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Etnografía en Estados Unidos

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Etnografía en Estados Unidos

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Etnografía y Folklore en Estados Unidos de América del Norte en Relación a Cultura

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] El periodo de tiempo en que la futura nación de EE. UU. se desarrolla en el territorio situado entre el Atlántico y los Apalaches, da lugar a una cultura relativamente homogénea y característica, especialmente en las regiones fronterizas. Prorrumpe esta cultura allende los Apalaches, después de la Independencia, en la marcha hacia el Pacífico, dejando, no obstante, ciertos grupos aislados de la mayoría por razones de posición geográfica, lengua o religión: los llamados grupos regionales o grupos étnicos.

Existen, entre estos grupos, los de herencia anglosajona (los montañeses de los Apalaches y de los Ozark, los pescadores de las costas de Maine), que permanecieron aislados durante el movimiento hacia el Oeste y que han conservado una versión folklorizada de la cultura dominante.Entre las Líneas En el lejano Oeste, principalmente en Utah, los mormones se distinguen de la mayoría principalmente por su religión. Hay también grupos regionales que hablan otras lenguas y cuyo folklore incluye elementos de otros pueblos europeos: los alemanes de Pensilvania, los franceses de Luisiana, los mexicanos del Sudoeste.

Finalmente, está el negro en los Estados del Sur, esclavo hasta terminar la guerra civil y, después de su manumisión, víctima de una servidumbre ligada a la tierra. Hay también grupos inmigrantes en las ciudades (italianos, irlandeses, judíos, polacos, etc.) que cultivan el folklore traído de Europa y le dan nuevas formas. Siguiendo la tendencia de emigrar del campo a la urbe, han venido también a las ciudades elementos de los grupos regionales, muy especialmente los negros. Los grupos urbanos tienen muchas de las características de los grupos regionales, especialmente en cuanto a las diferencias sociales. Sus proproblemas y su lore (saber) son una de las mayores preocupaciones de los folkloristas y etnólogos estadounidenses.

Cultura material, creencias y fiestas

Los pioneros son cazadores y agricultores; derriban los bosques, arrollan al indio a su paso, y son el rifle y el hacha sus instrumentos característicos (pueblo que estima la movilidad, la eficiencia y la tecnología). La vida es simple y rigurosa y habitan a menudo en chozas de troncos. El maíz es alimento básico junto con el cerdo y los frutos de la caza (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fuera de la gente acomodada, hay poco interés en las artes y artesanías, con excepción de las más utilitarias: sobrios tejidos caseros, manufactura de sillas y mesas rústicas, etc., el trabajo de los acolchados con retazos de tela de diferentes colores, para lo que se reunían las mujeres en esfuerzo comunal en los llamados quilting parties.

Se viaja por lo general a pie, aunque en la región entre los Apalaches y el río Misisipí los barcos tienen importancia en el transporte. Una vez cruzado el Misisipí, el pionero ha de cambiar su modo de vida, bajo la influencia del indio de las Grandes Llanuras y del mexicano. Después, se convierte en jinete y cambia el rifle por el revólver. Del mexicano obtiene no sólo sus tierras y ganados, sino muchos aspectos de su cultura. De la síntesis resultante surge el cowboy, que se convertirá en símbolo de la cultura popular de EE. UU. Bajo la influencia hispanoamericana, el cowboy cultiva las artes y artesanías folklóricas, trabajando el cuero, el cuerno, la madera, el hierro y la plata, especialmente en conexión con los aperos del jinete. Entre otros grupos regionales, como los alemanes de Pensilvania, también se han cultivado las artes y artesanías. La movilidad de la población y el intenso puritanismo de sus años formativos impide el cultivo de las fiestas y del drama folklórico con excepción de casos aislados: el jueves lardero en Luisiana y las «pastorelas» en el Sudoeste.

Abundan las creencias y supersticiones.

Detalles

Los antiguos puritanos ponían gran fe en las «providencias», hechos sobrenaturales parecidos a los milagros. Entre los grupos regionales persisten los ritos mágicos relacionados con la agricultura, las brujas y curanderos, los espantos y milagros. Algunas creencias pasan a la urbe, en donde toman formas características del nuevo medio: p. ej., el uso de las «varitas de S. Ignacio» (práctica llamada dowsing), que tiene orígenes rurales y ha pasado a las ciudades. Entre los grupos regionales, el dowsing se ha practicado principalmente para localizar pozos de agua.Entre las Líneas En ciudades como Nueva York y Los Ángeles, en donde existen sucursales de la fraternidad nacional ‘conocida por el nombre de American Society of Dowsers, se usan las varitas para encontrar tesoros escondidos y hacer curaciones. Las varas son de metal y se le da a la costumbre una explicación seudocientífica.

Música, baile y canto

La música de los antiguos grupos anglosajones se hacía con el violín y con instrumentos simples de percusión. El banjo parece ser de origen africano, mientras que la guitarra se difundió por influencia de los grupos mexicanos y el prestigio del cowboy. Junto con la armónica, dichos instrumentos forman la base de la música contemporánea denominada hill-billv. El puritanismo condenaba el baile como cosa diabólica, sin embargo, fueron populares en las regiones pioneras bailes como el square dance, variación de la contradanza. Más típico quizá fue el playparty, forma intermedia entre la danza y el juego que se cultivó en las regiones donde se prohibía el baile. Los pasos son una modificación de bailes como el square dance, pero se ejecutan al son del canto y palmoteo de los participantes, sin intervención de instrumento musical alguno. La polca, desde mediados del siglo Xlx, ha sido muy apreciada entre algunos grupos regionales, como los checos, alemanes, polacos y mexicanos. Mientras tanto el baile negro ha evolucionado haciendo uso de fuentes folklóricas africanas y europeas, así como de influencias teatrales, especialmente del minstrel show. Primeramente, la tradición negra se hizo sentir en los bailes ejecutados por un hombre solo, con mucho taconeo y arrastre de los pies, cruzar de las manos frente a las rodillas, etc. De allí pasó a los bailes de parejas que han sido populares en EE. UU. durante el siglo Xx, desde el charleston hasta el watusi.

Todos los grupos regionales han tenido sus cantos folklóricos. Los grupos anglosajones. de los Apalaches y los Ozark conservan antiguas baladas de Gran Bretaña y también han introducido cantos narrativos propios sobre temas contemporáneos: de facinerosos, como Jesse lames, o de trabajadores heroicos, como Casey Jones y John Henry. Entre los grupos regionales mexicanos, especialmente a lo largo de la frontera entre Texas y México, se desenvuelve un corrido, análogo al corrido de México pero con rasgos propios. Tanto los franceses y los alemanes como los mexicanos tienen canciones cómicas sobre temas bilingües.

El cowboy dejó algunos cantos narrativos con temas propios, pero la mayor parte de sus cantos fueron adaptaciones de las canciones sentimentales cantadas en los teatros durante las últimas décadas del siglo Xix. Son, sin duda, los blues, de origen negro, el género de canción folklórica más típicamente estadounidense. Los blues son, generalmente, una copla de dos versos irregulares, cantada por un hombre solo, que se acompaña con la guitarra. El género es lírico, una serie de quejas o tristezas del hombre solitario o traicionado por la mujer, o por la vida misma. Tanto los blues como la música instrumental negra (véase en esta plataforma: JAZZ) y la religiosa (gospel) se han asimilado a la cultura dominante de los blancos, por medio de formas artísticas, o comercializadas.Entre las Líneas En busca de una nueva identidad, los negros de las ciudades han combinado los blues con los gospels, produciendo la música llamada soul (alma), representativa del modo de ser del negro estadounidense moderno, que concibe su propia identidad como una cualidad especial de su alma, de modo parecido a los nacionalistas románticos (véase en esta plataforma: ix).

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Dialectología y narraciones en prosa

En lugares aislados se narran y se pueden coleccionar todavía los cuentos maravillosos, entre algunos individuos de los grupos regionales.Entre las Líneas En inglés se han hecho buenas colecciones de cuentos por Dorson, Roberts y Randolph, y en español por los Espinosa y Juan B. Rael.Si, Pero: Pero el cuento maravilloso está en decadencia; más típicos del país son los cuentos legendarios y humorísticos. La persistencia del género legendario atestigua la permanencia también de las creencias, pues muy a menudo este género toma la forma del caso (narración de un hecho acontecido) u otro tipo de narración relacionada con la vida cotidiana del narrador. Dichos cuentos muestran también cierta universalidad, que se sobrepone a las grandes variaciones inherentes al mosaico de la cultura de EE. UU. Algunos de ellos tienen difusión muy amplia, sobrepasando las diferencias de lengua y de región. Tenemos, p. ej., el cuento del Pasajero fantasma, tan típicamente estadounidense, relacionado con el automóvil y las carreteras del país para establecer el ambiente de lo sobrenatural. Ha sido coleccionado en casi todos los Estados de la Unión.

Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Durante la II Guerra mundial (o global) se registró entre los mexicanos del sur de Texas, donde el pasajero se dice que es una monja, y entre los mormones de Utah, se identifica con un nef ita o santo mormón.Entre las Líneas En ambos casos, el pasajero fantasma pronostica el fin de la guerra antes de desaparecer.

El cuento jocoso también es muy difundido y se adaptan los mismos motivos a las diferentes regiones, llegándose a confundir con el caso y con otras formas legendarias cuando es aplicado, como sucede frecuentemente, a algún político o figura local. Igual importancia tiene el cuento étnico o narración jocosa en que se expresan las tensiones ocasionadas por los conflictos culturales entre grupos de diferentes orígenes, especialmente en las ciudades.

Del mismo modo, existen igualmente en los sectores urbanos toda clase de designaciones despectivas para otras nacionalidades, así como algunas configuraciones lingüísticas basadas en equívocos, que se usan en situaciones de conflicto verbal, parecidas al calambur o albur de los mexicanos, y que los negros de EE. UU. denominan sounding.

Informaciones

Los dialectos regionales y el caló de las minorías urbanas adquieren cada vez mayor importancia en los estudios de los folkloristas y etnólogos de EE. UU. [rbts name=”cultura”]

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Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre etnografía y folklore en Estados Unidos de américa del norte en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

T. P. COFFIN (ed.), American Folklore: Voice of America Forum Lectures, Washington 1968; H. COURLANDER, Negro Folk Music, U.S.A., Nueva York 1963; R. M. DORSON, American Folklore, Chicago 1959; íD. (ed.), Buying the Wind: Regional Folklore in the United States, Chicago 1964; A. M. EsPINOSA, New-Mexican Spanish Folk-Lore, «Journal of American Folklore», XXIII-XXIX, 1910 (1910-1916); A. LOMAx, Folk Songs of North America, Nueva York 1960; A. PAREDES, El cowboy norteamericano en el folklore y la literatura, «Cuadernos del Inst. Nac. de Antropología», X, Buenos Aires 1963, 227-240; íD, El folklore en los Estados Unidos durante la última década (1953-1962), en Folklore Americano, X, Lima 1962, 255-261; J. B. RAEL, Cuentos españoles de Colorado y de Nuevo Méjico, Stamford (California) 1957; V. RANDOLPH, Ozark Superstitions, Nueva York 1947; L. W. ROBERTS, South from Hell-for-Sartin: Kentucky Mountain Folktales, Lexington (Kentucky) 1955.

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0 comentarios en «Etnografía en Estados Unidos»

  1. ¿Sigue contribuyendo la esclavitud a la división racial en Estados Unidos? No cabe duda de que la esclavitud sigue impulsando la división racial de la nación. Para ver la evidencia de este impacto continuado, sólo tenemos que mirar atrás hasta el 6 de enero de 2021. Organizando una insurrección violenta contra el gobierno de EE.UU., los terroristas domésticos forzaron su entrada en el edificio del Capitolio en un intento de subvertir el proceso democrático.

    Entre los muchos símbolos ofensivos exhibidos por la multitud, quizás el más reconocible fue la bandera confederada, blandida por un alborotador frente a la cámara del Senado. La bandera confederada, durante mucho tiempo símbolo de la violencia, la supremacía blanca y la traición, ondeaba en el interior del Capitolio frente a las pinturas de los mismos hombres que lucharon por acabar con la esclavitud hace 160 años.

    El final de la Guerra de Secesión, aunque supuso la emancipación de los afroamericanos esclavizados, inició una batalla sobre el significado de los Estados Unidos reunificados. A pesar de los esfuerzos de los republicanos radicales que intentaron codificar los derechos civiles y erradicar los sistemas de desigualdad durante la Reconstrucción, la nación abandonó rápidamente cualquier compromiso con los antiguos esclavizados.

    Las campañas de organizaciones como las Hijas Unidas de la Confederación no sólo justificaron y reforzaron el terror de Jim Crow, sino que también desviaron la memoria nacional de los horrores de la esclavitud. El terror racializado del Ku Klux Klan y otros llevó a los linchamientos de varios miles de negros estadounidenses. El movimiento por los derechos civiles que se emprendió en las décadas de 1950 y 1960, en busca de los derechos económicos, políticos, legales y sociales de los afroamericanos, aún no ha concluido.

    Como país, todavía tenemos que afrontar plenamente los más de 400 años de violaciones humanas que han dado forma a nuestros sistemas económicos, legales y sociales. El racismo fomentado, alimentado y sostenido por la institución de la esclavitud está marcado de forma indeleble en la sociedad estadounidense. La pandemia del COVID-19 ha asolado de forma desproporcionada a las comunidades de color, poniendo de manifiesto las desigualdades en materia de vivienda, seguridad alimentaria y atención sanitaria en función de la raza. La brutalidad policial sigue provocando el encarcelamiento masivo y la carga económica de las comunidades negras, así como el asesinato de civiles negros inocentes. El alarmismo y la búsqueda de chivos expiatorios en el Congreso en respuesta a las protestas pacíficas del movimiento #BlackLivesMatter demuestran que muchos políticos se niegan a reconocer el impacto del racismo sistémico en la sociedad estadounidense.

    La presencia de la bandera confederada en el Capitolio no es más que un síntoma de desigualdades profundamente arraigadas. Solo reconociendo la historia de la esclavitud en Estados Unidos, y nuestra complicidad con su impacto continuado, puede Estados Unidos empezar a abordar y reparar su división racial.

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