Dietas de Spira
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Dietas de Spira en Relación a Historia de la Iglesia
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] El Edicto de Worms (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de 1521 no pudo aplicarse, entre otras razones por la prolongada ausencia de Carlos V de las tierras del Imperio, a causa de la guerra con Francia. Sólo con la paz de Madrid del 14 en. 1526 pareció ofrecérsele al Emperador la posibilidad de dar una solución legal a la división religiosa en Alemania, sobre las bases del Edicto. Con esa intención se convocó una dieta en Spira para el 1 de mayo de aquel año. El Emperador envió las oportunas instrucciones a su hermano Fernando: en cosas de fe nada debería cambiarse; todo debería quedar en el statu quo existente y habría de mantenerse hasta la reunión del concilio. Del concilio esperaba Carlos una «reforma, regulación y ordenamiento» de carácter estable. Mientras la dieta se aplazaba hasta el 25 de junio, las circunstancias políticas se habían vuelto nuevamente desfavorables para el Emperador. El Papa había firmado la Liga de Cognac con el rey de Francia.Entre las Líneas En el Este, los turcos conquistaban Hungría. Para combatirlos necesitaba Fernando con urgencia el apoyo de los protestantes. Cierto que rechazó las propuestas de un comité de príncipes para que se aboliese la Misa privada, se otorgase el cáliz a los laicos y el matrimonio de los sacerdotes; pero se vio forzado a dar su aprobación a las decisiones de la dieta. Se determinaba en ellas que no se introdujesen novedades en materia de fe y de religión.Si, Pero: Pero para el establecimiento de la paz habría de celebrarse en el plazo de año y medio un concilio general o, cuando menos, un concilio nacional alemán.Entre las Líneas En relación con el Edicto de Worms, los estamentos del Imperio deberían comportarse entre tanto «tal como cada uno se sintiese responsable ante Dios y la Majestad imperial». Como las perspectivas de una pronta convocatoria del concilio eran prácticamente nulas a pesar de las presiones de Carlos V, frente al Papa, tales determinaciones significaban primero la posibilidad y luego la legalización de un desarrollo ulterior del protestantismo por los príncipes territoriales. Una segunda dieta tuvo lugar en Spira el 15 mar. 1529. Se celebró bajo las perspectivas inmediatas de negociaciones de paz entre Carlos V, el Papa y el rey de Francia (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fernando confiaba en derogar las decisiones de 1526, debido a las interpretaciones arbitrarias a que habían dado lugar y prohibir bajo penas imperiales que nadie fuese privado de sus bienes y derechos por causa de la fe y que nadie fuese obligado a adoptar una fe diversa de la que tenía. La comisión que formuló tales proposiciones acentuó todavía más su contenido: subsistirían los cambios que ya habían sido introducidos, pero en todas partes habría de ser tolerada la Misa. Solamente debería prohibirse la existencia de zwinglianos (véase en esta plataforma: ZWINGLIO) y anabaptistas (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Antes de que fuesen aprobadas estas resoluciones, cinco príncipes luteranos presentaron su protesta. Mas, pese a la oposición de estos «protestantes», las conclusiones de la dieta fueron firmadas el 22 abr. Se pedía al Emperador que reclamase del Papa la convocatoria de un concilio general en Alemania (en la dieta el nuncio había adelantado la promesa de un concilio). Si en el plazo de un año el concilio general no tenía lugar, se celebraría un concilio nacional alemán. El Edicto de Worms continuaba en vigor. Donde se hubiesen introducido las nuevas doctrinas y no pudieran ser suprimidas sin peligro de alborotos, habrían de evitarse cualquier otra clase de novedades hasta que se celebrase el concilio.Entre las Líneas En fin, ningún estamento haría la guerra a otro por causa de la fe ni le privaría de sus bienes. Cinco días más tarde, 14 ciudades, Estrasburgo y Nuremberg entre ellas, se sumaron a la protesta de los príncipes y esa protesta se adjuntó al protocolo como apelación al Emperador. Las ciudades -según decían- rechazaban los acuerdos, pues en cuestiones de conciencia y de fe no podía ser vinculante ninguna determinación tomada por mayoría. Los «protestantes» pedían tolerancia, pero ellos, por su parte, no estaban dispuestos a otorgarla ni «aun cuando la Misa papal no estuviese en contra de Dios ni de su palabra», pues era intolerable, a su juicio, la duplicidad de cultos en una misma región (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Frente a semejante oposición resultaba imposible dar cumplimiento a las decisiones de la dieta. La tercera dieta de Spira (1542) se celebró bajo la amenaza de la inminente guerra con Francia, que a la sazón se hallaba en negociaciones con los turcos. Para obtener ayuda contra los turcos, el rey Fernando se vio obligado a aceptar en la dieta el tratado secreto de Ratisbona que garantizaba a los protestantes la posesión de los bienes eclesiásticos secularizados y les prometía una situación de paridad en el tribunal del Imperio. Las pretensiones de los protestantes quedaron reducidas, como consecuencia de la oposición de los estamentos católicos, a una simple declaración, y las inspecciones del tribunal imperial dieron comienzo, pero se suspendieron a los pocos meses. El nuncio Morone que vino a Spira con tres jesuitas, uno de ellos Bobadilla, alcanzó del rey y de los estamentos católicos la aceptación de Trento como sede del próximo concilio, pero no consiguió, en cambio, que fuera reintegrado a la dieta el obispo Pflug de Naumburgo, que había sido rechazado por ésta. También en la cuarta dieta de Spira del 20 feb. 1544 fueron el peligro turco y la guerra con Francia circunstancias que condicionaron las negociaciones en materia religiosa. Mientras Baviera se inclinaba, de acuerdo con el parecer del Papa, por una acción mediadora con Francia, el Emperador conseguía en Spira ayuda contra los turcos y la declaración de Francia como enemiga del Imperio. El precio fue un amplio reconocimiento de las pretensiones políticoeclesiásticas de los protestantes. La declaración secreta de Ratisbona se mantendría en vigor hasta la siguiente dieta, a celebrar en el otoño o invierno próximos, y entretanto se suspenderían todas las decisiones de las precedentes dietas contra los luteranos. La nueva dieta habría de afrontar una «reforma cristiana», que fuese concebida por hombres «piadosos, sabios y pacíficos». Todo ello parecía significar el consentimiento por parte del Emperador para una futura regulación autónoma de las cuestiones eclesiásticas en Alemania. Probablemente, entonces, el Emperador estaba ya decidido a no mantener esas concesiones y a solucionar el problema por la fuerza; pero Roma se sobresaltó ante tales acuerdos y se vio obligada a un cambio de actitud ante la política religiosa del Imperio. Las dietas siguientes de 1557, 1570 y 1604 tuvieron ya poca importancia, tras la regulación del problema religioso en la paz religiosa de Augsburgo. Se ocuparon, la mayoría de las veces sin éxito, de protestas religiosas locales formuladas por ambas partes. También ofrecieron a los nuncios la posibilidad de informarse sobre la realización de las reformas tridentinas y de tratar con los obispos acerca de estas cuestiones. [rbts name=”historia-de-la-iglesia”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre dietas de spira en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Ediciones Rialp, 1991, Madrid, España
Véase También
Bibliografía
VARIOS, Historia de la Iglesia católica, III, 2 ed. Madrid 1967, 661-698; A. EHRHARD, W. NEuss, Historia de la Iglesia, IV, Madrid 1962, 19-126; H. JEDIN, Historia del Concilio de Trento, I, Pamplona 1972; FRIEDENSBuRG, Der Reichstag zu Speier in Zusammenhang mit der politischen und kirchlichen Entwicklung Deutschlands in Reformationszeitalter, Berlín 1887; íD, Die Reformation und der Speierer Reichtestag von 1526, «Lutherjahrbuch» 8 (1926) 120-195; Deutsche Reichstagsakten unter Karl V, VII, Stuttgart 1935; J. KüHN, Die Geschichte des Speyrer Reichstages 1529, Leipzig 1929; J. BOEHMER, Protestar¡ und protestatio, «Archiv fur Reformatiosgeschichte» (1934) 1-22; Nuntiaturberichte aus Deutschland, Berlín 1912; P. HEIDRICH, Karl V und die deutsche Protestanten am Vorabend des Schmakaldischen Krieges, 2 vol (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Francfort 1911-12; Acta Reformationis Catholicae, ed. G. PFEILSCHIFTER, III, Ratisbona 1968, 423 ss.
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