Significado Teológico de Creación
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Significado de Creación en Relación a Teología
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre significado de creación que se haya en otra parte de esta plataforma online). f. La creación, obra de toda la Trinidad. Como toda obra fuera de la intimidad trinitaria la creación es común a las tres divinas Personas.Entre las Líneas En efecto, en la Trinidad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) la única diferencia que existe es la derivada de las relaciones opuestas, es decir, aquello por lo que cada Persona se constituye en un ser propio. Como la acción creadora no supone oposición relativa alguna, se sigue que la creación es común a las tres Personas divinas.
Puntualización
Sin embargo, tienen una causalidad respectiva según el modo de su procedencia, porque Dios crea las cosas mediante su entendimiento y su voluntad, como cualquier artífice produce sus obras según la concepción de su entendimiento y el amor de su voluntad. De parecida manera Dios Padre produce las criaturas por su Verbo, que es el Hijo, y por su Amor, que es el Espíritu Santo (Sum. Th. 1 q45 a6). Ha de tenerse en cuenta que crear es propiamente causar o producir el ser de las cosas; por eso el crear es propio de Dios en razón de su ser, de su esencia, y no por algún atributo particular. Y la esencia de Dios, su naturaleza, es única e idéntica en las tres divinas Personas; de ahí que el crear no sea propio de alguna Persona en particular, sino común a toda la Trinidad (ib.). S. Agustín afirmaba: «cuando llamamos principio al Padre, y al Hijo también principio, no queremos decir que sean dos los principios de la criatura, porque el Padre y el Hijo en orden a la creación son un único principio, como son un solo creador y un solo Dios. Así como el Padre y el Hijo son un solo Dios, y respecto a las criaturas son un solo creador y un solo señor, así con relación al Espíritu Santo son un solo principio; y con relaCREACIóN IIIción a las criaturas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo principio, como uno es el Creador y uno es el Señor» (De Trinitate; 5, cap. 1314, n° 1415, Madrid 1956, 421425).
El Magisterio auténtico de la Iglesia ha enseñado esta verdad en los Concilio I y IV de Letrán, afirmando que las tres divinas Personas constituyen un único principio de todas las cosas (Denz.Sch. 501 y 800).Entre las Líneas En el decreto pro f acobitis del Concilio de Florencia se recuerda el principio teológico de que en la Trinidad «todo es uno donde no obsta la oposición de relación» (Denz.Sch. 1330), aplicándolo a la creación y deduciendo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son tres principios creativos sino uno solo (Denz.Sch. 1331). Pío XII en la enc. Mystici Corpóris dice que pertenece a toda la Trinidad lo que se refiere a Dios como suprema causa eficiente (Denz.Sch. 3814).
Sin embargo, la Sagrada Escritura atribuye la creación indistintamente al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, usando sin discriminación las preposiciones de, por, en (lo 1,13; 3,6; Eph 4,16; 1 Cor 1,9; 12,8). Por la apropiación trinitaria, comúnmente la partícula de (ex) indica la acción del Padre como principio sin principio; la partícula por (per) la del Hijo, porque es la Sabiduría del Padre o su Verbo; la partícula en (in) la del Espíritu Santo como Amor divino, en quien se contienen y por quien todas las cosas son dirigidas a sus fines. El Concilio II de Constantinopla ha consagrado este modo de hablar (Denz.Sch. 421). Para entenderlo hay que tener en cuenta la doctrina de las apropiaciones trinitarias, según la cual las acciones comunes pueden ser apropiadas a una Persona, con tal que no suponga exclusividad y tenga por fundamento alguna analogía entre los atributos y acciones y la nota propia de dicha Persona (cfr. Sum. Th. 1 q39 a78).
La creación como obra del Padre la tenemos en Mt 11,25, donde Jesús le llama Señor del cielo y de la tierra; ésta es la atribución más frecuente en la iconografía y pensamiento cristianos. La afinidad entre la acción creadora y lo propio del Padre es clara, pues sólo El es Innascible y Noespirado, principio sin principio, que de su plenitud engendra y espira con sabiduría y amor (véase en esta plataforma: DIOSPADRE). Con más frecuencia la Escritura atribuye la acción creadora al Hijo; San Pablo afirma que «no hay más que un Dios Padre, de quien todo procede y para quien somos nosotros, y un solo Señor Jesucristo, por quien son todas las cosas y nosotros también» (1 Cor 8,6); el Padre lleva a cabo la creación por Cristo. El cristocentrismo de la creación se pone de relieve en Col 1,1517 donde se afirma que el Hijo «es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en Él fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles. todo fue creado por El y para Él. Él es antes que todo y todo subsiste en Él». «Somos creados en Cristo Jesús» (Eph 2,10).Entre las Líneas En la carta a los hebreos leemos que el Hijo «sustenta todas las cosas con su poderosa palabra» (1,3). Aunque no se pueda dilucidar exactamente la naturaleza de este cristocentrismo de la creación, sin embargo, no puede excluirse la «apropiación» al Verbo, cosa bien manifiesta en S. Juan: «todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho» (lo 1,3). La apropiación de la creación al Hijo es frecuente en los Padres especialmente en los orientales (véase en esta plataforma: DiosHijo en JESUCRISTO III, 1).
Basados en el texto de Gen 1,2: «el espíritu de Dios se cernía sobre las aguas», los Padres han atribuido también la creación al Espíritu Santo. Tiene esta apropiación fundamento dogmático, pues la creación es manifestación del amordivino, y la tercera Persona de la Trinidad, al proceder por vía de amor, es Espíritu vivificante (véase en esta plataforma: ESPÍRITU SANTO). S. Tomás sintetiza esta doctrina tradicional al escribir: «al Padre se apropia el poder, que se manifiesta principalmente en la creación, atribuyéndosele por este motivo el ser creador; mas al Hijo se le apropia la sabiduría, mediante la cual obra el agente intelectivo, y por eso se dice del Hijo que es por quien todas las cosas han sido hechas; finalmente, al Espíritu Santo, se le apropia la bondad, a la cual pertenecen la gobernación, que conduce las cosas a sus debidos fines, y la vivificación, puesto que la vida consiste en un cierto movimiento interior, y el primer motor es el fin y la bondad» (Sum. Th. 1 q45 a6 ad2). La creación resulta una donación gratuita de Dios, un acto personal en el que cada Persona ha dejado algo de su «propiedad» como veremos más adelante, y a lo cual se ha de responder personal y generosamente (véase en esta plataforma: t. TRINIDAD, SANTÍSIMA; DIOS IV, 12 y Iv, 3.7.10.11.13.14).
3. El mundo hecho conforme al ejemplar divino. La acción creadora es exclusiva de Dios; y sólo É1 pudo ser también su modelo o causa ejemplar. Al decir causa ejemplar queremos indicar que Dios, al crear el mundo, lo realizó conforme a la idea o diseño concebido en su mente. Esto es común a todo agente dotado de entendimiento, pues al obrar se prefija un fin y concibe la idea de lo que quiere realizar. No se da, en cambio, en los seres irracionales, ni pueden considerarse como hechas conforme a una idea ejemplar las obras que se producen necesariamente y no libremente (De Veritate, q3 al y 3; Sum. Th. 1 q14 a16; V. NECESIDAD). El mundo en su conjunto y cada una de las cosas que lo componen tienen en Dios su idea ejemplar, o lo que es lo mismo, el mundo se hizo y se está haciendo según un plan preexistente en la mente divina (Sum. Th. 1 q15 a23).
Aunque no hay en la Sagrada Escritura testimonios explícitos sobre esta doctrina, se encuentran en ella elementos valiosos que la justifican. Dios es un ser personal y distinto del mundo que ha creado, y lo ha hecho mediante su palabra, lo cual supone un ser inteligente y libre (Gen 1,3.6.9); Dios juzga de la obra hecha y la juzga buena, lo que implica que responde a su plan (Gen 1,4.10.12.31). Dios al crear no lo hace por instinto ciego, sino con prudencia, inteligencia y sabiduría, disponiendo todas las cosas y dotándolas de leyes necesarias para que consiguieran su finalidad. La acción de Dios al formar el mundo se equipara a la del artífice humano en relación a su obra (Prov 3,11; 8,2230; Ps 135; 103; Sap 7,21; Ier 10,12).
Desde un principio los Padres de la Iglesia han enseñado el ejemplarismo divino respecto a la creación, si bien algunos influenciados por el platonismo no siempre lo expusieron con rectitud (cfr. Clemente Alejandrino, Stromata, 5,11: PG 9,112; Orígenes, In lo. 1,22: PG 14,55). S. Agustín lo expone en diversas ocasiones: «las ideas principales son ciertas formas. que se contienen en la inteligencia divina. y según las cuales. es hecho cuanto puede nacer o perecer» (De divinas quaestionibus, PL 40,30; cfr. 40,130). Quien mejor ha estudiado y expuesto la doctrina del ejemplarismo alejandrino ha sido el PseudoDionisio (cfr. Dubois, De Exemplarismo divino, Roma 1899). Boecio resume así de modo admirable esta doctrina (De consolatione philosophiae, 1,3: PL 63,758): «Tu cuenta supernoDucis ab exemplo, pulchrum pulcherrimus ipseMundum mente gerens, similique in imagine formans perfectasque iubens perfectum absolvere partes».
Santo Tomás ha recogido esta tradición depurándola de cuanto en ella podía haber de inexacto derivado del platonismo. Todo agente, dice, así como obra necesariamente por un fin, actúa por necesidad según un modelo o ejemplar, bien externo bien interno, existente en su mente; de lo contrario no realizaría una obra con preferencia a otra (Sum. Th. 12 ql a2). Como el mundo no es producto del azar, sino fabricado por Dios, que obra mediante el entendimiento y la voluntad, es necesario que en el entendimiento divino exista la idea o forma, el modelo, a cuya semejanza fue hecho el mundo (Sum. Th. 1 ql5 al). El modelo o ejemplar conforme al cual Dios creó el mundo en su misma esencia en cuanto imitable y participable extrínsecamente; supondría en Dios imperfección que dicho ejemplar estuviera fuera de Él, pues entonces dependería en su obra de algo exterior. Además antes de crear, nada existía, por eso tampoco podía pensar su obra conforme a algo fuera de Sí.
Mas la esencia divina es el ejemplar del mundo no en sí misma, sino en cuanto que es contemplada por su entendimiento (véase en esta plataforma: DIOS IV, 13) como infinitamente imitable y comunicable analógicamente (véase en esta plataforma: ANALOGÍA). Por eso cada una de las cosas es representación del único modelo que es la esencia divina, según que por su entendimiento ha visto el modo de su realización y ha querido por su voluntad que tuviese realización exterior viniendo a la existencia. Modelo único, pero variedad infinita terminativamente, tal como podemos contemplar en la multiplicidad de seres que forman el universo (cfr. De Veritate, q3 a2; Sum. Th. 1 q15 a2). Como quiera que en Dios hay una sola idea que. expresa adecuadamente su esencia, es decir, el Verbo en cuanto expresión mental del Padre, síguese que cuanto se contiene en la ciencia del Padre se expresa por su único Verbo; así conociéndose a Sí mismo conoce todas las cosas. Y por eso el Hijo es el Verbo mental que expresa perfectamente al Padre y consiguientemente a todas las criaturas; al expresar al Verbo expresa todas las criaturas.Si, Pero: Pero mientras que el Verbo es expresado necesariamente, las criaturas lo son libremente (De Veritate, q4 á4 § 8; Sum. Th. 1 q34 a3). El paso, pues, de la posibilidad de existir que tienen todas las criaturas, contempladas en la esencia divina como participable extrínsecamente y de modo analógico, a la existencia real se debe a un acto de la voluntad de Dios, a un acto de amor. Las cosas existen porque Dios las ama, mientras que nosotros las amamos porque existen (Sum. Th. 1 q37 a2 ad3; v. DIOS IV, 1314).
De esta doctrina se sigue:a) Que en las cosas creadas se encuentra un vestigio de la Trinidad por cuanto representan, cada una a su modo, la esencia divina única. Tienen el ser debido al poder del Padre, a la sabiduría del Hijo y al amor del Espíritu Santo. Existen, son verdaderas y son buenas. Por eso el misterio trinitario está presente en las cosas, y éstas no sólo nos llevan al conocimiento de la existencia de Dios sino también al de su esencia, si bien de modo imperfecto y analógico. San Buenaventura ha podido escribir: «todo el mundo es como una sombra, un camino, un vestigio, como un libro escrito y puesto ante nuestros ojos.Entre las Líneas En todas las criaturas refulge el ejemplar divino, aunque mezclado con tinieblas. Es como la capacidad mezclada con la luz. Es camino que conduce al ejemplar. es vestigio de la sabiduría de Dios. Cuando el alma ve, pues, estas cosas le parece que debería pasar de la sombra a la luz, del camino al término, del vestigio a laverdad, del libro a la ciencia verdadera, que está en Dios. Leer este libro es propio de profundos contemplativos, no de los filósofos naturales, quienes sólo investigan la naturaleza de las cosas, y no atienden al vestigio que hay en ellas» (In Haex. 12, Opera Omnia, t. 5, p. 386; cfr. Sum. Th. 1 q45 a7).Entre las Líneas En el hombre no sólo se encuentra el vestigio de Dios Trino, sino también su imagen (ib. q93). Sería erróneo el deducir de esto que la razón, mediante la contemplación de los seres creados, puede demostrar la existencia del misterio trinitario. Sólo una vez conocida por la fe la Trinidad y aceptadas las procesiones por vía de entendimiento y de amor, puede la razón encontrar en las criaturas el vestigio y la imagen del Dios Trino (Sum. Th. 1 q32 al ad2; V. UNIÓN CON DIOS II, 2).
b) Si el mundo creado y cuanto lo compone es realización de las ideas divinas, las cosas constituyen en sí mismas una invitación perenne a reconocer en ellas al Creador (véase en esta plataforma: DIOS Iv, 2). Son el espejo donde se refleja la imagen de la esencia divina, si bien en penumbra oscurecida aún más por el pecado (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que el hombre introdujo en el mundo, que afectó incluso a la materia. El rostro y huella de Dios en las cosas será plenamente desvelado en la instauración «de los cielos nuevos y la nueva tierra» (véase en esta plataforma: MUNDO III, 2). Los santos son quienes mejor han sabido leer en el libro de la naturaleza, deleitarse en la bondad y belleza de lo creado, y ascender mediante ello al creador. S (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Francisco de Asís y S. Juan de la Cruz son exponentes señeros de la espiritualidad de lo creado.
c) La doctrina de la ejemplaridad fundamenta la teología de las realidades terrenas. Todo lo creado es bueno, verdadero y bello. Sólo el pecado, fruto del uso indebido de la libertad humana, puede afear la creación. El técnico, el científico, el artista y cuantos contribuyen al progreso, son concreadores al servicio de la realización inmediata del proyecto de Dios sobre el mundo. Sus adelantos descubren más y mejor la belleza, la verdad y el amor de Dios; ellos nos acercan cada vez más a la comprensión de la esencia divina y acortan el camino entre la finitud de la criatura y la infinidad de Dios. La búsqueda de los valores auténticos es búsqueda de Dios y el encontrarlos es encuentro implícito con Dios, al que se remontará el espíritu con ansias de poseer el Amor, de contemplar la Belleza y disfrutar la Bondad sustanciales. El proceso evolutivo de la creación y el trabajo constante para instaurar un mundo mejor a todos los niveles (véase en esta plataforma: TRABAJO HUMANO VII) nos va aproximando a la adecuación del ejemplar divino concebido desde toda la eternidad, realizable poco a poco en el tiempo, y cuya plasmación perfecta y definitiva coincidirá con la instauración del Reino de Dios (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) (véase en esta plataforma: t. MUNDO III, 1).
d) Esta misma doctrina funda la verdad de la unidad del mundo.Entre las Líneas En efecto, todas las cosas son realizaciones de las ideas ejemplares de Dios. Mas estas ideas en Dios son la misma y única esencia divina en cuanto imitable extrínseca y análogamente.Entre las Líneas En realidad una sola esencia y una sola idea, aunque virtualmente múltiple, conforme a la multiplicidad de seres en los que termina el pensar divino. Esta radicación de lo creado en la única esencia de Dios hace que todas las cosas formen un todo solidario, un universo, un cosmos, de modo que, en su sentido profundo, en lugar de pensar los seres como individualmente existentes habría que pensarlos como coexistentes, y en lugar de concebirlos como absolutos en sí mismos hay que considerarlos como corelativos.Entre las Líneas En otros términos: la totalidad del ser no es, ni se entiende, sino atendiendo a los otros que junto con él forman el un¡versum, con los que existe (coexiste) y con los que está relacionado. El hombre (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es también realización de la idea divina, su vestigio, mejor, su imagen en virtud de su capacidad para conocer y amar; forma, por eso, parte de esa unidad. Su ser es también coexistencia, corelación, no sólo con los demás hombres, sino también con el resto de los seres. Mas en ese universo el hombre es quien tiene la función más noble, es el rey de la creación y el único que puede, por ejercicio de su entendimiento y de su voluntad, ordenar debidamente la coexistencia, establecer las rectas relaciones entre ellos, a fin de que se obtenga de verdad la manifestación plena de Dios en el mundo. Mas en el uso de su libertad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) puede el hombre manchar con su pecado el universo, puede desviar de sus fines a las cosas creadas, puede hacer que su ciencia (para un examen del concepto, véase que es la ciencia y que es una ciencia física), que su técnica, que su arte, que el progreso, deriven en rebelión contra Dios. Entra así en el mundo el mal, el pecado (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), lo único donde no se encuentra el vestigio de Dios, pues es carencia de entidad, es negación absoluta del ser, del bien y de la belleza. [rbts name=”teologia”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre significado de creación en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
CREACIÓN, SINTESIS TEOLÓGICA
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Bueno sobre el Significado Teológico de Creación. Especialmente para temas religiosos.
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