Clericalismo
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Clericalismo: Introducción al Concepto Jurídico
De acuerdo con Eduardo Jorge Arnoletto:
Es un modo de comportamiento político que puede manifestar el clero de una religión, en un estado laico, para tratar de favorecer sus intereses institucionales y materiales e incrementar su poder. Es (como el militarismo) una manifestación de la politización excesiva de las fuerzas sociales (en este caso, de las fuerzas de las organizaciones religiosas), consecuencia de un bajo nivel de institucionalización política. Generalmente va acompañado de una actitud de hostilidad y rechazo hacia el estado laico, el cual aparece como promotor de la pérdida de posiciones de prestigio y hábitos tradicionales.
Más sobre el Significado Político de Clericalismo
Clericalismo y Anticlericalismo en Relación a Historia de la Iglesia
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] El término clericalismo, originario del lenguaje político, se emplea hoy con acepciones muy diversas. Surgió, con ánimo polémico y peyorativo, en las contiendas sobre la secularización (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de la vida pública que han venido enfrentando a lo largo de la Edad Contemporánea a los sectores de opinión de cuño laicista (véase en esta plataforma: LAICISMO) con los católicos. Su uso se ha extendido del campo político a la historiografía de divulgación para calificar de modo retrospectivo y sumario, actitudes que guardasen analogía o parecieran precedentes de las juzgadas por los contemporáneos como clericales. Así se ha englobado a veces bajo la rúbrica general de clericales a curialistas, güelfos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), ultramontanos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), etc., es decir, a todos los que en distintos conflictos del pasado tomaron posición a favor del Poder eclesiástico, o papal, en sus conflictos con el Poder civil. Hoy día es menos frecuente encontrarlo en el léXIco de la política activa; en cambio se utiliza frecuentemente en el lenguaje eclesial. Tres son en este campo las acepciones más extendidas del término «clericalismo»: doctrinas que tienden a identificar Iglesia y Jerarquía; conductas que suponen una ampliación abusiva de las funciones del clero en detrimento de la legítima capacidad de iniciativa de los laicos; uso por parte de los laicos de prácticas ascéticas o de orientaciones espirituales, o incluso modales o tipos de comportamiento social propios del clero. Obviamente el uso del término presupone una cierta concepción de lo que sea el clero y de la misión que le corresponde, y en última instancia una comprensión de la Iglesia misma. De ahí la dificultad del tema, en la que no vamos a entrar ahora; sí conviene señalar, no obstante, ya que termina de precisar los límites, la terminología, que quien parte de una inadecuada comprensión de la Iglesia puede acabar calificando como clericales actitudes que en realidad no son merecedoras de ese título peyorativo, puesto que son sencillamente cristianas y católicas. Todo intento de precisar, aunque sea sólo a nivel historiográfico, lo que es clericalismo presupone un estudio teológico-dogmático sobre la Iglesia.
1. Acepción originaria del término.Entre las Líneas En su acepción originaria, o política, el término fue acuñado por los liberales del pasado siglo y su empleo es constante en las crisis que señalan los puntos álgidos de la contienda entre el Estado moderno nacionalista y la Iglesia Católica: Cuestión romana, 1898-1929, en Italia (véase en esta plataforma: ESTADOS PONTIFICIOS II; ITALIA v y vi, 2); periodos 1868-1879, 1931-39, en España (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); Kulturkampf (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) 1870-1887, en Alemania (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); III República, de 1870 hasta la víspera de la Guerra de 1914, en Francia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general); crisis abierta en 1926 en México (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).
Para los grupos que lo lanzaron, clericalismo equivalía a denunciar que sus adversarios políticos actuaran en nombre de la jerarquía o formasen parte de ella o, en cualquier caso, reclamaran un determinado «status» para la Iglesia en la vida pública.Entre las Líneas En este sentido lo emplea uno de los fundadores de la 111 República francesa, Léon Gambetta, a quien se debe (4 mayo 1877) precisamente una frase con carácter de consigna orientadora del régimen, que contribuyó en gran manera a popularizarlo: «Le cléricalisme, voilá 1’ennemi».Entre las Líneas En la contienda frente a la Iglesia Católica los liberales quisieron evitar que pudiera imputárseles un ánimo antirreligioso, y desde este punto de vista la frase de Gambetta es esclarecedora porque supone la consciente rectificación de otra anterior debida a Peyrat: «Le catholicisme, c’est lá 1’ennemi». Al distinguir entre catolicismo y clericalismo, este término toma el carácter peyorativo a que se ha hecho alusión, y una eficacia notable. El uso del término en boca de los liberales de finales de siglo implicaba: una repulsa del Derecho Público eclesiástico (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), tal como se enseñaba en las universidades pontificias de Roma y como aparecía formulado en el Syllabus; y una condena, con matiz despectivo, de la actitud de los seglares católicos que hacían valer sus tesis en la vida pública, considerándolos instrumentos serviles e inconscientes del clero.
Tácticamente el empleo del término era susceptible de romper la unidad de los medios católicos, introduciendo la desconfianza entre los fieles y la Jerarquía. Tenía además la ventaja de no herir directamente la sensibilidad religiosa de grandes grupos, y parecía empalmar con posiciones revisionistas del liberalismo católico (véase en esta plataforma: CATOLICISMO LIBERAL), aunque el espíritu de los que lo empleaban era muy distinto del que había animado a los católicos liberales.
Diversos autores católicos reaccionaron con viveza, poniendo el acento en el trasfondo que, de hecho, subyacía a la distinción mencionada.Entre las Líneas En otras palabras, pusieron de relieve que una religiosidad no positiva y deísta -que es la que invocaban los medios liberales mencionadosno pasaba de un vago espiritualismo, que constituía en realidad el ambiente propicio para la irreligiosidad, término último hacia el que el movimiento liberal, tal y como era entendido a fines del siglo Xlx, se encaminaba. Tal vez hubiera sido de desear que ese análisis se hubiera completado con una reconsideración de las tesis del derecho público eclesiástico, para distinguir lo sustancial de lo transitorio y precisar con más detalle el alcance de la misión de la Iglesia respecto a las órdenes temporales y de las relaciones entre clérigos y laicos, ya que ello podría haber facilitado el diálogo.Si, Pero: Pero la urgencia y gravedad de la situación no parecía permitirlo.
2. Los movimientos anticlericales. La fuerte reacción de los católicos tenía, en el último cuarto del siglo XII y primero del XX, claro fundamento.
Informaciones
Los diversos personajes y grupos que acudían, como arma propagandística, al término clericalismo no se limitaban -aunque a veces lo declararan así- a ser los promotores de una serie de medidas tendentes a asegurar la libertad de las conciencias y una benévola neutralidad del Estado ante las diferentes confesiones (véase en esta plataforma: LIBERTAD IV); venían también animados de un espíritu naturalista activo y beligerante, que juzgaba las religiones positivas como fenómenos culturales residuales. Este espíritu era invasor, dinámico y proselitista; pretendía organizar la convivencia humana en todos sus órdenes a partir de la división ético-política que le caracterizaba. De ahí que la oposición al cristianismo resultara inevitable: no es fruto de un equívoco histórico. ni mera consecuencia de una supuesta falta de adaptación o apertura por parte de algunos ambientes cristianos, sino que radica a un nivel mucho más profundo. Ahora bien, para comprender la postura de los radicales (véase en esta plataforma: RADICAL, PARTIDO), nombre con que se conoce a los sectores del liberalismo que han sostenido esta postura, conviene señalar que distinguían dos planos en su actuación: el político y el moral.Entre las Líneas En el político los radicales partían de la concurrencia en la vida pública de toda clase de opiniones, incluso las fundamentadas religiosamente; puede decirse que en el terreno político se desentendían de motivaciones íntimas, o, para ser más exactos, no pensaban que fuera necesario que las instituciones políticas recogieran expresamente sus personales convicciones íntimas, ya que consideraban que éstas se impondrían por la fuerza de las cosas. Herederos del pensamiento de la Ilustración (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), convencidos de ser la avanzadilla de la conciencia madura del hombre, pensaban que la difusión de la cultura liberaría la inteligencia de todo lo que, para ellos, era producto de la mera ignorancia, y atraería las masas hacia su posición intelectual. De ahí que, en política, pusieran ante todo el acento en la idea de libertad pública, entendida como libertad de expresión y crítica. Hubieran estado, en ese sentido, dispuestos a reconocer la existencia de la religión (cristiana o no) pero sólo como asunto privado, y evitando en la legislación todo lo que implicara un reconocimiento o afirmación del valor social de la religión misma (véase en esta plataforma: LAICISMO).
Pero el plano político no era el único -como se ha dicho- en que se movían los radicales. Si en él se desentendían en cierto modo de las motivaciones íntimas, en el plano moral, no; los radicales tenían un sentido misional de la vida que les empujaba a tomar como meta la «emancipación» de las conciencias, entendida en el sentido racionalista y deísta con que los entroncan sus precedentes ideológicos.Entre las Líneas En este campo -y consiguientemente en toda la tarea de docencia e investigación-, eran intransigentes: se oponían a todo influjo en esos terrenos de las ideas religiosas, propugnaban un crecimiento constante del ámbito de la enseñanza estatal (considerando al Estado depositario de la visión cívica del vivir tal y como ellos lo entendían), etc. Para completar el panorama conviene recordar que los que conducían esta campaña en el terreno de la enseñanza, ejercían con frecuencia el liderazgo político también. Es conocido el apelativo de «República de profesores» que se dio a la 111 República francesa, y el talante similar del radicalismo italiano y de algunos sectores de la izquierda burguesa española, imitadores del radicalismo francés. Este esquema radical doble se prestaba a continuas interferencias del plano ideológico sobre el político, dificultando la moderación y equidad de las medidas de gobierno, y del político sobre el cultural, llevando -dado el instinto constantemente expansivo del Estado- a la politización creciente de la docencia.Entre las Líneas En ese proceso, durante las décadas finiseculares, llevará la iniciativa la Francmasonería (véase en esta plataforma: MASONERíA), que recluta sus miembros principalmente en los sectores burgueses.
Las ideas anticlericales se difunden cuando a los radicales se les unen, en cuanto a la actitud ante la Iglesia, los socialistas y algunos sectores del nacionalismo exaltado. Ambos aceptaron en sustancia la táctica radical, y contribuyeron a endurecer mucho más la contienda. Los socialistas porque creían ver en los medios católicos centros de conservadurismo económico-social; los nacionalistas exaltados porque su exclusivismo y xenofobia chocaba con ciertos aspectos de la universalidad de la Iglesia católica. Así el «frente anticlerical» ganó su extensión y partiendo de la pequeña burguesía llegó a abarcar a sectores altoburgueses y a obreros. Al mismo tiempo su carácter evolucionaba: al convertirse en ingrediente de la propaganda política para masas resentidas, modifica su tono intelectual y se hace grosero y chabacano.
3. La actitud de los medios católicos. Durante esos años los católicos adoptan y siguen diversas líneas. De una parte encontramos al catolicismo liberal, ya mencionado. De otra a los grupos y sectores que rechazan en cambio el orden político nacido de la Revolución francesa y piensan en la instauración de un régimen nuevo, que entronque, aunque claro está modificándola, con la situación precedente a esa Revolución (véase en esta plataforma: TRADICIONALIStrto). Están también quienes, advirtiendo los hondos problemas sociales que estaba trayendo consigo el industrialismo, se desentienden de la política en sentido estricto para ocuparse más bien de la promoción de iniciativas asistenciales, asociaciones obreras, etc. (véase en esta plataforma: CUESTIÓN SOCIAL). Por lo que se refiere al tema de las relaciones Iglesia-Estado, con el que se vincula directamente el tema que consideramos, los planteamientos propuestos por los movimientos liberales suponían, por una parte, que la Iglesia se acomodase al estatuto que el Poder civil le ofreciera; por otra, que renunciase a pedir el reconocimiento público de su condición de depositaria de la verdad salvífica suprema y se contentase con el de élite orientadora en concurrencia con otras presentes en la vida civil. Esos dos postulados, aparte de los problemas que planteen en sí mismos, estaban vinculados a la actitud beligerante (véase qué es, su concepto jurídico; y también su definición como “belligerent” en el derecho anglosajón, en inglés) antes citada: es decir, a la visión del Estado y de la vida cultural como transmisores de una ética laica o laicista que, en su raíz, implicaba un deísmo y abría las puertas al ateísmo. Aceptarlos, aunque fuera matizándolos y corrigiéndolos, suponía, en ese contexto histórico, decretar la disolución del cristianismo.
De otra parte, la Iglesia, en su derecho público eclesiástico, presentaba una serie de reclamaciones que implicaban exigencias frente a la potestad civil en el orden de las personas -fueros para los clérigos-, de las asociaciones -reconocimiento automático de la existencia y estatutos de las canónicamente erigidas-, de los bienes -trato especial al patrimonio eclesiástico-, sobre determinados servicios -enseñanza, beneficencia-, sobre instituciones -matrimonio-, sobre derechos civiles -libertad de cultos, libertad de prensa, etc-, incluso sobre hechos internacionales, como la actitud a guardar ante el Reino de Italia, por lo que respecta a una actuación en el tema de los Estados Pontificios (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general).Entre las Líneas En rigor, en muchos casos esas reclamaciones de la Iglesia no eran más que exigencias del Derecho natural y de una libertad religiosa al margen de sectarismos. Son, sin embargo, interpretados en muchos ambientes como residuos de una mentalidad que se considera superada -la de la vieja Cristiandad medieval- o como intentos por parte de la Iglesia de controlar algunos órdenes de la convivencia cívica. Todo lo que, obviamente, contribuye a agriar el debate y a hacer difícil un apaciguamiento.
La dificultad misma de la situación -se estaba formando un nuevo orden político, lo que nunca acontece sin problemas y tensiones- explica, de otra parte, roces e incomprensiones. La Jerarquía de la Iglesia intenta, en un primer momento, establecer un diálogo con príncipes y gobernantes. Se tiene en cuenta que, en numerosos países, han variado los depositarios del poder civil, y la Iglesia reconoce esos cambios y los nuevos títulos de legitimidad, e intenta dirigirse a ellos, en cuanto garantes del bien común, para que reconozcan el valor social de la religión y, en cuanto tal, la alaben y protejan jurídicamente. El fracaso de esos intentos conduce -muy claramente desde León XIII- a poner en cambio el acento en la acción de los ciudadanos católicos, con el consiguiente recurso a los nuevos instrumentos de acción política, prensa, partidos, sindicatos, etc.
De aquí nace para la Iglesia una problemática sin precedentes.Entre las Líneas En primer lugar la Jerarquía tuvo que despertar la conciencia de sus fieles, haciéndoles reparar en la raíz y trascendencia religiosa del ejercicio de sus derechos políticos, subordinando a veces sus preferencias temporales a la consecución de las reivindicaciones de la Iglesia. Tenía además que inculcar en los fieles la estima de tales reivindicaciones, poniendo de relieve su carácter de exigencias, al menos morales, de la fe. Para hacerlas efectivas, los católicos se inclinaron, según los países, hacia aquellos partidos que estuviesen dispuestos a asumir la defensa de esas reivindicaciones; lo que no acontece sin nuevos problemas. Porque, por un lado, esos partidos, coincidentes en desear para la Iglesia un estatuto que salve sus derechos, tienen otras pretensiones políticas que los hacen entre sí incompatibles -miguelistas y petristas, en Portugal; carlistas y alfonsinos, en España; bonapartistas, orleanistas y legitimistas, en Francia-; y no sólo entre sí, sino también con los regímenes constituidos. Hay también el peligro de que la práctica diaria de la política lleve a compromisos con los antagonistas del catolicismo, en cuya virtud ciertas reivindicaciones se aplacen -este temor fue, en parte, la razón de que la Iglesia impusiese a los católicos en Italia la abstención política por varias décadas-. Por esas y otras razones a veces se aspira como solución práctica a que se constituya ex novo un partido confesional único, desligado de compromisos con el pasado.Si, Pero: Pero esa solución tampoco está exenta de límites. Aunque el partido nazca con la intención de defender la libertad de la Iglesia, al actuar en política tiene que ofrecer un conjunto de soluciones económico-sociales complementarias, pero ¿puede eXIgirse a los católicos su acatamiento en conciencia? ¿No dividirían a católicos con intereses temporales encontrados? En vista de ello los animadores de esta tendencia derivan siempre hacia posiciones templadas o moderadas, que dejan descontentos a quienes desearían, en lo económico-social, medidas más radicales.
La promoción de esa acción de los cristianos planteaba además algunas cuestiones de base. De una parte la de su formación doctrinal, lo que motiva la aparición de diversos documentos pontificios sobre materia social, política, económica, etc. Estos documentos llegan a formar un verdadero «corpus» (véase en esta plataforma: DOCTRINA SOCIAL CRISTIANA). De otra parte surgen una serie de asociaciones que tienen por finalidad la formación de líderes cristianos, o la de intervenir en las campañas electorales para, sin apoyar a ningún candidato o partido concreto, recordar a los electores aquellos criterios y datos que les pueden ayudar a votar con una conciencia formada. Todo ello es perfectamente legítimo, pero estaba expuesto al riesgo de una «politización» de la vida católica; riesgo que, de hecho, se convirtió en realidad en algunos países.
4. Situación actual. Al tratar el tema del clericalismo y del a. nos hemos salido de él, para abordar una cuestión mucho más amplia: la de la actuación pública de los católicos,trazando los perfiles de su modo de darse en el siglo XII, así como los del ambiente que ayuda a entenderla. Los cambios ocurridos en la situación político-social, la evolución de las ideas políticas y la crisis de algunas de las ideologías más características del siglo XII y, en otro plano, la profundización teológica operada en el seno de la Iglesia católica con respecto a la comprensión de la misión laical (realizada en parte gracias a la experiencia de los movimientos antes citados), que culmina en los documentos del Conc. Vaticano II (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), han conducido a un cambio profundo de la situación. Puede así decirse que el fenómeno clericalismo-anticlericalismo, tal y como se planteaba en los últimos cien años, ha quedado decididamente destituido de base. Aunque puede, ciertamente, resurgir bajo formas nuevas.
V. 1.: LIBERALISMO; LAICISMO. [rbts name=”historia-de-la-iglesia”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre clericalismo y anticlericalismo en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
L. CAPÉRAN, Histoire contemporaine de la laicité (ran~aise, 3 vol., París 1958-61; B. EMONET, Laicisme, en Dictionnaire Apologetique de la loi catholique, 2, 1767-1810; A. clericalismo JEMOLO, Chiesa e stato in Italia negli ultimi centi anni, s. 1. 1949; t; MARTíN MARTÍNEZ, El desarrollo dé la Iglesia en España y sus relaciones con el Estado, Madrid 1963; L. V. MÉJAN, La separation des Églises et de CÉtat, París 1959.
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