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Pensadores Hispanoamericanos

Pensadores Hispanoamericanos

Pensadores Hispanoamericanos en las Ciencias Sociales Latinoamericanas

Definición

Suélese llamar así a quienes han elaborado una posición crítica frente a la definición y destino de América Hispánica. América Latina no ha dado un pensamiento filosófico en el sentido estricto de la palabra, es decir, un sistema de pensamiento organizado y riguroso como respuesta a los grandes interrogantes ontológicos. Ha dado, en cambio, grandes pensadores cuyo quehacer, profundamente creador y coherente, ha tenido como preocupación fundamental el problema latinoamericano.

Algunos nombres

Al enumerarlos se observan distintas direcciones, distintos intereses en línea de pensamiento. El elemento de unión entre todos estos hombres es el haber elaborado un pensamiento sobre América Latina: el Libertador Simón Bolívar, el argentino Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), el puertorriqueño Eugenio María de Hostos (1839-1903), el ecuatoriano Juan Montalvo (1832-1889), el peruano Manuel González Prada (1848-1918), José Carlos Mariátegui (1895-1930), el libertador cubano José Martí (1853-1895), el uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917), José Vasconcelos (1881-1959), contemporáneamente, Exequiel Martínez Estrada.

La denominación de «pensadores» no excluye su definición como hombres de acción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).

Pormenores

Por el contrario, esta segunda actividad enriquece a la primera: es el caso en especial de Bolívar, Martí y, contemporáneamente, Ernesto Guevara y Fidel Castro.

La reflexión

Dentro de la elaboración intelectual sobre América Latina, la contradicción principal en línea de pensamiento parece haberse dado entre la posición «europeizante» respecto de la definición y destino de este continente, representada por Sarmiento y Rodó, y la posición «hispanoarnericanista», representada por la obra de Mariátegui y Martí.

Sarmiento, escritor, maestro y político, presidente de la República Argentina en 1868-1874 publica en 1845 una obra llamada “Vida de Juan Facundo Quiroga: Civilización y Barbarie”. Se trata de una obra de género híbrido que se centra en un personaje real, un caudillo campesino en su conflicto con el gobierno de Rosas. Allí se plantea Sarmiento en contra de los valores del «gaucho», el prototipo nacional argentino, cuya definición estaría en la «barbarie», frente a los cuales opone la modernidad, la «civilización». Avergonzado de la miseria moral e intelectual con que identifica al aborigen, Sarmiento ve en el destino americano la mano del colonizador como la única tabla de salvación, la de la «civilización», que identifica con la imagen de la cultura europea y de los Estados Unidos. Su concepción de la identidad latinoamericana es de un marcado anti indigenismo:

«Para Sarmiento […] la historia de América son ‘toldos de razas abyectas, un gran continente abandonado a los salvajes, incapaces de progreso’. Si queremos saber cómo interpretaba el apotegma de su compatriota Alberdi ‘gobernar es poblar’, es menester leer esto: ‘Muchas dificultades ha de presentar la ocupación de país tan extraño; pero nada ha de ser comparable con las ventajas de la extinción de las tribus salvajes’; es decir, para Sarmiento gobernar es también despoblar de indios (y de gauchos),» (R (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fernández Retamar, Calibán, en «Casa de las Américas», Núm. 68, sept. oct. 1971.)

En el uruguayo José Enrique Rodó (1871-1917) la concepción europeizante tiene otros matices. Rodó es profesor de Literatura de la Universidad de Montevideo, diputado del Congreso uruguayo, redactor del diario «El Orden» en 1898, del «Diario del Plata» entre 1912 y 1914.Entre las Líneas En 1900 publica su obra más conocida, Ariel, personaje tomado de la simbología de La Tempestad, de Shakespeare. El mismo Rodó explica la significación de su personaje: «Ariel, genio del aire, representa, en el simbolismo de la obra de Shakespeare, la parte noble y alada del espíritu. Ariel es el imperio de la razón y el sentimiento sobre los bajos estímulos de la irracionalidad; es el entusiasmo generoso, el móvil alto y desinteresado (en muchos casos, significa neutral, objetivo; en cuyo caso no debe confundirse con «falta de interés»; otras veces el significado es diferente) en la acción, la espiritualidad de la cultura; la vivacidad y gracia de la inteligencia el término ideal a qué asciende la selección humana, rectificando en el hombre superior los tenaces vestigios de Calibán, símbolo de sensualidad y torpeza, con el cincel perseverante de la vida.»

El tercer personaje de la trilogía shakespereana, Calibán, es identificado con los Estados Unidos, en una relación que, según se ha señalado, no parece justa. Es válida, sí, su apreciación del país del norte, que implica para él la encarnación de los valores materialistas, y le hace decir, en una frase que se ha hecho famosa: «Los admiro, pero no los amo». Su concepción, en cambio, de este hombre superior, el intelectual, que para él constituye el ideal latinoamericano, no deja de expresar una orientación europeizante de la identidad de este continente. Por lo demás, él afirmará en una carta a Unamuno, fechada el 12 de Octubre de 1900: «Mis dioses son Renán, Taine, Guyau, los pensadores, los removedores de ideas, y para el estilo, SaintVíctor, Flaubert, el citado Renán. » (Citado por Raimundo Lazo, José Enrique Rodó», en Ariel, Ed. Porrua, México, 1968′.)

A partir de la actitud de Rodó surgirá en América toda una tendencia «arielista», consistente en una literatura de corte didáctico (cf. Jean Franco, La cultura moderna en América Latina1 Joaquín Mortiz, México, 1971).

La contrapartida de la concepción extranjerizante se da en los pensadores cuya afirmación fundamental se encuentra en la aceptación de América Latina en lo que ella es y’ ha sido históricamente. El análisis por excelencia de estos pensadores consiste no solo en afirmar la identidad de América Latina como la de un entrecruzamiento de razas y culturas, sino también en determinar las causas de su situación social y económica. Es el caso, en especial del peruano José Carlos Mariátegui, (1895-1930). Periodista y hombre político, Mariátegui funda la revista «Amauta», organiza una Central Sindical, funda el Partido Socialista del Perú en 1928.Entre las Líneas En 1925 aparece La Escena Contemporánea, serie de artículos donde toma posición frente a los problemas europeos, y su obra más conocida, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, se publica en 1928. Constituye esta obra el primer análisis de tipo marxista sobre un país de América Latina. Al analizar la evolución económica de su país Mariátegui caracteriza el efecto de la colonización española como la destrucción de la organización económica de los Incas para orientar la producción nacional en base a las necesidades de la metrópoli. Señala la persistencia de distintos tipos de sociedad: esclavista, comunitaria y feudal, como efecto de la colonia, y analiza el paso al capitalismo; el nacimiento del proletariado (la clase obrera industrial; el término pasó a ser de uso general después de que se popularizara en los escritos de Karl Marx) industrial y la superación de la hegemonía del capital británico por el capital norteamericano.

Detalles

Los análisis de Mariátegui no aparecen siempre justos de acuerdo con las investigaciones actuales sobre el problema, pero en gran parte son todavía válidos.Entre las Líneas En especial son de importancia sus puntos de vista respecto del problema del indio. Luego de caracterizar la conquista como «una enorme carnicería», Mariátegui concluye que el problema de la situación de miseria en que vive el indio no es un problema administrativo, es decir, no se resuelve por decretos y leyes, no es un problema étnico: «Esperar la emancipación del indígena de un activo cruzamiento de la raza aborigen con inmigrantes blancos es una ingenuidad antisociológica». No es un problema moral, no es un problema eclesiástico que puede resolverse con misioneros: «El problema indígena radica en el problema de la tierra. » Mientras no se liquide el feudalismo persistirá la situación del indio en las mismas condiciones. De este modo Mariátegui plantea por primera vez el problema del indio como un problema económico social.

La actitud del pensador peruano en función de la reivindicación del indio continúa una línea indigenista inaugurada por Manuel González Prada en el siglo pasado, con su ensayo Nuestros indios y sus poemas sobre el tema.
Dentro del gran pensamiento americanista se destaca la figura de José Martí. Su actividad es múltiple: escritor, político, luchador, es encarcelado y desterrado de su país. Vive en España, en Nueva York, viaja por otros países latinoamericanos. Escribe El presidio político en Cuba, La República Española ante la Revolución Cubana. Hace periodismo y por esta labor se hace conocer en Hispanoamérica.Entre las Líneas En 1882 publica Ismaelillo, colección de poemas que lo harán participar de la corriente llamada Modernismo; en 1885 una novela, Amistad funesta; en 1891 Versos sencillos. Es cónsul este mismo año en Nueva York. A partir de allí va a consagrarse enteramente a la actividad revolucionaria en la que morirá en 1895.

Esta multiplicidad de actividades lo define y enriquece: «Martí pertenece, por azar y por consciente aceptación a otro mundo. Es en él que hay que verlo colocado para comprender mejor su tarea, sus propósitos y sus caracteres. No es con los hombres de las naciones capitalistas ‘desarrolladas’ o del ‘Tercer Mundo’, Martí es uno. de los primeros hombres de este Tercer Mundo […] Es un fundador, un sabio, un poeta, porque es un dirigente revolucionario. Sobre todo, no podemos tomar fragmentariamente su tarea sino intentar verla en su totalidad. » (R (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fernández Retamar, «Martí en su (tercer) mundo», en: José Martí, Páginas Escogidas, La Habana, 1965.) La posición martiana no desecha el legado cultural europeo, pero da preeminencia a los valores latinoamericanos: «La Universidad europea ha de ceder a la Universidad americana. La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. No es más necesaria. Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas. Y calle el pedante vencido, que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas. » (Martí, «Nuestra América» en la obra citada).

Su americanismo se expresa también en un fuerte antiimperialismo. Reconoce y denuncia el peligro que representan los Estados Unidos para Latinoamérica, y famosa es su expresión: «Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas: y mi honda es la de David.»

Dentro de esta línea de pensamiento va a desarrollarse en nuestro siglo el «humanismo proletario» de una obra como El socialismo y el hombre en Cuba de Ernesto Guevara, y el pensamiento político de Fidel Castro, evidenciado en un texto como Segunda Declaración de La Habana.

Valoración peyorativa

Para algunas corrientes de la sociología norteamericana, la denominación de «pensadores» hispanoamericanos adquiere un carácter peyorativo, en la medida en que niegan la identidad cultural de Latinoamérica, considerada ésta como un invento intelectual» (cf. César Graña, «La identidad cultural como invento intelectual (Algunos ejemplos hispanoamericanos)» en: El intelectual latinoamericano, Editorial del Instituto, Buenos Aires, 1970.) [1]

Recursos

Notas y Referencias

  1. Ana Pizarro (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.

Véase También

Bibliografía

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