Absoluto
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Absoluto en Filosofía
También de interés para Absoluto:Filosofía y Absoluto
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El término procede etimológicamente del latín absolutum, suelto de, separado de. Lo que está separado de cualquier otra cosa (ab alio solutum). La filosofía lo ha recogido en tres campos distintos: teológico, cosmológico y gnoseológico. Es fundamentalmente en el campo teológico donde adquiere su más riguroso sentido. Hace alusión a algo totalmente independiente de las coordenadas espaciotemporales. Ese algo incondicionado se identifica con Dios.Si, Pero: Pero el mismo sentido real del término conduce a la mente humana a un problema. ¿Cómo conocer algo suelto, apartado de nosotros, independiente? El entendimiento humano, por hallarse incardinado en la materia, parece exigir como ámbito de su cognoscibilidad lo espaciotemporal. Y lo Absoluto, Dios, es precisamente todo lo contrario.
La filosofía tradicional, abierta a la infinitud intencional del conocimiento, ha defendido con claridad y firmeza el poder de la razón deductiva al menos en torno a la existencia de lo Absoluto. La participación de los seres finitos en las perfecciones trascendentales y su consiguiente contingencia y quizá también la radical explicación del movimiento cósmico universal exigen la existencia de un Absoluto. La razón nos coloca ante el dilema de, o admitir la absurda, carente de sentido, existencia exclusiva de lo relativo, o abocar en la existencia de un ser absoluto a quien identificamos con Dios. Dios es distinto del mundo, pero no separado de él; antes al contrario, le da el ser por creación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Con ello, obviamente, no se olvida el carácter absoluto de Dios, ya que se afirma que no podemos conocerlo tanto como puede ser conocido y que nuestro lenguaje sobre Él es analógico.
Kant se aparta de esa tradición rechazando del campo de la razón pura el conocimiento del Absoluto. Su incondicionamiento –dice- le saca del ámbito de la experiencia tanto real como posible y, como «los conceptos sin intuiciones son vacíos», negará el conocimiento de Dios por vía de razonamiento puro. El teólogo protestante Karl Barth se coloca en la misma línea de agnosticismo, aunque desde una base distinta. Parte de la total indigencia de la razón frente a Dios.
Indicaciones
En cambio, en Hegel, la idea absoluta, Dios, se piensa a sí misma en el hombre. Lo finito del hombre tiene realidad no como finito, sino como infinito. «Ser y deber ser coinciden». Lo Absoluto es, pues, para Hegel, no algo independiente e incondicionado, sino algo universalmente abarcante e identificado con lo que abarca.
Más Información
Los ontologistas, entre ellos Malebranche, también consideran que la realidad infinita de Dios no es cognoscible por un proceso de deducción racional. Sólo la intuición de la «extensión inteligible» nos puede hacer conocedores de su existencia. La misma línea intuicionista siguen Gioberti y Rosmini. Otros filósofos no han trascendido el campo de lo relativo. Frente a lo absoluto han mantenido una doble postura: o bien lo han negado abiertamente (ateísmo temático), o bien han prescindido de él (ateísmo atemático). Una peculiar posición es la de algunos existencialistas, como Heidegger, que parece afirmar un acceso al Absoluto por la vía del sentido de «lo sagrado» (das Heilige).Entre las Líneas En Jaspers, la búsqueda del ser supone falta de lo que se busca, o sea finitud; el ser –concluye- está irremediablemente más allá de la búsqueda; es algo absoluto. Hay en todo ello acentos kantianos.
Nos queda por examinar una postura que históricamente ha sido de exiguo reconocimiento por parte de la filosofía occidental; nos referimos a la mística. Ello en parte se explica, ya que dentro del campo de lo que suele designarse con ese término hay diferencias profundísimas. De una parte se encuentran figuras que parecen afirmar un agnosticismo en el orden racional, pero añadiendo que por una vía ascética el hombre puede liberarse de lo que lo relativiza y entrar en una situación supracósmica en la que encuentra al Absoluto; otros, en cambio, no niegan en modo alguno el acceso racional al Absoluto; antes al contrario, lo afirman y presuponen explicando la unión mística con Dios como un conocer al que se le añade el amor. De otra parte hay que distinguir entre lo que puedan ser experiencias naturales, de las que deriven del don sobrenatural de la gracia y de la Revelación, tal y como se encuentran en los místicos cristianos. De todas formas, su importancia debe ser subrayada. Algunas filosofías orientales son muestras de ello. Y especialísimamente la honda tradición mística cristiana, dos de cuyas más altas lumbreras son Santa Teresa y San Juan de la Cruz. De menos importancia filosófica es el uso del término en el plano cosmológico. Para Newton, el espacio es absoluto y real. Einstein ha negado tal absolutez afirmando su sentido relativo, aunque sosteniendo su realidad. Finalmente podemos señalar que Clarke concibe el espacio como «sensorium dei».Entre las Líneas En el plano gnoseológico, la figura más significativa es Kant, que idealiza el espacio declarándolo «sensorium hominis» al afirmar la idealidad trascendental del espacio y del tiempo en la Crítica de la razón pura. [1]
Absoluto en el Pensamiento Contemporáneo
La composición etimológica del término sugiere su semántica: absolutus es lo libre, separado o exento de ataduras, relaciones o condiciones; por tanto, lo que existe en virtud de sí mismo o es evidente por sí mismo.Si, Pero: Pero el o lo absoluto adquiere sentido pleno solo atendiendo a sus relaciones, a lo relativo.Entre las Líneas En consecuencia, ontológicamente, es la realidad o > ser que funda todas las relaciones; en el orden lógico, la verdad suprema o criterio último, a partir del cual algo es verdadero o falso; en el orden axiológico, el valor preferible a cualquier otro.Entre las Líneas En contextos no racionales designa la realidad divina que se sobrepone, por su entidad, dignidad y poder, a los demás seres.
El modo de ser del absoluto aparece ya como inmanente, ya como trascendente al mundo.Si, Pero: Pero ambas concepciones son tan heterogéneas que solicitan una precisión matizada, atendiendo a las formulaciones más significativas.
I. EL ABSOLUTO COMO BIEN E INTELIGENCIA
La cultura griega, religión y filosofía, presupone un absoluto indeterminado, significado por la palabra physis (naturaleza). Esta es la realidad omniabarcadora a partir de la cual y por la cual las cosas se constituyen y perduran.
Puntualización
Sin embargo, en el seno mismo de la physis, Platón establece una diferencia profunda entre lo sensible y lo inteligible, en cuyo ámbito el “bien aparece como superior en dignidad y poder, y por el cual los seres adquieren el ser y la verdad. [rtbs name=”verdad”] Él es razón absoluta y óptima a partir de la cual el mundo se genera. Aristóteles, partícipe de la misma idea griega de physis, eleva el absoluto a principio eterno, inteligente y perfecto del mundo. Explícitamente llamado divino, incluso Dios, es acto puro: no causado, no compuesto y no corruptible. Su vida consiste en pensarse a sí mismo. No ama al mundo, pero es amado por los seres, provocando por este amor un finalismo o teleología que les confiere orden y armonía. El absoluto como bien e inteligencia es heredado por Plotino, que lo conjuga con la visión cristiana de Dios. El absoluto aparece en él como Uno, realidad más allá del ser que encierra en su perfección todo lo múltiple, emanado de él como de un manantial fluyen los arroyo. Visión, por tanto, panteísta en la que, consustanciales, el absoluto se naturaliza y determina en el mundo a través de sucesivas emanaciones por las que se configuran los seres, que volverán a fundirse en la perfección del absoluto con su muerte. [rtbs name=”muerte”] [rtbs name=”pena-de-muerte”] [rtbs name=”pena-capital”]
II. ABSOLUTO Y TRASCENDENCIA
La revelación judeocristiana introduce una visión del absoluto que singulariza su realidad y la constituye en realmente trascendente al mundo. El Yavé judío es el absolutamente otro, si bien él abre los cielos impenetrables, emite su palabra creadora y concede su Torá-Ley configurando la plenitud de las cosas. Irrepresentable por figuraciones antropomórficas, e intelectualmente irreductible a cualquier proceso de conocimiento analógico. La visión cristiana del absoluto insiste tanto en su trascendencia como en su acción creadora amorosa: es Dios personal y paternal que decide libremente crear el mundo. Por eso él es también objeto del amor de sus criaturas. La creación, por tanto, determina como esencialmente diferenciados el modo de ser propio del absoluto y el propio de las criaturas. A Dios se le atribuye el ser en sentido propio y absoluto (suum esse subsistens); a las criaturas, en sentido derivado y relativo, en cuanto que son porque reciben de Dios su entidad (habent esse) y, cada una según su esencia, participan en el ser, entendido analógicamente: Dios y las criaturas son, pero según modos de ser absolutamente diferentes. La disyuntiva es tomada como presupuesto a partir del cual reflexiona toda la tradición de los filósofos cristianos, entre los que destacan san Agustín, san Anselmo, santo Tomás, Duns Scoto, Suárez, etc.Si, Pero: Pero estará presente también en filosofías no estrictamente confesionales que recurren a Dios como absoluto, en el que se fundamenta la contingencia de las criaturas. Tal es el caso de toda la filosofía natural del Renacimiento. Para Descartes, Dios es garantía última del ser y de la verdad; Leibniz se impone la justificación de Dios (Teodicea) como razón suficiente necesaria de los seres contingentes. El criticismo kantiano presupone a Dios como una de las Ideas incognoscibles de la razón pura (Crítica de la razón pura), pero solicitado como lo Incondicionado por todo lo condicionado, y postulado por la razón práctica como el ideal de la libertad y la moralidad absolutas (Crítica de la razón práctica).
III. EL ABSOLUTO COMO REALIDAD INMANENTE
Continuando el naturalismo griego y el emanantismo de Plotino, Spinoza designa como Absoluto o Dios a la sustancia única, omnicomprensiva, que consta de infinitos atributos por los cuales se deriva todo cuanto existe, los seres, que son modos o manifestaciones particulares, originados de la propia necesidad intrínseca de la sustancia absoluta-divina. Este panteísmo o panenteísmo (todo en Dios), influirá ampliamente durante el siglo XIX en diversas formulaciones que participan de la idea común, según la cual el absoluto es la unidad que engloba a Dios y al mundo. Para el Romanticismo literario (Novalis, Hölderlin), los seres particulares son manifestaciones finitas de un infinito, ideal del poeta y aspiración del sentimiento. Schleiermacher representa una teología esencialmente romántica en la que Dios y el mundo constituyen el absoluto que aparece como el objeto de la religión (Sobre la religión). Schelling entiende el mundo y la naturaleza como la manifestación del absoluto, abarcador de la realidad finita, aunque distinto de ella. Fichte, subjetivizando el concepto, entiende que todo pertenece al pensamiento determinístico de la realidad del Yo, equiparado a una especie de logos divino generador (Doctrina de la ciencia).
El absoluto desempeña en la filosofía de Hegel un lugar determinante. Influido por la doctrina cristiana del Verbo, palabra-manifestación de Dios, Hegel entiende que la realidad o naturaleza no es sino la concreción de una idea absoluta que encierra en sí misma todas las determinaciones. Los seres no son sino el fuera de sí, particular y contingente, de la idea; por eso todo lo real es racional. Del mismo modo, Dios y el mundo forman una unidad y no son pensables el uno sin el otro: el mundo es solo la determinación finita de Dios, que necesariamente se realiza como mundo, siendo las religiones la expresión de las sucesivas manifestaciones del Absoluto, como lo son la filosofía y el arte. La dialéctica se convierte en la esencia, tanto del absoluto como de los seres, en cuanto que cada uno representa solo un momento superable en otro siguiente, para que el absoluto se pueda seguir manifestando. Este panteísmo racional y dialéctico supone, de hecho, una rigurosa reflexión intelectual sobre el absoluto, cuya imagen Hegel busca reconocer en el mundo.
Más Información
Las ideas de Spinoza y Hegel llevarán a Feuerbach a elevar la esencia humana al rango de absoluto, de tal modo que los atributos que la teología tradicional refería a Dios deben ser entendidos como propiedades de la esencia infinita de la humanidad (La esencia del Cristianismo). Esencia humana y absoluto se identifican; presupuesto que va a estar ya muy presente en los humanismos y existencialismos del siglo XX. Continuando la identidad absoluto-naturaleza, Marx reconoce a la materia como realidad natural autosuficiente, de cuyo desarrollo determinista y dialéctico se derivan todos los seres y realidades, incluidos el pensamiento y la conciencia. Se excluye, en consecuencia, la referencia a cualquier otra realidad o absoluto que no sea la materia. Tesis que, con las de Feuerbach, aparecerán, con diversas formulaciones, en todos los materialismos posteriores.
IV ABSOLUTO Y EXISTENCIA HUMANA
Nietzsche recapitula el sentido de las ideas inmanentistas, al idealizar como absoluto la fusión de Dios, hombre y naturaleza: las tres realidades constituyen una unidad y ninguna tiene sentido prescindiendo de las otras, como expresan los conceptos < sentido de la tierra" < Dios ha muerto", < el hombre debe ser superado" (Así habló Zaratustra), que remiten a una legitimación natural y terrenal de todo valor y por tanto, también del absoluto. El > existencialismo de Sartre está animado por una intención humanista, ya que explícitamente manifiesta que su problema es el del hombre y no el de Dios o del absoluto. No hay, pues, más universo ni absoluto fuera de la conciencia y del ser del hombre (El ser y la nada). Por su parte la pregunta por el sentido del ente, de lo que hay, lleva a Heidegger a preguntarse por el fundamento de la totalidad de los entes. El ser aparece así como realidad suprema, diferenciada de los entes a los que funda y da sentido. La filosofía, en consecuencia, se identifica como ontoteología, o pregunta por el fundamento de todos los entes. Heidegger no llama al ser-fundamento ni Dios ni absoluto, concluyendo en un “agnosticismo (El Ser y el Tiempo). De forma mucho más explícita, Jaspers incluye al existente humano en el ámbito de un envolvente o absoluto que se va manifestando a través de cifras epifánicas, que no lo revelan, pero nos lo presentan vislumbrado o cifrado (La fe filosófica ante la revelación). El existencialismo de Marcel está esencialmente animado por la concepción de Dios como el Absoluto que orienta y vivifica la existencia del hombre peregrino, que se va aproximando a su sentido definitivo en la medida en que su existencia responda a la llamada de la trascendencia divina (Homo viator).
Unamuno, a partir de una inspiración spinozista y hegeliana, entiende que el hombre y los seres todos están animados por el ansia de un absoluto que les impulsa a negar su propia muerte y promueve en ellos la aspiración hacia una inalcanzable infinitud. La fe es querer que Dios exista como absoluto total e inmortal, porque su existencia sería garantía de la propia inmortalidad (Del sentimiento trágico de la vida). El sentimiento trágico de la vida radica en esta ansia de inmortalidad. A su vez, el cristianismo es agonía, lucha o combate por la fe en la necesidad de Dios. La filosofía de Unamuno podría sintetizarse, en consecuencia, como ansia y deseo de un absoluto, de Dios, siempre incierto e inefable para el entendimiento.
En el >personalismo cristiano de E. Mounier, la persona es un ser esencialmente animado por la esperanza, fundada en la realidad absoluta de Dios.Si, Pero: Pero la identidad cristiana queda pendiente del ejercicio histórico de la acción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Cada hombre, en comunicación con los demás y en las instituciones, debe comprometerse para que la vida familiar, social, >política, incluso la Iglesia y las creencias, sean medio y fomento para el desarrollo de la libertad de cada persona y del respeto entre todas.Si, Pero: Pero toda la acción histórica, sin confusión alguna por parte de Mounier, encuentra sus motivaciones más profundas en el ideal cristiano de la >caridad. Lo que, para el no creyente, puede sintetizarse como compromiso por una humanidad fraternal y justa, no alienada por las opresiones.Si, Pero: Pero el ideal personalista no radica en la fortaleza del héroe sino en el sacrificio del santo. Y eso porque el absoluto no es un ideal humano: para el creyente se singulariza en la esperanza en el Dios cristiano; para el no creyente, en la expectativa de un >sentido humano trascendente al hombre y a la >historia actuales, a lo que, ya en nuestros días, parece aproximarse Ernst Bloch (El principio esperanza).
V LA DISOLUCIÓN DE LOS ABSOLUTOS
La cultura contemporánea, no solo filosófica, se declara ajena a realidades, ideales o valores que puedan adquirir la denotación de absolutos. Incluso desde el punto de vista religioso, las acentuadas preocupaciones sociológicas y el celo por socorrer situaciones degradadas, inducen a una concepción de la religión marcadamente humanista (>humanismo), en la que la virtud teologal de la caridad parece equiparable al interés y a la preocupación social y humanitaria. Por su parte, las filosofías se declaran ajenas a ideales y absolutos (Dios, naturaleza, humanidad, conciencia, valor, verdad, persona, vida) e incluso a los de clase, estado o sociedad. De este modo, ideas y prácticas se orientan a la convivencia pacífica o coexistencia positiva, sin referencia a ningún absoluto, remitiendo al convencionalismo como fundamento de convicciones y prácticas. Tal es el sentido de la llamada posmodernidad.Entre las Líneas En forma más razonada, las éticas comunicativas sitúan los criterios de valor y verdad práctica en los acuerdos democráticamente establecidos a partir del principio del mejor argumento (J. Habermas, K. O. Apel). Incluso realidades humanamente absolutas, como la persona y la vida, son interpretadas hoy a la luz del pragmatismo, influido por los intereses sociales, políticos e incluso económicos.
Sin embargo, no es ajena nuestra actualidad a un absoluto: el >individualismo, que conduce a la paradoja de reconocer el derecho de todos y defender solo el propio; y, colectivamente, a proclamar el cosmopolitismo (la creencia de que el mundo constituye una única comunidad moral, y posiblemente política, en la que las personas tienen obligaciones, en general hacia todas las demás personas del mundo) al tiempo que se generalizan las crispaciones individualistas con rostro de neonacionalismos (>nacionalismo), integrismos o >racismos, introduciendo con ellos perversos absolutos.
Aviso
No obstante, numerosas orientaciones neoescolásticas y filosofías como las de Bloch, Lévinas, Buber, Ricoeur, entre otros, ponen de manifiesto que no existe contradicción lógica o real entre la afirmación de un absoluto (Dios, naturaleza, humanidad, razón, verdad, persona, conciencia) y el reconocimiento de la identidad histórica del hombre y del carácter relativo del valor.
Fuente: Diccionario de Pensamiento Contemporáneo, Madrid, 1997
Absoluto en relación con la Filosofía
También de interés para Absoluto:Filosofía y Absoluto
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- Metafísica
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- Ética
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Absoluto en Relación a Filosofía
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] El término procede etimológicamente del latín absolutum, suelto de, separado de. Lo que está separado de cualquier otra cosa. La filosofía lo ha recogido en tres campos distintos: teológico, cosmológico y gnoseológico. Es fundamentalmente en el campo teológico donde adquiere su más riguroso sentido. Hace alusión a algo totalmente independiente de las coordenadas espaciotemporales. Ese algo incondicionado se identifica con Dios.Si, Pero: Pero el mismo sentido real del término conduce a la mente humana a un problema. ¿Cómo conocer algo suelto, apartado de nosotros, independiente? El entendimiento humano, por hallarse incardinado en la materia, parece exigir como ámbito de su cognoscibilidad lo espaciotemporal. Y lo A., Dios, es precisamente todo lo contrario.
La filosofía tradicional, abierta a la infinitud intencional del conocimiento, ha defendido con claridad y firmeza el poder de la razón deductiva al menos en torno a la existencia de lo absoluto La participación de los seres finitos en las perfecciones trascendentales y su consiguiente contingencia y quizá también la radical explicación del movimiento cósmico universal exigen la existencia de un absoluto La razón nos coloca ante el dilema de, o admitir la absurda, carente de sentido, existencia exclusiva de lo relativo, o abocar en la existencia de un ser absoluto a quien identificamos con Dios. Dios es distinto del mundo, pero no separado de él; antes al contrario, le da el ser por creación. Con ello, obviamente, no se olvida el carácter absoluto de Dios, ya que se afirma que no podemos conocerlo tanto como puede ser conocido y que nuestro lenguaje sobre P,1 es analógico (véase en esta plataforma: DIOS I y IV; CREACIÓN; ANALOGÍA).Kant (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) se aparta de esa tradición rechazando del campo de la razón pura el conocimiento del absoluto Su incondicionamiento dice le saca del ámbito de la experiencia tanto real como posible y, como «los conceptos sin intuiciones son vacíos», negará el conocimiento de Dios por vía de razonamiento puro. El teólogo protestante Karl Barth se coloca en la misma línea de agnosticismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), aunque desde una base distinta. Parte de la total indigencia de la razón frente a Dios.
En cambio, en Hegel, la idea absoluta, Dios, se piensa a sí misma en el hombre. Lo finito del hombre tiene realidad no como finito, sino como infinito. «Ser y deber ser coinciden». Lo absoluto es, pues, para Hegel, no algo independiente e incondicionado, sino algo universalmente abarcante e identificado con lo que abarca (véase en esta plataforma: PANTEÍSMO).
Los ontologistas, entre ellos Malebranche (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), también consideran que la realidad infinita de Dios no es cognoscible por un proceso de deducción racional. Sólo la intuición de la «extensión inteligible» nos puede hacer conocedores de su existencia. La misma línea intuicionista siguen Gioberti (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y Rosmini (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Otros filósofos no han trascendido el campo de lo relativo. Frente a lo absoluto han mantenido una doble postura: o bien lo han negado abiertamente (ateísmo temático), o bien han prescindido de él (ateísmo atemático).
Una peculiar posición es la de algunos existencialistas, como Heidegger (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que parece afirmar un acceso al absoluto por la vía del sentido de «lo sagrado» (das Heilige).Entre las Líneas En Jaspers (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) la búsqueda del ser supone falta de lo que se busca, o sea finitud; el ser concluye está irremediablemente más allá de la búsqueda; es algo absoluto. Hay en todo ello acentos kantianos.
Nos queda por examinar una postura que históricamente ha sido de exiguo reconocimiento por parte de la filosofía occidental; nos referimos a la mística. Ello en parte se explica, ya que dentro del campo de lo que suele designarse con ese término hay diferencias profundísimas. De una parte se encuentran figuras que parecen afirmar un agnosticismo en el orden racional, pero añadiendo que por una vía ascética el hombre puede liberarse de lo que lo relativiza y entrar en una situación supracósmica en la que encuentra al A.; otros, en cambio, no niegan en modo alguno el acceso racional al A.; antes al contrario, lo afirman y presuponen explicando la unión mística con Dios como un conocer al que se le añade el amor. De otra parte hay que distinguir entre lo que puedan ser experiencias naturales, de las que deriven del don sobrenatural de la gracia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y de la Revelación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), tal y como se encuentran en los místicos cristianos. De todas formas su importancia debe ser subrayada. Algunas filosofías orientales son muestras de ello. Y especialísimamente la honda tradición mística cristiana, dos de cuyas más altas lumbreras son S. Teresa (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y S. Juan de la Cruz (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
De menos importancia filosófica es el uso del término en el plano cosmológico. Para Newton, el espacio es absoluto y real. Einstein ha negado tal absolutez afirmando su sentido relativo, aunque sosteniendo su realidad. Finalmente podemos señalar que Clárke concibe el espacio como «sensorium dei».Entre las Líneas En el plano gnoseológico, la figura más significativa es Kant, que idealiza el espacio declarándolo «sensorium hominis» al afirmar la idealidad trascendental del espacio y del tiempo en la Crítica de la razón pura. [rbts name=”filosofía”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre absoluto en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Ediciones Rialp, 1991, Madrid, España
Véase También
Bibliografía
• S. TOMÁS, S. Th., 1 q 1213, 2 ed., Madrid 1957; 1. KANT, Crítica .de la razón pura, 5 ed (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma en línea de ciencias sociales y humanidades). Buenos Aires 1967; E (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma en línea de ciencias sociales y humanidades). BRAUN, La logique de l’absolu, 1887; J. MOLLER, Der Geist und das Absolute, 1951; M. VINCINT, De 1’apparence vers l’absoiu. Essai sur la connaissance, 1955; H. DUMERY, Le probléme de Dieu en philosophie de la religion. Examen critique de la catégorie d’Absolu et du schéme de transcendence, 1957; J. GRENIER, Absolu et choix, 1961; R. CARNAP, Logischesyntax der Sprache, Viena 1934; absoluto J. AYER, Language, Truth and Logic, 2 ed., Londres 1936; L. PELLOUx, L’Assoluto pella dottrina di Plotino,. «Vita e Pensiero», Milán 1941; S. SCIMÉ, L’Assoluto pella dottrina del Pseudo Dionisio Areopagita, 1949; C. FABRO, L’assoluto nell’ esistenzialismo; J. J. ROSADO, El problema del continuo y la gnoseología, El Escorial 1965.
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- En Gran Enciclopedia Rialp (GER), tomo 1, pp. 66-67
- Basado en la información sobre absoluto de la Enciclopedia Encarta
Véase También
Bibliografía
ARISTÓTELES, Metafísica, Gredos, Madrid 1970; BLOCH E., El principio esperanza, 3 vols., Aguilar, Madrid 1977 ss; DESCARTES R., Discurso del Método. Meditaciones metafísicas, Espasa-Calpe, Madrid 198522; FEUERBACH L., La esencia del Cristianismo, Trotta, Madrid 1995; GARCÍA BAR6 M., Ensayos sobre lo absoluto, Caparrós, Madrid 1993; HEGEL G. W. R, El concepto de Religión, FCE, México 1981; HEIDEGGER M., El Ser y el Tiempo, FCE, México 1971°; JASPEAS K., La fe filosófica ante la revelación, Gredos, Madrid 1968; KANT L, Crítica de la razón pura, Alfaguara, Madrid 1978; ID, Crítica de la razón práctica, Sígueme, Salamanca 1994; KIERKEGAARD S., Temor y temblor, Editora Nacional, Madrid 1975; MGUNtER E., Obras completas I-IV, Sígueme, Salamanca 1990ss; NIETZSCHE F., Así habló Zaratustra, Alianza, Madrid 1979′; PLAT6N, La República, Gredos, Madrid 1988; PLOTINO, Enéadas, Aguilar, Buenos Aires 1955-1967; SARTRE J. P., El ser y la nada, Alianza, Madrid 1984; SPINOZA B., Ética, Editora Nacional, Madrid 1975; TOMÁS DE AQUINO, Suma de Teología, 5 vols., BAC, Madrid 1988ss; ZUBIRI X., El hombre y Dios, Alianza, Madrid 1988′.
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