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Academicismo

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Academicismo

Origen y desarrollo histórico de las Academias de Bellas Artes. El Jardín de Akademos, a seis estadios de Atenas, lugar preferido para la didáctica de la filosofía platónica, dio inconscientemente su nombre privado a la palabra academia, que en su recto y primitivo sentido viene a significar el de institución consagrada al estudio de una determinada arte o ciencia allí desarrollada bajo principios sistemáticos. Tanto la palabra como la institución cobraron fortuna en la antigua Roma y volvieron a surgir durante el Renacimiento, esta vez referidas de modo principal a la enseñanza de las Bellas Artes, según demuestran la Academia de Milán, parece que fundada por Leonardo da Vine¡, la de los Medici, en Florencia, y la de Perugia. El bajo Renacimiento fortalece la fisonomía didáctica de las academias mediante el establecimiento de la de Florencia, por Giorgio Vasar¡, en 1561,y la inclusión en la Romana y anterior de S. Lucas de todas las menores que existían en la ciudad pontificia, unificación que tiene lugar en 1595. No se ha de olvidar la Academia de Bolonia, la que, realmente, inaugura el espíritu dogmatizador que origina la calificación tantas veces utilizada peyorativamente de a.

En España, la primera idea de establecimiento académico se debe a Juan de Herrera, quien expuso a Felipe II en Lisboa el proyecto de una institución oficial que cuidase de la enseñanza de las Matemáticas y de la Arquitectura militar. Felipe III llevó a cabo la idea exiguamente en su palacio de Valladolid, pero la institución periclitó en tiempos de su sucesor. Más éxito alcanzaban los intentos privados, porque si no se llevó a efecto el programado por Vicente Carducho en el VIII de sus Diálogos, Murillo, Valdés Leal y otros pintores sevillanos sí consiguieron el correcto funcionamiento de una academia de dibujo en la capital del Betis. Aún puede mencionarse la petición que Sebastián Muñoz, Vicente Giner y otros pintores españoles barrocos formularon, sin fruto, para establecer una academia española en Roma.

Puntualización

Sin embargo, estaba reservada a políticas de subrayado propósito centralista el de establecer academias oficiales omnipotentes en el regimiento total de la actividad a que se consagrasen.Entre las Líneas En tal sentido, los discutibles laureles corresponden a dos gobernantes franceses: a Richelieu, que en 1634 y 1637 creó la Academia Francesa, y a Mazarino, autor por semejantes vías de la Academia de Pintura y Escultura en 1648 y 1655. La tercera fundación que nos importa es la de la Academia francesa de Arquitectura, instituida por Colbert en 1671. Este impulso estatal se reflejó en muchas cortes europeas, y la Academia de Bellas Artes de Berlín fue fundada en 1696, la Academia de Dresde en 1697, la de Viena en 1692 y 1705, la de Copenhague en 1738, la de Londres en 1768. La de Bellas Artes de San Fernando, de Madrid, conoció dos etapas: la de la Junta Preparatoria, fundada el 1 sept. 1744, a instancias del artista asturiano Antonio Francisco Meléndez, y la de la Academia propiamente dicha, inaugurada el 13 jun. 1752. Fue, a partir de esta fecha, tan normal como rápida, la eclosión de Academias Provinciales de Bellas Artes.Entre las Líneas En 1766 comenzó su vida la de San Carlos de Valencia; en 1775, la de San Jorge, de Barcelona (dependiente de la Junta de Comercio); en 1782, la de Salamanca; en 1783, la de San Carlos, de México; en 1789, la de Cádiz; en 1797 las de Valladolid y Zaragoza. El decreto de 31 oct. 1849 impuso la unificación y sistematización de régimen de todos estos centros.

Enseñanza académica. Academicismo. Serían largas de narrar, por otra parte, las incidencias, modificaciones y cambios de atribución de cada uno de estos centros.Si, Pero: Pero algo les era común desde el comienzo de sus respectivos funcionamientos, y era la oficialización de la enseñanza de las Bellas Artes, la conversión de su ejercicio en una carrera, con cursos, premios trienales y sistema de pensiones consiguientes.

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Además, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando poseyó durante largo tiempo facultades ejecutivas hoy solo las tiene consultivas sobre la fisonomía y porte de cualquier obra de arquitectura que se realizara en España.Entre las Líneas En suma, la Academia debía tener en sus manos todas las potestades referentes al arte nacional.Entre las Líneas En Francia, p. ej., los gremios de artistas habían mantenido graves y agrias disputas con el organismo gemelo; en España no ocurrió otro tanto porque semejantes gremios habían perdido toda su fuerza desde el advenimiento de los Borbones.Si, Pero: Pero sencillo fue entender que la enseñanza académica, unilateral y en cierto modo dictatorial, no admitía las viejas, cordiales y tradicionales relaciones de taller entre maestro y discípulo, como no toleraba evasiones del sistema preestablecido. Es verdad que la dicha enseñanza no pudo coartar la extremada pujanza de un Goya, pero no es menos cierto que los éxitos académicos del eximio pintor fueron irrelevantes.

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Además, las enseñanzas académicas, padecían del estatismo y conservadurismo burocráticos.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Es ahora cuando conviene definir de una vez el significado de la palabra academicismo: es el estilo internacional que se revela obediente tanto da si se trata de arquitectura, escultura o pintura a los dictados de un programa sistemático, inamovible, impersonal, basado en procedimientos rutinarios y pretéritos.Entre las Líneas En efecto, hay un dibujo académico, ultracorrecto, ansioso de toda la perfección anhelable, pero que, al ser transmitido a modelos no profesionales, resulta ser absolutamente engañoso; hay toda una normativa académica del color, que rara vez se somete a la naturaleza; y hay un concepto académico del retrato, del ropaje, de la composición, etc., siguiendo el cual, en toda su gelidez de aula de enseñanza, sería imprevisible alcanzar ningún renombre. El a., útil y hasta obligatorio para todo artista principiante, abdica de sus valores cuando se empeña en que aquél lo siga ciegamente como dogma estético, y todo el vasto y difuso movimiento plástico que comenzó con el impresionismo (v.) y que no ha concluido todavía es el mejor corolario de lo dicho. La consecuencia es que el aprendiz de artista concurre a la escuela académica en demanda de un determinado número de técnicas y modos profesionales que desconoce, mas, una vez en posesión de ellos, difícilmente se resolverá a guiar su estilo de la misma suerte.

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Fuente: J. A. GAYA NUÑO. GER

BIBL.: J. CAVEDA, Memorias… de la Real Academia de San Fernando, Madrid 1867; F. M. GARIN, La Real Academia valenciana de Bellas Artes, Valencia 1945; C. MARTINELL, La Escuela de Lonja en la vida artística barcelonesa, Barcelona 1951; F. MARÉS, Dos siglos de enseñanza artística en el Principado, Barcelona 1964.

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