Este texto de la plataforma se ha clasificado en ,

Radicalismo Argentino

Radicalismo Argentino

Radicalismo Argentino en las Ciencias Sociales Latinoamericanas

La expresión radicalismo alude, según informan la mayoría de los diccionarios de la lengua, al sistema o conjunto de doctrinas e ideas que persiguen introducir profundas (radicales) reformas en el orden político, social, económico, científico, etc. Vale decir, modificaciones que afecten la raíz del sistema que se combate, que es justamente el significado etimológico del adjetivo radical (del latín “radix”). Y en tal sentido la literatura científico social y el lenguaje periodístico denominan a los movimientos, partidos, ideas, políticos, pensadores, etc., que persiguen la modificación total de una sociedad o de un cuerpo teórico o de conocimientos cualquiera.Si, Pero: Pero en la historia política y social de la República Argentina la expresión radicalismo no tiene igual significación que la indicada. Aquí se trata de una organización política aparecida a fines del siglo pasado, con una continuidad de acción que llega hasta la actualidad y que salvo breves períodos se ha conocido con la denominación Unión Cívica Radical (UCR).

La aparición del radicalismo argentino. Hay consenso, entre los estudiosos de la sociedad argentina, en considerar a la Unión Cívica Radical como el primer partido moderno aparecido en el país, correlato político del movimiento económico que impulsado por la llamada «generación del 80» surgida de la burguesía’. terrateniente dominante adaptó la estructura económica y las superestructuras jurídico políticas argentinas a los requerimientos de la avasallante expansión imperialista del último tercio del siglo XIX. La Argentina «moderna», la que se estructura a partir de 1870, es una sociedad capitalista dependiente, de una dependencia consentida por la clase dominante del país, asociada a aquellas que dominaban al interior de las sociedades capitalistas desarrolladas (Inglaterra especialmente). Se trata de un proceso sumamente conocido, que no es patrimonio exclusivo del país sudamericano y que no corresponde reiterar aquí. A los efectos de situar históricamente la aparición del radicalismo argentino haremos, entonces, solo algunas ligeras indicaciones.

En la segunda mitad del siglo pasado, Argentina atraviesa una serie de transformaciones decisivas: desarrollo del ganado ovino y vacuno, de la agricultura (básicamente trigo, maíz, lino y alfalfa), exportación de carne congelada y refrigerada y cereales, colonización rural, avance de las fronteras interiores y exterminio de la población indígena (la «conquista del desierto’), derrota de los movimientos políticos y sociales opuestos al proyecto de la clase dominante (las últimas montoneras del oeste andino y del Litoral fluvial, el genocidio (véase su historia, la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, adoptada y abierta a la firma y ratificación, o adhesión, por la Asamblea General en su resolución 260 A (III), de 9 de diciembre de 1948 y que entró en vigor el 12 de enero de 1951, de conformidad con el artículo XIII, y la aplicación de este tratado multinacional) paraguayo), tendido de líneas férreas y telegráficas, sanción de la legislación civil, federalización de la ciudad de Buenos Aires, unificación de la moneda, llegada de millonarios contingentes de inmigrantes europeos (particularmente españoles e italianos) de donde surgirán los primeros núcleos proletarios del país y sus organizaciones, inversiones de capital extranjero para financiamiento de obras de infraestructura ferrocarriles, puertos, servicios públicos obras sanitarias, iluminación, y concesión de préstamos al poder central. Estas y otras acciones convergentes son impulsadas por la burguesía terrateniente (en especial las fracciones de la región del Litoral, que sobre la base de su geografía llanura pampeana óptima para la agricultura y la ganadería, vacía de población y de capital detentan la hegemonía), fracción de clase que el lenguaje político y popular del país designa como la oligarquía, la que cuidó muy especialmente impulsar y realizar esta transformación sin ceder a ninguna otra clase social del país ni una cuota mínima de poder económico y político: ello es bien visible en la política de tierras, cuyo régimen de propiedad mantiene el latifundio y cierra la posibilidad de desarrollo de medianas explotaciones capitalistas al estilo del «camino norteamericano», y en el sistema de acceso al gobierno (en cualquiera de sus niveles, municipal, provincial y nacional), exclusivamente restringido a los sectores de la élite dominante. Se ha dicho bien que este proyecto conlleva una práctica económicamente liberal y políticamente aristocratizante. Paz y administración es la consigna dominante, particularmente impulsada por el general Julio Argentino Roca presidente en los períodos 1880-1886 y 1898-1904, tanto desde el Partido Autonomista Nacional su estructura política, organismo integrado por. las fracciones hegemónicas: burguesía porteño-Iitoralense y las oligarquías del Interior, prestamente adaptadas a la nueva situación, como desde el gobierno. Este período y esta política se conoce con la denominación el régimen, cuya expresión más alta será el único, el momento en que el presidente Miguel Juárez Celman (1886-1890) reúne en sus manos el control del aparato político partidario y del Estado nacional. Es a la sombra de esta administración cuando toma auge una fracción de la clase dominante dedicada a la negociación de empréstitos y toda otra actividad vinculada con la radicación de capitales extranjeros (referido a las personas, los migrantes, personas que se desplazan fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de forma temporal o permanente, y por diversas razones) en el país, una actividad donde señoreará el negociado, el soborno, la inmoralidad administrativa. Es frente al régimen que la UCR se propondrá como la causa regeneradora.

El proceso inmigratorio ha de provocar notables modificaciones en la estructura ocupacional y social del país, pero sin modificar radicalmente la estructura económica, particularmente en el axial sistema de tenencia de la tierra. La estructura socio ocupacional que se modela por entonces acompañando a un temprano como desmedido proceso de urbanización y concentración demográfica en el Litoral no se corresponde con el grado real de desarrollo de las fuerzas productivas: en 1895 dos tercios del total de los extranjeros (referido a las personas, los migrantes, personas que se desplazan fuera de su lugar de residencia habitual, ya sea dentro de un país o a través de una frontera internacional, de forma temporal o permanente, y por diversas razones) radicados en Argentina pertenecen al sector urbano (30% en la rama secundaria y 36% en la terciaria), porcentaje muy significativo para un país que cuenta con cuatro millones de habitantes (uno de extranjeros) que casi en un 63 % vive en áreas rurales. Es que cerrado. el acceso a la tierra, las opciones para los inmigrantes consisten en regresar a Europa o en quedarse o volver a las grandes ciudades argentinas (en especial la capital) y tentar suerte en la construcción, las incipientes industrias de alimentación, las actividades artesanales, el comercio o los servicios públicos y privados (bancos, seguros, servicio doméstico, transportes y comunicaciones, etc.). De hecho, como lo muestra el porcentaje arriba indicado, un alto número de ellos elegirá la segunda opción. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto).Entre las Líneas En el contexto de «modernización» de la sociedad argentina, o mejor dicho, de desarrollo de relaciones sociales capitalistas, las modificaciones operadas conllevan la aparición de nuevos actores sociales o la reformulación del papel que desempeñan: empleados públicos y privados, profesionales, pequeñoburgueses rurales, trabajadores por cuenta propia, proletarios industriales y rurales, comerciantes, etc. Con excepción de los obreros, estos sectores constituirán lo que comúnmente se designa con el equívoco nombre de «clase media», tan dispuesta al reconocimiento social, al enriquecimiento económico y a la participación política, como al mantenimiento de la estructura económica de la sociedad.

La crisis capitalista de 1890 sacude al país y enciende el detonante que lleva al estallido de la protesta política de los sectores marginados del poder. El 26 de julio de ese año, Buenos Aires es escenario de un levantamiento militar que encabezan el general Manuel Campos miembro de un directorio bancario y ligado al ex presidente Bartolomé Mitre como jefe militar y Leandro Alem caudillo de los sectores medios urbanos de la Capital como jefe político. Pese a su derrota militar, la insurrección provoca un reacomodamiento de posiciones al interior de la oligarquía, que sacrifica a Juárez Celman y promueve a la jefatura del Estado al vicepresidente Carlos Pellegrini, un lúcido hombre de ella, vinculado al general Roca. La fracción hegemónica de la burguesía terrateniente afirma su poder otorgando algunas concesiones (anulación de los convenios más escandalosos con el capital imperialista; fundación del Banco Nacional con propiedad estatal), renegociando la deuda externa (nuevo préstamo de la Banca Rothschild), e incorporando al sector conciliador de la novel Unión Cívica (el encabezado por Mitre, representante del gran comercio bonaerense), con lo que logra una temporaria derrota de la oposición democrática.

Una coyuntural coincidencia de intereses reúne en un frente único antijuárista a los sectores sociales participantes de la insurrección de 1890, más allá de sus distintos y antagónicos intereses estructurales: ganaderos bonaerenses, burguesía comercial porteña, pequeña burguesía y el llamado «partido» católico vinculado económicamente a sectores ganaderos y bancarios, ideológicamente dirigido por la iglesia y opuesto a la política liberal, laica y anticlerical del gobierno, con la hegemonía de las dos fracciones primeras.Entre las Líneas En esta conjunción de fuerzas se destacan, a nivel de la agitación, con su bandera de sufragio (el derecho al voto) libre y moral administrativa, una nueva agrupación política, la Unión Cívica, y su líder, Leandro Alem. La Unión Cívica aparece en 1889, cuando un núcleo de jóvenes universitarios y profesionales pertenecientes a familias dominantes del país crea la Unión Cívica de la Juventud. El grupo reaccionando contra la temprana promoción oficialista de la candidatura presidencial de Ramón Cárcano convoca un mitin en el Jardín Florida, a realizarse el 1 de septiembre «con el objeto de proclamar firmemente dice la invitación la resolución de la juventud de ejercer los derechos políticos de la ciudadanía, animados por grandes ideales, con completa independencia de las autoridades constitucionales y a fin de despertar a la vida cívica nacional» (en Carlos J. Rodríguez, Yrigoyen: su revolución política y social, La Facultad, Buenos Aires, 1943, p. 61). De la reunión surge la nueva agrupación política con un programa de once puntos, donde se destacan la demanda del «libre ejercicio del voto sin intimidación ni fraude», de «la pureza de la moral administrativa en todos sus aspectos», y de garantías para las autonomías provinciales, acompañadas de «los beneficios del gobierno municipal» (puntos 3, 5 y 7, Tomado de W. R. Peralta, Historia de la Unión Cívica Radical, Imprenta G. Pesce, Buenos Aires, 1917, p. 27).

En cumplimiento del punto 10 (formación de centros políticos de acuerdo con los principios enunciados» en el programa), rápidamente aparecen en la Capital Federal y en varias provincias numerosos locales que nuclean a simpatizantes y adherentes de la organización. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Tras ello, se dan los pasos para formar un partido político con todos sus atributos (previsto en punto 11 del programa liminar), objetivo que se alcanza en la asamblea realizada el 13 de abril de 1890 en el Frontón Buenos Aires. La Unión Cívica tal su denominación es presidida por Leandro Alem que dirige una Junta Ejecutiva de diez miembros, con la que colaboran una Junta Consultiva de cinco (entre ellos Mitre y el terrateniente Bernardo de Irigoyen) y una Comisión de Propaganda pluricentenaria (a cuyo frente está otro hombre de la clase dominante, el futuro presidente de la república (18921895) Luis Sáenz Peña). Alem, en un manifiesto de cuatro días más tarde, proclama: «El Gobierno de la República está caracterizado por […] ineptitud e inmoralidad en la administración pública[…], supresión del sufragio (el derecho al voto) libre y decadencia moral […] La UC reclama la libertad en el sufragio (el derecho al voto), la responsabilidad efectiva de la administración pública, una moral administrativa más pura, elecciones libres de violencia y fraude y respeto a la autonomía provincial» (citado en C. J. Rodríguez, en la obra citada, pp. 84-85).

La dirección del partido pese a proclamar las ventajas de «las virtudes cívicas y la resistencia moral a la corrupción» se aboca de inmediato a preparar la insurrección, tareas que se inician en diciembre de 1889 y rematan, como se ha indicado, en julio de 1890 y que debían culminar con la proclamación de Alem y Demaría como autoridades nacionales provisionales hasta la asunción de las nuevas, que surgirían de elecciones sin fraude.Entre las Líneas En el Manifiesto de la Junta Revolucionaria, del 26 de julio, se dice: «El patriotismo nos obliga a proclamar la revolución como recurso extremo y necesario para evitar la ruina del país [.. ]

No derrocarnos al gobierno para separar hombres y sustituirlos en el mando; lo derrocamos para devolverlo al pueblo a fin de que el pueblo lo reconstituya sobre la base de la voluntad nacional y con la dignidad de otros tiempos, destruyendo esta ominosa oligarquía de advenedizos que ha deshonrado ante propios y extraños las instituciones de la República» (citado en Varios Autores, El radicalismo, Carlos Pérez Editor, Buenos Aires, 1969, pp. 280-281).
La derrota de la insurrección de 1890 lleva al sector mitrista a la negociación y la conciliación con el roquismo, es decir, el régimen (acuerdo RocaMitre, marzo de 1892, que suprime entre ambos la lucha electoral para la presidencia futura), mientras los alemistas hacen de la intransigencia su bandera de lucha.Entre las Líneas En la reunión del 26 de junio de 1892, el Cornit Nacional del partido discute el acuerdo: los opositores a él (32) son los únicos en concluir; los acuerdistas (24) se reúnen por separado y ratifican el pacto. Así aparece la primera división partidaria: la Unión Cívica Radical (con la dirección de Alem, Hipólito Yrigoyen, Marcelo de Alvear, Lisandro de la Torre, Bernardo de Yrigoyen), que mantiene su adhesión al programa liminar de 1889, y la Unión Cívica Nacional (con la jefatura de Bartolomé Mitre), que coincidirá con el Partido Autonomista Nacional en la postulación presidencial de Luis Sáenz Peña (elecciones de 1892), comicios a los que la UCR no asiste ante la manifestación de fraude y violencia que distinguen a las elecciones provinciales y a la declaración del estado de sitio por el presidente Pellegrini. Se abre así un período de abstención electoral y de recurrencia a la insurrección armada como métodos de lucha (esta última se tentará en 1893 y 1905), etapa que se cierra en 1912 con la sanción de la llamada ley (Roque) Sáenz Peña, que establece el sufragio (el derecho al voto) universal, secreto y obligatorio. La fracción intransigente (los «rojos»), acaudillada por Hipólito Yrigoyen el peludo, en la jerga’ política argentina, se opone a participar de este ensayo, pero es derrotada en el juego interno después de los éxitos parciales obtenidos en provincias del interior y. servirá paradójicamente para consagrar por la vía electoral al viejo conspirador. Los radicales intransigentes tentarán la insurrección una vez más en 1933, contra el gobierno fraudulento y conservador de Agustín P. Justo, heredero del golpe de septiembre de 1930 que termina con tres lustros de presidencias radicales.

La composición social de la UCR. Considerado habitualmente como partido pequeñoburgués («de clase media»), el radicalismo argentino presenta no obstante una composición social nada homogénea, observándose durante casi toda su historia un desfase entre la dirección y la base y su electorado. Como ha quedado demostrado en algunos de los mejores trabajos de investigación, la dirección radical aparece desde sus comienzos social y políticamente vinculada a sectores de la burguesía terrateniente bonaerense, de donde «tanto por su posición ocupacional como por su nacionalidad y educación, los representantes radicales en nada difieren de sus similares conservadores» (Ezequiel Gallo y Silvia Sigal, «La formación de los partidos políticos contemporáneos: la UCR (1890-1916)», en Torcuato Di Tella y colaboradores, Argentina, sociedad de masas, Eudeba, Buenos Aires, 3a. ed., 1966, p. 163), Tampoco quedan dudas ya acerca de la incidencia preponderante que miembros de la oligárquica Sociedad Rural Argentina asociación de interés que nuclea a los grandes ganaderos, particularmente bonaerenses tienen durante los tres primeros gobiernos radicales, incluyéndose al mismo presidente Marcelo T. de Alvear socio de la institución, líder de la fracción partidaria antipersonalista (anti-rigoyenista), cuestión que tiene mucho que ver con la importante división entre criadores e invernadores que se produce en el seno de los ganaderos argentinos, vinculada a la vital industria de la carne.

Ismael Viñas ha demostrado («Los orígenes del radicalismo», en Documentos para la Historia Integral Argentina, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1973, torno II, pp. 481512) que el análisis de los convencionales partidarios de 1891 constata «tres grupos diferentes, según su origen social y su procedencia geográfica:

1. miembros de antiguas familias de la clase dominante colonial, empobrecidos[.. ]; en general, provenían del norte y del litoral;
2. miembros de familias de igual origen, que habían conservado o acrecentado su riqueza, en forma de vastos latifundios […]; en general provenían de Buenos Aires y del litoral;
3. hombres de origen humilde […], pero que habían ascendido socialmente, a través de su participación en la política y en la vida social de la época … ]. Este tercer grupo provenía, sobre todo, de la ciudad de Buenos Aires y de la llamada ‘pampa húmeda’.

El núcleo que en 1897 resistió el acuerdo con los mitristas y los roque Sáenz peñistas, estaba constituido mucho más definidamente por ganaderos» (en la obra citada, pp. 485-486).

Sigal y Gallo han mostrado también cómo el radicalismo aparece estrechamente vinculado al proceso de litoralización «que, a pesar del estancamiento de las provincias del interior […], produce una extensión del área del poder nacional», que cabalga sobre el desarrollo agrícola colonización de Santa Fe, Entre Ríos y sur de Córdoba, la «pampa gringa» que no solo vincula esta región al mercado internacional sino que también «produce un desgarramiento del frente provincial», al integrarse las provincias citadas al bloque que hegemoniza la burguesía terrateniente bonaerense (en la obra citada, pp. 143145). Estudiando el comportamiento electoral (1912-1916) en las dos grandes regiones argentinas litoral e interior estos autores muestran «que el radicalismo afirma su triunfo en la zona litoralense y, salvo en Mendoza y Tucumán, pierde las elecciones en el resto del país […]. La excepción indicada de Mendoza y Tucumán no resulta sorprendente si se recuerda que son los únicos centros industrializados del interior del país, ligados por lo mismo, al sistema nacional de distribución», lo que debe entenderse como poyo a «la interpretación del ra4icalismo como expresión de sectores ligados al proceso de modernización» (en la obra citada, pp. 151-152). Si bien todavía no ha sido estudiada, es posible sugerir que la corriente interna de la intransigencia sabattinista que surge en Córdoba en la década del 30 aparece como expresión política de la pequeña burguesía rural cordobesa particularmente la dedicada a la agricultura de. riego, con fuertes contradicciones con otros sectores internos del partido, en especial con la dirección nacional; esta discrepancia se mantiene aún hoy, si bien parece claro que la base social de la tendencia cordobesa ha variado, nucleando a sectores urbanos profesionales, estudiantes, etc. radicalizados.

Milcíades Peña ha dicho que en 1912-1916 «todos votaban por el radicalismo: terratenientes, industriales, pequeñoburgueses, obreros.Si, Pero: Pero la UCR no los representaba a todos, ni todos controlaban a la UCR. El núcleo esencial y dirigente del partido, el que determinaba la política efectiva y desprendía de su propio medio ministros y altos funcionarios, estaba perfectamente mancomunado en ideas e intereses fundamentales con el «imperialismo inglés, con la burguesía terrateniente argentina, con el capital financiero e industrial tan íntimamente vinculado a los dos primeros, con el ejército su guardia pretoriana, y la Iglesia su gendarme espiritual. Las cuatro quintas partes de la UCR eran populares, pero el quinto decisivo el dueño de casa que trazaba y ejecutaba la política servía al imperialismo y a la burguesía argentina» (Masas, caudillos y élites, Ediciones Fichas, Buenos Aires, 1971, p. 10). Esa base popular dará al triunfo radical en las elecciones presidenciales de 1916 un carácter trascendental, que radica justamente en la irrupción política de las masas populares argentinas surgidas durante la primera etapa del proceso de desarrollo del capitalismo dependiente.

Esa composición de clases explica las vacilaciones, las ambigüedades y los límites del radicalismo argentino frente a los problemas estructurales del país, sean de carácter económico o social. La feroz represión de los obreros durante el primer gobierno de Yrigoyen (ferroviarios, portuarios, de la carne, Semana Trágica de 1919, huelgas rurales patagónicas) y bajo la administración Frondizi (bancarios, de la carne Frigorífico de la Torre, ferroviarios Laguna Paiva, huelgas y ocupaciones de fábricas) constituyen medidas políticas muy definidas en términos de clase.

El programa del radicalismo. Existe la opinión generalizada acerca del carácter ambiguo, difuso, que han tenido sobre todo en el pasado los programas partidarios del radicalismo, hecho que algunos investigadores han adjudicado al carácter poli-clasista de la organización, integrada por sectores dispuestos a redistribuir la riqueza más que a cambiar los modos de producirla. El programa radical surge agitando la necesidad del sufragio (el derecho al voto) libre, la moralización administrativa de la que carecerán los gobiernos radicales, y el respeto a la Constitución Nacional, aspiraciones que se presentan como la causa regeneradora del conjunto de la sociedad (por encima de las clases) opuesta a la venalidad de los sectores minoritarios del régimen oligárquico. Llama la atención la ausencia de postulaciones económicas y sociales en las plataformas del partido durante la mayor parte de su historia, lo cual no significa que la Unión Cívica Radical ha carecido de un programa de gobierno; solo que éste no aparece como un cuerpo doctrinario y debe encontrarse en el análisis de sus acciones gubernativas (particularmente entre 1916 y 1930).

Es común encontrar rápidas generalizaciones y juicios superficiales sobre la política económica nacionalista de Yrigoyen, especie de adalid antiimperialista. Si bien es cierto que durante su gobierno y en menor medida también en el de Alvear y en el de Illia se plantearon (y no siempre pudieron efectivizarse) medidas tendentes a limitar el poder del capital imperialista en el país, ellas representan más bien acciones coyunturales que una consecuente línea política.

Buena parte de la mitología sobre el particular ha quedado al desnudo en aspectos fundamentales de la economía argentina, como es el caso de la carne, el petróleo y los ferrocarriles, motivo de excelentes investigaciones recientes que ponen de relieve la coincidencia de intereses en lo esencial entre el radicalismo, los terratenientes y el capital extranjero, particularmente en el período 19161930. (Véanse: Peter Smith, Carne y política en la Argentina, Paidós, Buenos Aires, 1968; Marcos Kaplan, Petróleo, Estado y empresas en Argentina, Síntesis Dosmil, Caracas, 1972; Paul B. Goodwin, Los ferrocarriles (existen varios acuerdos multilaterales internacionales bajo el auspicio de las Naciones Unidos en este ámbito: Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras a pasajeros y equipajes transportados por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Convenio internacional para facilitar el paso de fronteras a mercaderías transportadas por ferrocarril, Ginebra, 10 de enero de 1952; Acuerdo europeo sobre los principales ferrocarriles internacionales (AGC), Ginebra, 31 de mayo de 1985; Acuerdo sobre una red ferroviaria internacional en el Machrek árabe, Beirut, 14 de abril de 2003; Convenio sobre la facilitación de los procedimientos de cruce de fronteras para los pasajeros, el equipaje y el equipaje de carga transportados en el tráfico internacional por ferrocarril, Ginebra, 22 de febrero de 2019) británicos y la U. C. R. 1916-1930, Ediciones La Bastilla, Buenos Aires, 1974. También es útil la lectura de Juan Carlos Grosso, «Los problemas económicos y sociales y la respuesta radical en el gobierno (1916-1930)», incluido en Varios Autores, El radicalismo, en la obra citada, pp. 125- 173).
Las definiciones programáticas específicas comienzan a ser importantes y constantes desde la Declaración de Avellaneda (4 de abril, 1945), impulsada por el ala intransigente liderada por Arturo Frondizi, Moisés Lebensohn y Gabriel del Mazo. Empiezan entonces a ser frecuentes las proposiciones de reforma agraria, control estatal de la economía, nacionalización de servicios públicos, transportes, combustibles y de todos los monopolios extranjeros, etc., incluyendo un tono ya no antiimperialista, sino incluso anticapitalista. La intransigencia gana la dirección. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). del partido en la Convención Nacional de 1948 que mantiene hasta 1957, año en que se divide en dos agrupaciones, pero este programa renovado no cambia la orientación política de un electorado mayoritariamente inclinado al peronismo (en las elecciones presidenciales de 1951, el oficialismo obtiene el 63,6% de los sufragio (el derecho al voto)s y el radicalismo, segunda fuerza, solo el 32,5 %). Servirá, en cambio, para consagrar presidente a Frondizi en las elecciones de 1958, con el apoyo del peronismo proscrito, para ser dejado de lado de inmediato e impulsar otro absolutamente protagónico, opuesto.

El mencionado nacionalismo económico de la UCR reaparece con sus tibiezas, sus vacilaciones e inconsecuencias durante la administración Illia (1963-1966), en que se anulan los contratos petroleros firmados con compañías extranjeras bajo la gestión gubernativa Frondizi, no se negocian acuerdos con el Fondo Monetario Internacional y, en el campo de la política exterior, se establecen relaciones comerciales con países socialistas y no se accede al envío de tropas argentinas a la República Dominicana (luego de la invasión yanqui de 1965), ocupada por fuerzas militares destinadas por la Organización de Estados Americanos.

Todavía hoy es posible coincidir con las conclusiones de la investigación realizada hace algunos años por Inés Izaguirre, respecto de la vigencia «de por lo menos dos de los rasgos ideológicos típicos de los estratos medios dependientes que dieron lugar a la formación de la primitiva UCR […]: En primer lugar, si la vieja UCR se caracterizó por la ausencia de un ‘plan económico’, éste ha sido aquí reemplazado por un énfasis nuevo en el ‘desarrollo’, cuyos lineamientos generales, sin embargo, siguen sin tomar en cuenta la existencia de una estructura económica agroexportadora, que mantiene al país en Situación de dependencia.Entre las Líneas En segundo lugar, permanece intacto el contenido distributivo’ de las aspiraciones de esos estratos medios dependientes que, a nivel de la imagen de la estructura de clases de estos partidos, estaría indicado por el esquema de gradación de riqueza, cuya desigualdad se intenta paliar con mecanismos impositivos. » Vale decir, sin que pueda decirse, que el radicalismo asume «la defensa encubierta de los intereses de las clases dirigentes tradicionales, de las que la Unión Cívica Radical fue en su momento el gran adversario político, entendemos que siguen sin ser sus adversarios económicos» (Inés Izaguirre, Imagen de clase en los partidos políticos argentinos: el caso del radicalismo, en «Revista Latinoamericana de Sociología», Vol. III, No. 2, Buenos Aires, julio 1967, pp. 196-231; la cita en pp. 229-230).
Para concluir, dos informaciones complementarias:

1. El radicalismo argentino accede al gobierno en los períodos 1916-1922 (Yrigoyen), 1922-1928 (Alvear), 1928-1930 (Yrigoyen), 1958-1962 (Frondizi) y 1963-1966 (Illia), no completando el período constitucional de seis años en los tres últimos casos por sendos golpes militares que los desalojan de la Casa Rosada.
2. Del viejo tronco de la UCR existen en la actualidad tres ramas, que forman otros tantos partidos políticos: la Unión Cívica Radical, que es la más tradicional, expresión de amplios sectores pequeño-burgueses, con vinculaciones con terratenientes de la provincia de Buenos Aires; actual segunda fuerza política (en términos electorales), ejercita una moderada oposición y su prédica sigue basándose en la defensa del orden constitucional y las libertades democráticas.

El partido se divide en 1957 en dos: Unión Cívica Radical del Pueblo, que en 1972 recupera su nombre sin aditamentos, y Unión Cívica Radical Intransigente, la que, a su vez, en 1964 se subdivide en dos: Movimiento de Intransigencia y Desarrollo, que dirige Arturo Frondizi y postula la defensa y continuación de la política realizada bajo la gestión Frondizi (que se expresa en la «integración» del peronismo, el «desarrollo» económico y una alianza de clases entre sectores de la burguesía industrial y el proletariado); el MID está integrado a la coalición de partidos que constituyen el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI), que gana las elecciones de 1973 y detenta el gobierno actual, con hegemonía peronista; el MIO expresa fundamentalmente los intereses de sectores de la burguesía industrial vinculada al capital extranjero.

El tercer nucleamiento radical aparece con la subdivisión señalada de 1964: hasta 1972 conserva la denominación Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), llamándose desde entonces Partido Intransigente, liderado por Osear Alende; retoma las banderas antiimperialistas de 19451948 y radicaliza cada vez más sus posiciones, sin perder su contenido de clase pequeñoburgués. La vieja UCR tiene como líder a Ricardo Balbín, coexistiendo en su seno varias tendencias internas, entre las que se destaca el M0vimiento de Renovación y Cambio, liderado por Raúl Alfonsín, que nuclea a los grupos juveniles más «izquierdizados» del partido. [1]

Recursos

Notas y Referencias

  1. Waldo Ansaldi (autor original), adaptado y corregido (por Lawi) de los términos latinoamericanos que debían formar parte del Diccionario de Ciencias Sociales en español de la UNESCO, publicado en 1975 bajo la dirección de Salustiano del Campo y al amparo del Instituto de Estudios Políticos. Es el resultado de la postura crítica y disidente del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) frente al diccionario de la UNESCO y su respuesta con la obra colectiva “Términos latinoamericanos para el Diccionario de Ciencias Sociales”, publicada en 1976.

Véase También

Bibliografía

La invasión rusa de Ucrania

La invasión rusa de Ucrania ha transformado bruscamente el mundo. Millones de personas ya han huido. Un nuevo Telón de Acero se está imponiendo. Una guerra económica se profundiza, mientras el conflicto militar se intensifica, las víctimas civiles aumentan y las pruebas de horribles crímenes de guerra se acumulan. Nuestro trabajo en ayudar a descifrar un panorama que cambia rápidamente, sobre todo cuando se trata de una creciente crisis de refugiados y el riesgo de una escalada impensable.

En el contexto de la Guerra de Ucrania, puede interesar a los lectores la consulta de la Enciclopedia de Rusia y nuestro contenido sobre la historia de Ucrania, que proporciona un análisis exhaustivo del pueblo, la política, la economía, la religión, la seguridad nacional, las relaciones internacionales y los sistemas y cuestiones sociales de Rusia y Ucrania. Estos recursos están diseñados para complementar el estudio de la política comparada, la historia mundial, la geografía, la literatura, las artes y la cultura y las culturas del mundo. Los artículos abarcan desde los primeros inicios de la nación rusa hasta la Rusia actual, pasando por el ascenso y la caída de la Unión Soviética y la anexión de Crimea.

Respecto a la Revolución rusa, se examinan los antecedentes y el progreso de la Revolución. Empezando por los movimientos radicales de mediados del siglo XIX, la Enciclopedia abarca el desarrollo del movimiento revolucionario creado por la intelectualidad; la condición de los campesinos, la de la clase obrera y la del ejército; el papel de la policía secreta zarista; los "agentes provocadores"; la propia clandestinidad de los revolucionarios. Se dedica una sección importante a la aparición de movimientos de liberación entre las minorías nacionales de las zonas fronterizas. La Enciclopedia también considera la formación de las instituciones soviéticas y la aparición de la cultura revolucionaria mucho antes de 1917, así como la política y estrategia de seguridad rusa, y sus relaciones con la OTAN y occidente.

Las Identidades de la Extrema Derecha

Las distintas contribuciones de este recurso sobre la extrema derecha pretenden ir más allá de las cuestiones electorales y situar las manifestaciones contemporáneas de la extrema derecha en una larga historia. Véase también el recurso sobre el conservadurismo político.

En 2002, Jean-Marie Le Pen, candidato del Frente Nacional, llegó a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, resultado que provocó una indignación masiva. Veinte años después, la extrema derecha ha ganado un gran número de votos y corazones en Francia, perdiendo por un pequeño porcentaje en la segunda vuelta frente a Macron en 2022. Esta progresión se explica a menudo por el borrado de las antiguas líneas divisorias ideológicas, en un contexto de relegación de los partidos gubernamentales y de «radicalización» general. En resumen, el paisaje político contemporáneo se ve desdibujado por la conjunción de «extremos». Este tipo de análisis sugiere que ahora es imposible definir y circunscribir la extrema derecha, que está atravesada por múltiples tendencias que amplían y completan las viejas adscripciones nacionalistas, populistas y fascistas.

Por el contrario, los textos y estudios presentados aquí muestran que la historia intelectual y la sociología de los distintos grupos locales permiten delimitar los «territorios de la extrema derecha». A pesar de su fragmentación, estos grupos se reconocen en una serie de valores, imágenes y fórmulas de los siglos XIX y XX. Aunque los medios de comunicación y las redes sociales actuales han contribuido a banalizar su discurso, no se puede decir que hayan dado a la extrema derecha un rostro diferente: los medios de comunicación y el público se han transformado ciertamente, pero los medios de acción combinan la novedad y la tradición, como lo demuestran, por ejemplo, en Francia, las pegatinas «Lean a Maurras» que se han colocado recientemente en algunos campus universitarios. Además, estos medios de acción no son muy diferentes de los que se movilizan en el otro extremo del espectro político.

Más allá de las apuestas electorales, las distintas contribuciones de este recurso sitúan las manifestaciones contemporáneas de la extrema derecha en una larga historia, para arrojar luz sobre su poder de atracción: ¿Por qué Orban, un amigo de Putín y lider de un partido de extrema derecha en Hungría, ha ganado las elecciones en 2022 a pesar de la invasión de Ucrania? ¿Por qué se sigue afirmando que sólo hay estilo literario en la extrema derecha? ¿Qué hace que un movimiento monárquico como Action Française, nacido a raíz del asunto Dreyfus, perdure en el tiempo y siga atrayendo a los jóvenes? ¿Cómo consiguen sus activistas, o los de «Génération identitaire» -disuelta en 2021 por incitación al odio y a la discriminación-, seguir movilizados? ¿Qué relaciones tienen estas organizaciones entre sí y con la Agrupación Nacional, en un momento en que ésta juega la carta republicana para mezclarse con las masas? El estudio de las culturas materiales y simbólicas, cruzado con el del funcionamiento interno de las estructuras, permite comprender mejor las razones de la adhesión de los militantes de base, pero también de los ejecutivos.

Entradas relacionadas por sus etiquetas

Argentina



Deja un comentario