Antropología Filosófica
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Antropología Filosófica
No todas las ciencias que se ocupan del hombre tienen el mismo nivel de inteligibilidad, ni el mismo método (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Buscaremos, pues, el objeto de la Antropología y su perspectiva histórica.
Objeto
El saber acerca del hombre es de dos clases: científico (como la Psicología positiva, la Antropología física) y filosófico (como la Ética, el Derecho). ¿Por qué esta distinción? Lo real se nos manifiesta como fundamentalmente uno (expresado en el concepto trascendental de ser) y a la vez sumamente diversificado (traducido en los múltiples conceptos empíricos). Podemos dar cuenta de la diversidad a partir de la unidad: tal es el cometido de la filosofía.
También de interés para Antropología Filosófica:- Filosofía y cine
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Otros Elementos
Además, yo puedo considerar la experiencia vívida de mí mismo en su realidad y como tal (partiendo del conocimiento del ser como tal) determinar el modo de ser o naturaleza que me constituye; este segundo modo de estudiar al hombre es la Antropología filosófica: estudio filosófico de la naturaleza humana y, desde ella, de todas las formas de actividad que son propias del hombre. Abarca, pues, la Psicología racional clásica, la Metafísica de las costumbres, de la producción, del Derecho, del lenguaje, etc. La Antropología filosófica pregunta por la esencia, puesto y destino del hombre.
De este modo, la Antropología científico-positiva es un estudio del hombre como entidad biológica (miembro del reino animal) y como unidad de comportamiento (miembro de una sociedad), tanto en su forma y manifestaciones primitivas como actuales. La Antropología científica consta así de dos ramas: la física o morfológica y la cultural; ambas son susceptibles de ulterior división.
La Antropología física, como ciencia independiente, no es muy antigua. Fue Quatrefages (1855) quien impulsó la utilización del término; más tarde, Broca profundizó los estudios del anterior y fundó (1859) la Sociedad de Antropología en París. A partir de esa fecha aparecieron las de Londres, Berlín, Madrid, etc., con publicaciones periódicas en forma de Boletín o Memorias. Por lo que respecta a la Antropología cultural, han aparecido últimamente en su seno la Antropología social y la Antropología lingüística. [rtbs name=”home-linguistica”]Aquélla ha surgido sobre todo en Inglaterra y América, con las figuras de Radcliffe-Brown, Malinowski, Warner, Firth y otros; estudia la interdependencia de los distintos aspectos de la cultura y la relación de cada uno de esos aspectos con el resto de la sociedad. La ley y la religión, por ejemplo, solo se comprenden en el contexto de la cultura, pero jamás como fenómenos aislados (consulte más sobre estos temas en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Benedict, Mead y Sapir han recalcado que la personalidad del individuo queda afectada por el complejo cultural en que se desenvuelve. La Antropología lingüística insiste en el estudio comparado de las estructuras, gramáticas y vocabularios de distintas lenguas, para llegar con ello a una reconstrucción histórica y clarificar la naturaleza del lenguaje (Lévy-Strauss, Lee Whorff).
Panorámica histórica
El término filosófico Antropología tiene su origen en Magnus Hundt (Anthropologium, Leipzig 1501) y sobre todo en Otto Cassmann (Psychologia anthropologica, Hannover 1594).Si, Pero: Pero la Antropología filosófica no comienza con la aparición de su nombre; en verdad tiene su origen en la segunda mitad del siglo XIX, aunque fue preparada ya en el siglo XVIII por la Antropología de Kant, cuya Anthropologie in pragmatischer Hinsicht (Antropología en sentido pragmático, 1798) quiere ser ciencia de la experiencia u observación, aunque no es muy preciso el cometido que le asigna. Kant llega a decir incluso que la Antropología se esfuerza por tener la popularidad de ser «leída también por las damas en sus toilettes».Si, Pero: Pero en la Lógica adquiere la Antropología un papel arrollador: «El campo de la Filosofía en su significación más universal se puede concretar en las siguientes preguntas: ¿Qué puedo saber?; ¿Qué debo hacer? ¿Qué me es permitido esperar? ¿Qué es el hombre? La primera pregunta la responde la Metafísica, la segunda la Moral, la tercera la Religión y la cuarta la Antropología. Fundamentalmente pueden todas ellas adscribirse a la Antropología, porque las tres primeras cuestiones se refieren a la última» (o. c.). Esta última afirmación de Kant nos da pie para pensar que la palpitación antropológica se halla involucrada en el decurso histórico de todos los problemas filosóficos.
En las Edades Antigua y Media
En las Edades Antigua y Media el hombre se ve ante todo como incrustado en un orden general dado de antemano, por el cual está fundamentalmente determinada su esencia. Los elementos de lo cósmico eterno e imperecedero, de las ideas objetivas, de las normas generales y universales, se encuentran por encima de lo individual-particular, de lo histórico y temporal. La Antropología era así un aspecto parcial de una concepción abarcante de la naturaleza y del cosmos, pero no podría desenvolverse con una significación propia y autónoma. Aunque el «conócete a ti mismo» de Sócrates y la tesis protagórica del «hombre como medida de todas las cosas» preparan la destrucción de aquella idea universalista, sin embargo tales conatos siguen siendo eso: meros inicios que no conducirían a una disciplina autónoma. La aparición del cristianismo significa un cambio decisivo de perspectiva, y la Antropología que surge es eminentemente teológica. La Edad Media se esfuerza por obtener una síntesis entre los elementos fundamentales de lo antiguo y de lo cristiano, colocándose decididamente en el ángulo teológico (San Agustín, San Buenaventura, Santo Tomás). El orden objetivo universal será puesto en entredicho por el nominalismo voluntarista.
El Humanismo y el Renacimiento, el protestantismo y la teología católica de la época barroca plantean nuevas cuestiones. El acento tiende a ponerse en el individuo particular, que hace alarde de su peculiaridad singular: el hombre se encuentra, como individualidad irrepetible y única ante el tú del Dios personal. Afirma, pues, su autonomía (véase qué es, su concepto; y también su definición como “autonomy” en el contexto anglosajón, en inglés), no queriendo que cortapisas lo aherrojen y limiten, a la par que reafirma su propia valía y su fuerza creadora; todo lo que, en ocasiones, degenera en subjetivismo.
Dos posiciones extremas se contraponen: una afirmación tal del orden universal objetivo que la persona acabe siendo reducida a un mero elemento más del cosmos; una afirmación de la irrepetibilidad histórica individual, que pulverice el orden objetivo universal. El pensamiento cristiano tal y como fue desarrollado por los más grandes representantes de la patrística y posteriores mostró la superación de esa antinomia desde la perspectiva teológica. Diversas corrientes de pensamiento de la Edad Moderna van a intentar una peculiar aventura: constituir órdenes objetivos a partir del mismo sujeto.
De este modo, si la filosofía clásica había sido una reflexión en torno al ser, esa filosofía moderna se mostrará como una reflexión en torno al sujeto. Dada esta acentuación del sujeto, la nota cabal de esa filosofía moderna es el subjetivismo. La actividad constitutiva, que en principio tiene sus raíces exclusivamente en el sujeto psicológico individual (Descartes: ideas innatas del yo), se va trasladando cada vez más a un sujeto trascendental (Kant: síntesis de categorías a priori), para desembocar, finalmente, en la autoevolución de conexiones subjetivo-ideales del sujeto absoluto (Hegel: el absoluto como constituyente radical). Si en las Edades Antigua y Media, la Antropología es solo una disciplina parcial junto a las otras; si en el Renacimiento y la Reforma la Antropología degenera en un antropocentrismo unilateral, dado que el hombre es el único tema de la filosofía; en la Edad Moderna, la Antropología sigue perdida en el transcurso de una objetivación y trascendentalización progresiva, de corte ideal-subjetivo, en espera de una nueva fundamentación.
La filosofía contemporánea
La filosofía contemporánea ha intentado esa tarea, planteando el tema del ser y del sujeto unitariamente. Los intentos son varios, más o menos acertados. Los más significativos son:
1) La Filosofía de la Vida (Bergson, Dilthey) mantiene su frente de ataque contra la Materia de los positivistas y la Idea de los idealistas. Frente a lo racional (idea y concepto) oponen la vivencia y la intuición; a lo abstracto, estático y racional, lo concreto, dinámico e irracional. Si la vida es algo previo al conocimiento, entonces el primer tema de la Antropología debe ser no el sujeto artificial de una consciencia, sino el sujeto total y completo de la vida. La tradición cartesiana atrofia al hombre en el esbozo de una consciencia (sustancia pensante frente a la sustancia extensa); justamente la desintegración de esa tradición prepara a la Antropología el suelo propicio.Si, Pero: Pero en estos autores la Antropología se presenta como una filosofía biologizante del hombre, que no ve más que la vida y se hace incapaz de captar realidades superiores: se busca en la pura vida orgánica la última razón explicativa, mientras que en los idealistas es el espíritu quien ocupaba este lugar. Pues bien, la Antropología tiene que esforzarse por unir ambos extremos (espíritu-vitalidad) en una síntesis estructural, no sumativa, sin falsos énfasis en ninguno de ellos.
2) La Fenomenología quiere devolver al hombre dibujado por el racionalismo y el positivismo, perdido en teorías científicas sobre el mundo, el mundo legítimo dado en sus vivencias: el mundo vivencial, el mundo humano, descubriendo los matices imprescindibles de la experiencia humana. Los fenómenos, como correlatos de nuestras vivencias, no son puros fantasmas engañosos (como en el cartesianismo), sino que poseen un modo de realidad. La Fenomenología no está animada por el pathos de desconectarse del hombre concreto, sino que lo incluye como factor de igual rango que el mundo objetivo. Por una parte, Husserl ha puesto en su justo sitio el carácter del espíritu humano, reducido con los poskantianos a ser función puramente discursiva, razón técnica de las ciencias naturales; la inteligencia vuelve a ser intuitiva, capaz de penetrar las esencias. Por otra parte, Scheler acentuará el aspecto emotivo del espíritu, insistiendo en el ser de la persona y en la profundidad ontológica del amor (binomio «discursividad-intuitividad»).
3) El tercer impulso que recibe la Antropología en el siglo XX se debe a la fe en la posibilidad de una metafísica, entendida ésta como teoría del ente en cuanto tal. Con esto se rebasan los datos de las ciencias. Se pueden destacar, a grandes rasgos, dos grupos de corrientes metafísicas en la actualidad: a) Pensadores que entienden la metafísica como una «vuelta hacia las cosas» del mundo externo, bien que se inclinen por un realismo directo o indirecto (Driesch, Maier, Jaensch, Whitehead, tomismo), bien que se mantenga en una posición real naturalista (Alexander, Santayana, N. Hartmann). b) Pensadores que entienden la metafísica como una «vuelta hacia las cosas» del mundo interno, bien en el sentido religioso, deísta o neoplatónico (Inge, Taylor, Blondel), bien con insistencia en el sujeto o espíritu (Le Senne, Lavelle, Sciacca). Así, pues, por una parte está la metafísica del mundo, con una tradición que se extiende desde los presocráticos y Aristóteles hasta los pensadores contemporáneos mencionados. De una u otra forma ponen de manifiesto que nuestra percepción y nuestro conocer están dirigidos en intentiorecta, no al sujeto, sino al mundo externo, el cual tiene que ser conocido por el sujeto para que éste pueda moverse en él; nuestra consciencia es más consciencia del mundo que consciencia de sí mismo. Sólo en el trato con el exterior aprendemos también a conocernos (por una intentio obliqua) a nosotros mismos. El ser externo no es solo conocido anteriormente, sino también tomado como el propio ser, como modelo del ser. Para la Filosofía de la Vida, el conocimiento está incrustado en la totalidad de la vida humana y la comprensión del conocer tiene que ser precedida por una comprensión del hombre. Para Hartmann, el hombre está incrustado en la totalidad del mundo, y solo se comprende a partir del mundo. El comienzo de la filosofía no es Antropología, sino ontología general. La Antropología investiga al hombre como «un ente junto a otros entes de igual rango». Por otra parte, la metafísica de la interioridad afirma y defiende que solo conociendo el yo podremos conocer también el mundo.Entre las Líneas En la medida en que nos ocupamos del alma (dice Scheler) hacemos no solo una ontología regional que se apoyara en una ontología fundamental, porque la futura metafísica no será cosmología, sino Metaantropología. El riesgo del primer punto de vista es una cosmologización del ser humano (vicio de buena parte de la filosofía griega).
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
El de la segunda postura es que el ser no aparezca con toda la universalidad que requiere la ontología general. Se caería así en el fenómeno de antropomorfización del ente cósmico.
Para Heidegger, Ontología y Antropología están en situación encontradiza, cegándose la una a la otra. Si queremos romper las trabas de esta paradoja, debemos abrirnos a una «ontología analógica» de los distintos planos del ser, donde tuviera su justo sitio la Antropología y el hombre fuera analogado principal intramundano.
4) También el existencialismo subraya el valor del individuo (Kierkegaard) frente a la interpretación universalista y abstracta del hombre operada por Hegel. Esta Antropología se afirma en una vivencia existencial (Jaspers: percatación de la fragilidad del ser; Heidegger: experiencia de nuestra marcha anticipada hacia la muerte; Sartre: náusea).Si, Pero: Pero siendo esta experiencia intransferible, la Antropología que de aquí se derive será también intransferible, autobiográfica, hecha en primera persona. Esto no obsta para que esos autores hayan subrayado la vinculación íntima del hombre al mundo y a los demás, aunque la intersubjetividad no es el tema central; lo es mi problema, mi existencia, mi destino. Así aparece en el ámbito de la Antropología de modo candente el binomio esencia-existencia.
5) En el área de los que se han dedicado a la biología, cultura y psicología humanas, han surgido tres direcciones filosóficas: la Bio-antropología filosófica, la Antropología cultural-filosófica y la Antropología psicológico-filosófica. La primera estudia las actitudes y organización biológica de la conducta humana. W. Garstrang ha estudiado el despliegue extrauterino retardado del niño, y en este mismo sentido, Adolf Portmann afirma que el niño nace con un año de atraso en su evolución biológica respecto de los monos superiores. Dada también la ausencia en él de un fuerte equipo instintivo, el hombre aparece como un «ser deficitario» (Gehlen), ya que no le es posible adaptarse bruscamente a su perimundo (Uexküll), como lo hace el animal. Apoyado en este modo de ver el hombre, Buytendijk rechaza el dualismo cartesiano (paralelamente a las magníficas investigaciones de Max Scheler, H. Plessner, V. von Weizsácker, V. E. von Gebsattel), pero no admite la estricta determinación por el perimundo, acentuando la capacidad de abstracción y simbolización en el hombre. Su Antropología es teleológica y motivacional. La obra de Adolf Portmann representa la culminación de la Antropobiología, con afán de integrar unitariamente en ella las dimensiones psicológicas, sociales y biológicas del hombre.
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Fuente: Gran Enciclopedia Rialp(GER), Tomo II, páginas 430 a 432. Editorial Rialp, S.A., Madrid.
Antropología Positiva
Se divide en física (el ser biológico del hombre) y cultural (en cuanto miembro de una sociedad). La cultural atiende al pasado (y, así, tenemos la paletnología y la historia) y al presente (y tenemos aquí la etnología y el folklore). Toda la antropología cultural estudia la tecnología (donde entra en función la arqueología), la economía, el comercio, la ciencia (para un examen de la definición, véase que es la ciencia y que es una ciencia física o aplicada), el arte, la lingüística, la religión y la sociología.
Antropología Filosófica
Antropología filosófica en la Enciclopedia Jurídica Omeba
Véase:
- Entradas de la Enciclopedia Jurídica Omeba
- Enciclopedia Jurídica Omeba (incluido Antropología filosófica)
Recursos
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