Enfoques del Liberalismo
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Sociología del Liberalismo en Relación a Política
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre sociología del liberalismo que se haya en otra parte de esta plataforma online). El liberalismo de tipo francés cree, por el contrario, que la acción eficaz siempre será la tutelada por el Estado, en parte porque se supone más racional, por la mayor división del conjunto que ingenuamente se le supone. El Gobierno no sólo ha de ser político, sino administrativo, ocupándose de todo lo concerniente a sus súbditos, de los cuales es el mentor idóneo. Se trata de una herencia histórica del Antiguo Régimen que desemboca en el paternalismo estatal y cuyo desarrollo lógico (y psicológico) es el socialismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) en sus variedades no utópicas, con la confusión de lo privado y lo público: las virtudes privadas se miden por el rasero de las públicas, pero la vida pública, si el Estado se hace omnipresente, inevitablemente se convierte en el lugar de conflicto de intereses privados. La retórica sustituye entonces a la realidad, pues, en verdad, según vieron muchos críticos, como Tocqueville y Marx, el Estado liberal de tipo francés, por debajo de su aparente neutralidad política, enmascara un Estado de clase para el cual la neutralidad es como una máscara ideológica. La consecuencia son las luchas de clases que incrementan cada vez más el ámbito de acción del Estado en la misma medida en que disminuyen el de la esfera autónoma de los individuos. Los problemas políticos no son ya los que conciernen a limitar el poder y al modo de hacerlo, sino los propios de la disputa sobre quien debe mandar; lo cual desvía los problemas del I. a los de la democracia, bien comprendido que la democracia liberal entendida desde el l., o sea, según el criterio definitivo de la libertad como principio determinante de los actos políticos, es consecuencia legítima del I.
Es así como, p. ej., en los países de tradición anglosajona, la cuestión de la forma política resulta secundaria. Inglaterra conserva la monarquía mientras casi todos los demás países son repúblicas.Si, Pero: Pero en los del otro tipo, la cuestión de forma es esencial. Es verdad que la conclusión lógica del l., en cuanto desemboca en la democracia, sería la forma republicana, pero ésta no resulta imprescindible (se ha dicho que Inglaterra es una república coronada); pero en los países donde el gobierno administrativo tiene un lugar preponderante, se hace sentir una como necesidad psicológica de la forma republicana, y se propende a juzgar la democracia por la forma del régimen. Consideraremos aquí que el I. político en sentido propio es el de tipo anglosajón, siendo el otro la consecuencia de la mezcla de condicionamientos históricos con las ideas liberales.
Para el I. político en sentido propio, el orden político es un producto de la inteligencia ordenadora en una medida mucho menor de lo que habitualmente se supone. Concede un papel a la razón política, pero en modo alguno la absolutiza. Vinculada a la historia, reconoce el peso de lo colectivo, que es producto del pasado, y sostiene que, tanto la profundización de la libertad como su extensión, resulta siempre del proceso histórico, oponiéndose así al utopismo (véase en esta plataforma: UTOPÍA). La liberación humana, de todos los individuos, es su fin, pero sostiene que, como el problema de la felicidad constituye un asunto que sólo cada individuo puede resolver, la auténtica actitud liberal es la tolerancia acompañada de la crítica de las instituciones que, en cada momento, según la sensibilidad histórica, se oponen a la emancipación del individuo de las presiones de lo colectivo.
He ahí su radical discrepancia doctrinal del I. galicano, porque éste, debido a su carácter racionalista, llega a justificar gobiernos tiránicos con tal de que tengan por finalidad la «felicidad» de sus súbditos.
Pormenores
Por el contrario, el objetivo del verdadero I. es recortar atendiendo a las circunstancias, la medida de las atribuciones del poder, lo cual equivale a ampliar el radio de acción del individuo, liberándole, en la misma medida, de las presiones colectivas. Trata de evitar que los que detentan el poder pueden explotar a los demás; el I. busca evitar que la libertad política y la condición de «ciudadano» se puedan perder, cosa bien posible, p. ej., en la sociedad actual, donde los Gobiernos pueden disponer de amplios medios para hacer internalizar a sus conciudadanos sus consignas, de modo que, creyéndose libres, sin embargo, estén sometidos a su tutela.
Para el I. político anglosajón, la libertad es indivisible: no puede existir libertad económica sin libertad política, ni ésta sin la religiosa, etc. Coartar la libertad en una esfera supone que, paulatinamente se coartará en las demás: a veces se coartan las libertades económicas con el propósito de mejorar la condición material de los hombres, pero la consecuencia son regímenes despóticos más o menos encubiertos. No cree el I. en el régimen o sistema político perfecto (de ahí el «escepticismo» liberal del que le acusan los totalitarios), precisamente porque, según el I. los regímenes son lo que los hombres quieren que sean; y, por tanto, desde el punto de vista de la dignidad humana, se postula el orden liberal, no como el mejor,sino por ser el menos malo, ya que siempre deja abierta la puerta para el cambio posible con la menor violencia y perturbación. El I. es opuesto a todo totalitarismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); no cree el I. en la absoluta corrupción de la naturaleza humana como los totalitarios de derechas, pero tampoco como los totalitarios de la izquierda en su absoluta bondad diciendo que son las instituciones las que pervierten al hombre (¿quién crea las instituciones sino los mismos hombres?).
De acuerdo con la tradición cristiana, para el I. el hombre, aun siendo bueno por su origen, sin embargo, se puede engañar, es falible y, por tanto, el régimen mejor es el que permite corregir sus errores; por ello es preciso, según el l., que las decisiones se adopten mediante la libre discusión. Niega, por tanto, la necesidad absoluta de la autoridad y del poder para evitar que las naciones se corrompan -lo cual supone que sólo unos pocos privilegiados están a salvo de error-, lo mismo que niega el automatismo que conduce a la perfección una vez que se han eliminado los obstáculos materiales y las instituciones que parecen impedirlo. Para el liberal, los problemas políticos son insolubles, al revés de lo que pretende el I. racionalista, pues la política auténtica sólo tiene lugar entre hombres libres pero, justamente, no cabe que los hombres libres se sometan a las decisiones de otros, sino que acepten un compromiso a cuyas normas sí se someten todos por igual en cuanto son impersonales. De ahí la necesidad de la autoridad y del poder, y el hecho de que el Gobierno esté tan vinculado como los gobernados por las leyes, y que éstos pueden revocarle sus poderes si corrompe aquéllas con su actuación o no es capaz de salvaguardarlas.
Como medida de precaución, el Gobierno debe ser renovado periódicamente y los cargos hereditarios que pudieran existir tienen unas funciones puramente formales; continuamente, además, mediante una representación auténtica de los gobernados, a través del Parlamento, controla diariamente su actuación.Entre las Líneas En la Ley Fundamental o Constitución, se prevé también como precaución, que los poderes fundamentales (el legislativo, el ejecutivo y el judicial) estén separados, distinguiéndose claramente entre sí y vigilándose mutuamente, si bien esto actualmente no es esencial, pues caben muchas matizaciones; y, sobre todo, el mejor medio de frenar los posibles abusos e impedir poder totalitario es el pluralismo: al lado del Gobierno deben existir órganos independientes y libres, dentro de su esfera, para la realización de sus fines propios, como los municipios, las asociaciones de diverso tipo, corporaciones, sindicatos y grupos sociales, diversos incluso las Iglesias. La existencia de esos cuerpos distribuye el poder impidiendo su concentración y constituye, por ello, la condición de un pueblo libre. El control esencial del Gobierno, en cualquier nivel, es el financiero; la libre disposición de los recursos permite al Gobierno ensanchar sus poderes y, por eso, para el I. la misión principal del Parlamento debe ser el control del gasto y de los ingresos públicos. Otros aspectos obvios del I. son la libertad de pensamiento y de expresión, así como la libertad religiosa (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), la garantía de los derechos del hombre (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), etc., aunque el problema esté en sus límites y regulación.
Debe insistirse en que el l., en cierta manera, es un juridicismo; la Ley constituye como la regla de oro de la comunidad, si bien en función de la libertad como su fundamento ético, es esencial que las leyes puedan ser modificadas e incluso revocadas. De esa manera, el I. admite el cambio regulado por la misma sociedad. La decadencia del Derecho es paralela a la del I.
4. Partidos liberales. Los partidos políticos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) son, para el I., institución esencial de la vida política, de modo parecido a como las clases constituyen las unidades sociales y las generaciones las unidades históricas. Por eso, la negación de los partidos políticos, según el I. más puro, equivale a negar la realidad política, la cual es plural como corresponde a una comunidad de hombres libres. Sería como negar la existencia de generaciones en la historia o la de clases en la sociedad; y a pesar de su negación, seguiría existiendo, en forma espúrea como grupos de presión (véase en esta plataforma: GRUPO II); etc. De ahí que el mismo I. se desarrolló vinculado a los partidos políticos y que los partidos políticos modernos se desarrollaran con él.Entre las Líneas En este sentido, son liberales todos los partidos, siempre que al menos mínimamente correspondan a sus postulados. De ahí la justificación liberal de la prohibición de todos aquellos partidos entre cuyos fines figure la supresión de todos los demás.
En cuanto a la historia de los partidos liberales, en este sentido amplio, abarca la historia general de los partidos políticos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).Entre las Líneas En un sentido muy restringido cabría decir que sólo la de aquellos cuyos fines son los propios del liberalismo Sin embargo, como éste tiene matizaciones según las condiciones de cada país, habría que hacer la historia por países, generalizando sólo con mucho cuidado. El criterio más seguro a primera vista sería considerar liberales los que se llaman así, pero esto resulta muchas veces inexacto. Los partidos liberales históricos se convirtieron en bastantes países, con el tiempo, en baluartes del conservadurismo o de ciertas tiranías y, por otra parte, muchos auténticamente liberales tienen o han tenido otra denominación.
Informaciones
Los dos grandes partidos actuales en los EE. UU. y prácticamente casi todos los pequeños, son liberales, pero ninguno se denomina de este modo.Entre las Líneas En Inglaterra, tanto el laborista como el conservador tienen una base liberal, mientras que el liberal ha pasado a ser un tercer partido minoritario y, en cierto sentido no lo es más que aquéllos. Los partidos democráticos cristianos también se pueden considerar liberales, pero otros como el partido liberal alemán son en ciertos aspectos más conservadores que el cristiano demócrata. Algunos partidos que se califican socialistas, pero que no admiten ni las teorías marxistas ni la pretensión de ser el partido único, pueden ser también liberales.Entre las Líneas En Hispanoamérica, el partido liberal es casi sinónimo de conservador, si no de reaccionario (véase en esta plataforma: t.: DEMOCRISTIANOS, PARTIDOS; DERECHAS E IZQUIERDAS).
El partido liberal más antiguo es el whig (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), y, junto a él, los primeros partidos estadounidenses.
Aviso
No obstante, la proliferación del I. después de la Revolución francesa tuvo como paradójicos impulsores los ejércitos napoleónicos -es decir, los ejércitos de un déspota-; sembraron ideas que dieron lugar, cuando no era posible la constitución del partido, a la formación de sociedades secretas (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).Entre las Líneas En Europa su denominador común era más o menos los siguientes puntos: oposición al Antiguo Régimen, fundamentalmente a las monarquías absolutas y a la alianza entre la Iglesia y el Estado (o sea, constitucionalismo: monarquía constitucional o régimen republicano y separación de la Iglesia y el Estado); gobierno de la clase burguesa (y libertad económica); racionalización del poder (legislación escrita y compilada y clara delimitación de funciones y competencia en el seno del gobierno); dicho de otra manera, Estado de Derecho, incluyendo los derechos del hombre; parlamentarismo (predominio del legislativo sobre el ejecutivo); educación universal (centralización de la educación; educación laica); progresismo y humanitarismo (derecho del gobierno en nombre del pueblo -teoría de la soberanía popular- a intervenir en todo lo que se oponga al mismo); nacionalismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general): la nación es la personificación del pueblo soberano de cara a la sociedad internacional (aunque, en principio, los partidos liberales son pacifistas); universalismo (la creencia de que es posible descubrir ciertos valores y principios que son aplicables a todas las personas y a todas las sociedades, independientemente de las diferencias históricas, culturales y otras) (fraternidad de todos los pueblos); reformismo: prefieren la reforma a la revolución aunque son con frecuencia inconsecuentes cuando se trata de combatir el Antiguo Régimen. Todo ello impregnado de una especie de sentido moralizante expresado en el estilo romántico.
Cuando se llevó a cabo el cambio de régimen acabaron convirtiéndose casi generalmente en conservadores. Donde, como España, dadas las condiciones del país (lo mismo en Hispanoamérica) y el peso de las instituciones y de la mentalidad de Antiguo Régimen, tuvieron que mantenerse prácticamente a la defensiva, estuvieron más bien en una línea teórica (véase en esta plataforma: ESPAÑA VII); pero la ausencia de una clase media suficientemente independiente y fuerte, dio lugar no sólo a numerosas inconsecuencias, sino a una especie de fraude con cierta frecuencia. Un caso curioso e importante fue el de los doctrinarios liberales (véase en esta plataforma: DOCTRINARISMO), de especial resonancia en Francia y en España, que adoptaron una postura media, aplazando en parte la puesta en práctica de los tópicos liberales, hasta que se hubieran creado unas condiciones más favorables (L. Díez del Corral, El liberalismo doctrinario, 2 ed. Madrid 1956).
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Detalles
Los antecedentes de los partidos liberales españoles se remontan al doceañismo de Cádiz.Si, Pero: Pero hasta la Unión liberal -integrada por progresistas moderados (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general)- de O’Donnell (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que desempeñó un papel fundamental entre 1856 y 1863, y precedió a los liberales de Sagasta (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), en realidad no existió partido de ese nombre.
Puntualización
Sin embargo, de hecho, fueron los progresistas el primer movimiento liberal que empezó a tomar cuerpo hacia 1834 igual que los moderados que se inspiraban en Jovellanos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y venían a ser una especie de grupo oligárquico. Los primeros eran más radicales, tanto por su individualismo económico, como por su anticlericalismo y, en verdad, corresponden más bien a lo que luego se llamó partido radical. Grosso modo, el I. español del XIX se define por su oposición al carlismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), encajando entonces dentro de él casi todos los demás grupos. Precisamente durante todo el siglo persistió el ideal de la fusión de todos los liberales, cuyo resultado limitado fue la citada Unión Liberal.
En Hispanoamérica se repite la contienda entre tradicionalistas y liberales. Allí las corrientes liberales se desarrollaron rápidamente, influidas por los franceses en general, por Pufendorf, Locke, Montesquieu, Bentham, Rousseau, y por el ejemplo de las revoluciones norteamericana y francesa y la repercusión de las Cortes de Cádiz (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) -centro difusor del liberalismo por todo el mundo euroamericanoy del Trienio Liberal de 1820-23. Alcanzaron los partidos liberales un mayor arraigo que en la Península, al vincularse a la lucha por la independencia, precisamente contra España, donde imperaba el Antiguo Régimen. Hay numerosos partidos actualmente que se denominan liberales, si bien no siempre son los más importantes, salvo en Colombia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
V. t.: LIBERTAD V; AUTORIDAD ll; GOBIERNO; etC. [rbts name=”politica”]
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre sociología del liberalismo en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
G. DE RUGGIERo, Historia del liberalismo europeo, Madrid 1944; H. LASta, El liberalismo europeo, 2 ed. México 1953; G. H. SABINE, Historia de la teoría política, 2 ed. México 1962; J. TOUCHARD, Historia de las ideas políticas, Madrid 1961; G. GENTILE, La idea liberal, México 1961; liberalismo VON MISEs, El socialismo, México 1961; C. BAY, La estructura de la libertad, Madrid 1961; liberalismo T. HOBHOUSE, Liberalismo, Barcelona 1927; J. S. MILL, Sobre la libertad, Madrid 1962; A. VON HUMBOLDT, Los límites de la acción del Estado, en Escritos Políticos, México 1942; B. CROCE, La historia como hazaña de la libertad, 2 ed. México 1960; C. SCHMITT, Teoría de la constitución, Madrid 1935; J. MESSNER, La cuestión social, Madrid 1960; y las obras citadas dentro del artículo.
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