Teoría de la Natalidad
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Natalidad en Sociologia en Relación a Sociología
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre natalidad en sociologia que se haya en otra parte de esta plataforma online). B. ANÁLISIS SISTEMÁTICO.
La cuestión demográfica ha sufrido muy diversos enfoques, que a lo largo de la historia han condicionado su análisis. Los pueblos antiguos, semitas y arios, subrayaron el punto de vista religioso; la antigüedad clásica, la perspectiva política; la Edad Media, el juicio acerca de la valoración ética de la conducta; el mercantilismo, de nuevo lo político; a partir de finales del siglo XVIII, la dimensión económica; en la reciente década de los años veinte, el aspecto sociológico; y en la década de los años setenta, el punto de vista del desarrollo y bienestar. «Cada grupo de investigadores ha contribuido, por su parte -comenta Gonnard-, a lanzar alguna luz sobre uno de los temas más importantes que el hombre puede considerar. Es útil conocer sus esfuerzos seculares, tanto para evitar sus errores, como para retener esa alma de verdad que casi siempre puede obtenerse de una doctrina humana». De todas formas, y antes de pasar al estudio sistemático de alguna de las doctrinas demográficas, convendrá recordar, siempre según Gonnard, que «la ley de la población es una ley, no sólo fisiológica, psicológica o económica, sino también sociológica; que tal ley se expresa por medio de fórmulas que pueden variar según el medio social; y que depende hoy, ante todo, de ese factor que llamamos civilización».
1. Los clásicos. El primer autor que le da forma, de modo sistemático, al modelo demográfico es Thomas R. Malthus (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), en su libro Ensayo sobre la población (1 ed. 1798; 2 ed. 1803; 5 ed., y definitiva con el añadido del libro V, 1817). Con pocas variantes, y aunque partiendo de enfoques teóricos distintos, este modelo será sustancialmente aceptado por otros economistas clásicos, D. Ricardo y K. Marx, p. ej., y posteriormente por J. S. Mili.
a) Doctrina de Malthus. Resumiendo, el planteamiento malthusiano es el siguiente: el aumento de los salarios provoca un crecimiento de la población; tal incremento demográfico exigirá, a su vez, el crecimiento de los fondos para salarios y dificultará la posterior acumulación de capital en manos de los empresarios, por lo que harán su aparición la miseria y el vicio, puesto que -a su juicio- la acumulación de capital es la fuente única y genuina de inversión; la miseria y el vicio limitarán, en el futuro, el crecimiento demográfico, y el proceso habrá cerrado su ciclo.
Puntualización
Sin embargo, la situación resultante será peor que la primitiva, y las consecuencias morales, desastrosas. De todas formas, señala Malthus, cabe la posibilidad de restringir deliberadamente el crecimiento demográfico fomentando el celibato voluntario y el retraso de los matrimonios, lo que es viable si se mantiene a los obreros a nivel de salario mínimo de subsistencia («moral restraint»).
El modelo malthusiano debe completarse con algunos presupuestos enunciados por Malthus: en primer lugar, que la alimentación es necesaria para la vida del hombre; y además, que las pasiones entre los sexos son necesarias y permanecerán siempre como en el estado presente. También, que la población está fatalmente limitada por los medios de subsistencia, y que crece donde crecen los medios de subsistencia hasta que aparecen las restricciones exógenas al sistema, más arriba apuntadas. Sobre esta base, Malthus enunció su famosa hipótesis de trabajo: donde no actúen las restricciones indicadas, la población tenderá a crecer en proporción geométrica, en tanto que los medios de subsistencia sólo lo harán en proporción aritmética, hasta que se alcance el nuevo punto de equilibrio, en condiciones de pobreza mayor que al comienzo del proceso.
b) Discusión. La crítica al modelo demográfico malthusiano -siempre que se acepte la congruencia de su desarrollo lógico- debe plantearse a tres niveles:1°) Su famosa ley del crecimiento geométrico de la población ha sido desechada por bastantes economistas modernos (Pareto, Gini, Bouthoul, p. ej., y los seguidores de sus teorías). Tales autores sostienen que existe un movimiento cíclico en el crecimiento demográfico, y que Malthus se habría fijado sólo en las tendencias lineales, olvidando las cíclicas. Otros investigadores se han adherido -al criticar a Malthus- a la conocida ley de Verhulst (publicada en 1844), ley que ha demostrado ser, en muchos casos, más exacta y próxima a la realidad quela función malthusiana.Entre las Líneas En efecto, el pensamiento de Malthus se suele expresar según las siguientes formulaciones:P(t) = P(0)eEt (I ) P(t)=P(0) – 21-~ (II)De las dos, la (II) se ajusta mejor a su doctrina genuina. P es la función de la población; t, la variable independiente tiempo; E, la tasa de crecimiento neto de la población, es decir, la diferencia entre natalidad y mortalidad.
Verhulst introdujo en la función exponencial el coeficiente h, que es la cuantificación de los obstáculos al aumento libre del número de habitantes:P(t) =P(p)eE1- – Pz(0)e2Et (III) El máximo de (III) será, después de operar:EP(t) =hlo que demuestra que el máximo de la función de la población es asintótico a una paralela a las abcisas de ordenada E/h. _Cuando no haya obstáculos (h=0), obtendremos la ecuación de Malthus.Si, Pero: Pero de hecho los obstáculos existen, y son de orden muy diverso.
Informaciones
Los demógrafos modernos han podido establecer nada menos que veintidós clases de obstáculos diferentes, unos voluntarios y otros de origen independiente a la voluntad individual (entre estos últimos, el régimen alimenticio, el régimen de vida familiar, la sobrealimentación, los matrimonios tardíos por causas sociológicas, la trasformación del medio ambiental, etc.).
2°) La ley del crecimiento de las subsistencias ha merecido menor atención por parte de los demógrafos y economistas, que, todo lo contrario, más bien temen la crisis del lado de la demanda que por parte de la oferta.
Otros Elementos
Además, se ha comprobado que la oferta de bienes alimenticios no es tan rígida como supuso Malthus, y que no se trabaja necesariamente en tal sector a rendimientos marginales decrecientes (así, Pareto, Naumann, lannaccone, Schumpeter, Messner, Sigmond, Fossati, etc.). Así, p. ej., como ha señalado Colin Clark, en la década de los setenta, cuando la población mundial (o global) crece a un ritmo cercano al 2%, una parte de la población se alimenta ya más de lo necesario. Si tenemos en cuenta que quienes pueden aspirar a una alimentación mejor sólo están dispuestos a destinar a alimentos una parte limitada de su poder adquisitivo, comprenderemos que el actual incremento del 2,5% anual de la producción alimenticias es suficiente. Cuando la tasa llega al 3% aparece inevitablemente el riesgo de excedentes de producción invendibles.
3°) El análisis del consumo, tal como nos lo presenta Malthus, aunque se encuentre en la base de todo su modelo demográfico, contiene en sí algunos elementos aprovechables, como Keynes se encargó de demostrar en 1936. Malthus había descubierto la importancia primordial del consumo en el proceso económico, pero atribuyó gratuitamente toda la importancia impulsora de la economía nacional al consumo de los capitalistas, pues supuso que los obreros, de consumir más, todo lo dedicarían a bienes de primera necesidad (principalmente alimentos), cuya oferta se consideraba entonces rígida. Después de su fracaso en polémica con Ricardo y el triunfo definitivo de la ley de Say, no se volvió a hablar más, en estos términos, del consumo, hasta que Keynes redescubrió la función de consumo y la proporción llamada multiplicador de la inversión.
En síntesis, para Keynes la eficacia de la inversión ( Alen la producción de nueva renta depende -entre otras variables- del nivel de consumo(AY)que, como resulta obvio, varía en buena medida según el volumen total de población, su calidad y su estructura (Y es la renta; I, la inversión; C el consumo, variables, relacionadas mutuamente en la expresión analítica Y= =I+C). Sin pretender una exposición completa del modelo keynesiano, podríamos concluir: a mayor población, mayor «demanda efectiva» potencial; a mayor demanda efectiva, -mayor mano de obra ocupada; cuanto mayor sea el nivel de empleo, mayor bienestar individual y social. Tal tesis se basa en varias afirmaciones de J. M. Keynes (cfr. Teoría General, 11,7), y había sido intuida -paradójicamente- por Malthus (cfr. Primer Ensayo, de la población, c. 5); y su validez teórica implica una revisión a fondo del concepto del dinero y su papel en el circuito económico, nueva doctrina apuntada también por Keynes en 1936.
2.
Más Información
Los optimalistas. Otros economistas y demógrafos, procedentes del área del marginalismo, plantearon la cuestión en términos de óptimo de población según unos recursos dados (Pareto, Car Saunders, Kerr, Pratt Fairchild, Wolfe, Robbins, Landry, Sauvy, etc.). Estos autores propugnaban que la población se mantuviera al nivel más adecuado según los recursos disponibles, llegando incluso a proponer una población estacionaria cuando el desarrollo económico fuera mínimo.
Crítica. Tal actitud resultaría a largo plazo muy peligrosa, porque implicaría un falso equilibrio y no un equilibrio real, como observó Sauvy, uno de sus defensores. «En el orden natural no pueden existir poblaciones estacionarias, en las cuales la natalidad equivalga a la mortalidad. Las poblaciones fijadas estarían sujetas al riesgo más o menos lejano de su extinción» (Livi), vía enjecimiento de la estructura demográfica, que acabaría por deteriorar la tasa neta de reproducción y no garantizaría la renovación de las generaciones (así, Gonnard, Gini, Ferenczi, etc.).
3. Los econometras. Algunos economistas, como tan Tinbergen y otros, han predicado el control demográfico como medio para favorecer la acumulación de capital en las áreas deprimidas, y así poder superar la trampa del equilibrio a bajo nivel. Según tales autores, para romper el círculo vicioso de la pobreza se precisa un «esfuerzo crítico mínimo», un salto vigoroso para el que se necesita una fuerte inversión. Si los empujones al sistema son débiles, se retrocede siempre al punto de partida.
Crítica. Myint ha observado que los supuestos de tal modelo no son reales.Entre las Líneas En efecto: la población tiene un límite físico máximo de crecimiento, alrededor del 3% anual; luego es posible que la renta per capita lo supere. Por otra parte, cuando la renta per capita sobrepase cierto nivel mínimo en que el ahorro es nulo, una proporción creciente de la renta total será ahorrada e invertida.
Detalles
Por último, está todavía por demostrar que los procesosson reversibles, y que sólo se puede romper el círculo vicioso en un gran salto, y no en pequeñas etapas. De todas formas, como sugiere Myrdal, en muchos casos será preciso apelar a la solidaridad internacional, a fin de recabar fondos para la inversión.
4. Los estructuralistas. Lord Boyd-Orr, Director General de la FAO en 1950, señaló que dos tercios de la humanidad sufrían hambre. Tal afirmación, que se basaba -según Colin Clark- en la confusión de dos columnas de una tabla estadística elaborada por la FAO, no fue posteriormente desmentida, e hizo gran fortuna en la opinión pública mundial.
Puntualización
Sin embargo, en 1957 la FAO precisó que sólo la mitad de los seres humanos estaban malnutridos, y añadió que 2.300 calorías diarias eran el mínimo necesario para todo el mundo. Según este dato, un tercio de la población japonesa moriría de hambre, por lo que la FAO declaró, en 1969, aunque sin poder probarlo, que la mitad de la población de los países en desarrollo (no la mitad de la humanidad) estaba subalimentada y sólo un 10-15% padecía hambre.
Crítica. Según Colin Clark se ha exagerado notablemente la extensión de las zonas de hambre en el mundo de hoy. El motivo de tales errores se debe, por una parte, al baremo que se ha tomado como medida: la alimentación del mundo occidental, que está más bien en peligro de sobrealimentación; y, además, a que no se han tenido en cuenta las condiciones climatológicas, el metabolismo constitucional, la clase de trabajo efectuado, etc. Así para los pueblos de baja estatura que -viven en climas cálidos y no se dedican a pesadas labores agrícolas, el mínimo de calorías oscila en torno a 1.600 diarias (en ningún país asiático se necesitan más de 2.000). Así, p. ej., sólo una cuarta parte de la población india se encuentra por debajo de este mínimo. Por otra parte, tampoco -como afirmaba Ehrlich en 1971 (rectificó en 1972)- hay problemas por falta de proteínas de origen animal, que sólo son necesarias, fisiológicamente, en pequeñísima cantidad, y esto por la vitamina Bit que contienen.
Clark asegura que una agricultura desarrollada -según la clasificación que hace de las tierras agrícolas de acuerdo con el clima- podría producir los alimentos necesarios para una población de 47.000 millones de habitantes, según la dieta alimenticia norteamericana; o de 157.000 millones, según la dieta japonesa.
El estructuralista anglosajón puntualiza, además, que el crecimiento demográfico es la única fuerza capaz de trasformar las sociedades primitivas en comunidades modernas; y, al poner en crisis el sistema productivo tradicional y anticuado, le comunica el estímulo necesario para el cambio.
5. Visión de conjunto.
Detalles
Las estadísticas de la ONU estiman una población mundial, en el año 2000, de 6.130 millones de habitantes (cfr. World Population Prospects as Assessed in 1963, «Population Studies» 41, Nueva York 1966), que prácticamente doblaría la de 1970. Ante tales datos, y algunos otros facilitados por la FAO, los especialistas han adoptado dos tácticas distintas. Quienes se han declarado antinatalistas propugnan decididamente el control de la población, como único medio capaz de combatir un hipotético hambre futuro y permitir el desarrollo económico. Otros, de tendencia populacionista, sostienen que no existe tal peligro, ni desde el punto de vista de la alimentación ni del crecimiento económico, y, en verdad, sus razones críticas contra los antinatalistas son muy fuertes y no han podido ser rebatidas seriamente, en diálogo abierto.
Cabe, no obstante, otra posición mucho más audaz y revolucionaria que la defensiva y válida de los populacionistas, con planteamientos teóricos -hasta ahorasólidamente fundados. Según tal doctrina, el crecimiento demográfico, lejos de constituir una preocupación para los políticos y economistas, representaría un bien deseable. Abandonada la población a su espontaneidad -según la cual tiende a crecer cuanto le permitan los obstáculos que siempre se presentan a su aumento-, el desarrollo demográfico constituye el activo más valioso del patrimonio de un Estado, pues es presupuesto de cualquier política a largo plazo de progreso económico, vía demanda efectiva. Las cuestiones a resolver, en tales situaciones, no son más delicadas que en el caso de estabilidad demográfica: p. ej., evitar los «cuellos de botella» para una distribución más racional de la producción; buscar y canalizar las fuentes de inversión, lo que implica y presupone una profunda solidaridad internacional; promover una eficaz política educativa, con vistas a superar arcaicos «tabúes», y provocar la fácil capilarídad social y el trasvase entre sectores productivos; trabajar para alcanzar una urbanización más humana, que evite las megápolis, etc.
Tal actitud implicaría, en el fondo, un cambio radical de las relaciones internacionales, tanto desde su perspectiva política como monetaria. Es un error la política conservadora propugnada por el Presidente Johnson, en junio de 1965: «procedan teniendo en cuenta -exhortaba a los delegados de la ONU- que cinco dólares invertidos en la tarea de limitar la población valen tanto como cien dólares destinados al progreso económico». Aparte la exageración de los datos, la inversión en desarrollo multiplica el crecimiento económico tanto más cuanto mayor es la población que puede consumir. La inversión en control de natalidad disminuye o mantiene el consumo futuro, amén de no garantizar la renovación de generaciones (no se olvide el enorme peso que representan para un país artificialmente envejecido las cargas de las clases pasivas).
Tampoco es exacto que una mayor densidad de población lleve siempre aparejada una tendencia a una pobreza mayor. Hay tres momentos críticos de densidad -como ha establecido Wagemann-: 10 hombres/Km’, 45 h/Km2 y 130 h/Km2, que siempre «han sido presagio de grandes acontecimientos».
Por último, las reales dificultades que actualmente se presentan a muchos países para recabar fondos para inversión proceden más bien de una defectuosa concepción del significado y valor del dinero, que es preciso revisar cuanto antes, liberándolo académicamente de los estrechos moldes del ahorro físico previo y de la reserva material. Esto no implica, necesariamente, una inflación galopante, si se adoptan las adecuadas cautelas.
V. t.: DEMOGRAFÍA; DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIOPOLÍTICO I; ECONOMÍA I y 11; FAMILIA I; FERTILIDAD I; HAMBRE I; POBLACIóN. [rbts name=”sociologia”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre natalidad en sociologia en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
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