Avaaz
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Artículo de Isabel Gómez Melenchón y Piergiorgio M. Sandri (Marzo 2015) para Magazine:
En enero del 2007… un joven activista llamado Ricken Patel fundó la organización Avaaz con el objetivo declarado de “cerrar la brecha entre el mundo que tenemos y el mundo que la mayoría de gente quiere”. (…)
Estalló el caso Lewinsky. Dos emprendedores dedicados al software en California y de militancia demócrata empezaron a recoger firmas para que el Congreso censurara al presidente Clinton y move on, es decir, pasar página y seguir adelante con cuestiones más urgentes e importantes para el país que la mancha en el vestido de la literatura académicaria. La petición alcanzó rápidamente medio millón de firmantes y la organización saltó a la primera página de la agenda política.
Entre sus integrantes estaba Rick Patel, que fundó Res Publica, grupo dedicado a los derechos civiles.Entre las Líneas En el 2007 este joven empresario con inquietudes por cambiar el mundo dio el salto y fundó Avaaz. El nombre es tan multicultural como sus miembros: avaaz significa “voz” en hindi y en persa y “sonido” en urdu; en solo siete años ha alcanzado los 90 millones de miembros en 194 países y utiliza 15 idiomas. Un éxito que comparte con Change.com.
“Lo que es realmente novedoso de estas plataformas es que permiten al usuario herramientas informáticas que antes estaban al alcance de informáticos o ingenieros. Por ejemplo, si antes querías montar una campaña en Internet, tenías que abrir una web, activar un perfil en Facebook, crear un newsletter. Ahora nada de esto es necesario. Con un clic se puede sensibilizar a la opinión pública”. Mario Tascón, autor de Ciberactivismo (Libros de la Catarata), explica así parte del éxito de estas plataformas. (…)
Avaaz (…) inicia y lanza campañas, esa es su razón de ser. Cada año se realiza una encuesta entre sus miembros para determinar las prioridades; en el 2014 fueron la lucha contra la corrupción política, incluyendo las presiones de las corporaciones sobre los gobiernos, la promoción de políticas que fomenten el bien común y no para las élites, y la lucha contra el cambio climático. [rtbs name=”calentamiento-global”] [rtbs name=”cambio-climatico”] Las ideas se someten a un proceso de selección. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Una vez asumidas, el equipo de Avaaz busca las líneas de actuación para que tengan el mayor impacto posible. Otras entidades que promueven las peticiones on line son Care2, fundada en 1998 por Randy Painter o la australiana GetUp.
Al usar Internet como vehículo de información, estos sistemas permiten sacar a la luz temáticas muy locales o inadvertidas.
¿Es un modelo de negocio sostenible? Carol Schwartz, mujer de negocios y filántropa que ha participado en esta operación, aseguraba que no buscaba un retorno concreto de la inversión, sino que aspiraba a reforzar el papel de las empresas sociales.Si, Pero: Pero ¿se podrán llevar a cabo peticiones contra todas estas empresas que sostienen la plataforma desde el punto de vista financiero?
Avaaz decidió en el 2009 no admitir aportaciones de corporaciones, fundaciones o gobiernos. Se financia con las donaciones de sus miembros, que no pueden superar los 5.000 dólares (menos de 4.560 euros), lo cual no es obstáculo para que haya recaudado más de 20 millones de dólares. Una parte se dedica a mantener la estructura, y otra, la más importante, a financiar campañas: en el 2012 se compró una red de módems para tener Internet por satélite y de teléfonos inteligentes para al menos 200 activistas en Siria, esa fue una de las maneras de dar a conocer el principio de la sangrienta guerra civil; en el 2013 dedicó un millón y medio de dólares a comprar cámaras para periodistas en el mundo árabe. Todo para dar visibilidad a los conflictos. (…)
Los más escépticos llegan a sostener que estas recogidas de peticiones sobre causas supuestamente justas tendrían un efecto sedante en la sociedad, ya que sustituirían las manifestaciones callejeras. Tal era la tesis del sociólogo Malcolm Gladwell en un artículo en el New Yorker titulado justamente “Por qué la revolución no se tuiteará”.
Sin embargo, un estudio de la Universidad de Georgetown (Dynamics of Cause Engagement Study) ha desmitificado en parte estas acusaciones. Los investigadores comprobaron que aquellas personas que firman peticiones on line también suelen estar vinculadas a asociaciones, partidos políticos u oenegés, con lo que el ciberactivismo complementa al activismo de calle, lejos de frenarlo.Entre las Líneas En algunos casos, este colectivo on line es más proclive a comprometerse (¡hasta el doble!) en causas sociales que los activistas tradicionales. “Sin lugar a dudas es un activismo muy cómodo. No te arriesgas a que la policía te pegue en la calle.Si, Pero: Pero es una posibilidad que se añade a las ya existentes. Hoy un ama de casa muy poco revolucionaria puede convertirse en activista. Es algo que suma, no que resta”, valora Tascón. (…)
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
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“Yo diría que son instrumentos muy potentes porque son virales. No es tanto la fuerza que tienen en sí, sino la capacidad de agitar los medios. Las cosas no cambian solo porque hay una petición, sino por la caja de resonancia mediática que genera”, matiza Tascón.
Por otra parte, es innegable que la protesta, gracias a estas plataformas, adquiere cierta visibilidad y, en algunos casos, entra a formar parte de la agenda de la opinión pública. “Firmar una petición es como prender la mecha de un cartucho de dinamita. Al principio solo ves una pequeña chispa, pero el efecto final puede ser demoledor y desencadenar una serie de acciones de largo impacto”, afirmaba Luis Morago, director de campañas de Avaaz en España.”
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