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Características de la Sabiduria

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Características de la Sabiduria

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Sabiduria en Relación a Filosofía

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre sabiduria que se haya en otra parte de esta plataforma online). 4. sabiduría Tomás de Aquino. Según el Aquinate el concepto de sabiduría se aplica a la suprema ciencia humana -la metafísica- y a la ciencia sagrada -la Teología sobrenaturalHay entre ellas un paralelismo. Pues, entre las ciencias humanas, las ciencias filosóficas inferiores no sólo no prueban sus principios, sino que tampoco discuten con quienes los niegan, dejando esto a cargo de otra ciencia superior, la metafísica, que mantiene controversia con el que niega sus principios, siempre que el adversario admita algo, puesto que si nada admite no hay medio de discutir con él; lo cual no implica que se puedan resolver sus objeciones. Igual acontece en la ciencia sagrada, en cuanto no tiene ninguna superior a ella, y por eso discute también con quienes niegan sus principios, siempre que el adversario admita algo de la Revelación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); pero aunque no admitiera nada se podrían resolver sus objeciones, puesto que la fe (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) está asentada en la Verdad infalible.
El carácter sapiencial de la ciencia teológica se pone de manifiesto, de modo absoluto, puesto que la función del sabio es ordenar y no ser mandado -sapientis est ordinare, et non ordinari-, como afirma sabiduría Tomás de Aquino (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) siguiendo a Aristóteles.Si, Pero: Pero el juicio acerca de lo inferior se forma recurriendo a causas más elevadas, por lo que en cada género de conocimiento se llama sabio al que juzga de acuerdo con la causa suprema en aquel género; entonces el sabio por excelencia será el que establece la causa absolutamente primera de todo el universo, y no sólo en lo que de esa causa puede conocerse a través de las criaturas, sino en cuanto ella misma lo comunica por la Revelación (Sum. Th. 1 ql a6).
Es cierto que compete al sabio ordenar y no ser ordenado; por tanto, como la doctrina sagrada toma sus principios de otra parte, parece que no es sabiduría. Ahora bien, la doctrina sagrada no toma sus principios de ninguna ciencia humana, sino de la ciencia divina que es la suprema sabiduría. Al sabio le pertenece juzgar, por esto la sabiduría tiene dos sentidos, que corresponden a dos maneras de juzgar. La primera es la manera de juzgar del que es movido por inclinación o instinto y así el que tiene el hábito de la virtud (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) juzga concretamente de cómo ha de practicarse la virtud, debido a que está inclinado a ella; la segunda es la manera de juzgar propia del que posee el conocimiento. El primer modo de juzgar pertenece a aquella sabiduría que se cuenta entre los siete dones del Espíritu Santo; el segundo modo es el que pertenece a la ciencia teológica (Sum. Th. ql a6 ad3).
Consistiendo la sabiduría en el conocimiento de la verdad, esto puede acontecer de dos maneras: por gracia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y por naturaleza (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Incluso la que se obtiene por la gracia es doble: una puramente especulativa, como la revelación de los secretos divinos, y otra que es afectiva y produce el amor de Dios, y ésta es propiamente el don de sabiduría (Sum. Th. 1 q64 al). Esto se armoniza con la diferencia entre razón (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) superior e inferior, de la que ya hablara sabiduría Agustín; mientras la razón superior se aplica al conocimiento de las cosas eternas, la razón inferior está vertida al conocimiento de las cosas temporales; en un proceso elevacional, desde las realidades temporales ascendemos al conocimiento de las cosas eternas, mientras que en un proceso deductivo juzgamos de las cosas temporales a través de las realidades eternas. Pues bien, la sabiduría se atribuye a la razón superior, y a la razón inferior la ciencia.Si, Pero: Pero hay que observar que a esta razón superior se adscribe tanto la teología sagrada como la metafísica, que en cuanto conoce a Dios es, desde Aristóteles, una ciencia divina. A esto hay que añadir la percepción o conocimiento experimental de lo divino, conocimiento que se llama propiamente s., en cuanto es un saber sabroso: Sapientia, quasi sapida scientia (Sum. Th. 1 q43 a6 ad2). Pues ser sabio se dice esencialmente de Dios (1 q37 a2 adl) y del Verbo, que es la Sabiduría engendrada -sapientia genita- (1 q34 al ad2), idéntica en esencia a la Sabiduría del Padre, que es la propia esencia de Dios (1 q39 a7 ad2). De aquí que en Dios se identifique la noción abstracta de Sabiduría con la concreta de sabio (1 q32 a2), pues su Sabiduría no es participada; es decir, no es tenida, sino sida.
Siguiendo el hilo de la Suma Teológica, se echa de ver el concepto de sabiduría como algo distinto de la ciencia y de la inteligencia, pues la sabiduría tiene por objeto las verdades absolutamente últimas, la ciencia las verdades supremas en un determinado género de conocimiento, y la inteligencia es el hábito de los primeros principios. Ahora bien, aun cuando la sabiduría es ciencia en cuanto obtiene conclusiones partiendo de unos principios, en cuanto juzga de todas las ciencias (pues éstas se nutren de los principios de aquéllas) es esencialmente más perfecta que la ciencia. La sabiduría es superior, no sólo objetivamente como saber o sistema de verdades, sino subjetivamente, como hábito especulativo. Y lo es fundamentalmente porque la sabiduría contiene la inteligencia y la ciencia (para un examen del concepto, véase que es la ciencia y que es una ciencia física), ya que juzga de las conclusiones de la ciencia y de los principios que son objeto de la inteligencia (Sum. Th. 1-2 q57 a2 ad2). Entre las virtudes intelectuales, ocupa la cima la s., por razón de su objeto, que es Dios, causa suprema, como subrayó Aristóteles en la Metafísica. Ella tiene con relación a las otras virtudes intelectuales el papel de arquitecto (1-2 q66 a5). Y en este sentido es ciencia primera la metafísica, distinguiéndose de la prudencia, que se ocupa de las cosas humanas, mientras que la sabiduría atiende a las cosas divinas. La prudencia introduce a la sabiduría preparándole el camino, estando a su servicio.
La sabiduría es una participación o incoación de la felicidad futura, pues, aun dado el escaso conocimiento que podemos tener de Dios mediante la s., este conocimiento al tener por objeto lo divino es preferible a cualquier otro saber.
Pero cabe preguntar, ¿de qué saber se trata? La respuesta es doble. Por una parte debe entenderse aquí por saber la doctrina teológica, en cuanto ella es verdadera s., dada la certeza de sus principios. Por otra parte se trata de la filosofía primera o metafísica, que en cuanto filosofía por antonomasia, según el sentir de Aristóteles, representa la participación humana en la Sabiduría ideal de Dios. Esta Sabiduría ideal de Dios, es ideal sólo quoad nos, es decir, para nosotros los hombres, ya que quoad se, esto es, en Dios mismo, es tan real como su esencia.
Metafísicamente tendemos a esa Sabiduría y participamos de ella; teológicamente la conocemos en cuanto Dios es la Sabiduría y se nos comunica por la gracia de su Revelación. El doble carácter, teológico y filosófico, de la sabiduría se perfila armónicamente en el pensamiento tomista. que sabe distinguir entre hablar como filósofo y hacerlo como teólogo. «Siendo la sabiduría conocimiento de lo divino -dirá teológicamente- de diferente manera la consideramos nosotros y los filósofos. Puesto que nuestra vida se ordena y dirige a la divina fruición por cierta participación de la naturaleza divina dada por la gracia, la sabiduría para nosotros no sólo se considera como conocimiento de Dios, como hacen los filósofos, sino también en cuanto es directiva de la vida humana, la cual no sólo se dirige por razones humanas sino por razones divinas, como afirmó sabiduría Agustín». (Sum. Th. 2-2 ql9 a7).
También es sabiduría Agustín el filósofo-guía para la distinción tomista entre sabiduría y ciencia. La ciencia implica certidumbre de juicio; cuando esta certidumbre es obtenida por la causa primera, recibe el nombre especial de s.; sabio será, absolutamente hablando, el que conoce la causa primera, es decir, a Dios; pero la ciencia es propiamente el conocimiento de las cosas humanas, esto es, de las realidades creadas (2-2 q9 a2).
También se distingue la sabiduría del entendimiento; el nombre de entendimiento implica un conocimiento íntimo, pues entender significa como leer interiormente -intus legere-, siendo su objeto «lo que es el ser», como enseñó Aristóteles. Ahora bien, penetrar y acertar las cosas pertenece al entendimiento, pero formar sobre ellas un juicio recto es fruto de la sabiduría (2-2 q8 a6). Hay, sin embargo, una doble s., paralela a una doble necedad. Efectivamente existe una sabiduría según Dios que es necedad para el mundo, junto a una sabiduría del mundo, que, según el Apóstol, es necedad ante Dios (2-2 q 113 a lad 1).
La sabiduría considera la causa absolutamente superior, y la causa superior en un género cualquiera pertenece a la sabiduría en ese género. De aquí el carácter sapiencial de la virtud de la prudencia, pues en el orden de los actos humanos, la causa más alta es el fin común a toda la vida humana.Si, Pero: Pero éste es el fin de que se ocupa la prudencia, pues, según el Filósofo, al que razona bien respecto del todo bien moral decimos, sin más, que es prudente. Por esto la prudencia es cierta sabiduría del hombre, sabiduría relativa a las cosas humanas. Aquí reside el sentido ético de la sabiduría.
Pero el pensamiento de sabiduría Tomás de Aquino alcanza su vértice teológico en esta cuestión al considerar la sabiduría como don del Espíritu Santo. Como sabiduría donal, difiere de la virtud intelectual adquirida, pues ésta se obtiene tras el esfuerzo humano y aquélla viene de arriba -de sursum descendens (2-2 q45 al ad2)-. Tener juicio recto sobre las cosas divinas por inquisición de la razón pertenece a la sabiduría como virtud intelectual, mas poseerlo por connaturalidad con ellas, a la sabiduría como don del Espíritu Santo. Los tres hábitos operativos del entendimiento teórico -inteligencia, ciencia (para un examen del concepto, véase que es la ciencia y que es una ciencia física), sabiduría- se conjugan con otros tantos dones del Espíritu. Pues el entendimiento tiene dos aspectos: captar y juzgar. Al primero se ordena el don de entendimiento; y al segundo el don de s., si se juzga por razones divinas, y el de ciencia (para un examen del concepto, véase que es la ciencia y que es una ciencia física), si por razones humanas. La sabiduría como don consiste en cierta unión y connaturalidad con lo divino. Así como la prudencia equivalía al sentido práctico de la s., la sabiduría donal revela su vertiente mística.Entre las Líneas En este punto pone sabiduría Tomás de Aquino a la caridad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) como supuesto de la s., que. es don de un Espíritu trinitaria y esencialmente idéntico a un Dios que es amor (v. ESPíRITU SANTO III, 5).
5. Otros filósofos. El concepto de sabiduría se desdibuja en el pensamiento racionalista (v. RACIONALISMO) y sólo en algunos pensadores adquiere un relieve especial. Así, en Leibniz (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) se entrelaza el sentido teorético de la sabiduría y su carácter práctico. Por sagesse entiende Leibniz un conocimiento (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) perfecto de los principios de todas las ciencias y del arte de aplicarlos. Los principios son las verdades fundamentales que hacen posibles las conclusiones científicas y que conducen al espíritu a subsistir honestamente. Este arte de aplicación de principios implica el de bien juzgar o razonar, el de inventar verdades nuevas y el de recordarlas. La sagesse es para Leibniz la combinación armónica de entendimiento, ciencia y prudencia, en cuanto conoce los principios, obtiene conclusiones y conduce y dirige las acciones honestamente. Leibniz analiza una serie de máximas en las que se fundan las distintas dimensiones de la s.; el arte de razonar tiene sus principios gnoseológicos, cuya piedra angular estriba en el conocimiento cierto, no reconociendo por verdadero más que aquello que está fuera de toda duda; el arte de inventar se basa en las reglas del análisis, que tienen un claro sabor cartesiano; y, finalmente, el arte de recordar marca una dirección para el mundo y para la vida. Estas tres dimensiones de la sabiduría patentizan las implicaciones clásicas de este concepto y hacen que quien participa de ellas aparezca como el ideal de sabio (cfr. Leibniz, o. c. en bibl. 673-675).
En nuestro tiempo y entre nosotros, la sabiduría como saber ha sido subrayada por dos filósofos que han visto en la tensión a ella el sentido esencial de la filosofía.

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Según Plutarco «la felicidad de la vida eterna que es el patrimonio de Dios consiste solamente en que nada de lo que acontece escapa a su pleno conocimiento, pues si le despojáramos del pensamiento y del pleno conocimiento de la realidad, su inmortalidad sería una simple perduración, no una vida». Estas palabras han sido recordadas por X. Zubiri en el prólogo de su obra Naturaleza, Historia, Dios. Y Zubiri (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) continúa: «Dios es feliz porque posee la plenitud de la vida, fundada en la plenitud transparente del ser, en la plenitud de la verdad. Nosotros, hombres, rastreamos de lejos esta felicidad, henchidos de philia; somos filo-sofos, amigos del saber de lo más real de la realidad, de un saber que nos permite ser lo más real de nosotros mismos». Al entender la filosofía como «sabiduría humana» y subrayar el carácter «formal» de esta definición, A. Millán Puelles ha escrito: «La posesión de la Verdad sólo se da absolutamente en Dios.

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Una Conclusión

Por consiguiente, toda sabiduría de las criaturas ha de ser una sabiduría participada, aminorada. La del hombre, cuyo entendimiento es progresivo, constituye una sabiduría a la que afecta necesariamente el carácter de histórica, frente a la inmutable sabiduría divina que se levanta por encima del tiempo» (o. c. en bibl, 24).
6. Síntesis final. Si ahora sintetizamos las dimensiones del concepto de s., a través de las concepciones históricas en torno a ella, vemos que hay como dos planos que conviene delimitar.Entre las Líneas En primer lugar, el de la sabiduría suprarracional, y en segundo lugar, el de la sabiduría racional, humanamente hablando, frente a la dimensión sobrenatural.
Por lo que hace al plano suprarracional, la sabiduría es entendida como fe (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), como teología sacra o como conocimiento místico. El carácter sapiencial de la fe estriba en que ésta es un acto del entendimiento y no una mera cuestión del corazón o sentimiento (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Justamente define sabiduría Tomás de Aquino la fe al decir que creer «es un acto del entendimiento que asiente a una verdad divina por el imperio de la voluntad movida por la gracia de Dios» (Sum. Th. 2-2 q2 a9). La teología sacra es sabiduría formalmente hablando, pues ella es palabra de Dios explicada por el hombre mediante el discurso racional que toma por premisa esa palabra. También es sabiduría la experiencia mística, que tiene por objeto a Dios en su recóndita intimidad. La mística (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) es una profundización del conocimiento por fe, no en cuanto al objeto conocido sino según la forma de conocerlo.Entre las Líneas En la fe la forma de conocer a Dios es proporcionada al hombre llevado por la gracia, pues Dios que se revela habla el lenguaje humano.Entre las Líneas En la mística la misma forma de conocimiento es sobrenatural; la mística es como un pati divina, como un pathos y sabor de la Divinidad, que siente la presencia real de Dios, «toda ciencia trascendiendo», según el decir de sabiduría Juan de la Cruz (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). El conocimiento místico supone la fe ilustrada por los dones del Espíritu Santo y en concreto el don de sabiduría.
Desde el punto de vista puramente humano y racional, la sabiduría es subjetivamente un hábito del «entendimiento» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), como la ciencia y la inteligencia. La misma «ciencia» es una sabiduría aminorada, en cuanto indaga causas que no son últimas, en lo cual coincide con la filosofía secundum quid -todas las disciplinas filosóficas, excepto la metafísica-, si bien las filosofías segundas mantienen su carácter sapiencial por su entronque metafísico, desde el momento que se subordinan a la filosofía primera, nutriéndose de sus principios. El carácter sapiencial de la filosofía en general se fundamenta en su «sentido metafísico», en cuanto éste supone un saber etiológico de la totalidad de la realidad. Esto implica que es la «metafísica» (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), como filosofía por antonomasia, la que verdaderamente merece el nombre de sabiduría. Por supuesto que se trata de una sabiduría humana, esto es, participada, pero que al mismo tiempo representa el supremo saber al que el hombre puede, de suyo, aspirar. Ella es propiamente la sabiduría humana por excelencia, en cuanto su objeto es máximamente universal y estudiado por sus últimas causas en el orden del conocimiento, causas que resultan ser las primeras en el orden del ser (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). De aquí que, en rigor, toda verdadera filosofía se debe subordinar a la metafísica si quiere ser verdaderamente filosofía, es decir, sabiduría humana o participación del hombre en la sabiduría ideal.
V. t.: ENTENDIMIENTO; INTELIGENCIA I; CIENCIA VII, 6; RAZÓN I; PRUDENCIA I; ESPÍRITU SANTO III. [rbts name=”filosofia”]

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Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre sabiduria en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

PLATóN, República, 1. IV; íD, Banquete; íD, Fedón; ARISTÓTELES, Metafísica, 1. XI; fD, Mica a Nicómaco, 1. VI; sabiduría AGUSTÍN, en sus obras: Soliloquios (I), De beata vita (IV), Confesiones (I y I I), De libero arbitrio (II y III), Contra académicos, De Trinitate (XII), De civitate Dei (VIII); sabiduría TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, 1,81,32,34,37,39 y 43; 1-2857 y 66; 2-2,88,9,19,45,113; G. W. LEIBNIZ, Opera philosophica omnia, Berlín 1840, reim. en 1958.

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