Afectividades
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Afectividad en Relación a Filosofía
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre afectividad que se haya en otra parte de esta plataforma online). 2. Los fenómenos afectivos. Como especies concretas de la afectividad se vienen distinguiendo, generalmente, las emociones, afectos, estados de ánimo y sentimientos.
Las emociones. Se caracterizan comúnmente por su agudeza, por la intervención habitual de un estímulo sensorial exterior y por la presencia evidente y manifiesta de un correlato fisiológico (López Ibor). Suponen una perturbación brusca y profunda de la vida psíquica y fisiológica, pudiendo llegar, en ocasiones, tanto a una perturbación grave del psiquismo superior como a alteraciones, peligrosas para la vida, de las funciones orgánicas.
Su semejanza con los actos reflejos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y el carácter desproporcionado de los fenómenos emotivos, hicieron de los mismos el lugar común de las experiencias y doctrinas psicofisiológicas de la afectividad Desde esta perspectiva, el significado de las emociones se agota entre dos extremos igualmente insostenibles: su carácter reactivo y su inutilidad intrínseca.
Puntualización
Sin embargo, su afinidad con las reacciones instintivas de los animales induce a pensar que, más allá del sentido funcional de descarga que pueden proporcionar a sujetos embargados por intensos sentimientos, pueden desempeñar una finalidad útil. El hecho de que los estados emocionales se ofrezcan, en principio, como fenómenos de inadaptación revela, precisamente, su sentido: la sorpresa subjetiva frente al carácter súbito de ciertas exigencias referenciales; recuérdese lo dicho sobre la naturaleza y formas de la afectividad Abona esta afirmación la prueba de que el grado de emotividad es inverso a la madurez del individuo y proporcional a la cuantía y calidad de los estímulos.
Las experiencias fisiológicas sobre la emoción acreditan la participación del sistema nervioso vegetativo y de las glándulas (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) de secreción interna; en especial, la hipófisis, el tiroides, las suprarrenales y las gónadas.
Orgánicamente se registran reacciones viscerales, musculares y fisiognómicas. Las primeras pueden interesar, a la vez o parcialmente, a todos los sistemas, aparatos y órganos de la economía biológica. Alteraciones circulatorias: desde modificaciones del pulso hasta la parálisis cardiaca; la vasoconstricción y vasodilatación periféricas causantes de la palidez y el sudor; espasmos vasculares responsables de ciertos fenómenos vertiginosos, etc. Variaciones del ritmo respiratorio. Alteraciones digestivas: aumento o disminución de las secreciones salival, biliar o gástricas, y del peristaltismo (pérdida del control de los esfínteres, incontinencia o interrupción de la emisión de heces y orina). Trastornos sexuales como impotencia, frigidez, eyaculación precoz o poluciones espontáneas. Las reacciones musculares de parálisis, espasmos y temblores, localizados principalmente en los miembros inferiores, se mezclan y combinan con otros fenómenos neuroendocrinos que caracterizan la fisiognómica (expresión del rostro y partes visibles del cuerpo) emocional: escalofríos, piel de gallina, palidez, sudor, contracturas faciales, tics y ademanes.
El efecto de las emociones sobre el psiquismo superior entendimiento, memoria y voluntad, va desde ligeras anomalías de carácter inhibitorio, hasta la paralización de alguna de las funciones y aun trastornos de la conciencia psicológica (véase en esta plataforma: CONCIENCIA II).
Los afectos.Entre las Líneas En el lenguaje ordinario, la palabra afecto se emplea con una significación casi sinónima a la de emoción (López Ibor).Si, Pero: Pero el lugar que ocupa en la estirpe gramatical de la voz latina de origen (sustantivo af f ectus) y sus derivadas psicológicas, denominando de modo genérico e indistinto cualquier fenómeno afectivo, ha inducido a los psicólogos a abandonar su empleo, o a mantenerlo apenas como una cualidad de contornos imprecisos: «estímulo o motivo que provoca sentimiento más que percepción o pensamiento» (Howard C. Warren); «el aspecto emocionalconativo de cada actitud mental» (MacDougall); descarga de energía psíquica, para el Psicoanálisis; «toda experiencia subjetiva que, examinada introspectivamente, se considera originada o perteneciente al organismo individual del sujeto», según Mac Curdy, etc.
Para López Ibor, la diferencia entre afecto y emoción estriba en que, en el primero, parece acentuarse la impresión del mundo exterior, y, en la emoción, lo que alcanza mayor relieve es el correlato vegetativo.
Las emociones y los afectos representan, respecto de los sentimientos y estados de ánimo, formas más elementales, indiferenciadas y pasajeras de la a.
Los estados de ánimo (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general). La acepción psicopatológica de la voz ánimo ha adquirido perfiles definidos gracias a los trabajos de López Ibor y su escuela. Dentro del tema general de la a., interesa aquí como ingrediente básico del todo de la función afectiva normal y como fenómeno, más o menos duradero, capaz de constituirse en contenido de conciencia. El ánimo o estado de ánimo fundamental sería la denominación propia del primer significado. Los estados de ánimo comprenderían las diversas modalidades de expresión del segundo.
El ánimo como ingrediente afectivo comporta, de acuerdo con su etimología, una noción de actividad. Psicológicamente expresa el grado o intensidad del impulso básico concebido en su liminar versión de energía anímica o vitalidad, y vivenciable como gana o desgana primordial. A él se refieren expresiones del lenguaje cotidiano como «tener o no tener ganas de . », «faltar las fuerzas», etc.
Cualquier proceso afectivo y, a través de la a., cualquier operación del psiquismo, desde el mero tender a las acciones voluntarias, pasando por el percibir, imaginar y pensar, dependen, de algún modo, del ánimo y de las modificaciones de carácter generalmente oscilante del mismo. Dentro de la normalidad, tales modificaciones y sus efectos sobre la conducta y el sentimiento de sí mismo son obvios, hasta el punto de que «tener buen ánimo» viene a ser sinónimo de «gozar de buena salud».
Las oscilaciones del ánimo son de diversa especie. El carácter fluctuante y polar de la mayoría de los fenómenos afectivos, y hasta el cambio de sentido de determinadas constelaciones sentimentales, son el efecto inmediato de las mismas. Cuando los fenómenos afectivos se observan a lo largo del tiempo, su representación gráfica revela, al tomar forma sinusoidal, esas fluctuaciones periódicas. El análisis del vivenciar global y del comportamiento humano muestran diferentes modos, en cuanto al grado, duración y periodicidad, de los ciclos vitales. El propio curso de la vida presenta, por lo común, esa forma parabólica en cuanto a ciertas capacidades que ha inducido a su división en periodos. Los más fáciles de observar son los diarios y los estacionales. Los momentos iniciales de cada ciclo reflejan tonalidades bajas, como lo prueban el deficiente rendimiento de las primeras horas de la mañana, por contraposición a la vivacidad del periodo que se extiende entre el crepúsculo vespertino y la media noche (astronómica). Por otra parte, son del dominio común las alteraciones anímicas de los principios de la primavera y el otoño. A través del análisis de la productividad estética, literaria e incluso profesional de personas eminentes se han podido verificar ciclos menos regulares y de muy variable duración. Es indudable que cualquiera puede ser afectado por tales ciclos. La demostración más fácil de la realidad de las oscilaciones del ánimo se encuentran en ciertos refranes y dichos populares. He aquí algunos ejemplos del idioma castellano que, como puede verse, tienen su correspondiente versión, literal a veces, en otros idiomas y culturas:
«Consultar con la almohada», «La nuit porte conseil», «Consult with your pillow», «Guter Rat kommt über Nacht»; «Matar el gusanillo», «Tuer le ver», «To have an eyeopener», «Frühschoppen»; «Día de mucho, víspera de nada» y su equivalente «Hoy figura, mañana sepultura», «Aujourd’hui en leurs, demain en pleurs», «Today gold, tomorrow dust», «Heute rot, morgen tot»; y otros, como «cual el tiempo, tal el tiento», «la primavera, la sangre altera», «tiempo, mujer y fortuna cambian como la luna», «trabajar toda la noche», etc.
El ánimo como fenómeno duradero capaz de convertirse en singular contenido de conciencia, constituye el elemento formal de los llamados estados de ánimo. No se trata simplemente de un mismo hecho contemplado desde ángulos distintos el de su comprensión conceptual y el de sus manifestaciones psíquicas. Siendo cierto que el ánimo, como principio vital, interviene modulando afectivamente cualquier contenido de conciencia, su cristalización en los estados que ahora se contemplan supone, fenomenológicamente, un cambio subjetivo notable. Más que un principio de actividad, la nueva versión señala cierta pasividad del sujeto, recogida en esa expresión verbal aceptada por los psicólogos para significar el hecho: la de estados de ánimo. Cuando se habla,del ánimo, del tono vital, como principio, se alude a una función que no tiene el carácter de la experiencia psicológica concreta de los estados de ánimo.
«Los estados de ánimo constituyen el núcleo esencial de la intimidad personal» (López Ibor). Por una parte revelan el nexo del sujeto con algo subyacente y nutricio la vitalidad; por otra, expresan la concordancia del propio sujeto con su entorno. Los estados de ánimo’ surgen, así, de la relación entre el yo y el mundo, como un testimonio, en el plano psicológico, de la constitutiva entidad referencia) de la vida humana. Son el medio, como la atmósfera, de la existencia. Comportan ciertas modificaciones vegetativas, fisiognómicas y de la psicomotilidad menos sensibles y aparentes .que las de las emociones. Dentro de la normalidad psíquica, tales modificaciones contribuyen a perfilar actitudes y formas de comportamiento a través de las cuales se hacen comprensibles dichos estados.
Psicológicamente, los estados de ánimo se identifican con los sentimientos vitales. Sus características diferenciales se estudian en el artículo SENTIMIENTO (para su patología, v. ÁNIMO, ESTADO DE; ASTENIA; HIPOCONDRÍA; HISTERIA; NEURASTENIA; NEUROSIS; PSICOSIS II; TIMOPATÍA).
En relación con el ánimo y los estados de ánimo se encuentra el humor.Entre las Líneas En el lenguaje común se utiliza este vocablo para identificar la índole o condición de una persona, especialmente cuando se da a entender con una demostración exterior. También para indicar jovialidad o agudeza. O la buena disposición en que alguien se halla para hacer una cosa (Diccionario de la Lengua Española). Estas acepciones y las contenidas en expresiones tan habituales como «estar de buen (o mal) humor», «remover los humores» (como «inquietar los ánimos»), o «seguir a uno el humor», aunque han perdido su carácter figurado, suponen una extensión de la semántica original de la palabra humor que, como término biológico y médico, servía para designar cualquier líquido del organismo animal. Apoyándose en ambos significados, la Psicología de inspiración antropológicoexistencial propone su empleo para subrayar, de acuerdo con la vieja versión de la Medicina helénica de los humores, la índole psicosomática de las manifestaciones afectivas como muestra de la unidad indisoluble entre el soma. y la psique por un lado, y el hombre y su mundo por otro.
El humor expresa la concordancia entre lo que podría llamarse el estado plasmático. o somático y el estado de ánimo, y entre éste y las correspondientes circunstancias personales. La clínica psiquiátrica y la Caracterología (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) actuales todavía conservan expresiones como melancolía, carácter flemático, frigidez y otros que denuncian_ su origen, de acuerdo con la doctrina hipocrática de las correlaciones entre los cuatro elementos de la Naturaleza (tierra, fuego, aire y agua) y los cuatro componentes fluidos del organismo humano (bilis negra, sangre, atrabilis y pituita); de cuya combinación física surgían la salud, la enfermedad y los temperamentos.
Los humores son como los olores de la existencia (López Ibor). Realmente, un olor (sensorial) evoca de un modo más esencial un estado de ánimo vivido que una sensación visual o auditiva. Las sensaciones visuales y
auditivas son tan concretas como fugaces. Las olfativas son más vagas y persistentes. De ahí que estén más ligadas a la temporalidad, y, a través de ella, a los estados de ánimo fundamentales. La prueba anatómica de esta proposición se encuentra en el llamativo desarrollo y complejidad del cerebro olfativo y sus conexiones nerviosas con las zonas cerebrales relacionadas con la afectividad Por eso, toda enfermedad, por muy bien delimitada que esté somáticamente, origina, de manera involuntaria e inconsciente, sentimientos de malestar. Del mismo modo que se atribuyen, con independencia de todo juicio, calidades sentimentales a ciertos paisajes y a determinadas constelaciones de orden físico, dando origen a los sentimientos estéticos (véase en esta plataforma: SENTIMIENTO). [rbts name=”filosofia”]
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre afectividad en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
R. JOLIVET, Emociones, Sentimientos rt Pasiones, en Psicología, Buenos Aires 1956, 310 ss.; J. J. LóPEZ IBOR, La Emoción y Estados Afectivos, en Lecciones de Psicología Médica, 2, Madrid 1964, 155163; íD, El ánimo :1 los sentimientos vitales, en Neurosis, Madrid 1966, 5358; J. M.1 POVEDA, PSieo10gía de la Afectividad, en Actas del sexto Congreso Nacional de Neuropsiquiatría, Barcelona 1960, 181 ss.; J. LINWORSICY, Lestes de la Vida Sentimental, en Psicología Experimental, Bilbao 1963, 300; afectividad ROLDÁN, Metafísica del sentimiento, Madrid 1956.
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