de los E.», v en las «Vidas de Jesús». La obra de Taciano fue rechazada por las comunidades cristianas; no sabemos exactamente si esta condenación se debió a su carácter de armonización, a las supresiones que introdujo en el texto, o a la herejía de su autor.Entre las Líneas En cuanto a las demás Armonías o Concordancias, aunque reproduzcan íntegramente el texto inspirado, el resultado final no es «la palabra inspirada de Dios», sino más bien una «obra humana» que ha tenido como fundamento «la obra de Dios».
Otro intento son las «vidas de Jesús», que tienen indudables méritos, aunque algunas son un tanto problemáticas en cuanto a su rigor científico, al seguir un método demasiado literalista, intentando trazar una cronología precisa en todos sus detalles, etc., lo que conduce a encerrarse en un falso problema. Los evangelistas, en efecto, querían narrar lo hecho y dicho por Jesús, pero no con una preocupación de simple erudición histórica, sino para presentar la «buena nueva» que Jesús manifestaba y que Él mismo era. De ahí que atiendan mucho más al fondo mismo de las cosas que a detalles accesorios, sin que por ello, obviamente, dejen de reflejarlos en la medida en que se ordenan a narrar lo que realmente importa. Una cronología, etc., para cada acontecimiento, como la que pretenden a veces las vidas de Jesús, no se encuentra por regla general en los Evangelios. Digamos finalmente que entre los Santos Padres que cayeron en la cuenta de las variantes de los Evangelios sinópticos (un buen ejemplo es S. Agustín, con su De consensu evangelistarum), algunos intentan buscar soluciones fundadas en la alegoría, el sentido místico, las figuras de estilo, etc.
La exégesis moderna. Con el desarrollo de la investigación histórica en la época moderna, se ha abordado el tema de la concordancia entre los Evangelios sinópticos por la vía de la crítica interna de los documentos.

Más Información

Las investigaciones han mostrado que es difícil llegar a una solución definitiva, aunque han apuntado algunas líneas. Hoy se considera un axioma crítico que la solución del llamado problema sinóptico no se puede encontrar unilateralmente en la tradición oral, en la comunidad cristiana primera o en la documentación literaria. Hace falta combinar y matizar los datos positivos que tenemos. Hagámoslo poniendo así de relieve el profundo valor histórico de las narraciones evangélicas.
1) La tradición oral. El E., antes de ser un documento escrito, fue un mensaje oral, confiado a los Apóstoles (Me 16,15; Mt 28,19-20; Col 1,23), los cuales cumplieron su misión proclamándolo oralmente (Act 5,42; 6,4; 10,36; Rom 10,17; Heb 2,3); V. CATEQUESIS 1, TRADICIÓN.
(a) La «parádosis». El término técnico para expresar la tradición, especialmente la tradición oral es el verbo paradídomi. San Pablo nos ha dejado toda una doctrina sobre la parádosis. Hay que recibirla de testigos cualificados: paralambánein (1 Thes 2,13; 2 Thes 3,6; Gal 1,9.11; Philp 4,9; Col 2,6; 2 Tim 2,2); hay que transmitirla fielmente: paradidónai (1 Cor 11,2.23; 15,3; Rom 6,17); hay que atenerse a ella: katéjein (1 Cor 11,2; 15,2); hay que estar en ella: istánai (1 Cor 15,1; 2 Thes 2,15). La fe (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) surge de la predicación viva, y ésta se funda en una misión y legitimación autoritativa, que en último término anuncia solamente lo que a su vez ha recibido (1 Cor 11,23; 15,3). Especialmente significativo es el texto de 2 Tim 2,2: primero está Pablo que ha predicado el E.; después, Timoteo, discípulo suyo, puesto por él como jefe de una iglesia, el cual ha escuchado el Evangelios de Pablo; luego vienen los hombres «fieles» para conservar sin alterarla la tradición que Timoteo les entrega; y, finalmente, estos hombres han de ser «capaces» ellos mismos, de enseñar a otros. Así se forman los anillos de la tradición oral. Lo que Pablo exige a los «ministros de Dios» es que sean «fieles» (1 Cor 4,2; 1 Thes 2,4-8). Esta doctrina pone de relieve el interés de los primeros cristianos en subrayar lo bien fundado de su predicación: la tradición tiene su origen en Jesús y los testigos de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor (Gal 3,1; 1 Cor 15,3-8). Las reuniones para celebrar el sacrificio eucarístico estaban dominadas por la anámnesis, recuerdo y presencia, del Señor Jesús, vivo y esperado (1 Cor 11,25-26); estas reuniones se prolongaban a veces hasta la medianoche (Act 20,7), dando así lugar a que quienes comieron y bebieron con Jesús después de la Resurrección (Act 10,40), pudieran narrar muchos detalles sobre Él.
(b) Predicación y Evangelio. El contenido de la tradición oral es el mismo que el de los actuales E., como se ve incluso comparando con los discursos de Pedro y Pablo en los Hechos (Act). Encontramos dos’ series de sermones: los de Pedro: Act 2,14-36.38-39; 3,12-26; 4,8-12; 10,34-43; y los de Pablo: Act 13,16-41; 24,10-21; cap. 26. La estructura de cada uno de estos sermones es la siguiente: Kerigma, proclamación de los principales hechos y palabras salvíficos de Jesús; escritura, cumplimiento en Jesús de las palabras proféticas; penitencia, exhortación a un cambio de la vida consecuente.
El kerigma (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) tiene cuatro elementos básicos: bautismo de Juan; actividad en Galilea; actividad en Jerusalén; Pasión y Resurrección. Estos elementos de la predicación de Pedro y Pablo (cfr. también Act 1,21-22) constituyen precisamente la estructura general de los Sinópticos: geografía: Galilea, Judea; cronología: desde el bautismo de Juan hasta la ascensión; actividad: predicación, curaciones, muerte, resurrección; anuncio: unción del Espíritu Santo, cumplimiento de las profecías, señorío universal de Jesús, remisión de los pecados…

Otros Elementos

Además, en Act 2,22 se habla también de «… milagros, prodigios y señales que Dios hizo por Él, en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis», que constituye también la materia evangélica; y en Act 23,31 San Pablo habla en general de «las cosas acerca del Señor Jesucristo».Entre las Líneas En la predicación, también se repetían palabras del Señor conocidas como tales; San Pablo dice una vez: «a los que están unidos en matrimonio, les mando, no yo, sino el Señor: la mujer no se separe de su marido… » (1 Cor 7,10); en otra ocasión dice: «el Señor ordenó a aquellos que anuncian el E.» (1 Cor 9,14); y en 1 Thes 4,15 dice: «he aquí, en efecto, lo que tenemos que deciros acerca de la palabra del Señor…. El mismo San Pablo ha conservado una frase de Jesús, que no figura en los E.: «porque El mismo dijo: causa más felicidad dar que recibir» (Act 20,35). Así, pues, con la predicación primitiva existían también narraciones sobre los milagros, prodigios, señales, y frases de Jesús, lo cual confirma que la predicación tiene el mismo contenido que el Evangelios La forma arcaica de las expresiones (Act 2,22.32.36; 3,13.15.21-23) indica que la unidad de la predicación en la primera comunidad cristiana existía ya desde su origen. La fórmula de 1 Cor 15,3 tradidi quod et accepi (entregué lo que recibí) indica que lo transmitido es lo que ha predicado, y el resumen de esta tradición y de esta predicación es la muerte y resurrección de Jesús (1 Cor 15,3-8) que es el núcleo sustancial de los Evangelios y de la predicación de Pedro y Pablo en los Act.
Lo que acabamos de decir se refiere sólo a la estructura general externa de los E.; hay además en la predicación a la primera comunidad un dinamismo interno que corresponde exactamente al ritmo que preside el interior de los Evangelios Reduciéndolo a sus puntos esenciales encontramos: un hecho vivido: la Pascua (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), un hecho intermedio: Pentecostés (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), un hecho esperado: la Parusía (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Estos tres hechos están enraizados en las profecías de la Sagrada Escritura. Se observa además una tensión fuerte: la esperanza se ordena a la Parusía, con la que todo se consuma; lo que se anuncia es la Pascua y lo que la ha seguido, y en ello se centra el Evangelio.Entre las Líneas En primer lugar hay una serie de hechos sorprendentes: los Apóstoles hablan en lenguas extranjeras (Act. 2,4.11); un tullido es curado en el Templo (Act 3,1-10); audacia en proclamar que el Supremo Tribunal ha condenado a un inocente (Act 4,13-20; 5,28). Pedro da la interpretación de estos tres hechos: no están bebidos (Act 2,15); la curación no se ha producido por propio poder (Act 3,12); hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Act 5,29); ésta es la explicación negativa. La razón positiva es que Jesús, a quien crucificaron, está vivo (Act 2,22-24.36; 3,13-15; 4,10; 5,30-31; 10,39-40; 13,27-30), y ellos lo pueden atestiguar porque lo han visto (Act 2,32; 3,15; 5,32; 10,39-41; cfr. 1,8; 4,33). Así resulta que la tradición evangélica es el eco, amplificado por el Espíritu Santo, los sucesos y hechos de la Pascua: la Muerte y Resurrección del Señor. Han llegado a los últimos tiempos (Act 2,17; cfr. 1 Cor 7,29-31; 10,11); ha llegado el Espíritu Santo que anunciaron los profetas (Act 3,24), especialmente loel (Act 2,17-21; cfr. Ioel 3,1-5), para cumplir las promesas hechas a los padres (Act 13,32-33; 26,6; etc.).
Jesús ha sido constituido «Kyrios y Cristo», «Señor y Mesías» (Act 2,36); los hombres deben hacer penitencia (Act 2,38; 3,19.26; 5,31; 10,43; 13,38-39; v. CoNVERSIóN; PENITENCIA).Entre las Líneas En nombre de las Escrituras, piden una fe en el Evangelios (Act 8,26-38; 17,2-3; 18,24-28; 26,22-23); Jesús es el que anunciaron los profetas (Act 3,21; 10,43; 26,27), el que anunciaron Moisés y los profetas (Act 26,22), y las Sagradas Escrituras (Act 17,2.11). Entre los profetas que anunciaron el Mesías (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), Isaías (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) ocupa un lugar privilegiado (Act 8,32-33; 3,13.26; 4,27.30; 3,14; 22,14; etc.). Estas citas del Antiguo Testamento las aducen, más que en sentido directo como «demostración» de los hechos que anuncian, para situar esos hechos dentro de la historia de la salvación. La Pascua queda así interpretada a la luz del plan salvífico de Dios, dentro del cual Jesús tiene un valor absoluto como kyrios. El mensaje de esta predicación consiste esencialmente en la proclamación del señorío de Jesús, y en invitar a adorarlo. Éste es el contenido de las confesiones de fe (1 Thes 1,5.9-10; 4,14; 5,910; 1 Cor 12,3; Rom 4,25; 6,5.8; 8,34; 10,9; 2 Cor 13,4; Eph 2,5-6) y de los primeros himnos cristológicos (1 Tim 3,16; Phil 2,6-11; Col 1,15-20). Éste es el mensaje de la primitiva predicación, la fe de la primera Iglesia, y el núcleo de los Evangelios sinópticos. Hay tal unidad entre el Evangelios y el «testimonio» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que los Apóstoles daban en su predicación, que ambos términos se cambian el uno por el otro (1 Thes 1,5 y 2 Thes 1,10; 2,14; 1 Cor 2,1 y 9,14; 15,14-15), y en otros casos están asociados llegando a significar «dar testimonio del E.» (Mt 24,14; Act 20,24; cfr. 1 Cor 2,1). Cuando este testimonio se hace como proclamación oficial anunciando la salvación a los no creyentes, tiene el carácter de kerigma (Gal 2,2; Col 2,23; 1 Thes 2,9; cfr. Le 4,18.19,43.44); cuando se hace como doctrina para quienes ya han acogido el testimonio evangélico, entonces tiene el carácter de enseñanza, catequesis (1 Cor 4,17; 2 Thes 2,15; 2 Tim 2,2). Con estas dos formas de testimonio terminan los Act (28,30-31), y con ellas nace la tradición evangélica.
(c) El estilo oral. Los Evangelios Sinópticos tienen características propias del estilo oral oriental: cadencia en el ritmo, artificios nemotécnicos, repeticiones, aliteraciones, asonancias, rimas, proverbios, comparaciones, imágenes, paronomasia, simetría, paralelismo, antítesis, parataxis, etc. Es también muy típica la forma oral del maschal que puede consistir en un dicho popular, en una máxima gnómica, un discurso, un epigrama, una sátira, un enigma, una semejanza, una parábola, o una alegoría. Todo este aparato literario se encuentra ya en los profetas, y en los libros sapienciales, los cuales pronunciaron sus oráculos o dictaron sus sentencias en forma oral, viva y popular, que después fue recogida por escrito. Entre los múltiples ejemplos evangélicos que se podrían citar, pueden consultarse Me 4,22; 7,7-8; Mt 7,24-27.28; 11,17.21-24; 10,40; 23,12. No se encuentran discursos oratorios, ni disertaciones de tipo especulativo, destinadas a construir un sistema coherente, o a hacer desaparecer las aparentes contradicciones. El estilo es de máximas o sentencias, de frases breves o sencillas; no se utiliza la formulación abstracta, sino la concreta (p. ej., Mt 5,39-41). El arte de la repetición hace que la imagen sea más penetrante y permita al espíritu reposar y balancearse en un ritmo literario (p. ej., Mt 7,7-8).Entre las Líneas En la confesión de Pedro, en Cesarea de Filipo, también aparece bien el ritmo (Mt 16, 17-19); el paralelismo se ve muy bien en las palabras que clausuran el Sermón de la Montaña (Mt 7,24-27).Entre las Líneas En el estilo oral, las proposiciones están normalmente coordinadas mediante la partícula «y», evitando las dificultades de las frases subordinadas. Las narraciones están construidas según unos modelos, con esquemas muy simples, que dan a la narración una estructura breve y estereotipada (p. ej., Me 11,1-4 comparado con Me 14,13-16). Hay frases sapienciales (Mt 5,14); proféticas (Mt 13,16); legislativas (Mt 10,11), que tienen una formulación apta para ser memorizadas; más nemotécnico es todavía el Maschal (Mt 12,40). La perfección y continuidad del estilo oral hizo posible que las palabras de Jesús se conservasen en la memoria y se transmitiesen fielmente de viva voz. Como además, muchas de las cosas que dijo Jesús estaban ligadas a circunstancias o hechos particulares de su. vida (p. ej., un viaje, una discusión, un milagro, etc.), la repetición de una frase de Jesús llevaba consigo la narración del hecho en el que se pronunció. Por necesidades nemotécnicas o catequísticas, y también por las leyes internas de la tradición oral, estas narraciones se fueron uniformando y esquematizando. Así, p. ej., la vocación de los Apóstoles, tiene siempre el mismo módulo (Me 1,16-20; Mt 4.18-22; Le 5,1-11). Hay milagros narrados según un parecido esquema: presentación del caso difícil, profesión de fe, intervención de Jesús con palabras o gestos, curación, alegría del pueblo y alabanza coral. Hay también narraciones que siguen un cliché del Antiguo Testamento como, p. ej., la Infancia del Evangelios de Le (cfr. también Mt 2,13 ss. y Ex 4,19; Me 6,30 ss. y 2 Reg 4,42; v. Iv). El contenido de la tradición oral ha quedado así fijado en una forma literaria que transmite fielmente la realidad.
(d) Fidelidad en la variedad. Es indudable que la narración de cualquier hecho o frase transmitido por tradición oral recibe ciertas modificaciones de expresión que luego caracterizarán a esas tradiciones; así, p. ej., es frecuente el cambio de estilo indirecto al directo, adquiriendo así la narración un aspecto más vivo; otras veces se añaden detalles de interés, o se omiten otros que son accidentales; se individualiza cada vez más a los personajes, llegando incluso a duplicarlos (p. ej., los posesos de Gadara, los personas con discapacidad visual de Jericó, los ángeles del Sepulcro); o se les prestan palabras que expliciten sus sentimientos. Algunas escenas, que por su naturaleza se desarrollan alrededor de un mismo tema, se elaboran popularmente en torno a una estructura fija, convirtiéndose así en una especie de género literario, p. ej., narraciones de milagros.
La existencia que el Evangelios ha tenido bajo la forma de tradición oral, no implica para nada que su contenido haya sido sustancialmente modificado.Entre las Líneas En primer lugar, porque es proverbial la tenacidad y fidelidad de la memoria oriental, especialmente la de los rabinos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) del tiempo de Jesús que estaban habituados a transmitir la enseñanza y a recibirla en forma nemotécnica. Ya que Jesús se presentó en su forma externa como un rabino, es de suponer, y los Evangelios lo confirman, que en su ministerio Jesús empleó los métodos didácticos de los rabinos de la época. Además el periodo de tiempo de la existencia únicamente oral del Evangelios es muy limitado.Entre las Líneas En segundo lugar, el origen de esta tradición oral está en los testigos oculares y ministros de la palabra (Lc 1,2). Los Doce Apóstoles (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) fueron constituidos «testigos» (=testimonios) por el mismo Jesús (Lc 24,48; Act 1,8). Los términos martyr, martyrein, martyrion, martyría, aparecen constantemente en el origen de la tradición oral (Act 1,2.22; 2,32; 3,15; 5,22; 10,39.41; 13,31; 22,15.20; 26,16). Estas palabras incluyen, ya en el uso del Antiguo Testamento, un doble elemento: el testigo debe conocer los hechos por experiencia, y debe responder de la verdad de su testimonio con toda la fuerza de su persona. Según la primera comunidad cristiana, para ser «testigo» de Cristo hacía falta haber presenciado ocularmente lo que Jesús hizo, desde el principio de su vida pública hasta la Ascensión (Act 1,22; 10,39), especialmente los acontecimientos que sucedieron a su Resurrección (Act 2,32; 3,15; 10,41).Entre las Líneas En la coincidencia de los testigos urgía el dar testimonio con «fidelidad» (1 Cor 4,2), «audaz libertad» (1 Thes 2,2; 2 Cor 3,12), y con «transparencia cristalina» (2 Cor 2,17). Los Hechos de los Apóstoles fijan su atención en tres personajes que son, Pedro, Esteban y Pablo; los tres son llamados «testigos» (Act 22,20; 22,15; 26,16); es decir, Lc sistematiza la actitud de la Iglesia naciente de esta expresión.
El testigo no sólo afirma la realidad de un hecho, sino la significación del mismo (cfr. 1 Cor 15,3-5; Rom 4,25), lo cual le hace a veces perder cronología para introducirse en la dimensión de la salvación. Para ser testigo hay que ser elegido (Act 1,26), es decir, investido de lo alto (cfr. Lc 24,48; Act 1,8; 10,41; 13,31). El testimonio se refiere principalmente a la Resurrección (Act 2,32; 3,154,33; v.), que junto con la Ascensión (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) culmina la vida de Jesús; pero también testifica sobre la vida terrestre de Jesús (Act 10,37-43) con el cual el testigo ha de haber convivido (Mc 3,14). Los testigos afirman que el Kyrios resucitado es el Jesús de Nazaret, y anuncian el significado de este hecho. El testimonio (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que dan estos testigos es el mismo que da Jesús a través del Espíritu (Act 6,10; Lc 21,15) que el mismo les prometió (Lc 24,49; Act 1,8). Este Espíritu se manifiesta a través de la predicación ya en el día de Pentecostés (Act 2,4; cfr. 2,32); ellos tienen la convicción de que actúan bajo el Espíritu (Act 4,31), y ellos juntamente con el Espíritu Santo, son los que atestiguan los hechos que anuncian (Act 5,32). San Pedro dice expresamente: «porque no fue siguiendo artificiosas fábulas como os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, sino como quienes han sido testigos oculares de su majestad» (2 Pet 1,16 ss.; cfr. Tit. 1,14; 1 Tim 1,3-4; 4,17). [rbts name=”historia-de-la-iglesia”]

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Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre tradición sinóptica en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

En castellano: J. SCHEIFLER, Así nacieron los Evangelios, Bilbao 1964 (abundante bibl.); D. YUBERo GALINDO, La formación de los Evangelios, Madrid 1966; VARIOS, Evangelios, ed. Casa de la Biblia, Madrid 1968; A. GEORGE, Conocer a Jesucristo, 2 ed. Barcelona 1969; J. CAGA, De los Evangelios al Jesús histórico, Madrid 1971; B. C. BUTLER, El problema sinóptico, en VARIOS, Verbum Dei, 111, 2 ed. Barcelona 1960, n° 610 ss.; J. A. UBIETA, El kerigma apostólico y los Evangelios, «Estudios Bíblicos» I8 (1959) 21-61.

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