Movimiento Litúrgico
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Movimiento Litúrgico en Relación a Religión Cristiana
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Se entiende por movimiento litúrgico la corriente renovadora que desde mediados del siglo XIX viene trabajando en la restauración de la vida litúrgica en el pueblo cristiano. Se desarrolla en paralelo y a veces en conexión con el llamado movimiento bíblico (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Aunque sea un tanto convencionalmente, podemos señalar como fecha inicial la instauración de la vida monástica en la abadía francesa de Solesmes (1833; v.). Con la promulgación de la Const. sobre Sagrada Liturgia (Sacrosanctum Concilium) durante el Concilio Vaticano II (4 dic. 1963) se consiguen en gran parte los objetivos de este movimiento; a partir de esa fecha el movimiento litúrgico se convierte en un «hecho» eclesial.
Las siguientes palabras de Pío XII en la enc. Mediator Dei (n° 4), expresan bien la naturaleza e importancia de este movimiento: «A fines del siglo pasado y principios del presente se despertó un fervor singular en los estudios litúrgicos, tanto por la iniciativa laudable de algunos particulares, cuanto, sobre todo, por la celosa y asidua diligencia de varios monasterios de la ínclita Orden benedictina; de suerte que no sólo en muchas regiones de Europa, sino aun en las tierras de ultramar, se desarrolló en esta materia una laudable y provechosa emulación, cuyas benéficas consecuencias se pudieron ver no sólo en el campo de las disciplinas sagradas donde los ritos litúrgicos de la Iglesia oriental y occidental fueron estudiados y conocidos más amplia y profundamente, sino también en la vida espiritual y privada de muchos cristianos.
Pormenores
Las augustas ceremonias del sacrificio del altar fueron mejor conocidas, comprendidas y estimadas; la participación en los sacramentos, mayor y más frecuente; las oraciones litúrgicas, más suavemente gustadas, y el culto eucarístico, considerado -como verdaderamente lo es- centro y fuente de la verdadera piedad cristiana (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fue también puesto más claramente en evidencia el hecho de que todos los fieles constituyen un solo y compactísimo cuerpo, cuya cabeza es Cristo, de donde proviene para el pueblo cristiano la obligación de participar, según su propia condición, en los ritos litúrgicos» (véase en esta plataforma: LITURGIA I, 2).
El movimiento litúrgico en los monasterios benedictinos. Dom Guéranger. Mérito indiscutible de Dom Prosper Guéranger (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), restaurador de la vida monástica en Francia, es el haber puesto las bases de lo que con el tiempo se convertiría en un benéfico movimiento para la vida cristiana: el movimiento litúrgico calificado por Pío XII como «paso del Espíritu Santo por la Iglesia». Dom Guéranger sentía ya antes de abrazar la vida benedictina un entusiasmo ilimitado hacia la liturgia romana, que en su tiempo se hallaba prácticamente desterrada de Francia y sustituida por numerosas liturgias particulares, de valor muy desigual. Más tarde, siendo ya abad de Solesmes, mantendría una larga polémica con los partidarios de las liturgias locales en defensa de la unidad litúrgica (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fruto de esta polémica fue la adopción de la liturgia romana en todas las diócesis de Francia. Mayor fue el influjo de su obra L’Année Liturgique, comentario y guía de la Liturgia, que logró convencer y entusiasmar a los pioneros del movimiento litúrgico Mas lo realmente decisivo fue, sin duda, la restauración de la vida monástica en Solesmes, centrada toda ella en la vida litúrgica y lógicamente dedicada el estudio de la misma. Gregorio XVI confirmaba solemnemente esta orientación en el Breve Innumeras inter en el que, al elevar a Solesmes a la dignidad abacial, proponía a su comunidad un programa del que formaba parte importante «sanas sacrae liturgiae traditiones labescentes confovore».
Este amor a la vida litúrgica y al estudio de la misma lo heredan las abadías que directa o indirectamente provienen de Solesmes (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) o. adoptan su espíritu: Beuron (1863) y Maria-Laach (1904; v.) en Alemania; Maredsous (1872) y Mont-César (1898) en Bélgica; Silos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) en España; y naturalmente los monasterios fundados en Francia por Solesmes.
Hasta que Pío X (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) sube al pontificado, y como consecuencia de sus orientaciones en materia de Liturgia y de música sagrada, se generaliza el interés por estas materias, se puede decir con toda verdad que el renacimiento litúrgico es obra casi exclusiva de unas cuantas abadías benedictinas y de las personas a las que llega su irradiación espiritual o cultural. Desde luego, al principio, no se puede hablar de un movimiento pastoral popular. Es un movimiento de una élite, en la que no es difícil hallar cierto culto al romanticismo. Hoy algunos de los postulados por ellos defendidos han sido superados y no son válidos. Esto, no obstante, sería injusto y completamente falso minimizar, como algunos pretenden, la eficacia de su enorme esfuerzo en favor de un conocimiento más perfecto de la Liturgia, como realidad vital y como fruto de un largo proceso histórico. Sus estudios sobre la Antigüedad cristiana, la publicación de textos, sus obras de espiritualidad litúrgica son aún hoy lugares comunes a los que es necesario acudir. La simple enumeración de las principales figuras, que siguiendo las huellas de Dom Guéranger, trabajaron en dar a conocer la liturgia en todos sus aspectos habla por sí misma. Piénsese en Capelle (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), Cabrol (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), Leclercq, Ferotin, Cagin, Báumer, Morin, Duchesne, Battifol, Chevalier, Schuster
(véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), Gréa, Caronti, Mocquereau, Pothier. Más adelante nos referiremos a los que en España trabajaron siguiendo esta línea. No faltaron tampoco clarividentes precursores de lo que después se llamaría pastoral litúrgica. A esta época pertenecen los primeros misales para fieles: Schott, Van Caloen y Lefebvre.
Mención especial merece la obra realizada por la abadía de Solesmes en la restauración del canto gregoriano. A principios del siglo XIX la música religiosa estaba en decadencia; las iglesias de cierta importancia se habían convertido en salas de conciertos, en las que se interpretaba toda clase de música, aun la más profana. A partir de los años cuarenta se comenzaron a levantar voces de protesta e intentos de dignificar la música litúrgica; sin embargo, únicamente la obra de Solesmes lograría imponerse.Entre las Líneas En 1856 Dom Guéranger encargaba a Dom Jaussion recorrer las bibliotecas y archivos y coleccionar los manuscritos que contenían piezas con notación antigua; la obra de Dom Jaussion fue continuada por otros monjes de Solesmes: Pothier y Mocquereau principalmente (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fruto del esfuerzo conjuntado de éstos fue la restauración del canto gregoriano en toda su pureza y la formación en Solesmes, y a imitación suya en otros monasterios benedictinos, de coros que lograron hacer descubrir rápidamente la belleza insuperable del canto tradicional de la Iglesia (véase en esta plataforma: CANTO III; SACRA CRISTIANA; GREGORIANA, MÚSICA).
Otro campo en que hizo sentir un influjo el movimiento litúrgico de esta primera época fue el del arte sagrado. Para valorar y comprender estos intentos de renovación artística, hay que tener en cuenta, por una parte, la pobreza de algo que mereciese el calificativo de arte cristiano, y, por otra, el amor a todo lo medieval que el romanticismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) había hecho surgir un poco por todas partes. Se restaura copiando las obras de la Edad Media y paleocristianas. Uno de los intentos que más llamaron la atención entonces fue el de la abadía de Beuron; el modelo en que se inspiraba el grupo de artistas beuronenses era el arte hierático del antiguo Egipto (véase en esta plataforma: SACRO, ARTE).
Otro fruto de esta primera época es la dignificación de la indumentaria litúrgica. A imitación de los monasterios en los que se empezaron a usar las entonces llamadas casullas góticas, se fue extendiendo, venciendo una cerrada oposición de los tradicionalistas, oposición que en algunas partes ha durado casi hasta nuestros días, un nuevo concepto de la indumentaria litúrgica (véase en esta plataforma: VESTIDURAS LITÚRGICAS). Algo semejante se realizó con la orfebrería litúrgica.
Participación activa de los fieles. S. Pío X. El 22 nov. 1903 publicó Pío X el motu proprio Tra le sollecitudini, que trata de la restauración de la música religiosa. Una frase de este importante documento se convertirá en santo y seña de la pastoral litúrgica: «Siendo nuestro más ardiente deseo que el verdadero espíritu cristiano reflorezca de todas maneras y se mantenga en todos los fieles, es necesario preocuparse ante todo de la santidad y dignidad del templo, donde los fieles se reúnen para encontrar precisamente este espíritu en su fuente primera e indispensable, que es la participación activa en los sacrosantos misterios y en la plegaria pública y solemne de la Iglesia». A este documento seguirían otros del mismo gran Pontífice (véase en esta plataforma: Pío X, SAN) que acentuarían y remacharían todavía más esta orientación pastoral del movimiento litúrgico. Este impulso pastoralista vendrá a sumarse al movimiento iniciado en los monasterios benedictinos, que lentamente, como espontáneamente, iría adquiriendo una nueva dimensión, comenzaría a preocuparse de que la Liturgia fuese vivida también en las parroquias, colegios y demás comunidades cristianas.
Se suele considerar, y con razón, a Dom Lambert Beauduin (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) como el creador de esta nueva orientación. Dom Beauduin que, antes de ingresar en la abadía benedictina de Mont-César (Bélgica), había trabajado como párroco en medios obreros, había comprobado la falta de vida cristiana en estos medios. Una vez en el monasterio, el contacto diario e intenso con la Liturgia le hizo descubrir la importancia que ésta podía tener para revitalizar la vida cristiana de las parroquias (O. Rousseau, o. c. en bibl. 221). El Congreso de Obras Católicas de Malinas (1909) le ofreció la ocasión de comunicar sus ideas; éstas fueron acogidas con gran entusiasmo por el cardenal Mercier (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y por los congresistas; se hicieron votos y se trazaron planes, que serían el punto de partida del movimiento litúrgico pastoral en Bélgica y luego en el mundo entero. Dom Beauduin puso inmediatamente manos a la obra; dos meses después aparecía el primer fascículo de la «Vie Liturgique», cuya tirada de 150.000 ejemplares se agotó en menos de quince días; se trataba de un folleto que contenía los textos de la Misa, que breves y sencillos comentarios hacían asequibles a los fieles. Comprendió Dom Beauduin que lo más eficaz era comenzar por ganar para la causa al clero; para ello reunió en Mont-César a grupos de sacerdotes de Bélgica, Holanda y Francia, iniciando de esta forma las célebres reuniones que tenidas periódicamente fueron uno de los medios más eficaces para extender sus ideas en las parroquias.
Al finalizar el a. 1911 el movimiento litúrgico belga contaba ya con tres importantes revistas: «Les Questions Liturgiques», «Liturgische Tijdschrift» y «Revue Liturgique et Monastique». La actividad litúrgica de las abadías belgas, a las que se irán uniendo otros centros, sigue en continuo auge hasta la II Guerra mundial, en que se paraliza un tanto, sin lograr adquirir luego la influencia anterior.
No es posible recoger en breve espacio toda la labor realizada. Pronto su ejemplo cunde y por todo el mundo católico surgen imitadores. La principal preocupación de los liturgistas de esta etapa es hacer comprender y vivir la Liturgia tal como se halla. Se cuida el canto gregoriano y la perfección de las ceremonias; se procura que las acciones litúrgicas se desarrollen con la máxima dignidad posible, sin rehuir el hieratismo. El influjo de los benedictinos es evidente.
Es curioso el proceso del movimiento litúrgico en lo que respecta a la participación de los fieles en la Liturgia (véase en esta plataforma: PARTICIPACIÓN IV). Se comienza por descubrir la belleza y riqueza de la Liturgia: es un venerable monumento del pasado, casi ignorado; es, además, la fuente principalísima de donde procede y en que se alimenta la vida espiritual del cristiano; es la oración de la Iglesia. Este descubrimiento, nuevo para ellos, lo hacen primeramente grupos selectos, monjes sobre todo; para éstos, como conocedores del latín y de la teología y con una notable formación bíblica y litúrgica, no se plantea problema especial; pueden vivir la Liturgia plenamente. Mas la Liturgia no es coto cerrado para algunos únicamente, es la oración de toda la Iglesia, y, por tanto, todos, también los simples fieles, tienen el honor y el deber de participar más conscientemente en ella. Así se comienza a poner en sus manos los textos traducidos y aparecen loa misales de los fieles y demás libros con los formularios litúrgicos en las diversas lenguas. Con el tiempo se va tomando conciencia de que no es suficiente que los fieles entiendan, se necesita que participen externamente también en la acción, esto es, que recen, canten, realicen las ceremonias que regulan sus actitudes. Un paso más: el diálogo. Comienzan a celebrarse las llamadas Misas dialogadas; que todos los fieles contesten a las oraciones, que recen juntos las que les corresponden más propiamente; etc. (véase en esta plataforma: PARTICIPACIÓN IV). Entonces comienzan algunos a plantear también el tema de la lengua litúrgica, de la introducción de las lenguas vernáculas en la Liturgia, queriendo así contribuir a hacerla entender mejor a los fieles. El tema es antiguo, y puede enfocarse de diversas formas; se hace algo poco a poco, a veces con abusos y desenfoques; el latín litúrgico también puede contribuir a una más consciente y profunda participación (véase en esta plataforma: LENGUA LITÚRGICA). Se va abriendo paso la idea de un mejoramiento y reforma litúrgica prudente y profunda (véase en esta plataforma: REFORMA LITÚRGICA).
El movimiento litúrgico alemán. Maria-Laach.Entre las Líneas En parte paralelo e incluso con no pocos puntos de contacto, y en parte con características propias, se desarrolla en Alemania un intenso resurgir litúrgico que tiene a MariaLaach (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) como centro y a su abad Dom Ildefonso Herwegen como infatigable e inteligente animador. MariaLaach, que ya antes de la I Guerra mundial, había empezádo a influir junto con Beuron y algunos otros monasterios en el incipiente movimiento litúrgico de Alemania y Austria, se convierte al terminar ésta en un foco extraordinariamente activo de irradiación y coordinación de toda clase de actividades litúrgicas. Se organizan en el monasterio semanas, retiros, etc., que se suceden sin interrupción y a los que acuden artistas, literatos, universitarios, industriales, políticos, sacerdotes y seminaristas. Maria-Laach patrocinó y dio calor a iniciativas surgidas fuera del monasterio y alentó a trabajar en el campo de la Liturgia a personas de gran valor, como, p. ej., a Romano Guardini (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Se funda una academia de estudios litúrgico-patrísticos y unos talleres de arte sagrado; a Dom Herwegen se debe también la fundación de una sociedad para el fomento de los estudios litúrgicos. No menor fue el influjo ejercido por la abadía con las publicaciones de todo género de sus monjes. [rbts name=”religion-cristiana”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
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Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre movimiento litúrgico en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
A. BUGNINI, Documenta Pontificia ad Inst. Liturg. spectantia, Roma 1953; M. GARRIDO y A. PASCUAL, Curso de Liturgia,Madrid 1961, 45-56; J. M. LECEA, Pastoral Litúrgica en los Documentos Pont. de Pío X a Pío XII, Barcelona 1959; Concilio Vaticano II, Comentarios a la Const. sobre Sagrada Liturgia, t. 1, Madrid 1964, 66-84; H. SCHMIDT, S. J., Introductio in Liturgiam Occidentalem, Roma 1962, 164-208; O. ROUSSEAU, 0. S. B., Histoire du Mouvement Liturgique, París 1945; TH. BOGLER, O. S. B., Liturgische Erneuerung in aller Welt, Maria-Laach 1950; E. B. KOENKER, The Liturgical Renaissance in the Roman Catholic Church, Chicago 1954; COM. SACERD. DE S. SÉVERIN DE PARIS ET DE S. JOSEPH DE NICE, Le Renouveau Liturgique, París 1960; A. PASCUAL, O.S.B., Estado de la liturgia al aparecer Dom Guéranger, «Liturgia» (1950) 13-17; íD, Dom Guéranger, restaurador de la liturgia, ib. -139-144; íD, El Movimiento litúrgico hasta Pío X, ib. 225229; íD, El Movimiento litúrgico en Bélgica, ib. 279-284; íD, El Movimiento litúrgico en Alemania y Austria, ib. 353-360; M. DEL ÁLAMO, Evocando cincuenta años de apostolado litúrgico, «Liturgia» (1946) 269-C75 y 306-313; A (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FRANQUESA, 0. S. B., 75 anys de Patronatge de la M. de D. de Montserrat, Montserrat 1956; A. PASCUAL, El Movimiento litúrgico en España, «Liturgia» (1951) 18-25 y 102-106; A. AZCARATE, 0. S. B., Un Centro benedictino de Apostolado litúrgico en Buenos Aires, «Liturgia» (1964) 178-184; C (se puede repasar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). FLORISTÁN, Espagne, «La Maison-Dieu» 74 (1968) 109-127.
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