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Cosmovisión Andina

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Cosmovisión Andina y la Astronomía Andina

Este elemento es una expansión del contenido de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Nota: véase más información relativa al calendario inca, a los Conocimientos Astronómicos de los Incas o Astronomía Inca y a la diversidad ecológica y cultural del imperio inca (véase más detalles).

Cosmovisión Andina y la Astronomía Andina

En la cosmovisión incaica (y en la práctica social y ceremonial) existía una división clara y bastante marcada, a todos los niveles, entre lo masculino y lo femenino. La Luna era una divinidad femenina, a cargo de un cuerpo sacerdotal compuesto por mujeres. Como los cronistas españoles eran varones y realizaban sus investigaciones sobre las tradiciones incaicas y andinas principalmente entre hombres, hay muy poca información sobre las tradiciones conservadas y gestionadas por mujeres.

La Luna en las cosmovisiones andinas

Aunque el estado inca se llamaba Imperio del Sol, la Luna era, en algunos aspectos, igualmente importante como divinidad en el culto oficial del estado:

“Reconocían en la Luna la divinidad, guiados por la misma razón que les movía a respetar al Sol; esto es, por su admirable belleza y hermosura y por los grandes beneficios que causa en el mundo. La imaginaban como una mujer, y tal era la estatua que tenían en el templo del sol; la cual estaba a cargo de las mujeres que hacían oficio de sacerdotisas; y cuando la sacaban, la llevaban sobre sus hombros.” (Cobo, 1964, Cap. VI], con ligeras modificaciones)

Como atestigua el cronista, el culto a la Luna contaba con un cuerpo sacerdotal exclusivamente femenino, encabezado por la Coya (Quya), principal esposa del soberano Inca. De este modo, la Luna era considerada como la esposa del Sol, y la pareja Sapan Inca-Coya representaba a nivel terrestre la pareja celestial de estos cuerpos celestes.

Esta íntima relación Luna-Coya se manifestaba en varias actividades ceremoniales. Por ejemplo, las momias (¿o representaciones?) de los Coyas se colocaban frente a la imagen de la Luna en el principal templo inca de Coricancha en Cusco. Según los conceptos religiosos incas, la Coya muerta (o más bien, uno de sus componentes espirituales) iba a acompañar a la Luna. Este concepto está documentado en el relato de la ceremonia funeraria de Mama Occlo, la madre del soberano Huayna Capac. Las diferentes fases de esas ceremonias funerarias y conmemorativas duraron casi tres años y medio (más exactamente, 42 meses), incluyendo una guerra de carácter aparentemente ritual. Al final de este periodo, “hicieron un fardo de Mama Occlo y lo pusieron en su casa y pintaron una luna en el lugar donde estaba, como para decir que esa señora iba al sol su padre y que es otra luna y su semejante (. . .)” (Betanzos, 2004 [1551 Parte I, Cap. XLIV], p. 224, con algunos pequeños cambios de estilo).

Otra relación importante parece ser la de la Luna con las aguas terrestres, tanto con los ríos, como con el mar, llamado Mama Cocha (Mama Qucha). Este vínculo se ve claramente en las ceremonias de citua y mayocati.Entre las Líneas En este contexto es significativa la ubicación de dos famosos templos de la Luna (además del recinto de Coricancha):

El templo ubicado en el distrito de Pumac Chupan en el Cusco, cerca de la confluencia de los ríos Tullumayo y Huatanay, donde se realizaba la parte principal de la ceremonia del “mayocati”.Entre las Líneas En el mismo lugar (quizás dentro del templo de la Luna) se guardaban las cenizas de los sacrificios quemados en el Cusco durante todo el año en una estructura especial.

En la isla de Coati, en el lago Titicaca, lugar mítico del “nacimiento de la Luna y su ascenso al cielo en compañía de otros astros”.

Por último, merece la pena dedicar unas líneas a las manchas oscuras de la Luna:

“Para las manchas de la Luna decían otra fábula más sencilla que la de los perros (. . .): dicen que una zorra se enamoró de la Luna, y cuando quiso agarrarla, la Luna la abrazó, y se pegó a sí misma, y que de esto se hicieron las manchas. . .” (Garcilaso, 1608, Parte I, Bk. II, Cap. XXIII, con ligeras modificaciones).

El sexo femenino del animal considerado es bastante inusual, ya que como destacó el Inca Garcilaso en dos ocasiones, se trataba de un zorro hembra, y no de un zorro macho, como podría haberse esperado teniendo en cuenta el carácter femenino de la Luna. Esto podría referirse al aspecto algo andrógino de la Luna, que se manifiesta en algunos datos etnográficos).

Esta es una de las escasas informaciones disponibles sobre los aspectos rituales asociados a la Luna y su papel en la cosmovisión inca. Como ya se ha mencionado, esta falta de datos se debe en gran parte al vacío existente en este aspecto de la mitología y el ritual inca, que era controlado por las mujeres.

Otros Elementos

Por otro lado, está mejor documentada la función reguladora de las fases del ciclo sinódico de la Luna en distintos tipos de actividades sociales, especialmente las enmarcadas en sistemas calendáricos.

Luna y planetas en las cosmovisiones no incas

Entre las aportaciones más valoradas al tema, destaca el clásico estudio realizado por Gary Urton sobre la cosmovisión incaica, basado en primer lugar en la investigación antropológica que realizó en el pueblo de Misminay, en el Cusco, entre 1975 y 1977. La excelencia de este estudio (Urton, 1981) y su amplia difusión, así como las numerosas referencias hechas por otros autores, hicieron que de una manera un tanto automática y acrítica, todos los datos relativos a las cosmovisiones andinas prehispánicas comenzaran a ser analizados según el modelo propuesto por Urton. La denominación del “modelo Misminay” en la literatura significó el olvido de importantes divergencias entre -por ejemplo- las concepciones astronómicas de los pueblos costeños y andinos, algo que es bastante evidente si se tienen en cuenta las diferencias ambientales y climáticas entre la costa y la sierra andina.

Hay que señalar que el propio Urton publicó posteriormente un interesante estudio preliminar sobre el conocimiento astronómico-calendario de las culturas costeñas (Urton, 1982), destacando las claras divergencias respecto a los modelos serranos. Lamentablemente, este trabajo no tuvo la misma repercusión y difusión que su trabajo sobre Misminay y la cosmovisión de los pueblos quechuas. Urton (1982) cita profusamente al cronista Antonio de la Calancha, uno de los pocos autores coloniales interesados en las cosmovisiones de los pueblos costeños. Las referencias astronómico-calendáricas de la crónica de Calancha, aunque relativamente escasas, son de gran interés, ya que se refieren a culturas que fueron contemporáneas de los incas, es decir, las situadas en la costa norte y que forman parte de la tradición Chimú-Moche:

“Los indios de Pacasmayo y del resto de los valles adoraban a la luna como su deidad principal y superior, porque predomina sobre los elementos, cría los alimentos y provoca perturbaciones en el mar, así como truenos y relámpagos.Entre las Líneas En una huaca cercana a su santuario, a la que llamaban Sian, que significa “casa de la luna”, la consideraban más poderosa que el sol, porque éste no aparecía de noche, mientras que la luna podía verse tanto de día como de noche; e incluso en esto los ausentes son desafortunados; y también porque eclipsaba al sol con frecuencia, mientras que la luna nunca se eclipsaba [. . .]. Durante los eclipses de Sol, dedicaban fiestas a su deidad, celebrando su victoria, mientras que durante los eclipses de Luna lloraban mientras realizaban sobrias danzas, manifestando así su duelo (véase más información, y sobre sus dos significados) y acompañando la oscuridad con el luto.”

(Calancha, 1638, Vol. 4, Libro II, Cap. II, pp. 12-13, con algunos pequeños cambios de estilo)

La Luna tenía sus propios templos, mientras que el cronista no menciona ningún lugar dedicado al Sol:

“Sian era el templo de la Luna y el primer día de luna nueva se realizaba el mayor sacrificio, constituido por comida, bebida, animales y aves. Cegados por su religión, sacrificaban a sus hijos, considerándolos entonces como deidades y adorando sus ropas como reliquias; tan grande es la ceguera de estos idólatras y la opresión en que los mantiene el Diablo.Entre las Líneas En los muchos aposentos de esta huaca, como si fuesen su propio domicilio, había demonios que conservaban su señorío aun después que aquellos valles fueron poblados por los españoles [. . .].”

(Calancha, 1638, Libro II, Cap. IV, p. 29, con algunos pequeños cambios de estilo)

El período en que se producía la conjunción de la Luna estaba especialmente marcado por, entre otros actos, el sacrificio de niños:

“Los indios de las llanuras creían que cuando la Luna no aparecía durante esos dos días, viajaba al mundo exterior para castigar a los ladrones muertos, vicio que era el más odiado. Sacrificaban a la Luna niños de cinco años, que eran colocados sobre algodón de colores y acompañados de chicha y frutas.”

(Calancha, 1638, Libro II, Cap. II, p. 13, con algunos pequeños cambios de estilo)

La Luna tenía “mujeres elegidas” o acllas, dedicadas a su servicio: “Tenían vírgenes [como nuestras monjas] que se dedicaban a la Luna, imitando a las del Cuzco, consagradas al Sol, que se llamaban acllascas” (Calancha, 1638, Cap. II, p. 18, con algunos pequeños cambios de estilo).

A juzgar por el extracto que sigue, al menos algunos de los lugares de culto a la Luna estaban situados en cerros:

“Desde los cerros y huacas distantes de Guadalupe (como el cerro cercano a Chocope, y el llamado La Canpana, entre otros), oí fuertes ruidos de tambores, instrumentos musicales de los indios, en tonos sombríos, tristes y afligidos. Algunos que han prestado atención a este ruido y cuidado de esta singularidad, han advertido que este triste rumor y sombrío tamborileo sucede en las noches de conjunción lunar y al preguntarles por la causa, los indios mayores dicen que los Demonios están llorando, y que era en una noche de conjunción y luna nueva cuando se les adoraba y se les ofrecían sacrificios, pero cuando la Virgen María los desterró, ya no se les adoraba ni servía.”

(Calancha, 1638, Cap. IV, p. 29, con algunos pequeños cambios de estilo)

Algunas estrellas eran veneradas junto con la Luna, especialmente el Cinturón de Orión (entonces llamado “Las Tres Marías”):

“Tenían como deidades dos estrellas llamadas Pata, que nosotros llamamos las Marías, y muchos indios cuentan (y muchos quizás lo creen) que la estrella del medio es un ladrón, un malhechor y un villano, al que la Luna quería castigar por lo que envió junto a las otras dos estrellas para que lo agarraran (ese es el significado de Pata) y lo llevaran donde sería comido por los buitres. Estos buitres están representados por las cuatro estrellas que están debajo de las Marías, mientras que las otras siete estrellas representan el recuerdo de la culpa y el castigo ejemplar infligido al ladrón.”

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(Calancha, 1638, Libro II, Cap. II, p. 13, con algunos pequeños cambios de estilo)

Sin embargo, Calancha no proporciona ninguna información directa sobre la observación de los planetas por parte de los pueblos de la costa norte.

Utilizando la evidencia de Calancha, así como el trabajo antropológico realizado por Gillin (1947) con los pescadores de Huanchaco, Urton propuso en 1982 las siguientes direcciones para futuros estudios:

“A partir de nuestro estudio, nos lleva a hipotetizar que, a lo largo de la costa peruana, las orientaciones incorporadas en la arquitectura pública podrían incluir los puntos de salida y puesta de las Pléyades, la Cruz del Sur, el Cinturón de Orión, y el sol cenital y nadir (todo lo cual cambiará con la latitud).”

Combinando los datos etnográficos con la información de las crónicas, Urton propuso, en 1982, una reconstrucción aproximada del calendario costero, basada en las observaciones estelares. Las fechas de inicio y finalización de este calendario corresponden, respectivamente, a la salida y puesta helíaca de las Pléyades. Estas fechas delimitaban la temporada principal de actividades pesqueras (de finales de noviembre a junio) y el inicio de la temporada agrícola. Durante el período colonial, y dentro de un proceso de sincretismo religioso, la observación práctica del cielo pudo haber sido -al menos parcialmente- sustituida por las festividades cristianas: la Fiesta de San Andrés Apóstol (30 de noviembre), la Fiesta de la Cruz (3 de mayo) y la Fiesta de San Pedro (29 de junio).

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

A la evidencia del conocimiento astronómico-calendárico de las sociedades costeñas del norte, hay que añadir los limitados datos de los aymaras del altiplano boliviano. El problema de las características del conocimiento aymara en la materia y sus similitudes, pero a la vez diferencias, con los de los incas, ha sido tratado en otro lugar, por la literatura, en el segundo decenio del siglo XXI. A estas observaciones se puede añadir la única referencia exacta a los nombres propios de otros planetas distintos de Venus: Marte-Nina-kampu (tarántula de fuego) y Júpiter-Jillikhana (luz brillante). Lamentablemente, el autor del texto no especifica dónde o en qué condiciones obtuvo esta información.

La luna y los planetas en las culturas preincaicas

Esta subsección se centra en las evidencias arqueológicas e iconográficas relacionadas con la Luna y los planetas de las culturas preincaicas. La información sobre las culturas andinas de las que existen algunas referencias históricas puede ser utilizada para la interpretación del registro arqueológico.Entre las Líneas En el caso de las culturas sin datos históricos directos, los historiadores deben limitarse al estudio de la iconografía y la orientación de algunas estructuras monumentales.

En teoría, los datos más interesantes, sobre todo los iconográficos, deberían proceder de tres culturas: Tiahuanaco, Nasca y Moche.

Seguramente la más investigada desde este punto de vista (al menos, durante un tiempo) fue la cultura Tiahuanaco, en particular una de sus obras maestras, la Puerta del Sol. Desgraciadamente, lo que se ha escrito sobre este tema está lejos de representar un nivel académico aceptable (compárese por cierto con el famoso trabajo de Edmund Kiss publicado en 1937). Con tales antecedentes, no es de extrañar que los estudiosos modernos prefieran evitar los temas astronómicos en sus investigaciones en el campo de la iconografía de Tiahuanaco.

Otro tema muy controvertido es el de la interpretación calendárico-astronómica de los famosos geoglifos de Nasca y de parte de la iconografía de esta cultura. El tema ha despertado mucha discusión y controversia, el estado de los avances sobre el tema ha sido presentado en otro texto. Con el tema de los geoglifos figurativos viene el problema de la iconografía, que trae un obstáculo importante: la representación en el arte Nasca de motivos asociados, clara e inequívocamente, a cuerpos celestes es, a primera vista, muy limitada, si es que no existe.

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Por último, los estudios más avanzados y fiables parecen ser los relativos a las representaciones astronómicas, entre otras de la Luna, en la iconografía moche. La divinidad femenina de la Luna sobre una balsa en forma de media luna y el famoso “animal lunar” (Fig. 12), identificado por C. Mackey y M. Vogel como el gato montés conocido como colocolo (Oncifelis colocolo) son los mejores ejemplos.

A estas evidencias del conocimiento astronómico-calendario de las sociedades costeñas, hay que añadir otra, relativa a las observaciones horizontales del Sol con fines calendáricos. Esta función ha sido comprobada por los recientes estudios arqueo-astronómicos de Iván Ghezzi y Clive Ruggles en el sitio de Chankillo en el valle de Casma. Cabe destacar que Chankillo -contemporáneo a las fases tempranas de la cultura Nasca (alrededor de 230 a.C.)- es, hasta el momento, el único monumento de la costa peruana que puede considerarse sin duda como un observatorio astronómico preciso. Aunque Chankillo está dedicado principalmente a la observación del Sol, Ghezzi y Ruggles han identificado posibles alineaciones lunares, sugiriendo que las ceremonias relacionadas tanto con el Sol como con la Luna podrían haber tenido lugar en la Luna llena más cercana al solsticio de diciembre. Estas alineaciones se producen en edificios de carácter ceremonial o defensivo, lo que plantea cuestiones sobre la relación del ciclo lunar con la guerra.

Datos verificados por: Dewey

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Recursos

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Véase También

Ciencia Planetaria, Espacio Exterior,

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