Inteligencia en Psicología
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Inteligencia Psicología en Relación a Sociología
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] El término y el concepto. La palabra inteligencia, fue introducida por Cicerón para significar el concepto de capacidad intelectual (Platón, Aristóteles). Su espectro semántico es amplísimo, reflejando la idea clásica según la cual, por la inteligencia el hombre es, en cierto modo, todas las cosas (Aristóteles, De anim. III,8).
En filosofía ha significado principalmente: 1) nivel o facultad, diferente de otras facultades (vegetativas, sensitivas, apetitivas); 2) función intelectual simple (aprehensión, abstracción, intelección de ideas y esencias), a diferencia de otras funciones compositivas (juicio, raciocinio); 3) nota esencial y diferencia específica del hombre, denotativa del acceso al ser y a la verdad; 4) principio espiritual; y 5) ente inmaterial y separado (coristos, gr., neoplatónico y escolástico). Es un concepto capital en metafísica, epistemología y antropología, que divide a los sistemas filosóficos
El estudio filosófico ya se ha hecho en I, donde se pone de relieve el carácter de la inteligencia como conocimiento espiritual y, por tanto, como facultad trascendente a la materia, irreductible a lo orgánico. Aquí, en cambio, vamos a hablar de la inteligencia en el sentido que lo hace la Psicología empírica contemporánea que la considera en cuanto capacidad de estructuración de datos, medibles mediante procedimientos empíricos o bajo perspectivas análogas, lo que obviamente no agota toda la riqueza de la inteligencia sino que solamente nos habla de uno de sus niveles y, por cierto, no el más radical. Se puede señalar que en parte de la terminología científica de la época se tiende a referirse a los aspectos más hondos con los términos razón (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), conocimiento (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), etc., reservando el de inteligencia para el nivel psicológico mencionado.
La definición psicológica. La inteligencia ha sido estudiada en tres perspectivas principales: a) la psicología experimental del pensamiento y de la solución de problemas, interesada en las leyes generales cognoscitivas y del comportamiento inteligente; b) la psicología diferencial, de matiz psicométrico, que trata de medir y explicar las diferencias entre los hombres y de fundamentar en ellas diagnósticos y pronósticos; y c) la psicología genética, ocupada en estudiar los procesos de constitución y desarrollo. Las tres han permanecido casi aisladas y sólo en los últimos años se insinúa una convergencia que intenta integrar asimismo la faceta neurofisiológica y los modelos cibernéticos y de cálculo electrónico (Hunt, Sears, Butcher, Miller, Galanter y Pribram).
Las definiciones que ofrecen estos trabajos pueden clasificarse en tres grupos: biológicas, psicológicas y operativas. Las biológicas consideran a la inteligencia como la «capacidad de adaptación» a situaciones nuevas (Spencer, Hall, Stern, Claparéde). La inteligencia se presenta así como índice filogenético y ontogenético de progresiva autonomía y dominio del medio; caracterización fundamental, pero incompleta, pues no toda adaptación es inteligente (homeostasis, instintos, acomodaciones sensomotoras, cte.). Las definiciones psicológicas son innumerables. Muchas, de tipo conductista y reflexológico, se refieren a la «capacidad de aprendizaje» (Pavlov, Thorndike, Hull, Skinner, Ferguson, Luria). Otras, más abundantes todavía, acentúan los «procesos cognoscitivos»: riqueza de la población de elementos cognoscitivos, de la que son muestras aleatorias las actividades inteligentes (Thomson); inhibición de la acción, y ensayo y error mental (Thurstone, Tolman); capacidad cognoscitiva general innata (Burt); reorganización perceptiva de la situación, generadora de una comprensión súbita (Gestalttheorie); jerarquía sucesiva de estructuras de creciente reversibilidad, desde los esquemas sensomotores al pensamiento lógico (Piaget). Otras muchas, en fin, designan algún proceso o atributo distintivo: capacidad de buena respuesta desde el punto de vista de la verdad y los hechos (Thorndike); comprensión, invención, dirección y crítica (Binet); abstracción (Terman); neogénesis o capacidad abstractiva y relacionante (Spearman).
D~ esta diversidad cabe deducir dos conclusiones. Una, que la diversidad misma indica el carácter polimorfo y abierto de la inteligencia (Miles), la cual no es designable por enumeración de procesos o atributos (Ryle). Toda conducta puede ser o no inteligente, desde beber un vaso de agua hasta discutir las antinomias kantianas de la razón pura: depende del modo. De ahí los intentos de definición abierta, que pueden resumirse en uno solo: capacidad de adquirir capacidad (Woodrow). Más aún, la inteligencia, como se ha dicho de los programas electrónicos de «pensamiento simulado», incluye siempre un componente no especificado, pues para especificarlo haría falta otro componente de orden superior, y así ad in f initum: «el intelecto humano debe estar siempre un grado más allá en complejidad y riqueza que cualquiera cosa que pueda crear» (Beloff, The existente of Mind, 1962, 124). La segunda conclusión es que, dado este carácter abierto, quizá no sea posible una delimitación verificable del concepto. De ahí, el atenerse a la definición operativa de Bridgman: «inteligencia es lo que miden los tests de inteligencia». Esta definición, sin duda circular, es un instrumento metodológico fecundo. El estudio experimental y matemático de los tests que supuestamente midan la inteligencia irá indicando, progresiva y autocorrectivamente, qué miden los tests y hasta qué punto miden una misma cosa. Así se ha construido el concepto de inteligencia psicométrica que se expone a continuación.
La estructura psicométrica de la inteligencia. Los resultados del análisis estadístico y factorial de los tests de inteligencia, superlativamente abundantes, pueden resumirse como sigue. La inteligencia psicométrica (la que miden los tests) es un campo de covariación continuo, heterogéneo y jerarquizado. Continuo: todas las actividades inteligentes tienden a covariar entre sí. Heterogéneo: en este continuo se originan, de forma característica en cada grupo humano y, en parte, en cada individuo, zonas de intensa covariación (aptitudes), según la interacción entre la dotación genética y las circunstancias personales (edad, sexo, experiencia) y ambientales (sociedad, clase, cultura), sin que se excluya que algunas aptitudes sean, al menos parcialmente, universales.- Jerarquizado: a cualquier nivel que se estudien, las diferencias individuales pueden expresarse en función de varias aptitudes o factores, que no son ni simples, ni independientes; el análisis de cada aptitud descubre otras más numerosas y específicas; el estudio de las interdependencias entre las aptitudes descubren otras menos numerosas y más generales. Todo indica que hay una jerarquía de aptitudes, desde la general y común a todas las actividades hasta las singulares de cada actividad, pasando por múltiples niveles de generalidad descendente.
La organización jerárquica de la inteligencia en nuestra cultura occidental, predominantemente escolarizada, urbana, industrial y competidora, está dominada por un factor general, caracterizado por la actividad abstractiva, relacionante, integradora y flexible. Puede ser apreciado mediante tests especiales (Raven) y por escalas de inteligencia general (Binet, Terman, Wechsler), y permite una estimación global de la inteligencia (cociente intelectual: CI).Entre las Líneas En un segundo nivel destacan dos grandes subfactores que cubren dos amplios campos de la actividad inteligente: el verbal y el no verbal (espacial, mecánico y manipulativo), cuya medida, junto con el CI, proporciona la mejor información disponible para el diagnóstico actual y el pronóstico futuro del nivel y rendimiento intelectuales. Estos son los factores típicamente defendidos y usados por la escuela factorial inglesa (Spearman, Burt, Vernon. V. fig. 1). Por debajo de estos niveles existen otros varios, cada vez más especiales, como los llamados «aptitudes primarias»: verbal, numérico, espacial, de razonamiento, mnemónico, perceptivo, psicomotor, que se subdivide a su vez en otros muchos (Thurstone, Cattel, French). La clasificación más sistemática y comprensiva de estos factores múltiples es la llamada, por Guilford, estructura del intelecto (fig. 2). Estos factores permiten efectuar pronósticos eficaces en aspectos más especializados del rendimiento escolar y profesional, si bien hay que advertir que, en el lenguaje de la teoría de la comunicación, cuanto más se gana en «fidelidad», más se pierde en «amplitud de banda» (Cronbach).
En suma, el modelo factorial indica, provisionalmente y en tanto se confirma por otros medios más directos, que la inteligencia es única (una estructura, un factor general) y múltiple. Su unidad lo es de una multiplicidad de dimensiones, las cuales, a partir de un continuo potencial, se estructuran jerárquicamente en diversas aptitudes interdependientes que varían, al menos en parte, según la dotación genética, la experiencia y la cultura de los hombres y los grupos.
La distribución de la inteligencia. La fig. 3 muestra la distribución de los resultados de los tests de inteligencia general en muestras amplias e imparciales de poblaciones de una misma edad y grupo cultural. Es una curva muy aproximadamente normal, con una ligera asimetría positiva y una mayor asimetría negativa (tipo IV de las curvas de Pearson). Con la cautela que exigen sus numerosas limitaciones metodológicas, esta curva indica que la inteligencia se distribuye según la probabilidad de sucesos determinados por un gran número de pequeños factores aleatorios (combinaciones de genes y condiciones ambientales), a lo que se añade la acción de unos pocos factores mayores, cuyo efecto predominante es alterar el equilibrio (número bastante mayor que el probable de subnormales profundos) más bien que aumentar la calidad (número algo mayor de superdotados extremos).
Otra distribución importante, muy discutible y discutida, es la curva de desarrollo. Pese, de nuevo, a los escollos metodológicos, los datos pueden resumirse en tres conclusiones. Primera: hay una clara discontinuidad cualitativa antes y después de los dos a seis años. La estructura factorial cambia (Hofstátter) y la validez predictiva antes de esas edades es prácticamente nula, lo que coincide con la aparición del condicionamiento semántico (Luria y Vinogradova), las mediaciones verbales (Kendler) y la formación del pensamiento simbólico, el lenguaje y los primeros esquemas de las operaciones lógico-concretas (Piaget). Segunda: los estudios transversales o sincrónicos (grupos de edades distintas) muestran curvas de desarrollo rápidamente ascendentes hasta los 15 años, niveladas o con pequeño incremento hasta los 30, y descendentes en adelante. El declive es mayor en tareas matemáticas y de rapidez y flexibilidad mental; menor en actividades verbales y de información (Dones y Conrad; Foulds y Raven; Wechsler; Vernon). Tercera: los estudios longitudinales o diacrónicos (el mismo grupo a lo largo del tiempo) arrojan resultados distintos.Entre las Líneas En general, se aprecia el mismo incremento rápido hasta los 15 años, pero las curvas siguen creciendo, a ritmo mucho más lento, hasta los 60, más en los mejor dotados y en tareas informativas y verbales, menos en los más torpes y en cuestiones cuantitativas, abstractas y de rapidez mental (Bayley, Nisbet, Burns, Maxwell, Schae). Cuando puede descontarse el efecto de las mejoras educativas, culturales y sociales, estos incrementos casi desaparecen (Owens). Parece, pues, que el descenso observado en los estudios transversales se debe a las diferencias entre las generaciones, resultando favorecidas las más jóvenes, probablemente por las crecientes oportunidades culturales. La misma causa cultural produce el ascenso de la curva en los estudios diacrónicos, si bien resta algún incremento debido a la experiencia. Por lo demás los estudios gerontológicos de Cambridge indican que el decremento real en las edades más avanzadas no se debe a defectos en los procesos de elaboración, sino a deficiencias en rapidez y en la toma y registro de la información (Welford).
Herencia y ambiente. El grado y medida en que la herencia y el ambiente influyen en la inteligencia es uno de los temas más oscuros y discutidos.Entre las Líneas En él se mezclan hechos, teorías y enconadas disputas ideológicas. Es claro, sin embargo, que la inteligencia comprobable por cualquiera de los medios conocidos es el resultado de la interacción de ambos factores. [rbts name=”sociologia”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre inteligencia psicología en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
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