Concepto de Argumentación
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Argumentación en Relación a Filosofía
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre argumentación que se haya en otra parte de esta plataforma online). Quizá el argumento por impertinencia más conocido es el ad hominem. Esta expresión tiene dos sentidos totalmente diversos. Primero, se puede argüir dialécticamente de premisas que sólo acepta el otro interlocutor, pero no quien las emplea (p. ej., si intento mostrarle que mi conclusión sigue de sus premisas). Esta táctica puede ser poco honrada en algún caso, pero es perfectamente válida desde el punto de vista estrictamente lógico.
Indicaciones
En cambio, se puede atacar el carácter del interlocutor en vez de centrarse en el problema que se discute. Esto ocurre, p. ej., cuando los estudiantes acusan a sus padres de ser demasiado viejos para entenderles o, al contrario, los padres acusan a los estudiantes de ser demasiado jóvenes para entender los problemas del mundo.
A veces se llama tu quoque al argumento que responde a una acusación del interlocutor con otra acusación. Se trata de una subespecie de argumentum ad hominem.
En sentido contrario, se puede usar el argumento ad verecundiam, lo cual supone un intento de probar algo en razón del respeto que tenemos a una persona. Así, p. ej., el aceptar una tesis especulativa simplemente porque su autor es un santo. Hoy en día hay gran peligro de cometer esta falacia porque la misma especialización que hace que alguien sea autoridad en un campo estorba la posibilidad de que lo sea en otro. Einstein, p. ej., se cita a veces en temas religiosos.
Tanto el argumentum ad hominem como el argumentum ad verecundiam tienen parecido con argumentación lícitas. Cuando se depende de un testigo, se acepta su testimonio por su autoridad y no por la evidencia. Por tanto, en algunos casos puede ser necesario discutir la autoridad (atacando o ensalzando).
El argumentum ad ignorantiam afirma la verdad de la proposición propia en razón de la incapacidad del interlocutor de probar su tesis. A veces se define el argumentum ad ignorantiam como el querer demostrar la propia posición refutando la del interlocutor.Si, Pero: Pero tal procedimiento sería correcto cuando (y sólo cuando) hay exactamente dos alternativas.
Indicaciones
En cambio, aunque haya sólo dos alternativas (p. ej., existencia o inexistencia de vida racional en otros planetas) el que un interlocutor muestre la incapacidad de su contrincante, no significa que haya ganado la discusión.
El argumentum ad populum consiste en apelar al sentimiento del pueblo.Entre las Líneas En la Defensa de Sócrates, vemos cómo Sócrates, en el mismo momento de rehusar el argumentum ad populum, lo emplea sutilmente recordando al jurado que 61 también tiene mujer e hijos. A veces se distingue entre las pasiones del pueblo y sentimientos más personales y se habla del argumentum ad misericordiam, como cuando un estudiante intenta convencer a su profesor de que merece buena nota a causa de problemas personales en vez de su progreso escolar. No hay ninguna diferencia lógica entre el argumentum ad misericordiam y el argumentum ad populum.Entre las Líneas En algunos momentos, al tomar una decisión práctica (no al formular un juicio teorético) puede ser pertinente mencionar factores sentimentales.
El argumentum ad bacculum consiste en obligar a alguien por fuerza a afirmar una determinada proposición. Así, p. ej., el profesor que suspende a quien no repite exactamente lo que ha dicho. Es dudoso que este argumento sea propiamente falacia, porque no engaña, ni hace asentir, sino tomar una acción externa.
Suposición ilícita. Hay diversos tipos de argumentación en los que se hace una suposición ilícita. La de la pregunta compleja es un caso típico «¿Ha dejado usted de emborracharse?» es una pregunta que no se puede contestar sin admitir un supuesto desfavorable.
La causa falsa o argumentación post hoc, propter hoc, demuestra un principio general implícito falso. Antiguamente se suponía que los animales se generaban espontáneamente a causa del calor y humedad bajo las piedras. Es también cierto que los cánones de la deducción (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de J. S. Mill buscan simplemente una sucesión regular. Confunden, pues, causa y condición.
El argumento circular y la petición de principio son muy similares. La petitio principii es argüir aceptando algo que se trata de demostrar. El argumento circular expresa la conclusión en otra forma verbal como principio.
Argumento en logística.Entre las Líneas En la lógica matemática, el argumento de una función es un término que llena un hueco. Simbólicamente, en la, y a representa un argumento y f la función. Así, p. ej., «Carlos V» es un argumento de la función «x fue Rey de España». Cualquier término cuya presencia forma una proposición significativa, aunque sea falsa, puede ser argumento de una función.Entre las Líneas En rigor hay distintos tipos de funciones y, por tanto, distintos tipos de argumentos. «Es verdad que x» sería una función que exige una oración como argumento como, por ej., «Marsella es la capital de Francia», lo cual produciría desde luego, una proposición falsa.
Indicaciones
En cambio, no cabe decir «Es verdad que Carlos V». Esa sustitución produce un sin-sentido.
Argumentos meramente probables. Es interesante observar que algunos argumentos que convencen más psicológicamente son en cambio menos sólidos desde el punto de vista lógico-formal. Como, p. ej., el método reductivo, que ha desplazado prácticamente a la inducción, viene a decir: «Si el principio A es verdadero se deben dar los casos particulares al, a2, as, etc. Pero, en efecto, se dan esos casos, luego A es verdadero». Tal como queda dicho, semejante modo de argumentar es un sofisma y, sin embargo, es la base del trabajo científico. Estrictamente hablando da un resultado sólo probable desde el punto de vista formal, aunque a base de suficientes comprobaciones se puede eliminar cualquier duda razonable.
El argumento por ejemplificación que tanto usan las publicaciones de lengua inglesa es otro caso de argumentación con poca validez formal. Convence más, sin embargo, la explicación anecdótica de un caso real, que no la deducción desde generalidades.
Muy similar es el argumento por analogía, que no tiene que ver con la analogía tomista. A nuestro modo de ver, fuera del tomismo se usa analogía en dos sentidos.Entre las Líneas En primer lugar, se habla de la proporción matemática: «A es a B, como C es a D». Aquí en realidad no hay analogía, sino equivocidad. Exactamente la misma relación se da en ambos casos.Entre las Líneas En segundo lugar, la analogía se usa para aplicar los principios válidos en un caso a otro caso, cuando son semejantes en algún aspecto. A nuestro parecer, es esencial a esta acepción de analogía el que los casos sean singulares. Se hace entonces un salto de un caso singular a otro -salto que no tiene estricta justificación formal-. Buen ejemplo de este tipo de argumentación es el uso de precedentes por los tribunales ingleses y americanos. Es poco rigurosa esta argumentación por casuística, puesto que cuando los precedentes ya son un poco numerosos se puede escoger el que más convenga.
Argumento a fortiori. Un argumento legítimo y seguro es el a fortiori. Se basa en la consideración de una propiedad susceptible de grados, una propiedad que se da en diversas intensidades. A esa propiedad está relacionada otra que se vincula con la primera precisamente en sus variaciones intensivas.Entre las Líneas En ese supuesto, lo que se puede atribuir a algo que posee la primera propiedad se podrá decir con razón de más de lo que posee la propiedad en mayor grado. Negativamente, lo que no se puede decir de algo que posee la propiedad en alto grado, se podrá decir aún menos de quien lo posee en menor grado. Así, p. ej., positivamente se puede argüir: «Si el robo es criminal y, por tanto, castigado, más castigado será el asesinato». Negativamente se podría argüir: «Si los sabios no son omniscientes, mucho menos lo serán los analfabetos». [rbts name=”filosofía”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
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Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre argumentación en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
C. PERELMAN y L. OLBRECHTS-TYTECA, Traité de 1’argumentation, París 1958; Sagrada Escritura TOULMIN, The Uses of Argument, Cambridge 1964; C. PERELMAN y L. OLBRECHTS-TYTECA, Les notions et l’argumentation, «Archivio di Filosofía» (1955) 249270; La theorie de l’argumentation, ed. Le Centre Belge de recherches de Logique, Lovaina s. f.; C. PERELMAN y L. OLBRECHTS-TYTECA, Retórica y lógica, México 1959; C. PERELMAN, H. W. JOHNSTONE y OTROS, «Rev. Internationale de Philosophie» 58 (1961); ARISTÓTELES, Segundos analíticos; íD, De los argumentos sofísticos; J. DE S. TOMÁS, In libros Posteriorum, Ars Lógica; L. E. PALACIOS, Filosofía del saber, Madrid 1962, cap. IX lib. 1; W. S. JEVONs, Lógica, Madrid 1952; J. C. CowAN, The Uses of Argument. An Apology for Logic, «Mind» (1964) 27-45.
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