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Historia de la Iglesia en América

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Historia de la Iglesia en América

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Historia de la Iglesia en América en Relación a Historia de la Iglesia

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] 1. Introducción. América ofrece al historiador del cristianismo unas líneas generales y unas características comunes de primera importancia: la evangelización tuvo lugar en época relativamente reciente; su historia está estrechamente unida a la de Europa y radica en cuatro bloques preponderantes histórica y culturalmente: los de lengua española, portuguesa, francesa e inglesa.
Por lo que respecta a los primeros pobladores, razas y lenguas de América (véase en esta plataforma: iv 1) sólo haremos un comentario escueto sobre su número en 1492, ya que constituye un elemento de gran importancia para la valoración de la obra misional y para comprender los problemas humanoreligiosos que suscita periódicamente el fenómeno de su extinción en algunas islas y su disminución en otras. Hay que decir, en líneas generales, que tal población era escasa en los actuales Estados Unidos y Canadá, lo mismo que en amplias zonas del S.Entre las Líneas En México y Perú era más elevada, siempre lejos de las estadísticas modernas.
Interesa hacer notar el profundo mestizaje de muchas naciones y comarcas, y precisamente en aquellas en las que la Iglesia ha podido alcanzar a la mayoría de la población o a grandes masas. El mestizaje entre hispanolusitanos e indígenas fue general fuera de pequeños grupos.Entre las Líneas En el siglo Xix una enorme inmigración ha alterado el cuadro racial de Argentina, Uruguay, sur del Brasil y grandes estratos de la población de Cuba, Puerto Rico y Chile. El mestizaje se complicó con el de los indígenas de varias tribus entre sí y con los negros importados.Entre las Líneas En los Estados Unidos y Canadá el mestizaje ha sido más raro, pero el elemento negro ha producido considerables tensiones raciales a los Estados Unidos. Añádase el aporte de casi todas las naciones europeas y de gran número de judíos para completar la visión racial norteamericana. El elemento europeo se va amalgamando sin mayores dificultades, pero el negro y mulato (mejor utilizar el término “interracial”) constituyen aún un problema difícil, aunque en lo jurídico se hayan ya salvado las barreras (véase en esta plataforma: RACISMO).
2. El mundo religioso americano en 1492. Imperaban las religiones indígenas en forma primitiva (véase en esta plataforma: vi) en la mayor parte del continente, y en forma más evolucionada en México (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y Perú (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).

Puntualización

Sin embargo, los sacrificios humanos y otros ritos de esta índole degradaban la religión en algunas partes de esos mismos países evolucionados. La enorme variedad lingüística iba a agigantar las dificultades de los misioneros que se vieron obligados a redactar los primeros diccionarios y gramáticas de casi todas esas lenguas. Los Imperios de México y Perú estaban demostrando al llegar los europeos la posibilidad de formar entidades políticas, culturales y religiosas de cierta consistencia y extensión territorial, a pesar de la falta de algunos elementos técnicos indispensables (véase en esta plataforma: AMÉRICA VI).
3. La evangelización cristiana en América. a) Primeros tiempos. Hay una especie de protohistoria cristiana en A., formada por el curioso episodio de la cristiandad groenlandesa en la Edad Media. Descubierta la isla en el 982 y cristianizada desde el América 1000 en forma inicial, ya poseía un obispado en 1124, cuando es consagrado Arnold para la sede de Gardar, cerca de la actual Igaliko. Aparece dependiente de la Iglesia arzobispal de Lund, entonces de Dinamarca, y hoy de Suecia, y desaparece en el siglo Xv.
La Iglesia cristiana comienza propiamente en América con los viajes de Colón al servicio de España. Inmediatamente después de la vuelta del descubridor, tratan los Reyes Católicos con el Papa los modos de iniciar el establecimiento de la Iglesia en los territorios descubiertos. Obtienen al mismo tiempo la división de las zonas de influencia hispano-lusitanas por las bulas Inter caetera, 3 y 4 mayo 1493. Algunos sacerdotes y religiosos comienzan rápidamente la tarea de instalar las nuevas parroquias en la isla de Santo Domingo o Española (Haití para los indígenas), luego en otras, como Cuba y Puerto Rico, antes de dar el salto al continente por Darién y Venezuela e iniciar la empresa mexicana de Cortés. Es necesario destacar dos hechos importantes para la vida religiosa en A.: las bulas de concesión de América en 1493, completadas en 1501 con la concesión de los diezmos a los reyes, con la obligación de dotar convenientemente a los eclesiásticos encargados de aquellas Iglesias, y la bula del Patronato Real Indiano, obtenida por Fernando el Católico, después de duro forcejeo, del papa Julio II el 28 jul. 1508.
La dirección de la Iglesia hispanoamericana quedó en una dependencia real estrechísima, que no pudieron debilitar sustancialmente los intentos de Roma, ni siquiera en la etapa más misional y eclesiástica en la Congregación Cardenalicia de Propaganda Fide desde 1622. Estas concesiones pontificias hay que verlas en su perspectiva histórica, siguiendo los numerosos documentos concedidos a los reyes de Portugal desde la toma de Ceuta (1415), y no como intervenciones aisladas surgidas inesperadamente. Para Granada, después de su conquista, se había hecho el mismo tipo de. concesiones. El rey delegó gran parte de sus poderes para América en el Consejo de Indias (véase en esta plataforma: INDIAS, GOBIERNO DE I), que, citado ya en un documento real de 1519, recibe su forma autónoma, desglosándose del de Castilla, el 1 ag. 1524. Conocerá muchas modificaciones durante su larga vida, sin perder sus rasgos fundamentales y de 61 dependerá en gran parte la evangelización de América no menos que su gobierno espiritual.
Fernando el Católico unió la concesión del Patronato Real con la creación por Julio II de las primeras diócesis americanas, que después de un primer intento en 1504, fracasado por no mencionar en 61 la concesión patronal, se modificó en 1508 con la creación de los obispados de Santo Domingo y la Concepción en la Isla Española, y en San Juan en Puerto Rico. Siguió la rápida implantación de la Jerarquía en los demás territorios, de modo que en 1546 se pudieron crear tres arzobispados en Santo Domingo, México y Lima. A los 70 años del Patronato había una treintena de diócesis en América Al finalizar el periodo llamado colonial (1810-24) se contaban ocho arzobispados y 35 obispados. El rey, con la intervención del Consejo de Indias, presentaba los candidatos episcopales al Papa y éste los aceptaba y nombraba. Incluso quedaba para la iniciativa real el señalar los límites de los nuevos obispados, pues Roma no disponía de datos exactos para determinarlos, fuera de los que le comunicara Madrid.

Puntualización

Sin embargo, la acción pontificia no se limitó a la mera firma de los documentos presentados por el embajador español. También podemos afirmar que la mayoría de los obispos de aquel periodo, españoles y criollos, fueron personas eclesiásticamente recomendables. S. Toribio Alonso de Mogrovejo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) figura entre ellos en primera línea. Los cabildos catedralicios completaban la representación diocesana, mientras que las parroquias se iban multiplicando conforme avanzaba la evangelización. Esto no se llevó a cabo sin pleitos ni complicaciones, pero la marcha general es ascendente en el establecimiento de la Iglesia, con todos sus elementos convenientes.
Las autoridades civiles ejecutoras del Patronato, virreyes, capitanes generales y gobernadores, al igual que las Audiencias Reales, tuvieron enorme influjo en la vida de la Iglesia hispanoamericana. El conjunto se mantuvo en una dirección aceptable de favor, dentro de la enorme extensión de las concesiones otorgadas al Patronato o ampliadas por éste unilateralmente. Esto debía desembocar en un regalismo teórico y práctico, con numerosos representantes en ambos campos y salpicaduras galicanas.
El resultado de toda esta labor evangelizadora en el siglo Xvi fue muy positivo. El catolicismo quedaba sólidamente implantado. Las principales órdenes religiosas de España dirigían numerosas misiones en continua expansión, y la vida eclesiástica tenía un camino inaugurado por la acción conjunta del Pontificado y de la realeza, puesto a punto por los Reyes Católicos y Carlos V y sistematizado por Felipe II. Dentro de este marco se verificaron las grandes evangelizaciones de Nueva España y Perú, extendidas a Nueva Granada, Venezuela, Chile, Paraguay y Antillas. Algunos millones de indios entraron en la Iglesia, aunque la disminución de la población redujera luego esas cifras. Como la conquista y la evangelización fueron a veces simultáneas, se suscitó el complejo problema de los procedimientos usados con los indios. Si es difícil e ingenuo negar muchos hechos de crueldad y rapiña, tampoco se puede reducir a ellos la historia de aquella cristianización. Hubo grandes sombras y grandes luces, y es difícil separar en ese cuadro lo religioso de lo profano, lo misional de la exploración o conquista.
b) Historia posterior. Durante el siglo Xvli no cambia en lo esencial la política religiosa de los reyes, aunque éstos no tengan la altura humana de los del siglo anterior, y por ello influyan más los validos y ministros. Se sigue la evangelización y la consolidación de la Iglesia. Se crean y amplían las misiones «de fronteras» en el norte de México, cuencas del Amazonas y del Plata, entre las tribus de Chile, Colombia, Venezuela y América Central y entre los negros que se van asentando en la zona tropical.Entre las Líneas En el siglo XVIII los Borbones españoles implantan mejoras de tipo administrativo y científico y muestran tendencias más regalistas. Continúa la penetración cristiana, retardada por la expulsión de los jesuitas (1767-68) y diversos roces con la Santa Sede y las órdenes religiosas.Entre las Líneas En estos dos siglos hay que distinguir la conquista de varias islas en las Antillas y de algunos puntos en la Guayana y América Central por parte de Francia, Holanda e Inglaterra en lucha con España. Buena parte de la vida civil y religiosa queda influenciada por estos hechos, que de rechazo alcanzan a la vida religiosa de los futuros Estados Unidos y Canadá, que en estos siglos empiezan a delinearse y a consolidarse en su actual dirección.
Con la invasión de Napoleón y su aparente triunfo total en España (finales de 1808-10) y en Europa se presenta la inmejorable ocasión para la independencia hispanoamericana, imposible de evitar desde la aparición de los Estados Unidos, con independencia reconocida desde 1783. Quedaba sólo la posibilidad de aplazar la fecha y mejorar sus condiciones. Todo falló en la guerra que se entabló en fatales circunstancias y la Iglesia sufrió gran parte de sus consecuencias, que aún condicionan su vida en aquellos territorios: corte de auxilios procedentes de España durante varios lustros; cierre o supresión de seminarios; tardanza en el reconocimiento de las nuevas naciones de parte de la Santa Sede, presionada por España, aunque se llegara pronto a contactos extraoficiales; invasión de personas, ideas y elementos opuestos al catolicismo en regiones no preparadas para ello. Añádanse conflictos diversos con la Iglesia y continuas revoluciones, que dificultaron la reanudación de una vida eclesiástica normal. Con todo se fue acudiendo a las necesidades espirituales más perentorias.
Son nuevos elementos en este siglo y medio las relaciones directas con la Santa Sede y sus beneficiosos influ, jos, la introducción de nuevas órdenes o Congregaciones religiosas y de personal eclesiástico de diversas naciones europeas, la inmigración de gran número de europeos, católicos en su mayoría, especialmente en la Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Cuba, Puerto Rico, México, y, en cuantía menor, en los demás países. También la introducción y aumento de núcleos protestantes y formación de sociedades más o menos anticristianas (masonería, espiritismo, etc.), de grupos judíos y de otras religiones; el enorme aumento de población, debido en parte a la inmigración y principalmente a la elevada natalidad, y la aparición, especialmente en los últimos decenios y en forma aguda, de los problemas sociales, de muy difícil solución y que hoy condicionan la vida de la Iglesia en aquellas naciones. El dominio político y social del comunismo en Cuba (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), 1959, ofrece el caso más espectacular de esta crisis, cuya solución es muy difícil de predecir. Se han creado misiones entre indios en forma más moderna y con más abundantes medios técnicos. El influjo de los Estados Unidos es muy grande también en el campo religioso, junto con las reacciones que provoca su presencia en Hispanoamérica. Esto es mucho más importante en Puerto Rico, ligado de hecho al dominio de dicha nación, que la ocupó en 1898, aunque goce ahora de una autonomía limitada. Lo mismo pasa en Brasil.
Brasil. La historia religiosa de Brasil es parecida a la de la Iglesia de la América española. Un Consejo de Indias en Lisboa dirige la vida civil y religiosa de las posesiones portuguesas en forma parecida a la del español, y con privilegios eclesiásticos semejantes. Descubierto en 1500 por Cabral (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) durante su viaje a la India y poco atendido hasta 1549, el Brasil recibe un impulso religioso mayor en la segunda mitad del siglo y más aún en los siglo Xvii y xviii. Se pasa de los 50.000 «civilizados» de 1580, al empezar el periodo filipino (1580-1640) a ‘los 175.000 de 1640, 750.000 de 1700 y unos tres millones de 1800, con unos 300.000 indios «salvajes» en las zonas fronterizas (véase en esta plataforma: BRASIL IV).
Canadá. Las misiones católicas del Canadá comienzan propiamente con los viajes de Champlain desde 1603 y la fundación de Québec, 1608.Entre las Líneas En 1611 trabajan temporalmente los jesuitas en Acadia (Nueva Escocia y Nueva Brunswick actuales).Entre las Líneas En la cuenca del San Lorenzo los franciscanos recoletos (1615), y especialmente los jesuitas desde 1625 (ocho mártires entre 1649-54, canonizados en 1930).Entre las Líneas En 1657 llegan los sulpicianos y al año siguiente se crea el vicariato apostólico de Québec, declarado diócesis en 1674, cuyo primer obispo fue Francisco de Laval de Montmorency. Los resultados numéricos fueron escasos al principio: en 1668 había 6.282 franceses y algunos miles de indios católicos. Un siglo después, 70.000 franceses, al pasar al dominio inglés en 1763. Hay inmigración inglesa desde sus islas y desde los Estados Unidos por la independencia. Gran aumento de población en los siglo Xix y xx por inmigración y por natalidad: 21 millones en 1969 y más del 45% católicos. Los ingleses fueron concediendo libertad religiosa cada vez mayor. Hoy el catolicismo canadiense cuenta con numeroso clero, religiosas y misioneros, con multitud de obras de ayuda al resto del mundo. Numerosa jerarquía con algunos obispos de rito oriental para los rutenos (véase en esta plataforma: CANADÁ V).
Antillas francesas. Durante los siglo XVII-XVIII hubo muchas misiones en las islas, especialmente entre los negros importados, con más personal que en el Canadá. Hoy día son de lengua francesa Haití, Guadalupe, Martinica, Guayana Francesa y algunas islas menores.
América inglesa. Después de unos fallidos intentos de colonización en el siglo Xvi, los ingleses se instalaron a principios del xvii en Virginia y Nueva Inglaterra. Poco a poco nacieron las 13 colonias, que formarían los 13 Estados Unidos originarios. Los católicos se refugiaron en el Maryland de lord Baltimore en 1634, pero pronto fueron suplantados. La colonización americana dependió mucho en el siglo XVII de la de las Antillas inglesas, más ricas momentáneamente para el comercio. No había unidad religiosa en las colonias, pues se refugiaban en ellas grupos de diversas confesiones provenientes de Europa: anglicanos en Virginia, puritanos en Massachusetts, más tarde cuáqueros y otros grupos en Pensilvania.Entre las Líneas En 1776 (año de la declaración de independencia) sólo se podía celebrar públicamente la misa en Filadelfia. Diez de las 13 colonias contaban en dicho momento con Iglesias oficiales protestantes. Había unos 30.000 católicos con poca libertad. La independencia consagró la libertad religiosa al romper con la Iglesia inglesa oficial. La Constitución de 1788 no daba ninguna jurisdicción religiosa al Gobierno federal y en ella no se exigía militar en una determinada religión para ocupar cargos públicos, mientras que la Enmienda I de la Constitución (1791) prohibía al Congreso legislar sobre la declaración de una religión «establecida» u oficial, o impedir la libertad religiosa.
John Carroll, vicario apostólico desde 1784, es nombrado obispo de Baltimore en 1789 y desde entonces aparece ya constituida la Iglesia católica de los Estados Un¡dios, aumentada pronto por la inmigración de europeos, la incorporación de Luisiana y Florida y otras anexiones. Influye mucho en esta época y la siguiente el clero francés refugiado durante la Revolución, mientras que la inmigración irlandesa y alemana produce desde 1830 los primeros espectaculares saltos numéricos, acompañados de una continua subdivisión del territorio en arzobispados y obispados, que aún continúa. Se establecen muchas órdenes y Congregaciones religiosas, se fundan otras en el país, como los paulistas del P. Hecker y las monjas de la M. Seton. Ejercen su actividad grandes prelados, como John England, John Ireland, James Gibbons, etc., que en los Estados del Sur, en Saint Paul y en Baltimore, dejan profunda huella católica. Se funda la Univ. católica de América en Washington y otras muchas en otros lugares. Se establecen nuevas misiones entre los indios y negros y pronto también en países extranjeros. De este modo la Iglesia católica norteamericana llega a su más alto prestigio religioso y a un elevado número de fieles: unos 50 millones en la actualidad, sin contar a muchos que han abandonado sus prácticas religiosas.
El catolicismo americano ha conocido fuertes oposiciones protestantes en diversos lugares durante el siglo Xix y aun durante el xx, p. ej., con motivo de la candidatura presidencial de América Smith en 1928 y algo menos cuando la de J (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). F. Kennedy en 1960, que pudo triunfar, señal de tiempos mejores. Ha habido problemas de orden social, educacional, dogmático, cultural, pero se han ido resolviendo sin demasiadas estridencias. Recientemente se vive una tensión religiosa más aparatosa, como en otras partes, con efectos parecidos (véase en esta plataforma: Estados Unidos DE AMÉRICA DEL NORTE).
4. Impresión final. La Iglesia católica en A., que numéricamente es la mayor del mundo en la actualidad, con el espectacular aumento de la población latinoamericana, y en escala menor de las otras, conoce aspectos de florecimiento, de crisis y de grandes peligros.Entre las Líneas En América latina se presenta pavorosa la cuestión social, la escasez del clero y el florecimiento de diversas sectas. Algunos gobiernos son contrarios a la Iglesia -Cuba, México-, aunque en este último país se haya llegado a un modus vivendi aceptable, al margen de ciertos preceptos constitucionales.Entre las Líneas En los Estados Unidos se asiste a una visión del catolicismo menos «tradicional» en diversas cuestiones, con sus peligros inherentes, y más condicionado por los problemas del ecumenismo, de las cuestiones sociales en diverso plan que en la América latina, y de su responsabilidad mundial (o global) en la dirección del mundo libre. El Canadá añade a estas cuestiones de su poderosa vecina el problema franco-inglés, ahora más vivo y exigente que en décadas anteriores. La Iglesia de América necesita aún en diversos aspectos la ayuda del catolicismo europeo, pero va llegando en el Norte a gran madurez, lo mismo que en determinadas naciones o regiones de la masa meridional. Grandes problemas, grande influjo en el cristianismo mundial, grandes interrogantes en el horizonte y, ¿por qué no?, también grandes esperanzas. [rbts name=”historia-de-la-iglesia”]

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Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre historia de la iglesia en américa en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

América BALLESTEROS BERETTA, Historia de América y de los pueblos americanos, 27 vol. Barcelona-Madrid 1936 ss.; L. LoPETEGUI y F. ZÜBILLAGA, Historia de la Iglesia en la América española (México, Aalérica Central, Antillas), Madrid 1965; D. RAMOS PÉREZ, Historia de la Colonización Española en América, Madrid 1947.

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