Espíritus Animales en la Teoría General de Keynes y otros Autores
Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] John Maynard Keynes acuñó el término “espíritus animales” para referirse a las mentalidades emocionales. La confianza o la falta de ella puede impulsar u obstaculizar el crecimiento económico. La justicia es muy importante a la hora de fijar los salarios, pero los modelos económicos clásicos la ignoran. La gente tiende a llegar a conclusiones irracionales sobre el dinero; esta es la “ilusión del dinero”.
La mayoría, probablemente, de nuestras decisiones de hacer algo positivo, cuyas consecuencias se prolongarán durante muchos días, solo puede tomarse, explicaba J.M.Keynes en su Teoría general (1936)- como resultado de los espíritus animales – un impulso espontáneo a la acción en lugar de la inacción, y no, en cambio, como el resultado de un promedio ponderado de los beneficios cuantitativos multiplicado por las probabilidades cuantitativas.
Keynes intentaba decir que los datos económicos brutos, como los niveles de beneficios, pueden ser inadecuados. Por ejemplo, las ganancias pueden ser altas, pero si los empresarios temen una recesión, es probable que la inversión se agote.
Los espiritus animales también pueden referirse al riesgo que implica la toma de decisiones de inversión que siempre tienen un elemento de riesgo asociado. Si la gente espera una recesión, entonces la confianza será baja y el aumento del ahorro.Entre las Líneas En esta situación, Keynes abogó por una política fiscal expansiva para impulsar la demanda y el crecimiento económico.
Los animal spirits y la macroeconomía keynesiana
Reseña de la revista “Libros de Economía y Empresa” de varios libros en este ámbito:
“Una de las ideas más importantes de la Teoría General de Keynes era la de la volatilidad (véase su definición en el diccionario y más detalles, en esta plataforma, sobre este término) de la demanda de inversión. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). De acuerdo con Keynes, el conocimiento que tienen los inversores de los rendimientos (véase una definición en el diccionario y más detalles, en la plataforma general, sobre rendimientos) futuros de sus inversiones es, por lo general, bastante limitado. A menudo, lo único que motiva a los inversores son conjeturas elaboradas a partir de estados psicológicos que tienen muy poco que ver con la racionalidad económica. Keynes se refirió a estas motivaciones con el término animal spirits, y creyó que ahí estaba la causa de la volatilidad (véase su definición en el diccionario y más detalles, en esta plataforma, sobre este término) de la inversión, lo cual a su vez se traducía, a través del mecanismo del multiplicador, en fluctuaciones de la producción y del empleo.
Puntualización
Sin embargo, esta noción prácticamente desaparecedurante el proceso de reelaboración de las ideas keynesianas que se inicia casi inmediatamente después de la publicación de la Teoría General, y que lleva al desarrollo del análisis IS-LM y a la “gran síntesis neoclásico- keynesiana” de los años cincuenta y sesenta. Sorprendentemente, la mayoría de los modelos keynesianos del ciclo económico ignoran el tema en cuestión y se construyen a partir de otro tipo de hipótesis: básicamente, hipótesis referentes a la interacción multiplicador-acelerador y a los desfases de la función de consumo.
Animal Spirits: How Human Psychology Drives the Economy, and why it Matters for Global Capitalism
Una excepción importante en relación con lo dicho anteriormente sería la obra de Charles Kindleberger, Manias, Panics and Crashes. A History of Financial Crises, publicado por primera vez en 1978, aunque esa edición ha sido considerablemente ampliada en otras posteriores.
La esencia del argumento de Kindleberger, basado a su vez en el modelo de Hyman Minsky (1972), se podría resumir como sigue: la causa principal (aunque no la única posible) de los ciclos económicos hay que buscarla en ciertos mecanismos psicológicos –los animal spirits de Keynes– que generan fluctuaciones imprevisibles en los precios de los activos. El inicio del proceso puede estar en alguna perturbación exógena (por ejemplo, una innovación técnica o financiera, un cambio político) que genera grandes expectativas de beneficio en algún sector. Este optimismo pone en marcha una onda expansiva que se propaga fácilmente gracias al incremento del crédito bancario (oferta monetaria endógena). La onda expansiva conduce a eso que Adam Smith (1723-1790, importante filósofo social y economista) llamaba overtrading, es decir una situación de excesiva “alegría financiera”: sobre estimación de los rendimientos (véase una definición en el diccionario y más detalles, en la plataforma general, sobre rendimientos) futuros de las inversiones, reducción de las garantías exigidas por los bancos para la concesión de créditos y especulación pura y dura.
Una Conclusión
En definitiva, se crea una burbuja financiera que finalmente acaba explotando.Entre las Líneas En la cima de la onda expansiva, algunos individuos (generalmente los que cuentan con algún tipo de información privilegiada) se retiran del mercado, no sin antes vender sus activos sobrevaluados con el fin de realizar las plusvalías correspondientes. Esto crea problemas a algunas entidades financieras, que pueden acabar en la quiebra; lo cual acaba generando pánico: la inversión se contrae bruscamente y la economía abandona la fase maníaca para entrar en la fase depresiva. El fin de esta situación llega cuando los precios de los activos han caído lo suficiente y los inversores de nuevo se sienten motivados para realizar inversiones a largo plazo.
Irrational Exuberance
Kindleberger utiliza este esquema para interpretar la historia de las crisis financieras en los países occidentales desde el siglo XVII hasta la gran depresión de 1929. La conclusión principal que él obtiene es que es necesaria la presencia de un banco central o de alguna autoridad monetaria que actúe como prestamista en última instancia, y que garantice liquidez al sistema en los momentos de crisis para evitar que las crisis se propaguen.
Aviso
No obstante, Kindleberger reconoce que esta solución conlleva un cierto peligro: si los bancos saben que las dificultades crediticias van a ser subsanadas por el banco central, es probable que actúen con menos eficiencia y que las crisis financieras se produzcan con mayor frecuencia. Kindleberger no investiga la importancia empírica de esta consideración.
Una segunda obra, mucho más reciente, que también destaca la importancia de los animal spirits en los mercados de capital, es Irrational Exuberance, de Robert Shiller. El título de este libro proviene de una cita famosa de Alan Greenspan, de mediados de los años noventa, que trajo como consecuencia la caída casi inmediata de las cotizaciones bursátiles. La primera edición de este libro apareció en marzo de 2000, en el momento álgido de la burbuja de Internet.Entre las Líneas En 2005 hubo una segunda edición, ampliada con un estudio de la burbuja inmobiliaria, que en ese momento también se encontraba en su apogeo.
Animal Spirits. Cómo influye la psicología humana en la economía
Irrational Exuberance es básicamente una crítica a la tesis de la eficiencia del mercado de capitales. Aunque cuenta con bastantes antecedentes, la formulación “moderna” de esta tesis podría asociarse al nombre de Eugene Fama y situarse en torno a 1970. Dicha tesis se podría resumir diciendo que los precios de las acciones, al menos cuando éstas se negocian en un mercado abierto, tienden a reflejar toda la información disponible acerca de las mismas. Por tanto, un inversor que basara sus decisiones en datos que no fuesen los precios del momento no podría obtener ninguna ventaja. La consecuencia inmediata de todo esto es que la evolución de los precios de los activos cotizados en Bolsa sigue un “paseo aleatorio”. Si esta teoría fuese verdadera, eso querría decir que, en cuestiones de Bolsa, los inversores mejor informados no ganan más que los peor informados: siempre que todos conozcan la lista de precios del momento, es de esperar que todos, a largo plazo (véase más detalles en esta plataforma general) y en promedio, obtengan las mismas ganancias.
Shiller, sin embargo, apunta un fallo muy importante en relación con este argumento: para que el mercado de capitales pueda considerarse eficiente, es preciso que los inversores más “listos” –es decir, los que tienen la capacidad de darse cuenta de que un activo está infravalorado o sobrevalorado– tengan la oportunidad de usar ese conocimiento y de beneficiarse de él. Por tanto, en algunos momentos por lo menos, tiene que haber gente que explote alguna “ventaja informativa”. Parece pues que la teoría en cuestión contiene una contradicción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Y esa contradicción no se resuelve diciendo que “en el mercado de capitales los ajustes se producen con una velocidad infinita”. Eso sería un mero artificio formal: si realmente queremos saber algo sobre los procesos de ajuste en los mercados de capitales, tenemos que renunciar a ese truco.
Manias, Panics, and Crashes. A History of Financial Crises
El libro de Shiller no se limita a criticar la tesis de la eficiencia del mercado de capitales desde un punto de vista teórico. Su principal aportación es, sin duda, empírica. Shiller aporta datos muy reveladores sobre la evolución comparativa de: a) los precios de los activos cotizados, y b) el valor presente de los dividendos futuros correspondientes a esos activos en cada momento. Su argumento es que la evolución extremadamente irregular de los primeros difícilmente podría considerarse “la mejor anticipación” disponible de los dividendos esperados en cada momento. Según él, las burbujas especulativas ocurren con una periodicidad bastante regular, y casi siempre parecen tener algo que ver con historias de grandes oportunidades, historias que todo el mundo cree, o parece creer, y que generan oleadas de optimismo más o menos irracional. La propagación de estas oleadas tiene mucho que ver con la psicología de masas y con los medios de comunicación, sobre todo los modernos medios electrónicos, que tienden a acelerar los procesos de expansión y de contracción de las expectativas.
En cualquier caso, el argumento más contundente a favor de Shiller tal vez sea que logró predecir con bastante nitidez la explosión de la burbuja de Internet antes de que ésta estallara en el año 2000; así como la explosión de la burbuja inmobiliaria en pleno 2005, cuando la euforia inversora no había mostrado todavía ninguna señal de debilitamiento.
Un análisis mucho más general que el de los libros anteriores puede encontrarse en una obra muy reciente de George Akerlof y Robert Shiller, que toma su título –Animal Spirits– de la famosa expresión de Keynes y refleja en su subtítulo sus pretensiones de generalidad: De cómo la psicología humana dirige la economía y por qué es importante para el capitalismo global. El análisis de Akerlof y Shiller va mucho más allá de los problemas relacionados con la volatilidad (véase su definición en el diccionario y más detalles, en esta plataforma, sobre este término) de la inversión y el mercado de capitales, aunque, posiblemente por razones editoriales, los autores han querido enfatizar estas cuestiones dedicando un capitulo especial a la actual crisis financiera.
Akerlof y Shiller reducen la psicología de los animal spirits a cinco cuestiones esenciales: la confianza (sobre todo la confianza en ciertas opiniones generalmente compartidas sobre la marcha de los negocios, el crecimiento económico, las perspectivas de inversión, etc.); el sentido de la equidad (por ejemplo, la idea de que las reducciones salariales son injustas); la corrupción, entendida simplemente como la tendencia que muchas personas tienen a actuar de mala fe; la ilusión monetaria, y finalmente, lo que los autores llaman “historias”, es decir, la forma en que cada uno de nosotros se ve a sí mismo, las “historias” que cada persona se cuenta a sí misma para racionalizar su proceder y para interpretar su papel en este mundo.
Aunque todas estas cuestiones se pueden interpretar, y de hecho se han interpretado, en clave de “racionalidad económica” –es decir, sobre la base del cálculo de costes (o costos, como se emplea mayoritariamente en América) y beneficios–, lo importante aquí no es saber hasta qué punto las consideraciones de Akerlof y Shiller sobre la confianza, la equidad, etc. son compatibles o incompatibles con la racionalidad económica. Lo verdaderamente importante son las implicaciones de tales consideraciones con respecto al funcionamiento de los mercados. [rtbs name=”mercados”] En realidad, el análisis de los animal spirits de Akerlof y Shiller recuerda, en cierto modo, la literatura sobre “fallos del mercado”. Y esto es así porque todo el análisis parece orientado hacia una conclusión fundamental, que es la siguiente: la existencia de los animal spirits hace que los mercados no se ajusten con tanta facilidad ni funcionen con tanta eficiencia como sería de esperar en condiciones estrictamente “neoclásicas”.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
En este sentido, el libro de Akerlof y Shiller analiza las implicaciones de los animal spirits respecto a una serie de “grandes problemas” de la teoría económica moderna, tales como las razones del desempleo involuntario; la existencia (o inexistencia) de un cierto trade off a largo plazo (véase más detalles en esta plataforma general) entre inflación y desempleo; por qué caen las economías en depresión; por qué se producen las fluctuaciones en el mercado de valores y en los mercados inmobiliarios, etc.Entre las Líneas En relación con todas estas cuestiones el libro plantea una serie de argumentos que en gran parte han sido objeto de publicaciones anteriores por parte de ambos autores.
Por ejemplo, con respecto a las causas del desempleo, el argumento se basa en la idea de los salarios de eficiencia, ampliamente investigada por Akerlof y Yellen (1990): el salario de eficiencia es la consecuencia de un contrato tácito entre empresarios y trabajadores; un contrato en virtud del cual los empresarios acceden a mantener los salarios relativamente altos, aunque haya muchos parados, y los trabajadores se comprometen a mantener un alto nivel de esfuerzo. Se trata pues de una explicación de la rigidez salarial, y del desempleo, basada en consideraciones de equidad: una argumentación sin duda relevante para algunos sectores de la economía, pero difícilmente creíble como explicación general del desempleo.
Con respecto al trade off entre la tasa de inflación y la tasa de paro, el argumento gira en torno a la rigidez de los salarios y la ilusión monetaria, todo ello consecuencia de los animal spirits. Aquí habría que señalar que, con independencia de cómo se justifique teóricamente la ilusión monetaria, los autores aportan un argumento empírico muy importante: si la ilusión monetaria es algo tan raro como creen los economistas neoclásicos, ¿por qué las cláusulas de ajuste según el coste (o costo, como se emplea mayoritariamente en América) de la vida son tan poco frecuentes en los contratos libremente negociados, sobre todo, contratos de trabajo y de préstamo?
Otro aspecto importante del libro de Akerlof y Shiller es el análisis de la actual crisis financiera, interpretada básicamente como una crisis de confianza: el colapso de la confianza en determinados productos financieros y en un determinado modus operandi de las instituciones bancarias. Aunque, junto al factor confianza, los autores también destacan la importancia de la corrupción corporativa en el desarrollo de la crisis. Ellos no emplean el término “corrupción corporativa”, pero sí destacan el papel de la corrupción en el sentido de “mala fe” –una manifestación más de los animal spirits–, sobre todo en relación con las prácticas de “contabilidad creativa”, los procesos de creación y difusión de una serie de productos financieros cada vez más opacos y más arriesgados, la actuación de las agencias de rating, etc. Con respecto a la cuestión de cómo salir de la crisis, los autores apoyan las medidas de salvamento de las instituciones financieras más afectadas por aquélla y destacan la necesidad de regular el sistema financiero de modo que puedan evitarse situaciones similares en el futuro.
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Detalles
Los animal spirits influyen en la marcha de la economía, y no parece que ignorarlos nos pueda ayudar mucho a entender el mundo que nos rodea. Ahora bien, el reconocimiento de este hecho –lo que, indudablemente, lleva aparejado el reconocimiento de que los mercados no siempre funcionan tan bien como a veces se dice– no implica aceptar que los gobiernos tengan en sus manos la solución de cualquier problema. Se puede hablar de la necesidad de regular los mercados financieros, pero el diseño de la regulación óptima, o por lo menos de un tipo de regulación que no cree más distorsiones que las que pretende evitar, es harina de otro costal. Afirmaciones como la del final de la página 173 –“sin intervención gubernamental, la economía está abocada a sufrir cambios masivos en el empleo”– carecen de fundamento: ¿no es posible que sean las intervenciones más o menos erráticas de los gobiernos las responsables de las fluctuaciones? La evidencia acumulada en este sentido –como, por ejemplo, la que se encuentra en la Historia monetaria de los Estados Unidos, de Milton Friedmann y Anna Schwartz– es demasiado sólida para ser ignorada; aunque aquí no podamos entrar en una discusión detallada de este punto.”
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