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Diccionario Ideológico de Casares

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Diccionario Ideológico de Casares

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] Véase más información, incluida su historia, en Diccionarios Ideológicos. Véase también el Diccionario Ideológico de Casares, como uno de los mejores ejemplos. Y el Diccionario de uso del español (actual y de María Moliner).

La Influencia del “Thesaurus” de Roget

El léxico del inglés, francés, portugués y ruso ha sido recogido en repertorios, en clasificaciones de palabras ordenadas por significados que aún no existen para los hablantes de español. La lengua inglesa dispone del “Thesaurus” de Roget, una clasificación en unos mil grandes campos semánticos, tan útil e interesante que ocupa un lugar en los hogares anglófonos con la misma extensión y uso que el Petit Larousse preside las consultas léxicas de los usuarios francófonos, o el DRAE los desacuerdos lingüísticos de los hispanófonos. No exigen los ingleses un diccionario de semasiológico con el que tantos usuarios se muestran interesados. Ese onomasiológico o de significantes, el “Roget”, donde las palabras ocupan un lugar, sin explicaciones que las viste de sentido, sirve como diccionario básico. Y tanta extensión y uso ha llegado a alcanzar que los hablantes de francés, interesados por un instrumento de parecido servicio y provecho, adaptaron la estructura y lo versiona­ ron. Y aquella clasificación fue publicada por la prestigiosa editorial Larousse. La lengua portuguesa cuenta con la clasificación de Carlos Spitzer llamada “Diccionario Analógico. Tesoro de vocablos y frases de la lengua por­tuguesa”. Y la lengua eslava más extendida, por poner un ejemplo más, ha desarrollado el “Diccionario temático de la lengua rusa”, instrumento que estos últimos años se extiende con fuerza en aquel ámbito, y entusiasma y alimenta de términos a sus usuarios, aunque, una vez más, y al igual que en los anteriores, no utiliza el complejo orden alfabético, sino el lógico, el impuesto por los significados.

Peter Mark Roget, educado en la exigente sociedad inglesa, no fue, durante la mayor parte de su vida, sino un lingüista aficionado. Hizo de la medicina su única profesión, y a ello dedicó su vida. Una vez retirado, a la madura edad de 61 años, recuperó un pequeño trabajo de juventud, una clasificación de palabras por conceptos que había realizado con veintitantos años por mero placer estético, tal vez como quien se entretiene completando un crucigrama. Había dejado aquellos apuntes guardados en cualquier cajón, y, abandonada su vida profesional, les quitó el polvo y dedicó su tiempo y deseo a organizar y ensanchar aquella base léxica, hasta conseguir, once años después, una amplísima clasificación de palabras que publicó en 1852 con un título espectacular: “Tesoro de las palabras y las frases de la lengua inglesa clasificadas para facilitar la expresión de las ideas, y como ayuda en la composición literaria”. Su libro, en efecto, es una colección de palabras sin explicación alguna. Sus significados son deducidos por los hablantes ingleses en función de sus conocimientos básicos, a los que añaden los de las palabras vecinas, para dar el verdadero valor a la elegida. Está dividido en seis partes, cuatro menos que el de Julio Pólux.Si, Pero: Pero esto no parece lo más importante. Peter Mark Roget murió a los 90 años. Se fue sin imaginarse que su “Thesaurus” se editaría más de sesenta veces, que se extendería, acompañando a la propagación de la lengua inglesa, por todo el mundo, que se actualizaría en más de cincuenta ocasiones con nuevas palabras, que se venderían más de treinta millones de ejemplares, y que sería un compañero indispensable en muchas generaciones de escritores y demás usuarios anglófonos. Hoy, reconocido como un clásico, y difundido en baratísimas ediciones de bolsillo, ocupa un lugar en las estanterías de todas las bibliotecas y en la mayoría de los hogares de habla inglesa como uno de los diccionarios de referencia más importantes de aquella lengua y, por tanto, del mundo. La clasificación de palabras de Peter Mark Roget ha superado con incuestionable éxito el test del tiempo, y se ha mostrado capaz de absorber los nuevos conceptos, el vocabulario técnico y las expresiones coloquiales con la estructura que él ideó. Actualizado y difundido por sucesivos editores, hoy es indispensable en el moderno uso de la lengua vehicular de la humanidad.Entre las Líneas En cualquier librería de cualquier país, no solo de dominios anglófonos, que tenga un mínimo espacio dedicado a los estudiantes ingleses, allí está el Tesoro de las palabras y frases del inglés a disposición del interesado y el estudiante. El libro, como hemos dicho, fue traducido al francés, o mejor dicho, versionado, conservando sus estructuras. Nadie se interesó, sin embargo, por llevar a cabo una versión española (nota: debemos contradecir parcialmente al autor: existe un “Thesaurus” de sinónimos y antónimos desde hace bastante tiempo que sigue el patrón, hasta cierto punto, de Roget). Las más prestigiosas editoriales dedicadas a la publicación y estudios de la lengua se muestran poco interesadas por la publicación de este tipo de trabajos. Parecen conscientes del escaso atractivo de una clasificación tan viva entre los usuarios. Y estas opiniones, tan irrefutables desde la apariencia, solo las podemos entender con una lectura condicionada. No parece adecuado pensar que se trate de menosprecio a tan interesante modo del conocimiento del léxico. Más vale explicarlo diciendo que, cuando pudo interesar, cuando pudo interesamos, apareció un lexicógrafo excepcional, antecesor de una lexicógrafa incomparable: era Julio Casares Sánchez, seguido de María Moliner Ruiz.

Julio Casares Sánchez nació en Granada 23 años antes que María Moliner, en 1877, y murió en 1964, 17 años antes que ella. La historia lo conocerá y recordará por su original legado, recogido en un trabajo lexico­ gráfico, ya clásico, su Diccionario ideológico de la lengua española. El trabajo aúna rigor y amenidad dentro de un nuevo concepto de abordar el estudio de los significados de las palabras, y las relaciones de afinidad establecidas entre ellas. Julio Casares estudió derecho, que no lingüística, en la universidad de Madrid, pero también … música. Con 29 años accedió a su primer trabajo: formar parte como violinista en la orquesta del Teatro Real de Madrid.Si, Pero: Pero aquello no le proporcionó estabilidad económica alguna. Necesitado de actividad laboral menos sujeta a los vaivenes de la fortuna tuvo que buscar… otra cosa. Y no se protegió en la jurisprudencia, que era su formación, ni en la enseñanza, amparo de tantos lingüistas, ni siquiera en la vida bohemia y variada de los músicos, no, en nada de eso: hubo de trabajar durante algún tiempo en un taller de ebanistería. Y como aquello tampoco podía ser la solución para un joven como él, abandonó toda actividad remunerada y se concentró en la preparación de unas oposiciones para funcionario en el Ministerio de Estado, es decir, el camino que tanto ha asegurado la estabilidad de los españoles durante el siglo XX. Lo demás, como tantas veces ocurre, fue una carrera guiada por el trabajo y las favorables influencias del azar. Interesado por las lenguas orientales, y estudioso por libre de aquéllas, fue nombrado agregado cultural en la embajada de España en Tokio. Le interesaba el japonés, pero también el fenómeno lingüístico. De regreso a Madrid cultivó los círculos intelectuales, escribió ensayos y artículos relacionados con la lengua y la literatura, ganó prestigio intelectual y, en su progresivo ascenso en puestos de la administración, fue nombrado delegado de España en la Sociedad de Naciones, con sede en Ginebra, y más tarde miembro de la Real Academia Española, y luego, en 1936, secretario perpetuo de la misma. Desde cargo tan privilegiado, presentó en numerosas ocasiones el proyecto de elaborar un diccionario ideológico de la lengua española. No creyeron en él. Los vetustos académicos se mostraron tan reacios a acometerlo como a incorporar algunas de las propuestas metodológicas del intelectual granadino a las técnicas lexicográficas tradicionales que regulaban la revisión periódica del diccionario académico oficial.

Ante la falta de entusiasmo de sus compañeros, Casares emprendió por cuenta propia la redacción de esta magna obra. Trabajó muchos años en ella, tal vez unos quince, y la publicó en 1942 con el ya clásico título de “Diccionario ideológico de la lengua española”. Aquella primera edición, revisada en las posteriores, encontró su definitiva redacción en 1959, fecha en que echó ancla hasta hoy. Casares había tenido la ocasión de conocer los grandes diccionarios ideológicos que enriquecían la lexicografia inglesa, francesa y alemana sembrada por Roget. La parte alfabética no ofrece novedad: es un mero listado de palabras con su significado. La primera parte, que él llama parte sinóptica, es una atractiva y graciosa clasificación de ideas en cuarenta páginas. La central, la llamada parte analógica, recoge en unas 500 páginas su verdadera aportación al estudio del léxico.Si, Pero: Pero a diferencia de las obras euro­ peas, Casares no se atrevió a abordar el revolucionario orden semántico o lógico, o de significados, y, más conservador que sus colegas ingleses, se refugió en el alfabético. A pesar de todo, el lector puede partir de su propia competencia lingüística, es decir, de las ideas que ya se ha forjado acerca de un concepto, para llegar a todas las palabras que la designan o que tienen alguna relación de significado con ella. Este procedimiento permite, entre otras innovaciones, localizar una palabra desconocida a partir de una idea aproximada del concepto general que se busca; hallar palabras similares a las que se investigan, pero más precisas y exactas que las originariamente concebidas; manejar (gestionar) toda la gama léxico-semántica de una idea o concepto y, en general, tener acceso a todo el vocabulario que integra el campo semántico de una voz.

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Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Mark Peter Roget clasificó de manera lógica 980 conceptos, es decir, listados, que él inicia con una palabra clave y luego desarrolla.Entre las Líneas En su orden evoca, voz a voz, un abanico de ideas, de sugerencias, de valoraciones. La palabra boda, por ejemplo, elevada a la categoría de hiperónimo, es la número 894 de sus entradas, pero en su contenido aparecen, en grupitos, todas aquellas relacionadas: las que denominan a los enamorados, las que aluden a los tipos de bodas, las que designan los grados de parentesco, las que se refieren a las situaciones de la ceremonia, las expresiones … Y así hasta un total de unas trescientas. El siguiente grupo, el 895 se denomina “celibato”, y el 896 “divorcio”.

Casares nos da algo parecido, pero en orden alfabético, y no cuenta con 980 conceptos en orden lógico, sino con unos dos mil. El inconveniente del irracional orden alfabético es que necesariamente los significados están aislados.Si, Pero: Pero al conjuro de la idea, a la llamada del concepto, Julio Casares ofrece en tropel las voces, seguidas de las sinonimias, analogías, antítesis y referencias. Nos regala un metódico inventario del inmenso caudal de palabras castizas que por desconocidas u olvidadas no nos prestan servicio alguno, otras cuya existencia se sabe o se presume, pero que dispersas, y agazapadas en las columnas, nos resultan inaccesibles mientras no conozcamos de antemano su representación en la frase.Si, Pero: Pero lo que destaca, lo que dignifica al diccionario de Casares es que ha reunido las palabras del español en tomo a uno de los hiperónimos que él concibe. Como tantos intelectuales del siglo XX que han dedicado su vida a la investigación, que han alejado su pensamiento del mundo para concentrarlo en la lingüística, Casares murió con casi noventa años de edad, probablemente pensando más en la vida de sus revoltosas palabras que en cualquier otra peregrina y triste imagen de la senectud. (…)

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Fuente: “Por un diccionario de campos semánticos”, de Rafael del Moral

Bibliografía

Becerra Hiraldo, J. M., «Diccionario temático del español. Propuesta», Español Actual 65 (1996), págs «Diccionario temático del español. Método y resultados», en G. Wotjak (coord.), Teoría del campo y semántica léxica, Frankfurt: Peter Lang, 1998, págs Casares, J., Diccionario ideológico de la lengua española, Barcelona: Gustavo Gili, Corripio, F., Diccionario de ideas afines, Barcelona: Herder, Del Moral, R., Diccionario temático del español, Madrid: Verbum, Del Moral, R., Diccionario ideológico. Atlas léxico de la lengua española, Madrid: Verbum McArthur, T., Longman Lexicoll of Contemporary English, Londres: Longman, Pechoin, D., Thesaurus. Des idées aux mots, des mots aux idées. París: Larousse, Roget, P. M., Roget’ s Thesaurus of English Words and Phrases, Londres: Penguin books, Saiajova, L. G, Jasaiova, D. M., Morkovkin, B (examine más sobre todos estos aspectos en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). B., Tematichekii slovar russkogo iasika, [Diccionario temático de la lengua rusa], Moscú: Isdatelstvo, Spitzer, c., Dicionário analógico da língua portuguesa. Porto Alegre: Livraria do Globo.

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1 comentario en «Diccionario Ideológico de Casares»

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