Libros Apócrifos Bíblicos
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Libros Apócrifos Bíblicos en Relación a Religión Cristiana
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] LIBROS APÓCRIFOS DEL NUEVO TESTAMENTO. Son llamados así entre los católicos los libros que presentan una forma semejante a los del Nuevo Testamento (Evangelios, Hechos, Cartas y Apocalipsis), pero en los que la Iglesia no ha reconocido la inspiración divina y, por consiguiente, no forman parte del Canon del Nuevo Testamento (véase en esta plataforma: BIBLIA II).
Pormenores
Los hay de muy diversas clases: ortodoxos, heterodoxos; algunos estuvieron en gran honor en algunas Iglesias, otros fueron desde el primer momento rechazados. Orígenes da una lista de narraciones evangélicas, sin utilizar el nombre de apócrifos en su Homilia I in Lc (PG 13, 1801). Eusebio de Cesarea (Historia ecclesiastica: PG 20, 268 ss.) distingue entre los libros que se presentan como de la Nueva Alianza, en primer lugar los recibidos por todos, tú en ómologouménois: nuestros protocanónicos; en segundo lugar los discutidos pero admitidos por un gran número, ta ántilegómena: nuestros deuterocanónicos; y, finalmente, los ilegítimos, notha: nuestros apócrifos que subdivide en dos categorías según su carácter ortodoxo o heterodoxo. S. Jerónimo emplea el término apócrifos para indicar los notha de Eusebio.Entre las Líneas En el decreto de Gelasio, apócrifos tiene mayor extensión, siendo sinónimo de libro no aprobado totalmente por la Iglesia romana.Entre las Líneas En el siglo Xvi el nombre se aplica también a los escritos que no forman parte del Canon protestante. Casi todos los escritos son seudoepígrafos, es decir, se presentan bajo autor fingido.
Los apócrifos del Nuevo Testamento constituyen una fuente de estudio muy importante, bien como confirmación de la Revelación, bien como reflejo del ambiente literario en que han nacido los escritos del Nuevo Testamento, bien por el influjo que han tenido en la formación de tradiciones religiosas populares, bien, finalmente, porque descubren muchos rasgos de los herejes, interesantes para la historia del primitivo cristianismo y para la de la Iglesia.
1. Los Evangelios apócrifos. Son narraciones relativas a la vida de Jesús o de la Virgen que presentan diversa gama de géneros literarios: de corte sinóptico, como el Evangelio según los hebreos; amplificaciones noveladas, como el Protoevangelio de Santiago. Unos se interesan sobre la infancia de Jesús o de la Virgen, otros sobre los misterios de la Resurrección o del más allá, en especial con motivo de la descripción de la bajada de Jesús a los Infiernos y de su Ascensión, como el Evangelio de S. Pedro (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, los hay de tendencia claramente gnóstica, como el Evangelio de S (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Felipe. Nos detendremos en los más importantes, bien por su género literario, bien por su dimensión teológica.
1) El Evangelio según los hebreos o de los nazarenos. Cuanto sabemos de este evangelio se debe a las menciones de Clemente de Alejandría (Stromata, II, 9, 45; V, 14, 96), de Orígenes (Commentarium in Iohannem, II, 12;0 Com. in Mt, XV, 14), de Eusebio y de S. Jerónimo (los textos en E. Preuschen,. Antilegómena, 2 ed. Giessen 1905, 2-9; y apócrifos de Santos, Evangelios apócrifos, ed. BAC, Madrid 1956, 37-50).
Es un escrito judeocristiano, nacido probablemente en la comunidad de Jerusalén que permaneció fiel a la observancia de la ley mosaica (sábado, circuncisión, etc.). El escrito debió de acompañar a los miembros de dicha comunidad al emigrar para fundar comunidades filiales. Así lo encontramos en Berea, en manos de los herederos de la comunidad judeocristiana de Jerusalén, llamados nazarenos.Entre las Líneas En estrecha relación, no fácil de determinar, con el evangelio de S. Mateo, a veces es confundido con él, identificación a todas luces imposible. La lengua fue probablemente el arameo, aunque escrito en caracteres hebreos. Su contenido es paralelo al de los sinópticos, aunque con desarrollo original, como la función femenino-maternal del Espíritu Santo en relación con Cristo, la preeminencia de Santiago, etc. Su composición quizá hay que remontarla antes del apócrifos 70. Su interés para la historia del judeocristianismo es manifiesto.
2) El Evangelio de los ebionitas. Se trata de una adaptación griega (?), hecha a base de mutilaciones y adiciones al Evangelio según los hebreos, por la secta de los ebionitas (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Parecido procedimiento utilizan sus partidarios en relación con el apócrifos T. (J. Daniélou, Théologie du judéochristianisme, París 1958, 69). Han sido suprimidos o retocados los pasajes relativos a la comida de carne, p. ej., la comida de langostas por parte de Juan el Bautista, la Cena pascual de Jesús, etc.; se han introducido frases de Jesús aboliendo los sacrificios sangrientos; se emplean fórmulas adopcionistas (véase en esta plataforma: ADOPCIONISMO) para expresar la filiación de Cristo, ya que el ebionismo es fundamentalmente antitrinitario. Cristo ha venido sobre Jesús, puro hombre, en el momento del Bautismo, constituyéndole en profeta. Se excluye asimismo la concepción virginal de Jesús (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, se resalta la preeminencia de S. Juan y Santiago. El carácter judeocristiano heterodoxo de esta adaptación, que también se presenta como evangelio de S. Mateo, es evidente. Su datación hay que remontarla a la primera mitad del siglo II, antes de Clemente de Alejandría que lo ha citado (las citas de Clemente y de Epifanio, en apócrifos de Santos, o. c., 53-57). Son muchos los autores que creen que este evangelio es el de los doce apóstoles mencionado por Orígenes en su Homil. I in Lc (PG 13, 1802 A).
3) El Evangelio de los egipcios. Este evangelio, que no debe confundirse con el homónimo encontrado en NagHammadi en 1945, que es una obra totalmente gnóstica con muy poco material evangélico, hay que considerarlo como una adaptación, de acuerdo con las tendencias encratistas (véase en esta plataforma: ENCRATITAS) de las comunidades heterodoxas egipcias de Tebaida y Libia, hecha en la segunda mitad del siglo II, pero anterior a Clemente de Alejandría, sobre una base parecida al evangelio de S. Mateo y de los hebreos. El texto puede verse en apócrifos de Santos, o. c., 59-61. La conversación que relata de Jesús con Salomé resumiría las tendencias de este evangelio.
4) El Evangelio de S. Pedro.Entre las Líneas En la comunidad judeocristiana de Siria, probablemente en Antioquía, donde la actividad de San Pedro había tenido tanto relieve, nació este evangelio, como muy tarde, al comienzo del s. n. La finalidad a que responde su contenido es fundamentalmente apologética (L. Vaganay, L’Erangile de Pierre, París 1930). Inspirándose en la tradición básica de los cuatro evangelios ha querido destacar el carácter divino de la persona de Jesús. Las categorías apocalípticas le han prestado numerosos elementos: cielos abiertos, voz del cielo, vestidos luminosos, dimensiones gigantescas, etc. La obra está en relación con la segunda epístola de San Pedro y con el Apocalipsis de S. Pedro, del que hablaremos más adelante. Se advierte una lucha contra las corrientes judaizantes, a pesar de utilizar las expresiones del judeocristianismo ortodoxo, y una apertura al mundo grecorromano, p. ej., en la manera de presentar a Poncio Pilato. Los fragmentos de Akhmim, que se reducen a la Pasión y Resurrección, identificada ésta con la Ascensión, pueden verse en apócrifos de Santos, o. c., 403-417. Este autor propone el apócrifos 150 y lo atribuye a un cristiano helenista de los alrededores de Antioquía (p. 400-401).
5) El Evangelio de Nicodemo o Hechos de Pilato. Los manuscritos llevan más bien el título de Hechos de Pilato para lo que es hoy primera parte del Evangelio de Nicodemo, y Descendimiento de Cristo a los Infiernos para lo que hoy es segunda parte. Primitivamente se trató, sin duda, de dos obras independientes.
Los Hechos de Pilato, presentados por un cierto Ananías, contienen el relato del juicio de Jesús, algunos detalles de su crucifixión, sobre todo el episodio de Longinos, y su sepultura. La narración tiene como sustrato el material evangélico, sobre todo la Pasión según S. Juan. La presente redacción hay que datarla en el siglo V y es probablemente una réplica a los Hechos de Pilato, de tendencia anticristiana, difundidos según cuenta Eusebio (Hist. eccl. 9, 5, 1, y otros lugares) durante la persecución de Maximino Daia en el apócrifos 311 ó 312. El material es mucho más antiguo. Tischendorf cree que sustancialmente hay que identificarlos con los Hechos de Pilato, cuya existencia es atestiguada desde el siglo II por Justino (Apología, 35, 38). Tertuliano (Apologeticus, 5) habla asimismo de un informe que Pilato envió a Tiberio, identificado por algunos con el Informe de Pilato al emperador Claudio que figura como un apéndice en la traducción latina del Evangelio de Nicodemo y como una adición en griego a los Hechos de San Pedro y San Pablo (el texto en J. Quasten, Patrología, I, 120). El mismo Tertuliano (ib., 21, 24) habla del relato de toda la historia de Cristo hecha al César (Tiberio) por Pilato. Los Hechos de Pilato representan los cap. 1-16 del Evangelio de Nicodemo (J. Quasten, o. c., 1, 119, cree que los cap. 12-16, que versan acerca de los debates del Sanedrín sobre la Resurrección de Cristo, serían una añadidura a los primitivos Hechos de Pilato).
El descendimiento de Cristo a los Infiernos, cap. 17-27 del Evangelio de Nicodemo, contienen el relato que los hijos de Simeón el justo hacen de la entrada de Jesús a los Infiernos. La obra, que sigue de cerca la tradición de 1 Pet 3, 19, y el Evangelio de S. Pedro, puede remontarse hasta el siglo II, aunque su presente redacción, como la de los Hechos de Pilato, sea del siglo V. El texto y traducción española de las dos partes del Evangelio de Nicodemo se encuentran en apócrifos de Santos, o. c., 426-500. Los escritos complementarios del llamado ciclo de Pilatos, en el mismo autor: l° Carta de Poncio Pilato a Tiberio (p. 501-502). 20 Carta de Tiberio a Pilato (p. 502-503). 3° Relación de Pilato (p. 507-514). 4° Correspondencia entre Pilato y Herodes (p. 514-520). 5° Tradición de Pilato (p. 520-526). 6° Muerte de Pilato (p. 526-532). 7° Declaración de José de Arimatea (p. 533-544). 8,1 Venganza del Salvador (p. 545-565). 97 Sentencia de Pilato (p. 566-569). Todos estos escritos complementarios pertenecen a la Edad Media.
6) Evangelio de S. Bartolomé. Una serie de hallazgos afortunados han permitido reconstruir este evangelio que contiene una sucesión de preguntas de S. Bartolomé, ya a Cristo, ya a María, ya a Satán y donde se revelan los misterios de la bajada de Cristo a los Infiernos, de la concepción del Verbo en María y de los tormentos de los condenados con otros secretos del más allá y de la creación. El libro, aunque con una temática muy del gusto del gnosticismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), no contiene en general errores dogmáticos. Su lugar de origen hay que buscarlo en alguna secta cristiana no lejos de Alejandría y su datación es el s. Iv. El texto y traducción española en apócrifos de Santos, o. c., 576-608.
7) Protoevangelio de Santiago. Esta obra es el comienzo de un género de composiciones libres con fines de curiosidad y edificación y que tienen como tema la natividad de María (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y su vida. El título es reciente y quizá desafortunado.Entre las Líneas En la Iglesia griega se le llama libro de Santiago. Su contenido es la vida de la Virgen: su concepción milagrosa, su educación en el templo, su desposorio con S. José, la concepción milagrosa de Jesús y la virginidad en el parto de María. De una forma novelada teje una narración con fin apologético para defender el honor de María. El autor parece haber sido un helenista de Egipto o Asia Menor. De los 24 capítulos que contiene, los 21 primeros pueden remontarse al siglo II y los tres últimos no son posteriores al s. Iv. El libro, a pesar de su poderosa fantasía y de sus atrevimientos realistas, ha tenido gran influencia, sobre todo en Oriente, y ha sido el origen de muchas tradiciones que han pasado a la piedad popular, relativas a S. Joaquín y S. Ana, a la estancia de la Virgen en el templo, a la vida de S. José, etcétera. ‘ El texto puede verse en apócrifos de Santos, o. c., 145-188, y una copiosa bibliografía en las p. 141-144.
8) De carácter parecido en cuanto al contenido y forma literaria y, sin duda, dependiendo del anterior, aunque con algunos elementos originales, es el llamado Evangelio del Seudo Mateo. Ha debido de ser compuesto a mediados del siglo Vi en un ambiente monástico. El texto latino ha sido publicado por Thilo en 1832 según el ms. de París 5557 (s. xiv). El texto puede verse en apócrifos de Santos, o. c., 191-257. Una refundición del Seudo Mateo, más cuidada de estilo y expurgada de todo cuanto pudiera extrañar, se halla en el Libro de la natividad de María (s. Ix). La obra está impregnada de una tierna devoción a la Virgen. El texto íntegro ha sido incluido por Jacobo de Vorágine en la Leyenda Aurea (véase en esta plataforma: HAGIOGRAFÍA II). La traducción española se inserta en apócrifos de Santos, o. c., 259.Entre las Líneas En el mismo autor, v. Librr de Infantia Salvatoris, p. 276-292, también del s. ix y otros apócrifos de la Natividad, p. 293-294.
9) Historia de S. José Carpintero. Contiene un resumen de la vida de S. José, a base de los datos del Protoevangelio de Santiago y de los escritos canónicos con una aportación original sobre la muerte de S. José y el viaje que ha de atravesar el alma, guiada por el arcángel S. Miguel, a través del mar de fuego. Se afirma la incorrupción del cuerpo de S. José durante el Millenium. La patria de la obra es Egipto y su datación más antigua propuesta el s. iv. El texto puede verse en apócrifos de Santos, o. c., 360-378.
Para otros evangelios de la infancia de Jesús, p. ej., el Evangelio del Seudo Tomás y el Evangelio árabe de la Infancia, cfr. Amann, Apocryphes du Nouveau Testament, DB (Suppl.) I, 484-486; para los evangelios asuncionistas, en concreto para el Transitus Mariae, del s. iv o v, cfr. ib., 483-484, y apócrifos de Santos, o. c., 686-700.
10) Noticias sobre Evangelios gnósticos: a) Evangelio de S. Tomás, usado por los naassenos, secta gnóstica del siglo II. Este evangelio no debe confundirse ni con el de S. Tomás encontrado en Nag-Hammadi, que es sólo una colección de Logia, ni con el del Seudo Tomás (cfr. supra).
b) Evangelio o Tradiciones de S. Matías, mencionado por Orígenes (Hom. I in Lc), por S. Ambrosio (PL 15, 1613), S. Jerónimo (PL 26, 233), el Decreto Gelasiano (PL 59, 162) y la lista de los 70 Libros. Su patria parece ser Egipto y su datación a principios del s. n. Ignoramos su contenido.
c) Evangelio de S (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Felipe, quizá relacionado con la secta de los ofitas, existía ya en el s. in y tiene asimismo como patria a Egipto. Un testimonio de S. Epifanio de Salamina habla de parte de su contenido: cómo debe responder el alma en su subida al cielo a cada una de las potencias celestiales. Se refleja la tendencia gnésticoencratista según la cual la procreación es pecado. Para el evangelio de S. Bernabé y otros apócrifos, v. J. Quasten, o. c., I, 128-130.
2. Los Hechos apócrifos. Las mismas condiciones que originaron los evangelios apócrifos están en la base de nacimiento de los Hechos apócrifos: una curiosidad insaciable, una credulidad ingenua y fantástica y una corriente acentuadamente antimatrimonial, aquí, sin embargo, con más fuerza que en los evangelios. El círculo donde van naciendo los Hechos de S. Juan, S. Pablo, San Pedro y S. Andrés presenta un ambiente parecido; algo diferente, en cambio, los Hechos de S. Tomás (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Focio considera todo el conjunto como una sola obra, atribuyéndola a Leucio Carino. Los gnósticos, maniqueos y priscilianistas han usado ampliamente estos escritos. La Iglesia los rechaza unánimemente. Los textos se han salvado gracias sobre todo a las versiones coptas, siriacas y etiópicas.
1) Los Hechos de S. Juan. Se trata de una narración de la actividad de S. Juan Evangelista a partir de su traslado de Éfeso a Roma por orden de Diocleciano. Se destaca la actividad taumatúrgica del apóstol. Gracias a ella es librado del martirio y desterrado a Patmos. Bajo Trajano recobra la libertad. [rtbs name=”libertad”] Su paso por las iglesias de tejida con largos discursos del apóstol y se termina con Asia Menor está sellado por numerosos milagros (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, fija su estancia en Éfeso. La narración está entresu tránsito.
Informaciones
Los discursos tienen ribetes gnósticos, p. ej. el himno cantado por Cristo, y son fáciles de observar la tendencia encratista y los apuntes de docetismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). A pesar de que estos aspectos pueden disimularse fácilmente, la obra ha sido eliminada del uso de la Iglesia. Hay que buscar su origen en Asia y se conviene en datarla en la segunda mitad del siglo II. K. Scháferdiek propone el comienzo del s. in (E. Hennecke, Neutestamentliche Apocryphen, II, Tubinga 1924, 110 ss.). Bajo el título de Hechos del Santo Apóstol y Evangelista Juan el Teólogo, compuestos por su discípulo Procoro ha circulado en la Iglesia griega a partir del siglo V una obra fantástica de gran difusión, pero que no es comparable con los Hechos de S. Juan.
2) Los Hechos de S. Pablo. Una narración novelada de la actividad de San Pablo en diversas ciudades de Asia Menor (Antioquía de Pisidia, Iconio, Mira, Sidón, Éfeso, Filipos) y, finalmente, en Roma, junto con el martirio. El descubrimiento de C. Schmidt (1897) de un manuscrito copto con los Hechos de San Pablo ha puesto de manifiesto la existencia de una obra única a la que corresponderían los tres fragmentos importantes que se han conservado y que han sido considerados como unidades en sí: Los Hechos de San Pablo y S. Tecla, que narran el encuentro del apóstol en Iconio con esta joven, su conversión y pruebas consiguientes; la Correspondencia apócrifa entre San Pablo y los corintios durante su estancia en Filipos; y, en tercer lugar, el Martirio con la conversión de Patroclo, el furor de Nerón, decapitación y apariciones del apóstol.
Los Hechos de S. Pablo, según el testimonio de Tertuliano (De baptismo, 17: PL 1, 1319), habrían sido compuestos por un sacerdote de Asia, probablemente en Antioquía de Pisidia entre los apócrifos 160-170; el autor convicto de su engaño habría sido destituido. Schneelmelcher propone como datación una fecha algo posterior a los apócrifos 180190, puesto que, según él, en nuestra obra habrían sido utilizados los Hechos de S. Pedro, a los que asigna dicha datación (E. Hennecke, o. c., II, 110-372). A pesar de la insistencia encratista, la obra. es doctrinalmente irreprochable y combate el gnosticismo por boca del mismo S. Pablo.
3) Los Hechos de S. Pedro. Según la reconstrucción de L. Vouaux, tras los estudios de C. Schmidt, la obra tenía una primera parte que narraba el conflicto entre San Pedro y Simón Mago en Jerusalén. De ella sólo quedan fragmentos. Una segunda parte cuenta la actividad seductora de Simón Mago en Roma y la aparición de Jesús a San Pedro en Jerusalén poniéndole en aviso de ella. Tras una serie de incidentes milagrosos, San Pedro comienza enRoma a contrarrestar la influencia de Simón Mago con numerosos y espectaculares prodigios que tienen su cumbre en la confrontación en el Foro julio. San Pedro hace caer a Simón Mago cuando está elevándose por los aires. Éste, derrotado, muere poco después en Arizzia. La comunidad romana se acrecienta y el seguimiento de la castidad cunde por todos los ambientes. El martirio de San Pedro se narra con las características que han pasado a la tradición popular: su intento de huida, la aparición de Cristo que viene a morir de nuevo, el retorno del apóstol y su martirio en cruz cara abajo. La obra, de la misma tradición que los Hechos de S. Juan y de S. Pablo, ha podido nacer en el mismo ambiente: Asia Menor. Schneemelcher, como hemos dicho, la data hacia los apócrifos 180-190. Su fin es de edificación y sus doctrinas en conformidad con las de la Iglesia. Tampoco aquí los resabios encratistas tienen nada de particular y la acusación de modalismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) carece de fundamento.
4) Los Hechos de S. Andrés. Con el mismo estilo de composición e idéntica preocupación doctrinal que los de San Pablo y S. Pedro, los Hechos de S. Andrés, a juzgar por la reconstrucción de Amann, comprenderían una descripción del viaje de S. Andrés de Jerusalén a Acaya. Ocupa un lugar importante la predicación sobre la continencia y se narra con detenimiento su influencia sobre Maximila, la mujer del procurador Egeates. El martirio del apóstol se describe con la advocación a la cruz que ha llegado a la liturgia romana. Parece posterior a los Hechos de San Pedro por-la influencia de la narración de la crucifixión.Entre las Líneas En la edición de E. Hennecke (cfr. supra), se propone como verosímil la segunda mitad del siglo II (véase en esta plataforma: ib. la traducción de dos fragmentos coptos, los cap. 118 del ms. Vaticanus 808 y la reconstrucción conjetural del texto a partir de diversas obras que han utilizado los Hechos primitivos).
5) Los Hechos de S. Tomás. Escrita en siriaco y traducida muy pronto al griego, la obra a partir del s. tii ha sido muy utilizada por los herejes gnósticos. Comprende 13 acciones, 14 con el martirio. Comienza con la intervención milagrosa de Cristo en el momento de partir para la India.Entre las Líneas En Andrápolis lleva a la continencia a la hija del rey el mismo día de la celebración de la boda. La misma predicación se destaca durante su actuación poste. rior (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, se describe su martirio alanceado.Entre las Líneas En la narración se intercalan una serie de composiciones poéticas: el cántico sobre la unión mística del alma con la sabiduría eterna; el himno cantado durante la celebración del Bautismo; ídem sobre la Eucaristía; el himno del alma, interpretado por unos como el descenso-ascenso del alma, por otros como la carrera terrestre de Cristo. Si se suprimen estos cánticos, que podrían haber sido interpolados, la obra podría haber sido escrita por un católico. El carácter de los cánticos es de terminología claramente gnóstica. Se propone como lugar de origen Siria (¿Edesa?) y como fecha los comienzos del siglo III. Otros Hechos pueden verse en E. Amann, o. c., col. 508511; la recopilación del Seudo Abdías, ib., col. 212-214; la literatura seudoclementina, ib., col. 514-518. V. HECHOS DE LOS APÓSTOLES.
3. Los Kerigmas y cartas apócrifas. 1) Kerigmas (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Composiciones en forma de predicación apostólica. Son particularmente importantes: a) el Kerigma de Pedro, citado en distintas ocasiones por Clemente de Alejandría. Su contenido sería la condición del cristiano como un tertium genus distinto del pagano y del judío, en cumplimiento de la nueva economía, anunciada por los profetas (2 Pet 1, 15). b) Los Kerigmata de Pedro que forman el núcleo de la literatura seudoclementina. Para el Kerigma de S. Pedro, v. W. Schneemelcher, y para los Kerigmata de S. Pedro, G. Strecker, ambos en E. Hennecke, o. c., 53 ss.
2) Cartas (véase en esta plataforma: EPÍSTOLAS). Ya hemos hablado con motivo de los Hechos de San Pablo de la tercera carta a los corintios, escrita desde Filipos.Entre las Líneas En cuanto a la Epístola de los apóstoles, la incluimos por su contenido entre los Apocalipsis (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). De San Pablo tenemos referencias de otras dos cartas apócrifas: a) Carta a los laodicenses, compuesta por un desconocido tomando ocasión de Col 4, 16. Es un centón de frases paulinas sin orden ni nervio (véase en esta plataforma: el texto en E. Hennecke, o. c., II, con un estudio de W. Schneemelcher). b) Carta a los alejandrinos, citada por el Canon de Muratori (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) junto con la de los laodicenses. El escrito ha sido totalmente perdido. La hipótesis de Zahn de identificarla con un trozo del leccionario Bobbiense no ha tenido aceptación entre los críticos.
4. Los Apocalipsis apócrifos. 1) Apocalipsis de S. Pedro. El Canon de Muratori lo menciona junto al de S. Juan. Clemente de Alejandría lo cita dos veces en sus Ecclogae Propheticae (41 y 48). Nacido probablemente en Siria, adquiere pronto difusión en Egipto. Presenta estrechas relaciones con el evangelio de San Pedro y la 2 Pet. La obra pertenece al género literario de la apocalíptica cristiana con los mismos intereses que la judía: enseñanzas sobre las realidades ocultas del mundo celeste y últimos secretos del porvenir, puestos bajo el patrocinio de algún personaje famoso. Aquí se ponen como revelación de Cristo, en una amplificación de la escena de la transfiguración (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Se revelan el fin de los tiempos y los suplicios de los condenados.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Detalles
Los apóstoles preferidos contemplan la ascensión a los cielos de Cristo. Esta enseñanza reservada presenta la característica de gnosis (enseñanza superior).
Pormenores
Los hombres celestes y su identificación con Moisés y Elías están en conexión con la tradición sinóptica de la transfiguración, pero su asociación a los últimos tiempos procede probablemente de la tradición reflejada en los targum palestinenses en el poema de las cuatro noches (Ex 12, 42).Entre las Líneas En dicho poema aparecen Moisés y Elías al lado del Verbo de Dios en la intervención escatológica (cuarta noche). El texto etiópico y la traducción francesa han sido publicados por S. Grebant en «Rev. de FOrient chrétien», 5, 1910, 208 ss., 308 ss. Los paralelos iudíos en apócrifos Marmorstein, Jildische Parallelen zur Petrusapocalypse, «Zeitschrift für die neutestamentliche Wissenschaft» 10, 1909, 297-300.Entre las Líneas En la ed. de E. Hennecke, 1964, Ch. Maurer y H. Duensing dan una traducción de los textos griego y etiópico (p. 468498).
2) Apocalipsis de S. Pablo. Compuesto probablemente al fin del s. iv, en el consulado de Teodosio y Graciano (380), cuenta el éxtasis de San Pablo y su viaje guiado por un ángel por las regiones del más allá; asiste al juicio particular de las almas; contempla la morada de los justos y el lugar de castigo de los impíos (la noche y el día del domingo hay una atenuación de los suplicios) (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, el paraíso con el árbol de la vida y el de la ciencia del bien y del mal y la presencia de María rodeada de una muchedumbre de ángeles y de justos del apócrifos T.Entre las Líneas En la citada ed. de E. Hennecke, v. la traducción de H. Duensing (p. 536-567).
3) Epístola de los apóstoles. Aunque la forma externa es de una carta dirigida por los apóstoles a la Iglesia, el contenido es la revelación hecha por Cristo a los apóstoles entre el tiempo de la Resurrección y la Ascensión. Se narra el descenso a los Infiernos, la ascensión de Cristo a través de los siete cielos y su revestimiento de forma angélica; los signos cósmicos de la venida de Cristo y la cruz gloriosa. La obra procede seguramente de una corriente judeocristiana ortodoxa emparentada con la tradición joánica y probablemente del Asia Menor. El texto etiópico y la trad. francesa, en L. Guerrier, Patrologia Orientalis, IX, 143-236; su encuadramiento literario-ideológico (en J. Daniélou, o. c., 36-37).
5. Otros escritos apócrifos del Nuevo Testamento. Según la extensión que se da al término, son incluidos por muchos autores como apócrifos del Nuevo Testamento los siguientes escritos (cfr. en E. Amann, o. c., col. 464 ss., la discusión sobre la oportunidad de esta inclusión que supone una perspectiva más amplia del concepto de apócrifos iniciada por Hilgenfeld y continuada por Hennecke): a) Los Agrafa (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) (en apócrifos de Santos, o. c., 115-127). b) Interpolaciones cristianas en los apócrifos del apócrifos T. (J. Quasten, o. c., I, 113 ss.); particular interés tiene la Ascensión de Isaías, de manera que la ed. de E. Hennecke (1964) da una traducción íntegra de la versión etiópica por J (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Flemming y H. Duensing, 454-468; asimismo los libros 5 y 6 de Esdras (la traducción por H. Duensing en E. Hennecke, o. c., 488-498). c) Oráculos sibilinos cristianos (en E. Hennecke, trad. por apócrifos Kurfess, p. 498-528). d) El Libro de Elchasai (ib., trad. por J. Irmscher, 529-532). e) Las Odas de Salomón (ib., como apéndice con trad. de W. Bauer). f) La Literatura seudoclementina (ib., la trad. de J. Irmscher, 373 ss.). [rbts name=”religion-cristiana”]
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre libros apócrifos bíblicos en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
a) Indicaciones generales: Una bibliografía a cada una de las secciones en J. QUASTEx, Patrología, I, Madrid 1961, cap. III, 110-154; para las col. de la literatura siriaca, armenia, etiópica y copta, E. AMANN, Apocryphes du Nouveau Testament, DB (Suppl) I, col. 469, y J. QUASTEx, o. c., 112-113.
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