Academias de la Lengua
Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Primeras academias. Ampliando el valor semántico de la voz academia, aparece en el s. XV la primera institución dedicada a perfeccionar una lengua romance. Esta Accademia Platonica, fundada en Florencia en 1470, es una manifestación más del humanismo (v.), que nace en Italia y se propaga por toda Europa como reacción de carácter científico frente al oscurantismo medieval. [rtbs name=”historia-medieval”] Junto a la exaltación del latín como vínculo lingüístico universal, se defienden las peculiaridades nacionalistas, entre las que cobran especial significación las lenguas vernáculas.Entre las Líneas En la misma ciudad italiana el poeta A. F. Grazzini establece en 1582 la Accademia della Crusca, que toma por divisa un cedazo, símbolo de la purificación a que se quería someter el idioma florentino.Entre las Líneas En 1617 se funda en Weimar la primera a. alemana, Die Fruchtbringende Gesellschaft. Poco después, en 1635, el card. Richelieu otorga carácter oficial a la tertulia privada que reunía en su casa V.. Conrart, secretario de Luis XIII, para conversar de temas literarios. Le encomienda la depuración y fijación de la lengua francesa, misión que ha cumplido a la perfección hasta nuestros días. Esta Académie franVaise, que se compone de 40 miembros, conocidos por los “inmortales”, publica la primera edición de su Diccionario, en 1694. El s. XVIII presencia un gran florecimiento de a. científicas, entre cuyos fines destaca el lingüístico. Casi todas ellas son de fundación real. Así, la de Berlín, aprobada en 1700 por Federico II; la de Estocolmo, en 1741; la de Copenhague, en 1743, y la de San Petersburgo, fundada por Catalina II, en 1782. La A. sueca (Svenska Akademien) se establece en 1786, y la rumana en 1866. De 1902 datan los actuales estatutos de la Royal British Academy, que tiene una Sección filológica.
Academia de la Lengua Española.Entre las Líneas En España, las a. de carácter científico no surgen hasta comienzos del s. XVIII, a imitación de Francia.
Más Información
Las implantan los primeros Borbones, como un testimonio más de su destino europeo. Son cortesanos afrancesados quienes ponen los cimientos de la R. A. Española de la Lengua. Su origen hay que buscarlo en las tertulias que organizaba en su biblioteca de la plaza de las Descalzas Juan M. Fernández Pacheco, marqués de Villena y duque de Escalona, mayordomo mayor de Felipe V. Por real cédula de 3 oct. 1714 se eleva esta reunión amistosa a R. A. de la Lengua con idéntica finalidad que la francesa. Como emblema de su actividad, la A. escoge un crisol puesto al fuego, con la leyenda “limpia, fija y da esplendor”. Entre 1726 y 1739 ven la luz los seis tomos del Diccionario de autoridades, y en 1741 la primera Ortografía académica. De 1771 es la Gramática, en la que se han introducido importantes modificaciones. La A. inicia, además, la edición de textos clásicos y la convocatoria de premios literarios, de gran resonancia nacional. Desde 1914 publica un boletín trimestral. La A. está integrada por 36 académicos de número, cuyos sillones están marcados por otras tantas letras, y de un número indefinido de académicos correspondientes, nacionales y extranjeros. Tiene sus sesiones los jueves por la tarde. Los cargos académicos son: director, secretario, censor, bibliotecario y tesorero, más un vocal adicto a la Comisión administrativa. Desde el 20 ag. 1793 la A. tiene su sede en la calle Valverde, de Madrid, en casa cedida por Carlos IV. El edificio que ocupa en nuestros días, en la calle Felipe IV, es de nueva planta (1894).
El trabajo científico de la A. de la Lengua se concreta en tres clases de diccionarios: el común, el histórico y el manual. El primero, en su 19 impresión, presenta numerosas modificaciones que mejoran considerablemente los anteriores. Se incluyen ahora nuevas acepciones, neologismos (v.) y americanismos (v.), siguiendo un criterio de creciente amplitud, que respeta cada día más el uso vivo de la lengua. Está en preparación la tercera edición del manual, al mismo tiempo que se elabora pacientemente el gran Diccionario histórico, equivalencia moderna del antiguo Diccionario de autoridades.Entre las Líneas En 1946 se crea el Seminario de lexicografía, organismo auxiliar (secundario, subordinado)
de la A., destinado a llevar la empresa a buen fin. El proyecto de este diccionario recoge multitud de acepciones y vocablos ya perdidos en el uso, así como todo el léxico del español hablado en España y en América (v. ESPAÑA X), incluido el vulgar y coloquial, y el vocabulario hispánico de la lengua sefardí (v. SEFARDÍES II). Pasan de los seis millones el número de fichas, sacadas de más de cinco mil autores, utilizadas para la confección de esta grandiosa obra, cuya extensión se calcula en 15 volúmenes y el tiempo de su realización en unos 60 años.
En Iberoamérica. Casi todos los países hispanohablantes tienen sus respectivas A. de la Lengua, estrechamente vinculadas con la A. española.Entre las Líneas En efecto, en noviembre de 1870 ésta autoriza la creación de A. Correspondientes en América. La iniciativa parte de José M. Vergara y Vergara, primer historiador de la literatura colombiana, quien dirige a la A. un escrito, en el que se lee: “El rey de España perdió las Américas, porque no quiso reconocerles ni el carácter de provincias; y las que 61 no quiso ver ni como provincias son hoy repúblicas. La Academia va a perder también su reino en América si no quiere reconocernos… Puede ser que éste sea el gran cataclismo que espera a la lengua española, pues al fin y al cabo América tendrá que prescindir de toda regla peninsular…” Atendida su petición, al regresar a Bogotá, Vergara funda la A. Colombiana, primera de las hispanoamericanas. El 3 ag. 1872 escribe el colombiano Ezequiel Uricoechea a Juan M. Gutiérrez, rector de la Univ. de Buenos Aires, instándole a fundar en Argentina otra A. correspondiente de la Española. Éstas eran sus palabras: “Creo que debemos secundar tan buena idea en América, tanto para no olvidar la lengua (que en muchas partes se está bastardeando), como para que nuestros ingenios americanos se hagan conocer en el Viejo Mundo”. La A. Española nombra a Gutiérrez su correspondiente para facilitar la gestión, pero éste, el 30 dic. 1875, al día siguiente de recibir el nombramiento, lo devuelve a Madrid con una airada carta en la que defiende la independencia cultural de Hispanoamérica. Esta carta, reproducida en el periódico porteño La Libertad, y después en otros del mismo continente, provoca una polémica que paraliza los generosos intentos de unificación de criterios lingüísticos.
Desde 1951, en que se celebra en México el primer congreso de A. de la Lengua, la situación ha cambiado sustancialmente. A ello ha contribuido la buena voluntad de todos los congresistas, manifestada en otros encuentros internacionales (Madrid 1956; Bogotá 1960; Buenos Aires 1964). Fruto eficaz de los mismos ha sido la creación de la Comisión permanente de la Asociación de A. de la Lengua españolas, que tiene como fin “estimular, fomentar y facilitar el intercambio de consultas entre las Academias y la coordinación de sus trabajos”. Se especifica, además, que esta Comisión deberá “funcionar como cuerpo consultivo y asesor de la R. A. Española en la tarea de preparar y corregir el Diccionario común, el Diccionario histórico y cualquier otro diccionario que se proyecte”. Previamente, en el tercer congreso, celebrado en Bogotá, se firma un convenio multilateral sobre asociación de A. de la Lengua españolas, que ha de contribuir indudablemente al fortalecimiento de las relaciones entre todos los países de habla castellana y a la deseada unidad del idioma. Son correspondientes de la Española las A. Colombiana, Ecuatoriana, Mexicana, Salvadoreña, Venezolana, Chilena, Peruana, Guatemalteca, Costarricense, Filipina, Panameña, Cubana, Paraguaya, Boliviana, Nicaragüense, Dominicana, Hondureña, Puertorriqueña, Argentina y Uruguaya. La actual fraternidad y cooperación de todas ellas con la Española permite augurar un futuro venturoso a la lengua de Cervantes.
Fuente: F. AGUILAR PIÑAL. GER
BIBL.: E. COTARELO Y MORI, La fundación de la R.A.E. y su primer director D. Juan M. Fernández Pacheco. marqués de Villena, “Bol. de la Real Academia Española” I (1914) 438; 89127; I. CASARES, El Seminario de Lexicografía. Su justificación y cometido, “Bol. de la Real Academia Española” (1947) 169191; R. LAPESA, Los diccionarios de la Academia, “Bol. de la Real Academia Española” (1964) 425430; REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Anuario 1967, Madrid; G. L. GUITARTE, Cartas desconocidas de Miguel Antonio Caro, Juqn María Gutiérrez y Ezequiel Uricoechea, “Thesaurus” XVII, Bogotá 1962, 237312; COMISIÓN PERMANENTE DE LA ASOCIACIÓN DE ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, “Bol. de la Real Academia Española”, abriljunio 1965; R. LAPESA, Le dictionnaire historique de la langue espagnole, Estrasburgo 1961.
Academias de la Lengua en Relación a Educación y Enseñanza
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] Primeras academias. Ampliando el valor semántico de la voz academia, aparece en el siglo XV la primera institución dedicada a perfeccionar una lengua romance. Esta Accademia Platonica, fundada en Florencia en 1470, es una manifestación más del humanismo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), que nace en Italia y se propaga por toda Europa como reacción de carácter científico frente al oscurantismo medieval. Junto a la exaltación del latín como vínculo lingüístico universal, se defienden las peculiaridades nacionalistas, entre las que cobran especial significación las lenguas vernáculas.Entre las Líneas En la misma ciudad italiana el poeta academia F. Grazzini establece en 1582 la Accademia della Crusca, que toma por divisa un cedazo, símbolo de la purificación a que se quería someter el idioma florentino.Entre las Líneas En 1617 se funda en Weimar la primera academia alemana, Die Fruchtbringende Gesellschaft. Poco después, en 1635, el card. Richelieu otorga carácter oficial a la tertulia privada que reunía en su casa V. Conrart, secretario de Luis XIII, para conversar de temas literarios. Le encomienda la depuración y fijación de la lengua francesa, misión que ha cumplido a la perfección hasta nuestros días. Esta Académie franVaise, que se compone de 40 miembros, conocidos por los «inmortales», publica la primera edición de su Diccionario, en 1694. El siglo XVIII presencia un gran florecimiento de academia científicas, entre cuyos fines destaca el lingüístico. Casi todas ellas son de fundación real. Así, la de Berlín, aprobada en 1700 por Federico II; la de Estocolmo, en 1741; la de Copenhague, en 1743, y la de San Petersburgo, fundada por Catalina II, en 1782. La academia sueca (Svenska Akademien) se establece en 1786, y la rumana en 1866. De 1902 datan los actuales estatutos de la Royal British Academy, que tiene una Sección filológica.
Academia de la Lengua Española.Entre las Líneas En España, las academia de carácter científico no surgen hasta comienzos del siglo XVIII, a imitación de Francia.
Más Información
Las implantan los primeros Borbones, como un testimonio más de su destino europeo. Son cortesanos afrancesados quienes ponen los cimientos de la R. academia Española de la Lengua. Su origen hay que buscarlo en las tertulias que organizaba en su biblioteca de la plaza de las Descalzas Juan M. Fernández Pacheco, marqués de Villena y duque de Escalona, mayordomo mayor de Felipe V. Por real cédula de 3 oct. 1714 se eleva esta reunión amistosa a R. academia de la Lengua con idéntica finalidad que la francesa. Como emblema de su actividad, la academia escoge un crisol puesto al fuego, con la leyenda «limpia, fija y da esplendor». Entre 1726 y 1739 ven la luz los seis tomos del Diccionario de autoridades, y en 1741 la primera Ortografía académica. De 1771 es la Gramática, en la que se han introducido importantes modificaciones. La academia inicia, además, la edición de textos clásicos y la convocatoria de premios literarios, de gran resonancia nacional. Desde 1914 publica un boletín trimestral. La academia está integrada por 36 académicos de número, cuyos sillones están marcados por otras tantas letras, y de un número indefinido de académicos correspondientes, nacionales y extranjeros. Tiene sus sesiones los jueves por la tarde. Los cargos académicos son: director, secretario, censor, bibliotecario y tesorero, más un vocal adicto a la Comisión administrativa. Desde el 20 ag. 1793 la academia tiene su sede en la calle Valverde, de Madrid, en casa cedida por Carlos IV. El edificio que ocupa en nuestros días, en la calle Felipe IV, es de nueva planta (1894).
El trabajo científico de la academia de la Lengua se concreta en tres clases de diccionarios: el común, el histórico y el manual. El primero, en su 19 impresión, presenta numerosas modificaciones que mejoran considerablemente los anteriores. Se incluyen ahora nuevas acepciones, neologismos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y americanismos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general), siguiendo un criterio de creciente amplitud, que respeta cada día más el uso vivo de la lengua. Está en preparación la tercera edición del manual, al mismo tiempo que se elabora pacientemente el gran Diccionario histórico, equivalencia moderna del antiguo Diccionario de autoridades.Entre las Líneas En 1946 se crea el Seminario de lexicografía, organismo auxiliar (secundario, subordinado)
de la A., destinado a llevar la empresa a buen fin. El proyecto de este diccionario recoge multitud de acepciones y vocablos ya perdidos en el uso, así como todo el léxico del español hablado en España y en América (véase en esta plataforma: ESPAÑA X), incluido el vulgar y coloquial, y el vocabulario hispánico de la lengua sefardí (véase en esta plataforma: SEFARDÍES II). Pasan de los seis millones el número de fichas, sacadas de más de cinco mil autores, utilizadas para la confección de esta grandiosa obra, cuya extensión se calcula en 15 volúmenes y el tiempo de su realización en unos 60 años.
En Iberoamérica. Casi todos los países hispanohablantes tienen sus respectivas academia de la Lengua, estrechamente vinculadas con la academia española.Entre las Líneas En efecto, en noviembre de 1870 ésta autoriza la creación de academia Correspondientes en América. La iniciativa parte de José M. Vergara y Vergara, primer historiador de la literatura colombiana, quien dirige a la academia un escrito, en el que se lee: «El rey de España perdió las Américas, porque no quiso reconocerles ni el carácter de provincias; y las que 61 no quiso ver ni como provincias son hoy repúblicas. La Academia va a perder también su reino en América si no quiere reconocernos. Puede ser que éste sea el gran cataclismo que espera a la lengua española, pues al fin y al cabo América tendrá que prescindir de toda regla peninsular.» Atendida su petición, al regresar a Bogotá, Vergara funda la academia Colombiana, primera de las hispanoamericanas. El 3 ag. 1872 escribe el colombiano Ezequiel Uricoechea a Juan M. Gutiérrez, rector de la Univ. de Buenos Aires, instándole a fundar en Argentina otra academia correspondiente de la Española. Éstas eran sus palabras: «Creo que debemos secundar tan buena idea en América, tanto para no olvidar la lengua (que en muchas partes se está bastardeando), como para que nuestros ingenios americanos se hagan conocer en el Viejo Mundo». La academia Española nombra a Gutiérrez su correspondiente para facilitar la gestión, pero éste, el 30 dic. 1875, al día siguiente de recibir el nombramiento, lo devuelve a Madrid con una airada carta en la que defiende la independencia cultural de Hispanoamérica. Esta carta, reproducida en el periódico porteño La Libertad, y después en otros del mismo continente, provoca una polémica que paraliza los generosos intentos de unificación de criterios lingüísticos.
Desde 1951, en que se celebra en México el primer congreso de academia de la Lengua, la situación ha cambiado sustancialmente. A ello ha contribuido la buena voluntad de todos los congresistas, manifestada en otros encuentros internacionales (Madrid 1956; Bogotá 1960; Buenos Aires 1964). Fruto eficaz de los mismos ha sido la creación de la Comisión permanente de la Asociación de academia de la Lengua españolas, que tiene como fin «estimular, fomentar y facilitar el intercambio de consultas entre las Academias y la coordinación de sus trabajos». Se especifica, además, que esta Comisión deberá «funcionar como cuerpo consultivo y asesor de la R. academia Española en la tarea de preparar y corregir el Diccionario común, el Diccionario histórico y cualquier otro diccionario que se proyecte». Previamente, en el tercer congreso, celebrado en Bogotá, se firma un convenio multilateral sobre asociación de academia de la Lengua españolas, que ha de contribuir indudablemente al fortalecimiento de las relaciones entre todos los países de habla castellana y a la deseada unidad del idioma. Son correspondientes de la Española las academia Colombiana, Ecuatoriana, Mexicana, Salvadoreña, Venezolana, Chilena, Peruana, Guatemalteca, Costarricense, Filipina, Panameña, Cubana, Paraguaya, Boliviana, Nicaragüense, Dominicana, Hondureña, Puertorriqueña, Argentina y Uruguaya. La actual fraternidad y cooperación de todas ellas con la Española permite augurar un futuro venturoso a la lengua de Cervantes. [rbts name=”ensenanza”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre academias de la lengua en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
E. COTARELO Y MORI, La fundación de la R.A.E. y su primer director D. Juan M. Fernández Pacheco. marqués de Villena, «Bol. de la Real Academia Española» I (1914) 438; 89127; I. CASARES, El Seminario de Lexicografía. Su justificación y cometido, «Bol. de la Real Academia Española» (1947) 169191; R. LAPESA, Los diccionarios de la Academia, «Bol. de la Real Academia Española» (1964) 425430; REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Anuario 1967, Madrid; G. L. GUITARTE, Cartas desconocidas de Miguel Antonio Caro, Juqn María Gutiérrez y Ezequiel Uricoechea, «Thesaurus» XVII, Bogotá 1962, 237312; COMISIÓN PERMANENTE DE LA ASOCIACIÓN DE ACADEMIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA, «Bol. de la Real Academia Española», abriljunio 1965; R. LAPESA, Le dictionnaire historique de la langue espagnole, Estrasburgo 1961.
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