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Enciclopedias

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Enciclopedias

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Estructura de las Enciclopedias

Texto procedente del autor Salvador Trinxet Llorca (reproducción con el permiso del autor):

Por definición, las enciclopedias modernas deben ofrecer comprehensión (en función de los objetivos perseguidos) y coherencia.

Los autores clásicos solían agrupar las cuestiones dentro de grandes apartados de disciplinas generales (ordenación temática). Este sistema hacía difícil localizar rápidamente datos o explicaciones precisas, y también producía la fragmentación de numerosas informaciones. Como dice Luise-Noelle Malcles, en su “Curso de Bibliografía”, “(…) una enciclopedia clasificada sistemáticamente exige ser leída de una manera continuada”.

Aunque estos inconvenientes se procuraban solucionar con profusos índices, (Luise-Noelle pedía, para que la estructura no dificultara la búsqueda, que “índices suficientemente detallados envíen a todos los volúmenes y partes de volúmenes donde se explican las mismas ideas, nociones y hechos) su ayuda, en muchas ocasiones, era de escasa utilidad, porque algunos temas y biografías quedaban divididos en varios grandes apartados.

El empleo del sistema alfabético, que tuvo lugar más tarde de forma generalizado, tiene también sus detractores. El mayor riesgo es el de la fragmentación de la información. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Como dice también Luise-Noelle Malcles, “una enciclopedia con forma de diccionario alfabético no puede ser consultada o leída sino fragmentariamente”.
Este autor concluye que, debido a la estructura, hay que elegir entre ofrecer una “obra de consulta rápida y no de conocimiento” (enciclopedia de órden alfabético) o una “obra de conocimiento y de consulta difícil” (enciclopedia de ordenación temática), pues “tal es el dilema que debe resolver todo creador de una enciclopedia”.

Intentando paliar esta solución, muchas enciclopedias introdujeron artículos generales.Entre las Líneas En varios casos, esto se complementaba con numerosas remisiones y referencias cruzadas. Tal es el método utilizado en el “Dictionnaire Encyclopédique Quillet” y en su versión –pero destinguible- hispánica. Sobre el mismo dice el autor del “Curso de Bibliografía” que “el sistema innovado por el diccionario Quillet no deja de tener interés. Consiste en introducir desarrollos sistemáticos en la secuencia de temas clasificados en el orden alfabético. Sistema a la vez inteligente y práctico, a condición de estar equilibrado”.

Otras enciclopedias, en esa misma línea, ofrecen la aportación de ayudas (como tablas, cuadros sinópticos o índices) para ofrecer una visión a la vez global y detallada. El “Dictionnaire Encyclopédique Quillet” ofrece remisiones que, para evitar consultas inútiles, están acompañadas de una breve aclaración.

Finalmente, algunas enciclopedias optaron por incluir guías introductorias, en un volumen separado (como la Temapedia de la Enciclopedia Hispánica) o dentro del contenido general.

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Historia y Orden Organizativo

En su etimología, el significado de “enciclopedia” es, como afirma Alain Rey, “hacer entrar en el círculo de la pedagogía”. Y señala que todos “los esfuerzos enciclopedistas, desde la Antigüedad, tratan de clasificar, de jerarquizar el conocimiento”. El método es fundamental. Así, la enciclopedia, se dice en el Diccionario de la lengua de Émile Littree, es una “obra que aborda metódicamiente todas las ciencias y todas las artes”. También la clasificación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Así lo hace Aristóteles [en los ocho libros de los “Económicos”, los tres libros de su “Retórica”, y los libros sobre Poética, Física y Metafísica]. Vicent de Beauvais, en el siglo XIII, divide su obra en partes dedicadas, cada una, a las ciencias, la historia y la naturaleza.

La organización del conocimiento enciclopédico cristaliza en la Enciclopedia de d´Alambert y Diderot. Se plasma perfectamente en su discurso introductorio:

“[…] La obra que iniciamos (y que deseamos concluir) tiene dos propósitos: como Enciclopedia, debe exponer en lo posible el orden y la correlación de los conocimientos humanos; como Diccionario razonado de las ciencias, de las artes y de los oficios, debe contener sobre cada ciencia y sobre cada arte, ya sea liberal, ya mecánica, los principios generales en que se basa y los detalles más esenciales que constituyen el cuerpo y la sustancia de la misma. Estos dos puntos de vista, de Enciclopedia y de Diccionario razonado, determinarán, pues, el plan y la división de nuestro Discurso preliminar. Vamos a considerarlos, a seguirlos uno tras otro, y dar cuenta de los medios por los cuales hemos tratado de cumplir este doble objeto.

A poco que se haya reflexionado sobre la relación que los descubrimientos tienen entre ellos, es fácil advertir que las ciencias y las artes se prestan mutuamente ayuda, y que hay por consiguiente una cadena que las une.Si, Pero: Pero si suele ser difícil reducir a un corto número de reglas o de nociones generales cada ciencia o cada arte en particular, no lo es menos encerrar en un sistema unitario las ramas infinitamente variadas de la ciencia humana.

El primer paso que tenemos que dar en este intento, es examinar, permítasenos la palabra, la genealogía y la filiación de nuestros conocimientos, las causas que han debido darles origen. y los caracteres que los distinguen; en una palabra, remontarnos al origen y a la generación de nuestras ideas. Independientemente de las ayudas que obtendremos de este examen para la enumeración enciclopédica de las ciencias y de las artes, no podrían faltar al frente de un Diccionario razonado de los conocimientos humanos.

Se pueden dividir todos nuestros conocimientos en directos y reflexivos.

Informaciones

Los directos son los que recibimos inmediatamente sin ninguna operación de nuestra voluntad; que, encontrando abiertas, por decirlo así, todas las partes de nuestra alma, entran en ella sin resistencia y sin esfuerzo. Los conocimientos reflexivos son los que el entendimiento adquiere operando sobre los directos, uniéndolos y combinándolos. […]

Nos queda por explicar la manera en que hemos tratado de conciliar en nuestro diccionario el orden enciclopédico con el orden alfabético. Para ello hemos empleado tres medios: el sistema figurado que va a la cabeza de la obra, la ciencia a la que se refiere cada artículo y la manera en que éste se trata. Generalmente hemos colocado, después de la palabra que constituye el tema del artículo, el número de la ciencia de que este artículo forma parte; basta con ver qué lugar ocupa esta ciencia en el sistema figurado para conocer el que le corresponde en la enciclopedia. Si ocurre que el número de la ciencia no aparece en el artículo, la lectura del mismo bastará para conocer a qué ciencia pertenece, y cuando, por ejemplo, se nos haya olvidado advertir que la palabra Bomba corresponde al arte militar, y que el nombre de una ciudad o de un país corresponde a la Geografía, confiamos lo suficiente en la inteligencia de nuestros lectores para que no se sientan extrañados de semejante omisión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Por otra parte, por medio de la disposición de materias en cada artículo, sobre todo cuando es un poco extenso, no se podrá menos de ver que este artículo se relaciona con otro que forma parte de una ciencia diferente, aquél a un tercero y así sucesivamente. Hemos tratado de que la exactitud y frecuencia de las remisiones no dejasen nada que desear; porque, en este diccionario las remisiones tienen de particular que sirven principalmente para indicar la relación entre las materias, mientras que, en las otras obras de esta clase, sirven para explicar un artículo por medio de otro. A veces, nosotros mismos hemos omitido la remisión porque los términos de arte o ciencia sobre los cuales hubiera podido recaer, están ya explicados en el artículo correspondiente, que el lector irá a buscar por sí mismo. Es sobre todo en los artículos generales sobre las ciencias donde hemos tratado de explicar la ayuda mutua que éstas se prestan. De modo que el orden enciclopédico está formado de tres cosas: el nombre de la ciencia a que pertenece el artículo; el lugar de esta ciencia en el árbol; la relación del artículo con otros de la misma ciencia o de una ciencia diferente, relación indicada por las remisiones o muy fácil de notar por los términos técnicos que se explican siguiendo su orden alfabético. No se trata aquí, pues, de las razones que nos han hecho preferir en esta obra el orden alfabético a todos los demás; las expondremos más adelante, cuando consideremos esta colección como un Diccionario de las ciencias y de las artes.

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Dos cosas observamos, por lo demás, sobre la parte de nuestro trabajo que consiste en el orden enciclopédico, y que está destinada más bien a las personas esclarecidas que a la multitud: la primera es que muchas veces resultaría absurdo querer encontrar una relación inmediata entre un artículo de este Diccionario y otro artículo tomado a capricho; así, en vano buscaremos por qué secretos lazos sección cónica puede relacionarse con acusativo. El orden enciclopédico no supone que todas las ciencias se relacionen directamente entre sí. Son ramas que parten del mismo tronco, o sea del entendimiento humano. Estas ramas no suelen tener entre sí ninguna relación inmediata, y muchas de ellas no están unidas más que por el tronco común. Así sección cónica pertenece a la Geometría, la Geometría nos conduce a la Física particular, ésta a la Física general, la Física general a la Metafísica, y la Metafísica está muy cerca de la Gramática, a la cual pertenece la palabra acusativo.Si, Pero: Pero cuando se ha llegado a esta última palabra por el camino que acabamos de indicar, nos encontramos tan lejos del camino del que partimos, que lo hemos perdido completamente de vista.

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La segunda observación que tenemos que hacer es que no hay que atribuir a nuestro árbol enciclopédico más ventajas de las que pretendemos darle. El uso de las divisiones generales consiste en reunir un gran número de objetos, pero no hay que creer que este uso pueda suplir el estudio de los objetos mismos. […]”

En sus 72.000 artículos ofrece una visión estructurada y, para la época, global, de una materia o tema, con el contexto que ofrece un texto en papel. La visión o principio organizador claro resulta más patente en algunas de las enciclopedias posteriores, como la “Britannica” y es lo que se hecha en falta en otras como Wikipedia.Entre las Líneas En este último caso, el francés Régis Debray, de la revista Médiologie, dudaba de que pudiera autoorganizarse mediante pequeños toques sucesivos y aislados. Que no había una visión de conjunto.

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