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Creación en Filosofía

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Creación en Filosofía

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Creación en Filosofía

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] El hecho de que la criatura diga relación al creador manifiesta la importancia de la creación para profundizar en la esencia de la criatura.Si, Pero: Pero también tiene importancia para el conocimiento de Dios, pues como el obrar sigue al ser, al conocer la creación se nos revela algo de la esencia del Dios creador. La creación es el primer efecto divino. Para centrar el tema conviene partir de unas definiciones clásicas.Entre las Líneas En principio la creación se entiende como una productio ex nihilo; con esta indicación se subraya evidentemente la causa material, mejor, la ausencia de causa material, en la creación. También puede entenderse la creación como emanatio totius entis a causa universali, quae est Deus; esta definición apunta directamente a la causa eficiente de la creación. La creación como transitus de non ente simpliciter ad ente simpliciter implica la referencia a la causa formal. Y, finalmente, la creación como productiu alicuitts reí secundurn suam totantsubstantiam indica evidentemente la causa final de la creación. Apuntamos aquí algunas consideraciones, planteamientos y preguntas filosóficas, remitiendo para una exposición sistemática a III.
1. Concepto y trayectoria de la creación. Para empezar a centrar el tema conviene distinguir el concepto de cr del concepto de educción y del concepto de emanación. La educción no es nunca un sacar algo de la nada, la educción supone una materia plástica, materia pasiva, de la cual el agente extrae la forma latentemente inmersa en esa misma materia. La educción por consiguiente supone un movimiento en el cual hay una parte ante y una parte post, la materia de la que se extrae la forma extraída de la materia por la mediación del agente. La emanación en cambio parece en principio tener más contacto metafísico con el concepto de c.; sin enTbargo, así como en la creación hay una distancia entre el efecto, lo creado, y la causa, el Creador, en la emanación la causa permanece, se proyecta por así decirlo en el ser del efecto. La emanación no es más que el despliegue de las notas, el despliegue esencial de una causa que se proyecta, que por exuberancia se ramifica en el propio ser del efecto. Al hablar aquí del tema de la creación se alude evidentemente a la creación como hecho, como Jacttnn, y no a la creación como efecto. La creación como efecto es precisamente la realidad de la criatura; como factum, la creación se cifra en la posibilidad, en la realidad misma de un ser que produce la totalidad del ser; como efecto la creación implicaría toda la problemática de la metafísica. No es posible una metafísica realista mientras esa metafísica no se abra a la justificación, aunque sea post factutn. de un fial omnipotente.
No vamos a entrar aquí por supuesto en la historia del problema de la creación. Quizá sea Filón (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de Alejandría el primero que estudió el tema, seguido luego por el pensamiento metafísico de un Orígenes (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Permítaseme en este punto, puesto que se trata de un tema metafísico y no meramente históricofilosófico, aunque hunda ciertamente sus raíces en la historia, remitirme a G. M. Manser (o. creación bibl.), quien afirma que en el pensamiento griego no aparece en manera alguna la problemática de la creación. El propio Aristóteles no afirmó ni negó la c., sencillamente porque no la conocía; pero es que, en segundo lugar, la creación ciertamente parece no estar en contradicción con los principios metafísicos de Aristóteles; y en tercer lugar y último, la creación estaba en alguna manera lógicamente implicada en los principios Iuetafísicos del Estagirita. Este renunciar a la historia no significa que vayamos a andar en solitario en el planteamiento del problema; S. Agustín (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y S. Tomás (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), como metafísicos, nos sirven como custodios y guías en la solución y en el planteamiento previo de este problema metafísico.
El tema de la creación por lo detrás, aunque tenga su origen en una idea revelada, prueba en último término que la admiración es principio del filosofar, y ello porque la admiración (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), como principio del filosofar, no tiene que limitarse a ser admiración por un hecho, sino que puede perfectamente consistir en admiración ante un dicho, en este caso el dicho o la idea revelada de creación (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), que fue la que puso al entendimiento humano en el trance de intentar no ya una racionalización, es decir, una mostración de que la creación no es absurda, sino en el trance de abrirse a un auténtico planteamiento de la realidad misma, de la demostración del hecho creativo.
Como encaminamiento en el tema vamos a utilizar el procedimiento etiológico, una exégesis, una explicación a través de las causas, porque el mismo planteamiento etiológico reviste un fundamental carácter metafísico. La investigación causal, y sobre todo por causas últimas (véase en esta plataforma: CAUSA), es la que mejor abre el planteamiento del problema y encamina a su solución. Por supuesto que la creación no es efectivamente la aparición sin causa. Por ej., no es la expansión del universo, que consiste en el corrimiento al rojo del espectro de las galaxias que daría lugar a suponer una materia creada equivalente a la masa de un átomo de hidrógeno por un litro de volumen y un billón de años.
2. ¿Quién crea? La primera pregunta es ésta: ¿Quién crea? Con esta pregunta se alude evidentemente a la causa eficiente. Dios es creador, ¿pero por qué es creador? La creación supone una omnipotencia; sólo Dios puede crear, es decir, sólo Dios puede sacar de la nada el ser. Y es que aunque en la creación se produzca un efecto finito, sin embargo, el modo de producirlo es infinito, como infinita es en último término la distancia que separa al ser (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de la nada (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Las cosas claman que han sido hechas, porque se mudan y cambian. Son porque han sido hechas. No eran antes de que existieran, para poder hacerse a sí mismas. He aquí unas palabras de S. Agustín: «Tú, pues, Señor, hiciste estas cosas; Tú que eres hermoso, por lo que ellas son hermosas; Tú que eres bueno, por lo que ellas son buenas; Tú que existes, por lo que ellas existen.Si, Pero: Pero ni de tal modo son hermosas, ni de tal modo son buenas, ni de tal modo existen como Tú, su creador, en cuya comparación ni son bellas, ni son buenas, ni existen» (Confesiones, XI,4).
Es necesario que todo ser haya sido creado por Dios. Tomás de Aquino en este punto cita a San Pablo (Rom II,36): «De Él y por Él y en Él son todas las cosas» (Sum. Th. 1 q44 al sed contra). Todo lo que es tal por participación es causado por aquello que es tal por esencia. Por ser Dios el ser subsistente y ser uno, las cosas fuera de Dios no son su ser, sino que participan del ser y por consiguiente tienen causa. Lo que se predica esencialmente es causa de todo aquello que se predica por participación. Porque el ente, que es un ser, no puede ser más que uno, luego Dios es causa del ser de todos los demás seres (Contra Gentiles, II,15) (véase en esta plataforma: SER; EXISTENCIA; UNIDAD; PARTICIPACIÓN I).
En la cuestión disputada De potentia, afirma Tomás de Aquino, que «es absolutamente cierto que Dios puede hacer algo de la nada y lo hace. Para evidencia de lo cual hay que saber que todo agente obra en cuanto está en acto» (q3 al). Una de las razones que da Tomás de Aquino, para probar que todas las cosas han sido creadas por Dios, es que aquello que es por otro se reduce como a su causa aquello que es por sí. Es necesario afirmar la existencia de un ser que es su mismo ser, que es por sí. Es necesario afirmar la existencia de un ser que es su mismo ser, que es puro acto, en el que no hay composición. De donde es necesario que todas las cosas sean por Él, pues las cosas no son su ser, sino que tienen ser por modo de participación. Dios puede crear algo, pues como causa universal del ser Dios saca las cosas de la nada, pues no puede haber nada en los seres sin que proceda de Dios. Por esto «necesse est ponere a Deo omnia creada esse» (Sum. Th. 1 q45 a2). De aquí que la realidad de la creación prueba su posibilidad. Es verdad que de la nada nada se hace, pero la creación supone algo más que la nada, a saber, la potencia infinita del Creador.
La creación como obra trinitaria del saber, querer y poder divinos (véase en esta plataforma: III, 2), se funda por parte de Dios en su potencia infinita (véase en esta plataforma: DIOS IV, II) y por parte de la criatura en la contingencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). Dios crea por omnipotente. La criatura es creada por ser contingente y por ser limitaday finita en el ser. La criatura no puede crear eficientemente ni como causa principal ni como causa instrumental.
3. ¿De qué crea Dios? La segunda pregunta que hay que hacer es ésta: ¿De qué crea Dios? Con esta pregunta evidentemente se alude a la causa material de la creación. Metafísicamente la creación se presenta en principio como una creatio ex nihilo. Con ello se niega patentemente la previa existencia de una materia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) ex qua. Hay aquí necesariamente que hacer una cierta alusión a Whitehead (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) que, sobre todo en Proceso y realidad, habla por una parte de la naturaleza primordial de Dios, el Dios muerto, y por otra parte de la naturaleza consiguiente de Dios, el Dios vivo. La creatividad es precisamente, según él, la que produce el mismo devenir de Dios; Dios es un Dios muerto en su naturaleza primordial, pero esa naturaleza primordial revive precisamente por obra del mismo principio de creatividad; de aquí entonces que la creación no sea más que la obra de un Dios en devenir.

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Puntualización

Sin embargo, no vayamos a pensar que Whitehead profesó un craso panteísmo; no se trata de eso. Precisamente, en todo caso, de lo que se trata es de que, en algún momento de su pensamiento, Whitehead alude a la mística neoplatónica; Dios es un Dios en devenir, pero por encima de eso Dios es algo que se compadece de los seres que crea y que sufren por él. Pero, por encima de esa concepción, hemos de volver a la afirmación de la creación como creación ex nihilo, en cuanto niega la materia ex qua, y hay que decir que el ex de la creación ex nihilo significa, primero, que no hay materia ex qua, y, segundo, el orden sucesión de la nada al ser. La creación no es más que el tránsito metafísico, y no meramente físico; porque no hay tiempo ni movimientos físicos, sino movimiento metafísico, de la nada al ser.
Ex nihilo no significa negación de la causa eficiente, aquella de la que primariamente procede un movimiento; de la nada quiere decir de nada más que de la omnipotencia divina (véase en esta plataforma: DIOS IV, 11). La materia in qua es producida simultáneamente con el ser creado. No es que Dios se valga de la nada (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), es que no se vale de nada más que de su omnipotencia. La c., como tránsito del no ser absoluto al ser total, define precisamente la esencia del proceso creativo. La definición escolástica de c., «productio re¡ ex nihilo su¡ et subiecti», subraya, al decir «ex nihilo sui», que el ser creado se hace de nada de sí mismo en cuanto a la forma; y al decir «ex nihilo subiecti», que el ser creado se hace de nada en cuanto a la materia. Con razón dirá S. Agustín: «Existías tú y otra cosa, la nada, de donde hiciste el cielo y la tierra, dos criaturas: la una cercana a ti (prope te); la otra cercana a la nada (prope nihil); la una que no tiene más superior que tú; la otra que no tiene nada inferior a ella», (Conf. XII,7). Y en otro lugar: «Materia tamen de omnino nihilo Jacta est» (Gen. contra Maniq. 1,16): la materia, sin embargo, ha sido hecha absolutamente de la nada. Subrayo esto, porque ya veremos cómo aparentemente S. Agustín aparece envuelto en el problema de la materia. Una falsa intelección del agustinismo llevaría en el pensamiento medieval a la afirmación de un hilemorfismo universal. El cielo y la tierra como materia informe son creados de la nada dice S. Agustín (De Gen. ad lit. imperfectus). El omnipotente no necesita de nada para crear. Crear es hacer algo de la nada. S. Tomás dirá: «Idem autem est nihil quod nullum ens. Sicul igitur generado hominis est ex non ente quod est non homo» (Sum. Th. 1 q45 al).
Crear no es hacer de algo. La materia prima ha sido creada por Dios. Pues lo que es causa de las cosas en cuanto seres debe ser causa de ellas, no sólo según que son éstas por sus formas accidentales o según que son tales por sus formas ‘sustanciales, sino también en cuanto a todo lo que de cualquier modo hay de ser en ellas. Según esto es necesario admitir que aun la materia prima ha sido creada por la causa universal de los seres. «Deus simul dans esse producit id quod recipit esse» dice S. Tomás (De Pot. q3 a17). La concreación entonces de la materia resulta evidente. Puede plantearse una dificultad: todo lo que existe es en acto; mas la materia prima es pura potencia; luego el ser hecha parece contrario a la materia prima.Entre las Líneas En realidad, la materia prima es concreada; todo lo creado es actual, pero no acto puro. Es preciso que sea creada la parte potencial al crearse todo lo que pertenece a un ser.
La creación de la nada se patentiza porque si alguna cosa no procede de Dios, o proviene de algo preexistente o no: Si no proviene es creada. Si proviene de algo preexistente o hemos de proceder indefinidamente, cosa imposible en las cosas naturales, o debemos remontarnos a algo primero que no presuponga otro. Y ese algo es Dios, que no es materia.Si, Pero: Pero Dios es causa de todo ser y no puede haber nada fuera de él que no exista por él. Es decir, que Dios crea sin materia previa (Cont. Gent. 11,16). [rbts name=”filosofia”]

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Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre creación en filosofía en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

S. AGUSTíN, Confesiones, lib. XIXIII; íD, Del Génesis contra los maniqueos; íD, Del Génesis a la letra; íD, Del Génesis a la letra, incompleto; S. TOMÁS DE AQUINO, De Potentia, q3; ID, Suma Teológica, parte I, gq.4448 y 6574; ID, Contra gentiles, lib. II, cap. XVXXV; G. W. LEIBNIZ, Opera Philosophica Omnia, Aalen 1959; H. BERGSON, La evolución creadora, Madrid 1963; A. N. WHITEHEAD, Proceso y realidad, Buenos Aires 1956.

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