Alianza Indígena con los Conquistadores (Españoles)
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Yanaconaje y Reforma Agraria en Perú y Bolivia
Etimología. Palabra de origen incaico que deriva de la voz quechua “yana”, definida por Diego Gonsales de Holguin como: “Criado, mozo de servicio” (Vocabulario de la lengua general de todo el Perú llamada Quichua, 1608, Universidad de San Marcos, Lima, 1952).
Definición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). El Diccionario de la Real Academia (1970) define yanacona: ” (voz quechua), l. Dícese del indio que estaba al servicio personal de los españoles en algunos países. 2. Bolivia y Perú: indio que es aparcero en el cultivo de la tierra.”
En el “Glosario de voces indígenas” a cargo de A. Rosemblat y adjunto a la edición argentina de los Comentarios Reales de los Incas, del Inca Garcilaso de la Vega (Emecé ed., Buenos Aires, 1960, pág. 333) se define: “Del quechua ‘yana’, criado, siervo y ‘cuna’, desinencia de plural. La historiografía española ha adoptado la forma yanacona. Bajo el régimen incaico los yanaconas constituían la última casta de la población, especie de esclavos por nacimiento, procedencia o castigo por algún delito (se distinguían de los libres por la manera de vestir). Bajo el régimen colonial se llamó así a los indios de servicios. Hoy en el Perú y Bolivia yanacona designa al indio arrendatario o aparcero. (…) Se formó un masculino analógico: “yanacón.”
Historia. El significado del término “yana” o “yanacona” durante los períodos incaico y colonial en los actuales países de Bolivia y Perú permanece aún poco explicitado.
Los “yanas” en el Imperio Inca constituían una categoría particular de sirvientes, en el sentido más amplio, al servicio de los nobles (Orejones). Alfred Metraux, en su libro Les Incas (ed. Seuil, París, 1966, págs. 9798), caracteriza los “yanas” como: “… Una categoría de personas de status social poco claro y muchas veces contradictorio; que se presenta sea como verdaderos esclavos o como funcionarios privilegiados. Arrancados de sus comunidades, estos yanas dependían por completo de quienes servían. Algunos eran cautivos de guerra, otros eran criminales o parientes de criminales que, como consecuencia de la responsabilidad colectiva, habían sido reducidos a esa condición. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Empero, la mayoría de los yanas eran jóvenes que entregaban las comunidades rurales al Inca o a sus representantes en calidad de sirvientes.
Muchos se convertían en ‘valets’, guardias personales o portadores del palanquín del Inca. Otros cumplían funciones similares para los gobernadores o les ayudaban en sus tareas administrativas. Gracias a su cercanía a todopoderosos, unos pocos hacían carrera y accedían a puestos importantes. Algunos recibían mujeres en recompensa de su celo, y, aun, otros yanas para que les sirvieran. Desgraciadamente no sabemos casi nada de estos ‘parvenus’ […] Sin embargo, los yanas privilegiados eran una excepción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). La generalidad, instalados en las propiedades privadas del Inca o de los nobles, estaban ligados a la gleba de la misma manera que los ‘colonos’ en las haciendas del Perú Moderno. ”
Para A. MüllerDango (Sozialpolitik im InkaStaat, Dortmunt, Universitat Münster, 1968) los yanaconas eran una categoría de hombres carentes de libertad, que habían entrado en esa condición en sus comienzos, en tanto que prisioneros de guerra y, más tarde, por el tributo que están obligadas a entregar las poblaciones conquistadas por los Incas. Los yanas eran empleados como fuerza de trabajo en las tierras hereditarias o en posesión de los nobles y los sacerdotes, así como en el servicio doméstico. (ver también: GodClier, M. : “De la non correspondance entre formes et contenus sociales, nouvelles reflexions sur l’exemple des Incas”, en Horizon, trajets marxistes en anthropologie; Máspero, París, 1973, pág. 345).
MüllerDango cree poder distinguir entre estos yanas carentes de libertad, cuya situación social era hereditaria, constituyendo por lo tanto un estamento de siervos, de aquellos yanaconas hijos de los jefes locales que entraban voluntariamente al servicio de la nobleza imperial (Idem., págs. 71 y 192).
De esta manera habrían existido dos categorías bien diferenciadas de yanaconas. Los primeros, de rango inferior, sometidos directamente a sus señores eran dedicados al cultivo de las tierras que habían recibido los nobles en retribución de sus servicios al Inca. Estos trabajadores eran prelevados de sus comunidades de origen por los funcionarios estatales como una forma de tributo al Inca. Los segundos, hijos de los jefes locales de los pueblos conquistados, podían entrar voluntariamente como yanaconas y asistían a la escuela del Cuzco, junto con los hijos de los nobles. Posteriormente entraban como sirvientes de un cierto rango social (“Knappendienst”, según MüllerDango) de algún Orejón. Estos últimos podían recibir, en determinadas circunstancias, responsabilidades administrativas auxiliares en el Estado y hasta el cargo de jefe de su propia provincia de origen.
Para MüllerDango la ambigüedad del término yanaconas (esclavos o altos funcionarios) se originaría en el hecho de que en el Imperio Inca poseía varios significados y que los cronistas de Indias no especificaban al utilizarlo (ídem, pág. 192). Esta interpretación se apoya en la definición que da Juan de Velasco (Historia del Reino de Quito en la América Meridional; Quito, 1841, Tomo 2, libro 2, pág. 44): “Yana en la lengua del Perú tiene diversos significados, y entre ellos el de criado o sirviente [. Todos aquellos que libre y voluntariamente se aplican a servir a otros, se denominan yanaconas [.. ] y se denominan también con el mismo nombre los que están puestos a servir en castigo de una grave culpa.”
En el siglo XVI los colonizadores españoles adoptaron la palabra yanacona conservando su significación más general de sirviente. El Inca Garcilaso de la Vega (en la obra citada, Tomo 2, Libro VIII, pág. 212), explica: “Las minas del cerro de Potosí las descubrieron ciertos indios criados de españoles, que en su lengua llaman yanaconas, que en toda su significación quiere decir hombres que tienen la obligación de hacer oficio de criados. ” Sin embargo, a pesar de la semejanza aparente con los yanas del Imperio Inca, y como consecuencia de la destrucción de la sociedad incaica durante la conquista con su posterior restructuración colonial, la categoría social real que este término recubre en el período colonial difiere enteramente.
Juan de Matienzo, en su libro Gobierno del Perú, 1567 (“Travaux de l’Institut Frarn;ais d’Etudes Anclinnes”, Tome XI, ParísLima, 1967, págs. 2531) describe: ‘Hay en este reino del Perú otra manera de indios que se denominan yanaconas: éstos son indios que ellos, o sus padres, salieron del repartimiento o provincia donde eran naturales, y han vivido con españoles sirviéndoles en sus casas, o chácaras y heredades, o minas […] Presupónese que hay cuatro maneras de yanaconas […]. Los primeros, que sirven en chácaras de pancoxer, se ocupan en arar, sembrar y cocer el pan de trigo, cebada o maíz, o papas, o chuno, suyo y de sus amos. Dije suyo porque cualquier yanacona de los que hay en chácaras tiene en ellas sus tierras que les dan sus amos, en que siembran maíz o papas para sus comidas, y algunos para vender a otros […]. Los segundos que son los que los españoles tienen en sus casas y se sirven de ellos en la caballería, o acompañamiento, o en trajinerías, que es ir con caras de carneros de la tierra a Potosí o a otras partes […]. La tercera manera de yanaconas son de los que están en las minas de Potosí o Porco, que luego que se descubrió Potosí se solían encomendar y daban cada semana un tan toma sus amos […] Los otros yanaconas que están en los Andes en beneficio de la coca […]. ”
En las primeras décadas de la conquista y colonización el yanaconaje se convirtió en una forma bastante generalizada de supeditación directa y personal de la población indígena por parte de los conquistadores. Se entregaban a los españoles una cierta cantidad de trabajadores indios que eran sacados de sus comunidades con sus familias, entrando bajo el dominio directo de su amo. Por el intermedio de esta forma de trabajo, bastante cercana a la esclavitud a pesar de que Matienzo (en la obra citada, pág. 30) la compara a los “vasallos solariegos” en España se lograba la apropiación de un sobre trabajo, o sobre producto, de la población indígena, necesario para la subsistencia de los españoles.
Según el historiador G. Kubler (“The Quecha in the Colonial World”, en Handbook of South American Indians, Smithsonian lnstitution, J. Steward ed., 19461950, Vol. 2, pág. 378): “En el siglo XVI los yanaconas conformaban un proletariado (la clase obrera industrial; el término pasó a ser de uso general después de que se popularizara en los escritos de Karl Marx) desarriagado y flotante. ” La categoría social de los yanaconas se distinguía del resto de la población indígena colonial los “hatunrunas” por estar desligados de las estructuras tradicionales indígenas mantenidas por los colonizadores, las comunidades rurales, que servían de mediación a la dominación del Estado imperial español sobre la población conquistada.
Durante las primeras décadas de la explotación minera del cerro de Potosí los yanaconas parecen haber ocupado un puesto particularmente importante como trabajadores voluntarios (según Matienzo, en la obra citada, pág. 28) que recibían una remuneración consistente en el polvillo del metal (véase definición, y una descripción de metal) precioso que queda luego de la extracción principal. La condición social de estos trabajadores, que según algunas descripciones se contaban en varios miles en Potosí, es poco clara.
La creación de nuevos yanaconas fue prohibida definitivamente por la Corona en 1571. “La consecuencia de esta reglamentación fue el retorno progresivo de la casta de los Yanaconas al status de mitayos que pagaban tributo, el nombre sobrevivió solamente en sentido limitado y particular en las posteriores décadas del período colonial. ” (Kubler, G., en la obra citada, pág. 378).
Significado contemporáneo. El término yanacona pertenece al léxico agrario de Bolivia y Perú. De manera general se llamaban yanaconas o “colonos” a determinado tipo de trabajadores de las grandes propiedades territoriales de algunas provincias de los dos países mencionados, que devengaban una renta en trabajo para el hacendado. Estos trabajadores residían dentro de las “haciendas”, en lotes de tierra adjudicados en posesión (usufructo), donde efectuaban una producción destinada a la reproducción de la familia campesina. Sometidos a una relación semi servil de dependencia personal, estos trabajadores estaban obligados a trabajar gratuitamente para el terrateniente. Esta utilización general del término la encontramos en M. Vazques (Hacienda, Peonaje y Servidumbre en los Andes Peruanos, ed. Estudios Andinos, Monografía No. 1, Lima, 1961, pág. 27): “Los peones, peonada, gente, indiada, pamperos, faeneros, aguatitis, arrendiris, yanaconas, o colonos, así llamados de acuerdo con las regiones, prestan servicios para la hacienda o el patrón bajo las siguientes condiciones: los jefes de familia inscritos como peones o ‘colonos de línea’, en los registros de la hacienda, realizan obligatoriamente servicios personales gratuitos para el hacendado por un determinado número de días denominados “faenas”, “tareas” u “obligaciones” y que son cumplidos con un trabajo de una semana por otra de descanso o tres días semanales, o, en forma temporal durante las épocas de cultivos, cosechas, trasquile, rodeo, etc. Las prestaciones de servicios no son solamente personales, sino que lo hacen aportando sus propias herramientas o animales. ”
M. Gutelman y A. Metraux en su artículo sobre Les communautés Rurales au Perou (“Etudes Rurales”, París, núm. 10, juilletsept. 1963) consideran que esta utilización del término es errada, en cuanto sustituye “yanaconaje” por “colonato”, pero frecuente en algunas zonas del Altiplano (Ver también: “Comité Interamericano de Desarrollo Agrícola. Tenencia de la tierra y desarrollo socioeconómico del sector agropecuario en el Perú”, Unión Panamericana, Washington, 1965.) Para estos dos autores, el yanaconaje “corresponde en sentido estricto de la palabra, a una forma de contrato muy especial, aunque imperfectamente conocido”. Se trataría de un contrato de carácter triple entre el trabajador y el terrateniente: “El yanaconaje comprendería entonces tres contratos distintos. Primero, un contrato de locación por el cual el hacendado entrega al yanacona una o varias parcelas de tierra para que las cultive; se determina el monto de la locación y su duración. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En segundo lugar, un contrato por el cual el hacendado entrega al yanacona el material y la totalidad o una parte de las simientes necesarias para el cultivo. El material debe ser pagado por el yanacona en el momento de la cosecha y con productos de ésta; el monto a pagar se determina en el momento de la conclusión del contrato.Entre las Líneas En tercer lugar, un contrato de venta de productos: el yanacona está obligado a vernier al hacendado el producto de su parcela a un precio fijado por el patrón [.. ] Además sucede a menudo que el yanacona debe comprometerse con la limpieza de canales (véase qué es, su definición, o concepto, y su significado como “canals” en el contexto anglosajón, en inglés) de irrigación de la hacienda, preparación de las tomas de agua, etc. ” (Metraux y Gutelman, en la obra citada, págs. 21-24), Hildebrando Castro Pozo (El yanaconaje en las haciendas piuranas, ed. Impresiones y Publicaciones Azangaro, Lima, 1947) considera que el yanaconaje es una sobrevivencia colonial pero que, sin embargo, en el Valle del Piura (Perú) “ya no revista los mismos caracteres que en la época de la Colonia y las primeras décadas de la República” (pág. 24).
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
En esta zona el yanaconaje se extendió con la introducción del cultivo de arroz para la venta en los grandes mercados nacionales y extranjeros. Esta forma de trabajo, en su variante más reciente, se implanta en el valle del Piura como una modalidad, al principio, de inversión no monetaria que efectuaban los terratenientes debido a la falta de capitales y a las sumas de dinero considerables que implicaba la reconversión y preparación de las tierras para el cultivo de arroz. El campesino recibía del terrateniente una determinada extensión de tierra que debía desenmontar, preparar acequias y sangraderas, etc., por su propia cuenta.Entre las Líneas En contrapartida, se comprometía a entregar un determinado canon de renta en arroz, por cada cuadra de tierra recibida del propietario. El terrateniente facilitaba algunos instrumentos de producción al yanacona (yuntas, arados, rastra, etc.) por los que éste pagaba una determinada cantidad de arroz.
Además, el campesino se comprometía a apilar el arroz que le quedaba en la hacienda y a conservar los canales, acequias y tomas de agua. [rtbs name=”crisis-del-agua”] (Castro Pozo, H., en la obra citada, págs. 2425).
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Posteriormente, de una modalidad de inversión no monetaria, el yanaconaje se mantiene para el cultivo del arroz.
En el valle de Chancay (Perú) se extiende igualmente como una forma de inversión no monetaria, con el paso del cultivo de la caña de azúcar al algodón. El yanacona, que por lo general era un antiguo peón de la hacienda durante el cultivo de la caña de azúcar, recibía una parcela de tierra con la obligación de sembrar algodón, pagando al terrateniente el 20 por ciento de la cosecha total en especies. Por lo general, el hacendado otorgaba préstamos a los yanaconas para semillas, abonos, salarios de los peones que éste contrataba, etc. (Matos Mar, J. : “Las haciendas del valle del Chancay”, en: Les problemes agraires des Amériques Latines, Centre National de la Recherche Scientifique, París, 1963, págs. 340341). Esta última variante del yanaconaje se aproxima bastante a las formas clásicas de la aparcería.
El yanaconaje, en sus diversas modalidades, fue enteramente suprimido con la reforma agraria boliviana y la peruana en 1952 y 1969, respectivamente. [1]
Los Indios Yanaconas
Recursos
[rtbs name=”informes-jurídicos-y-sectoriales”][rtbs name=”quieres-escribir-tu-libro”]Notas y Referencias
- Andrés Guerrero (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.
Véase También
Bibliografía
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