Solidaridad en Bioética
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Solidaridad en Bioética
Si bien la idea de solidaridad ha desempeñado un papel fundamental en los ámbitos de la sociología y la filosofía social desde finales del siglo XIX, los especialistas en bioética no se han interesado mucho por este concepto hasta principios del siglo XXI. El trasfondo comunitario que se sugiere en el término “solidaridad” tal vez no encaje bien con la posición predominantemente liberal de muchos autores en materia de bioética.
Puntualización
Sin embargo, las críticas a los modelos liberal y libertario en la bioética desde finales del siglo XX, junto con el creciente énfasis en los enfoques sociales y relacionales de conceptos como la autonomía -como, por ejemplo, en la bioética feminista- han puesto el concepto de solidaridad en el centro del debate teórico. Un número especial de la revista Bioethics sobre la contribución de la solidaridad a la bioética en 2007 y el informe sobre la solidaridad publicado por el Consejo Nuffield de Bioética (el principal órgano asesor en materia de bioética del Reino Unido) en 2011 pueden considerarse signos del interés emergente.
LA SOLIDARIDAD COMO CONCEPTO SOCIOLÓGICO
Según el académico Kurt Bayertz (1999), el significado central de la solidaridad es la percepción de las obligaciones mutuas entre los miembros de una comunidad. Originada en el derecho romano (obligación in solidum), la “solidaridad” designaba específicamente la responsabilidad de cada miembro de una determinada comunidad por las deudas de cualquier otro. Normalmente esto se aplicaría a las familias, pero la palabra francesa solidarité, por ejemplo, se utilizó originalmente en el contexto de la asociación en los bufetes de abogados. Desde finales del siglo XVIII la solidaridad ha adquirido un significado que va más allá del contexto de la ley y ha llegado a sugerir la idea de la responsabilidad mutua entre un individuo y la sociedad en los ámbitos de la moral, la sociedad y la política: la solidaridad significa un compromiso del individuo de apoyar a la comunidad y un compromiso de la comunidad de apoyar al individuo. Como sostiene Bayertz, este compromiso puede entenderse desde un nivel descriptivo o fáctico, por un lado, y como un compromiso moral, por otro. Una comprensión fáctica de la solidaridad mira la existencia y la fuerza del compromiso de apoyar a otros dentro de una sociedad determinada. Incluye una descripción de las creencias de los miembros de una sociedad en cuanto a la importancia del apoyo mutuo entre esos miembros y de su motivación para contribuir a ese apoyo mutuo. La comprensión moral de la solidaridad sostiene que el compromiso de apoyar a otros es un valor moral importante y, por lo tanto, una obligación moral. Un entendimiento moral de la solidaridad podría, por ejemplo, llevar a la afirmación normativa de que, como sociedad, debemos apoyar a las personas que necesitan ese apoyo debido a circunstancias fuera de su control.
Algunos Aspectos sobre Solidaridad en Bioética
La comprensión fáctica o descriptiva de la solidaridad es objeto de la sociología. El sociólogo francés Emile Durkheim (1858-1917) hizo una contribución clásica al concepto de solidaridad a finales del siglo XIX y principios del XX. Durkheim (1964 [1893]) describió la transición de la sociedad tradicional a la moderna como una transformación de las formas tradicionales de cooperación y de las relaciones sociales entre los individuos. Las sociedades tradicionales o preindustriales se caracterizaron por lo que Durkheim llamó “solidaridad mecánica”, es decir, que la solidaridad del grupo y la cooperación social basada en ella es espontánea: no se reflexiona sobre ella. Es algo normal o natural dentro de la sociedad que sus miembros se ayuden y apoyen mutuamente. Todavía se pueden encontrar ejemplos de esa solidaridad mecánica en los tiempos modernos, en particular en las familias y también en comunidades muy unidas, en las que la ayuda de los vecinos de la comunidad es espontánea en momentos de necesidad evidente o de desastre natural. La práctica de la “cría en granero” entre los Amish en Pennsylvania, donde una comunidad se reúne para montar un granero para uno o más de sus vecinos, es un buen ejemplo de esa solidaridad mecánica.
En una situación de solidaridad mecánica, existe una uniformidad de creencias y valores dentro del grupo social de la sociedad, a veces impuesta por mecanismos estrictos de control social. Con el desarrollo de la división del trabajo, la estructura social se diferencia y las funciones sociales se especializan.Entre las Líneas En esta sociedad moderna los individuos se vuelven cada vez más dependientes de los conocimientos especiales de los demás. Durkheim llamó a este tipo de cooperación “solidaridad orgánica” para expresar la situación moderna de interdependencia funcional y complementaria entre los individuos. La solidaridad orgánica va acompañada de un proceso de individualización, que incluye una diversificación de los valores individuales que sustituye a la conciencia colectiva de la sociedad tradicional. La solidaridad en un contexto moderno significa no sólo que los individuos se han vuelto altamente interdependientes entre sí, sino también que necesitan cooperar por sus propios intereses y los de la sociedad. Esta relación está “dirigida por la utilidad”, lo que significa que la meta de la relación es realizar los objetivos compartidos. Esta utilidad compartida puede basarse en la percepción del riesgo, por ejemplo, el riesgo de enfermedad o discapacidad.Entre las Líneas En esas situaciones los “fuertes” (como los jóvenes o las personas de altos ingresos) ayudan a los “débiles” (como los ancianos o las personas de bajos ingresos) mediante acuerdos sociales, como el seguro de atención de salud social, el seguro de discapacidad u otras formas de protección social. Esos arreglos en los que los fuertes apoyan a los débiles pueden parecer asimétricos en un momento dado, pero también pueden servir a los intereses a largo plazo de los fuertes, que también pueden enfermar o perder sus empleos por discapacidad o despido.
Desarrollo
LA SOLIDARIDAD COMO CONCEPTO MORAL
Como concepto moral, la solidaridad parece implicar un sentido de cooperación no calculada basado en la identificación con una causa común.
Puntualización
Sin embargo, esta definición deja abierta una amplia gama de interpretaciones y significados diferentes. Algunas interpretaciones de la solidaridad se centran en la reciprocidad (“hermandad”, sindicalismo), mientras que otras interpretan la solidaridad como una relación de asimetría (ayuda a los necesitados). A veces la solidaridad se atribuye a los individuos (simpatía por los débiles), otras veces a las comunidades (cohesión social). La solidaridad puede describirse principalmente como una relación entre personas individuales (altruismo, compañerismo) o como una relación institucional (deberes de los ciudadanos). El ámbito atribuido a la solidaridad puede tender a incluir a los “forasteros” (hermandad universal) o a excluirlos (unión étnica). La solidaridad puede distinguirse de conceptos como la amistad (demasiado fuerte), las coaliciones de intereses (demasiado débiles), la lealtad (demasiado particularista) y la compasión o la ayuda humanitaria (demasiado privada, sin compromiso y asimétrica).
Inicialmente el concepto moral de solidaridad fue desarrollado en la filosofía del “solidarismo” por los pensadores jesuitas a principios del siglo XX, en particular en las obras de Heinrich Pesch (1854-1926). La solidaridad en el pensamiento católico romano se basa en la idea de la encarnación, lo que significa que en su existencia los individuos son una encarnación de Dios (“hijos de Dios”). Debido a esta encarnación, los seres humanos están vinculados entre sí y son dependientes unos de otros, mientras que al mismo tiempo son seres únicos. Esta interrelación hace que los individuos sean responsables de los demás, en particular de los necesitados, los enfermos y los vulnerables; esta responsabilidad se llama deber de solidaridad. Como resultado de la encíclica papal Quadragesimo Anno en 1931, el principio de solidaridad se combinó con el principio de “subsidiariedad”, que sostiene que la mejor ayuda que la sociedad puede ofrecer a sus miembros es la que se traduce en autoayuda. El principio de subsidiariedad prescribe que la sociedad sólo debe ayudar y apoyar a los enfermos y dependientes de manera complementaria. El apoyo social puede ayudar a una persona a superar sus problemas utilizando sus propias facultades y recursos.
La solidaridad combinada con la subsidiariedad fue utilizada por la Iglesia Católica como una defensa contra las fuerzas alienantes del individualismo liberal y contra el surgimiento de ideologías comunistas o fascistas. El liberalismo fue criticado por su falta de atención a las obligaciones mutuas entre el individuo y la sociedad, mientras que el comunismo y el fascismo fueron criticados por su control total de las vidas de los individuos y su falta de interés en el individuo como persona humana única.Entre las Líneas En lugar del estado liberal de laissez-faire o del régimen totalitario opresivo, la ideología católica favorecía el mantenimiento de lazos orgánicos entre personas de todos los rangos de la vida social en los que cada individuo podía cumplir sus obligaciones sociales hacia el otro.
Más Detalles
Aunque el concepto de solidaridad se hizo prominente en la filosofía católica del siglo XX, encajaba en un marco filosófico continental más amplio de pensamiento sobre la relación de los individuos y la sociedad. Rahel Jaeggi (2001), por ejemplo, afirma que la solidaridad es más que una cuestión de caridad, altruismo o compasión por los necesitados. La solidaridad se basa en la relación mutua y la interdependencia fundamental de los individuos. Según Jaeggi (2001, 295), la solidaridad es el tipo de cooperación social en la que “la existencia del otro no es la limitación sino la condición previa de mi propia libertad”. La solidaridad, por lo tanto, describe una relación entre individuos en la que cada uno realiza su individualidad con referencia a las relaciones de cooperación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Este enfoque se basa en una visión no individualista del desarrollo individual que considera a los individuos como integrados en contextos sociales.
Aunque el concepto de solidaridad está asociado (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “associate” en derecho anglo-sajón, en inglés) con la intersubjetividad, las acciones comunes y las obligaciones mutuas, esa concepción de la solidaridad también puede ser compatible con los procesos de individualización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En la medida en que la autonomía individual se experimente como un valor compartido que requiere una acción común, la individualización puede requerir la solidaridad en lugar de socavarla. Esta opinión no es compartida por muchos filósofos comunitarios, que ven el creciente individualismo de la sociedad moderna como una amenaza a la comunalidad y la solidaridad. La idea básica del comunitarismo es que la constitución y el desarrollo de nuestra identidad dependen del hecho de que somos ciudadanos de una comunidad y que tenemos la responsabilidad de participar en esas comunidades como ciudadanos activos. Autores comunitarios como Alasdair Maclntyre, Robert Bellah y Michael Sandel (2007) culpan al individualismo liberal por la fragmentación de la sociedad moderna y por los sentimientos de desorientación del individuo moderno.Entre las Líneas En opinión de los pensadores comunitarios, el proceso de individualización -y en particular el individualismo del mercado, en el que se alega que los individuos sólo tienen interés propio- es un proceso moralmente dudoso que tiende a socavar los lazos orgánicos de la sociedad y, por ende, las responsabilidades sociales recíprocas a las que se refiere el concepto de solidaridad.
La opinión de los filósofos comunitarios de que la solidaridad está decayendo se basa en una visión moral bastante negativa sobre el proceso de individualización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En esta visión el individualismo se refiere al hedonismo, el consumismo, la falta de compromiso social y la cultura del “yo”, y se opone a la solidaridad en el sentido de compañerismo, altruismo y defensa de los más débiles.
Puntualización
Sin embargo, tal interpretación del individualismo no aprecia que el individualismo también tiene una connotación positiva en la que se refiere a la autorrealización, la responsabilidad individual y la emancipación de los lazos sociales tradicionales. La individualización puede ir bien con la solidaridad y puede contribuir a una “ética de la autenticidad” y a una “ética del compromiso” (Taylor 1991, 82), es decir, un sentimiento de responsabilidad hacia el otro y de apoyo a los más débiles de la sociedad.
Otras Cuestiones referentes a Solidaridad en Bioética
Las teorías modernas sobre la solidaridad tratan de conciliar la importancia de las comunidades con la necesidad de desarrollo y el reconocimiento de las diferencias individuales.Entre las Líneas En Solidaridad con los Extranjeros: Feminismo después de la política de identidad (1996, 29), Jodi Dean introduce el concepto de “solidaridad reflexiva”, que trata de combinar la necesidad de reconocimiento individual con una comprensión inclusiva de la solidaridad, en contraposición con la tendencia a la exclusión en las expresiones tradicionales de solidaridad. La solidaridad reflexiva significa que podemos crear un “nosotros” comunicativo refiriéndonos a un tercero hipotético. Para explicar la necesidad de un “tercero” como camino hacia una comunidad inclusiva, Dean se refiere al concepto del “otro generalizado” introducido por George Herbert Mead. El otro generalizado se refiere al conjunto organizado de expectativas de un grupo social: “Cuando adoptamos esta perspectiva, estamos viendo desde el punto de vista de la relación, teniendo en cuenta las expectativas compartidas que los miembros tienen unos de otros y nuestro entendimiento común de lo que significa identificarse como miembro de un grupo” (Dean 1996, 39). El otro generalizado puede institucionalizarse como un papel específico de la sociedad, como el juez o el policía: abre la posibilidad de interpretación y comunicación sobre las expectativas que tenemos en la sociedad de tales profesiones y papeles. Al introducir un hipotético tercero, Dean abre la interpretación de la solidaridad para la comunicación, creando un “nosotros” en el proceso de reflexión sobre las expectativas respecto del otro generalizado.Entre las Líneas En este proceso se afirman y reconocen las identidades como diferentes maneras de interpretar y satisfacer esas expectativas. “En la solidaridad convencional nuestro llamamiento se basa en nuestros intereses, preocupaciones y luchas comunes. Con la solidaridad reflexiva apelamos a los demás para que nos incluyan y nos apoyen porque nuestro compromiso comunicativo nos permite esperar que otro asuma la responsabilidad de nuestra relación” (Dean 1996, 42). Según Dean, una vez que adoptamos una actitud reflexiva hacia esta comprensión compartida, nos damos cuenta de que la ciudadanía en una sociedad pluralista requiere el apoyo del otro en su diferencia.
LA SOLIDARIDAD Y LA VALORIZACIÓN HUMANA
La solidaridad como concepto moral desempeña un papel importante en la evaluación ética de las tecnologías de mejora humana, en particular en la obra de los autores comunitarios. Muchos de ellos consideran que la tendencia emergente de utilizar las biotecnologías para el mejoramiento humano es otra amenaza a la solidaridad y al compromiso político. Por ejemplo, Francis Fukuyama en Nuestro futuro posthumano: Consequences of the Biotechnology Revolution (2002) sostiene que las mejoras genéticas harán cada vez más hincapié en la inteligencia, las capacidades cognitivas y las emociones sensibles como elementos definitorios de la dignidad y la humanidad.
Pormenores
Los humanos que no tengan estas capacidades (mejoradas) serán vistos como inferiores y como poseedores de menos derechos humanos. Si el mejoramiento genético y otros tipos de mejoramiento no se integran en una visión moral más amplia de la persona y la dignidad humanas, podrían dar lugar a una creciente individualización de nuestra sociedad y a una disminución de la solidaridad con los grupos más débiles y vulnerables.
Otras Observaciones
Una preocupación similar se encuentra en el Caso contra la Perfección: Ethics in the Age of Genetic Engineering (2007) de Sandel, quien argumenta que nos hemos vuelto demasiado responsables de nuestro propio destino. “Los padres se han vuelto responsables de elegir, o no elegir, los rasgos correctos para sus hijos.
Informaciones
Los deportistas se han vuelto responsables de adquirir, o no adquirir, los talentos que ayudarán a su equipo a ganar”, sostiene Sandel (2007, 87). Esta “explosión de responsabilidad” (Sandel 2007, 88) se ha producido a expensas de una actitud de aceptación de nuestras limitaciones y de la aceptación de la noción de “superdotación”. Sandel sostiene que existe una conexión entre las nociones de “don” y “solidaridad”: tan pronto como seamos conscientes de la contingencia de nuestros dones, desarrollaremos nuestra capacidad de vernos a nosotros mismos como compartiendo un destino común.
En el influyente informe “Más allá de la terapia”: Biotechnology and the Pursuit of Happiness (2003), el Consejo Presidencial de Bioética sostiene que la búsqueda por parte del ser humano de cuerpos atractivos, mayor rendimiento atlético, más felicidad o cerebros más brillantes mediante el uso de drogas y procedimientos médicos puede llevarnos a un enfoque exclusivo en nuestra propia existencia individual y a un retiro de nuestras responsabilidades en la sociedad. El informe es particularmente crítico con el uso de antidepresivos y drogas para mejorar el estado de ánimo, afirmando que los individuos que usan estas drogas pueden llegar a estar tan preocupados por su estado mental “que se alejan cada vez más de la participación activa en la vida cívica, desechando aquellos apegos sin los cuales no pueden lograr la felicidad que buscan y sin los cuales la comunidad no puede sobrevivir y florecer” (Consejo Presidencial de Bioética 2003, 206).
Un hilo común en el discurso comunitario sobre la mejora humana es que el uso de tecnologías de mejora puede obstaculizar el desarrollo de los individuos para que se conviertan en agentes morales capaces de desarrollar sus propios conjuntos de valores y entablar relaciones sociales significativas. Según muchos autores comunitarios, las tecnologías de mejoramiento pueden llegar a dominar la vida de las personas, sustituyendo la agencia y la responsabilidad individuales por un uso servil de drogas y tecnologías para mejorar sus capacidades. Estas tecnologías pueden hacer que nuestras vidas sean superficiales, dejándonos centrados en nuestra propia apariencia y capacidades e ignorando el carácter social fundamental y las responsabilidades sociales de nuestra existencia.
Más sobre Solidaridad en Bioética
El punto de vista comunitario se basa en una visión bastante determinista de los efectos de la biotecnología, incluidas las tecnologías de mejoramiento, en la vida individual y social. Se podría argumentar, alternativamente, que las tecnologías de mejoramiento pueden ayudar a los individuos a ser más morales, más sociales y más dispuestos a participar en la vida política.
Los proyectos individuales, incluso los que utilizan tecnologías de mejora, pueden asociarse con la intersubjetividad, la responsabilidad mutua y la solidaridad, como se ha argumentado anteriormente. Por ejemplo, el uso de drogas antidepresivas como el Prozac por personas que no sufren de una depresión grave pero que tienen sentimientos negativos sobre sí mismas o su entorno social puede hacerlas sentir más sociables y sensibles a las necesidades de los demás. Asimismo, el uso de tecnologías informáticas (por ejemplo, las interfaces informáticas cerebrales) puede ayudar a las personas a ser más sociales e interactivas de lo que serían de otro modo y, por lo tanto, puede contribuir a mantener la solidaridad en nuestra sociedad.
SOLIDARIDAD Y SALUD PÚBLICA
La salud pública ha sido definida por Charles-Edward Winslow (1920) como “la ciencia y el arte de prevenir las enfermedades, prolongar la vida y promover la salud mediante los esfuerzos organizados y las decisiones informadas de la sociedad, las organizaciones, el público y el privado, las comunidades y los individuos”. La salud pública se centra en las amenazas a la salud (enfermedades infecciosas y epidemias), la prevención de enfermedades (exámenes y vacunación) y el tratamiento de las enfermedades, y cuenta con el apoyo de disciplinas como la epidemiología, la bioestadística, la investigación de servicios de salud y la psicología de la salud.
Una cuestión ética clave en la salud pública es la tensión entre los intereses de la comunidad y los del individuo. Tradicionalmente, la bioética ha dado primacía al respeto de la autonomía individual y a la protección de la privacidad. Si bien la protección de los derechos individuales es importante en la práctica clínica y en la investigación médica con seres humanos, las políticas de salud pública y las políticas de investigación, en cambio, se centran en los intereses de la comunidad en su conjunto y en la protección de los grupos de personas que corren el riesgo de contraer enfermedades infecciosas, condiciones de salud deficientes y falta de conocimientos, por ejemplo, las personas de edad, los grupos vulnerables y las minorías. Los investigadores epidemiológicos, por ejemplo, se sienten cada vez más frustrados por lo que consideran un obstáculo para la investigación debido a las normas éticas estrictamente aplicadas sobre el consentimiento informado individual y los procedimientos legales sobre la protección de datos y la protección de la privacidad. Esas políticas y reglamentaciones pueden dar lugar a una falta de participación en la investigación, en particular en la investigación epidemiológica, o a la participación en grandes bases de datos genéticos. Algunos han sostenido que la obtención de los permisos pertinentes para las investigaciones en que se renuncia al consentimiento es ardua y supone un uso deficiente de los fondos públicos, mientras que otros han pedido a los órganos de gobernanza de la investigación que reconozcan mejor que es lícito utilizar datos identificables para la investigación sin consentimiento, siempre que el uso sea necesario y proporcionado.
Más
¿Podemos pedir, o incluso obligar a los individuos a renunciar a sus libertades y derechos en nombre de la solidaridad, es decir, para promover la salud de una comunidad? En un artículo publicado en 2001 en Nature Reviews Genetics, Ruth Chadwick y Kåre Berg responden a esta pregunta sugiriendo que la solidaridad es un valor moral relevante en el ámbito de la salud pública. Sostienen que “no es obvio por qué debe prevalecer el derecho a negarse a participar en investigaciones genéticas, cuando podría ser en beneficio de otros” (Chadwick y Berg 2001, 320). Se podría argumentar, dicen, “que uno tiene el deber de facilitar el progreso de la investigación y proporcionar conocimientos que podrían ser cruciales para la salud de los demás” (Chadwick y Berg 2001, 320) aunque esa investigación no beneficie directamente a la persona que participa en el estudio. Chadwick y Berg sostienen que esta aplicación del principio de solidaridad es particularmente pertinente en el contexto de la investigación genética, en la que los beneficios pueden ser enormes: familias enteras que padecen una afección hereditaria pueden beneficiarse de la investigación genética aunque los individuos que participan en el proyecto no se beneficien a sí mismos.
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Sin embargo, Chadwick y Berg no abogan por “un giro total” para permitir el control comunitario de la investigación genética. Reconocen que ello podría plantear riesgos para la protección de la libertad individual y subrayan que debería llevarse a cabo con miras a una protección adecuada de los datos y salvaguardias contra el uso indebido, la discriminación y la estigmatización.
En un documento de 2011, el Chadwick volvió a destacar la pertinencia del principio de solidaridad con respecto a la cuestión de la participación en las investigaciones genéticas y farmacogenéticas. Señala una declaración de 2007 del Comité de Ética de la Organización del Genoma Humano (HUGO) (2007, 45): “Debido a las vulnerabilidades compartidas, las personas tienen intereses comunes y responsabilidades morales entre sí. La voluntad de compartir información y participar en la investigación es una contribución loable a la sociedad”.
Puntualización
Sin embargo, la aplicación del consentimiento informado no significa un control sin restricciones por parte de la comunidad en relación con la participación en investigaciones o el acceso a los registros sanitarios. La declaración de HUGO dice que la participación en la investigación debe ser estimulada por un diálogo público entre las partes interesadas, incluidos los investigadores, los encargados de la formulación de políticas, los grupos de pacientes y la comunidad en general. Ese debate ofrece la posibilidad de “actualizar el principio de solidaridad” (Comité de Ética de la Organización del Genoma Humano (2007, 46), según la declaración, y podría crear confianza en la comunidad en general sobre el uso de los datos y la protección contra las intrusiones perjudiciales en la esfera privada. También podría dar apoyo a modelos más flexibles y abiertos de consentimiento informado, por ejemplo, el “consentimiento amplio”, una estrategia que permite a los investigadores utilizar muestras y datos para fines más amplios que el propósito al que las personas dieron su consentimiento originalmente. Esas estrategias de consentimiento requieren no sólo confianza sino también un claro sentido de responsabilidad social y solidaridad con otros miembros de la comunidad, apoyándolos cuando tienen problemas de salud y participando en proyectos de investigación para aliviar esos problemas.
Solidaridad en Bioética
SOLIDARIDAD Y JUSTICIA
En los Estados de bienestar europeos la solidaridad es el concepto principal que guía las políticas sociales y de atención de la salud. [rtbs name=”derecho-a-la-salud”] Se espera que los ciudadanos hagan una contribución financiera justa a un sistema de seguro organizado colectivamente que garantice la igualdad de acceso a la salud y la atención social para todos los miembros de la sociedad. Esto se aplica igualmente a otros sistemas de protección social de los estados de bienestar europeos, como los sistemas de seguro social que cubren los riesgos financieros de desempleo y enfermedades relacionadas con el trabajo y los sistemas de seguro de invalidez y vejez y los planes de pensiones.Entre las Líneas En este contexto, la solidaridad tiene por objeto promover la igualdad de acceso a la atención de la salud para todos los ciudadanos, independientemente de los ingresos o el riesgo de salud. Esto significaría, por ejemplo, que las personas con un alto riesgo de enfermedad o las que tienen una condición preexistente -como las personas de edad, las personas con enfermedades crónicas o las que padecen problemas de salud mental- tendrían acceso a la atención de salud sin distinción de las personas con un riesgo de salud menor o sin una condición preexistente.
Desde un punto de vista sociológico, los arreglos basados en la solidaridad en la atención sanitaria y social pueden considerarse un ejemplo de “utilidad compartida”, es decir, un arreglo que ha surgido en el contexto de la cooperación social y la interdependencia “orgánica”.Entre las Líneas En el plano de las actitudes individuales, la solidaridad ha adquirido el significado de solidaridad de “interés”: las personas apoyan los arreglos de atención de la salud por interés propio.
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Sin embargo, sería demasiado lejos considerar esos arreglos puramente desde la perspectiva de la “utilidad compartida”: en particular en la atención sanitaria y social, muchos consideran que los arreglos sociales son una expresión de la preocupación por los grupos vulnerables, como las personas con una enfermedad crónica, con discapacidades de aprendizaje o con discapacidades físicas o personas de edad avanzada y frágiles.
Si bien la solidaridad tiene un amplio respaldo como valor público en la sociedad europea, cada vez es mayor la incertidumbre sobre si puede seguir siendo un principio rector en la configuración de las disposiciones de atención dentro de los estados de bienestar en los próximos decenios. Es posible que los sistemas de atención de salud no puedan cumplir con las responsabilidades asociadas a la solidaridad debido a los tratamientos cada vez más costosos, el envejecimiento de la población y las actitudes más exigentes de los pacientes y clientes. Las crecientes limitaciones económicas parecen haber llevado a una actitud menos benévola hacia los “necesitados” tanto a nivel gubernamental (o, en ocasiones, de la Administración Pública, si tiene competencia) como de la población, en particular hacia las personas que se perciben como irresponsables (por ejemplo, debido a sus estilos de vida poco saludables). Se considera que esas personas abusan de la solidaridad social y no merecen que el sistema público de atención de la salud pague sus gastos de atención sanitaria. La solidaridad se considera entonces como “reciprocidad”, lo que significa que las contribuciones de los “donantes” deben corresponderse con el comportamiento “correcto” de los “receptores” de la atención de la salud.
Algunos Aspectos sobre Solidaridad en Bioética
A medida que las disposiciones sociales y de atención de la salud en los Estados de bienestar europeos se basan cada vez más en la “solidaridad de intereses”, se podría argumentar que la evaluación normativa de esas disposiciones podría describirse mejor como “justicia distributiva” en lugar de solidaridad. Pero, ¿ofrece la justicia distributiva un marco suficiente para evaluar los arreglos de atención de la salud con criterios normativos? Una limitación grave de este marco es que la justicia distributiva tiende a reducir los elementos de lo común y lo mutuo a la elección racional individual.Entre las Líneas En la opinión liberal, la solidaridad es una cuestión de que los individuos cumplan con sus deberes recíprocos respetando los derechos recíprocos. Aparte de los problemas de individualismo y racionalismo, la debilidad práctica de este cuadro radica en los elementos de reciprocidad e identificación individual con el “receptor” de los bienes. Tan pronto como percibimos que otros están haciendo afirmaciones extravagantes o que de alguna manera no se merecen, se rompen las bases para que se distribuya un alto nivel de bienes. La gente necesita muy pocos ejemplos de otros que hagan un mal uso del sistema para reducir su apoyo y restringir las normas de las disposiciones a un mínimo definido. Lo que el liberalismo filosófico traiciona en tales situaciones es una forma de “frialdad” oculta como racionalidad. El apoyo social (en la visión liberal de la justicia) se limita conceptualmente a la distribución de las disposiciones, y no tiene por qué estar inserto en una perspectiva “más cálida” y más amplia de compasión, fraternidad, interés real, orientación y similares. Lo que le falta a la interpretación liberal de la justicia, entonces, es el sentido de comunidad y relación cooperativa que es inherente al concepto de solidaridad.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Jürgen Habermas (1985) considera que la justicia y la solidaridad son dos caras de la misma moneda: la justicia se refiere a los derechos y libertades de las personas autónomas e interesadas, mientras que la solidaridad se refiere al reconocimiento mutuo y al bienestar de los miembros de una población que están conectados en el mundo de la vida. Así pues, el elemento crucial que distingue la solidaridad de la justicia es la atención a los aspectos prácticos y comunicativos del reconocimiento recíproco como miembros de un mundo de vida compartido. Ambos enfoques son necesarios para organizar el sistema de atención sanitaria y social. La evaluación normativa de los arreglos y prácticas de atención de la salud no sólo debe examinar si esos arreglos son justos y equitativos, sino que también debe plantear cuestiones relativas a las funciones, identidades y responsabilidades de los participantes en esos arreglos, es decir, los pacientes, sus familias y los cuidadores profesionales.
Desarrollo
SOLIDARIDAD FAMILIAR
Gran parte del debate de principios del siglo XXI sobre la solidaridad tiene que ver con lo que significa la solidaridad en el contexto de la creciente individualización de la sociedad y el aumento de las reivindicaciones e intereses individuales.
Puntualización
Sin embargo, una cuestión bastante diferente y a menudo descuidada es la interpretación de la solidaridad en el contexto de la atención personal y el apoyo a otros miembros de la familia que necesitan atención. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Este tipo de ayuda y apoyo se denomina “atención informal”, porque ofrece atención de manera no profesional, sin restricciones ni normas establecidas por un organismo central. La solidaridad expresada en esta situación se denomina a menudo “solidaridad familiar”, aunque no son sólo los miembros de la familia los que proporcionan esta atención, sino también los amigos, vecinos y otras personas.
La “solidaridad familiar” se basa en la voluntad de apoyar a las personas vulnerables, y de esta manera es similar a la solidaridad “social” en, por ejemplo, los acuerdos de atención sanitaria y social.
Puntualización
Sin embargo, hay diferencias significativas. Mientras que la solidaridad social se considera una justificación para las contribuciones financieras obligatorias a un sistema nacional de salud y atención social, la solidaridad familiar tiene esencialmente un carácter voluntario.
Otros Elementos
Además, la solidaridad familiar se orienta hacia un otro concreto, mientras que la solidaridad social tiene un carácter impersonal, apoyando el acceso a la atención de la salud en la sociedad en general.
En un pasado remoto, la familia era una institución destinada principalmente a promover la reproducción y a proporcionar apoyo económico con una estructura jerárquica y obligaciones fijas.
Puntualización
Sin embargo, en un pasado más reciente, las relaciones familiares han evolucionado alejándose de estos patrones tradicionales y se han convertido en relaciones afectivas.
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Sin embargo, este cambio de interdependencia no ha dado lugar a una desaparición total de las relaciones de apoyo y asistencia ni de la preparación para ofrecer este apoyo. De hecho, la disminución de la obligatoriedad de este apoyo ha dado lugar a iniciativas individuales para prestar este apoyo sobre la base de la libre elección y la autonomía personal. Es decir, esta manifestación de solidaridad no se basa en la obligatoriedad sino que se apoya en la elección voluntaria y trata de ayudar a las personas necesitadas mediante un servicio concreto y personal. Incluso cuando los individuos se sienten obligados a prestar este apoyo, lo hacen voluntariamente y no porque lo sientan como un deber automático típico de la solidaridad mecánica.
La manifestación de la solidaridad familiar proporciona un fuerte argumento contra la tesis de los autores comunitarios, que sostienen que la individualización de la sociedad ha llevado a una disminución de la orientación hacia los demás y de la preocupación por las personas que necesitan apoyo.
Puntualización
Sin embargo, la medida en que una persona puede prestar atención informal depende de diversos factores sociales y emocionales. Un factor importante es si hay suficiente apoyo para el cuidador informal, no sólo el apoyo emocional de los parientes y amigos, sino también el apoyo profesional que ofrece el sistema de atención de la salud, en particular la atención en el hogar. El apoyo práctico puede aliviar la carga física de la atención. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). También puede ayudar a salvaguardar la solidaridad dentro de la familia y a mantener la contribución de los cuidadores familiares. La asignación de recursos, incluida la asignación de apoyo profesional a los familiares cuidadores, es importante para que éstos puedan practicar la solidaridad sobre la base de la compasión, la responsabilidad y el reconocimiento de las identidades y necesidades.
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El concepto de “solidaridad reflexiva” de Dean es particularmente pertinente en el contexto de las prácticas de atención familiar. Según Dean, desarrollamos una relación inclusiva no porque seamos miembros de un grupo sino por una actitud reflexiva hacia un hipotético tercero. La solidaridad reflexiva significa un reconocimiento del otro en su interpretación de las expectativas del tercio hipotético. De este modo, el concepto de solidaridad reflexiva abre el camino a un tipo de solidaridad inclusiva en el contexto de la salud y la asistencia social. El tercio hipotético puede ser, por ejemplo, una reflexión y un debate continuos sobre lo que es “buena atención” y lo que significa ser un “buen cuidador”.Entre las Líneas En esta reflexión continua no sólo deben participar los cuidadores sino también los receptores de la atención. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Los receptores de los cuidados no deberían ser considerados como portadores pasivos de derechos o meros portadores de enfermedades o discapacidades, sino como ciudadanos con opiniones específicas sobre lo que es “buenos cuidados”. Si bien en el pasado la solidaridad dio lugar a la homogeneización de los servicios de atención sin mucha participación de los destinatarios, la solidaridad “reflexiva” moderna considera a los destinatarios de la atención y a los cuidadores como ciudadanos activos que desean ser incluidos como ciudadanos críticos con sus propias opiniones sobre cómo debe practicarse la solidaridad con el otro.
Otras Cuestiones referentes a Solidaridad en Bioética
CONCLUSIÓN
En resumen, entonces, la solidaridad es un concepto relacional que se asocia con la intersubjetividad, las acciones comunes y las obligaciones mutuas. La solidaridad se basa en la interdependencia fundamental de los individuos y representa una obligación positiva de actuar en nombre del otro. Representa un enfoque diferente del enfoque individualista y basado en los derechos, centrado en la protección de los derechos, la autonomía individual y la “libertad negativa” (el derecho a no ser objeto de injerencia). La solidaridad es abrazada por los filósofos comunitarios que consideran este concepto como una alternativa a la individualización de la sociedad y a la supuesta falta de interés en el compromiso social y político del individuo moderno. Los filósofos liberales rechazan el concepto por ser opresivo y por descuidar la necesidad del individuo moderno de expresar su identidad y tomar decisiones autónomas.
Puntualización
Sin embargo, las nuevas orientaciones de la filosofía muestran que la solidaridad como obligación mutua, por una parte, y la libertad individual, por otra, pueden reconciliarse entre sí.Entre las Líneas En la bioética, la solidaridad tiene especial importancia en los ámbitos en que los individuos dependen unos de otros, como en la salud pública, la atención a largo plazo y las disposiciones de atención sanitaria y social. La solidaridad no puede sustituir la necesidad de proteger los derechos e intereses individuales, pero proporciona un importante énfasis complementario en las obligaciones positivas hacia otras personas, en particular las que necesitan nuestro apoyo y atención.
Revisión de hechos: Robert [rtbs name=”bioetica-y-politicas-publicas”]
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”]Solidaridad en Bioética en Inglés
Una traducción de solidaridad en bioética al idioma inglés es la siguiente: Solidarity in bioethics .
Véase También
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