Bien en Teología
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Bien en Teología en Relación a Teología
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] El bien no se puede definir, sino sólo describir, como «1o que conviene a una cosa». Lo conveniente es lo que da perfección y, por tanto, ni puede ser nocivo, ni indiferente. El problema del bien tiene una doble formulación: metafísica y ética.[rtbs name=”etica”]En su aspecto metafísico, se precisa saber el tipo de realidad al que se adscribe: ente, propiedad de un ente, valor.Entre las Líneas En su dimensión ética, figura como un concepto normativo: es lo que posee un valor moral, sea categórico (el B.), sea derivado (un b.).
1. Aspécto metafísico.Entre las Líneas En primer lugar, es preciso distinguir entre la estructura fenomenológica del bien (ratio boni de los escolásticos) y la estructura ontológica del mismo (natura boni).
2. Estructura fenomenológica. La estructura fenomenológica del bien responde a la definición formal del bien en su relación con el sujeto y expresa aquello por lo que el bien se manifiesta inmediatamente como bien Dado que el bien es algo que no se deja definir en sentido estricto (por género y diferencia), sino solamente señalar y caracterizar a partir de sus efectos, entonces el efecto inmediato del bien es la tendencia, el deseo. La estructura fenomenológica estriba en la apetibilidad: el bien es lo que todas las cosas apetecen. De este modo, el bien comporta una exigencia o solicitación; una llamada que, desde el punto de vista del objeto, se traduce en un deberser, y, desde la perspectiva del sujeto, en un deberhacer. Es decir, desde el punto de vista fenomenológico, el bien es el objeto de una tendencia natural. Incluso los seres no dotados de sensilrilidad aspiran también a su fin y en 61 reposan cuando lo consiguen.
3. Estructura ontológica. La estructura ontológica del bien expresa aquello que fundamenta el fenómeno estructural del bien A este respecto tenemos dos modos de enfoque posibles: extrínseco e intrínseco.
El primer punto de vista es todavía extrínseco, pues con 61 se logra una definición que oscila entre la estructura fenomenológica y la que correspondería al ser como bien Es decir, bien es lo perfectivo. O de otro modo, el bien es lo que está adaptado al fin de un ser. Siendo la naturaleza el primer principio de operaciones., entonces el bien de algo consiste en la adaptación de su naturaleza a su fin. Caben, así, dos consideraciones del bien según la doble consideración del fin (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general): En primer lugar, el bien es fin como remate o término; el bien satisface la tendencia, le pone un término.Entre las Líneas En segundo lugar, el bien es fin como principio o meta; la tendencia está orientada hacia una meta, y el bien es lo que se pretende alcanzar. Si el bien es lo que todas las cosas apetecen, y lo que se apetece tiene razón de fin, entonces el bien tiene razón de fin.Entre las Líneas En esta perspectiva el bien exige las causas eficientes y la formal, ya que en el orden dinámico (o de la causalidad) primeramente se da el fin o el bien que mueve al eficiente, después surge la acción del agente que impulsa a la consecución de la forma y, finalmente, viene la forma.Si, Pero: Pero en el orden estático (o del efecto) tenemos un orden inverso: primero es la forma o sujeto que confiere el ser, segundo las potencias operativas, tercero la razón de bien (el efecto) en que se funda la perfección del ser.
Los términos intermedios, es decir, los medios que conducen al fin, participan de éste, y por eso se llaman biepes: la bondad del fin se comunica a los medios. Ahora bien, una cosa no es un bien porque sea deseable, sino que es deseable porque es un bien, porque responde a las exigencias o conveniencia del sujeto para el que es un bien Hay una prioridad radical de la tendencia del ser hacia el fin al que está adaptado.Entre las Líneas En el orden lógico, el sentimiento de placer hace que el sujeto conozca lo que es conveniente; pero en el orden ontológico, lo conveniente tiene una prioridad de naturaleza sobre lo deseable. La definición del bien como lo perfectivo expresa una relación al deseo; mas por otra parte, el sujeto no es ya meramente deseante, sino un sujeto al que el bien perfecciona y por eso lo desea. Con lo cual ya nos movemos en el plano ontológico. Mas debemos advertir que la verdad también es perfectiva; entonces, la mera perfectividad no basta para dar razón del b.
La verdad es perfectiva en el orden ideal y no existencial, según la forma ideal del sujeto; en cambio, el bien perfecciona realmente al sujeto. La nota propia del bien no es una perfectividad sin más: se trata de una perfectividad existencial, de donde brota su carácter de deseable (véase en esta plataforma: De Veritate, 21,1).
Cabe otra consideración más profunda, intrínseca, mirando al sujeto propio del bien y no ya a un sujeto extrínseco. El bien no es lo perfectivo, sino lo perfecto. Un ser provisto de cierta perfección es capaz de comunicarla a los otros, convirtiéndose así en objeto de deseo. Las cosas son apetecibles en la medida que son perfectas, pues todo ser busca su perfección, y son tanto más perfectas cuanto más en acto están. El grado de bondad depende del grado de ser, pues el ser es la actualidad de todas las cosas (véase en esta plataforma: SER; EXISTENCIA). El poder de irradiar es un signo de la perfección poseída. La naturaleza de cualquier acto es comunicarse cuanto sea posible. La perfección de una cosa es proporcional a su actualidad. Algo es perfecto en cuanto que está en acto. Lo perfecto irradia, es perfectivo. Lo perfectivo nos remite a la perfección; pero, a su vez, la perfección es una abstracción. Lo que verdaderamente se desea es el ser perfecto, el sujetoexistenteperfecto. Lo perfectivo nos remite a la perfección y ésta a lo perfecto. Lo perfecto es objeto de una tendencia o deseo no sólo en virtud de su perfectividad o aptitud para actuar al sujeto perfectible, sino en razón de su perfección interna. Algo es bueno porque su fin es bueno. La bondad de una cosa es siempre una bondad prestada, relativa: es la del medio por relación a su fin.Entre las Líneas En la serie de fines siempre habrá un último fin o bien de donde los demás beban la bondad. El carácter que posee el bien absoluto para hacer bueno al ser que se le adapta consiste en que el bien, siendo un fin, perfecciona a la naturaleza que tiende hacia él; este perfeccionamiento es la, causa formal de la bondad de los seres. Perfección (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) significa acabamiento; el ser que se perfecciona es una realidad incompleta, con una pequeña dosis de ser que tendrá que incrementar. Gracias a este perfeccionamiento, el ser se hace bueno. El fin es el bien que perfecciona, «bonum quod»; el perfeccionamiento mismo es la razón formal de la bondad del sujeto perfeccionado, «bonum quo»; el sujeto perfeccionado y, por tanto, bueno, es «bonum cui».
4. El bien en orden a la tendencia. Si el bien es lo conveniente a una cosa, entonces lo más conveniente es el ser, del cual participan todas las cosas convenientes. Con más rigor: sólo es conveniente lo que corresponde a la naturaleza, y especialmente a la tendencia natural o apetito de una cosa: el bien es lo que todas las cosas apetecen. La tendencia o apetito tampoco se puede definir, sino describir, reflejando y analizando la experiencia. La tendencia es inclinación o movimiento interno hacia una cosa, a saber, hacia la perfección y, en definitiva, hacia el ser, pues la perfección no es más que una participación del ser. Cuando la tendencia consigue la perfección en su acto fruitivo, pasa del movimiento al reposo. La tendencia dice, pues, tensión y fruición.Entre las Líneas En la experiencia humana inmediatamente encontramos una tendencia consciente o elícita, excitada por el conocimiento y puesta conscientemente como un acto especial. Esto puede ocurrir de dos maneras: perfectamente, como tendencia espiritual o voluntad que se extiende al bien en cuanto tal, y por tanto es libre; o imperfectamente, como tendencia sensitiva, coartada al bien del orden sensible y, por tanto, sometida a necesidad. La diferencia entre las dos tendencias está fundada en el conocimiento correspondiente: intelectual o sensitivo. Por otra parte, hay una tendencia inconsciente que se encuentra junto con la consciente, y las dos pertenecen al orden de la operación actual o del ejercicio. Por tanto, aquí se trata de la tendencia efectiva, y abarca tanto lo consciente como lo inconsciente. La tendencia inconsciente ni es excitada por el conocimiento, ni es un acto distinto de los demás, sino que la operación la inviscera como el momento tendentivo idéntico al momento perceptivo. Esta tendencia no se puede llamar elícita. Se encuentra en la vida vegetativa del hombre, del animal, de las plantas y en todas las operaciones anorgánicas.Si, Pero: Pero toda tendencia efectiva está sostenida por una tendencia natural. Ésta se da con la naturaleza del apetente y coincide por ello con el sujeto de la operación radical (cuando todavía no ejerce su operación). Consiste, pues, en el movimiento de la forma natural que lleva a la tendencia a su ejercicio, conteniéndolo a éste radicalmente. Es una tendencia natural en acto primero (que antecede a toda operación actual fundamentándola, excitándola y dirigiéndola) a la que sigue la tendencia natural en acto segundo.
Como el bien se constituye por relación a la tendencia, entonces según la índole de la tendencia, tal será la del bien La división primaria del bien corresponde a la oposición entre la tendencia efectiva y la tendencia natural (en acto primero). A la tendencia natural, que se da inmediatamente con el ente, corresponde el bien óptico, al que también puede llamarse bien natural. A la tendencia efectiva corresponde el bien realizado, el cual admite grados, según la gradación misma de la tendencia. Entre todos sobresale el bien formal: es el que la tendencia consciente ejerce, sobre todo la tendencia espiritual, porque el bien sólo alcanza su máxima expresión por la propia forma de esta tendencia. El bien realizado supone el bien óptico y en él se funda. Igualmente, la tendencia natural en acto primero es la raíz de la tendencia efectiva. O sea, una cosa se puede apetecer por la tendencia efectiva y ser en verdad apetecida porque la tendencia natural y el bien óptico la constituyen. Es evidente que el bien realizado está constituido por la tendencia efectiva. Queda en pie la cuestión de saber cómo puede conciliarse la relación del bien a la tendencia por respecto al ser. Mas antes que nada, es preciso detectar el origen histórico de esta problemática.
5. Despliegue histórico del problema. Con todo lo dicho se nos pone de relieve que la más espinosa problemática en torno al bien, no es ciertamente la cuestión de cómo se relaciona a una tendencia o apetito, sino la cuestión de cómo esa relación se concilia con la que hace al ser. A este respecto se han dado dos respuestas extremas y una conciliadora: separación absoluta del bien y del ser, absorción (véase su concepto jurídico) absoluta del bien en el ser, absorción (véase su concepto jurídico) real y separación ideal.
a. Separación absoluta del bien y del ser. Prepondera tal actitud en la moderna axiología (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), que proponiéndose luchar contra el racionalismo de la corriente hegeliana, cae en el extremo opuesto: irracionalismo axiológico. Establece una separación objetiva entre ser y bien Mientras que las cosas son, los bienes o los valores valen. El ser carece de bien Hay una independencia original entre ambos órdenes. El bien no puede ser originalmente captado por la razón, la cual está orientada siempre al ser.Si, Pero: Pero hay una correlación entre el bien y las funciones alógicas o irracionales, como el sentimiento y la emoción, las cuales se reducen a la tendencia.Si, Pero: Pero la tendencia está desconectada del orden del ser y constituye al bien Ser y bien son vocablos casi equívocos, habiendo entre ellos una distinción real o, por lo menos, de razón perfecta. Conocemos el ser, pero el bien lo sentimos.
Es fácil advertir que esta postura tiene ya sus antecedentes: remotos, en Platón y el neoplatonismo, donde encontramos una separación de índole trascendente; próximos, en Kant y el idealismo alemán, donde hay una separación de índole inmanente.
En la separación de índole trascendente el concepto de bien no era para el platonismo totalmente unívoco, puesto que excluía de la idea de bien todos los bien útiles y, en u_ n sentido más estricto, todos los bien reales: todos los bien de este mundo, que no son más que reflejos del verdadero bien, de la Idea de bien Los bien de la realidad no son ya bien, pues el bien está más allá del ser. Mas antes de proseguir, conviene recordar las teorías de fondo con que Platón se encuentra e intenta superar.
El problema del bien aparece ya con toda su crudeza filosófica en Heráclito. Todo es bien o todo es mal, según se considere. «El agua del mar es la más pura y la más impura. Para los peces es potable y saludable, para los hombres es perjudicial» (Diels, 22 B 61). «La enfermedad hace dulce la salud, el mal el bien, el hambre la hartura, el cansancio el reposo» (Diels, 22 B 111).Entre las Líneas En Heráclito, más que de un relativismo del bien habría que hablar de una relacionalidad del mismo: el bien es la relación a una tendencia natural que en él se siente satisfecha. El agua del mar es potable para los peces, perjudicial para los hombres. Este carácter relacional del bien se encuentra también en Sócrates, para el cual la fundamental característica del bien es la utilidad: no hay «bien que no sea bien para alguna cosa» (Memorables de Jenofonte, 1,4,4; III,8,23). «Lo que es útil es bien para aquel que le es útil» (ib. IV,6,8). Es indudable que Sócrates no logró rebasar el hedonismo y el relativismo, aunque en verdad no se encuentra en él una expresa negación de un posible bien absoluto. Sócrates subraya excesivamente el carácter relacional del b.: «Lo que es bien para el hambre, es malo para la fiebre, y lo que es malo para el hambre es bien para la fiebre.., y todas las cosas son bienes y bellas para aquel a quien le van bien, y malas y feas para aquel a quien le van mal» (ib., II1,8,56). Este utilitarismo socrático no tiene el grosero sentido que el de Aristipo: Sócrates busca el bien mejor y establece una escala de bien, lo cual implica una renuncia a otros bien inferiores.
La respuesta al problema del bien transcedente, norma que dominará el sentido práctico de la conducta humana, será formulada por Platón. Éste supera el relativismo anterior, relacionando la virtud con el orden objetivo del bien Sumo. El bien es la suprema personificación de lo divino, y se halla en la cumbre de todas las Ideas. La Idea de bien es la causa de todo lo recto y bello que hay en todas las cosas, es el sol del mundo inteligible. «Del,°mismo modo puedes afirmar que a las cosas inteligibles no sólo les adviene por obra del bien su cualidad de inteligibles, sino también se les añaden, por obra también de aquél, el ser y la esencia; sin embargo, el bien no es esencia, sino algo que está todavía por encima de la esencia, en cuanto a dignidad y poder» (República, 508 e509 b).Entre las Líneas En los diálogos Filebo y Fedón el bien aparece como .algo autosuficiente y excelso.Entre las Líneas En la República, sobre todo, el bien destaca por encima de la justicia y de la belleza: en el bien se condensa toda la plenitud del ser y de la perfección. La acción del bien no hay, que entenderla en sentido estricto de causalidad eficiente y creadora, sino más bien como un influjo difuso de coordinación entre los distintos seres del universo, o como una propiedad que se encuentra en todos los seres, y que los abraza y liga en un vínculo común. De lo dicho se desprende que Platón comienza por buscar el fundamento objetivo y transcendente de la estructura fenomenoIógica del bien hallada por sus predecesores. La vida virtuosa tiende al bien absoluto, por encima de toda contingencia y de toda limitación. La virtud es una ascesis que dispone al hombre a retornar al estado de contemplación del mundo ideal, en el cual consiste el sumo bien El bien está en definitiva más allá del ser. [rbts name=”teologia”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre bien en teología en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
K. NISHIDA, Ensayo sobre el bien, Madrid 1963; J. DE FINANCE, Ensayo sobre el obrar humano, cap. I, Madrid 1966; F. J. vox RINTELEN, El fundamento metafísico de la noción de bien, «Sapientiau 6 (1951) 27585; O. N. DEaisi, Los fundamentos metafísicos del orden moral, Madrid 1951; A. LINARES HERRERA, Elementos para una crítica de la filosofía de los valores. Madrid
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