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Características del Bien en Teología

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Características del Bien en Teología

Este elemento es una ampliación de los cursos y guías de Lawi. Ofrece hechos, comentarios y análisis sobre este tema. [aioseo_breadcrumbs] En inglés: Characteristics of Good in Theology.

Bien en Teología en Relación a Teología

En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre bien en teología que se haya en otra parte de esta plataforma online). La figura más expresiva del neoplatonismo, Plotino, recoge la doctrina platónica de las Ideas, acomodándola a la doctrina oriental de las hipóstasis. Hay tres supremas hipóstasis: bien, Inteligencia y Alma Universal. El bien se identifica con la Unidad. Por una participación del bien se engendra la Inteligencia, de la que a su vez proviene el Alma Universal y el mundo sensible. El bien es más excelso que el ente y propiamente no se puede decir que sea. Es apetecible, pero la apetibilidad no es un constitutivo de su esencia, sino un consecutivo suyo. Esta doctrina neoplatónica tendría después su máximo influjo de S. Agustín, el PseudoDionisio y Boecio.

La separación de índole inmanente es la operada por Kant. El bien no está ahora más allá del ser, sino más acá del ser. Kant separa la razón práctica de la razón teórica. Cuando el conocimiento fracasa (Crítica de la razón pura) entra en juego el querer (Crítica de la razón práctica). El querer moral se posibilita allí mediante la negación del conocer. El querer pone un nuevo comienzo no fundamentado ya en el conocer. El querer es más elevado que el conocer y supera radicalmente la insuficiencia de éste. Los bien de la realidad (noúmeno) no son tales bien, pues lo único verdaderamente bueno es la buena voluntad. La Metafísica, como ciencia de la realidad, es imposible; la Ética es, con ello, un intento por salvar la distancia entre el deber y el ser (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Fichte y Schelling serían posteriormente fieles a la doctrina kantianá: el comienzo del querer se da en las fronteras del conocer.

Aunque la teoría de los valores vuelve a tomar esta doctrina es, sin embargo, más literalmente fiel a Platón. H. Lotze reconoce una razón que siente los valores más allá del ser pensado positivísticamente.Entre las Líneas En verdad, Lotze combate el estrecho marco de la razón positivista, en la que todo quedaba infectado de una fría relación matemática o cuantitativa. Si desde el punto de vista objetivo hay un ser y un valor, desde el punto de vista subjetivo hay una razón para el ser y un sentir para el valor.Si, Pero: Pero el sentir no es de índole meramente subjetiva, ya que se define como un cierto modo de intencionalidad. El aspecto objetivo del problema fue estudiado posteriormente por Rickert, que adscribió a los valores un ser ideal, al modo de las ideas platónicas; los valores están dotados de una irrealidad trascendente, pues son como esencias flotantes o «cualidades por encima de la realidad». El aspecto subjetivo fue afrontado por F. Brentano, que fundamenta los valores en un «acto valorativo». El valor no se capta racionalmente, sino por medio de un «sentir intencional». Esta actitud daría lugar al psicologismo de Meignon, quien reduce los valores a una experiencia subjetiva (se puede estudiar algunas de estas cuestiones en la presente plataforma online de ciencias sociales y humanidades). Finalmente, Max Scheler y N. Hartmann rechazan el psicologismo, sosteniendo que los valores son «cualidades de contenido», independientes del ser, captables por un apriori axiológico del sentir intencional.

Absorción absoluta del bien en el ser

Esta postura acentúa la unidad de ser y bien Por una parte, reduce el bien completamente al ser en cuanto tal. Con ello se salva el bien óntico de todo ser, pero el bien no significa ya una cualidad positiva, en su contenido, como determinación ulterior del ser. Ser y bien son sinónimos; se distinguen como dos nombres que empleamos para una misma cosa, es decir, tan sólo hay entre ellos una distinción de razón sin fundamento real. La tendencia no se relaciona al bien de un modo constitutivo, sino meramente consecutivo, es decir, se dirige a un bien ya constituido internamente. Tal postura es indudablemente racionalista y responde incluso a exigencias emanatistas (véase en esta plataforma: EMANATISMO), como vimos en Plotino. Porque si la razón se orienta al ser como tal, puede concebir y realizar el bien La tendencia no entra en la constitución o estructura del bien, sino que brota consecutivamente del ser captado racionalmente. Las formas más extremas de este racionalismo las vemos en Spinoza y en Hegel. Spinoza intenta reducir geométricamente (more geometrico) todo, incluso la tendencia y el sentimiento, reduciéndolos a pura necesidad captable de modo lógicomatemático. Aun el acto más noble que el hombre puede realizar, el amor de Dios, se convierte en un amor intelectualis, constituido por el conocimiento racional: la intelección como tal es ya amor y este amor no añade nada a la intelección misma. Con esto se reduce la tendencia a conocimiento racional. Y el bien en cuanto deseable o apetecible se reduce al ente racionalmente captable.

Algo menos excesivo en este respecto es Hegel, pero se mantiene en un intelectualismo unilateral. Reduce el querer (la tendencia) al saber (conocimiento); es más, el querer tiene que ser captado desde el saber. De este modo, las formas más expresivas del querer (la moralidad y la religión) son absorbidas en el saber absoluto.

Absorción real y separación ideal

Para Aristóteles y la escolástica de tradición tomista, hay una absorción (véase su concepto jurídico) real del bien en el ser, pero los distinguen convenientemente en el plano ideal o del pensamiento. Todo ente, porque y en cuanto que le compete el ser, es bien El mismo ser como tal funda el bien Pero el bien no se absorbe absolutamente en el ente, sino que se distingue de él con una distinción de razón con fundamento real (aunque imperfecto); es decir, el bien añade al ente una formalidad. Al ente, en tanto es aprehendido como ente, no se le capta todavía expresamente como bien El bien se constituye (conceptualmente) por una nueva nota de contenido positivo: la referencia al apetecer. El bien óntico está referido a un posible apetecer (apetito en acto primero); pero el bien ya realizado está constituido por la referencia a un apetecer efectivo (apetito en acto segundo). Todo ente es bueno, porque el ente, en cuanto que le conviene el ser, funda una relación con la tendencia. El ser funda el bien (absorción del bien en el ser); pero el bien no se identifica absolutamente con el ente, porque añade una formalidad al ser, es decir, porque la tendencia entra constitutivamente en el bien (distinción de razón con fundamento real e incompleto entre bien y ser). La tendencia efectiva hace consecutivamente referencia al bien óntico, y constitutivamente al bien realizado. Incluso el bien óntico es constituido por la tendencia natural (en acto primero) respectiva.

Detalles

Los autores escolásticos llamaron a la perfectívidad bondad activa y a la perfección bondad formal. La bondad formal es la cualidad por cuya virtud algo es bien en sí mismo; por tanto, perfecciona al sujeto que la posee. La bondad activa contribuye a la perfección de otro. Cuando se dice que «todo ser es bueno» hay que entenderlo primariamente de la bondad formal: en sí y por sí todo ser es bueno, es decir, todo ente dice en primer lugar conveniencia consigo mismo. El ser es absolutamente el ser, y absolutamente excluye el noser, por lo cual el ente tiende a la conservación de su propio ser, y se resiste a la destrucción del ser. Luego el ente, por razón de su propio ser, está dotado de una tendencia óntica o natural, abrazando con esta tendencia a su propio ser conveniente.Entre las Líneas En aquel ente que no hubiera tal .tendencia, ni fuera conveniente según el modo indicado, el ser no sería el ser: a tal ente no le convendría el ser, por lo que ese ente sería un noente. Si la bondad se rige por la perfección y ésta a su vez por la actualidad, en consecuencia todo lo actual es bien; el acto de todos los actos es la existencia o el ser, pues la existencia es el acto perfectivo de la esencia. Y como todo acto perfectivo es un principio de bondad, entonces todo ente es bueno porque posee o ejerce la existencia o el ser. Y así, todo ente es conveniente a otro ya que, en cuanto que le conviene el ser, puede saciar la tendencia natural de otro ser. Aunque el ente y el bien se identifican, la noción de bondad añade a la noción de ente una relación de conveniencia a la tendencia. Esta relación se funda en la misma perfección de la existencia que formaliza al ente como ente. Por eso, el bien reside radicalmente en el ente; de este modo, el bien expresa más originalmente la misma entidad que la conveniencia a la tendencia.

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Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):

Aspecto ético

. El bien es aquí un concepto normativo: es el bien que conviene a la naturaleza racional y libre del hombre, al que éste debe adaptar su acción. Por lo que respecta a las acciones pasadas, bien es lo que se aprueba; por lo que atañe a las acciones futuras, bien es lo que debehacerse. Todo lo que el hombre persigue, lo quiere en función de un bien perfecto que se muestra así como la forma misma de la felicidad (véase en esta plataforma digital de ciencias sociales y humanidades). Mas con esto se nos impone distinguir dos especies de bien último: uno subjetivo, que consiste en la felicidad en general o beatitud; otro objetivo, que consiste en el bien concreto en cuya posesión el hombre encontrará la felicidad. Dada la actividad racional y libre del hombre, acciones, medios y fines son bien o males moralmente cuando van dirigidos por la razón según la norma del bien objetivo y son realizados libremente. La razón ni crea la ley (véase en esta plataforma), ni la impone obligatoriamente originando el deber: nadie se obliga a sí mismo (contra Kant). El fundamento último del bien moral no está en la razón, sino en el bien absoluto, de donde el orden moral toma su carácter necesario, universal y obligatorio. El bien del hombre está en el encaminamiento a sus propios fines de verdad y bien absolutos (véase en esta plataforma: MORAL, DEBER, LEY).

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Finalmente, si el hombre, como racional y libre, es también constitutivamente un ser comunitario, entonces la comunidad aspirará, en cuanto estructura de seres personales, a determinados fines, como a su propio bien Es indudable que el logro de este bien depende de la participación de todas y cada una de las personas. Por eso, el bien común (véase en esta plataforma: ) es el conjunto de los medios que toda sociedad debe procurar a sus miembros a fin de permitirles realizar el fin común de todos (véase en esta plataforma: JUSTICIA; SOCIEDAD; AUTORIDAD). [rbts name=”teologia”]

Recursos

Notas y Referencias

  1. Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre bien en teología en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid

Véase También

Bibliografía

K. NISHIDA, Ensayo sobre el bien, Madrid 1963; J. DE FINANCE, Ensayo sobre el obrar humano, cap. I, Madrid 1966; F. J. vox RINTELEN, El fundamento metafísico de la noción de bien, «Sapientiau 6 (1951) 27585; O. N. DEaisi, Los fundamentos metafísicos del orden moral, Madrid 1951; A. LINARES HERRERA, Elementos para una crítica de la filosofía de los valores. Madrid

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