Características del Vicio
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Vicio en Relación a Varios
En este contexto, a efectos históricos puede ser de interés lo siguiente: [1] (Nota: esto es una continuación del texto sobre vicio que se haya en otra parte de esta plataforma online). Esta característica de la definición de vicio -el hecho de ir contra las verdaderas exigencias de la naturalezarequiere que no se identifique, como a veces suele hacerse, la espontaneidad con la naturalidad, en su sentido de natural, de correspondiente a la naturaleza.
Detalles
Las exigencias de la sensibilidad, p. ej., están frecuentemente en contraste con las exigencias de la razón (que no quiere decir las exigencias de la propia inteligencia tal como entiende las cosas en un determinado momento); en ese sentido se dice que el vicio -si sigue el apetito sensible, en contra de las exigencias genuinamente racionales- va contra la naturaleza humana considerada en su perfección normal (Sum. Th. 1-2 q71 o-2 ad3), aunque se sienta el impulso vicioso como connatural.
3. Principales vicios. Porque se trata de algo que puede fácilmente pasar inadvertido, conviene no olvidar en primer lugar que el fundamento y raíz de todos los vicio es el pecado original (véase en esta plataforma: PECADO III, B), que además de la razón de culpa lleva consigo como consecuencia una disposición viciosa, «disposición desordenada que proviene de la ruptura de la armonía constitutiva de la justicia original» (Sufro. Th. 1-2 q82 a1). De esa raíz salen luego los otros vicio, aunque en algunos casos puedan parecer contradictorios y no resulte fácil entender cómo pueden tener un origen común. Advierte S. Tomás a este propósito que «un mismo hábito (recuérdese siempre que el vicio es un hábito) no puede mover propia y directamente, es decir, en virtud de su propia forma, a términos contrarios», pero «no hay inconveniente en que lo haga accidental e indirectamente, por remoción de los obstáculos. Una vez rota la armonía del cuerpo compuesto, los elementos disgregados tienden a polos contrarios. Igualmente, rota la armonía de la justicia original, las diversas partes del alma buscan cada una su propio fin» (ib. 1-2 q82 a2), y concretamente se desboca la concupiscencia (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) «coma pasión más importante y en la que de algún modo están incluidas todas las demás» (ib. 1-2 q82 a3 ad2).
De ese vicio, raíz de todos los demás como se ha dicho, cada hombre desarrollará unos hábitos viciosos más que otros, según sus circunstancias, su vida interior, su complexión física y psicológica, sus antecedentes morales, etc. Por eso resulta difícil hacer una enumeración exhaustiva de los vicio, y desde luego es imposible hacer una clasificación Orgánica. La razón es la siguiente: todas las virtudes están relacionadas y tienen una cierta armonia, porque -aparte de su conexión con la carid9d- hay también motivos naturales que sirven de fundamento a esa unión: «quienquiera que actúa por la virtud, tiene intención formal de seguir la recta razón, y por este hecho imprime a sus obras una única tendencia; por eso todas las virtudes estarán en conexión mutua a través de la prudencia, que es la aplicación de la recta razón a la acción» (Sum. Th. 1-2 q73 al).Si, Pero: Pero esa conexión no existe en los vicio, pues la intención que hay al pecar no suele ser la de apartarse del orden razonable (si este hecho se diera de modo habitual ya serviría para unir orgánicamente a los v.), sino la de conseguir algo que agrada, un bien parcial y aparente, en contradicción con el bien sumo, que es implícitamente rechazado al ofender a Dios.Si, Pero: Pero esos bienes que se persiguen al pecar son diversísimos y heterogéneos, sin ninguna conexión, al punto incluso de poder estar en oposición mutua: basta repasar brevemente los diversos pecados para ser conscientes de esa realidad. Por lo demás, remitimos a los diferentes vicio enumerados al principio de este artículo, cuando se han recordado las enseñanzas de los Libros Sagrados al respecto y también a los llamados vicio o pecados capitales (véase en esta plataforma: PECADO IV, 4).
4. Origen y desaparición; crecimiento y disminución de los vicios. El primer origen de los vicio -en cuanto hábitos operativos- está en la naturaleza humana: en la herida que el pecado original causó, y en la naturaleza individual, que da razón de las diversas aptitudes o predisposiciones de cada una, según sus tendencias pasionales y su sensibilidad en general. Se trata de un sustrato orgánico -porque es éste el elemento en que reside toda la diferencia inicial entre unos hombres y otros- y no de unos hábitos propiamente dichos, de manera que no puede hablarse de una herencia psicológica en tema de vicio, puesto que lo que se hereda es solamente la base material que les sirve de fundamento. Por otra parte, incluso si una persona se encuentra inclinada a determinado vicio por un impulso temperamental o por otra razón semejante -aliqua aegritudinalis habitudo ex parte corporis (Sum. Th. 1-2 q78 a3)-, es importante tener presente que tampoco puede hablarse entonces de vicio propiamente dicho. Esas disposiciones no pueden llegar a ser hábitos verdaderos y completos por la sola fuerza natural: son simples inclinaciones, extrañas aún al orden moral y al ser propio de los hábitos morales, porque les falta el influjo y la dirección de la voluntad libre.
Tenemos ya con esto otro elemento generador de hábitos viciosos: la propia y libre actividad, que mediante la repetición de actos (véase en esta plataforma: ACTO MORAL) servirá para la adquisición del vicio. Nótese que el vicio versa sobre lo particular que se da en la acción; un solo acto no puede, por tanto, engendrar hábito moral, porque no se puede vencer totalmente la indiferencia de la voluntad, que es determinable en muy diversos sentidos. Se requiere, pues, la repetición de actos, para que la voluntad y el juicio práctico se determinen con firmeza en una dirección y se connaturalicen con el objeto del vicio. La misma repetición de actos se requiere para la adquisición de los hábitos (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) inferiores orgánicos, que son elementos integrantes de los hábitos morales viciosos. Insistimos en el hecho de que los mecanismos. nerviosos (asociaciones de circuitos, reflejos condicionados, integración de movimientos, etc.) que pueden fundamentar biológicamente los vicio son simples sustratos materiales. Constituyen hábitos orgánicos, pero no llegan a ser hábitos morales, aunque facilitan su adquisición, puesto que psicológicamente cada repetición fija y ahonda el surco hecho por la acción precedente, al tiempo que disminuye la capacidad de resistencia en contra.
De todos modos, hay que precisar: 1) aun debe distinguirse entre el acto exterior y el acto interior, a la hora de atribuir influjo en la instauración de un hábito. Lo decisivo es el acto interior libre, de tal manera que -si esta fuera posible- una repetición de actos externos, meramente externos, por coacción, p. ej., no llevaría a la instauración de un vicio; 2) que los vicio se instauran -como todos los hábitos adquiridos- por la repetición de actos internos semejantes, cosa posible aunque los respectivos actos externos puedan ser o sean realmente diversos; 3) que el número y la frecuencia de actos requeridos son muy relativos y dependen de la disposición personal, de la eficacia del agente, de la fuerza del objeto que mueve a obrar, de la intensidad de los actos que se han puesto, de los obstáculos que se han vencido, de la frecuencia o intervalo con que, se practican, etc. Por eso, cuando las disposiciones del sujeto son muy vehementes y los objetos atraen con gran fuerza, como ocurre con las pasiones de ira y de sensualidad, unos pocos actos pueden bastar para introducir el vicio respectivo. Hay por último otro modo de ser originados los hábitos -la infusión directa por Dios, en el caso de los hábitos sobrenaturales-, pero no tiene aplicación cuando se trata de hábitos viciosos.
Respecto a la desaparición de los hábitos de vicio -con la salvedad de la herida original, que no desaparece nunca en este mundo-, inviértase el camino que lleva a su creación: todo lo que contribuya al arraigue de la virtud opuesta al vicio será el mejor modo de extirpar el vicio respectivo.
Como consecuencia de lo dicho hasta ahora, podemos afirmar: a) que los vicio -a diferencia de las virtudes- no crecen paralelamente, puesto que carecen de conexión esencial. Es cierto que hay también una especie de concatenación de los pecados, como se ha dicho a propósito de los pecados o vicio capitales; y es cierto igualmente que todo pecado, lo mismo que todo vicio, comporta una privación de rectitud moral y tiene un fondo común de consecuencias (tibieza espiritual, encallecimiento de conciencia, enfriamiento o pérdida de la caridad, etc.), pero a pesar de todo eso es posible la coexistencia de vicio con virtudes que posean objetos que no sean opuestos a los de esos mismos v.; b) ordinariamente se distinguen los vicio por su oposición a las virtudes, y esto podría llevar a pensar que sea factible un esquema orgánico de los vicio, simplemente con seguir la falsilla de sus opuestos: las virtudes naturales y sobrenaturales.Entre las Líneas En realidad la oposición del vicio a la virtud puede tener múltiples puntos de partida y reproducir el esquema virtuoso resulta inútil a estos efectos; c) la contrariedad del vicio a la virtud es total o directa cuando se trata de virtudes naturales o adquiridas, porque ambas entidades son entonces del mismo orden: el natural. Por eso la formación del hábito vicioso implica una corrupción del virtuoso, de manera que al mermar uno aumente el otro.
Esta sustitución se efectúa paulatinamente, a medida que se van repitiendo los actos pecaminosos que conducen a la instauración del vicio, porque en el orden natural es fundamental el aspecto psicológico de la virtud y del vicio (véase en esta plataforma: HÁBITOS; HABITUADOS), es decir, el modo de instaurarse a través de la repetición, el aprendizaje, a la vez que otras directrices opuestas de conducta -por efecto del desentrenamiento respectivo- se van haciendo progresivamente más raras y costosas. Por eso, en este orden pueden coexistir inclinaciones viciosas con inclinaciones virtuosas, según las circunstancias de tiempo, habituación, temperamento, etc. Solamente cuando no existe ninguna inclinación virtuosa en el aspecto concreto a que se refiera una determinada materia, podrá decirse que el vicio está plenamente instaurado, aunque también entonces puedan seguir siendo posibles los actos de virtud. Lo serán en cierto modo a la fuerza, violentando la inclinación espontánea. «No es lo mismo pecar en virtud del hábito que pecar simplemente teniendo un hábito interior en nosotros. (…) Puede suceder que uno que posee un hábito vicioso haga un acto de virtud, ya que la razón no se corrompe del todo con los hábitos malos, sino que permanece algo íntegro en ella, y esto es la verdadera causa de que el pecador pueda hacer obras buenas» (Sum. Th. 1-2 q78 a2).
En el orden sobrenatural, en cambio, el primer acto gravemente culpable (el primer pecado mortal) destruye totalmente la virtud (el hábito) de la caridad (véase, si se desea, más sobre este último termino en la plataforma general) y las virtudes morales infusas. La fe y la esperanza son susceptibles de permanecer todavía como hábitos informes (véase en esta plataforma: VIRTUDES), pero llegan también a desaparecer con el primer pecado mortal contra cada una de esas dos virtudes respectivamente.Entre las Líneas En todos estos casos la contrariedad entre el vicio y la virtud es indirecta, porque mientras el vicio es algo adquirido naturalmente, no lo es la virtud. Por eso la virtud adquirida aleja las dificultades para obrar el bien y disminuye la inclinación al mal, mientras que esas dificultades e inclinaciones ordinariamente subsisten en lo referente al ámbito de la virtud infusa. Por eso, al recibir en la Confesión el perdón de los pecados graves (es decir, al ser justificado y volver a recuperar la virtud infusa de la caridad), se puede seguir sintiendo con toda su fuerza la inclinación de los hábitos malos anteriores, aunque personalmente -detestando los pecodos- se ha detestado el vicio y haya una disposición sobrenatural para los actos virtuosos.
V. t.: VIRTUDES, A; PECADO IV, 4.
Basado en la experiencia de varios autores, mis opiniones, perspectivas y recomendaciones se expresarán a continuación (o en otros lugares de esta plataforma, respecto a las características en 2026 o antes, y el futuro de esta cuestión):
Recursos
Notas y Referencias
- Basado parcialmente en el concepto y descripción sobre vicio en la Enciclopedia Rialp (f. autorizada), Editorial Rialp, 1991, Madrid
Véase También
Bibliografía
S. TOMÁS, Sum. Th. 1-2 q71 ss.; A. MICHEL, Více, en DTC 15,2858-62; T. ORTOLAN, Habitudes mauraises, en DTC 6, 2015-19; S. PINCKAERS, Habitude et Habitus, en Dictionnaire de Spiritualité, XIV, París 1968, 2-11; E. CARTON DE WIART, Tractatus de peccatis et vitüs, Malinas 1932; M. J. LAGRANGE, Le catalogue des rices dans l’l:pitre aux Romanos (1,28-31), «Revue biblique» (1911) 534-49; S. LYONNET, De catalogo peccatorum in Rom 1,28-31, en Exegesis Ep. ad Romanos, Roma 1960, 142-49.
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