Anarquismo Político
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En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1]
Concepto general y manifestaciones
El anarquismo es sencillamente una doctrina y un movimiento que hacen de la anarquía (véase en esta plataforma) un programa de acción; es decir, que ven en ella no el resultado espontáneo de ciertas circunstancias socialmente adversas, sino la obra intencionada de los «anarquistas». Añádase, en concreto, que ello obedece a la presencia de una ideología-específica, más o menos elaborada doctrinalmente. Aunque en otras épocas ‘pueden hallarse precedentes más o menos claros, en realidad, se trata de un movimiento contemporáneo.
Como preparación conceptual, distinguiremos hasta cuatro manifestaciones del anarquismo moderno: 1) Individualista, expresado en forma extrema por Max Stirner (seudónimo de Kaspar Schmitd), quien en su obra El único y su propiedad (Der Einzige und sein Eigentum, Leipzig 1845) combate toda dominación y toda . norma objetiva, afirmando que no hay más soberanía que la del individuo, el «único», como suprema y única realidad. Sólo son respetables la fuerza individual y las pasiones y todo lo que las coacciona debe ser eliminado. La convivencia sólo puede derivar de la unión de los egoísmos individuales. Como se comprende, esta tesis ha tenido pocos adeptos, salvo entre los delincuentes ordinarios; aunque últimamente parece resurgir en buena parte. 2) Solidarista o socialista. Es el de Proudhon (véase en esta plataforma: ) o del príncipe Kropotkin. Se sitúa por encima de todo la libertad y se condena el poder; pero no se va a la libre expansión de’ las pasiones, sino a la convivencia libre basada en la razón. 3) Activo o revolucionario. Junto a los ilusos soñadores, como los anteriores, aparecieron los que, a la vez que niegan el Estado y la legitimidad del poder, buscan su destrucción por medios violentos. Es la posición típica de Bakunin (véase en esta plataforma) con su «propaganda por el hecho», la «pandestrucción universal», etc. 4) Anarcosindicalismo. Aspira a suprimir el Estado, sí; pero no para dejar plenamente libre al individuo, sino encuadrado en una «federación libre de sindicatos».Entre las Líneas En esta utopía (idealista, irreal: derivado del griego “u-topos”, significa “ningún lugar así”) nunca queda claro si los sindicatos habrían de asumir el poder coactivo (y no habría ya verdadera anarquía) o bien habría de tratarse de federaciones y asociaciones siempre libres.
Historia. Dos nombres, ya mencionados, se ligan al nacimiento del a.: Proudhon y Bakunin. Aquél, que fue llamó por primera vez anarquismo al sistema, recibe la ncia del liberalismo (llevado al extremo), contrario al Estado, y del comunismo, opuesto a la propiedad capitalista. El segundo tiene más bien inspiración hegeliana. Sea como fuere, la verdad es que Proudhon no llegó a promover un movimiento de masas, si bien todo el socialismo típicamente francés y más tarde el sindicalismo habrían de recibir su influjo. La organización anarquista tomará verdadera importancia al lado de la I Internacional (véase en esta plataforma: SOCIALISMO I), en la que entraron en pugna K. Marx y Bakunin.
Éste fundó, en 1868, la Alianza Internacional de la Democracia socialista, que pronto se separó de la Internacional socialista. Tras la Commune de París, ambas asociaciones fueron languideciendo rápidamente hasta extinguirse.Entre las Líneas En un Congreso obrero universal, celebrado en Gante en 1877, se enfrentaron él colectivismo politizante de Liebknecht-fiel a la línea marxista-y el francés J. Guillaume, que postula la revolución social, la supresión del Estado en todas sus formas y la transferencia de los medios de producción a las sociedades obreras. Es la idea anarquista, que luego se recogerá por el anarcosindicalismo.
Los dos últimos decenios del siglo XIX trajeron tres novedades en el movimiento anarquista: la aparición de las obras de Kropotkin (Palabras de un rebelde, La conquista del pan, Ayuda mutua, etc.), de valor literario, más que político-social, impregnadas de profundo sentimiento moral; la puesta en práctica de la violencia bakuniana: atentados contra personajes (el presidente francés Carnot, Cánovas del Castillo, el rey Humberto de Italia) y uso despiadado de explosivos (colocación de una bomba en la Cámara francesa en 1892, el célebre lanzamiento de bombas en el Liceo de Barcelona, etc.); y, en tercer lugar, la infiltración de la doctrina en las organizaciones sindicalistas, creándose el anarcosindicalismo, que tanta fuerza tendría en los países latinos (véase en esta plataforma: SINDICALISMO). La gran conflagración bélica de 1914-18 sumió en el olvido la actividad terrorista del a., pues al terminar la guerra no plasmó en nuevos movimientos de importancia. Incluso el anarcosindicalismo francés, en parte se «aburguesó» y en parte fue dominado por los comunistas.
Después de la II Guerra mundial, más concretamente en los anarquismo 60 de esta centuria, puede apreciarse una reanudación de la doctrina y el movimiento. Su teórico principal parece ser el escritor americano Herbert Marcuse (véase en esta plataforma) y sus manifestaciones prácticas más aparentes tienen lugar en las revueltas estudiantiles (ahora se llaman «ácratas»). De un lado, vemos un rebrote del anarquismo pasional de Max Stirner, pidiendo libertad para los impulsos elementales; de otro, una rehabilitación de la violencia, a lo Bakunin; pero no parece que de todo eso vaya a resultar nada constructivo y duradero. Más aún: es curioso que, en oposición a la pugna sin cuartel de Bakunin y Marx, estos anarquistas de ahora manifiestan simpatía por el autor de Das Kapital. Con-Bendit, el famoso cabecilla estudiantil francoalemán, al llegar a Londres, se apresuró a visitar la tumba de Marx. Ello ha dado lugar a críticas contra él (acusado también de «culto a la personalidad»), y a que la recientemente creada Organización Revolucionaria Anarquista le haya acusado de neomarxista (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, señalaremos que si a fines del siglo, y aun desde el principio, el anarquismo se unió a la causa obrera, ahora es apropiado por intelectuales y estudiantes, que se llaman el «quinto estado», superador del cuarto estado proletario.
En España e Iberoamérica
En España, el anarquismo se infiltró inicialmente en la clase obrera e intelectuales catalanes, que recibieron influencia de Proudhon y Bakimin (C. Martí, Orígenes del anarquismo en Barcelona, Barcelona 1959); más tarde daría lugar al terrorismo (véase en esta plataforma: ) ya aludido, que provocó las leyes de represión de 1894 y 1897, y atrajo fortísimos contingentes de la masa obrera (en Cataluña, Zaragoza, Andalucía), organizados en la C.N.T. (Confederación Nacional deI Trabajo), adscrita a la F.A.I. (Federación Anarquista Ibérica). El fenómeno fue muy distinto en el campo andaluz, unido al bandolerismo y a manifestaciones de violencia, que se multiplicaron a partir de 1880 y que continuaron incluso con la República (alzamiento de Casas Viejas en 1933). Precisamente la República de 1931 y la Guerra de 1936-39 habrían de traer un cambio profundo en el anarquismo español (anarcosindicalismo): así, el líder Ángel Pestaña fundó un «partido sindicalista» y los gobiernos de la guerra contaron con ministros sindicalistas, que, por tanto, ya no tenían nada de anarquistas.
En Iberoamérica el anarquismo no llegó a obtener acogida popular. Sólo en fecha reciente han surgido brotes rurales, desligados casi por completo del comunismo, como el de «La Violencia» de Colombia, que engendró una auténtica guerra civil (1949-53) y el de la provincia de la Convención de Perú (ya en los anarquismo 60 de este siglo). El futuro de estos y otros movimientos análogos en esas naciones de población rural en condiciones ínfimas de vida es difícil de prever; aunque no es inverosímil que, como en las masas urbanas europeas, el comunismo vaya absorbiendo esos elementos de protesta liberales o anarquizantes, siempre mal organizados.
Juicio sociológico sobre el anarquismo.Entre las Líneas En lo indicado ahora creemos que está la clave del pronóstico sociológico sobre el futuro del anarquismo De un lado, lleva en sí mismo el supuesto de su fracaso histórico; y esto no sólo porque los hombres tal como son necesitarán siempre un poder (la anarquía es imposible). De otro lado y en concreto, porque todo movimiento social (un organismo colectivo, en general, que se distingue por un alto nivel de compromiso, y activismo político, pero que a menudo carece de una organización clara) no podrá conseguir sin fuerte organización más que atentados personales o incendios, pero no subvertir la sociedad. El anarquismo está abocado al fracaso.
En Economía
El anarquismo niega el derecho de propiedad y la autoridad del Estado. Coincide paralelamente con el socialismo (véase en esta plataforma: ), que niega o restringe el derwho de propiedad, pero discrepa de éI, sobre todo de aquellas de sus formas que lo esperan todo de la acción estatal. Dentro del anarquismo hay variedad de matices.
Pierre-Joseph Proudhon (1809-65; véase) fue uno de los padres del anarquismo y el inventor del término.Entre las Líneas En su libro ¿Qué es la propiedad?, se formula esta pregunta y contesta: «La propiedad es el robo» («La propriété c’est le vol»). Esta frase bien conocida está lejos de expresar su concepción económica y social. Proudhon no es enemigo del derecho de propiedad individual; al contrario, lo considera la «esencia de la libertad» y el único freno posible a la omnipotencia del Estado. Lo que no admite es que el derecho de propiedad permita obtener un ingreso sin trabajo: interés, alquiler, arrendamiento, renta, de la tierra. Para él es necesario que el hombre posea los instrumentos de su trabajo, y goce de sus frutos; el derecho de propiedad así concebido y limitado le parece excelente.Si, Pero: Pero cuando se extiende a prestar dinero y cobrar intereses, o arrendar tierras o casas y cobrar rentas o alquileres, lo rechaza y le aplica su estridente definición.
Para reformar la sociedad Proudhon propone la creación de un «Banco de Cambio». Se apoya sobre las consideraciones siguientes: el interés del dinero es la más importante de las rentas que se perciben sin trabajo; si pudiese ser eliminada, todas las demás desaparecerían, pues nadie pagaría alquiler por una casa, arrendamiento por una fábrica o taller, o renta por una tierra, si pudiese obtener gratuitamente el dinero necesario para comprar la casa, la fábrica o la tierra. La supresión del interés puede lograrse: bastaría para ello crear una moneda que fuese suministrada sin interés y que todos o un grupo de personas suficientemente numeroso, se comprometieran a aceptar.
La actuación del Banco de Cambio producirá la fusión de las clases sociales: al desaparecer las rentas sin trabajo, los capitalistas se verán forzados a trabajar; los obreros, por sú parte, podrán adquirir los bienes de producción que necesitan para su trabajo. Toda distinción entre unos y otros desaparecerá. Entonces el Estado será innecesario. Porque para Proudhon el Estado es un simple instrumento de opresión, que en las circunstancias de su época resultaba indispensable, a consecuencia de las diferencias entre las clases sociales; sin el Estado, estas diferencias darían lugar a luchas y desorden. Pero, con la desaparición de las varias clases sociales, quedaría implantada la armonía social. Y no existiendo luchas sociales, el Estado podría desaparecer sin peligro.
El anarquismo adquirió difusión gracias, sobre todo, a la agitación y propaganda realizadas por Bakunin (1814-76; v.) y Kropotkin (1842-1921), dos aristócratas rusos que, perseguidos en su país, se refugiaron en la Europa occidental. Sus ideas son bastante semejantes. La fundamental es la exaltación de la libertad individual. La vida social debe organizarse por medio de libres contratos entre los individuos. Con ellos se pondrá en marcha la producción y la distribución de bienes y se estructurará la vida familiar. Estos contratos serán siempre rescindibles.
Una sola autoridad aceptan Bakunin y Kropotkin: la razón, la ciencia. Creen que la ciencia moderna ha resuelto ya en principio los problemas de la escasez, del hambre, de la miseria.
Pormenores
Las actuales técnicas permitirían la producción de cantidades de bienes suficientes para satisfacer las necesidades de todos, si el egoísmo y la ignorancia no mantuviesen una organización de la producción anticuada y defectuosa.
¿Cómo se llegará a la sociedad anarquista? A través de la revolución, que, por un lado, es necesaria y, por otro, saludable.Entre las Líneas En cuanto a su carácter, no son coherentes.Entre las Líneas En unas ocasiones quieren reducir la violencia al mínimo necesario; en otras se complacen -sobre todo Bakunin- en predicar y describir verdaderas orgías de matanza y destrucción.
El anarquismo se extendió por los países latinos (Italia, España; Francia, Bélgica) y por Rusia. Durante las dos últimas décadas del siglo pasado tuvo en estas naciones una fuerza superior a la del socialismo, a la sazón en decadencia. Con la entrada del siglo actual, el anarquismo fue perdiendo partidarios gradualmente, hasta desaparecer del todo en Francia, Bélgica e Italia.Entre las Líneas En Rusia era todavía fuerte al estallar la revolución bolchevique, a la cual colaboró.Si, Pero: Pero cuando los comunistas se sintieron instalados en el poder, exterminaron a los anarquistas.
Filosofía Política ante el Anarquismo: “Anarquía, Estado y Utopía”, de Nozick
“Anarquía, Estado y Utopía” de Robert Nozick está ampliamente considerado como uno de los libros de filosofía política más influyentes del siglo XX. Es sin duda el libro más influyente de la filosofía política libertaria, al menos dentro del mundo académico. Y sin embargo, a pesar de todo ello, la obra maestra de Nozick ha desempeñado un papel bastante curiosamente limitado en la filosofía política académica desde su publicación hace casi 40 años. Por ejemplo, casi no ha producido nozickianos. Ni siquiera ha producido realmente mucha gente que se considere a sí misma trabajando en una tradición ampliamente nozickiana. La única excepción notable a esta generalización no hace más que amontonar ironía sobre negligencia: libertaristas de izquierda como Hillel Steiner y Peter Vallentyne siguen de cerca la tradición neolockeana revitalizada por Nozick y se refieren con frecuencia a su obra, pero todo ello al servicio de una política que se opone en gran medida al tipo de sociedad de libre mercado defendida por Nozick. Cuando se compara su reputación con sus efectos reales, se puede llegar a la conclusión de que Anarquía, Estado y Utopía es el libro influyente menos influyente jamás escrito.
También es un libro que prácticamente pide a gritos ayuda. No se puede leer demasiado lejos en él sin toparse con una idea brillante, fecunda, intrigante… y que se abandona casi tan pronto como se introduce. Podrían dedicarse libros enteros, si no carreras académicas enteras, a elaborar en detalle las ideas que Nozick relega a meras notas a pie de página y apartes.
El capítulo tres de “Anarquía, Estado y Utopía” es uno de los más importantes del libro, en el que Nozick expone los fundamentos morales de su postura. Otros aspectos importantes de la obra son:
- Los argumentos de Nozick contra el anarquismo
- La teoría libertaria de la justicia y su crítica de Rawls
- Su teoría de la utopía.
No obstante, la ideas en las que se centrará este texto aquí será el caso contra el anarquismo.
El caso contra el anarquismo
La Parte I de “Anarquía, Estado y Utopía” argumenta que los individuos en el estado de naturaleza formarían agencias protectoras voluntarias para garantizar la defensa efectiva de sus derechos. Debido a las economías de escala y a los efectos de red, Nozick sostiene que una de estas agencias acabaría alcanzando una posición dominante. Una vez que esto ocurra, Nozick cree que la agencia dominante tendría derecho a suprimir las actividades de las agencias de protección independientes, porque y en la medida en que esas actividades sometan a los clientes de la agencia dominante a riesgos inaceptables de violación de sus derechos. Esta prohibición estará justificada siempre que la agencia dominante compense a las partes perjudicadas por ella proporcionándoles protección de derechos gratuita o con descuento, subvencionada por los clientes de pago de la empresa dominante. Una vez que todo esto haya sucedido, nos quedaremos con una única empresa que ostente el monopolio de la aplicación de los derechos y que proporcione protección a todos los individuos dentro de su jurisdicción. Éste es el Estado mínimo, y habrá surgido no a través de ningún diseño descendente ni a través de un contrato social que implique un consentimiento tácito o expreso, sino por una especie de proceso de “mano invisible” similar a aquél por el que podría surgir un idioma, una mercancía monetaria o un precio de mercado de equilibrio.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
El argumento de Nozick en esta parte del libro ha sido objeto de fuertes críticas a lo largo de los años. Una famosa línea de crítica sostiene que la naturaleza hipotética de la justificación de la mano invisible que allí se da hace nugatorio todo el proyecto, especialmente para alguien, como Nozick, atraído por una teoría histórica de la justicia. En contra de esto, se sostiene que el argumento de Nozick es, de hecho, un gran avance en la teoría política. El argumento de Nozick se entiende mejor, piensan algunos, como un ejercicio en el ahora descuidado ámbito de la teoría política explicativa, más que normativa. Si el argumento de Nozick tuviera éxito, prestaría un valioso servicio explicativo al mostrar cómo podría surgir un Estado sin diseño, sin consentimiento, a partir de las prosaicas acciones de individuos razonables y racionales. A través de una serie de procesos de filtrado y equilibrio, las acciones ordinarias de los individuos dan lugar al estado como una especie de propiedad emergente. Al igual que las propiedades emergentes en general, somos capaces de hacer algunas predicciones generales sobre el carácter global y el comportamiento del Estado, pero esta macroprevisibilidad se combina con una microimprevisibilidad: no sabemos, por ejemplo, qué organismo se convertirá en dominante, ni qué forma precisa y efectos distributivos tendrán sus actividades. Además, esta explicación es relevante desde el punto de vista normativo, ya que demuestra, como mínimo, que los Estados no son necesariamente violadores de los derechos, y quizá con más fuerza que la legitimidad moral es una propiedad de los Estados mínimos en general. Sin embargo, incluso la primera conclusión, más débil, es suficiente para refutar al anarquista que era el objetivo de Nozick en esta parte del libro.
Por supuesto, todo esto se basa en la hipótesis de que el argumento de la mano invisible de Nozick tenga realmente éxito. Y hay buenas razones para pensar que no lo es. Una manzana de la discordia en particular para los anarquistas libertarios contra los que se dirige el argumento de Nozick es el llamado “Principio de Compensación”, que sostiene que se puede prohibir a las personas realizar una acción que sólo podría perjudicar a otros siempre que se les compense por las desventajas que sufran como resultado (pp. 82-83). Este principio pone en marcha lo que se denomina una “atenuación de los derechos”, en la que Nozick pasa de una concepción de los derechos como reivindicaciones centrales que están protegidas por normas de propiedad (que prohíben el cruce de fronteras) a una concepción de los derechos como reivindicaciones centrales que están protegidas por normas de responsabilidad (que permiten el cruce de fronteras siempre que se pague la debida indemnización).
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Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre anarquismo político en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
SOCIALISMO II; PROÜDHON, PIERRE-JOSEPH; BAKUNIN, MIJAIL ALEXANDROVICH; MARCUSE, HERBERT.
Bibliografía
CH. GIDE y CH. RIsT, Histoire des doctrines économiques, 7 ed. París 1947; R. STAMMLEii, Die Theorie des Anarchismus, Berlín 1894; M. STIRNER, Der Einzige und sein Eigentum, Leipzig 1845 (varias trad. y ed. en diversas lenguas). Aparte las obras de Bakunin, Proudhon o Sorel (véanse artículos correspondientes), H. ARvON, La Pensée de Max Stirner, París 1951; M. NETTLAu, Bakunin, la Internacional y la Alianza en España, Buenos Aires 1925; P. ELTBAcHER, L’Anarchisme, París 1902; E. RÉcLos, L’Anarchie, París 1896; H. ARvON, L’Anarchisme, París 1951; E. DOLLEANS, Histoire du Mouvement Ouvrier, II, París 1948; E. COMN COLOMER, Historia del anarquismo, 2 ed. Barcelona 1956; M. GARcíA . VENERO, Historia de las Internacionales en España, Madrid 1956; E. I. HOBSBAwm, Rebeldes primitivos, Barcelona 1967.
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Sobre el libro comentado en el texto, y no sólo relativo a su parte en contra del anarquismo político: Robert Nozick es un joven y prometedor ilusionista filosófico cuyo número en el exclusivo club de Harvard maravilla al público cada noche. Puede sacar de un sombrero una proposición sintética a priori y luego hacer malabarismos con seis silogismos haciendo que todo parezca fácil. Su cháchara es excelente y las damas se desmayan ante su aspecto juvenil. El número “Aserrar a los Rawls por la mitad” ya se ha convertido en legendario. El público sabe de antemano lo que va a pasar, pero aún así se les oye jadear cuando concluye triunfalmente demostrando que la mejor forma de hacer libres a los pobres es bajar los impuestos a los ricos. ¿Cómo lo ha conseguido?
Sería una grosería revelar los secretos que se esconden tras los trucos de Nozick. Pero no creo que me expulsen del Círculo de Magia Filosófica si les digo que observen atentamente La Mano Invisible.
Absolutamente atroz. Defectos lógicos, círculos conceptuales, además de simplemente no darse cuenta de lo ridículo que suena. Por ejemplo, los impuestos equivalen a la esclavitud porque te obligan a algo, pero que te obliguen a trabajar en un taller clandestino o a pasar hambre no es una violación de la libertad, de hecho es voluntario.
Este libro tuvo un enorme impacto en mí cuando lo leí a los 22 años como estudiante de postgrado de filosofía política. En realidad, sólo ahora, a los 44 años, me doy cuenta de hasta qué punto la obra maestra de Bob Nozick ha moldeado mi pensamiento sobre el Estado, la política y la sociedad durante los últimos 22 años.
Llegué al libro con ideas preconcebidas: Nozick era neoliberal y hayekiano. Yo no era ni lo uno ni lo otro. Yo era un socialista comprometido con inclinaciones anarquistas (¡una enorme dicotomía ahí que no vi en su momento!) y profundamente enamorado de Marx, el marxismo, los marxistas y los marxianos. Así que quería odiarlo, tirarlo a la basura, ¡mostrarlo como la propaganda de los “perros corredores del capitalismo”!
Bueno… ¡no pude! Conseguí un ejemplar impoluto en la librería de la universidad (¡todavía lo conservo, aunque ahora está muy manoseado!) y me pasé una semana leyéndolo, tomando notas y tratando desesperadamente de pensar en contraargumentos. El libro estaba magníficamente escrito, era increíblemente accesible para el lector profano (una gran ventaja para mí, ¿ha intentado leer alguna vez a Jurgen Haabermas?), y estaba argumentado de forma convincente y rigurosa. No quería estar de acuerdo con sus argumentos, ¡pero no pude evitar admirarlos!
Escribí un ensayo de “contraataque” basado en la premisa de que Marx no podía ser criticado dentro del paradigma del “pensamiento liberal”, es decir, que el “Estado de derecho”, los “contratos” y, de hecho, todo el edificio de la “democracia liberal” no significaban nada para él porque eran los medios por los que la “clase dominante” legitimaba su dominio y mantenía su poder. Para decirlo sin rodeos, Marx veía la “justicia” como un concepto burgués y, de hecho, como una estafa.
Mi ensayo fue bastante bien recibido pero me hizo sentir mareado, y cuanto más pensaba en ello más mareado me sentía.
Así que, gracias a Bob Nozick he abandonado a Marx, me he vuelto bastante frío con el socialismo y me he acercado a abrazar el Estado mínimo – ¡me ha costado 22 años llegar hasta ahí mente!
El libro comienza con el estado de naturaleza de Locke y la afirmación anarquista de que cualquier estado es ilegítimo, abusivo e inmoral. A continuación, asume una economía en funcionamiento y perfecta junto con agentes económicos racionales, interesados en sí mismos, libres y perfectamente informados. La afirmación principal es que, dados sólo esos supuestos junto con una explicación de la Mano Invisible, la política y las estructuras de un Estado mínimo surgirán de la economía. La afirmación adicional es que tal explicación (es decir, puramente de la economía y no pretendida ni diseñada por nadie) también proporciona legitimidad a este Estado minimalista. Además, al oponerse a “Una teoría de la justicia” de Rawls, Nozick afirma que cualquier Estado que supere este Estado mínimo no puede justificarse. Al final, Nozick defiende el Estado mínimo frente a los sueños utópicos de Estados futuros “complicados, pero perfectos”. De hecho, Nozick afirma que este estado mínimo es el terreno de juego de los utopistas para poner a prueba sus proyectos.
Esta explicación hiperracional, hipereconómica, a-histórica, autoemergente, etc. de un Estado mínimo legítimo sólo convence a los profesores de economía formados en Harvard. Un argumento anarquista a la antigua contra el Estado regular y tradicional me parece más convincente que éste. Tampoco puedo evitar pensar “¿qué dirían Hegel u otros teóricos alemanes del Estado” al leer estas explicaciones puramente económicas y de teoría de la decisión sobre su Estado divino? También me asalta otra duda al leer este libro: ¿no es éste el argumento que todos los capitalistas quieren que creamos y el Estado que quieren construir en todas nuestras sociedades?
Convertida en un gran clásico del pensamiento occidental moderno, esta obra es tan controvertida como fascinante y difícil de comprender en su totalidad. La teoría libertaria de Nozick pretende minar y socavar los fundamentos, tanto del sentimiento común como, sobre todo, de las prácticas sociopolíticas occidentales más establecidas (tanto de izquierda como de derecha). Se afirma que el Estado mínimo es el Estado más amplio que puede justificarse (incluso moralmente) y que, por tanto, un Estado con un poder más amplio no es legítimo ni justificable, donde mínimo significa, a grandes rasgos, un Estado que sólo tiene que proteger y salvaguardar el derecho a la vida, a la propiedad, a la libertad de elección y a la autodeterminación, teniendo el monopolio de la fuerza. La crítica al exceso de Estado se lleva a cabo en defensa total, y me atrevería a decir que desenfrenada, de la libertad individual. Cualquier Estado más amplio que el Estado mínimo violaría por tanto, según Nozick, los derechos de las personas. Incluso la concepción de la justicia distributiva está bajo ataque y, en razón de la defensa de las voluntades individuales (siguiendo el hiperativo categórico kantiano), pretende demostrar su no neutralidad y, en última instancia, su no eticidad (una cascada directa sería la no legitimidad de los impuestos, por no hablar de los impuestos progresivos, por ejemplo). Herético o extremista, de acuerdo o en desacuerdo (el propio Nozick llegó más tarde a revisar parcialmente su teoría), estas reflexiones tienen el mérito de obligarnos a pensar en derechos, deberes, prestaciones e instituciones que, lejos de darse por sentados, están histórica y cotidianamente en mutación, y además socavan muchos lugares comunes.
Se supone que Anarquía, Estado y Utopía es el mayor tratado libertario escrito hasta la fecha. Así es como lo he visto anunciado varias veces – curiosamente, nunca por libertarios. Se introdujeron en el movimiento por Ayn Rand, Ron Paul, Murray Rothbard o Stefan Molyneux, pero ninguno con el que yo haya hablado lo hizo por Nozick. Su recepción en el movimiento libertario fue, en el mejor de los casos, tibia. Tampoco fue él quien lo inició. No estuvo activo en él durante mucho tiempo, no tuvo un impacto popular o político tan grande como Milton Friedman, y todas las organizaciones y grupos de reflexión fueron iniciados por otros. Él mismo incluso escribió su libro después de una seria de discursos con Rothbard. Lo dice en las primeras páginas.
Pero seguramente, Nozick fue el único libertario verdaderamente intelectual y académico, ¿verdad? No, en realidad no. Ludwig von Mises y Friedrich August von Hayek trabajaron en teorías económicas que ganaron el Premio Nobel. Rothbard era un polímata y recibió una educación universitaria. Hans-Hermann Hoppe aprendió sus métodos éticos con Jürgen Habermas y se licenció en filosofía. Hay muchos intelectuales libertarios genuinos. Señalar a Nozick como el único no sólo es deshonesto, es delirante.
¿Qué es, entonces, lo que le hace tan importante? ¿Tan grande era su filosofía? De nuevo, no. Sin duda, era hábil deconstruyendo los argumentos de los demás. Era muy leído. Podía manejar conceptos extremadamente abstractos. El problema es que no podía construir nada que valiera la pena, a juzgar por este libro, que es después de todo su libro más popular. Sufría del mismo problema que John Rawls, en el sentido de que su ética carece de fundamento ontológico. Su libro no es en absoluto terrible, pero para mí fue una gran decepción.
Eso es abstracto, veamos algunos problemas concretos de esto.
El principal sería el principio de compensación. Con él, Nozick demuestra que un Estado mínimo es compatible con los principios libertarios, que no hay que ir hasta el anarquismo como hizo Rothbard. La idea es que se puede violar la libertad de los demás para reducir un riesgo que plantean, si se les compensa justamente por ello.
Hay muchas cosas erróneas en este principio. Para empezar, ¿cómo se calcula el precio justo de un intercambio coaccionado? La teoría del precio justo ya es bastante difícil para los intercambios voluntarios, y ahí, al menos tienes la costumbre con respecto a ese precio y los costes de producción del productor como directrices. En un intercambio coaccionado, la única costumbre la puede establecer el que coacciona, y sus propios costes son sólo su problema y, obviamente, no deberían influir en la Creo recordar que Nozick encontró algunas soluciones a esto, pero no eran convincentes, al igual que las soluciones al problema de encontrar el precio justo en última instancia no son convincentes. Sé que uno podría objetar que mi argumento prueba demasiado, que tendría que rechazar toda indemnización por delitos o daños, pero he aquí la cuestión: obligar a un criminal a restablecer el estado de cosas que existía antes de su delito no es lo mismo que permitir el delito si el criminal paga una indemnización a su víctima. En el primer caso, el orden legal de las cosas ya está roto y debe ser reparado lo mejor posible, y si eso no es posible, que así sea. En el segundo caso, permitir que el criminal “haga lo que pueda” no es aceptable. En cambio, si permitiera que su víctima fijara el precio, podría romper el sistema cobrando demasiado alto, y entonces usted podría abandonar su proyecto. Si cobramos demasiado alto a los delincuentes en un sistema de responsabilidad civil, para que se nieguen a cometer más delitos, no habremos roto el sistema, lo habremos perfeccionado. Haga de eso lo que quiera.
Otro gran problema es que Nozick no puede trazar ningún límite que su Estado no pueda traspasar en la búsqueda de la seguridad. ¿Por qué no introducir cacheos aleatorios al desnudo, si eso aumenta significativamente su seguridad frente a las amenazas de bomba, y se limita a compensar a la gente por la humillante experiencia pagándoles bien? Esta era una de las principales quejas que Rothbard tenía con Nozick.
El peor problema, por supuesto, el que ya toqué al principio, es que Nozick se inventó su principio de compensación. Me quedé confuso cuando lo sacó a colación, esperé el resto del libro a que lo justificara, pero eso nunca ocurrió. Introdujo un primer principio de la nada. Entonces, ¿por qué debería tomarme en serio este primer principio? ¿Por qué debería hacerlo cualquiera? No se puede escribir una buena filosofía ética sin una ontología subyacente. No tiene que escribir primero un tratado metafísico, por supuesto, pero como mínimo no podría abandonar la metafísica. Este fue también mi principal punto de crítica a Una teoría de la justicia, y es la razón por la que evitaré la filosofía analítica en el futuro.