Características de la Filosofía de Descartes
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Filosofía de Descartes en Relación a Filosofía
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre filosofía de descartes que se haya en otra parte de esta plataforma online). 4. San Agustín y Descartes. Cuando Arnauld leyó la argumentación en torno al «yo pienso», se apresuró a comunicar a su amigo que hallaba un precedente en S. Agustín. A Descartes no le satisfizo esta alusión. No necesitaba ser avalado por el prestigio del obispo de Hipona; era muy consciente del papel que le correspondía en la historia del pensamiento. Alegó que S. Agustín lo utilizaba con propósito distinto para demostrar la presencia de la Trinidad en el alma. Mientras que para él era un principio metódico. Descartes da ciertamente al cogito un alcance que no le atribuye S. Agustín, haciendo de él un principio total de filosofar y abriendo así la vía al racionalismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). De todas maneras puede recordarse que S. Agustín se sirvió de su «dudo, luego existo» para demostrar la existencia del alma, de Dios y del mundo como lo hizo el mismo Descartes (cfr. Gilson, o. c.).
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Más Información
Las ideas. Pueden ser innatas, adventicias y facticias. Innatas son las que se poseen sin el recurso de la experiencia. Adventicias las que tienen su origen precisamente en ella. Las facticias son las producidas arbitrariamente por el propio espíritu. ¿Cuáles se poseen sin necesidad de referirse al mundo exterior? Las del «cogito», de Dios y de la extensión. Visto como se llega al yo inmanente nos quedan por analizar las ideas de Dios y de extensión.Entre las Líneas En la captación problemática de mi ser personal, advierto que sobre éste gravita la duda. La duda reclama para su definición lo indudable, lo seguro, lo perfecto. Dudar implica lo no dudoso. Existe en mí esa idea de perfección implícita en la duda. Pues bien, una idea de dicha naturaleza debe tener una causalidad proporcionada, es decir, perfecta. Es un argumento que se basa en la causalidad externa, en un cierto ejemplarismo ontológico. Como una consecuencia de esta primera prueba, se sigue la segunda, fundada en la imperfección del yo, que no puede haber producido algo que le exceda en su naturaleza. El argumento ontológico, tercero, cierra la serie de posibles demostraciones. Del análisis de la idea del ser perfecto, necesario, se sigue que constituiría una imperfección, algo contradictorio, su inexistencia. Se mantiene así en la tradición que inauguró S. Anselmo de Canterbury (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Habla también D., en relación con nuestras incertidumbres, de un genio maligno que tal vez nos engaña. Dios mismo no puede engañarnos porque dejaría de ser Dios; ahora bien, es posible la existencia del mencionado genio maligno. De ahí, precisamente, la necesidad de las pruebas de la existencia de Dios.
La idea de extensión es también innata. La extensión consta de partes, tal como lo vemos en las figuras geométricas, que son independientes de la experiencia. Si bien en la filosofía tradicional se entendía que las matemáticas pertenecían al segundo grado de abstracción, en el que se retenía la cantidad extraída de los cuerpos sensibles, Descartes convierte todo el saber geométrico en algo a priori. Si es de por sí independiente de la materia, algo propio del espíritu se adecúa perfectamente a éste, es decir, es una idea innata.
6. El mundo material.Entre las Líneas En la idea de extensión hay un adelanto del mundo material, como el laboratorio de observación es la conciencia, habremos de hallar en ésta el dato indicador de su existencia.Entre las Líneas En efecto, observamos que no todos los objetos de conciencia están dotados de la claridad propia de las ideas innatas. El mundo exterior no es algo de naturaleza espiritual, forjado exclusivamente por el yo, sino que debe ser causado en algún modo desde fuera. ¿Cómo se realiza este influjo causal? Descartes no aporta una solución ampliamente satisfactoria. De todos es sabido que su planteamiento deja abierto, entre otros, el problema de la comunicación de las sustancias. Consiste el problema en explicar cómo dos modos de ser, de suyo tan distintos (la realidad pensante y la realidad extensa), pueden entrar en conexión. Con nuestro conocimiento del mundo material, ingenuamente aceptado hasta la filosofía moderna con algunas excepciones, entra en crisis. Sostiene, con cierta timidez, que la comunicación se efectúa a través de la «glándula pineal», pero con ello sigue en pie el problema de la comunicación. Malebranche recurrirá después al ocasionalismo; Leibniz, a la armonía preestablecida; Spinoza, a la sustancia única con dos modos: extensión y pensamiento.
¿Cuál es la esencia de ese mundo material, exterior? La extensión, el constar de partes reales. Descartes divide las sustancias en pensamiento y extensión (res cogitans, res extensa). Todos los restantes accidentes que reconocía la metafísica son vacuos (cualidad, hábito, acción, pasión, etcétera). La misma cantidad o extensión se convierte en un modo sustancial más que en un accidente. Solamente existe en el mundo físico la extensión y el movimiento. La teoría, vieja por lo demás, que reduce los cambios a lo cuantitativo se conoce con el nombre de mecanicismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).Si, Pero: Pero el mecanicismo de Descartes es geométrico, es decir, deja de lado todas las cualidades sensibles que no sean pensables geométricamente, o sea, la extensión y el movimiento.
Otros Elementos
Además, este mecanicismo cartesiano se diferencia del atomismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) antiguo al estimar que todas las variaciones del mundo material se realizan de acuerdo con unos límites iniciales de extensión y movimiento establecidos por Dios. Galileo y algunos científicos partieron del postulado de la regularidad y simplicidad del comportamiento de la Naturaleza: el movimiento uniforme, el movimiento uniformemente acelerado. La Naturaleza es como un libro en el que Dios lo hubiese escrito todo con la máxima claridad, es decir, un mundo en sumo grado racional.
7. Psicología. La teoría cartesiana de la vida es también mecanicista. Lo es de modo total respecto a plantas y animales, que son puros autómatas, pertenecen a la realidad extensa y carecen de la más mínima realidad pensante (es decir, no tienen siquiera verdadera sensación).Entre las Líneas En cuanto al cuerpo humano, sus movimientos son también mecánicos, aunque mucho más pequeños y complejos que los de las máquinas (los elementos corporales que causan los movimientos del cuerpo humano son llamados «espíritus animales»). Ahora bien, el hombre es para Descartes más que cuerpo; en cuanto piensa y habla, es alma, la cual es ya una realidad irreductible al cuerpo y distinta de él. Esta imagen escondida del hombre lleva a Descartes al problema de la comunicación de cuerpo y alma, al que ya nos hemos referido.
8. Ética provisional. No llegó a presentar una visión ética completa. La ética es provisional y está contenida en el Discurso del método, 111, y confirmada por las Cartas a la princesa Isabel y por el Tratado de las pasiones.Entre las Líneas En tres principios puede resumirse: 1) atenerse al uso de cada país, a la observancia de las normas políticas y religiosas de cada Estado; 2) armarse de resolución para seguir aquellos juicios que la conciencia propone; 3) vencerse a sí mismo más que confiar en la fortuna, o en los acontecimientos externos sobre los que no cabe control alguno.
Se llama provisional porque así como en el saber es preciso superar la duda, en el obrar no caben dilaciones: se actúa como si fuesen válidos los postulados. Cuando el hombre yerra se debe a que otorga su asentimiento a juicios sobre cosas que no son evidentes, claras.Entre las Líneas En cuanto se ve con claridad, se asiente necesariamente. La posibilidad de errar se fundamenta en el libre albedrío: cabe una suspensión del juicio, como ha hecho Descartes con la duda metódica, como cabe correr el riesgo de asentir y equivocarse. Lógicamente, el más alto grado de libertad consiste en formular positivamente el juicio cuando las ideas son claras y en abstenerse en el caso de que sean confusas. El problema de la libertad le lleva a encararse con la debatida cuestión de la «ciencia media», o dicho de otra manera, cómo actúa Dios en los seres cuando la naturaleza es racional y libre. Se acerca a la solución de Molina (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) al apreciar una voluntad absoluta, por la que quiere que todo suceda como ha sucedido, y otra relativa, por la que quiere que se alcance mérito o demérito según la conducta de cada hombre. No deja de ser la solución un describir los términos del problema más que el solventarlos.
9. Las pasiones. Uno de los problemas que se siguen de la separación de las sustancias es de carácter psicológico: ¿Cómo puede repercutir el cuerpo sobre el espíritu, o el espíritu sobre el cuerpo? La respuesta se llama pasión. Ya vimos anteriormente que se llega al conocimiento del mundo exterior al observar las perturbaciones que impiden la claridad en la órbita de la conciencia. Ello nos hacía suponer una causa exterior, ajena al espíritu, que es luz y diafanidad.Entre las Líneas En el Tratado de las pasiones, 27, se las define del siguiente modo: «luego de haber considerado en qué se diferencian las pasiones de todos los demás pensamientos del alma, me parece que, en general, se las puede definir como aquellas percepciones, sentimientos o emociones del alma, que se refieren particularmente a ella y que son causadas, mantenidas y fortificadas por algún movimiento de los espíritus».
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Pormenores
Hay varios puntos a desarrollar en esta definición: 1) qué es eso del movimiento de los espíritus que causan y mantienen las pasiones; 2) por qué son percepciones; 3) qué significa ese carácter de referirse al alma misma. Las pasiones son ante todo estímulos, entendiendo por tales los que afectan no sólo al cuerpo sino también al alma. Las pasiones permiten la comunicación con la materia en ambos sentidos, porque pueden ser causadas por un acto del alma, por el temperamento corporal o por la imaginación. La corriente sanguínea, cuyo centro es el corazón, produce una serie de estímulos que llegan al cerebro y a través de la glándula pineal transmite los espíritus al alma, espíritus que quieren dar a entender el germen de intencionalidad que puede contener el cuerpo. Por tanto, las pasiones fundamentan la percepción u objetivación de lo corpóreo: son como instrumentos del conocimiento. Aunque, sin duda, no se presenten exentas de peligro si la voluntad no las controla. Cabría una objetivación deficiente motivada por un asentimiento precipitado de la voluntad. Se refieren al alma misma porque, aun siendo algo inicialmente corpóreo, generan el contacto trascendente con el exterior por parte del espíritu, que en cierto modo es inmutado. Pueden dividirse en primarias y derivadas. Las seis primarias son: admiración, que se encuentra a medio camino entre la inteligencia y las pasiones, pues es una consecuencia de la pasividad o apertura del entendimiento; amor y odio ante lo útil o lo nocivo; deseo ante un mal y un bien futuro; alegría y tristeza que son el resultado de la acción en nosotros de los objetos útiles o nocivos.
V. t.: RACIONALISMO; MODERNA, EDAD III. [rbts name=”filosofía”]
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre filosofía de descartes en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
Obras: Reglas para la dirección de la mente, Madrid 1966; Meditaciones metafísicas, Madrid 1960; Discurso del método, ed. bilingüe de la Univ. de Puerto Rico 1960; Discurso del Método, Madrid 1965; Las pasiones del alma, Madrid 1965; Oeuvres Complétes, París 1964-65, ed. ADAM-TANNERY; Discours de la Méthode, París 1947, ed. comentada por E. GILSON.
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