Campos Semánticos
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El diccionario de campos semánticos
Las palabras son unidades teñidas de magia. Trabajar con ellas llega a turbar, a emocionar, a sobrecoger. La reflexión sobre la manera de abarcarlas se instala en el pensamiento como cualquier otra testarudez. Pueden pasear por la mente esos asuntos triviales, tan incondicionalmente inofensivos, acariciarlos, concentrarse o no en ellos, y pasar deleitosos momentos sin acordarse de si son placeres o sinsabores otras reflexiones sobre la vida o sobre la ciencia. Esa habilidad mental, privilegio de unos cuantos lexicólogos, es extensible a otros ámbitos de la labor investigadora responsable y útil.
Nuestra lengua y el inglés parecen despuntar frente a otras muchas como instrumentos de comunicación. (Tal vez sea de interés más investigación sobre el concepto). Y desde ese preeminente uso (…) no cuenta con una herramienta de trabajo tan eficaz como un Diccionario de Campos Semánticos, aunque muchos usuarios pudieran pensar que sí lo tenemos. (…)
La necesidad de una clasificación léxica de este tipo ya la sintieron los hablantes de aquella primera lengua moderna del mundo occidental que fue el griego. El gramático y retórico Julio Pólux, nacido en Nauratis, Egipto, hacia el año 135 de nuestra era, y que vivió unos cincuenta y siete años, redactó una clasificación de las palabras que llamó “Onomasticón”. Era el primer intento occidental conocido por construir un vocabulario de la lengua ajeno a las exigencias del orden alfabético, y ajustado a la lógica de las palabras. O, dicho de otra manera, un tratado sobre el léxico donde se buscan palabras, y no el significado de las mismas, aunque también lo descubrimos al encontrarlas en su lugar rodeadas de otras de parecido valor sinonímico, afin o semántico. El gramático Pólux las clasificó por series de ideas análogas, y encontró que la división en diez partes se ajustaba a la visión de los conceptos y cosas que era necesario denominar en el mundo de la lengua vehicular de entonces. Aquellos apartados y subapartados han sobrevivido incompletos. Especialmente interesante es el desarrollo de la terminología dedicada a la música y al teatro.
El interés por este tipo de información lingüística, es, a mi juicio, tan necesario como esas otras dos obras fundamentales para la descripción de una lengua que son la gramática y el diccionario de significados.Si, Pero: Pero cayó en el olvido, como tantos otros asuntos relacionados con el conocimiento científico, durante muchos siglos, hasta que nació en Londres, en 1779, Peter Mark Roget (y su thesaurus). (…) Cuando pudo interesar, cuando pudo interesamos, apareció un lexicógrafo excepcional, antecesor de una lexicógrafa incomparable: era Julio Casares Sánchez, seguido de María Moliner Ruiz. (…)
Pocas son las lenguas del mundo que disponen de un diccionario tradicional, de ése que estamos acostumbrados a ver, del de significados. Muchas menos tienen el privilegio de disponer de un estudio semántico o ideológico, o conceptual o temático, de su léxico, apenas una docena: el griego fue la pionera, luego el inglés, el francés, el portugués, y el ruso. Y también, a su manera, el italiano y el alemán. La tradición lingüística oriental había otorgado obras de este tipo a dos de sus lenguas que más han desarrollado su dimensión cultural a través de los tiempos, el chino y el sánscrito. Y entre contemporánea a todas ellas, nuestra lengua, nuestra vibrante y universal lengua, protegida en los excelentes listados de Moliner, no queda, ni mucho menos, tan sutilmente descrita como en los diccionarios temáticos del francés o del ruso.
Creo que muchos estudiantes, investigadores y usuarios de la segunda o tercera lengua actual de la humanidad agradecerían tener a su alcance una obra que conceda ordenadamente a nuestro léxico el valor semántico que le corresponde, y que cumpla los siguientes principios, o al menos la mayoría de ellos:
1. Que esté dispuesta en una ordenación lógica que huya del irracional sentido del orden alfabético.
2. Que aparezca preferentemente clasificada en unos tres o cuatro mil campos semánticos, según cálculos aún frágiles, para dar cabida a la expansión léxica de los últimos años.
3. Que esos campos semánticos vivan vecinos unos con otros, aparezcan unidos y seguidos según significados en clasificaciones que, como en las prietas hojas de un árbol, se desplacen ordenadas desde el tronco hacia las más distantes y recónditas ramas.
4. Que cada palabra domine desde su significado más amplio o hiperónimo al grupo de palabras o hipónimos que contiene.
5. Que cada uno de esos campos distinga con independencia y precisión sustantivos de adjetivos, y adjetivos de verbos, y verbos de adverbios, y conceda un apartado especial a los campos semánticos cerrados.
6. Que cada voz ocupe un lugar, un espacio definido por las palabras que aparecen a su lado, por algunas breves explicaciones que encabecen el listado, y por otras que encabecen el listado del listado en su viaje hacia el tronco, de tal manera que cada término reciba su valor por el lugar que ocupa en el gigantesco árbol.
7. No debe obedecer nuestro diccionario, necesariamente, a ninguno de los criterios que han inspirado los actuales, pero sí organizar los campos de manera que, una vez creados, cada una de la células permitan invitar en sus espacios a las recientes palabras, a las recién nacidas, a las resucitadas o a las que, desde otras lenguas, sean bien recibidas y encajadas.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Desde nuestro modesto puesto de estudiosos y artífices de nuestra lengua, digámoslo con templanza y sosiego, y para concluir, consideramos necesario y urgente que el español se perpetúe en un diccionario lógico de campos semánticos, en uno de esos libros que se instalan en el pensamiento como cualquier otra testarudez … Y que ese estudio perdure, como nuestra lengua, durante una larga y pacífica vida a través de los siglos.
Fuente: “Por un diccionario de campos semánticos”, de Rafael del Moral
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